Capítulo 3/12

Limonada Frozen


En cuanto Eren abrió la puerta, fue recibido por el familiar olor a frutas de KiwiShop. Se abrió paso a través de las mesas y fue directamente a su sitio, una mesita de dos sillas en la esquina, pegada a la ventana de vidrio y justo debajo del aire acondicionado.

Se detuvo en seco al observar su lugar ocupado por una pareja acaramelada. Los observó como si quisiese echarles una maldición, y optó por ocupar la mesa de al lado.

Al instante, una de las meseras lo abordó.

—Surtido, poca azúcar, bien frío y con sorbetón. ¿Me equivoco? —Eren no se sorprendió. Ella era la mesera que siempre lo atendía, evidentemente ya conocía sus gustos—. ¿O podrá ser que esta vez prefiere una limonada frozen?

—La verdad hoy no vine a consumir. Estoy aquí debido al anuncio de afuera.

Eren señaló el letrero pegado al vidrio de la ventana. "SE SOLICITA EMPLEADO, URGENTE".

—¿Quieres trabajar aquí? —preguntó la mujer de lentes, mirándolo atónita—. ¿Estás seguro? ¿Completa y totalmente seguro?

—Sí, quiero trabajar aquí. —Eren insistió.

—NIÑO, PIÉNSALO BIEN. ESTÁS TOCANDO LA PUERTA DEL MISMÍSIMO INFIERNO.

Eren se asustó. Nunca imaginó que la mesera le gritaría de ese modo.

—Disculpe, pero…

—Niño, lo digo en serio, piénsalo muy bien. —La mesera se acercó al rostro de Eren, mirándolo profundamente. Eren no sabía qué hacer, empezó a ponerse nervioso ante la cercanía de la mesera. Por suerte, cuando la escena comenzaba a llamar la atención, un hombre de baja estatura con mirada intimidante intervino.

—Hange, deja de molestar al niño.

La mesera se alejó de Eren con rapidez, volteando toscamente para encontrarse con la matadora mirada del que parecía ser su superior.

Eren se recostó del espaldar de su silla y respiró hondo. La perturbadora escena le había hecho considerar la idea de ordenar ese Surtido que la mesera, aparentemente llamada Hange, le había ofrecido en un principio. Pero se contuvo. Fue a pedir trabajo, no a despilfarrar más dinero.

—Jefe, buenos días. El niño está pidiendo una mezcla extremadamente difícil de realizar. —mintió mientras miraba a Eren con ojos bien abiertos, como si quisiera que le siguiese la corriente.

—La verdad es que quiero trabajar aquí. —obviamente Eren no le siguió la corriente.

—No sabes lo que dices, niño.

—Hange, piérdete —ordenó el gerente, luego mirando hacia Eren—. Tú, sígueme.

Eren se levantó de la silla y siguió al tipo con aura intimidante.

Estaba nervioso. No había sentido esas usuales ganas de ir al baño desde que tenía doce años y estaba en la escuela y lo atrapaban cometiendo alguna travesura. Aquel era el temor propio que se generaba durante el lapso de tiempo dado entre el pasillo y la oficina del director. Tenía miedo de no saber cómo responder alguna pregunta importante y que no le diesen el trabajo.

En momentos así, Eren deseaba ser una persona decidida y astuta, como Mikasa o Armin.

Atravesó el umbral de una oficina sumamente pulcra y ordenada, acto seguido se sentó delante del escritorio. Se dio la libertad de cruzar las piernas y esperó a que el hombre de impecable aspecto se acomodara detrás de su escritorio.

Vio como sacaba una solicitud de la gaveta y escuchó el sonido de la punta del lapicero siendo preparada para escribir.

—Dices que quieres trabajar aquí —Eren se sobresaltó al escucharlo hablar, su voz era profunda y calmada—. ¿Por qué?

—Necesito dinero —respondió casi sin pensarlo, movido más por el temor que por cualquier otro pensamiento lógico—. Y me gustan las frutas —añadió como para embellecer su argumento—. Yo soy un cliente regular de su tienda.

—Sí, te he visto un par de veces —lo escudriñó detalladamente—. Mi nombre es Levi Ackerman, soy el encargado de KiwiShop.

—El mío es Eren Yeager, señor. —se presentó.

—Dime, Eren, ¿Cuáles son tus atributos?

Su mente quedó en blanco.

Sin mencionar que no tenía una desgraciada idea de cuales podrían ser sus atributos, la mirada de Levi lo atravesaba como si pudiese meterse en su cabeza y destruir todo allí adentro. Francamente no lo dejaba pensar.

—Pues… soy bueno hablando y socializando con la gente —explicó Eren intentando recordar la conversación que había tenido con Armin esa mañana, y como pudo, parafraseó lo que había llegado a escuchar al otro lado de la línea telefónica—. También soy guapo, tengo buen cutis y mi cabello está muy bien cuidado y mi exnovia da miedo. Eso es todo, señor.

Levi lo observó con atención de la misma forma que se mira a un animal en el zoológico.

—¿Has trabajado antes? —preguntó al observar que Eren había terminado de enumerar sus atributos.

—Nunca, señor. Mis padres me mantenían hasta hace un día.

—¿Sabes cocinar?

—No, señor. Siempre he comido afuera de casa.

—A ver —Levi se pasó la mano por el rostro, frustrado, sin intención de disimular su decepción ante las honestas respuestas de Eren—, ¿al menos tienes una idea de cómo hacer un omelet?

—Una vez intenté partir un huevo para hacer un revoltillo, pero quedó con pedazos de cascara, así que no estoy seguro.

—¿Y por qué razón debería contratarte? —preguntó finalmente, dejando el lapicero de un lado. Eren entendió que esa señal podía significar el fracaso de su contratación, por lo que decidió tomarse la situación con absoluta seriedad.

—Soy bueno ateniendo a la gente. Me he memorizado todo el menú de KiwiShop puesto que vengo aquí todos los días. Cuento con paciencia y buena presencia.

Levi frotó su rostro una vez más, y entonces señaló:

—No necesito más meseros. Una de mis cocineras quedó embarazada y necesito remplazarla con alguien.

Eren se levantó de la silla.

—Oh, no lo sabía, señor, disculpe. No se cocinar.

Maldijo en su mente. Eren no sabía ni cómo encender apropiadamente una licuadora. ¿Cómo rayos sería capaz de realizar algo tan difícil y complejo como un especial o un otomiru? Se rindió. Ese trabajo no era para él.

—Deja de ser tan cortes —demandó Levi sacándolo de sus pensamientos—, me haces sentir un anciano dictador.

—Lo siento, señor.

—Y ya deja de decirme "señor". Sólo Levi.

—Disculpe, señor, digo, Levi… san —se sintió como un idiota. Ya Eren no sabía si era correcto volver a sentarse o simplemente salir de la oficina. Aun quería el trabajo, así que optó por tomar asiento—. Creo que le hice perder el tiempo, así que me retiraré. —volvió a levantarse.

—Espera, Eren. Tienes razón, eres lindo —lo dijo tan repentina y honestamente que a Eren ni siquiera le dio tiempo de sonrojarse—. Eso atraerá clientas. Mandaré a Hange a la cocina, tú puedes quedarte como mesero.

Eren parpadeó, tardando varios segundos en procesar las palabras. Preguntó para cerciorarse:

—Disculpe, ¿significa que estoy contratado?

—Sí, empiezas mañana. Escribe tu correo para enviarte tu horario hoy.

—¡Muchas gracias! Dios, no pensé que conseguiría trabajo tan rápido. Tiene que ser algún récord. Un momento, por favor —Eren se interrumpió a sí mismo sin intentar ocultar su euforia, sacando su celular del bolcillo. En frente de la mirada incrédula de Levi, marcó un número que se sabía de memoria y se colocó el dispositivo en su oreja. A los segundos su llamada fue contestada—. Armin, dile a Sasha que gracias. Obtuve el trabajo. —habiendo dicho aquello, colgó y volvió su mirada a Levi—. Dígame, Levi-san, ¿Dónde debo escribir mi correo?