Escorpio y él no hablaban fuera de los entrenamientos. Milo no tenía la menor idea de nada acerca de él, y Afrodita tenía la tranquilizadora certeza de que lo poco que sabía no le gustaba. La órbita que el escorpión describía entorno a él era insultante, pero inofensiva. Afrodita sonrió de lado, y arrancó una flor silvestre de una patada de camino a los acantilados. El ruido de pasos que le seguía abandonó la escalera también y le siguió distraídamente por el sendero.
Aquello le molestaría en condiciones normales. En la condición actual, irritado tras hablar con Géminis y caminando hacia los riscos en busca de algo de paz, la intrusión producía algo más cercano a rabia asesina.
En ese hermoso día había discutido con Capricornio, de nuevo. Y con Cáncer a causa de eso. Y con el cretino de Saga por las dos peleas anteriores. Al parecer, todo el mundo tenía ideas diferentes de qué era un "daño colateral inevitable", y ninguno era flexible al respecto. Seguramente porque había pasado demasiado tiempo. Y habían sido demasiadas veces. Y a un hombre de su edad no debería afectar tanto una discusión. Y no lo hacía. Era como oír llover. En este punto era solo ruido de fondo. Pero había algo desesperado en el fondo de ellas. Algo roto. Enloquecido. Que salía como una infecció que le entristecía lentamente. Como oír llover por demasiado tiempo. Y…solo sabía que ese algo estaba fundiéndoles los sesos. A veces, sentía que era el único cuerdo de los cuatro. A veces, no era tan optimista.
En ninguno de los dos casos le sentaba bien por pasos de un chiquillo obstinado detrás suyo.
Detrás de su culo, para ser más específicos, se corrigió Piscis mentalmente, mirando sobre su hombro; no era "él" lo que Milo andaba siguiendo, precisamente… Suspiró, concentrando los restos de su paciencia, que sospechaba iba a necesitar, y se detuvo. Mejor ser alcanzado pronto y lidiar con el asunto rápido.
Milo surgió desde detrás de una curva del camino apenas Piscis se hubo detenido, y le saludó con una sonrisa de oreja a oreja, tan falsamente casual que no contaba ni como mentira. El sueco subió y bajó la barbilla levemente a modo de saludo, y Milo sacudió la mano, como quien no se esperaba el encuentro. Lo poco de mentira que tenía el gesto desapareció ante la mirada cínica del sueco. Escorpio se deshizo del artificio sin vergüenza y sin problema, casi complacido con la astucia de su compañero. "Con tener una presa difícil" sería más exacto. Afrodita leyó eso sin problemas, y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no partirle la cara.
-Hey! Dando un paseo?
-Aham…Esperaba estar solo- Respondió Piscis, cruzando los brazos y levantando una ceja.
-No viniste a entrenar hoy-protestó el otro, dándole un codazo que amenazó con quitarle al sueco su atesorado mal humor. Afrodita dio un paso lateral para poner distancia de nuevo.
-Tenía cosas importantes que atender.
-¿No las tenemos todos?-Piscis cabeceó, con un gesto que podía significar cualquier cosa-Acabaré en baja forma, y pesará en tu conciencia. Solo digo eso.
-Iré mañana. Supongo que nos veremos allí…
El mar le calmaba, pero no tanto como para que sus sienes dejaran de palpitar, como para que dejara de darle vueltas el estómago. En especial no este mar. Lo odiaba. Cálido como una sopa, pegajoso, y dócil, estúpidamente dócil. Odiaba la salubridad del aire que se pegaba a todo, la peste a algas en putrefacción, la forma en que todo y todos eran manos largas que trataban de pegarse y hacerte olvidar dónde empezabas tú y terminaban ellos. Predecible y estúpido, pero aún así..tenía que admitir que era mejor que nada. La brisa cálida podía agradecerse en las noches frías.
Afrodita dirigió una mirada impaciente a su compañero en busca de signos de que iba a marcharse. No vio ninguno. Solo luz dorada y débil rebotando sobre el griego,sobre la tierra marrón y rojiza. Piscis admitió que el griego hacía juego con el lugar perfectamente. Tenía las líneas de la arenisca de los riscos, con sus bordes claros sin punta; el color de la tierra batida y de la hierba seca y del agua turbia, la cualidad pegajosa del aire y excesivamente cálida del agua. Milo parecía hecho del paisaje más que solo criado en él. Afrodita sonrió sin humor, imaginando su historia de creación a partir del barro salado que estaban pisando. De eso estaba hecho el espartano. Tierra batida y agua caliente. Y sal. Y fósforo. Lleno de trozos de alga que olían demasiado fuerte. Imposible de limpiar de los zapatos.
-¿Vienes mucho por aquí, Piscis?
-A veces- Parece que no tendría suerte. Ni tenía ánimos ni para ser ingenioso. Si Escorpio no se marchaba, sería él quien tendría que irse. De vuelta a su jaula de rosas, probablemente. La idea le ahogaba, pero nadie podía seguirle allí- Hey. Te veo mañana.
Se dio la vuelta tras el intento de despedida, emprendiendo la marcha de vuelta a su templo. Milo le siguió, poniéndose a andar a su lado, con la misma sonrisa de estar planetándose un reto estampada en la cara.
-Creo que te iré contigo.
Afrodita sintió pequeños espasmos de frustración en los dedos, pero se obligó a controlarse, tomando una discreta bocanada de aire con sal y peste a algas. Las sienes aún le palpitaban del último intento de razonar con Saga...Con la parte de Saga que fuera. No por la frustración de no saber qué hacer, era...Ni siquiera recordaba de qué habían hablado. Solo recordaba la horrible sensación de que el patriarca tenía razón en algún sentido que él no lograba entender…
-No estás de muy buen humor últimamente, verdad?
-No me gusta el verano.
...Y el maldito calor no ayudaba a nadie. Odiaba el color. Odiaba Grecia. Le dolía la cabeza como si tuviera un demonio dentro. Tenía el estómago revuelto y unas ganas terribles de mandarlo todo a la mierda. Una pelea con otro santo no iba a arreglar nada, se recordó. Ya estaban bastante divididos...rotos, quizás.
-¿Cómo es Suecia?- Si no conociera el camino tan bien, Afrodita se habría tropezado.
-¿Disculpa?
-¿Como es?- repitió Milo, con cara de inocencia.-Nunca he estado, he oído que es un lugar interesante... ¿Es muy distinto a esto?
-...,Más frío-Respondió Afrodita con prudencia, alarmas saltando por todo su cerebro. Milo se estiró, y fingió encontrar esa respuesta de lo más interesante.
_Oh! Ya veo! Interesante!- "En serio…?"-Llueve mucho?
-Bastante…Oye, Milo...
-Hm...Cómo es la gente?
-Callada. Muy callada.
-Oh, sois todos iguales entonces!
Milo se rió ante la indirecta, como si hubiera sido una broma. Afrodita sacudió la cabeza, y apretó un poco el paso, acariciando el borde puntiagudo del paquete de tabaco que tenía en el bolsillo.
-He oído que lo echas mucho de menos.
-...Es…-Se olvidó de caminar por un segundo. Solo por uno. Se olvido de que llevaba prisa. Y un poquito de respirar- A veces.
Una pelea con otro santo no iba a arreglar nada, se recordó. Y volvió a avanzar. La sal se pegaba a su boca, dándole gusto a sudor. Las olas lanzaban partículas tibias contra ellos.
-Nostalgia, eh? A Alde tambien le pasa. No se por que no volveis mas a menudo!
El griego no se rindió ante el silencio, por supuesto.
-Me gustaría verlo algún día. Los fiordos y..esas cosas
-Noruega es mejor para eso.
-Bueno, pero Suecia también tiene. No?
-Noruega sigue siendo mejor para eso.
-Oh...La gente canta por ahí haciendo esa especie de gorgoritos, no? Tú sabes hacerlo?
-Eso es Suiza…
-Oh! Chocolate entonces?
-...Eso también es Suiza…
-Oh! Bueno! Pero está cerca!
-...No...
El silencio duró un par de amabilidad de Milo empezaba a recordar a la de un vendedor de seguros.
-Bueno, al menos puedes visitarlo cuando vas a entrenar, no?
-No entreno en Suecia…
-Oh! Groenlandia no es parte de Suecia?
-...
-Hey! Se me acaba de ocurrir! Por qué no te acompaño la próxima vez que vayas?
-...
La pantomima continuó meses. Milo parecía encontrar Suecia como el sitio más fascinante de la tierra, si se ignora el pequeño detalle de lo confundía con Noruega la mitad de las veces, y con Groenlandia la otra mitad. Pasaron a hablarse aún menos que antes, si estaba en el poder de Afrodita evitarlo. Pasaron incluso a verse menos a menudo en el coliseo, todo por evitar los monólogos a los que le sometía el griego camino a las duchas, y que hasta a él tenían que aburrirle! Piscis mantenía la paciencia, aunque no la cortesía. Si aquello era un plan, era uno realmente estúpido. Uno que no habría funcionado nunca. Salvo por un golpe de suerte. De suerte y de la paranoia de Saga.
Saga. Saga sabía que algo malo iba a suceder, aunque no aclaraba qué. Espiaba a sus huestes con más intensidad que nunca, mostrando una debilidad con ese nerviosismo que ponía a sus tres soldados más cercanos en guardia, por decir un eufemismo. Los quería cerca a los tres. En todo momento. En el Santuario o en misiones. Cerca. No confiaba en nadie más. No les permitía abandonar el lugar hasta que no estaban al final de su cuerda y a punto de estallar en la cara de la Diosa y de todo el maldito lugar como las bombas humanas que eran. Y esa vez no había sido una excepción. El aviso había llegado en forma de cráter de kilómetro y medio de radio en la costa norte. Una conversación entre DeathMask y Afrodita que se había ido de las manos..
En el coliseo, una semana más tarde, bajo el maldito sol de aquel maldito agujero, Afrodita trataba de distraerse golpeando a una de sus muchas fuentes de frustración. Solo un día más. Odiaba dejar a Shura solo controlando a ese par de animales, pero la preocupación por su propia cordura dañaba su capacidad para preocuparse por nadie más. Condenado Julio. Odiaba el calor. Odiaba el sudor y el mar que sabía a sudor y tenía temperatura de sudor y todo el maldito sitio. Y odiaba a Milo, ya que hablábamos de ello. La líbido y orgullo de este Milo y de todos los Milos del planeta que tenían la buena costumbre de seguirle. Pero odiaba a este Milo específico, que solía ser una buena fuente de desahogo y ahora era simplemente otro maldito problema. En algún punto de la furia y la irritación el griego rompió las reglas de la práctica. Pulverizó la barrera del sonido y envió luz en todas direcciones.. Piscis sintió sabor metálico en la boca, y sal, y arena, y aquellos e combinó con todo lo demás, y algo hizo click, y esta vez no pudo contener las ganas de romperle la cara a alguien, de golpearles hasta que gritaran más fuerte de lo que gritaban los monstruos en su cabeza...solo pudo retorcerlas. Paladeando su sangre decidió mandar todo al demonio.
El mocoso quería jugar con fuego? Muy bien. ¿Por qué no? Iba a sacarse a ese chiquillo de encima definitivamente, e iba a reirse mucho entre medias.
-Sabes? He cambiado de idea. Puedes venir conmigo a Suecia, si todavía te interesa...
