Como ya no tenía que esconderme de nadie, una noche en el Bag O'Nails Linda me presentó a los Beatles. En cuanto me vio, John Lennon empezó a reír como un loco y, que yo recuerde, no paró en toda la noche. George Harrison me miró fijamente, miró fijamente a Paul, hizo un leve gesto a medio camino de la aprobación y la sorpresa y se fue a pedir una copa. Ringo Starr…Bueno, a esas alturas de la noche Ringo ya no gozaba de las condiciones mentales necesarias para hacer un juicio de valor mínimamente coherente. Finalmente me quedé a solas con mi doble. El mirarnos cara a cara nos dejó mudos a ambos. Tuvo que ser Linda la que nos hiciera reaccionar haciéndole ver mi cicatriz en el labio superior y mi nariz más respingona. Dichas diferencias le aliviaron de alguna manera, peor en cualquier caso no consiguieron sacarle de la perplejidad que le supuso tenerme frente a frente. Los dos intentamos disimular nuestro mutismo con una risa nerviosa que lo único que consiguió fue prolongar el carcajeo de John. Aquel encuentro puso fin de manera definitiva (eso creía yo) al cúmulo de mentiras en que se había convertido mi vida y daba paso a una nueva época, que viviría con Linda.

Una vez confesada mi verdadera identidad, mi vida se convirtió en un remanso de paz y tranquilidad. Llevaba más de dos años temiendo ser descubierto y por fin me sentía absolutamente libre. Además, había encontrado a la mujer más importante de mi vida. Sin embargo, tanto sosiego no iba a durar mucho. El 13 de noviembre de 1965 vinieron a casa John Lennon y George Harrison acompañados por Brian Epstein, al cual no había conocido personalmente con anterioridad. Poniéndose en contacto con la revista Rolling Stone localizaron a Linda y fue ella la que concertó la cita. Parecían preocupados, nerviosos y me trataban de una manera muy rara. En las ocasiones en que habíamos coincidido, ambos se habían limitado a un saludo o, a lo sumo, un comentario jocoso sobre mi parecido con Paul. Pero esta vez era distinto, el mero hecho de que ellos hubiesen propiciado el encuentro ya me resultaba chocante. Fueron John y George los que llevaron el peso de la conversación. Me hablaron de una manera muy vaga del rodaje de Help!, del estreno, del álbum que estaban preparando, de los contratos que tenían firmados, de las giras. Todo aquello olía a preámbulo, como si no fueran capaces de contarme el verdadero motivo de la cita. Brian, que parecía más tranquilo y distante, permanecía en silencio todo el rato. Yo empezaba a sentirme aturdido, aburrido y un poco estúpido. En un momento de la conversación, John y George se miraron mutuamente de manera desconcertada y ambos miraron a Brian como suplicándole. Finalmente, fue éste quien asumió la responsabilidad y directa y concisamente me informó de lo que estaba pasando: "Paul ha muerto".