-¡tengamos una cita!-le hablo emocionado mientras le entregaba una caja de leche pequeña

-¿ah?...-se preguntó confundida alzando la vista -¿por qué quieres eso?- deja su libro de lado y le mira antes tomar su leche

-porque me gustas-dijo sonriendo

-¿yo te gusto?-se sonroja- eso es tonto, Takeshi –dijo antes de dar pequeñas sorbidas a la leche y dejándola para regresar a su libro – y sobre todo ¿qué vamos a hacer en una cita?

-pensaba que podíamos ir a comer algo de pasta y luego podríamos comer helado

-¿y luego qué?

-ir a un parque... y luego podemos ir a bailar

-hum- sonríe- de acuerdo

Cuando llego el gran día de la cita el pelinegro la paso a recoger y luego de mucho tiempo se sentía como una persona normal sin su traje negro, en una cita real. Se quedó esperando a la mujer a la entrada del edifico con su característica sonrisa a pesar de que ella tardaba unos minutos más de lo normal en hacer algunas cosas. Pronto escucho los sonidos de los pasos de la mujer lentamente por la escalera, luego de varias semanas podía caminar por ella misma, se apresuró a ella al verla un poco inestable y la sujeto en el último escalón, luego la acerco hasta su motocicleta y le puso un casco en su cabeza.

-vamos a dar una vuelta ¿te parece?

-h-hum-dijo algo nerviosa

La levanto y la ayudo a subirse con cuidado para luego sentarse delante de ella pidiéndole que se sostuviera fuerte a lo que ambos pudieron sentir cálido donde sus cuerpos se encontraban presionados provocando un sonrojo en el rostro de ambos. Comenzaron a andar y pronto salieron de la cuidado y subieron por una pequeña montaña en busca de un mirador a lo alto, tan pronto como llegaron él le ayudo a bajar y le indico que se sentara en unas piedras que quedaban perfecta para ella, la mujer se acomodó el cabello y pudo notar la hermosa vista que podía verse desde aquel mirador en el barranco de aquella montaña con estaba con una pequeña valla de metal, él se sentó a su lado luego de inspirar un poco y acomodo uno de sus mechones que le movía salvajemente el cabello para luego sonreírle dulcemente.

-quiero sentir el césped Takeshi... ¿puedes ayudar a acostarme en el césped?

-claro-sonríe- no hay problema

Se levantó para alzarla en sus brazos y con cuidado la dejo reposar en el suave césped que los rodeaba, regalándole una de sus más dulces sonrisas provocando un sonrojo en la mujer que se sostuvo de su camiseta todo el tiempo. Luego de que ella se hubo acomodado él se acostó junto a ella mirando las esponjosas nubes pasar con lentitud libres por el cielo, se volvió a verle y con cuidado acerco su mano hasta la de ella, tomo aquella pequeña y delicada mano entrelazando sus dedos.

-jamás un chico me tomo la mano, de esta manera

-pero tienes 18 años ¿no?

-antes tuve una especie de relación, pero luego corrí... porque no me sentí confiada con su forma de actuar… tenía un mal presentimiento

-¿qué forma de actuar?

-dormir con una chica en mi cama... no sabía cómo afrontarlo y hui... siempre huyo, de hecho me parece extraño que no haya huido antes

-¿huías con frecuencia?-dijo sentándose para mirarle a los ojos sin soltar su mano

-no conocí a mis padres reales, estuve en un orfanato y me adoptaron porque ellos también murieron, estaba en casa sola y cuando tenía 14 años escape para comenzar a trabajar en cosas pequeñas… un tiempo después me dispararon la primera vez -se levanta levemente la playera con su mano libre- en el estómago… cuando ya me sentí mejor escape nuevamente hasta que estuve con el chico… he estado huyendo todo el tiempo hasta que llegue aquí y me dispararon nuevamente… eso hasta que nos conocimos

-¿vas a huir esta vez?

-lo he pensado... pero no veo la razón por la que deba huir realmente… no he encontrado ese miedo que me lleva a huir

-no quiero que huyas-sonríe- lo prometo, estaré sujetando tu mano así que no podrás huir mas

-realmente... te gustó-musito sonrojada

-así es-sonríe- entonces... eres introvertida porque sabes que te dolerá irte luego ¿no?

-si...-musito con un deje de tristeza

Le observo más detenidamente un poco más serio de lo normal que siempre estaba con ella, mientras ella tenía los ojos perdidos en las blancas nubes que surcaban el cielo con la boca levemente entreabierta. Aprovecho el momento y se lanzó sobre ella robándole un beso de sus labios para luego apartarse y sonreírle emocionado mientras que ella solo se quedó colorada para luego sentarse dificultosamente y mirarle un poco nerviosa.

-fue irresistible-dijo tiendo

-hum… tengo hambre, Takeshi-dijo aun sonrojada

-¿qué deseas comer?

-risotto-dijo con voz baja-me gusta el risotto

-vamos a comer entonces

Volvió a tomarla en brazos y la alzo para que se sentara de costado en la motocicleta, acaricio su rostro levemente moviendo un mechón que le cubría los ojos moviéndola hasta su oreja causándole un escalofrió junto con un sonrojo tiñendo su rostro.

-tengo miedo-musito nerviosa

-¿de qué, Ali?

-de sentir algo… algo que no pueda dejar y que luego deba volver a escapar

-jamás tendrás que escapar-sonríe- te lo prometo-dijo acariciando su mejilla-no soy tan idiota como piensas… pero siempre te estaré protegiendo, Ali

La mujer tomo su rostro un poco nervioso, asustado en incluso curiosa y torpemente acerco el rostro del pelinegro guardián hasta el de ella cerrando los ojos para terminar la distancia para besarlo. El pelinegro sujeto su cintura para acercarle un poco más hasta el intensificando su beso, finalmente el aire comenzaba a escasear así que ella le aparto un poco poniendo sus manos sobre el firme pecho del pelinegro. Estaba demasiado entusiasmado mientras que la mujer seguía nerviosa, le puso el casco y luego la acomodo para seguir su viaje hasta la cuidad, donde entraron a un restaurant.

-este lugar es muy lujoso-

-quizás sí hasta un poco pretencioso-sonríe- pero el risotto de aquí es el más delicioso que haya probado... no debes sentirte presionada por los demás, solo importa que seas tú misma-sonríe emocionado- pide lo que quieras

-todo es costoso

-lo sé-sonríe- pero me gusta esta comida, trabaje mucho para que comamos bien ¿de acuerdo? Así que no te limites

-d-de acuerdo...

-¿y de postre... vas a querer algo?

-me gustan... los cannolis... en el centro

-no hay problema, iremos luego

Luego de comer el hombre la guio a hasta un parque alejado del centro de la cuidad donde podrían verse pequeños grupos de familia a unos metros más allá, la ayudo a sentarse y él se sentó junto a ella. tomo uno de sus cajas y encendió la llama de su anillo para dejar salir a la golondrina y al perro Akita para que se pasearan libres un momento, mientras la mujer seguía mirando asombrada como a pesar de la llama azulada que tenían parecían y jugaban como animales normales. Pronto el Akita se acercó hasta ella y comenzó a lamer la mano de la mujer para luego lamer su rostro juguetonamente mientras que la golondrina le miraba desde el hombro del pelinegro que estaba a su lado que solo se reía de la mujer que jugaba con el Akita.

-a veces olvido... que eres un guardián ¿no te regaña tu jefe por siempre estar conmigo?

-Tsuna esta tan feliz de que conozca a una chica... espero que pronto puedas conocerlos a todos

-¿estará bien que los conozca?... no soy nada especial

-no hay problema...en serio-le sujeta la mano- eres especial… Ali, lo eres para mi

Él le dio una sonrisa antes de robarle otro beso de sus labios, caminaron en un enorme parque comiendo los cannolis que ella había escogido. De repente algo les llamo la atención mientras caminaban junto a la golondrina y al Akita, un hombre agarraba de la camisa a un heladero, el pelinegro le pidió un minuto muy amablemente y se acercó con una sonrisa hasta el hombre pidiéndole amablemente que se relajara, pago la deuda del hombre con el heladero y todo quedo bien. La mujer estaba encantada al ver al hombre que a pesar de ser un mafioso era muy diferente a como era como usualmente eran los mafiosos, al contrario era muy amable y siempre trataba de resolver todo hablando y con una sonrisa. Así era la familia Vongola, protegiendo siempre con el corazón y la razón, tanto a la cuidad, a ellos mismo e incluso a ella.

Pronto ambos fueron a bailar al centro de la cuidad donde siempre los músicos estaban ahí tocando, la alzo en sus brazos para que ella no tocara el suelo y ella le rodeo con los brazos por el cuello haciendo chocar sus frentes mientras sus respiraciones se mezclaban, teniendo clavados los ojos uno en otro. Sus piernas danzaban en el aire debido a que él ya había notado que estaba cansada y adolorida. Solo los dos bailaban en la plaza principal ya que era demasiado temprano para que las personas se dieran el tiempo de divertirse.

-gracias-dijo sonriendo

-es lo que deseabas-sonríe- solo quería ver tu sonrisa desde el corazón

-las mejores cosas de la vida son gratis-dijo sonriendo- es algo que siempre recordaré… que me dijiste en el hospital

-me gustas mucho-dijo sonriendo

-yo~

Pero tuvo que ser interrumpido por el sonido del teléfono del chico que les paro de golpe, la bajo lentamente disculpándose con ella y tomo su teléfono para hablar con su jefe que le llamaba, había un ataque y él era el más cerca en el lugar para atender la emergencia pronto aparecerían los demás. Le pidió amablemente que se quedara y le aguardara pero ella le sujeto con la mirada determinada, definitivamente le acompañaría. La subió rápidamente a su espalda y comenzó a correr a toda prisa por los callejones de la ciudad hasta encontrar a una enorme familia de mafiosos, dejo a la mujer escondida detrás de unos contenedores de basura y el comenzó su pelea, poco y nada le costó terminar con ellos, varios salieron huyendo pero él tenía algunas heridas, estaba cansado sentado en el suelo con la respiración agitada y con algunas manchas de sangre en su rostro.

La mujer salió de su escondite y se movió hasta el guardián, él se volvió a verle y a pesar de lo sucedido le dio una tranquila sonrisa, sin ver que uno tras de él estaba a punto de dispararle, la mujer le miro impactada y corrió hasta delante de él defendiéndole. El sonido de la bala le hizo al pelinegro reaccionar y vio a la mujer observándole con los ojos como platos, el sonido del arma al caer le despertó del trance y pronto el mafioso corrió ahuyentado. La mujer tosió levemente y una pequeña gota de sangre se resbalo por la comisura de su labio que se deslizo hasta la mejilla del pelinegro.

-me gustas…-dijo antes de volver a toser- ya no tengo miedo Takeshi... te amo-le sonríe antes de caer al pecho del pelinegro

-¡A-Alina!

La atajo con sus brazos ensangrentados y pudo notar donde el agujero de la bala había entrado en ella en un costado de la espalda más o menos en el estómago, la apretó con ella tratando de parar la sangre que salía con prisa fuera del cuerpo de la italiana. Las lágrimas desbordaban sin parar de los ojos del pelinegro mientras le pedía que se quedara con él lo que no pudo escuchar su respuesta, no podía oír nada de ella y de apoco su temperatura disminuía debido a que lentamente sus latidos disminuían.

Una motocicleta se escuchaba acercándose y volvió a ver al peliblanco que se acercaba, de lejos se escuchaban otras motocicletas atrás, el peliblanco se bajó estrepito y vio a la mujer asombrado.

-¡senpai ayúdame!

-veremos qué puedo hacer, una ambulancia ya viene

Comenzó a curarle como pudo especialmente tratando de detener el sangrado de la mujer, la ambulancia apareció rápido, la tomaron con rapidez y se la llevaron al hospital, se la llevaban de nuevo. Trato de alcanzarle pero su amigo le detuvo y le tranquilizo para luego seguir a la ambulancia.

La familia Vongola estaba impaciente en la sala de espera, el pelinegro se paseaba de un lado a otro mientras veía entrar enfermeros con bolsas de sangre a la sala de cuidados intensivos. Miraba cada vez más impaciente la sala a pesar de que ya transcurrían varias horas, se hacía de noche y la demás gente que esperaba se fue marchando solo ellos pudieron quedarse por su trato especial en el hospital, se sentó un momento y suspiro. Esta noche la lluvia tranquila había desaparecido.