Capítulo 2
Veinte años, aproximadamente veinte años habían pasado desde aquel día en el que Blaine Anderson decidió hacerse amigo del chico más apuesto del instituto. Muchos dirían que su peor error fue intentar encubrir que James era gay en aquellos años en donde la homosexualidad era lo peor visto en la sociedad, sin embargo, lo que para los demás era un simple error para Blaine significaba el acto de amistad más sincero que él pudiera hacer por su amigo.
Puede que su peor error haya sido no advertirle a James que se anduviera con cuidado porque no era normal que el capitán del equipo de futbol quisiera verlo a la media noche en el parque, puede que su error haya sido acompañarlo a aquella cita sin darse cuenta que sus padres los seguían de cerca, pero Blaine no podía fijarse en eso porque tenía un mal presentimiento de aquella noche y para variar tenía razón.
Los cobardes del equipo estaban esperando a su amigo en medio de aquel parque para hacerle entender que los de 'su tipo' no eran bienvenidos en Mckinley. Todos los golpes y las heridas eran por eso, porque sus compañeros no podían comprender las diferencias que hacían único a su amigo. Al inicio de aquella noche nadie se metió con Blaine pero al ver que defendía a James lo acusaron de ser su pareja y de pronto todo se nubló a su alrededor.
Cuando despertaron, ambos estaban en una habitación amplia y con paredes blancas. Ninguno recordaba lo sucedido pero una enfermera les refrescó la memoria informándoles que el señor Anderson y el señor Thompson los habían internado en ese lugar para que se volvieran normales. Sus padres habían pagado para que los cuidaran en ese lugar hasta que sanaran y después comenzaran con 'la terapia' como la llamaban ellos.
Esa atrocidad no era ninguna especie de terapia y por supuesto que no era legal. Todos los días los chicos eran reunidos en el patio central para realizar una serie de ejercicios físicos que según los encargados los harían más hombres y si a alguno se le sorprendía mirando a alguno de sus compañeros de forma inadecuada se les mandaba al calabozo. Pero la cosa no terminaba ahí, si los chicos se portaban bien en la semana eran premiados con una prostituta personal para que tuvieran toda una noche de placer y si se rehusaban terminaban siendo abusados sexualmente por los encargados del lugar.
James desde el inicio trató de portarse mal para pasar sus noches en el calabozo, prefería eso a estar con una chica y a la fuerza. Por su parte, Blaine había estado cuestionando su sexualidad con tantas cosas que habían pasado en ese entonces pero de lo único que estaba seguro era que su primera vez no iba a ser con una prostituta en un internado del infierno como ese, así que procuraba portarse mal para acompañar a James en su tormento.
Desgraciadamente el tormento de su amigo fue tan insoportable que un lunes por la mañana Blaine se despertó con los gritos de una de las encargadas. James se había suicidado aquella noche y él no se había dado cuenta debido a las pastillas para dormir que les hacían tomar. El mundo de Blaine se vino abajo, dejó de hacer los ejercicios y fue castigado infinidad de veces por contestarles mal a sus superiores. Sin embargo, estar en el calabozo no era malo para él hasta que una noche fue abusado por una de las encargadas y su pareja.
Desde aquel día todo empeoró y Blaine tuvo que comenzar a portarse bien pero era difícil porque ese par lo mandaba al calabozo por cualquier motivo. Él era su diversión en aquel lugar y por un momento llegó a creer que nunca se detendrían pero un buen día su madre le mandó 'un obsequio' que fue perfecto para él. Aquel día conoció a Lilian, una prostituta que sabía lo que hacían en ese lugar y desde hace años ayudaba a los chicos a salir de ahí a como diera lugar.
Aquella noche Blaine le contó su historia y ella lo ayudó a salir del internado, ella lo regresó a su libertad y le dijo que si quería agradecérselo le hiciera un favor: vivir. Esa noche a media calle Blaine pensó que sus padres lo encontrarían y lo regresarían a ese lugar pero se dio cuenta que conocía la calle donde estaba, se dio cuenta que no estaba lejos de la casa de una de sus mejores amigas y ahí fue cuando recuperó la esperanza.
Tina y su familia lo ayudaron al grado de mudarse de Lima para que ellos continuaran estudiando y los Anderson no lo encontraran. Blaine estuvo asistiendo a terapia por un tiempo y encontró refugio en la música. Poco a poco fue saliendo adelante y terminó la secundaria, después tomó un curso de composición musical en una universidad de Nueva York y consiguió un trabajo en un restaurante como pianista pero tardó muy poco tiempo en darse cuenta que además de música él quería hacer algo más por las personas.
En aquel año Tina se tituló como psicóloga y obtuvo su licencia para comenzar a dar terapias. Blaine estuvo ayudándola un tiempo como asistente en su consultorio y fue así como decidió estudiar Psicología al igual que su amiga. Por supuesto ella no tuvo ningún problema con eso y estuvo apoyándolo durante toda su carrera. El tiempo pudo pasar lento o rápido pero a pesar de que Blaine jamás volvió a ver a sus padres nunca los echó de menos porque los Cohen-Chang siempre fueron una familia para él.
Y ahora ahí estaba aquel joven que tanto había padecido a sus veinte años, ahí estaba Blaine Anderson esperando a su mejor amiga en el café como habían quedado la noche anterior. Ya era un hombre hecho y derecho como solían decir todos, justo ahora a sus cuarenta años no podía quejarse por salud o por trabajo porque desde que hizo su especialidad en sexología y publicó su primer artículo científico los empleos comenzaron a lloverle del cielo.
Sin embargo, algo de lo que Blaine no podía presumir a su edad era de haber encontrado el amor como la mayoría de sus amigos o conocidos. Obviamente no era virgen e inocente porque después de todo lo que había pasado él decidió experimentar tanto con hombres como con mujeres y a pesar de que todas sus relaciones resultaron placenteras solo fueron eso: placer. Anderson sabía lo que era el placer y cómo experimentarlo, incluso daba consejos sobre ello, pero él no conocía lo que era el amor como Tina y Mike o como el señor y la señora Chang. Blaine sabía que había una gran diferencia entre el amor y el placer, y tal vez fue por eso que decidió dejar de intentar encontrar el amor o tal vez en el fondo guardaba la esperanza de encontrarlo algún día pero el caso es que hasta ese día Blaine seguía siendo un soltero más en el país, con especialidad, trabajo y dinero pero un soltero al fin y al cabo.
– ¡Hey, Bling, Bling! – El grito de su amiga lo hizo regresar a la realidad y enseguida volteó a verla.
– Hola Tay-Tay, creí que jamás llegarías… – La saludó después de darle un sorbo a su café y su amiga hizo que se levantara para que ambos se dieran ese abrazo que tanto habían necesitado desde hace tiempo.
– Lo siento, hay un tráfico infernal en la avenida principal…
– Debe ser por el aguacero de hace un rato… – Sugirió el ojimiel y su amiga rió.
– Sí, deberías alegrarte por no tener auto en estos momentos…
– No te creas Tina, el no tener auto implica que me mojaré de regreso al hotel… – Le explicó su colega y ella lo miró con el ceño fruncido.
– ¿Hotel? ¿Por qué no me dijiste que estabas en un hotel?
– Porque no quería que me dijeras que podía quedarme en tu casa… – Terminó aceptando Blaine y su amiga puso mala cara.
– Pero Blaine…
– Nada Tina, tú y Mike necesitan su privacidad y a mí no me molesta pagar un hotel – Insistió el psicólogo y ella rodó los ojos.
– Sigues siendo un terco como siempre… – Se quejó la asiática y Blaine no tuvo opción más que reír.
– ¡Claro! Eso nunca va a cambiar… – Dijo antes de que el mesero se acercara a dejarles la carta para que pudieran ordenar ahora que ya estaban juntos y eso se dispusieron a hacer.
Hacía ya dos años que no se veían y justo en ese mes Blaine le había avisado a la señorita Chang que se daría una vuelta por Lima para pasar a verla antes de tomar una decisión sobre el siguiente paso que daría, tanto en su vida como en su carrera profesional. Sin embargo, a pesar de que había pasado tanto tiempo, entre ellos nada había cambiado porque su relación era inquebrantable y tal vez por eso el silencio que se hizo mientras ordenaban y el mesero se retiraba de la mesa no fue nada incómodo.
– ¿Y bien? – Preguntó finalmente Blaine al darse cuenta de que alguien tenía que sacar el tema y esa no iba a ser su amiga.
– Se va la próxima semana… – Le respondió la asiática muy a su pesar.
– Es muy pronto… – No pudo evitar decir al tomar en cuenta que las clases comenzaban en un mes.
– Tiene que ir a buscar un departamento dónde quedarse y todo lo demás… – Le explicó su colega y él acercó su mano a la mesa para tomar la suya.
– ¿Cómo te sientes? – Le preguntó.
– Sé que es algo que tiene que pasar Blaine pero ella es como una hija para mí y me duele que se vaya tan lejos…
– Chicago no está tan lejos Tina… – Le recordó a su amiga.
– Una parte de mí lo sabe pero hay otra que quiere irse a trabajar a esa universidad e incluso darle clases y pasarla con diez en todas las materias… – Dijo Tina dejando que sus deseos más profundos salieran a flote por primera vez con alguien y Blaine realmente se sorprendió al escuchar aquellas palabras.
– ¡Tina! Ni siquiera a mí me ayudaste tanto… – Se quejó el psicólogo y la señorita Chang rió al notar la broma de su amigo.
– Tú eres como mi hermano y ella es como mi hija Blaine… – Continuó diciendo su colega y él hizo que lo mirara a los ojos como en los viejos tiempos.
– Lo sé Tay-Tay pero no eres su madre y aunque lo fueras tendrías que dejarla ir. Todo esto es por su bien… – Intentó explicarle y ella suspiró.
– Creo que tengo el síndrome del nido vacío…
– Contigo no se puede… ¿Qué fue lo que pasó con lo de la adopción? – Le preguntó Blaine intentando cambiar el tema y así el ánimo de su amiga pero digamos que el tema no ayudó mucho para su objetivo.
– Son muchos trámites y tenemos que esperar… – Dijo la señorita Chang realmente desilusionada y Blaine supo que este tema era realmente difícil de tratar para su amiga.
– Temo que esta vez sí tendrás que visitar a tu terapeuta Tina…
– Lo sé, ya saqué una cita pero igual quería ver a mi mejor amigo antes de que decida que su próximo destino es Kuwai… – Lo tranquilizó la asiática.
– Error, pretendo ir a Italia y después regresaré a apoyarte con tus proyectos… – Le aclaró el ojimiel y ella lo miró sin poder creer lo que oía.
– ¿Tan bien te fue con tu último libro? – No pudo evitar preguntar.
– Digamos que puedo descansar un rato…
– Me alegra que no nos falte nada en lo profesional Blaine, pero tú y yo sabemos que en lo personal cada quien tiene su talón de Aquiles… – Le recordó su colega y Blaine le dio otro sorbo a su café.
– Tal vez sí, tal vez no… ¿Quién dice que debemos estar casados y con hijos a los cuarenta? – Le preguntó el psicólogo a su amiga y ella lo meditó por un rato.
– Déjame ver… ¿Todo el mundo?
– No le hagas caso a todo el mundo Tay-Tay, puede que termines en un manicomio… – Comentó divertido su colega ante su respuesta y ambos rieron.
– Mira quien lo dice… – Lo atacó la asiática y él la miró ofendido.
– ¡Oye! – Se quejó Blaine con su amiga pero el sonido de su celular no lo dejó continuar. – Oh, discúlpame un minuto… – Dijo tomando su celular para contestar. – Diga…
– Buenas noches señor Anderson disculpe las molestias pero si me atreví a llamarle es porque nos urge comunicarle algo… – Escuchó decir del otro lado de la línea y se sorprendió al no reconocer la voz del hombre que hablaba.
– ¿Quién habla? – Preguntó confundido.
– ¡Oh, claro! Disculpe, soy Richard Finegan, el director de la Universidad de Chicago y me atreví a llamarle porque quiero ofrecerle una plaza como profesor en la carrera de Psicología. Sería un honor para nosotros que usted aceptara y con respecto a la paga estoy seguro que podemos negociarlo. ¿Quiere pensarlo? – Dijo el hombre tan rápidamente que Blaine sólo pudo mirar los ojos curiosos de su amiga sobre de él y se apresuró a contestar.
– Yo le llamo, ¿está bien?
– Claro, no se preocupe. Esperamos su llamada y disculpe las molestias otra vez. Buenas noches… – Dijo amablemente el director y Blaine tenía que reconocer que realmente parecía apenado por tener que molestarlo en sus vacaciones pero… ¿Blaine? ¿Maestro? ¿Justo ahora?
– Hasta luego… – Respondió mientras esas y más preguntas se formaban en su cabeza pero la voz de su amiga lo hizo regresar a la realidad una vez más.
– ¿Qué fue eso? – Le preguntó Tina un poco contrariada por lo poco que había escuchado y el ojimiel no consideró correcto contarle todo eso a su amiga justo en ese momento, sabía bien cómo le afectaban las despedidas a la asiática y no quería preocuparla porque ni siquiera sabía si en verdad pensaría en esa oferta.
– Nada… ¿En qué estábamos? – Dijo Blaine intentando cambiar el tema con su amiga y ella comenzó a contarle sobre sus nuevos proyectos, proyectos en los que él podría trabajar junto a su mejor amiga pero, ¿por qué justo ahora le tenían que salir ofertas de trabajo? Con Tina no había problema porque ella lo entendería, Blaine llevaba tiempo queriendo unas vacaciones sólo para él, quería recorrer Italia de norte a sur y conocer lo que tuviera que conocer antes de que la edad se lo impidiera pero al parecer la vida tenía otros planes y el problema que cruzaba por su mente seguía siendo el mismo, ¿debería aceptar alguna de las ofertas de trabajo o debería continuar con sus planes e irse a Italia cuanto antes?
¡Segundo capítulo!
¿Qué tal? Parece que el destino (alias abips) está haciendo de las suyas… ¡Gracias por leer y comentar! Les mando saludos y un abrazo... ;)
