-Isabella, pasa.
La castaña entró en la habitación y saludó a Edward con un beso en la mejilla antes de despatarrarse sobre la butaca.
Ya estaba más que cómodo en aquel lugar. Cualquiera lo estaría luego de haber estado yendo regularmente durante cerca de tres meses.
Sí, aunque parezca increíble, Bella había seguido al pie de la letra lo impuesto por su padre. Hacía ya tres meses desde el ultimátum de Charlie, y Bella, a pesar de su orgullo, debía decir que se sentía mejor que antes. Mucho mejor.
El estar estudiando una carrera que adoraba influía en eso. Pero también lo hacía Edward. Mucho.
Durante el primer mes se había mantenido bastante distante, precavida, pero la amabilidad y la sincera preocupación de Edward la conmovieron.
Luego, Bella había tomado confianza con su psicólogo, y ya no hubo vuelta atrás.
La primera vez que la castaña se puso de puntillas y depositó un casto beso en su mejilla, Edward quedó duro como una piedra. Con el tiempo, comprendió que aquella era la forma que Bella tenía para decirle que confiaba en él.
Ella había comenzado a esperar aquellas sesiones al final de la semana con ansias. Le encantaba saber que Edward siempre estaría allí, dispuesto a ayudarla. Que podría ir y largar toda la mierda de la semana, y que él la ayudaría a encontrar una forma coherente de enfrentar la vida.
Con el tiempo, Bella también había llegado a analizar a Edward, y a pesar de que él casi nunca hablaba sobre sí mismo, ella se había dado cuenta de ciertas cosas.
En donde ella era impulsiva, él era cauto, en donde ella era hiperactiva, él era sereno, en donde ella era efervescente y enojona, él era inamovible y sereno.
Siempre pensaba dos veces antes de hacer las cosas, siempre se mantenía frío ante los problemas, analizando la mejor manera de enfrentarlos.
En fin, era su completo opuesto.
La bajaba a la tierra y no le permitía ser… una completa estúpida, en fin.
-Buenos días, Eddie.-El cobrizo la fulminó con la mirada, pero finalmente suspiró resignado.
Isabella adoraba provocarlo, y él lo sabía muy bien. Le gustaba sacarlo de su segura y distante tranquilidad, hacerlo reaccionar 'más como un hombre y menos como una máquina', según sus propias palabras, con sus comentarios rápidos e inteligentes.
Lo que Edward todavía no sabía, era si las otras provocaciones, aquellas que llegaban cuando ella tenía 'demasiado calor' y quedaba usando un pequeñísimo top frente a él, o cuando llegaba con aquellos shorts minúsculos y caminaba meneando el trasero al irse de allí, era el deseo verdadero de tener algo más con él, o la simple diversión de empalarlo y luego irse.
Como sea, él estaba seguro de que por más que deseara con todas sus fuerzas estamparla contra una pared y hundirse profundamente en ella, nunca lo haría. Ella era su paciente, ¡Por todos los cielos! Aquello era simplemente inmoral.
-Bueno, Isabella…-Respondió el cobrizo, enfatizando en cada sílaba de su nombre mientras se sentaba frente a ella.- ¿Cómo fue tu semana?
-Bien, esta semana fue bien. Ayer tuve una charla con mi padre.-Abrió mucho los ojos, dramáticamente.-Fue horroroso.
-¿Porqué describirías la charla como horrorosa?
Bella suspiró, inclinándose hacia atrás y apoyando los pies sobre la mesa ratonera que tenía en frente. Edward alzó una ceja en su dirección y Bella le sonrió dulcemente.
El cobrizo se vio obligado a tragar saliva e intentar serenarse. Aquella sonrisa tierna y los enormes ojos castaños, llenos de picardía e intenciones sucias, combinado con aquel cuerpo de pecado, lo estaban por hacer morir de una combustión espontánea.
Bella no retiró las piernas de la mesa ratonera, y Edward no le dijo nada.
-Es la primera vez que conversamos desde la muerte de mamá.-Confesó, con la voz tan baja y luciendo tan vulnerable que Edward sintió la necesidad de rodearla con sus brazos y consolarla.
-Nunca has hablado la muerte de tu madre.
-Nunca lo hago, normalmente… ¿Qué mierda has hecho conmigo, Cullen?-Masculló, y Edward se permitió sonreírle débilmente, mientras la veía inspirar hondo, preparada para hablar.-Mamá murió cuando tenía diecisiete. Ella era mi…todo, prácticamente. Era el pilar de la familia, mi padre siempre fue bastante desorganizado. Para ser sinceros, es un completo desastre. Igual que yo.
-No eres un desastre, Bella.
La castaña sonrió débilmente.
-Lo soy… En fin, mamá era todo para nuestra pequeña familia, y cuando ella murió, simplemente…nos desmoronamos. Charlie la amaba.-Bella suspiró.-La amaba demasiado. Y cuando ella murió, supongo que se perdió. No sabía qué mierda hacer. Yo tampoco, de eso estoy segura, pero él… Fue como si su sol se hubiese apagado y no hubiera vuelto a aparecer. Se olvidó de mí.
-¿Por qué piensas que se olvidó de ti, Bella?
-Porque lo hizo, Edward.-La castaña lo miró, con lágrimas brillando en sus ojos.-Fue como si yo no existiera. Se encerró en su habitación, y no salía nunca. Yo pasaba semanas sin verlo, y cuando quería hablar, él simplemente decía que estaba cansado y se marchaba. Yo lo necesitaba, Edward, era su hija, estaba rota y lo necesitaba, pero él sólo se enfrascó en su propio dolor y se olvidó de todo lo que lo rodeaba. Hasta de mí.
Edward inspiró hondo.
-Las personas tenemos diferentes maneras de enfrentar el duelo, Bella.
-Pues la suya fue una mierda.
-Ciertamente, no fue la correcta, ni mucho menos saludable. ¿Sobre qué hablaste con él?
-Sobre…Mamá.-Bella inspiró hondo antes de enjuagarse una lagrimilla que se le había escapado.-Fue raro. Y corto. Huí lo más rápido que pude.
-¿Porqué lo hiciste?
-¿Porqué debería hablar con él?
-Hace un segundo dijiste que cuando intentabas hablar con él, se apartaba. Quizás tu padre esté intentando enmendarse, Bella.
-Es demasiado tarde.
-¿Tú crees? Tú sigues siendo su hija y él sigue siendo tu padre. Todos merecemos una segunda oportunidad.
-Pero yo no quiero dársela.
-Entiendo que no lo estés ahora, Bella, pero deberías intentarlo.
La castaña suspiró.
-Ya veré.-Levanto la vista para observar su psicólogo. Edward era realmente guapo. Increíblemente guapo.-Cuéntame algo sobre ti, Edward.
-Tú eres la paciente, Isabella.
-¿Porqué nunca hablas de ti?
-Si quisiera hablar de mí iría a un psicólogo. Estoy aquí para escucharte aquí y ayudarte.
-¿Y si yo quisiera que me hablases de ti?
Edward espiró pesadamente, sintiendo el deseo de rodarle los ojos a la castaña.
Cuando Bella quería algo, seguiría molestando hasta conseguirlo, ya debería saberlo.
-¿Qué quieres saber de mí?
-¿Eres hijo único?-Preguntó Bella triunfal.
-No, tengo una hermana mayor.
-¿Qué edad tienes?
-Veintiséis.
-¿Tienes novia?
Edward arqueó una ceja, pero respondió de todas formas.
-No.
-¿No?
-No.
-¿Por qué no?
-Estoy bien siendo soltero.
-¿Eres un mujeriego?
Bella no pudo evitar sonreír cuando lo vio soltar una carcajada.
-Bella…
-¿Lo eres?
-¿A qué considerarías un mujeriego?
-¿Sales con más de una chica al mes?
-Sí.
-Entonces lo eres.
Edward le frunció el ceño.
-No me considero un mujeriego.
Bella sonrió.
-Pues yo creo que sí lo eres. ¿Última novia?
Edward inspiró hondo.
Aquella simpatía, esa confianza con Bella estaba llegando simplemente muy lejos.
Hablarle sobre su vida privada había sido un desliz, simplemente…no estaba bien.
Edward se le echó una mirada al reloj de mesa que había junto a los pies de Bella, sobre la mesa.
-Nuestra sesión ha terminado, Isabella.
La castaña hizo un mohín tan precioso con los labios que Edward estuvo a punto de saltar sobre la mesilla y tirársele encima.
-Adiós, Eddie.-Edward bufó antes de inclinarse y besar la mejilla de Bella con fuerza.
-Vete de aquí antes de que patee tu trasero.
-¡Eres el psicólogo más extraño del mundo!-Exclamó la castaña mientras salía por la puerta, sonriendo al sentir la mirada de Edward fija en su trasero, y todavía colorada por el beso del cobrizo.
Era ella la que siempre se ponía de puntillas y besaba la mejilla de Edward, mientras él se inclinaba para quedar un poco más a su altura. Él nunca la besaba.
Uf, te has convertido en una maldita colegiala, Isabella. Entusiasmada por un beso en la mejilla.
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Bueno, en realidad este capítulo lo subí un sábado, porque ya es la 1 de la mañana, pero para mí sigue siendo viernes. En fin, espero que les haya gustado, mil millones de gracias por sus comentarios, ¡Son adorables!
Un saludo enorme. Emma
