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¡Continuamos!

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La verdad (II)

...fue el vampirismo lo que la mató.

¿El vampirismo?

¿Qué estaba queriendo decir Wakaba? Ella era la única amiga que sabía la verdadera identidad de Yuuki, pero, ¿a dónde quería ir a parar?

Frunció el ceño, y de nuevo el recuerdo de la chica estuvo a punto, sólo a punto, de desgarrarle el corazón.

Quería saber qué cojones estaba pasando, o no podría aguantarlo más.

No esperó. Se vistió con su uniforme negro y salió al pasillo, andando con pasos largos y decididos, sin preocuparle ni qué hora era ni si el ruido que hacía había despertado a alguien.

Aporreó la puerta del despacho del director, a mano izquierda, tan fuerte que sintió la madera desquebrajarse justo antes de que el hombre que le había acogido, criado y llenado la cabeza de mentiras le abriera la puerta.

- Zero-kun... - dijo el director, rascándose la cabeza sorprendido - ¿Qué es lo que...?

Pero el guardián lo empujó a un lado y entró, a penas conteniendo la rabia en su voz.

- Se acabó – sentenció, girándose y mirando al director a los ojos – quiero, no, necesito saber qué pasó de verdad.

El director Cross escudriñó la mirada del prefecto, y se dio cuenta que lo sabía.

Sabía que, una vez más, su padre adoptivo le había ocultado algo.

Pero en vez de decir nada, sonrió y le puso una mano tranquilizadora en el hombro:

- Vamos, vamos, ¿qué estás diciendo? ¿Sabes la hora que es?

- ¡No me toques!

El joven apartó la mano de un manotazo.

- Zero... - susurró el otro.

- ¡Deja de tratarme como a un imbécil! - dijo Zero, sin gritar, pero con los puños apretados - ¿Qué coño le pasó a Yuuki? ¿Por qué nadie me dice nada? ¿Qué está pasando?

Cross se quedó callado un momento. Después, lleno de tristeza, cerró la puerta del despacho y le pidió a Zero que se sentase y que bajase la voz, que era tarde.

Zero obedeció, lleno de una corrosiva expectación, enfadado consigo mismo por no haberle obligado antes a contarlo.

- Verás, Zero, a pesar de ser tu uno de ellos, hay muchas cosas que no sabes de los vampiros – comenzó el director, recostándose contra su sillón y apoyando la cabeza en los dedos de la mano derecha.

El director empezó entonces a relatar el pasado de Yuuki, punto por punto. Puso especial énfasis en el momento en que su madre, para protegerla, había lanzado sobre ella un hechizo que la convertiría en humana y ocultaría su verdadera naturaleza ante los ojos de los demás.

- Pero, desgraciadamente, la madre de Yuuki no tuvo en cuenta posibles imprevistos – explicó – El hechizo estaba diseñado para mantener a Yuuki en su forma humana incluso durante toda una vida. Aún así, el hechizo también la dejaba expuesta a la debilidad humana. La verdad, Zero, es que el cuerpo de Yuuki no pudo soportar el cambio de especie.

Zero miraba el suelo, mientras la nueva información se apelotonaba en su mente, revuelta y catastrófica.

- El día en que se desmayó no fue, en realidad, el primero. Nos hemos enterado de que ya desde antes sufría dolor en el corazón y bajadas de tensión repentinas, pero ella lo ocultó todo, porque estabamos demasiado ocupados rechazando el ataque del Consejo y ella no quería que nada nos distrajera... Además, se hubiera odiado si Kaname-kun se preocupara por ella, o tuviera que postergar más la marcha de la academia por culpa de una tontería como aquella.

- Muy propio de ella – comentó amargamente Zero.

- Sí, Yuki-chan es... era así. Fuimos todos unos egoístas, ni tan siquiera capaces de comprender que nuestra pequeña lo estaba pasando mal. Para cuando todo se descubrió, ya era demasiado tarde, Zero-kun. Su propia sangre estaba reaccionando contra ella, su corazón se paró, y ni tan siquiera la transfusión de la sangre pura de Kaname-kun surgió efecto alguno, a pesar de que él perdió dos litros en el intento – hubo una pausa silenciosa y larga, y al final añadió – Te aseguro que puedes dar gracias de no haberla visto acabar así.

- Te equivocas – dijo Zero con un tono de hielo – no sabes lo que dices.

"La dejé sola"

- Tal vez, tal vez – asintió despacio el director- Pero tanto yo como los alumnos nocturnos estuvimos con Kaname y Yuuki toda la mañana, tarde y noche, hasta que... nos dejó. Y aunque yo mismo tuve que salir de la habitación varias veces para no perder el control, te aseguro que bastaba mirar la cara de Kaname-kun para comprender el significado de la palabra "agonía".

Por una vez, Zero estuvo seguro que eso sí era verdad.

Pero aún así, había algo que no entendía. ¿Por qué tenía la sensación de que el resto del mundo parecía inalterado tras la muerte de Yuuki? El mundo había seguido adelante, como cada día, y todo seguía igual. Pero al menos, ¿no debería estar una parte de él allí, sufriendo como Yori, el director, o como él mismo?

- ¿Dónde está Kuran?

Y al mismo tiempo que la pregunta afloraba de sus labios, ya sabía la respuesta. Y mientras el director Cross murmuraba un "no está aquí" en voz baja, todas las piezas giraron y se colocaron en fila.

La razón por la que el director le había ocultado la muerte de Yuuki.

La razón por la que la clase nocturna estaba tan alterada, sin siquiera atreverse a pisar la escuela.

- Se ha ido.

Tocaron a la puerta, y antes de que el director pudiera decir nada, el estudiante vampiro Aido asomó sus brillante cabello ondulado por el resquicio, diciendo atropelladamente:

- Parece que ya se están calman...

Enmudeció al ver al ex-humano sentado enfrente del director.

El instante siguiente fue un caos. El escritorio del director Cross voló por los aires y rompió la ventana limpiamente, a pocos centímetros de la cara del ex-cazador. Zero se giró hacia el vampiro, o algo que se le parecía, puesto que tenía los ojos de una bestia y no de un ser racional.

Aido no pudo reaccionar. Sencillamente, en un instante estaba ahogandose en aquellos pozos carmesíes y ahora estaba ahogándose también, pero porque la garra del prefecto le aprisionaba el cuello.

Sintió un dolor agudo en las lumbares y comprendió que había sido estampado contra la pared, no sin antes atravesar la puerta del despacho.

- ¡Vosotros! - gruño más que habló Zero – Siempre estropeando las vidas de todo el mundo.

La mano se cerró como un cepo y Aido empezó a temer seriamente por su vida, en aquellas condiciones ni siquiera podía invocar algo de su magia de hielo.

- ¡Basta, Zero! - gritó el director, que se había levantado y parecía totalmente serio- ¡Déjalo ir, el no ha hecho nada malo!

Zero rió con un deje gutural. Daba miedo.

- ¿Cómo que no? Su mera existencia es repugnante. Es un parásito, como todos ellos.

Tras decir esto, descargó un puñetazo sobre la mandívula del rubio, que sintió como la sangre le inundaba la boca.

- Hijo de puta – escupió Aido – Kaname-sama debió acabar contigo hace tiempo.

- Sí. Pero no lo hizo.

Sentía la sangre arder en cada una de sus venas de nuevo. Por fin había despertado. Durante aquella última semana, había evitado pensar en Yuuki, se había convencido de que su muerte prevenía a su vez la muerte de humanos inocentes, de que él era un cazador de vampiros.

Pero ahora había abierto los ojos, y eran ojos sedientos de venganza. Los sentimientos desbordaban su corazón ya maltrecho, y sintió que sería capaz de destrozar toda la escuela en un ataque de rabia.

Levantó el brazo otra vez, pero una mano precisa le agarró el codo, le dobló la pierna con la rodilla y lo hizo rodar sobre su espalda. La llave del director dejó a Zero en el suelo, pero parecía que no le había hecho ningún daño.

- ¿Qué demonios te pasa? - le dijo el director, y Zero, viendo que ahora una hoja larga y hermosa, perteneciente a la espada de Cross, le apuntaba a la yugular, se quedó quieto.

- Él no me mató, no – repitió - Prefirió matar a Yuuki.

- ¡Cómo te atreves...! - exclamó Aido entre jadeos sin creer lo que oía, apenas podía respirar.

Pero a Zero le bastó mirar al director para saber que había dado en el clavo.

- Hanabusa-kun, necesito un hechizo de sueño. Ya – dijo el director – No quiero que nadie vea esto.

Aido se esforzó y a pesar de la falta de concentración, consiguió sumir a todos los alumnos en un placentero sueño tras el estruendo que probablemente los había despertado.

- No es que su cuerpo fuera demasiado débil, ¿verdad?- continuaba diciendo Zero, como para sí mismo más que para ellos- No fue ningún accidente. Es que el hechizo estaba diseñado para durar toda una vida, o al menos hasta que Yuuki estuviera preparada, o tal vez necesitaba también un contrahechizo. Kuran lo sabía, y aún así... ¡la mordió! ¡El muy cabrón la mordió para convertirla! ¡Para hacerla suya!

- Zero – el tono del director era conciliador – Kaname-kun no podía saber nada de eso a ciencia cierta. Él intuía algo, tal vez, pero si Yuuki no hubiera recuperado su forma antes de todo lo de Rido y el Consejo... podría haber pasado una desgracia. Para ella y para todos. Y no podía obligarla a huir con él sin al menos una explicación.

- Sus razones no me importan.

- Trata de entenderlo, no es tan sencillo...

- ¡Él lo sabía!

- Zero...

- Tu hija ha muerto, director.

El director sintió un pinchazo de dolor. Aido no decía nada, absorto en las palabras del prefecto. Pasaron cinco segundos, diez o quince... hasta que Zero se levantó y con total tranquilidad, apartó la espada que aún apuntaba a su cuello.

- ¿Adónde ha ido? - preguntó, y esta vez su voz estaba desprovista de cualquier emoción.

- No lo sé.

- ¿Hacia el norte, donde quería ir con Yuuki?

La expresión del director no cambió, pero al ver el brillo de temor en los ojos de Hanabusa Zero supo que eso es lo que el rubio pensaba también.

- ¿Qué vas a hacer, Zero? - preguntó el director, serio.

- Voy a buscar a Kaname Kuran, y cuando le encuentre, le desgarraré el corazón.

Aido apretó los puños.

- ¿Y después? - volvió a preguntar Cross.

- Después los cazaré a todos. Uno por uno.

"Eso te incluye a ti, ¿no?" pensó el director, y estaba triste.

- Si haces eso, te arrepentirás toda tu vida.

- No voy a vivir mucho, de todos modos.

El director frunció el ceño, deseando pegarle una bofetada a aquel idiota que no valoraba su vida... ni la de otros.

- No permitiré que toques a los alumnos de la escuela.

Zero sonrió con amargura.

- En verdad llegué a respetar tu empeño en cumplir un sueño imposible. Pero los vampiros y los humanos nunca podrán vivir en paz. Lo siento, padre.

Y aunque aquella palabra pronunciada por primera vez en los labios de Zero debería haberle hecho feliz, en ese momento sólo le hizo entristecerse más.

- Te estás equivocando. He enterrado a una hija, Zero. No quiero enterrar también a un hijo.

Alzó la mano y acarició un mechón de pelo plateado.

Zero cerró los ojos y sin una palabra más de despedida, se fue a su cuarto y recogió sus cosas, colgándose la Bloody Rose al cinturón.

Ya no podía quedarse más en aquel lugar.

No cuando todo le recordaba a ella.

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