"Carol cariño, si soy yo." Dean no sabía que decir. Nueve años de un matrimonio perfecto habían sido suficientes para no querer ahora pensar en la posibilidad de perder a su mujer por tener que decirle la verdad sobre Sam. "Tengo que hablar contigo ¿Cuándo volvéis?"
"Dean ¿Qué pasa? suenas raro."
"No me gustaría decírtelo así, por teléfono, es difícil de contar."
"Vale ahora si que me estás asustando ¿Qué ha pasado? ¿va todo bien?"
"Si, en realidad si, mucho mejor de lo que esperaba. ¿Por qué no adelantes tu vuelta y te lo explico todo?" Dean pensó que había llegado el final. ¿Cómo se iba a tomar su mujer que le hubiera estado engañando y mintiendo durante todo ese tiempo? Tantos años con la historia de que Sam había muerto en un accidente de coche y ahora resultaba que Carolina no conocía a su propio marido.
"Bueno, pero por favor Dean, cariño dime que todo va bien." Dean escuchó la plegaria en la voz de su mujer y sintió que el corazón se le partía en dos. No quería hacerle daño, no quería verla llorar por pensar que todo su matrimonio había sido una completa mentira.
La quería, estaba enamorado de ella, completa e irremediablemente enamorado de ella y pensar en volver a estar solo, en perder al amor de su vida por su culpa, era algo que le hacía sentir fatal. Adoraba esos ojos castaños y su pelo oscuro, no podía quitarse de la cabeza la forma en la que se movía con el viento. Todo en ella era perfecto, porque ella era simplemente perfecta; la mujer de su vida, con la que quería pasar el resto de su existencia.
"Claro, te prometo que todo va bien, es sólo que algunas cosas han cambiado un poco." No dijo nada más y carolina tampoco preguntó más. Si conocía bien a Dean, sabía, por el tono agobiado de su voz que había algo importante que tenía que contarle, algo que desde luego no podía esperar.
"Mañana por la mañana estaremos en casa. Dean, te quiero pase lo que pase, ¿lo sabes verdad?"
"Claro, yo también te quiero."
Nada más colgar el teléfono volvió a entrar en la habitación. Sam se había quedado dormido. Castiel no le había avisado que su hermano estaría tan débil, como si realmente se estuviera recuperándose de verdad de algo realmente grave.
Lo miró ahí quieto, durmiendo como si nada hubiera ocurrido, sonrió con ternura, todavía seguía siendo su pequeño Sammy, al que podía cuidar otra vez, del podía hacerse cargo y el que había vuelto a su familia.
Se sentó a su lado, pero Sam ni siquiera se inmutó, tomó su mano, algo más grande que la suya y esperó a notar algún movimiento, algo con lo que poder comprobar que no se había tratado de ningún sueño y que Sam no estaba en coma. Pero no pasó nada. Su hermano estaba completamente dormido.
"Dean." El antiguo cazador se dio la vuelta.
"Lindsay hola."
"Hola, te estaba buscando, bueno no se, seguramente es un tontería, pero me ha dado mala espina y creía que tenía que decírtelo." La joven enfermera se quedó en la puerta, era una estupidez de eso estaba convencida, pero algo en su interior le decía que tenía que hablar con Dean.
"Claro, dime ¿Qué pasa?" Los dos salieron al pasillo, aunque Sam estaba dormido, Dean no quería molestarle.
"He escuchado al doctor Jonson hablar sobre tu hermano. En realidad estaba raro, no se, escomo si el doctor no parecía el mismo, hablaba de una forma muy extraña, no sabría explicarte y se sorprendió de que Sam estuviera vivo."
"¿Y eso es extraño por que…?"
"Dean, todo el mundo en este hospital conoce a Sam. Tu hermano ha pasado diez años en coma y ha sobrevivido sin ningún tipo de daño cerebral. ¿No crees que eso que lo suficientemente extraño como para que todos conozcan la historia de Sam?"
"Bueno tal vez…"
"No, Dean, ya se que es una locura que me preocupe, pero el doctor Jonson es uno de los médicos más veteranos de hospital, conoce los casos más complicados y desde luego estaba al tanto del caso de tu hermano." Dean no cambio de expresión, por lo que Lindsay empezó a pensar que estaba haciendo el ridículo y que Dean no la estaba tomando en serio. "Mira da igual, sólo quería que supieras que… es igual, seguro que ha sido una locura transitoria por haber inalado ese asqueroso olor a azufre."
La chica se dio la vuelta y se encaminó pasillo adelante. Acababa de quedar como una completa estúpida delante de Dean. "Seguro que cuenta esto a Sam y también el me ve como una tonta."
"Lindsay espera." Dean puso su mano sobre el hombro de la chica y la paró. Ella se dio la vuelta aunque ni siquiera le miró a los ojos de lo avergonzada que estaba. "¿Has dicho olor a azufre?"
"Si también eso fue muy raro, pero seguro que no era nada. A veces soy una completa paranoica, no debería leer tanto sobre conspiraciones."
"Creo que ahora mismo no se trata de ninguna conspiración y si te fías de mi palabra, te irás de aquí y evitarás estar en contacto con mi hermano o conmigo. Me caes bien, no quiero que te ocurra nada malo por nuestra culpa."
Dean no le dejó responder y volvió hacia la habitación, pero la chica le siguió. Ahora que acababa de picarle la curiosidad no la iba a dejar así sin más. Dean entró el habitación, pero no pudo cerrar la habitación a tiempo para que ella no lo hiciera también.
"Te he dicho que te mantengas al margen."
"Claro que si. Llevo tres años cuidando noche y día de tu hermano y ahora me dices tu todo enigmático que me aleje de vosotros. Si es como pretender que no tenga curiosidad por esto, estás muy equivocado."
Lindsay se apoyó en la puerta y sonrió. No iba a marcharse de allí, no ahora que había encontrado algo que por fin, estaba convirtiendo su insignificante vida en algo importancia. Aunque no estaba segura de lo que se trataba, por la forma de comportarse de Dean, ella sabía que algo estaba ocurriendo.
"Muy bien tu ganas, pero cuando te diga que te estés quieta en un sitio lo haces. Esto se puede poner feo y no me gustaría verte…" El sonido de alguien llamando a la puerta hizo que Dean dejara de hablar. "¿Cuánta gente sabe que mi hermano está aquí?"
"Los médicos solamente, no conocéis a nadie más y sabes tan bien como yo que durante todo este tiempo, eres el único que se ha preocupado por Sam." Lindsay no sabía porque estaba hablando en voz baja, pero la forma en la que Dean estaba mirando a la puerta, como si se tratara de un león a punto de caer sobre su presa, le dio que pensar.
"Voy a entrar, si el chico está solo será fácil acabar de una vez por todas con esto." Al escuchar eso, Lindsay se volvió sobresaltada hacia Dean. Ni siquiera le gustaban las películas de acción y mucho menos le gustaba esa sensación en su estómago de que algo grande estaba a punto de ocurrir.
Dean había desaparecido de su vista. Miró a su alrededor pero el cazador no aparecía por ningún lado. La puerta se abrió por completo delante de ella y allí apareció un enfermero que pareció sorprenderse al dar con ella.
"George, mira que me has dado un buen susto. ¿se pude saber que haces aquí?"
"Nos han cambiado el turno, ahora me toca vigilarle a mi." Cuando el muchacho miró hacia la cama, Lindsay pudo ver un brillo siniestro en su mirada que le hizo estremecerse.
"No." De un salto, la chica se puso entre la cama y el enfermero que resopló con fuerza, pues aquello no le había hecho ninguna gracia. "Quiero decir que prefiero quedarme. Llevo mucho tiempo cuidando de él y ya siento que le echo de menos cuando no lo tengo cerca."
"Lindsay ¿Por qué no hacemos esto por las buenas y te quitas de en medio?" George le mostró un cuchillo a Lindsay y ella retrocedió. Jamás se había enfrentado a nadie y menos cuando ese alguien tenía un cuchillos justo delante de ella.
"Creo que te has equivocado porque hoy no es el día de los inocentes."
"No me he equivocado en nada ricura, tu eres la que no debería estar aquí." El enfermero le dio un fuerte empujón y la apartó de su camino, pero no pudo llegar muy lejos, pues alguien tiró de él. Se dio la vuelta, dispuesto a clavarle el cuchillo al que no le estaba dejando hacer su trabajo, pero antes de poder intentarlo, un chorro de agua cayó sobre su rostro.
El chico se retorció y de su cara comenzó a salir humo. Mientras lo miraba Lindsay creía que su rostro se iba a deshacer y que alguien le había tirado ácido. Avanzó hacia él, al fin y al cabo seguía siendo enfermera y sentía que tenía que ayudarle.
"No te acerques, el demonio todavía sigue dentro de él, pero note preocupes no es muy fuerte y con un poco más de insistencia se habrá marchado."
"¿Has dicho demonios?" La chica se volvió hacia Dean, que tenía un libro en la mano y estaba recitando ciertos cánticos en latin. "¿Se puede saber de que va todo esto?"
"Has estado muy bien entreteniendo al demonio, pero te dije que te marcharse, te avisé que podía ocurrirte algo si estabas cerca de mi hermano o de mi. Así que ahora, no digas nada durante un minuto y tal vez luego te pueda contar algo."
"¿Crees que soy el único que lo sabe?" Dijo el enfermero, que había caído de rodillas. "¿Crees que Castiel fue tan cuidadoso como para evitar dejar ningún tipo de rastro?" Se echó a reír aunque Dean sabía que en pocos momentos la criatura habría desaparecido del cuerpo del muchacho. "Pero ahora tenemos una ventaja cazador."
"¿Por qué te ha llamado cazador?" Dean no contestó, pues tenía que saber que era lo que los demonios estaban tramando y hasta que punto estaba su hermano en peligro. "Dean."
"Tu has venido y hemos podido leer en tu mente. Tu mujer es muy hermosa, no está mal tu disfraz de chico respetable y tus hijos…"
"No os atreváis a tocarles o te juro que os mataré uno a uno." La sola idea de que su familia estuviera en peligro otra vez por su culpa, le dio ganas de matar allí mismo al demonio, pero al darse cuenta que había un muchacho vivo, se consiguió contener.
"Ya es tarde para eso cazador, tal vez destruiste a nuestro señor Lucifer, pero somos más y tarde o temprano acabaremos con todo lo que quieres. Ahora que Sam ha vuelto podemos matar al asesino de nuestro amo."
Dean dio un paso más, pero el chico se convulsionó y el demonio, convertido en humo salió despedido por su boca. Lindsay gritó al verlo, pero Dean no se dio cuenta. Todo estaba comenzando otra vez, sólo que ahora sus hijos y Carolina también estaban en peligro.
"¿De verdad quieres ayudarnos?" La chica tardó unos momentos en contestar pues todavía estaba confusa, pero al final asintió con la cabeza. "Entonces consigue el alta de mi hermano porque me lo llevo de aquí."
"Pero no puedes, Sam no está en condiciones."
"No voy a permitir que una cuadrilla de demonios vuelvan a intentar matarlo ahora que vuelve a estar con vida. Se donde llevarlo." Cogió el teléfono y marcó con decisión. "Bobby, soy Dean."
