Título: Tentaciones Prohibidas

Autora: Kigen no Lawliet

Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a la famosísima reina mangaka Rumiko Takahashi-sensei, sin embargo la historia sí es de mi completa autoría, ¡Digan no al plagio!

Pareja: BanxKag

Resumen: (Primer arco) La historia del pasado de nuestro guerrero favorito es relatada. "¿Por eso eres así?" Si tu madre te viera ahora ¿Qué diría?, tu hermana una miko, y tú un mercenario sin corazón. '¡Yo… la amo, no me interesa si es mi hermana o no!'. Lo miró a sus profundos ojos azules y sosteniéndose de sus fuertes brazos le dijo: "Aniki, bésame"

Notas: ¡Hola de nuevo! Quiero agradecer a la motivación dada por Aidee-sama (amo sus fics) quien me ha apoyado mucho ¡Gracias de verdad!

Les pido disculpas si he tardado mucho, simplemente por más que lo intentaba no me salía la inspiración para redactar todo lo que pasaba por mi cabeza. Gracias por su paciencia

Están invitados si les gusta el Sasuhina a darse una vuelta por mis fics y oneshots.

Muchas gracias también a los integrantes del Circulo del Mercenario. De verdad se aprecia el apoyo.

Advertencias: Futuros Lemons, violencia gráfica, incesto. Si no crees estar preparado para leer estas escenas, abstente para que luego no hayan insultos.

Para que quede claro avisaré en que capítulos hay o no Lemon/Incesto.

Señas de lectura:

"…"= Sarcasmo

'…'= Pensamientos

Cursiva= Palabras resaltadas

En el capítulo anterior:

—No se preocupe no es ninguna molestia para mí—sus ojos azules miraron con curiosidad al sujeto frente a él, y cuando salió la mujer se dispuso a comer

Sin embargo Jakotsu no tenía los mismos planes

Capítulo 3-Al parecer, no existe nuestra paz

Se veían dos niños y una bebé en un futón, intercambiando miradas curiosas, el niño moreno miraba al pequeño de facciones finas e intentaba no encontrarle ninguna semejanza con una niña, al parecer sus rasgos no eran nada masculinos, al principio pensó que era un poco extraño pero no le desagradaba en lo absoluto, al menos no en su primera impresión.

Llevaba rato en esa posición, ¡Sí! La situación estaba poniéndose algo incómoda, intentó apartar la mirada pero le fue imposible, pasaron los minutos silenciosos en los que el moreno empezaba a sentir aburrimiento ¿esperaba algo acaso? No lo sabía, pero algo sí sabía, ese pequeño niño tramaba algo, unos segundos después de pensar eso la pequeña bebé empezaba a dar indicios de despertar de su corta siesta. El ambiente no podía estar más raro.

— ¿De dónde vienes Bankotsu? ¿Por qué estás aquí? —la seriedad y la pregunta del niño frente a él lo tomó por sorpresa ¿Acaso pensaba interrogarlo?, sus ojos azules y casi carentes de vida empezaron a oscurecerse mientras terminaba de masticar su comida, por un momento pensó en no contestar a ese niño del cual ahora también pensaba que era un entrometido, pero no podía permitirse ser grosero con las personas quienes lo recibieron y los salvaron a él y a su hermana

—Venimos de una aldea en guerra—sus palabras fueron casi un susurro pero Jakotsu escuchó perfectamente—nuestra madre y nuestro padre… murieron protegiéndonos—los ojos oscuros de Bankotsu parecieron divagar en los recuerdos, casi intentando olvidar los desgarradores gritos de su madre mientras ardía en llamas y las risas de los soldados al verla muriendo— tuvimos que huir de la aldea en que estábamos aún sin ayuda, recorrimos muchas, pero en guerra la ayuda es escasa, estuvimos viajando días sin comer bien y… cuando nos encontró Miko-sama…—hizo una pausa, recordó su debilidad y se reprochó internamente, le estaba costando contar lo ocurrido de manera resumida— estábamos a punto de ser atacados por un monstruo, perdí el conocimiento por el cansancio, después de eso no recuerdo nada más… pensé que moriríamos—de pronto el hambre se le estaba quitando

— Esto tal vez te resulte muy extraño que te lo diga pero… ¡Bankotsu de verdad eres increíble! —el moreno lo miró sorprendido ¿a qué venía eso? — ¡Lograste salvar a tu hermanita aún con esa herida en el pie y cargándola de aldea a aldea! —Los ojos del niño moreno se iluminaron extrañamente…— ¡Algún día quiero ser como tú y proteger a alguien! —Ese niño le estaba haciendo recuperar las esperanzas en vivir, era extraño, pues de un pronto a otro sentía que lo conocía de toda la vida— Onegai, permítame ser su amigo—la frente del niño con el kimono rosa tocó el suelo mientras una mirada extrañamente cálida provenía de los ojos de Bankotsu

—Por mí no hay problema, levántate del suelo Jakotsu—el niño lo miró con felicidad y esperanza ¡tendría un amigo, ya no estaría solo en el pueblo solo por su apariencia! Inevitablemente sonrió, tal vez todos esos días de soledad pudieran ser recompensados ahora que tenía un amigo ¿no?

—Arigatou Bankotsu-san, le prometo que le ayudaré a proteger a su hermanita—los dos niños sonrieron mientras la niña empezaba a revolverse junto a Bankotsu, despertándose por el escándalo de los gritos de Jakotsu—Gomennasai Bankotsu, creo que la he despertado—el niño rosa la miró, indefensa, pequeña y… ¿tierna?, extraño, ya que al parecer nunca había sido bueno tratando o apreciando la belleza de las niñas—'Debe ser porque es una bebé, sí, eso debe ser' —pensó antes de hablarle de nuevo al moreno—déjeme volver a dormirla, no es justo de mi parte haberla despertado y dejarla despierta mientras usted come—el moreno lo miró con duda, sería la primera vez que le daría a cargar a alguien a su hermanita por voluntad propia, sin embargo, algo en su interior le decía que no estaría mal hacerlo, de igual modo ese niño tenía algo que le inspiraba confianza, la suficiente como para darle a cargar a su hermanita

La tomó en brazos mirando que quería empezar a llorar por su siesta interrumpida, sin embargo, al darla a Jakotsu pareció analizarlo con sus profundos ojos de bebé, sintió algo extraño en su interior, era la primera vez que no estaba preocupado porque alguien tocara a Kagome y la pudiera dañar. Si bien las otras mujeres del palacio de la miko también la habían cargado, no se sentía tranquilo cuando lo hacían. Ni siquiera con Miko-sama y eso era raro considerando que desprendía la energía más pura que había sentido en su vida.

Terminó de comer mientras observaba las extrañas caras que le hacía a Kagome Jakotsu, al parecer eran efectivas para hacerla dormir porque la niña cayó en brazos de Morfeo antes de poder escuchar de nuevo sus sonoras e inocentes risas.

El resto del día transcurrió con Bankotsu y Jakotsu contándose cosas, cualesquiera, ya que los amigos debían conocerse de todo ¿No?, mientras el niño de rosa hablaba, Bankotsu solo podía pensar, en cuanto le hubiera gustado tener un hermano como él, divertido, extraño y que lo acompañara por el mundo durante sus aventuras ¡Claro! No es que no agradeciera tener a Kagome, simplemente que alguien de su edad en su antigua aldea le hubiera sentado muy bien.

— ¿Nee? ¿Puedo llamarte Aniki? —preguntó Jakotsu al pensativo moreno quien se sorprendió al notar que obviamente él era mayor que él mismo

— ¿Tú no eres el mayor? —a esa pregunta Jakotsu sonrió con inocencia

—Nunca he sido bueno dando órdenes, y hasta parece que tienes cara de líder—ante eso los dos rieron y continuaron el resto del día con su charla sobre cosas triviales

Ya empezaba a atardecer cuando Konata llegó a llevarse a Jakotsu.

—En unos momentos vendrá Kyoto-san a alimentar a Kagome-chan, Bankotsu-chan, arigatou por entretener a Jakotsu en la tarde, espero que no te haya molestado demasiado—dijo la mujer sonriendo y mirando la inocente faz del moreno que parecía haber recuperado algo de paz

—No ha sido molestia, de nada Konata-san, etto… por la comida… arigatou—casi susurró, a lo que la mujer lo miró extrañada y asintió con algo de gracia al mirar la timidez y las mejillas rosadas del moreno, antes de tomar la mano de su pequeño hijo y empezar a irse

—Hasta pronto Aniki—agitó su mano y salió sin esperar una respuesta de vuelta

Bankotsu miró a Kagome quien empezaba a despertarse y empezaba a hacer pucheros por el hambre, mientras que Bankotsu la miraba como queriendo hablar con ella.

—Kagome-chan—la acercó a sí mismo mientras le susurraba algo en el oído—tenemos otro hermano—la niña lo miró sin saber que dijo y solo se quedó quieta con él, esperando a que Kyoto-san llegara a darle de comer mientras jugaba con el corto cabello de su hermano

En ese momento el moreno no podía esperar a que llegara el día siguiente, quería darse un baño como nunca en su vida, sin embargo tenía miedo, sabía que las pesadillas lo atormentarían si no abrazaba a Kagome mientras dormía, era extraño, pero si estaba con ella parecía que a las pesadillas les eran más difíciles llegar, ella era su… paz perdida.

A la mañana siguiente…

— ¡Bankotsu-chan! —se escuchaba a alguien llamar al otro lado de la puerta corrediza—debes tomar un baño—el moreno se revolvió entre las sabanas mientras soltaba a Kagome que parecía empezar a notar el movimiento a su alrededor y la pérdida de calor corporal de su hermano, él había escuchado todo claramente y solamente no quería levantarse, la mañana estaba muy fría como para querer darse un baño, pero se resignó, sabía que su olor tarde o temprano empeoraría y no quería dañar el olfato en desarrollo de su hermana, así que sería mejor asearse.

Colocó sus pies en el suelo y empezó a caminar hacia la salida olvidando su antigua herida y caminando como si nada nunca le hubiera pasado ¿Cómo, acaso no sentía dolor?

La gran miko miraba al pequeño caminar hacia donde había escuchado su voz, lo miraba analizando sus movimientos, al parecer eran seguros, firmes e indoloros.

—'Es extraño, ayer su pie tenía una gravedad enorme, me sorprendió el hecho de que no se hubiera quebrado, pero ahora, este niño camina sin cojear ni quejarse… ¿Por qué será?'—cuando lo vio acercarse restregándose los ojos con apariencia inocente corrió la puerta para que pasara—Bankotsu-chan, los baños están en ese cuarto, te dejé algo de ropa para que usaras ya que supongo no tienes otra—el niño se sonrojó un poco y asintió con la cabeza

—Arigatou—susurró y empezó a caminar en dirección al cuarto

—Por cierto Bankotsu-chan, ¿ya no te duele el pie?—esa pregunta lo tomó desprevenido, ¡Era cierto, su pie!, sin embargo no sentía dolor alguno

—Al parecer todo está bien Miko-sama, ya no me duele—se fue hacia el baño sin esperar otra pregunta. Por más agradecido que estuviera en ese momento solo podía pensar en sacar la suciedad de su cabello y cada rincón de su cuerpo

La semana transcurrió sin contratiempos, Bankotsu y Jakotsu jugaban con las espadas de bambú que les habían regalado algunos unos ancianos retirados y empezaron a practicar desde el primer día, el padre de Jakotsu los miraba sorprendido día con día, llevaban un nivel muy parejo, sin embargo, parecía que el pequeño Bankotsu tenía más fuerza que su propio hijo, a quien llevaba mucho tiempo enseñándole a manipular la espada mediante el bastón de bambú, sin embargo nunca lo había visto tan entusiasmado en luchar sino hasta que el pequeño niño moreno empezó a motivarlo, aunque algo debía reconocer, su hijo era más ágil, casi como una serpiente a la hora de atacar.

Intentó enseñarles cómo debían manipular la espada, pero al parecer esos niños no tenían la misma idea, ya que rápidamente desecharon la idea de un estilo único y empezaron a emplear un estilo diferente que poco a poco iban moldeando y creando según sus gustos y necesidades, efectividad y agresividad junto con agilidad parecían sus fundamentos para atacar. Un estilo más agresivo para Bankotsu y uno más preciso para Jakotsu, ambos extraordinarios salidos del instinto de supervivencia de los más pequeños y eso que solo usaban armas de madera y teniendo algunos días de práctica, no quisiera imaginarlos en unos meses siendo apenas unos niños.

Makoto-sama los vigilaba en todo su desarrollo. Esos niños sin duda alguna serían guerreros y muy poderosos en su opinión. A medida que vio que pasaban los días empezó a sentir algo extraño al ver al moreno. Inquietud. Ese niño se estaba consumiendo en algo extraño, algo más peligroso que la oscuridad normal. Se estaba reteniendo y lo sabía, sus ojos cargados de ira le indicaban que tenía un verdugo acechándolo desde las sombras; a pesar de todas esas sonrisas que tenía cuando jugaba con Jakotsu su risa se extinguía cuando lo perdía de vista, empezaba a desarrollar una esencia parecida al youki. Y tenía miedo, miedo porque el pequeño fuera consumido por la maldad y terminara dañando a la aldea. Puede que no tuviera más de 4 años pero luchaba con la habilidad que tendría un joven de 10 y eso contando el hecho de que solo llevaba una semana practicando con su amigo, ese niño sería un prodigio a la hora de usar la espada.

—Bankotsu-chan, ven a comer—lo llamó la miko desde su palacio, la suerte era que su voz se escuchaba a lo lejos y el moreno tenía un oído muy agudo ya que al escucharlo detuvo la espada de su "hermano"

—Ya voy—se despidió de Jakotsu y empezó a correr en dirección a la mansión de la miko

Jakotsu lo miró muy sorprendido, ¿Cómo podía ser tan directo en algunas situaciones y tan tímido en otras? Algo en él le inspiraba autoridad, aunque debía admitir que a veces era algo torpe, aún recordaba el primer día cuando el moreno estaba empezando a manipular su espada de madera y en uno de tantos giros se había enredado con sus propios pies y había caído, empezó a reír al igual que la víctima de la caída quien primero se había sonrojado como un tomate y luego se había levantado como sin nada.

Cuando Bankotsu llegó donde la miko lo esperaba entró y se quitó sus sandalias para dejarlas en la esquina del cuarto donde dormían él y su hermana, la volteó a mirar, pero no estaba—'Makoto-sama debió habérsela llevado de nuevo para bañarla'—pensó. Salió del cuarto para buscarla pero no encontró a nadie al final del pasillo como siempre, en lugar de eso, la luz de unas habitaciones estaba encendida y se escuchó una voz en el interior que decía casi en susurró "pase".

El moreno entró encontrando a la miko tranquilamente sentada en un cojín con su hermana en brazos, la niña al percibir su presencia empezó a estirar los brazos hacia él, era extraño aun con sus ojos cerrados por el sueño podía detectar la presencia de su hermano, parecían estar creando un vínculo. El niño la tomó con una ligera sonrisa, su hermana lograba alegrar sus días atestados por el pensamiento acerca de los "si hubiera".

—Bankotsu-chan—habló Makoto-sama—necesito hablar contigo—el niño asintió, hablar no le daba miedo sin embargo sintió de inmediato como la tensión en el ambiente aumentaban—no te preocupes, no es nada fuera de lo normal—la miko sonrió de una forma tan falsa que el niño empezó a preocuparse, era una sonrisa parecida a la de su madre antes de la tragedia, cuando le decía que "todo estaría bien"

—Miko-sama, por favor, sea clara—al niño no le gustaban los rodeos y sentía que algo no andaba bien

—De acuerdo—ella suspiró, al parecer sería más fácil de lo que pensaba—Bankotsu-chan, necesito que me digas que te tiene atormentado, tu presencia empieza a mancharse de youki y eso me preocupa—cuando terminó de articular sus palabras Bankotsu se sorprendió ¿youki, él? No pensaba que sus angustias pudieran llegar a afectar "el mundo espiritual" ¡y menos a producir energías malignas teniendo casi siempre junto a él a un ser tan puro como lo era su hermana!

—Gomennasai Miko-sama—Kagome se había dormido en sus brazos, ella sería la segunda persona que lo sabría fuera de su familia destruida por la guerra—la historia no es muy buena de contar, es acerca del motivo por el cual nos encontró en el bosque…—y en cuanto dijo eso empezó a relatarle la historia de forma resumida, un poco más larga que la que Jakotsu sabía, exceptuando los detalles de la muerte de su madre y las atrocidades que había visto durante su estadía en su escondite, por las ventanas, por los agujeros de la madera, ya que era obvio que no se lo diría a nadie que no compartiera sangre con él…. O eso pensaba

La miko procesó la información recibida, era obvio que ahí habían piezas faltantes ¿o no? No había motivo alguno por el cual debía empezar a desarrollar youki, más bien, debía desarrollar odio a la guerra, lo que sería más ido hacia el reiki, como el de su hermana. Pero al parecer ese extraño sentimiento que tenía no era hacia la guerra, eso tenía un motivo más profundo. Sin embargo no quiso presionarlo más, ya había sido mucho por ese día y al parecer la herida aún estaba fresca, por el momento lo dejaría pasar, de igual manera no había mucho que hacer si él no quería hablar y sabía que si presionaba podría cometer el error de acelerar esa mancha que estaba creciendo dentro del corazón del niño.

Bankotsu se marchó de la habitación con Kagome, la miró y le sonrió con nostalgia ¿Acaso alguien tan pura como ella merecía sufrir todo eso? Siempre pensó que podría haber un poco de paz en él luego del agónico embarazo de su madre en el que vivía sumido en la angustia, pero se equivocó. Cada vez su preocupación aumentaba más, pensaba en Kagome, en protegerla, en alejarla de todo eso que él mismo estaba pasando, no deseaba que ella también sufriera el saber, el haber visto, el escuchar…

Habiendo pasado un año desde su estadía en la aldea de la miko Bankotsu y Jakotsu desarrollaron un vínculo extrañamente unido, la confianza era mucha y al parecer las cosas iban mejorando de más en más, todo era tranquilidad en la aldea y eso aunque reconfortante solamente era síntoma de un mal presagio que empezaba a crecer de parte de todos los aldeanos y hasta la misma miko.

Los padres de Jakotsu empezaron a tratar a Bankotsu y a Kagome como si fueran hijos suyos. El padre del niño con marcas de serpiente les regaló unas espadas de práctica, su filo era mínimo pero con la fuerza necesaria podrían ser fatales las heridas que ocasionaran.

Aún recordaba los primeros días que las usaron, como vieron poco a poco la diferencia entre un bambú de práctica y una espada real, ahora no podían permitirse los resbalones porque eso significaría una perdida segura de algún dedo. Con eso en mente los niños que ahora parecían inseparables empezaron a practicar.

Practicaban varias horas al día, sin descanso y solo deteniéndose de vez en cuando para tomar aire o hidratarse. Bankotsu una vez a la semanas llevaba la pequeña Kagome a la habitación en la que hace pocos meses la miko meditante se enfocaba en crear una barrera que cubriera la aldea y al notarlos llegar se aliviaba, pues había notado que la presencia de Kagome con ella era suficiente para ayudar, su flujo de reiki era suave y constante por tanto le ayudaba a moldear la barrera con mayor velocidad.

Kagome quien iniciaba a balbucear sus primeras palabras se quedaba quieta mientras la miko la tomaba en brazos disfrutando de como su relajante presencia la envolvía y donaba cantidades considerables de energía para su tamaño y a su vez ella le ayudaba a inconscientemente acostumbrarse desde pequeña a que su flujo de energía espiritual fuera abundante y empezara a expulsarse suavemente, sin duda sería una miko poderosa y peligrosa para los youkais.

Bankotsu meditaba con ellas a la distancia, lo hacía con Kagome ya que su presencia calmaba el alerta de sus sentidos y le ayudaba a olvidar los malos recuerdos que azotaban su mente de diariamente. Aún recordaba cuando la escuchó decir su primera palabra

—Ban…ky—cuando la escuchó detuvo el movimiento de su espada y la miró, como sus zafiros lo miraban dulces y expectantes de sus ágiles y precisos movimientos cada vez que arremetía con fuerza contra ese tronco de práctica, soltó la espada y la tomó de los brazos de Jakotsu que permanecía anonadado mientras la miraba

—Kag—le dijo y la bebé se empezó a reír, algo en ese momento en el corazón del joven guerrero se movió tiernamente mientras abrazaba a la pequeña, se enorgullecía de que su primera palabra fuera su nombre

Días después llegó el cumpleaños de Bankotsu que fue bastante fuera de lo común, ¿Quién imaginaría al moreno usando una pequeña trenza? Los aldeanos al conocerlo a él y a su hermana junto a su historia les tomaron cariño y prácticamente los adoptaron como hijos de todos. A la celebración de su cumpleaños no asistió demasiada gente, solo los más cercanos. Los regalos se enfocaban en algo en común: al parecer podría cambiar bastante su imagen de forma positiva. Unos de los esenciales fueron sus sandalias negras y un traje blanco de batalla que solo se ajustaba con un obi de igual color.

"Cuando enfrentes a tus enemigos, ¿no te gustaría distinguir si estás haciendo bien tu trabajo?" recordó lo que el padre de Jakotsu le dijo conmovido por la sinceridad y humildad del corazón del niño, sin embargo Bankotsu entendía muy bien el significado de esas palabras:

Sangre salpicando. Si haces bien tu trabajo, por más sangre que salpique, tu ropa permanecerá inmaculada, el blanco no debe tocar jamás la sangre.

Al parecer eso había sido todo por ese día, el moreno continuó esquivando cualquier indicio de curiosidad por la miko líder cada vez que intentaba sacarle información del porqué durante ese año su nivel de youki no hacía más que aumentar.

Algunos días después todo parecía seguir en paz, sin embargo, algo dentro de los pensamientos de la líder de la aldea parecía no estar tranquilo.

—'Las luces del norte siguen destellando…' —se llevó una mano al pecho preocupada—'si no las apagan en el transcurso del día… habrá que lanzar la alerta'—suspiró y miró a la niña junto a ella empezar a jugar con el reiki de sus manos—Kagome—susurró el nombre, así que ella sería; ¿ella sería quien salvaría al mundo del futuro de las manos del youki?, sufrimiento, oscuridad, pero aún más importante para ella: ¿salvaría a su hermano de la maldad que amenazaba con entrar en su corazón?

Esa y otras preguntas se acumulaban en su interior. No estaba segura de porqué pero sabía que por lo menos con esa bebé ahí, la aldea no estaría a salvo y menos con su edad, la cual no le ayudaba a defender a nadie, ni a ella misma. Estaba segura de que ningún ser oscuro quisiera que un ser tan pequeño y poderoso creciera para desarrollar su máximo potencial espiritual ¿no?

Por eso y aun sabiendo los riesgos mantenía cuidando de esa bebé y de su hermano se daba el lujo de protegerlos, porque era su deber como servidora de Midoriko y sacerdotisa.

Miró al moreno: Ágil, fuerte, pequeño, triste de apariencia. Era casi lo contrario a su hermana que representaba todo lo contrario. Luz, esperanza, felicidad e inocencia. Algo extraño, se complementaban desde temprana edad y empezaba a temer más por él que por el resto de la aldea, presentía que algo malo le ocurriría de nuevo. Esa inocencia ya no tan pura empezaba a desaparecer, el pequeño dejaba que la luz se perdiera en los momentos que no estaba con Kagome.

No había logrado que le dijera que era lo que atormentaba su memoria, hecho que no hacía más que solo asustarla ¿qué podría ser tan malo que tuviera que ocultarlo a todos? ¿qué sufrió ese niño? ¿qué verdugo cargaba sobre sus hombros que le impedía vivir tranquilo?

Esas y otras dudas pasaban por su mente cuando escuchó un estruendo aterrador al norte

—'Demonios'—no esperaba que atacaran tan pronto, esperaba que al menos le tomara más tiempo a ese ser oscuro enterarse de la estadía de la pequeña en su aldea…

Los dos pequeños guerreros se detuvieron de practicar combate cuerpo a cuerpo de manera abrupta al escuchar el estruendo de una explosión a lo lejos, Bankotsu no esperó que Jakotsu reaccionara, tomó una de las katanas enfundadas del padre de Jakotsu olvidando la propia de práctica en la carrera y simplemente inició a correr en dirección al palacio donde se suponía se encontraban la miko líder y Kagome

—'No puedo dejar que le hagan daño, debo protegerla' —corría sin importarle lastimarse por no fijarse por donde iba, sostenía su espada de práctica aún sin desenvainarla de la empuñadura mientras miraba que a lo lejos que empezaban a llegar algunos youkais y guerreros de aldeas enemigas con intenciones obvias de asesinar a todo aquel que se interpusiera ante ellos

Miraba con terror a los ogros dirigirse a la fuente más pura de energía en la zona, los padres de los aldeanos empezaban a caer mientras la sangre alrededor de los cuerpos que caían sin vida se esparcía, todos intentaban contener lo más posible el ataque mientras la miko recuperaba la compostura luego de saber que su campo de energía había caído por un descuido, eso fue un error fatal, la gente no debía caer muerta por su culpa.

Llamó a una de sus damas de compañía a que sostuviera a la pequeña y la resguardara mientras tomaba sus armas para salir a pelear, escuchaba los gritos a las afueras empezando a hacerla sentir culpable ¿Cómo había podido permitir que la barrera flaqueara ante un ataque? Salió y vio como muchos de los padres de los niños de la aldea habían muerto, fijó su vista en los ogros que amenazaban con atacar palacio y los apuntó con una flecha mientras gritaba

— ¡Mueran! —los ogros empezaban a desvanecerse al igual que los guerreros enemigos que iniciaban a incendiar cabañas, una de ellas, lugar donde vivía Jakotsu

— ¡Jakotsu, salgan de ahí! —Bankotsu gritaba sabiendo que la miko protegía donde se encontraba Kagome en ese momento, empezó a correr y vio algo que lo hizo detenerse y enfocarse en una de las escenas que al parecer quedaría en su mente el resto de su vida

Jakotsu corriendo hacia el cuerpo inerte de su padre.

Su casa quemándose y su madre atrapada entre la madera que bloqueaba la entrada de la misma. Aún en shock reaccionó, con la katana empezó a golpear la madera para partirla y poder permitirle la salida a la madre de su amigo quien no dejaba de llorar al ver a su esposo muerto y a su hijo llorando sobre su cadáver.

— ¡Jakotsu reacciona! —sabía que en ese momento no había otra frase más irracional para poder calmarlo y que le ayudara, pero empezaba a entrar en pánico, el fuego por la casa empezaba a expandirse y todos a su alrededor lloraban y no entraban en razón, necesitaba ayuda, la madera era muy gruesa y con su fuerza no lograba partirla, la mujer atrapada no tenía tampoco la suficiente para mover los tablones y lo que miraba por las hendiduras la dejaba paralizada, empezaba a sentir el calor detrás de ella siendo consciente de que solo tenía esa salida —Señora por favor ayúdeme—Bankotsu no quería volver a ver morir a alguien en llamas, ya tenía suficiente con la muerte de su madre

— ¡Jakotsu! —la madre desesperada lo intentaba alertar, veía como se acercaba uno de los soldados armados hacia su pequeño dispuesto a matarlo—Bankotsu… sálvalo por favor, cuida de él, merece más que solo esto—dicho esto dejó de luchar para salir y el moreno reaccionó inmediatamente corriendo hacia el niño que reaccionó al grito de su madre para enterarse de que su aniki se encontraba en posición defensiva ante él protegiéndolo del más grande

—Levántate Jakotsu, corre por una katana—el mencionado tomó la más cercana para encontrarse con el moreno defendiéndose del más grande con dificultad, pues sus ataques y su fuerza eran mucho mayores y mejores por la experiencia

— ¿Qué tenemos aquí? Dos pequeños idiotas que al parecer prefieren llorar a defender su pueblo—el enemigo se reía cruelmente de Jakotsu quien se encontraba ahora más serio que nunca, si no se equivocaba, ese era el asesino de su padre quien había vuelto por él

—El único idiota que morirá aquí eres tú—el grito desgarrador de Jakotsu fue escuchado por toda la aldea, nadie, ni el propio Bankotsu esperaba eso

De un salto había atravesado el pecho del enemigo con su katana quien de la impresión y la velocidad del mismo no había alcanzado a defenderse y empezaba a vomitar sangre salpicando al niño de kimono rosa.

Jakotsu cayó al suelo en silencio luego de eso, Bankotsu impresionado no lograba recuperarse de nada, primero, ver tantas muertes en un solo día, luego, ver eso, apreciar la primera muerte ocasionada por su "hermano menor".

— ¡Bankotsu! —el grito de la miko lo sacó de su ensoñación mientras corría de vuelta a palacio donde podía observar la presencia de monstruos era casi nula pero los enemigos empezaban a entrar ultrajando territorio sagrado— ¡ve por Kagome, protégela! —no terminó de escuchar cuando sintió la presencia de Kagome perturbada, nunca la había sentido de esa manera, se preocupó más y entró con prisa al cuarto donde estaba encontrando a la pequeña llorando ante la presencia de un soldado que recién había matado a su cuidadora

—Con que… ¿qué tenemos aquí? —el soldado se rio con sorna y miró a la bebé— ¿vienes a ver la muerte de esta bastarda? Los rumores dicen que todo esto es su culpa—levantó su espada hasta posarla en su hombro mientras Bankotsu se colocaba delante de Kagome y lo miraba retadoramente— ¿Eh, que te pasa, por qué esa cara? —sonrió maliciosamente—no me digas que esa cosa es tu hermana—dijo al notar la marca idéntica en la frente de ambos—Jajaja, mi misión es terminar con ella, así que…—no esperó que el guerrero reaccionara antes sin dejarlo acabar de hablar desgarrando la carne de su muslo con la katana, el enemigo se arrodilló y el pequeño sin permitirle defenderse y con bastante eficacia clavó la espada en su estómago

—No te metas con ella—posteriormente la clavó y giró dentro de su cuello mientras los ojos del soldado se desorbitaban y caía al suelo, provocándole una hemorragia incontenible que acabó dejando todo alrededor salpicado de sangre

El guerrero se volteó al escuchar el llanto de su hermana, no pudiendo evitarlo la abrazó y lloró amargamente con ella en brazos, había… asesinado a alguien.

¡Le había quitado la vida!

Era un asesino… ¿qué diría su madre ahora si lo viera?

—'Quizá… estaría orgullosa de mí… por defenderla'—lloraba más fuerte al sentir las manos de su hermanita apretar su ropa, como si sintiera la culpa que él sentía en ese instante, la miró, se quitó su obi que le quedaba considerablemente largo de la cintura y limpió a su hermana de la sangre de ese soldado mientras la miraba con algo de vacío y felicidad en su mirada—'Te he protegido'—al terminar, lo vio, todo rojo su obi, escuchó pasos y temió tener que volver a matar a alguien, ya habían sido suficientes shocks por ese día y no estaba seguro de poder soportar otro de esa magnitud

—Bankotsu ¿están bien? —Miko había aparecido con su brazo rojo y varios hematomas en su cuerpo— ¿Qué les ha…?—la imagen frente a sus ojos se le hizo de lo más tétrico y triste que hubiera visto en su vida

El pequeño con sus ojos perdidos y vacíos con algo de orgullo mirando el obi rojo en sus manos, a Kagome con la sangre de alguien más en sus ropas y su piel torpemente limpiada dejando rastros de la misma por todos lados y sumida en un llanto culposo y triste

—He podido—dijo el pequeño antes de desmayarse y caer hacia atrás dejando a su hermana sobre él…

Notas Finales: Gracias por leer. Déjenme un Review si les ha gustado, si quieren compartir su opinión y si tienen alguna duda o sugerencia que me ayude a mejorar puede ser también por PM.

Agradecimientos a:

Aidee (Angeel O)

Kasai shinju

Aoi-Malfoy Black

Rogue85

Yuli

Nicolai

Y a quienes agregaron a alertas.

Gracias por todo, nos leemos en la siguiente

Se despide

Kigen-chan