Hola a todos. Unas cuantas semanitas ya, eh? Estoy subiendo dos fics a la vez, un capítulo de cada. Reitero mi más sentido agradecimiento a todos los que siguen mis locas historias. Reviews abajo (aunque no sean todos, los leo igual y me emociono con cada uno).

¡Ojo! No me convencía mucho que Darcy y Skylar fueran los únicos con nombres en inglés. Como a Darcy no le encontré traducción, se queda así, pero a Skylar se lo cambié (más bien traduje) por Céfiro, que también es muy bonito y se parecen "en esencia". No tenéis ni idea del rollo que es pensar en el nombre en inglés y luego traducirlo.

Venga, a leer ya, que me canso.


Sí, genial... El discurso de apertura (nótese el sarcasmo).

- Fundada hace veinte años por nuestro querido jefe y mejorada con cada nuevo descubrimiento sobre dragones –el señor Bocón se bambolea frente a la fila de alumnos mientras recita lo que tantas veces le he oído pronunciar-. Aquí aprenderéis todo lo necesario para entrenar hasta al dragón más fiero. Y con suerte, ninguno perderá un miembro en el proceso.

Se carcajea, aunque por el rabillo del ojo veo que papá no está muy contento con el comentario.

- Al principio os enseñaremos técnicas para calmarlos en situaciones peliagudas y a cuidar de ellos –se acerca a Gruñón y empuja una roca redonda para que se la coma. Lo hace despacio, supongo que por pereza más que por saborearla-. Cada dragón es distinto y posee cualidades únicas que aprovecharéis a la hora de entrenarlos.

»Dejad que os presente a vuestros profesores: el señor Patapez –el mencionado se hincha de orgullo- será el encargado de enseñaros la parte teórica. Cada uno recibiréis un manual con los dragones que estudiaremos por lo pronto, pero como ya sabréis, el libro de dragones está a vuestra disposición las veinticuatro horas.

Sí, lo sé. Está en el Gran Salón. Una vez lo ojeé y los dibujos me dieron miedo. El señor Patapez quiso conservar los originales.

- Astrid será vuestra instructora de vuelo y de cuidado de vuestros dragones. Cuando los tengáis, claro.

Todos miran a mamá. Se ve imponente junto a Tormenta. La tribu entera sabe lo buena jinete que es y las relucientes escamas azules de su Nadder corroboran que es la indicada para dar esa clase.

- Y cuando el momento llegue –continúa Bocón-, será el jefe –señala a papá- el que os ayude a encontrar el dragón idóneo para cada uno.

La emoción embarga a todos los jóvenes. Bueno, eso sí lo entiendo. Que sea mi padre el que les entregue un dragón es un gran honor; es un hombre muy ocupado. Pero para eso aún falta mucho.

- Y por último, me aseguraré de que sepáis poner en práctica todo lo aprendido aquí, en la arena -¡uf! Sé lo que eso significa-. Ahora, si los padres hacéis el favor...

Creo que soy el primero en abandonar el ring y subir al palco de arriba. La clase ha comenzado y nadie salvo los estudiantes puede estar en el recinto. Me cuelgo de una de las barras de metal que hacen de barandilla y balanceo los pies, ansioso por escaparme. Linna se apoya en la misma, a mi izquierda, y papá, mamá y sus amigos se paran detrás de mí. La abuela se agacha a mi lado y me abraza.

- ¿Y bien? –me pregunta. Su cálida sonrisa me alienta. Ella no se reirá.

- Sanna lo ha visto antes, lo hará bien. Es el tipo de método que a ella le gusta. Los demás, un fiasco. Seguro.

La abuela asiente y recula hasta donde están mis padres. Desde aquí arriba podemos oír y ver todo cuanto sucede abajo.

- Bien –empezó Bocón-, y para concluir la presentación... –les indica a los alumnos una fila de portones de madera y hierro sobre la piedra- Detrás de estas puertas hay unas pocas de las muchas especies que aprenderéis a entrenar: el Nadder Mortífero, el Cremallerus Espantosus, el Pesadilla Monstruosa, el Terror Terrible...

Mientras enumera, un coro de jadeos y suspiros resuena en la arena. Pues yo no lo entiendo. ¿Qué pueden tener de increíble unas bestias con nombres tan terroríficos?

- ... y el Gronckle –la manaza derecha de Bocón se posa sobre la cerradura del cajón en ademán de abrirlo.

- ¡Hey, espera! –grita Apestoso Jorgenson* al percatarse- ¿No nos vas a enseñar primero?

- ¡Ay, no! –oigo al señor Patapez. Cuando me giro, veo a papá rodar los ojos y sonreír hacia el ring.

El señor Bocón también sonríe.

- Me gusta enseñar sobre la marcha –y acto seguido, un Gronckle del tamaño de un peñasco sale de su encierro cual bala de cañón. Los aprendices corren despavoridos por la arena. Todos menos mi hermana, que busca el ángulo más certero para aproximarse al dragón.

Los dragones de Berk, y en especial los de la Academia de Entrenamiento, siguen un horario de vuelo. Si no salen con frecuencia, se inquietan y son más difíciles de controlar. El ejercicio consiste en privar a uno de ellos de su vuelo matutino y ver si los estudiantes logran calmarlo. ¡Fácil!

Bueno, al menos cuando papá lo hace, parece fácil. Yo prefiero no intentarlo.

- Considerad esto como un test para medir vuestro nivel actual –les dice Bocón por encima del ruido.

- ¡A tu derecha! ¡Eso es!

Mamá está muy concentrada siguiendo de cerca los movimientos de Sanna, que es la única que parece saber lo que hace. Los demás siguen corriendo sin rumbo. De repente, ella se abalanza sobre el costado del Gronckle y se aferra a su lomo, estirando un brazo hacia abajo, como queriendo tocar el suelo. El peso provoca que las diminutas alas del dragón cedan.

Cae.

Se estrella, aún con Sanna encima.

Cierro los ojos y me los cubro, horrorizado.

- ¡Kyro, no hagas eso! –grita Linna, a mi lado- ¡Te lo vas a perder!

Lentamente retiro las manos de la cara y abro los ojos. Sanna está inclinada, con los tobillos cruzados y un brazo de apoyo, sobre el vientre del Gronckle, que por su parte se encuentra tumbado de lado y con la lengua de fuera. Se mira las uñas, despreocupada, como si desde el principio hubiese predicho el resultado de la prueba. En realidad, es probable que así sea.

- ¡Muy bien, Sanna! –la felicita Bocón mientras reúne a los que no lo han hecho tan bien.

- Esa es mi hija –constata mamá, llena de orgullo.

Una vez que todos han vuelto a la fila, el señor Bocón prosigue con su discurso.

- Ya tendréis otra oportunidad, no os preocupéis. Recordad, la clave está en mantener la cabeza bien fría –se golpea el casco con su mano-garfio para enfatizarlo-. A veces, esa es la diferencia entre un dragón manso y uno descontrolado.

Las clases siguen, ahora con el señor Patapez. Como nadie parece estar pendiente de mí, me escabullo y vuelvo a casa.

A duras penas, cierro la puerta. ¡Buf, qué frio! Me froto los brazos contra el cuerpo y oigo un ronroneo. Es Céfiro. Me mira y yo me paralizo. ¿Va a comerme? ¡No, qué tontería! Soy demasiado grande... Ah, no, espera. No soy grande.

Ups.

Tiemblo de nuevo, pero esta vez no es de frío.

Céfiro mira al hogar. Está apagado. Luego a mí y de vuelta al hogar. Se acerca a la pila de troncos y ceniza y frunce el ceño. ¡Oh! ¿No irá a...?

El joven dragón intenta lanzar una ráfaga de plasma, que se queda en una lengua de plasma, y logra encender una ramita. Hace un sonido raro -según papá, significa que está contento. ¿Satisfecho?- y se hace una bola frente al fuego.

Rodeándolo, subo corriendo las escaleras hasta el segundo piso y me encierro en el cuarto especial de papá. Está lleno de mapas, estantes llenos de libros y una mesa grande con hojas sueltas. Me subo a la silla y busco algún documento que no tenga que ver con dragones. Encuentro uno sobre pescado y empiezo a leerlo. ¡Anda! No sabía que la grasa del salmón de Anatolia hace que te salgan costras...

La puerta se abre y papá entra. Yo impulsivamente remuevo el montón de papeles y salto de la silla.

Él espera, paciente.

- No debo entrar en el estudio –repito sistemáticamente la orden de mamá-. Lo siento –bajo la cabeza y espero a que me reprenda.

- En realidad –tranquilo, se acerca a la mesa-, esa norma es de tu madre, no mía –tarda un momento en encontrar el folio que estaba leyendo-. ¡Ah, peces del Mar Inhóspito! Trajimos un cargamento esta mañana.

Se sienta, deja a un lado la hoja y palmea su rodilla. Es una oferta tentadora y, aunque trato de resistirme, cedo y me dejo levantar hasta quedar sentado en su regazo.

- Dime, ¿por qué te has ido del ring? –pregunta mientras le hecho el guante a otro pergamino- ¿Tanto te aburre la charla de Bocón? –bromea.

No es eso. En absoluto. Pero no digo nada y dejo que crea que es así. Él me susurra en la oreja:

- No eres menos vikingo por ser diferente en algo. Solo tienes que sacarle provecho a lo que te hace ser tú.

Ah, pues claro. A papá no hay quien le engañe. Sobre todo si se trata de una versión moderna de sí mismo.

- Sí, papá –respondo no muy convencido.

Suspira y me posa otra vez en el suelo. No se va a dar por vencido conmigo, no es lo suyo. Sale del estudio y se encamina al piso de abajo.

Ya casi es hora de que mamá y las chicas vuelvan. Creo que la abuela también viene a cenar. Decido unirme a mi padre en la planta baja y ojear mi nuevo libro de forjar.

Las palabras de Sanna resuenan en mi cabeza.

"Pues ya debería ir superándolo, ¿no?"

Céfiro sigue tumbado junto al fuego, ahora más grande. Chimuelo emite un leve gruñido al verme y cabecea. No sé qué significa. Me siento lo más lejos posible de ellos e intento leer.

"Sería un poco patético, ¿me equivoco?"

No. No se equivoca. Es patético.

Kyro el Patético.


* Como dije arriba, primero los pienso en inglés y luego los traduzco. Para el hijo de Patán Mocoso (Snotlout) pensé en Apestoso (Stanklout). Ya lo sé, no es muy bueno, pero tampoco tenía más opciones. Ya irán saliendo más nombres raros a medida que vaya subiendo capítulos.

Ginevre/Rose: verás, yo lo que intento es escribirlo de tal forma que realmente os parezca que estáis viendo la película (¡en 3D, incluso, si quieres!). Espero estar consiguiéndolo. Luego, respecto a lo del idioma, te voy a contestar aquí al segundo mensaje porque es una opinión que me gustaría compartir y que dejéis reviews al respecto: cuando vi la peli primera, en español, fue brutal. ¡Me encantó! Y cuando la vi en inglés, aprecié que el doblaje no era tan bueno, como si los actores no le pusieran suficiente sentimiento. En latino no la he visto nunca. Ahora, en la 2, vi las tres versiones: español, latino e inglés. A la de inglés le seguía faltando lo mismo. En latino fue increíble, creo que los hispanoamericanos se toman muy en serio esto de doblar películas animadas. Pero cuando vi la versión española, me decepcionó profundamente. Era demasiado infantil, como si a diferencia de sus cuerpos las voces se hubieran quedado estancadas en la primera peli. Y queráis o no, eso no queda bien.

En fin, esa es mi opinión. Crítica del audio de HTTYD. ¿Y vosotros, tenéis algo que decir? ¡Pues hacedlo! En verdad me gustaría saber vuestra opinión.

Saludos y hasta la próxima.

Mickey