¡Hola de nuevo, chicos!

Me he decidido a hacer lo posible por actualizar los lunes y los viernes, así que para los que sigan esta historia, ya saben cuándo aparecerán los nuevos capítulos.

Que hablando de eso, quiero agradecer a Fox McCloude, Devil-in-my-shoes, yumivigo, Guardian-del-aura, Kite of the Azure Flames, TheSukoneTei, .03, kamilatancha06, tsuna-san y Otaku-Fan15, por sus comentarios, seguimientos, y elección de favoritos a esta historia.

Sin más que decir, ¡los dejo con el capítulo 3¡ ¡Que lo disfruten!


Zelda no sabía cuánto tiempo había transcurrido, podrían haber sido segundos, minutos u horas; ella sólo está consciente de que tiene en sus brazos a aquel encantador niño que llenaba de ternura su corazón cada vez que lo miraba. La rubia se aferra con más fuerza a la camisa de Link, tras de su espalda, manteniendo sus ojos cerrados. Mientras trataba de calmar los latidos de su corazón, así como evitar que las lágrimas se derramaran por su rostro.

—Link… Link… —murmura ella el nombre del muchacho repetidamente, frotando con suavidad su mejilla contra la de él—… mi pequeño príncipe…

Una suave risa se escapa de la garganta de Link, escuchándose de tal forma que se notaba aun presa de la emoción que el momento le provocaba. Sus brazos se mantenían aferrados al cuerpo de la mujer.

—No sé si sea correcto que me sigas llamando "pequeño"…

Tomando un profundo respiro, Zelda se separa ligeramente del joven, manteniendo sus manos tras la espalda de él, para así poder verle a los ojos. Nota entonces que estaban básicamente a la par; era difícil determinar quién es más alto de los dos.

Luego de unos segundos de estarle mirando, ella agita suavemente su cabeza de un lado a otro, dejando salir un suave sonido de negación, antes de soltarle de la camisa con la mano derecha. Posa luego con ternura las yemas de sus dedos contra la piel de la mejilla masculina.

—No importa cuánto tiempo pase, o cuanto crezcas, tú siempre serás mí pequeño príncipe.

—Je, de acuerdo, si tú lo prefieres de esa manera, profesora —responde Link con una pequeña sonrisa en sus labios, que se borra al poco rato de darse cuenta de la manera en que la llamó, recordándole la situación en la que estaban— Zelda…

—Espera —le interrumpe ella, juntando su frente con la del muchacho al tiempo que cierra sus ojos, sin retirar sus dedos de la mejilla de él—. Dame unos momentos más, por favor… sólo unos momentos más, después puedes preguntarme todo lo que quieras, criticarme tanto como gustes…solo te ruego unos momentos más; hace tanto tiempo que no te sentía en mis brazos…

No fue decisión mía… —quería decir Link, pero sabe que eso no sólo era injusto, sino que incluso era cruel, y sólo era el niño en él el que no podía evitar resentir los años de ausencia.

El rubio decide mantenerse en silencio, simplemente quedándose abrazado a ella. La observa con sus ojos entrecerrados, mientras la hylian sigue con su frente contra la suya; una mano en su espalda, y la otra en su mejilla.

—Antes… —comienza a murmurar Zelda, sin abrir los ojos—… antes de que te suelte, necesito que me digas algo…

—¿Qué cosa…? —pregunta él en voz baja, de un modo similar a como ella estaba hablando.

Pasan algunos instantes antes de que se escuche la suave pregunta de Zelda.

—… ¿Me odias?

Aquello sorprende bastante a Link, no habiéndose esperado en lo más mínimo que ella fuera a preguntarle algo como eso; que de hecho fuera a pensar que algo así fuera posible.

Nota la manera en que Zelda está apretando sus labios, en un gesto de nerviosismo… realmente cree que la respuesta a su pregunta puede llegar a ser afirmativa.

—Por supuesto que no —dice por fin Link luego de salir de su estupor, afirmando un poco más su agarre con sus brazos en el torso de ella—, claro que no te odio… jamás llegue a hacerlo.

La rubia deja salir un suspiro de alivio cuando le responde, al fin abriendo sus ojos para verle. Una suave y dulce sonrisa se forma en sus labios al hacerlo.

—Gracias, Link…

Lentamente, como si realmente le costara hacerlo, se le separa, soltándole poco a poco de su espalda y retirando la mano de su mejilla. Da luego algunos pasos hacia atrás, creando una ligera distancia entre los dos. Una vez que se detiene, pone sus dos manos detrás de ella, jugando nerviosamente con sus dedos mientras mira al joven.

—Entonces… —empieza a decir ella, a pesar de todo insegura sobre cómo es que se resolverá su situación.

Link, por otro lado, observa a los alrededores unos instantes, antes de negar con su cabeza; viendo de nuevo a los ojos de Zelda después.

—No creo que sea prudente hablar aquí —dice mientras va a recoger su maletín olvidado del suelo, sacudiéndole un poco la tierra y pasto que se le había quedado pegado—, no de esto, es algo demasiado importante…

Ella imita la acción de Link de mirar alrededor, pero de tal forma en que parecía que se había olvidado de que aún seguían en la escuela. Este hecho provoca que se ruborice, algo apenada de que el resto del mundo hubiera quedado en segundo plano para ella al centrarse en el estudiante que tiene delante.

—Tienes razón —responde Zelda luego de unos momentos, yendo por su bolso y su maletín que había dejado contra el tronco del árbol; una vez que los tiene, regresa a donde Link—¿Quieres… quieres que te lleve a casa? De hecho, ¿tú aún…?

—Sí, aún vivo ahí, pero… —Link desvía su mirada luego de interrumpirle, notándose inseguro de lo que va a decir, pero sabía que era necesario—… creo que lo mejor es que me vaya como lo hago habitualmente: caminando.

La maestra no podría evitar mostrar una expresión herida ante el rechazo de su ofrecimiento.

—No quieres… ¿no quieres estar conmigo? —pregunta ella sin poder ocultar el dolor en su voz.

Hasta donde puede recordar, nunca hubo alguna ocasión en la que Link rechazara alguna oportunidad para estar con ella. Él siempre quería estar a su lado cada vez que fuera posible, a menos que le pidieran estrictamente que no fuera a donde ella se encontraba; lo cual era habitualmente por asuntos escolares.

—No es que no quiera —aclara Link, haciendo un esfuerzo por volver a mirarla—, necesito algo de tiempo, para poder asimilar que estas aquí… que has regresado, especialmente cuando todavía no voy a poder preguntarte todo lo que necesito saber.

—Eso podemos hablarlo en mi auto…

—No me parece el lugar más adecuado para eso; además… —toma un respiro antes de continuar—¿realmente quieres que alguien pueda ver que un estudiante se está yendo contigo en tu auto?

Los ojos de Zelda se abren ampliamente ante lo que le pregunta. No la impactaba la posibilidad de que, si Link aceptaba irse con ella, alguien los viera… no, lo que la hizo reaccionar es lo que supone fue lo que hizo que el hylian le hiciera esa precaución.

—Es por lo de esta mañana, ¿verdad? Por haberme ido, sin saludarte ni nada, aunque los dos sabíamos que nos habíamos reconocido —mientras va diciendo eso, se acerca unos pasos a él, hasta que su pecho roza el suyo— ¿Es ello, verdad?

Link no podría mirarle a los ojos, desviando su mirada hacia otro lado, pero eso sería más que respuesta suficiente para ella. Zelda inhala suavemente aire, cerrando sus parpados, al darse cuenta de que el resultado de su error de esta mañana había sido el que temía: el muchacho ahora pensaba que ella podría estar avergonzada de que supieran que se conocen.

—Link, quiero que me escuches, por favor —le pide una vez que vuelve a abrir sus ojos para mirarle, viendo el como él regresa su vista hacia ella—. No es lo que tú crees, de verdad…

—No sé de qué estas hablado… —trata de interrumpir él, pero los dedos de Zelda le impiden seguir hablando.

—Claro que sí —retira sus dedos en una suave caricia, deslizándolos hacia la mejilla izquierda del rubio—. Estaba aterrada, Link… me entró un terrible pánico; no esperaba encontrarte de pronto en mi salón de clases, como uno de mis estudiantes… y se me nublo la mente, no quería que algo que sólo nos corresponde a nosotros dos, fuera presenciado por el resto de tus compañeros, especialmente cuando no estaba segura de cómo enfrentarme a ti… aún no lo estoy, la verdad.

Desliza su mano desde la mejilla de Link hasta su nuca, sorprendiéndose un poco ante la sensación de la coleta que el chico trae. Ignorando ese detalle por el momento, se pone sobre las puntas de sus pies para así poder darle un suave beso en su frente

—Pero no quiero que pienses, JAMÁS, que me avergüenza de alguna forma lo importante que eres para mí —pone de nuevo los pies firmemente en el suelo, mirando a Link, quien se había sonrojado por la muestra de afecto, a los ojos— ¿Quieres que se los diga mañana? Puedo hacerlo si quieres.

Zelda sabe a qué se arriesga si la escuela se enteraba del pasado que la une con Link, lo sabe muy bien... pero si eso ayuda a recuperar al joven, lo haría.

Link, por otro lado, niega suavemente con la cabeza luego de un rato de no poder hablar, aun sintiéndose afectado por el beso que Zelda le dio.

—No, eso no es necesario —responde al poco rato, con el rubor de sus mejillas descendiendo poco a poco—. Tienes razón, eso es algo que a ellos no les corresponde, por lo que no tenemos que darles ninguna explicación.

—Si así lo deseas tú —asiente Zelda mientras le dice aquello, mirándole con arrepentimiento poco después—. Aun así, lamento haberte dejado a ti con esa carga.

—No te preocupes —le tranquiliza él, moviendo su cabeza de lado a lado en forma de negación—, yo también salí huyendo, así que entiendo el cómo te sentiste.

La maestra deja escapar una suave risita ante la respuesta de Link, soltando luego su nuca para separársele un poco. Después le mira fijamente a los ojos.

—Entonces, si hemos aclarado eso… —comienza a hablar con cierto nerviosismo— ¿Aún no quieres que te lleve a casa?

Un silencio le sigue a la pregunta de Zelda, quien no tarda en mostrarse afectada por el tiempo que le está tomando a Link responderle esa pregunta.

—¿Link…?

—Perdóname —dice el rubio luego de unos momentos, una vez más desviando su mirada—, pero realmente necesito un poco de tiempo para asimilar el día de hoy.

Zelda agacha su cabeza para mirar hacia abajo. Pero asiente con la cabeza poco después, sabiendo que el muchacho tenía buenas razones para necesitar ese tiempo que estaba pidiéndole.

—Está bien, Link, yo te hice esperar seis años… —murmura arrepentida, sin levantar la vista—… es justo que ahora yo te espere a ti.

Ella siente como le sujeta de su mentón con su dedo índice y su pulgar, levantándole la cabeza. Sin deseos de oponerse, la mujer obedece la silenciosa petición, mirando los azules ojos de Link.

—Es sólo un tanto difícil de manejar en estos momentos, nada más…

—No te preocupes —le asegura ella, no queriendo causarle ningún tipo de sensación de culpa—, yo lo entiendo, de verdad…

No sabiendo cómo seguir enfrentándose a esta situación en donde aún pendían sobre ellos los seis años de separación, Zelda se hace para atrás. Reacomoda mejor su bolso sobre su hombro derecho, sosteniendo la correa con su mano, antes de volver a hablar.

—T-Te veré mañana entonces, Link. Por favor ten cuidado de vuelta a casa.

Y dicho aquello, le pasa por un lado, caminando a un paso ligeramente acelerado; queriendo alejarse de ahí lo más pronto que fuera posible. No era así como se lo había imaginado; aunque es verdad que su temor le hizo pensar en escenarios donde Link no quería saber nada de ella, o que de hecho ya ni se acordara de quién era; el hecho de que estuviera en una especie de estado intermedio entre lo malo y lo bueno la hacía sentir mucho más nerviosa, ya que no sabía que esperar.

—¡Zelda!

No había avanzado mucho cuando escucho el llamado de Link, y como no se atrevía a ignorarlo, detiene sus pasos. Pero no se sentía capaz de darse la vuelta; esperaba que el joven tuviera suficiente con que se hubiera parado para decirle lo que fuera que quisiera comunicarle.

—… Te quiero, eso no ha cambiado.

Una vez más, los ojos de Zelda se abren de forma amplia, pero esta vez sería con una sensación gratificante recorriendo su cuerpo, con una agradable calidez acumulándose en su pecho. No sabía si denominar como una crueldad por parte de Link el decirle algo así luego de que se negara a hablar con ella por el día de hoy, pero en estos momentos no puede más que sentir una dulce dicha por escuchar esas palabras de sus labios una vez más, luego de seis largos años.

Girando sus talones hacia la izquierda, se pone de lado según la perspectiva de Link, con su rostro en dirección a él. Sus ojos estaban húmedos y una pequeña sonrisa en sus labios mientras le mira.

—También te quiero, pequeño príncipe… —le mira por unos momentos más, antes de volver a girarse, esta vez hacia la derecha— Hasta mañana.

Y se aleja, esta vez a un paso más calmado. Si el objetivo de Link era tranquilizarla para que no se fuera de esa manera tan agitada y apresurada, definitivamente lo había conseguido. Resultaba increíble lo que dos palabras podían hacer a su estado de ánimo.

Link, por otro lado, se queda de pie en su lugar, observándola irse. Se aguantaba las ganas de volver a llamarla, para que lo vuelva a abrazar y poder decirle que olvidaran su tonta actitud de pedir tiempo para acostumbrarse a este gran suceso. Pero él realmente necesitaba tiempo, además de respuestas. Quería saber por qué las cosas fueron como pasaron estos últimos seis años; no quería tratarla como si nada hubiera pasado, como si él siguiera siendo aquel niño que ella dejo atrás.

Lo que menos quería es que ella siguiera viéndolo como ese niño.

Agitando su cabeza para despejarse de ese repentino pensamiento de su mente, el muchacho asume que ya había pasado suficiente tiempo para que Zelda fuera a donde sea que estuviera su auto. Por ello, cargando su maletín por encima de su hombro izquierdo, emprende la marcha hacia la salida.

A él tampoco le avergüenza que se pueda saber que la nueva maestra conoce a un nivel más personal a uno de los estudiantes. Sin embargo, no quiere causar ninguna situación que pudiera ser malinterpretada y pudiera afectar a Zelda, considerando que es una maestra recién ingresada, además de muy joven. Seguro que cualquier situación en privado con un estudiante masculino podría ser motivo de habladurías, y él no permitirá que a ella le pase algo así.


Después del agotador día por el que paso, ciertamente una relajante ducha de agua caliente era algo que necesitaba, pensaba Zelda mientras se frota su largo cabello con la toalla, saliendo de su baño con una ropa muy ligera, una camisa de tirantes que dejaba al descubierto sus brazos y su esternón, y un delgado pantalón de dormir.

Una vez que entra a su habitación, se deja caer sentada en el borde de su cama. Poniendo su cabello por delante de su hombro derecho, prosigue con los frotes usando la toalla con ambas manos.

—Nada como un relajante baño después de un duro día de trabajo —murmura Zelda para sí misma, dejando escapar una pequeña risita al pensar que su primer día en el mundo adulto ha concluido, y puede decir esas palabras.

Entreabriendo sus ojos, lo primero que se topa en su campo de visión, al tener la cabeza girada hacia un lado, sería una foto enmarcada sobre el mueble donde tiene su lámpara, al lado de la cama. Ella sabe muy bien que hay en esa foto aunque no la mirara detenidamente. Dejando de secarse el cabello, se mueve sobre la cama un poco hasta poder alcanzar con su brazo derecho aquel marco, sosteniéndolo a la altura de su pecho.

Era una foto del pequeño Link, el día de su undécimo cumpleaños, sonriendo amplia e infantilmente frente a un pastel con once velas. Miraba hacia la cámara con mucha alegría e ilusión. Ella fue quien tomó esa fotografía.

Ya entonces había decidido que debía irse de la ciudad para lograr sus objetivos, y quería conservar para siempre el momento en que su adorable pequeño entro a la edad de once años.

Sin duda era sorprendente pensar que ahora era un muchacho de diecisiete, que había crecido de manera considerable.

Acaricia con las yemas de sus dedos índice y medio de la mano derecha el vidrio del marco, sobre el rostro del infante.

—Sin que yo pudiera verlo, te convertiste en un joven muy apuesto, Link…

Era algo que siempre había asumido: que los lindos y encantadores rasgos del pequeño rubio, acabarían por convertirse en firmes facciones que harían de Link un chico muy guapo. Sentía cierto orgullo al comprobar que así había sido, aunque al mismo tiempo tristeza de no haber visto ese crecimiento.

No por primera vez, Zelda maldice al sistema de correos, por haberla dejado en esta situación.

Sabe que la separación la originó ella, al haberse ido a otra ciudad; pero realmente no contaba con la desgraciada posibilidad de que no tendría medios para poder comunicarse con sus seres queridos en casa.

Bueno, eso no era del todo cierto; sí tuvo un medio. El aprovechó cada que le fue posible, y por el que se sintió medianamente tranquila de que al menos estaba dejando claro que no los había olvidado, que no se había olvidado de Link.

Nunca pensó que al final resultaría en algo poco confiable, al ser casi totalmente inefectivo, que la dejaría en una peor situación de la que ya se sentía a miles de kilómetros de su antiguo hogar.

Fue especialmente molesto cuando llegaban fechas importantes, como el día del cumpleaños de Link. Pensar que no podría abrazarlo y llenarlo de besos, mientras le deseaba un feliz cumpleaños, la atormentaba por gran parte de ese día, teniendo que limitarse por enviarle un regalo por correo, junto con una carta.

El recuerdo de ese pequeño, plasmado en esta fotografía, fue a su vez una tortura y una tranquilidad.

Dejando el marco de nuevo en su lugar, Zelda retorna a su tarea de secarse el cabello, frotándoselo con la toalla usando sus dos manos.

—Espero puedas escucharme, y entender la situación, Link…


—Cariño, ¿te encuentras bien? Casi no has probado bocado.

La voz de su madre saca a Link de sus pensamientos, sobresaltándolo ligeramente. Parpadeando un par de veces para enfocarse bien en donde se encontraba, guía entonces su vista hacia la persona que le habló, notando la preocupada expresión en su rostro.

—Estoy bien, madre, no te preocupes —sonríe con tanta convicción como le es posible, antes de tomar una porción de su comida con el tenedor y llevársela a la boca.

—Sabes que puedes contarnos si ocurre alguna cosa —insiste la madre del muchacho, sabiendo que él estaba ocultando lo que sentía.

Helena Recke es una mujer con rasgos que denotan su madurez, pero lejos de poder decirse que los años le estaban viniendo encima, especialmente cuando todavía no llegaba ni a los cuarenta. Su cabello rubio, de una tonalidad más platinada que la de su hijo, estaba amarrado en una trenza que estaba hecha bola en su nuca. Y sus ojos de color avellana miraban perceptivamente a Link. Su intuición materna le estaba diciendo que algo muy impactante había pasado en la vida de su hijo, pero que este no tenía deseos de contárselo.

—¿Paso algo en la escuela? ¿Todo bien en tu primer día del último año? —esta vez sería su padre el que hablara, llamando la atención de Link, quien se voltea a verlo.

Siendo aficionado a la esgrima, que le había pasado a su hijo, Rutherford Recke mantenía una sana constitución física. Su larga cabellera castaña, atada en una coleta baja que llegaba hasta la mitad de la espalda, sumada a la barba corta y el bigote que portaba, recordaban fácilmente a viejos caballeros de antaño.

—Nada fuera de lo habitual, papá —responde Link, todavía indispuesto a revelar que tan fuera de lo convencional fue realmente el inicio de ese nuevo año escolar.

Ambos padres se miran entre sí, sabiendo perfectamente que Link les estaba ocultando algo, pero no viendo apropiado presionarlo para que se los contara. Cuando el deseara hablar al respecto, lo haría, estaban seguros de ello. Por lo que vuelven a ver a su hijo, y asienten con la cabeza.

—De acuerdo, hijo, si tú lo dices —dice Rutherford, mientras le da un nuevo bocado a su comida. Después de tragar, habla de nuevo—. Aunque, ¿realmente no pasó nada que valiera la pena contar el día de hoy?

El joven rubio niega con la cabeza. Si hubiera estado más atento al resto del día, quizás podría pensar en algo que contarles a sus padres, pero salvo la llegada de Zelda, lo demás estaba en blanco. Ni siquiera podía mencionar vagamente que algunos alumnos de tercero estaban emocionados por una nueva maestra, porque no sabría cómo manejar ese tema sin explotar por la identidad de dicha profesora.

—La verdad es que no —aclara en voz alta Link, observándolos a ambos—, tal vez las cosas realmente interesantes vengan después.

—Seguramente —dice Helena, mirando a su hijo con una suave sonrisa—, disfrútalo tanto como puedas, Link.

—Así lo hare, mamá —diciendo eso, el muchacho hylian ve su oportunidad—. Hablando de eso, mañana pasare a casa de Fado después de la escuela, dijo que había algo que quería mostrarme.

—¿Oh? ¿Y de qué se trata? —pregunta su padre, mirándole con curiosidad.

—Ya conoces a Fado —dice Link con naturalidad, sacando provecho de la personalidad de su amigo, disculpándose mentalmente con él por utilizarlo de esta manera—, nunca lo dice claramente, sólo dijo que es algo impresionante y que debo ver; probablemente se trate de algún videojuego o algo por el estilo.

—Mientras no quiera llevarte a ver a bailarinas de striptease —habla Helena en un tono en el que se detectaba mitad burla y mitad seriedad—, por mí no hay problema.

Link no puede evitar soltar una ligera risa ante el comentario de su madre, sabiendo perfectamente el por qué lo dice.

— Mamá, Fado quiere que me consiga una novia, no que vaya a ver mujeres semidesnudas. Además, tampoco es como si fuera un chico morboso.

Recuerda entonces la manera en que Fado se tomó el asunto de la nueva maestra de la que se rumoreaba entre algunos estudiantes que era muy hermosa, y la manera en que había actuado al haber comprobado ese rumor.

No, no se podía decir que Fado fuera morboso, sólo estaba dejándose llevar por sueños inducidos por los mangas que lee, exagerándolo con esa personalidad tan alegre y animada que él tiene.

—De acuerdo, Link, gracias por habernos avisado —escucha la voz de su padre, una vez más siendo sacado de sus cavilaciones.

Habiendo realizado su táctica, el rubio prosigue con la cena, tan tranquilamente como puede. Aunque no puede dejar de pensar en el día siguiente.

Una hora más tarde, en su habitación, Link está sentado sobre su cama, contra la pared que está al lado de esta. En su mano izquierda sostenía el cordón donde colgaba aquel adorno de color verde, en donde se apreciaba la forma de un círculo, con dos lunas crecientes de notable grosor rodeándole desde un lado, con la más grande abarcando tanto al círculo como a la primera luna.

El símbolo del valor, de la diosa Farore. Y un valioso regalo que Zelda le envió a Link hace ya algunos años.

—Sólo quiero saber que paso, eso es todo… —murmura Link para sí mismo, apretando un poco el puño con el que sujeta el collar, colocándolo contra su frente y cerrando los ojos—… después de eso, podemos volver a empezar.

Se mantiene en la misma posición por varios segundos, antes de abrir sus ojos. Toma el collar con ambas manos y mete la cabeza por dentro del cordón, colocándoselo sobre el cuello, con el adorno cayéndole contra el pecho.

Después de tener bien puesto su collar, Link se recuesta en su cama, de lado, y cierra los ojos, con un último pensamiento en su mente…

Los rumores de la nueva profesora eran ciertos… se trataba de una mujer muy hermosa. Una a la que él había extrañado demasiado, y que por fin había cumplido su promesa de regresar.


— ¿Y, cómo te fue en el lugar al que necesitabas ir?

Estando sentado en su lugar, escucha la conocida voz de su amigo, por lo que Link levantara la mirada para observarlo. Fado estaba sentado en la mesa del lugar que estaba delante del suyo, mirándolo a él atentamente.

—Tan bien como me hubiera podido ir, dadas las circunstancias, supongo.

—¿Las cuales son…? —pregunta Fado con inocencia, como si de esa manera Link le contaría eso, aunque supiera que no iba a ser así.

—Unas que me conciernen sólo a mí —sonríe Link con diversión al responderle, pero luego mira a su compañero con un tanto más de seriedad. Habla después en voz baja para que otros estudiantes en el salón no puedan escucharles—. Fado, necesito que me hagas un favor.

El muchacho en cuestión se sorprende un poco ante eso, no esperándose para nada que fuera a decirle algo así, por lo que se abstendría de bromear al respecto. Simplemente se sienta de forma invertida en el asiento que tiene cerca, quedando de frente a Link. Baja también el tono de su voz para mantener el secretismo.

—¿Qué es lo que sucede? Debe ser algo muy importante lo que te está pasando, si el día de hoy ya estabas aquí incluso antes de que yo llegara.

Link afirma suavemente con la cabeza, entrecerrando un poco los ojos mientras baja la mirada por unos instantes. Mira luego de unos segundos a Fado una vez más.

—Es un tanto complicado… —explica el hylian de forma vaga, continuando luego con su petición—... no creo que sea muy probable; pero a veces siento que mis padres pueden leerme la mente cuando quiero ocultarles algo…

—¿De qué estás hablando? —pregunta Fado muy confundido, no sabiendo a dónde quiere llegar su amigo.

—Para ponerlo de forma simple —Link toma un respiro antes de continuar—, les he dicho que después de la escuela iría a tu casa, porque querías mostrarme algo.

—Pero si yo no…

—Ya lo sé —interrumpe el rubio de coleta, alzando también su mano izquierda para pedirle silencio—. Lo que pasa es que necesito ir a otro lado, del que no puedo contarle a mis padres, y necesitaba un motivo por el que llegare tarde a casa hoy.

Fado se queda parpadeando, asimilando lo que el otro joven le estaba diciendo. Su mirada luego cambia a una de preocupación.

—Link… ¿estás metido en algo grave? —no puede evitar preguntar, pensando en el hecho de que los padres de Link no debían enterarse de lo que fuera a hacer su hijo.

Ante esa pregunta, Link le mira con sus ojos entrecerrados y el ceño fruncido, un tanto irritado de que pudiera pensar algo como eso. Pero a la vez comprende que pudiera preocuparse de ello, así que simplemente niega con su cabeza.

—No es nada de eso, Fado, te lo aseguro —responde luego de que vuelve a mirarle con una expresión seria—, pero necesito que me hagas el favor de que si, por cualquier motivo, mis padres te lo preguntan, tu actúes como si yo hubiera ido a tu casa. Es probable que no lo hagan, pero no quiero arriesgarme, y que te tomen desprevenido.

Aunque Fado asiente con la cabeza, se queda en silencio unos momentos, como si estuviera meditando una cuestión en particular.

—… ¿tiene que ver con la nueva profesora? —murmura de forma mucho más tenue Fado después de un rato, observando a Link con mucha intriga y curiosidad.

El hylian se tensa casi de manera imperceptible ante la acertada pregunta de su amigo. Pero, no sintiéndose aún capaz de contar la verdad, especialmente cuando el asunto todavía estaba pendiente entre las dos partes involucradas, es que desvía ligeramente su mirada.

—Por favor, Fado… te lo explicare en otra ocasión —susurra Link, sin poder verle a los ojos—, no puedo en estos momentos…

Manteniendo su mirada en su amigo, Fado contempla la situación. No puede evitar que su curiosidad estuviera a un punto casi insoportable por la situación que se estaba originando respecto a Link desde el día de ayer, cuando apareció la nueva maestra. Pero, respetando la decisión de él, es que vuelve a asentir con su cabeza.

—De acuerdo, Link, no te preocupes —le sonríe el alegre muchacho al joven de ojos azules—, puedes contar conmigo.

Sonriendo por la aceptación de Fado, Link vuelve a mirarle.

—Te lo agradezco, de verdad —dice Link mientras extiende un poco el puño derecho hacia Fado, dejándolo a medio camino.

Ante esa acción, Fado imita a Link, levantando el puño derecho, para así chocarlo contra el de su amigo.

—No hay de que, para eso estamos los amigos, ¿no?


—… y tras esa violenta batalla, donde el Heraldo de la Muerte fue sellado, y nuestros ancestros fueron enviados a los cielos, la Diosa Hylia decidió renunciar a su inmortalidad ante el cuerpo de su héroe caído, y reencarnó siglos después como una mortal, al lado del que portada el espíritu del valeroso guerrero.

Cuando Zelda termina de contar aquella parte de la historia, es que escucha el timbre que anuncia el final de la clase, por lo que observa el reloj que está colgando en la pared, encima del pizarrón.

—Vaya, creo que he perdido la noción del tiempo

—Estaba muy metida en la historia, profesora —dice uno de sus alumnos, mirándole con una expresión de diversión.

—¡Parecía que usted estaba viajando hacia los tiempos de la Diosa Hylia! —escucha a otra estudiante.

La rubia sonríe con algo de pena ante ello, no pudiendo negar que tenía algo de verdad.

—Lo siento, chicos, es sólo que realmente me apasiona la historia que existe de nuestro pueblo.

—¡No hay problema! ¡Es encantadora cuando se muestra tan apasionada en el tema! —dice una voz claramente masculina.

La profesora mira en dirección aquella voz, aunque ya sabía de quien se trataba de entre sus estudiantes. Su vista se encuentra con un joven de robusta y fuerte complexión, con un cabello rojizo que resaltaba no solo por su color, sino también por el exagerado copete en el que estaba peinado. La manera en que le estaba mirando, haría que Zelda pasara de sonreír con pena a hacerlo con incomodidad, aunque trató de disimularlo.

—Te lo agradezco, Groose… —antes de que este pudiera continuar con algún otro halago, Zelda comienza a guardar sus cosas dentro de su maletín—De acuerdo, espero que hayan tomado notas, chicos, porque voy a preguntarles respecto a la clase de hoy la próxima vez.

Un "¡Si!" gritado casi como un coro entre la mayoría de sus estudiantes es la respuesta que la profesora recibe.

—Así me gusta —tomando su bolso para acomodarse la correa en el hombro derecho, Zelda se despide de su segunda clase del día—, ¡hasta mañana, entonces!

—¡Esperare ansioso a que llegue el momento! —vuelve a escuchar la fuerte voz de Groose, antes de salir del aula.

Aquello le provoca una nueva sensación de incomodidad y, honestamente, de desagrado. Aunque solo eran unos pocos, había otros estudiantes como Groose, que eran bastante directos respecto al interés que tienen en ella. Era algo que Zelda esperaba disminuyera pronto. Era una suerte que otros que también habían tenido una reacción un tanto exagerada el día anterior, lo hubieran hecho sólo por ser el primer día, y ahora se habían comportado de forma más aceptable en su clase; o eso le pareció a ella.

Tratando de olvidarse del asunto, la mujer agita ligeramente su cabeza, dispuesta a ir a su tercera clase.

La tercera…

Zelda detiene sus pasos al poco de avanzar, mirando a un punto indefinido delante de ella, al ser consciente de lo que significaba el lugar al que iba.

Link…

Esperaba que hubiera tenido tiempo suficiente para asimilar que ella había regresado, y ahora si pudieran hablar.

Tomando un profundo respiro para tranquilizar el ritmo de su corazón, ella retoma su caminar, avanzando a paso seguro hacia el salón donde estaba su siguiente grupo, no tomándole mucho tiempo llegar. Se detiene justo delante de la puerta al escuchar sonidos proviniendo del salón. Unos segundos de atención le revelan que el grupo de nuevo se encontraba platicando entre ellos. Algunos estaban hablando de temas triviales, pero puede oír también el cómo algunos todavía hablaban de ella. Pero lo hacen de una manera un tanto particular, ya que incluyen a otra persona…

—¡Vamos, Link! ¡Lo de ayer fue bastante sospechoso, creo que nos merecemos respuestas! —dice una voz masculina, con la que Zelda no podría asociar aún un rostro.

—En primera, no veo por qué yo tendría que contarles algo de mí —esa voz era totalmente clara y reconocida para la maestra, quien no puede evitar emocionarse de poder escucharla—; en segunda, de todos modos ya se los dije, lo de ayer no fue nada.

—Tienes que aceptarlo, Link —quien hablaba ahora era claramente una chica, a quien la hylian tampoco puede identificar—, fue como si la maestra se hubiera reencontrado con un ser querido perdido, o algo así.

Dicha maestra en cuestión siente sus mejillas arder, ya que esa descripción se acercaba mucho a lo que paso.

No queriendo que Link fuera atosigado más tiempo con esas preguntas, Zelda abre la puerta para adentrarse al aula, silenciándolos a todos, que miran en su dirección.

—Muy buenos días, chicos —saluda Zelda a todo el grupo con una sonrisa, mientras se acerca a su escritorio. En donde deja tanto su maletín como su bolso—, me alegra verlos a todos de nuevo.

—¡Buenos días, profesora! —responde alegremente uno de los muchachos, cuya voz puede reconocer la mujer como la del que escuchó al principio mientras espiaba la conversación. Viendo su cara, ahora sabe que se trataba del chico de nombre Hanch.

Recibiendo algunos otros saludos de parte de sus estudiantes, a los que Zelda responde cortésmente sin dejar de sonreír; mira luego en dirección a Link. Él estaba observándola atentamente, dejándola leer el claro mensaje en sus ojos.

"Estoy listo", decía…

Con un prácticamente imperceptible movimiento afirmativo de su cabeza, la profesora le comunica el recibimiento de su mensaje, mientras siente el ansia recorrerla entera. Quiere que el día escolar termine pronto, y poder hablar de una vez por todas con Link.


¡Y hasta aquí se queda por hoy!

¿Qué tal? ¿Lo han disfrutado? ¡Espero que sí!

No quiero hacer una historia MUY acelerada, por lo que maneje la situación del modo que presenciaron aquí. Espero estar haciendo un buen trabajo para mantenerlos interesados.

¡Dudas, quejas o comentarios, siempre serán recibidos y atendidos con de la debida forma!

¡Hasta la próxima!