Día 3 - Celos.
En lo que a romanticismo se refiere, Asami nunca se ha considerado a sí misma una persona celosa.
Mako, con quien terminó oficialmente hace tan solo un par de meses, había sido su primer y hasta entonces único novio, pero el poco tiempo que pasó con él fue más que suficiente para demostrarle que podía mantenerse tranquila sin importar cuantas admiradoras se reunieran fuera de los vestidores del equipo de Gryffindor a esperar a su capitán; él era una especie de celebridad en el colegio, un guardián con un futuro con el que ella se creía dispuesta a lidiar.
Al menos hasta el momento en que Korra comenzó a interesarse en él.
Había conocido a la chica del Polo Sur una noche en la sala común, cuando el recién formado equipo celebraba su victoria sobre Ravenclaw con un marcador aplastante. Pese a la aparente hosquedad de su primer encuentro, algo en su interior no tardó en hacer clic, y ese mismo algo la obligó a ganarse su amistad a toda costa.
Y entonces, poco tiempo después, comprendió que Korra era el Avatar y que su amoroso padre trabajaba para su peor enemigo: Amon, el Que-no-debe-ser-nombrado. Hiroshi Sato era un mortífago.
Suspiró, masajeando ansiosamente sus sienes. La obsesión por la pureza sanguínea de su padre había sido el gran golpe, hacerse cargo de una compañía al borde de la quiebra la había noqueado completamente y la traición de Mako no fue nada más que el golpe de gracia. Mako y la buscadora estrella de Gryffindor comenzaron una relación.
Mordió su labio inferior, entornando los ojos en una forma que, seguramente, intimidaría a un dementor. No estaba molesta con Korra, le agradaba demasiado como para estarlo, y eso hacía que se sintiera rara en aquellos momentos, observando a la pareja apretujarse frente al fuego, con las jugadas olvidadas del próximo partido a su lado.
Asami no estaba acostumbrada a eso, pero no tenía otra opción: la silla que había elegido para hacer su tarea de transformaciones, le ofrecía una vista de palco a la chimenea e, hiciera lo que hiciera, no podía evitar mirar.
"Si, si puedes" Le recriminó su inconsciente, pero la imagen de Korra descansando su cabeza sobre el hombro de su ahora novio la calló con una mueca de desagrado.
La forma en la que pasaba uno de sus brazos detrás de sus hombros en gesto galante, como susurraba cosas a su oído que la hacían reír. Todas eran cosas que le impedían concentrarse lo suficiente para notar como alguien se sentaba a su lado.
¿Qué pudo verle de bueno a Mako? ¿Por qué habían terminado en aquel incomodo triangulo amoroso por alguien como él?
Ni siquiera era tan atractivo… ¿O sí?
Escribió algo en el pergamino, que hubiera sido una frase ilegible si su pluma no se hubiese quedado sin tinta hace ya tanto tiempo; con el rabillo del ojo pudo ver como Korra intentaba disimular su ligero sonrojo detrás de sus manos.
Sus manos se convirtieron en puños. Ella era la dueña de Industrias Futuro, la empresa más grande en lo que a artefactos mágicos se refiere, su bóveda de Gringotts estaba a reventar de galeones y ni siquiera tenía la edad requerida para aparecerse; no tenía nada que envidiarle a Mako.
Espera. ¿Qué?
Alzó una ceja. Su tren de pensamientos había alcanzado límites que no sabía que existían en un periodo muy corto de tiempo, limites que la obligaban a cuestionarse su propia naturaleza.
¿Qué razón tendría para envidiar a Mako? ¿Por qué envidiaría a alguien si quiera?
En ese momento Mako dijo algo que hizo a Korra reír, de una forma tan inocente que la llevó a imaginarla en lo más profundo de la tundra, jugando con la nieve.
¿Por qué ella no podía hacer que Korra se riera de esa manera?
- ¿Qué diablos esta pasándome? – Murmuró para sí misma, casi cayendo de su silla al recibir una respuesta.
- Es lo que a mí me gustaría saber.
Se hizo hacía atrás con la mirada desorbitada, encontrándose inmediatamente con dos pares de ojos que la miraban con curiosidad, como si analizaran cada uno de sus movimientos: unos eran grandes, brillantes y tan verdes como los de ella; los otros eran pequeños y negros, pero tan brillantes como una bola de cristal.
Efectivamente, eran un humano y un animal, unos que ella muy bien conocía.
- ¡Bolin! – Reconoció al último de los tres Hurones de Fuego con una mirada recriminatoria - ¡Me diste un susto de muerte!
El hermano menor de Mako alzó una de sus pobladas cejas, el pequeño Pabu, su hurón de fuego mascota, emitió un par de naturales chasquidos. Asami sintió que su rostro ardía y, al menos por ese momento, agradeció que su silla estuviera en penumbras; no había notado el momento en que el chico decidió sentarse a su lado.
- Llevo al menos cinco minutos intentando mostrarte el nuevo truco que aprendió Pabu – Argumentó el golpeador de Gryffindor en su defensa – Observa. ¡Pabu!
Ante la voz de su amo, el hurón saltó de su hombro para aterrizar sobre la mesa en una sola de sus patas delanteras, con la que dio un par de saltos antes de dar una voltereta que lo llevó de nuevo al hombro de Bolin. Algunos de los estudiantes en las mesas cercanas aplaudieron.
Pero Asami, para su propia sorpresa, no mostró ni un mínimo intento de sonrisa.
- ¿Estás bien? – Preguntó Bolin preocupado, inclinándose ligeramente en su dirección – No es por nada, pero siempre te ha encantado jugar con Pabu.
- Sabes que si – Admitió, acariciando la barbilla del hurón con sus dedos – Es solo que estoy algo ocupada en estos momentos.
- ¿Ocupada haciendo qué? – Exigió saber su amigo - ¿Espiando a Korra?
- ¡Sí! ¡Espera! ¡No! – Asami necesitó de todas sus fuerzas para resistir el feroz impulso de golpear su propia frente – Solo intento terminar con el ensayo de transformaciones, sabes cómo es Beifong con los deberes.
- Si, lo sé – Admitió – Por eso me interesa saber cómo escribirás dos pergaminos sobre los animagos en esta silla tan oscura… Y sin tinta.
Ante este último punto, la mano del golpeador tomó el frasco de tinta negra, girándolo de cabeza. Tenía razón. Vio a su alrededor y notó por primera vez que su silla, la que le daba una vista de palco hacia la pareja, estaba alejada de todas las ventanas y velas en la habitación.
Era más que obvio que nadie en su sano juicio podría trabajar ahí, pero estaba tan ocupada espiando que ignoró su entorno.
"No estaba espiando" Trató de convencerse a sí misma, sin éxito "Solo me senté aquí por mera casualidad"
Pero la risa distante de Korra se encargó de borrar aquel pensamiento de su cabeza, mordió su labio y deseó no estar ahí, observando, pensando cosas sin sentido.
No estaba envidiando a Mako, definitivamente no estaba envidiando a Mako. Definitivamente no estaba pensando en las escasas oportunidades que había tenido para hablar con Korra desde que comenzó a salir con él. ¡Eso no era envidia!
¿Verdad?
Sin controlar su propia fuerza, arrebató el frasco de tinta de las manos de Bolin.
- ¿Quién lo diría? ¡Me he quedado sin tinta demasiado pronto!
- Pero tus dos pergaminos están en blanco.
En respuesta Asami se congeló en su lugar, y Pabu abandonó el hombro de su amo para saltar a la mesa y mordisquear el papel viejo. Bolin la miró un par de segundos, recargando su rostro en su palma mientras entrecerraba sus ojos como si tratara de no hacer estallar una poción.
Korra volvió a reír y, por más que lo intentó, no consiguió que sus ojos se quedaran quietos dentro de aquel extraño duelo de miradas que contendía con el golpeador. Cuando Bolin sonrió, Asami supo que estaba perdida.
- ¡Estas celosa!
Bolin. De todas las personas que pudieron encontrarla en ese estado tenía que ser Bolin.
Saltó de su asiento como si fuera un resorte, cubriendo con su mano la boca de su amigo quien, quizá inocentemente, había gritado la última frase: tan solo un par de estudiantes los miraron de soslayo antes de regresar a sus deberes.
- ¡Eso no es cierto! – Murmuró con el rostro en llamas, sintiendo el movimiento de los labios de Bolin bajo su palma –Son solo coincidencias.
- ¡Claro! Y yo me postularé para ministro de magia. Si mientes una vez más, lo gritaré más fuerte.
Asami se tensó, entorno sus ojos y sus cejas se fruncieron lenta y peligrosamente.
- No lo harás.
- Pruébame – Pabu se ocultó bajo la túnica de su dueño, como si sintiera el peligro.
- Bolin – Lo vio tomar aire y, antes de darse cuenta, su cuerpo se movió hacía adelante.
- ¡Escúchenme todos! ¡Asami esta-!
Nuevamente, pero ahora con mucha más violencia, cubrió la enorme (al menos a su parecer) boca de Bolin con la palma de su mano; miro de reojo a la pareja que, por milagro, no se había percatado del incidente y volvió a respirar.
- De acuerdo, casi tienes razón – Admitió – Si me siento rara, pero no estoy celosa.
- Nunca me equivoco – Pabu asomó su cabeza por entre su sweater, olisqueando – Aunque creí que ustedes dos habían terminado en buenos términos.
- Lo hicimos – Afirmó, preocupada por sí misma y por su propia cordura – Ahora él tiene a Korra.
- Sí – Afirmó Bolin sin perderla de vista – Ahora tiene a Korra.
Esta vez no intentó detener el impulso que hacía que sus ojos se comportaran como un imán: Korra se veía hermosa bajo aquellas circunstancias, con la luz de la chimenea iluminando su rostro sonriente, o al menos la parte que ella podía ver. Su cabello parecía más sedoso y sus ojos más brillantes. No parecía la misma persona que montaba su escoba a la velocidad de un rayo.
No. A sus ojos parecía una chica común, una que quería ser protegida.
Recordó verla en cama luego del incidente de la piedra filosofal, luego su cara de felicidad cuando atrapó la snitch por primera vez, y la extraña seriedad en su mirada al tener la varita entre sus manos. La buena corazonada que tuvo al conocerla; su comprensión ante los crímenes de su padre; su apoyo; su dedicación.
Korra era el Avatar, y Asami estaría a su lado hasta que cumpliera su destino.
Lo único que le recordó la presencia de Bolin fue su fuerte carraspeo, que llevó su atención de vuelta a su enorme sonrisa. La bruja alzó una ceja en su dirección.
- ¿Qué?
- Nada – Respondió – Es solo que ya sé que está pasando aquí.
- Siendo sincera, dudo que sepas nada – En un par de movimientos rápidos, producto de sus numerosos años de entrenamiento físico, tomó todas sus pertenencias – Me iré a dormir.
Bolin parpadeó un par de veces, e incluso Pabu pareció extrañado.
- ¿Tan temprano?
- ¿De qué hablas? ¡Ustedes son los que insisten con entrenar antes de que salga el sol! – Los ojos del golpeador se iluminaron como los de un niño travieso.
- ¡Sí! ¡Asami verá nuestro entrenamiento!
- ¿De qué sirve el desayuno si no puedo ver al gran Bolin golpear una bludger fuera del campo?
Bolin infló su pecho, orgulloso, arrebatándole una de esas sonrisas genuinas que siempre guardaba celosamente para sí.
- Buenas noches, 'Sami.
- Buenas noches, Bo.
- ¿Eh? – Conocía esa voz, sabía con seguridad que la mirada azulina de Korra se encontraba a sus espaldas, expectante - ¿Ya irás a dormir?
- Bueno, sí – Murmuró, encarando a la buscadora que había abandonado su cómodo lugar al lado de su novio, sin tener en valor de mirarla a los ojos – Es algo tarde y he estado trabajando mucho esta mañana.
- Trabajando, claro – Asami le dedicó una mirada asesina a Bolin, quien se encogió en su silla.
- ¿Es el ensayo de transformaciones? – Ella asintió - ¡Eso es genial! ¡Hay muchas cosas que han estado atormentándome referentes a esos ensayos!
- ¿En serio? – Poco a poco se sentía más nerviosa – Quizá pueda ayudarte.
- ¡¿Lo harías?! – Su sonrisa. Esa sonrisa tonta de lado era más de lo que podría soportar - ¡Bien! ¿Te parece si nos reunimos luego del entrenamiento, en el Gran Comedor?
- ¿Tu? ¿Quieres estudiar luego de un entrenamiento?
- ¡Por supuesto! – El Avatar comenzó a reír, lenta y forzadamente – ¡De acuerdo, no, pero Beifong me matará si lo hago mal!
Asami la miró a los ojos, a esos enormes ojos que en aquellos momentos hacían un puchero digno de un cachorro de perro-oso polar; pronto asintió, sabiendo que su rostro ardía.
- Entiendo – Bostezó sin quererlo, limpiando las pequeñas lágrimas que escaparon de sus ojos – Pero eso será mañana. ¿Bien?
- Bien.
La chica del polo abrazó a su compañera suavemente, momentos antes de susurrar un «buenas noches» y volver a su sitio frente a la chimenea; Asami mordió sus labios, tomándose un tiempo para meditar lo que acababa de suceder y calmar los latidos frenéticos de su corazón antes de dirigirse a los dormitorios en completo silencio.
Aquel día sería sumamente interesante.
Cuando ambas chicas se fueron y Bolin quedó a solas con sus pensamientos, sonrió, alzando a Pabu hasta que estuvo frente a su rostro.
- Todos subestiman el instinto de Nuktuk - Dijo en tono triunfal - Me pregunto hasta cuando se dará cuenta…
Notas: Día tres, casi mitad de la semana. Esta vez Korra no tuvo mucha participación; personalmente siempre me ha agradado la amistad entre Asami y Bolin, y quería desarrollarla de alguna manera en este oneshot. Bolin las shippea, lo sé.
En fin, muchas gracias por acompañarme hasta aquí y tomarse la molestia de echarle un vistazo a la historia. Aún queda más por delante.
¡Saludos!
