Hola!
Muchas gracias por la recepción que ha tenido esta loca historia :)
Espero les siga gustando!
Capítulo 3:
La apuesta era muy clara. Si él no se acostaba con la bonita pelirroja en menos... ¡Mierda, ya quedaban pocos días! una cuantiosa cantidad de su dinero desaparecería de la bodega en Gringotts y él no estaba dispuesto a perder esa cantidad de galeones ni mucho menos su ego. Él simplemente no podía perder. Debía actuar con rapidez.
Aquella misma noche en que la dejara en su casa, presuroso llegó hasta su departamento en busca de la snitch que estaba en el viejo baúl que utilizaba en la escuela. Sabía que si utilizaba unas cuantas palabras melosas la pelirroja iba a caer, tan fácil sería todo que hasta le causaba un aburrimiento total. Quizás habría acabado con todo mucho antes si su jefe no lo hubiese enviado a Alemania en una misión de una semana.
Malfoy lo molestaba constantemente, diciendo que "La misión" se le estaba dificultando más de la cuenta. Harry sabía que tendría a Ginny en su cama con sólo mover los dedos.
Ginny sin embargo estaba abatida y enojada consigo misma por ilusionarse cuando en el fondo de su corazón y en cada pared de su traicionero cerebro sabía que Harry jamás podría interesarte en ella.
Últimamente intentaba convencerse que aquel día él se había caído de la cama y el golpe le atrofió un poco la cabeza y el resultado fue ser un poco más amable con ella. Bufó, cansada de sus problemas amorosos. Era mucho mejor concentrarse en el informe que tenía sobre su escritorio.
Esa tarde su jefe tenía un almuerzo con otros ministros, los cuales siempre se extendían más de la cuenta y por consiguiente ella era autorizada para irse temprano a casa. Por lo que ya tenía el panorama listo. Llegar a casa, ponerse su pijama y ver películas estilo Bridget Jones, esa tipa siempre conseguía levantarle la moral. Nadie podía tener peor suerte en el mundo que esa mujer.
Alzó la vista cuando un señor regordete con un bigote poblado y bajito, sostenía un hermoso ramo de orquídeas. Él entró y se acercó a su escritorio.
― Buenos días señor ¿Tiene usted una cita con el ministro? ― Preguntó Ginny amablemente luciendo una sonrisa amistosa.
― Buen día ― Le sonrió el señor ― En realidad vengo por la señorita Weasley... ― Miró el papel que tenía en su mano ― Ginevra Weasley ― Rectificó.
― Oh, soy yo.
― Entonces, tenga usted ― Le entregó el impresionante ramo de orquídeas y de su maltratado abrigo sacó un pergamino. Ginny sorprendida titubeó.
― ¿Todo esto es para mí? ― El señor sonrió.
― Así es, debe firmar aquí ― Le tendió una tablilla con la planilla de recibo. Ginny aún algo sorprendida lo hizo ― Gracias señorita.
― Hasta pronto ― Ginny le sonrió y una vez que el señor saliera de su oficina dejó las flores sobre su escritorio y con rapidez comenzó a leer el pergamino.
Espero que no olvides nuestra cena pendiente. Es hoy, no puedes faltar preciosa, terminarías de romper mi corazón. Te recojo a las 21:00 hrs en tu edificio. Deseo verte ya, lindas piernas.
H
Ginny releía impresionada cada palabra, no podía ser Harry... pero sólo él le decía bonitas piernas ¡Aunque fuese una puta vez había sido él! Comenzó a dar saltitos de alegría y una vez que la euforia pasara la rabia la invadió. ¿Quién rayos se creía Harry Potter para concertar citas sin pedirle la opinión? La Ginny malvada en su interior le insistía en que no fuera a la cita y lo dejara plantado. Que rogara por conseguir una cita, que nada fuera sencillo. ¿Por qué de un momento a otro él comenzaba a sentir esta atracción por ella? Realmente Ginny sentía mucha curiosidad... y solamente por aliviar esa duda ella aceptaría ir a esa cena.
La carcajada que largó fue estridente, porque ni siquiera ella se creía eso último. Iba a ir a esa cita porque desde que recordaba estaba completamente enamorada de Harry Potter.
Faltaban escasos cinco minutos para la hora convenida. Se aplicó un poco más de su perfume floral en el escote y se miró al espejo. No estaba mal. Asintió con aprobación, mientras veía el maravilloso vestido negro que se ajustaba a sus generosas curvas y se ataba al cuello. El cabello estaba atado en un elegante moño dejando descubierto su cuello. Iba maquillada, pero de manera muy suave, una sombra bronce en sus ojos y un labial rojo coral no tan recargado. Los zapatos negros y clásicos completaban el atuendo. Ginny hizo un ademán de aprobación.
El maldito citófono la asustó, largó una palabrota y contestó. El conserje le anunciaba que en recepción el señor Potter ya esperaba por ella.
― Bajo en unos minutos, gracias Mark.
Con manos temblorosas colgó y cogió su cartera de mano. Rogando a todos los dioses pidió que esa noche fuera perfecta, sonriendo salió del departamento.
Harry estaba impaciente y aburrido. Hace diez minutos que esperaba a la tonta hermana de su mejor amigo ¿Por qué las mujeres tenían esa imperiosa necesidad de hacerse esperar? Bufando se levantó del sillón que había en la recepción y a través del gran ventanal miró la calle mientras jugaba con las llaves del auto.
No había hecho un gran esfuerzo por arreglarse, es decir ¿Para qué? Sólo utilizó una camisa azul cielo dejando los dos últimos botones sin abrochar, un pantalón de vestir negro a juego con la chaqueta. Su cabello estaba mucho más desordenado que de costumbre, el viento en Londres era muy común e intentar peinarse era un problema ante el cuál no iba a gasta su valioso tiempo.
Valioso tiempo que Ginny se estaba pasando por su hermoso trasero. Algo que estaba dispuesto a no olvidar fácilmente cuando esa noche la tuviera en su cama rogando por un orgasmo, porque de algo estaba completamente confiado. Esa noche Ginevra Weasley iba a tener el placer de tenerlo como amante.
Las campanillas del ascensor resonaron en la amplia recepción y Harry se giró en el mismo momento en que las puertas se abrieron y por un segundo deseó no haberse girado.
Sólo por esos malditos segundos Harry se permitió caer derrotado a los pies de esa impresionante mujer, aunque sólo fue por ese limitado tiempo, luego él recordó el plan y sonrió cuando ella se acercó a él.
― Hola ― Murmuró Ginny ruborizada. Los ojos de Harry hicieron un escandaloso recorrido por el cuerpo de Ginny deteniéndose más de la cuenta en sus pechos.
― Indiscutiblemente esta noche seré el hombre más envidiado del sitio al que pienso llevarte, estás deslumbrante Ginevra - Ella se ruborizó y eso a él le pareció patéticamente adorable.
― Gracias, tú te ves muy guapo ― Dijo sonriendo ― ¿A qué sitio iremos?
― Esta noche, bonitas piernas, déjate sorprender.
Sé que es un capítulo muy pequeño, pero espero poder subir pronto el siguiente capítulo ;)
¡Gracias por leer!
