Disclaimer: Bueno, os recuerdo que salvo Ada y John Hitchens que son mis personajes, el resto pertenece a JKR.
Capítulo 3. Último día del verano.
Sirius se encontraba girando a gran velocidad en una espiral de colores, millones de chimeneas se presentaban ante sus ojos, más magos circulaban por la red, con los brazos pegados a los costados. Aún seguía girando cuando algo tiró de sus piernas y se introdujo en una chimenea. Cayó, cayó, dibló, y volvió a caer, girando cada vez más rápido. El estómago lo tenía a la altura de la garganta, a punto de vomitar los cereales del desayuno, cuando de repente sus pies aterrizaron en un suelo pulido y continuó girando.
Su alrededor había cambiado, estaba en una casa, él seguía girando, separó los brazos para reducir la velocidad y el salón siguió dando vueltas en su cabeza, aunque él estuviese quieto. Dio varias exhalaciones, su estomago bajó a su lugar y el salón dejó de dar vueltas alrededor. Consiguió tranquilizase en unos segundos, esperaba no haber metido la pata, pero era la primera vez que estaba en esa habitación.
James aterrizó en medio del despacho, el lugar que solía gastar para despistar a sus padres cuando salía de casa.
La niña se cansó de esperar a Sirius, pensando que los chicos irían a su casa, total John estaba en el curro y sacó la cabeza de la chimenea, la habitación había cambiado, una tenue luz inundaba la estancia y un ataúd reposaba a mitad del dormitorio, colocado sobre una peana de mármol. Ada no recordaba que ella hubiese salido en aquella estancia, lloros de fondo, gente chismorreando: "Todo por culpa de Ada, su nieta" "Sí, ella ha sido la causante de la muerte de la señora Steen".
El pecho de la niña se partió en dos de dolor, ¿Realmente estaba en el velatorio de su abuela? ¿Cómo había llegado ella hasta ahí? ¿Cuándo había fallecido su abuela?
"La mató de un soponcio, la niña nació bruja".
Familiares cercanos comenzaban a aparecerse en el lugar conforme Ada iba reconociendo las voces, momentos antes estaba ella sola.
Cautelosa se acercó al ataúd, aún recordaba el entierro de sus padres, al velatorio no a dejaron asistir debido a su corta edad, pero ella se escapó de la habitación y se asomó por la puerta para ver por última vez a sus papás. El día del entierro acudió toda la familia y amigos de la pareja, a algunos los conocía a otros ni siquiera los había visto.
Depositó dos rosas rojas sobre el ataúd que albergaba a sus padres y echó a correr antes de que el cura rezase la plegaría por las almas.
No quería que se alejasen de ella, los quería a su lado. Los necesitaba.
Dentro del ataúd estaba el cuerpo de su abuela sin vida.
Las lágrimas brotaron de sus ojos descontroladas, sólo le quedaba John, el resto de su familia había fallecido y John no la quería si no quedaba en Slytherin, terminaría en un orfanato hasta que tuviese dieciocho años, nadie en la familia de su padre la quería porque había heredado el gen de Isla Black.
Remus tuvo el presentimiento de que algo no andaba bien, y antes de decir su dirección nombró la casa de su amigo. James tuvo la misma corazonada y también volvió a introducirse en la chimenea.
Se presentaron en el salón de los Black, con el corazón contraído.
- ¿Qué haces aquí?- preguntaron ambos a la vez- ¿Y tú?
Sirius abandonó la habitación y bajó para buscar algo en la nevera.
- ¿Qué hacéis aquí?- se sorprendió al verlos en medio de su salón.
- Ada.
- ¿Qué pasa con ella?- preguntó Sirius.
- Algo malo, tengo una rara sensación- dijo Remus.
- Sí, yo también la percibí- aseguró James.
Peter irrumpió en la sala precipitándose sobre los chicos.
- Vengo de casa de Ada, está flipando. La he llamado pero no me contesta- aseguró el muchacho con terror en su rostro.
Se levantaron del suelo y se dirigieron atropelladamente a la chimenea. Nunca habían viajado los cuatro a la vez, pero seguro que era divertido.
- ¿Qué hacemos si está muerta?- preguntó Peter en un susurro.
- ¿Muerta?- eso no entraba dentro del plan de Sirius.
- Claro, de un susto te puede dar un paro cardiaco- le explicó el mayor de los chicos y a la vez el de menor estatura- Te aseguro que estaba aterrorizada.
- Grimmauld Place, 17- dijeron los otros tres a la vez.
Llegaron en un plis y se encontraron con un velatorio en medio del comedor de la casa de los Hitchens, la niña pequeña estaba siendo insultada en el centro de un corro de gente, llorando desconsolada, disculpándose por no ser la persona que ellos querían que fuese.
- Ella es Ada y todo lo demás no es real- avisó Sirius señalando la niña del centro- Sacadla de aquí.
Los chicos se precipitaron sobre el pequeño cuerpo, cogieron a la niña y la arrastraron fuera de la habitación, cerrando la puerta del jardín.
Ada seguía llorando, en brazos de Remus, con la cara manchándole la túnica de mocos y lágrimas. James estaba al lado y los abrazó a los dos.
- Tranquila, no es real- intentó reconfortarla el muchacho más joven.
- Está muerta- Ada seguía en el velatorio, impactada por todas las barbaridades que le habían dicho sus familiares- Ahora me enviarán a un orfanato por bruja.
- ¿Qué?- Remus no entendió demasiado bien los balbuceos de la niña.
- Su abuela paterna odia la magia- intentó explicarles Sirius- Cree que la van a rechazar por ser bruja. Que la alejarán de ellos.
- ¿No jodas? ¿De verdad los muggles hacen eso?- Peter no entendía nada, con lo divertido que era ser mago, tener control sobre las cosas.
- No son tan distintos de nosotros, Peter- opinó Remus.
- Sí lo son- le replicó el pequeño- Ellos no tienen magia.
- Algunos ni siquiera la quieren, piensan que somos bicho raros- continuó Remus.
- Mis antepasados pertenecieron a la Inquisición, torturaban brujas y las mandaban a la hoguera. Mi tatarabuelo Robert Hitchens se casó con una bruja y su familia lo repudió, a ella la persiguieron hasta darle muerte. Él maldijo la familia y dijo que la primera niña que fuese bruja como su esposa, sería muy poderosa y que se llamaría Ada. Esa soy yo, pero no soy poderosa, soy más bien bastante patosa, no destaco en nada, soy de las peores de mi equipo de gimnasia, no soy buena estudiante, y encima lloro por todo- y ahí se largó de nuevo a llorar sobre la túnica de Remus.
El chico miraba a su amigo descolocado, él solía consolar a las chicas tras los exámenes, pero en esos momentos estaba completamente pez, ni siquiera sabía donde colocar sus manos.
- Ada, déjalo ya. Córtalo- le ordenó Sirius- Eres una bruja y vas a aprender muchas cosas este año. Tu familia terminará aceptándote.
La niña se separó de los chicos con los ojos bañados en lágrimas y los miró con odio. Ellos no entendían nada. Su familia la iba a repudiar, de eso estaba segura y su abuela sufriría otro ataque al corazón y moriría, entonces la enviarían a un orfanato y su familia la olvidaría.
- No lo harán. No quiero que volváis a mi casa, no quiero ir a Hogwarts. Devuelve todo lo que he comprado o regálaselo a alguien pobre de tu mundo- hablaba escupiendo odio.
Remus se sorprendió al escucharla, no sabía si era orgullo, pero las palabras salían como puñales.
- No se puede devolver y si no te presentas en Hogwarts el Ministerio irá a por ti y te llevarán a la fuerza- la niña miró al chico que había pronunciado esas palabras, Sirius asentía con la cabeza, dando a entender que James tenía razón.
- No pueden obligarme, yo ya voy al colegio, no pueden obligarme a cambiar de colegio, no si mi tío no firma el consentimiento- el abogado que le pasó la tutela de ella a su tío se lo había explicado todo con precisión, a efectos legales su tío se convertía en su padre.
- Ada, has de ir a Hogwarts- intentó suavizar Sirius con su tono- Si tu magia procede de una maldición es muy difícil de controlar, ¿No querrás hacer nada malo a las personas que quieres, no?
La niña negó con la cabeza.
- En Hogwarts te enseñarán a controlar tu magia, cuando termines el colegio puedes vivir como quieras- Sirius sabía que si la niña se adaptaba a vivir con la magia luego le sería muy difícil olvidarse de ella- Sólo son siete años.
- ¿Siete!- la niña se llevó las manos a la cabeza- ¿Me van a separar siete años de mi familia?
James suspiró, según la niña su familia la iba a repudiar pero ella quería estar allí, no entendía a las mujeres, para nada.
- ¡Que más da! De todas formas tu familia te va a rechazar, igual tienes suerte y cazas a algún mago que te hace buena esposa- las palabras de Peter tensaron el ambiente- ¿Qué mejor sitio que Hogwarts?
Sirius se quedó helado, la niña miraba furiosa a su amigo y sus ojos azules se hicieron algo más brillantes incluso podían ser verdes, él lo hubiese jurado.
Peter le sonrió y ella lo abofeteó sin contenerse, separándose del abrazo de Remus.
El chico le devolvió el golpe y entonces ella salió a la carrera hacia el bosque.
Sirius miraba a su amigo con odio.
- A una dama no se le golpea- le sermoneó.
- Ella empezó.
Miró a Ada alejarse y perderse entre la maleza, le gustaba aquella niña, aprendiz de bruja. Pero sus padres no tolerarían que se comprometiese con ella, era hija de muggles, una sangre sucia. Ada se quitó la cazadora y la dejó caer en el suelo.
- Tiene genio- Sirius miraba a su amigo, nunca lo había visto tan risueño- Me gusta.
- No será de Slytherin, Salazar no quería enseñar a los hijos de squibs y ella lo es. Será de Gryffindor- afirmó Peter con suficiencia.
- Podría ser de Hufflepuff- aventuró Sirius, mientras los amigos andaban por el caminito que llevaba a la piscina como personas civilizadas.
- No, tiene las ideas bastante claras. Se nota la decisión. Además es osada, le saco casi cinco centímetros por encima de la cabeza y aún así me golpeó- Peter estaba maravillado, nadie lo había golpeado antes, salvo Sirius, pero era su amigo. Ninguna chica lo había golpeado antes- Tampoco será de Ravenclaw, desconoce el mundo mágico.
- Pero puede aprender, el sombrero mide la capacidad de aprendizaje- razonó Sirius.
- Ella ha dicho que no era buena estudiante, para lo canija que es creo que se conoce bastante bien. Aunque su problema es que es demasiado impulsiva. Creo que le gusto- y el muchacho sonrió complacido.
Hacía tiempo que entre los chicos no había una conversación tan profunda.
Pasaron la tarde hablando hasta que se aburrieron de esperarla y volvieron a la casa.
- Bueno, me voy- avisó el mayor- Mañana tenemos que coger un tren.
James, Sirius y Remus la esperaron en la piscina, sentados en el bordillo, con los pies dentro. Sirius miraba de vez en cuando hacia el bosque. Pero Ada no daba señales de vida.
- ¿Crees que se molestará si nos metemos en la piscina?- a James le encantaba bañarse cuando el cielo estaba encapotado.
- No lo creo- aseguró Sirius, miró hacia Remus y cabeceó hacia el agua- ¿Te vienes?
El chico negó con la cabeza, enfrascado en la lectura de un libro que había encontrado en el césped.
- Vamos Remus, mañana empezamos el colegio, vas a tener todo un año para leer. Demuestra que aún eres joven y báñate con nosotros- le picó Sirius.
- No creo que sea buena idea- aseguró el muchacho- Si vuelve su tío, ¿Qué hacemos?
- Disimular, le decimos que nos encontramos con Ada en el callejón y la trajimos de vuelta por si estaba preocupado - el estómago rugió con fuerza y entonces se acordó que no había comida nada desde el desayuno- Me muero de hambre.
Ada regresó del bosque bajo un agua torrencial, empapada hasta los huesos.
La puerta estaba abierta y aún quedaba alguien en el salón. Dos de los amigos de Sirius y Sirius. De la gente del velatorio no quedaba nadie.
La niña entró en la casa y se encaminó hacia las escaleras, deprisa. Su tío John bajaba por ellas con la cara compungida. Enganchó a la niña al vuelo y la bajó de nuevo a la entrada.
- Ada, ¿Dónde has estado? Tenías a tus amigos preocupados- señaló con el dedo a los chicos sentados delante de la chimenea.
Ada los miró con dureza y se llevó una bofetada de su tío.
- Lo mínimo es pedirles perdón y darles las gracias- le recordó su tío los buenos modales que se esperaban de ella.
- ¿Por qué les tengo que pedir perdón!- gritó con todas sus fuerzas.
John se llevó las manos al cinturón y lo sacó despacio, viendo el canguelo en el rostro de su sobrina.
- Ha llamado tu tío Marcus, tu abuela ha sufrido un ataque al corazón y está ingresada en el hospital. ¿Pudiste abrir la cámara de Isla?
Ada se quedó helada, ¿Cómo era que lo único que le preocupaba era si había podido abrir la cámara?
- No- contestó de manera rotunda.
- ¿Entonces cómo pagaste la varita y los uniformes?- su tío retorcía el cinturón entre sus manos, los chicos miraban de Ada al hombre.
- Los pagó Sirius. Le debes treinta y ocho galeones- dijo al azar.
- ¿Treinta y ocho? ¿Te piensas que somos ricos o qué? Debemos ir al Callejón para ver si puedes abrir la cámara, eres Ada y eres la única bruja desde Isla. Ha de haber un montón de dinero en ella. Ese dinero nos va a ayudar mucho en la causa.
- ¿Qué causa?- preguntó Ada de manera insolente. Se llevó el primer correazo que alertó a los muchachos.
James y Sirius se miraron, la chica estaba plantando cara de manera muy segura, incluidos gritos, insultos y patadas. No era un buen lugar para estar.
- ¿Por qué no los has echado si no quieres que me acerque a Sirius?- recriminó la niña recibiendo otro golpe con el cinturón sobre sus hombros- Puedes pegarme lo que quieras, no verás ese dinero.
Remus negó con la cabeza, se acababa de descubrir ella misma, seguro que no era lo suficientemente lista para entrar en Ravenclaw.
- ¡Desde luego que lo veré! ¿Te crees que eres barata de mantener?- le recriminó el hombre golpeándola de nuevo.
La chica lo miró con los ojos enrojecidos y negó con la cabeza.
- Mi madre me dejó dinero, úsalo.
- No sirve, no es mágico. No puedo ir al callejón y pagar con ese dinero. Todo esto cuesta lo suyo de mantener y si queremos entrar en la familia Black debemos tener una gran fortuna, el dinero de Isla nos puede abrir las puertas.
- Podrías trabajar- sugirió la niña con los ojos enrojecidos.
- Ningún mago que se precie trabaja. Todos viven de sus fortunas.
Ada rodeó a su tío y le espetó.
- Pues entonces no debes ser un mago preciado, hasta que te enteraste que yo era bruja trabajabas.
Gran bofetón y silencio.
- No vuelvas a decir nada como eso. Eres una desagradecida, tendría que haberte dejado en el orfanato.
- Mi abuela paterna también pidió la custodia y te la dieron a ti porque le dijiste que yo era una bruja como tú, para que me odiase.
- No me equivoqué- soltó John con sorna.
- Te podrías haber ahorrado tres años de mi manutención- le echó la niña en cara- Si ese es el gran problema.
John se miró las manos y se preguntó qué hacía él con el cinturón fuera de las presillas del pantalón, miró a la niña y se le fue el mundo a los pies, ¿Por qué Ada lloraba con fuerza?
Remus miraba el comportamiento de John sin entenderlo, el hombre parecía bastante descolocado. Se levantó de la silla de la cocina y se acercó hasta la niña.
- ¿Sois amigos de Ada?- preguntó el hombre.
Sirius y James se miraron sin comprender qué pasaba allí. Remus asintió con la cabeza.
Los chicos miraban con atención el mago de delante, ante ellos había un completo desconocido. No era el mismo hombre que acababa de golpear y gritarle a la niña.
- Estupendo, tengo que irme a trabajar y me gustaría que os quedaseis con ella, supongo que no tendréis ningún plan para esta noche. En el congelador hay pizzas, hacedme el favor de intentar que coma algo, se piensa que puede pasar del aire cuando está en pleno crecimiento y que no coma chocolate, le sienta peor que la cafeína- les avisó el joven mago- Luego necesitaría reposo, ¿Hay alguna posibilidad de que os quedéis a dormir?
Sirius, Remus y James flipaban en colores, ese John no tenía nada que ver con el de antes y sin embargo en apariencia era idéntico.
- Yo pienso ir a ver a mi abuela- avisó la niña decidida.
- Ada- John se plantó delante de ella y le acarició el rostro- Los niños no podéis entrar en los hospitales. Se buena chica y haz las pizzas para tus amigos, ¿Quieres?
La niña se quedó mirando por el hueco de la puerta la luz que arrojaba la moto de su tío, algo la impulsaba a salir por esa puerta y hacerlo regresar, una extraña sensación de congojo se había enredado a mitad del pecho, ¿Y si su tío se moría? ¿Qué había causado el ataque al corazón en la anciana?
Remus se acercó hasta la niña, recordaba bastante bien la sensación de pánico cuando su madre enfermó y su padre no le permitió verla. Cuando él sólo quería abrazarla y decirle que la quería con toda su alma.
- Ada…- el chico esperó la reacción de la niña, un simple movimiento le bastaría para poder abrazarla. Pero la niña permanecía en otro mundo y ni siquiera sabía que Remus estaba allí.
El rugido de la motocicleta se alejó de la casa calle abajo.
- He de verla- sentenció la niña.
- Ada, ¿Eso le ocurre muy a menudo?
La niña negó con la cabeza.
- Sólo mamá es capaz de hacerlo volver- aseguró con pesar.
- ¿Mamá?- se sorprendieron los chicos.
- Mi madre.
- Pero ella está muerta- aseguró Sirius.
- Sí, pero es capaz de oírla. Mi tío tiene dos personalidades, y no me preguntéis porqué, el sombrero tardó mucho en seleccionarlo.
- Pero terminó en Slytherin- Ada aseguró con la cabeza la afirmación de Sirius- ¿Crees que el sombrero te enviará a Slytherin como hizo con él?
- Más te vale. Apostaste un galeón por ello- y evitó la respuesta.
Se metieron en la cocina y los chicos la vieron sacar una comida bastante extraña del aparato grisáceo aquél, que desprendía frío.
- Lo que no entiendo yo…- Remus ayudaba a Ada a desenvolver la comida del plástico atento a las palabras de Sirius- ¿Sabes distinguir sus personalidades con algún gesto?
Ada comenzó a reír con fuerza, cayendo sobre el piso.
- ¿He dicho algo gracioso?- la miró con el ceño fruncido.
Ada paró de reír al instante y viéndole la cara comenzó a reír de nuevo.
- Pero, ¿Qué?- esbozó una sonrisa y se echó sobre la niña, matándola a cosquillas.
- ¡Para!- rugió fuera de control- ¡Para Sirius!
- Pide perdón- el chico estaba sobre sus piernas, y con los dedos pinchaba bajo sus costillas- Pide perdón o no paro.
- ¡No!- se revolvía con fuerza- ¡Para por favor!
- Yo de ti pediría perdón, no sabes lo cabezón que puede llegar a ser.
Sirius la escuchaba reír y esa risa infantil cargada de pureza era música para sus oídos.
Le sujetó las muñecas encima de su cabeza y la miró directamente a los ojos.
- ¿Por qué no eres mi hermana?- preguntó con tristeza.
Ada intentaba recuperar la respiración después del ataque de risa que le había producido su amigo. James miraba a Sirius sin comprender y buscó respuesta en Remus, pero el licántropo se encogió de hombros, tampoco entendía nada.
- ¿Querrías que fuese tu hermana si el sombrero mañana me envía a Slytherin?- estaba demasiado seria.
- No variaría mucho, mi hermano está en Slytherin, quizás fueses la única serpiente con la que pudiese hablar sin temor a que me mordiese.
- Por ahora- susurró James por lo bajo- Dale unos años y veremos si muerde o no.
Remus sonrió, James también estaba cambiando, la promesa que se habían hecho los dos en primero, de mantenerse alejados de las chicas, se rompía. Sirius había conocido a una chica digna dél, con un carácter endiabladamente chocante, aunque con los genes de su familia que acababa de presenciar no le extrañaba nada.
James había sido un conquistador nato desde que nació, herencia de los genes Potter mezclados con los Black.
Un quejido lastimero salió de la garganta de la niña.
- Por favor Ada, has de ser valiente- Sirius seguía hablándole despacio- No me gustaría que mi amiga se convirtiese en una serpiente.
- Black, Sirius Black- sentenció Ada- ¿Qué hiciste para no caer en Slytherin como los otros Black?
- No mucho, sólo dejé que el sombrero viese mi corazón- no podía apartar el gris del azul.
- ¿Y si mi corazón no es tan puro como el tuyo?
- Aceptaré su decisión si me prometes que no te convertirás en uno de ellos.
Ada sonrió, para no querer ser su amigo, le estaba pidiendo demasiadas cosas.
Remus y James se miraron inhalando aire por la boca y soltándolo despacio, con un ligero silbido.
Sirius besaba a Ada en aquellos momentos como si fuese a desvanecerse al siguiente segundo y la chica seguía con los ojos abiertos. Cuando él se separó, la niña cerró los ojos. Era su primer beso de tornillo.
- Muy bien, Ada. Esto te ayudará a dormir. No te preocupes, todo saldrá bien. No debes preocuparte por nada, a partir de ahora yo me encargaré- le revolvió el pelo y le besó la mejilla.
Sirius se levantó de encima y salió al jardín, dejándose a la niña tirada en medio de la cocina. Sus amigos lo siguieron.
- ¡Sirius!- le gritaron cuando el chico se lanzó a la piscina con ropa.
Pero Sirius no podía pensar en nada más que lo que acababa de hacer. Había besado a la chica que le acababa de pedir que fuese su hermana, embrujado por ese azul de luz.
Remus y James se desnudaron y se metieron en la piscina con su amigo, que buceaba sin parar. Lo agarraron de la camiseta y lo sacaron del agua.
- ¿Se puede saber qué significa eso?- James señalaba hacia la casa.
Sirius lo miró y negó con la cabeza.
- ¿Y por qué la has besado?- Remus no entendía ese comportamiento.
Sirius dio unas brazadas y se quedó en la parte baja de la piscina, con los brazos sobre el bordillo.
- No quería que nadie más fuese el primero en besarla- miraba el cielo, la tormenta se había disipado y el sol comenzaba a caer- Es como si la conociese de toda la vida, no quiero que le hagan daño. Me siento en la obligación de protegerla. No se como explicároslo.
- ¿No estarás enamorado?- sugirió Remus- Quizás…
- No…- Sirius cerró los ojos y suspiró- No es eso. No podría salir con ella, siempre me lleva la contraria.
- Entonces, ¿Por qué la besaste?- James no entendía ese comportamiento- Sirius, sólo tiene once años.
- Diez- corrigió el muchacho de ojos grises- Mañana es su cumpleaños.
- Entonces deberíamos comprarle un regalo- aventuró Remus- Somos sus amigos.
Sirius y James aceptaron con la cabeza. Pero el chico de gafas levantó una mano.
- ¿Qué?- preguntaron los otros dos a la vez.
- No deberíamos dejarla sola en la casa, podría pasarle como esta tarde.
- Ahora está sola- convino Sirius.
Escucharon la carrera por el césped y luego el ruido de una portezuela de madera.
- ¿Creéis que nos habrá escuchado?- James miraba hacia una caseta sobre un árbol, por donde había trepado la niña.
Una luz brilló en el interior y las primeras notas de Let´s Get Rocked sonaron con fuerza.
- ¿No nos digas que ya le has dejado tus vinilos?- Sirius sonreía y negaba con la cabeza- ¡Oh vamos, es tu grupo favorito!
- Y el de ella- le aseguró el muchacho al licántropo- Te juro que me dejó a cuadros.
El chico salió de la piscina y se quedó en calzoncillos, extendiendo su ropa en el suelo enladrillado caliente.
- Debería ir a casa a por el baúl- Sirius intentaba ver por encima del muro con pequeños saltos, mientras intentaba secarse- Mañana saldré desde aquí.
- ¿Y piensas ir desnudo?- James lo señalaba con el dedo.
- No voy desnudo amigo- recalcó Sirius- Sólo algo ligero de ropa.
- Si tu madre te ve así te abrirá la cabeza- le indicó Remus.
- No me verá así, no están en casa. Mi prima Bella se casaba hoy.
- ¿Y por qué no vamos a tu casa? Ada seguro que tiene su baúl preparado- propuso James.
Sirius negó con la cabeza.
- La has besado y…¿No quieres presentársela a tu hermano? ¿Temes que se enamore de ella y te la quite?- Remus lo picaba- ¿Por si queda en Slytherin con él?
- Remus, Ada no va a quedar en Slytherin. No podemos ir a mi casa porqué mi padre colocó un hechizo para que le avisase si ella volvía a pisar la casa.
- ¿Por qué?- preguntó James.
Sirius se encogió de hombros y pasó del tema, no quería decirles nada de la conversación que habían mantenido sus padres, la fuerte discusión. Su madre había recibido varios golpes de Orion, y él se había sentido fatal por no tener el valor suficiente para protegerla, aunque la odiase no se debía golpear a una dama, y su madre lo era.
- Vuelvo en seguida, la noche es joven- aseguró el muchacho lanzándose a la carrera hacia el muro enladrillado, trepó por él y saltó a la calle.
- Y se larga- James flipaba en colores, la música seguía sonando con fuerza por todo el jardín- Tendremos que enseñarle a esa niña lo que es la buena música.
- Y Sirius te matará- sentenció Remus- Como hagas que a Ada le gusten los Beatles.
- A él también le gustan, en casa cantaba conmigo algunas canciones.
- James…- Remus negaba con la cabeza al ver a su amigo dirigirse hacia la caseta del árbol.
James llegó bajo la casa y se quedó mirando. Una cuerda cayó de ella y la cabeza de la niña se asomó por una ventana.
- Hola, no se os ocurra comprarme nada- avisó la niña guiñándole un ojo- Cumplo once años, no es tan importante.
- Para los magos es una fecha importante, entramos en Hogwarts- James se sujetó a la cuerda y empezó a trepar a pulso- ¿A si que eres de Septiembre?- llegó al suelo y se sentó sobre la madera, mojando el suelo.
Ada afirmó con la cabeza.
- Del uno de Septiembre, podrían haber decidido que empezases al curso siguiente- verboseaba todos sus pensamientos.
- Nací a las doce y un minuto. De aquí unas horas es mi cumple, supongo que aunque tardase el tren en llegar a Hogwarts seis horas ya tendría la edad oficial, once años.
- ¿Cómo sabes que tarda seis horas? ¿Has estado en Hogwarts?
Ada negó con la cabeza contrariada.
- ¿Tarda seis horas en llegar? ¿Qué donde está el colegio?
- Por Escocia, creo. Al menos esa es la teoría de Evans y la de Remus.
- ¿Evans?- preguntó curiosa.
- Sí, la pelirroja con la que tropezamos en el callejón, ¿La recuerdas?
- Ah! La chica a la que le caes tan bien- ironizó la niña.
- Sí, está loca por mí.
- Claro, loca por ti. Si tú lo dices.
- ¡Es verdad! No me quita los ojos de encima en clase- aseguró el muchacho.
- ¿Me pregunto por qué será?- murmuró Ada a la vez que sonreía para disimular.
Sirius entró en su casa y se dirigió directamente a su habitación. Su baúl descansaba a los pies de la cama, lo abrió y comenzó a meter toda su ropa informal y los uniformes que le había dejado su madre sobre la cama, envuelto en papel destraza.
El caldero, los libros, las plumas, pergaminos, tinta, un montón de galeones y algunos pósters muggles que habían salido en la revista Rolling Stone´s. Ese verano se había aficionado, pero durante el curso no la podría leer.
Se cambió de ropa y abandonó la casa, con su baúl a rastras.
Por la tarde había sacado suficiente dinero para pasar todo el curso, pero no para comprarle el regalo que había pensado a Ada.
Llegó a la Mansión Hitchens y tocó el timbre, sonaba idéntico al de su casa.
Ada apareció con un bikini y una camisola encima. Estaba claro que se acababa de bañar, el pelo lo llevaba pegado a la cabeza y estaba horrorosa.
- Estás más guapa cuando lo llevas seco- le dijo a forma de saludo.
- Y tú cuando estás calladito estás más simpático- cerró la puerta de un golpe y le pasó a la carrera.
Sirius sonrió, le gustaba que le llevasen la contraria, era divertido.
Colocó su baúl en medio del recibidor y sacó la toalla. Si estaban bañándose él también quería.
James y Ada se encontraban dentro de la piscina, haciéndose ahogadillas. James iba ganando. Se quitó la camiseta e hizo un picado.
Al rato Ada eructó dejando a los chicos patidifusos, era imposible que alguien tan pequeño retuviese tanto gas.
- ¡Me vais a ahogar!- se quejó Ada de mal talante, separándose de los chicos a manotazos.
- No caerá esa breva- ironizó Sirius recibiendo un golpe en el costado- ¡No te pases!
- ¡No te pases tú!
- Ada, estábamos jugando. No jugamos con niñas por esto. Pensábamos que eras diferente, pero eres como todas. De mantequilla.
- No soy de mantequilla, pero no aguanto más de un minuto sin respirar. ¡No soy un pez!
Ada respiraba entrecortadamente, los chicos la miraban con reproche. Salieron de la piscina y se la dejaron sola.
Tampoco era para que se pusiese así, la última ahogadilla había sido larga, quizás un poco más larga de lo normal, y las cosquillas habían sido la guinda, se lo estaban pasando en grande y de repente se mosquea.
Remus miraba hacia la piscina, de normal sus amigos no se arrepentían después de hacer una de las suyas, y salir de esa forma de la piscina no era muy normal, menos con las caras largas.
Sirius se quedó sentado sobre una de las sillas de la cocina.
- No lo entiendo, con lo bien que nos lo estábamos pasando. ¿Por qué se enfada?
James se encogió de hombros y se sentó a su lado.
- ¿No tienes hambre?- preguntó sin darle importancia a la reacción de la niña- Creo que me voy a casa. ¿Vas a pasar la noche aquí con ella?
- Sí, no creo que sea bueno que se quede sola.
- Creo que ya se ha quedado sola otras veces.
Sirius sonrió y señaló el sofá.
- Dormiré ahí, tranquilo, no tengo pensado hacer nada raro con ella.
James le golpeó la cabeza y negó.
- No lo digo por eso, ¿Tú madre no se molestará si no te acompaña mañana a la estación?
Sirius negó.
- El curso pasado ya fui solo. No quiere tener que acompañar a un Gryffindor, se le remueven las tripas cada vez que lo piensa.
- Lo siento.
- ¿Por qué?
- Debe ser muy duro que tu propia familia te rechace.
- No tanto, de todas formas el sentimiento es mutuo.
- ¿Te han firmado el permiso?- James cambió de tema al ver la mirada de su amigo. Hablar de su familia lo sacaba de quicio.
- No, y no creo que lo hagan. Ya me contarás como es el pueblecito- el chico miraba la encimera, donde las pizzas se descongelaban- Me muero de hambre.
- Sirius, si tu no vienes no pienso ir.
- Sí, irás, seguro que a Peter y a Remus les han firmado. Me quedaré con Ada, siempre podemos descubrir pasadizos secretos.
- Mientras no eructe- Sirius lo miró y se partieron de risa los dos.
Remus entró en la cocina al trote y tiró del brazo de sus amigos.
- ¿Qué pasa?- preguntaron viéndose arrastrados por todo el salón.
- No responde- el chico apenas respiraba- Creo que se quedó dormida debajo del agua.
Sirius miró a su amigo buscando la broma pero la cara de Remus no mentía. Se soltó de una sacudida y corrió hacia la piscina. Ada estaba al fondo, sobre el bordillo y la cabeza ladeada. Cruzó la piscina a nado y salió sobre ella. James y Remus lo seguían por fuera.
El pelo mojado del chico cayó sobre el rostro de la niña cuando él apoyó su oreja en le pecho. Latía, su corazón latía. Levantó la cabeza para escuchar la respiración, débil pero lo suficiente para producirle una sensación de tranquilidad que no había experimentado en su vida.
- Ada- le susurró al oído- Despierta.
El chico estaba a cuatro patas sobre ella, con los brazos extendidos envolviendo la cara, apoyados sobre el ladrillo caliente, agachó la cabeza hasta juntar sus frentes y le besó la nariz.
- Ada, despierta- le volvió a susurrar aún con la frente sobre la cabeza de la niña.
La niña abrió los ojos de repente y miró el gris en las pupilas de Sirius.
- ¿Me dormí?- preguntó consciente de su enfermedad.
Sirius sonrió y asintió con la cabeza.
- Vaya, debió ser por el helado- intentó levantarse pero se golpeó con el cuerpo de su amigo- ¿Me permites? Voy a poner las pizzas en el horno. Tengo hambre.
El chico la dejó libre y cuando la niña se puso en pie la empujó a la piscina.
Ada sacó la cabeza y tembló, el agua estaba fría desde que se había ido el sol. La piscina tenía un encantamiento, el agua se mantenía caliente mientras hubiese luz, luego se enfriaba de golpe.
- ¿Quieres que me muera de una pulmonía!- berreó castañeteándole los dientes- ¡A que te dejo sin cenar!
- ¡Y a dormir al sofá!- bromearon los otros dos señalándolo con el dedo.
Sirius abrió la boca descomunalmente, sólo era la impresión, seguro que la temperatura del agua era excelente, le había dado el sol toda la mañana.
- ¡Eres una quejica!- señaló a su amiga con el brazo extendido- No se cómo te puede gustar Def Leppard.
- Yo tampoco lo entiendo- aseguró James mientras Ada salía de la piscina con grandes espasmos recorriéndole el cuerpo- Ya te enseñaré yo lo que es la buena música.
Remus se fijó en la tonalidad azulada en los labios de la niña.
- Sirius, toca el agua- le ordenó a su amigo.
Sirius metió la mano en el agua y la sacó tras recibir un millón de pinchazos de hielo.
- ¡Está helada!- se quejó el chico colocando la mano bajo su axila- ¿Cómo se ha enfriado tanto en tan poco tiempo?
James se acercó a la piscina y repitió la acción de su amigo. Sacó la mano con fuerza y miró a Sirius.
- Joder, la del Lago Negro no está tan fría en invierno.
- Bueno, eso es sensación térmica, seguramente sí esté fría, pero como la temperatura exterior es menor no parece tan fría- explicó Remus.
Sirius y James lo miraron como si estuviese loco.
- No divagues, ¿Por qué querías que tocase el agua?- Sirius se levantó del suelo y se acercó hasta su amigo.
- Porque acabas de llamas a Ada quejica y ella ha salido con los labios amoratados. La has empujado.
El chico se golpeó la frente con la mano abierta.
- Sí chaval- aseguraron sus amigos- Va a resultar que no es tan quejica como tu piensas.
- Sólo estaba bromeando, ¿Por qué no salió en vez de cruzarse toda la piscina?- miró a Remus y negó- No me lo digas, no quiero mas explicaciones raras.
- No te lo iba a explicar, no lo sé.
- ¿Alguna sugerencia?- preguntó mirando a James.
- Entremos en la casa a cenar. Y ella que se de una ducha de agua caliente o mañana tendrá temperatura.
- Realmente lo que quieres decir es que posiblemente mañana…- la mirada de sus amigos lo detuvo, muchas veces preferían seguir en su ignorancia.
