Disclaimer: Los personajes y el mundo de "Crepúsculo" pertenecen a S. Meyer. Yo sólo juego con sus personajes y mi imaginación.


Por el ángel en mis brazos

Me gustaba ir a cazar al bosque. Era un lugar despejado de la civilización, lleno de animales para satisfacer mi sed. Además, era enorme, lo suficiente para encontrar un buen lugar y descansar. Solo. Sin llamadas al celular o personas que disturben mi paz.

Visualicé a un alce y corrí a cazarlo. No era como Emmett y Jasper que siempre jugaban con su "comida", no quería escuchar los reclamos de Rosalie y las extensas platicas con Alice sobre que "la ropa era sagrada", prefería cazar sin ensuciarme y así ahorrarme horas de aburrimiento y regaños. Luché con el alce, procurando no ensuciarme, encajé mis colmillos en la yugular y bebí su sangre pero todavía no me sentía satisfecho, así que maté otro alce y a un par de cuervos. No tenía ganas de un oso, me recordaban a las carcajadas de Emmett. Bueno es suficiente con eso. Pensé mientras arrojaba el cuerpo de los cuervos a un lado, regresaría a casa caminando unos minutos y luego correría. Caminé tranquilamente hasta que me detuve.

Había un efluvio tan delicioso, jamás había olido algo tan exquisito.

Inhalé, me quemó la garganta y mi boca se llenó de ponzoña. ¿Cómo es posible? Acabo de cazar… pero es tan delicioso… un momento. Mis pensamientos se detuvieron en seco.

Era de un humano.

¡No! no podía ser cierto, no podía tener aquella necesidad de matar a un humano. Ya no quería. Había sido un monstruo en un pasado y no deseaba serlo. Jamás.

Decidí darme la vuelta, tenía que sacarme ese apetecible olor y correr parecía una buena idea para aclarar mi mente. Me detuve.

Alguien lloraba. Los sollozos eran suaves y dulces. Eran de una mujer... era la mujer con la exquisita sangre, que hacía que mi cordura estuviese a punto de acabar, para lanzarme en su cuello y tomar su sangre hasta la última gota. Con algo de extrañeza me di cuenta que la curiosidad de conocer la razón de su llanto era casi tan grande como las ganas de cazarla.

Contuve la respiración —Sólo para no olerla, ya que siendo un vampiro no era necesario hacerlo— y me acerqué poco a poco hacia ella, intentando ser cuidadoso para que no notara mi presencia.

La vi sentada con las rodillas cubriendo su rostro y su pelo castaño caía por su espalda, era una joven y le calculé unos 17 o 18 años, tenía una fotografía en las manos que no lograba distinguir debido a que era de… ¿noche? quité la vista de ella y vi el horizonte, era el crepúsculo, que le daba al paisaje un colorido precioso. Dirigí la mirada hacía la muchacha que se paró de repente, no me fiajdo en la vestimenta que poseía, pero todo era negro, su blusa, pantalón y sus zapatillas.

Me dio la horrible sensación al saber el porqué lloraba la mujer.

Acababa de salir de un funeral.

Comenzó a caminar lentamente, con la mirada en algún punto perdido en el suelo. Me dí el lujo de observarla un poco más: sus mejillas estaban sonrojadas y húmedas por sus lágrimas. Me pareció adorable, como si fuese una pequeña niña perdida en el bosque.

Pero no sabía que estaba equivocándose de cazador.

Arrugué la frente sorprendido. Mi mente estaba divagando otra vez en cazarla, así que retrocedí unos pasos con un leve sentimiento de culpa, ¿y si le pasaba algo? ¿si la atacaba un oso, un alce u otro animal peor? aunque tenía que admitirlo.

Eso era mejor que estar conmigo junto la ponzoña acumulada en mi boca. Dí varios pasos de regreso, concentrándome en olvidar ese detestable olor. Sí, detestable.

Detestable porque amenazaba con sacar el monstruo que llevaba dentro. Uno que, sinceramente, pensé había quedado en el pasado hace varias décadas atrás.

Un golpe sordo, una exclamación de sorpresa y pavor me hicieron voltear, la muchacha había caído en un barranco a varios metros del piso, era por un enorme oso, que al parecer estaba hambriento. Sin pensarlo corrí a buscarla, cazando al oso.

No entendía porqué había matado al oso, lo hice inconscientemente por un extraño coraje que había crecido dentro de mí al no poner detener la caída de la joven.

Sin pensarlo dos veces bajé a velocidad inhumana el pequeño barranco y recogí a la muchacha entre mis brazos. Parecía tan frágil en mis brazos que sentí una rara necesidad de protegerla, pareciera como si fuese a romperse con mi tacto. Intenté adentrarme en sus pensamientos hasta que caí en la realidad; no podía leer su mente. Comencé a frustrarme, la ponzoña acumulada y la confusión no me ayudaban demasiado, era la primera vez que deseaba utilizar mi "don" y no podía. Corrí buscando un lugar seguro para acomodarla, y casi al final del bosque visualicé una pequeña cueva escondida para colocar a la muchacha suavemente en unas hojas, pero se aferró a mis brazos, me quedé pasmado así que me senté y la muchacha mantenía su cabeza en mi pecho.

El ardor en mi garganta era casi insoportable y era por la cortada en su muñeca, por donde recorrían gotas de sangre, haciendo aún más atrayente aquel líquido carmesí. No, no lo haré, concéntrate Edward. Escuché los latidos de su corazón, cada vez eran más y más lentos.

No le quedaban muchos minutos de vida.

Me sentí desesperado, quería que viviera y que me dijera lo que sus pensamientos no me podían contar… sentí una enorme necesidad de no despegarme de su lado, de conocer aquellos misterios que la rodeaban. Sin darme cuenta estaba viendo al vacío tratando de encontrar respuestas de las preguntas que me torturaban, piensa rápido, se le acaban los minutos… me asusté.

Sentí una mano en mi mejilla y volteé a ver al pequeño ángel que se encontraba en mi regazo, sí, era mi ángel, había caído en mis brazos y tenía que protegerla de lo que sea o quien sea. Pero ¿cómo quitarle la vida a esta criatura?, no sería capaz y lo que me atormentaba era que sólo había una manera de que sobreviviera: transformarla. Debe de haber otra forma, ¡debe de haberla!. Su suave mano bajo hasta mi pecho, donde se supone que se encontraría mi corazón, que había dejado de latir hace décadas.

En un segundo abrió los ojos y me perdí en el marrón de su mirada, era... tan profunda, pero sólo duro un segundo ya que los cerró, mientras lentamente su mano caía, sólo un segundo.

Sólo un segundo me bastó para darme fuerzas y hacer algo que nunca había hecho, no dudé y posé mis colmillos en su cuello, inyectando la ponzoña para transformarla en lo que yo era, un monstruo. Su pequeño y frágil cuerpo empezó a convulsionarse y gritó, lo único que podía hacer era abrazarla fuertemente y decirle que lo sentía, que me perdonara… pero sabía que era demasiado tarde para arrepentirse de esto, ahora afrontaría las consecuencias de lo que hice pero a pesar de eso sentí una irracional felicidad de saber que estaría conmigo durante toda la eternidad. ¡NO!, ¡¿cómo esperas que esté con el que le quitó todo?

Me inundó una profunda tristeza al imaginarme su odio hacia a mi… se sentía peor de lo que imaginaba. ¿Cómo lo soportaría? no lo entendía, probablemente se asustaría de mí, de lo que la había convertido.

¡Diablos! me estaba llenando de remordimientos, pero era inevitable, ¿y si tenía familia? no podría regresar con ellos, ¿y si me tenía miedo? podría lidiar con ello, hablarle y enseñarle lo que era.

¿Y si tenía novio?

Un dolor se apoderó de mi garganta y no era lo ponzoña, era peor que eso. Era porque sabía que habría una gran posibilidad de que tuviera uno, ¿Y si me pidiera que lo transformara a él también?... suspiré, hacerme preguntas de ese tipo sólo me dañaba más y más. Te mereces eso y mucho más.


Las horas que le siguieron hasta el amanecer fueron largas y confusas, no entendía mi comportamiento del día anterior, había sido un inmaduro e irresponsable, me había llenado de preguntas, formulé varías respuestas y explicaciones para cuando llegara el momento. El día estaba oscuro, repleto de nubles que cubrían el cielo. Típico de Forks.

La joven seguía retorciéndose por el dolor pero desde hace una horas no había gritado. Una vibración en mi pantalón me aturdió, era mi celular y eso significaba sólo una cosa, mi familia. Me sorprendía que no fueron a buscarme, mi familia —sobre todo mi madre— solían preocuparse demasiado, desde la última vez que me había salido de mi casa, años atrás. Mi mamá no quería que me fuera y le preocupaba la idea de que tomara esa decisión estando solo. Otra razón para odiarme a mi mismo.

—¿Bueno?—mi voz se quebró al imaginarme a toda mi familia al teléfono.

—Edward Anthony Cullen, ¿se podría saber dónde estás?

—Perdón, sólo que... estuve entretenido cazando.

—Si claro—contestó Rosalie con sarcasmo . Ella y yo teníamos una relación extraña, había momentos en los que me agradaba y otros donde deseaba que Emmett se consiguiera una nueva esposa.

—Lo que digo es cierto— contesté firmemente.

—Hijo, me tenías muy preocupada...

—Lo siento Esme, pero…—. Tomé una gran bocanada de aire para tener el valor de continuar.— Pero no regresaré dentro de unos cuantos días.

—¿Qué?—vociferó Rosalie, su enojo era evidente al otro lado del teléfono.— ¿¡Primero te vas a cazar a no sé dónde, no regresas en toda la noche y ahora dices que te vas! ¿Tienes una idea de lo preocupado que estaban mis papás? ¡eres un idiota!.

—Rosalie, no quiero faltarte el respeto, pero tú te lo estás buscando— dije al borde de la ira, salió con más seriedad de lo que hubiera imaginado.

—Cómo si me interesaran tus quejas, por mí quédate con ellas.

—¿Entonces porqué hablas conmigo si yo estaba conversando con Esme, sobre mi ausencia que al parecer no te interesa?—. Cuestioné, la paciencia se me agotaba y la fuerza en mi mano amenazaba con romper el celular. — A nadie le interesa lo que piensas sobre mí.

—¡Por mí lárgate con alguien que le importe tu maldita y solitaria existencia!— gritó furiosa. Suspiré, no necesitaba comprar un celular, no otra vez.

—¡Rosalie, Edward! Son hermanos, no se comporten así, ¡parecen niños!

—Carlisle, solo llamaba para avisarles mi decisión y ¿saben qué? mejor regreso dentro de varios días, no quiero hablar con alguien que amargue mi "maldita y solitaria existencia"— cité con amargura las palabras de Rosa. Ahora si tengo a alguien.

—Hermanito por favor regresa, Rosalie lo dijo sin querer—dijo la pequeña bailarina

—"¡yo solo dije la verdad!"—

—¡Rosalie!— gritaron todos al unísono

—Lo siento a todos pero es mejor que regrese cuando se calme la situación— ahora si tenía una buena excusa- solo me llevará una semana, regresaré lo más pronto posible, pero no regresaré si Rosalie sigue fastidiando

—¡hola a todos ya llegué!— Oí la voz del oso gritando, pobre él no sabía lo tensa que estaba la situación, a lo que todos nos quedamos callados, dejando un silencio sepulcral.

—¿Qué sucede?

—Hablamos con Edward, Emmett.

—¡Hermano! ¿Cómo estás?— preguntó animadamente, su tono hizo que olvidara mi enojo cuando se burló de mí.—¿Dónde estás? Estaba muy preocupado.

—No pasa nada hermano… solo que no volveré hasta dentro de una semana.

—¿Por qué?— preguntó desanimado, parecía un niño al que le quitaban su juguete nuevo.

—Pregúntale a tu amada— dije irónicamente.

—Yo solo te dije la verdad.

—No te preocupes, mi "maldita y solitaria existencia" no te amargará el día durante una semana— cité otra vez sus palabras.

—Qué bueno, por mí lárgate para siempre.

—¡Rosalie!—. Gritó enojado el oso, nunca lo había oído tan enojado con Rosalie.— No digas eso, Edward es nuestro hermano y yo lo quiero mucho, así como tú también deberías y si está sólo no es porque sea amargado, si no porque todavía no a encontrado a la mujer ideal para él.— Jamás había oído palabras así y nunca pensé que saldrían de alguien como Emmett. Se oía muy maduro y por un momento dejo de ser ese niño inocente que todos conocíamos— Así que hermano, no te preocupes, regresa cuando tu lo creas necesario y todos respetaremos tu decisión.

—Gracias oso, te quiero mucho a ti y a todos los demás, incluso a Rosalie.

—Nosotros también te queremos.— con voz inocente añadió— para que veas que no soy malo llegando jugamos ajedrez, ¿vale?— Comencé a reír por el cambio repentino de Emmett. Sabía que su madurez era pasajera.

—Vale y prometo no leer tus pensamientos.

—No te preocupes, ya me acostumbré—su inocencia siempre me hacía sonreír.

—Me tengo que ir, adiós.

—Adiós hijo, te estaremos esperando con los brazos abiertos cuando regreses, cuídate.

—Gracias papá, los quiero a todos— acentué la palabra todos para que también se incluyera a Rosalie, a pesar de todo era mi "hermana". Colgué y guardé el teléfono en un bolsillo de mi pantalón. Percibí los movimientos de "mi ángel", un sentimiento de alegría recorrió mi espinal dorsal al pensarlo.

Era un emoción indescriptible, por primera vez sentí que pertenecía a algún lugar, que algo era mío, sólo mío y que nadie me lo iba a quitar. Deja de pensar en estupideces, Edward.

Rodé los ojos, estaba pensando en algo que probablemente no pasaría jamás. La recosté en el pasto y salí corriendo hacía el lago, necesitaba bañarme, estar toda una noche abrazado a ella había impregnado mi ropa de su olor, me recordaba a su olor siendo humana. Un olor que había desaparecido por siempre, sólo para cambiar a uno que era más común para mi. Me quité la ropa y me mojé el cuerpo, nadé un rato, despejando mi mente. Al salir me sequé con la camisa, pero no tenía otra. Me puse el suéter y el los pantalones. Corrí a la ciudad a comprar un poco de ropa y al estar ahí me pareció una buena idea comprarle a ella también. Volví a mi acostumbrada velocidad y suspiré de alivio cuando la vi en el mismo lugar, me puse la ropa que había comprado para mí y dejé la de ella a un lado.

Cuando regresé la cargué en brazos, apretándola contra mi pecho deseando que abriera sus ojos y que contestara las preguntas que rondaban en mi mente, que no podía encontrar en sus pensamientos. Mientras que al mismo tiempo algo en mi interior se armaba con las piezas rotas de lo que una vez había sido mi alma.

No sabía que haría en un futuro, no tenía idea de que hacer o pensar. Sólo sabía que ya no estaba solo, ya no quería estarlo. Mi existencia cambiaría, de eso estaba seguro, y me pregunté a mi mismo;

¿Qué estás dispuesto a hacer por el pequeño ángel en tus brazos?

La respuesta no tardó en llegar.

Todo, absolutamente todo.