Disclaimer: Crepúsculo no me pertenece, solo esta trama.
Capitulo 3 "Edward Cullen"
—Charlie, ya deberían estar aquí. Han pasado treinta minutos.
—Bella, tranquila.
Refunfuñe. Media hora se habían retrasado Carlisle y Edward. ¡Media hora! Emmett tenia en sus manos alzado un cartel blanco que decía "Cullen" con letra como de niño de primaria, su letra.
Alice había elegido mi ropa. Pero le había agregado algo más… quizás era solo cosas mías, pero al parecer mi ropa estaba demasiado glamorosa. Al menos la Bella normal, en un día común y corriente, no usaría ballerinas grises con tenues destellos plateados, ni jeans negros tiro alto ajustados con un suéter corto turquesa opaco, más una blusa blanca abajo y encima, un collar de flores plásticas blancas con toques amarillos. Era lo más cercano a Gossip Girl que mi atuendo había estado. Añoraba mis converse viejas y rotas y los jeans que permitían respirar y comer.
Me distraje contando las maletas que habían acomodadas en un rincón. Hasta que los escuche.
—Charlie, amigo mío ¡tanto tiempo sin vernos! —dijo una voz suave masculina.
Me giré y vi a un hombre, era rubio con ojos azules, y llevaba un súeter azul marino que trataba de esconder unos muy marcados músculos. Me recordó a una celebridad del cine antiguo, mi favorito, el único cine que valía algo.
—¡Es un gusto volver a verte! —papá sonreía con ganas mientras abrazaba a Carlisle, la estrella.
—¡Si que has crecido, Emmett! —exclamó Carlisle cuando vio a mi hermano, este asintió con vergüenza— ¿Y quien es esta hermosa señorita? —preguntó dirigiéndose a mí, la más mínima palabra elogiandome me convertía en un tomate antropomorfo.
—Bella. —conteste con las mejillas encendidas. Carlisle me dio un abrazo que respondí, como si me conociera y no me hubiera visto hace tiempo.
—Al fin te conozco, la princesa de Charlie Swan.
—Un gusto conocerte al fin. —sonreí cordialmente.
Aunque la persona fuera muy amable y fácil de llevar, nunca sería fácil para mi una presentación.
—¿Y el muchacho? —pregunto Charlie mirando alrededor.
—¿Edward? Ya vendrá, iba tras de mi hace poco.
—Hola. —dijo una voz aterciopelada.
Era un chico. Llevaba una chaqueta negra, jeans oscuros y un gorro negro que tapaba casi todo su cabello dejando a la vista solo algunos mechones de color cobrizo radiante, su piel era blanca, no alcanzaba a ver sus ojos, era muy alto y tenia puestos audífonos en sus oídos, lo noté por el cable blanco que resaltaba ante todo. Mostraba un cuerpo musculoso y trabajado, hasta con la ropa puesta.
—¡Ahí esta! —exclamó Carlisle.
—¡Edward , muchacho! —Charlie lo abrazó, Edward respondió el gesto—. Si que has crecido.
—Hace tiempo que no nos vemos. —dijo con tono neutral. Aún no lograba ver su rostro con claridad por el gorro, maldito mi metro sesenta.
—¡Eddie!
Emmett abrazó con fuerza al joven de mirada misteriosa y no lo soltó por un rato.
—Emmett, no has cambiado nada. —dijo con tono un poco enojado, no sabía por qué. Emmett simplemente soltó una carcajada.
—Y esta es Bella. —me presentó Charlie poniendo una mano en mi espalda por un rato, como tirándome frente a él.
Lo miré estirando el cuello, la diferencia de altura era mucha, entonces Edward hizo algo inesperado, se sacó sus audífonos, bajó la mirada para mirarme y alejo un poco su gorro para poder ver mejor. Tenía ojos verdes esmeralda, sus facciones eran masculinas y simétricas, como Carlisle sólo que más joven y desgarbado, pero con esa misma belleza clásica y varonil. En pocas palabras: era apuesto.
—Hola.
Creí que mi iba a saludar con un beso en la mejilla o algo, pero nada, solo me dio un neutral "Hola", ni siquiera una sonrisa forzada. Me miraba detenidamente, esperando respuesta.
—Hola. —lo salude con el mismo tono que había ocupado conmigo, muy madura, Bella.
Nos miramos a los ojos, examinando el rostro del otro, al menos eso hacía yo, pero no pude soportar más su mirada sobre mí y terminé desviando la mirada sonrojada.
—¿Y el equipaje? —preguntó Charlie.
—Aquí, no te preocupes amigo, podemos llevarlo. —contestó Carlisle.
Comenzamos a caminar en dirección a la salida. Me preguntaba porque Edward había sido así conmigo. Yo no le había dicho o hecho nada. Quizás era ese tipo de boxeadores que eran antisociales, que no hablaban con nadie. No, yo conocía a ese tipo de boxeadores y hasta ellos eran más corteses que él, Edward. No podía evitar sentirme ofendida, rechazada, incluso.
Entramos al Mercedes de Charlie, que casi ni usaba. Emmett estaba en medio de Edward y yo mientras Carlisle iba adelante con papá. Bajé la ventana del auto y miré al paisaje que me sabia de memoria.
—Edward no puede vivir sin su Volvo —comentó Carlisle—, lo traerán en unos días.
Escuche un leve gruñido salir del pecho de Edward.
—Al parecer a Eddie no le gusto que delataras su amor secreto. —Emmett comenzó a carcajearse. Edward se hundió más en el asiento, con una sonrisa.
—¿Listo para el torneo, Eddie? —Emmett rompió el silencio que estaba comenzando hablando con su tono habitual.
—Sí, no debo subir de peso, tengo que mantenerme en sesenta, estoy prácticamente en el limite no puedo avanzar más. Luego de ganar el torneo también debo mantenerme para no subir de categoría. —dijo con tono apagado.
¿Cuándo gane el torneo? Si que se tenia confianza. Pensé en Jasper, él era muy bueno y veía todos los días su esfuerzo, sentí algo muy parecido al enojo y me hundí más en el asiento, apreté los labios para no decir algo que causara un momento incómodo. También quedó en mi mente el hecho que Edward quería seguir en la categoría, mi frágil memoria me decía que Emmett nunca estuvo en aquella, la de los pesos ligeros, pues tenía una contextura muy gruesa y adoraba demasiado la comida, siempre agregaba eso.
—Ten cuidado, Eddie. Mi amigo Jasper Whitlock esta en tú categoría, y es muy bueno.
Quise aún más a mi hermano por haber agregado a Jasper a la conversación.
—Lo sé, he escuchado cosas sobre él. Será interesante este torneo.
—¿No crees que sería interesante ver a Jasper en el cuadrilátero con Edward? —me preguntó Emmett.
—No lo sé, nunca he visto a Edward pelear. —admití.
Miré a Edward que estaba girado en mi dirección pero tenia su mirada gacha, mas luego la subió y sus ojos se encontraron con los míos, di un salto y me sonroje, no lo esperaba. Edward se dio cuenta de mi reacción y sonrío. Su sonrisa era muy peculiar, torcida, y eso le daba una onda muy malditamente atractiva. Volví a la calle, lejos de esas esmeraldas que tenía por ojos.
Ninguno de nosotros tres volvió a abrir la boca.
