Cáp.3 ¿ASI COMO ASI?
Kagome no podía hacer lo que el quería. Sabía que nada había cambiado. Efectivamente, se habían acostado y había sido tan maravilloso y mágico que por un instante creyó sentir una especie de conexión y ternura por parte de el, que le llego hasta lo más profundo de su alma y de su corazón, pero eso no cambiaba absolutamente nada en inuyasha. Para el solo era sexo. Debía de pensar que era fácil de tomar y manipular. Le había bastado con llevarla a la cama para que ella casi le rogara que lo hiciera. Debía de pensar que ella era fácil.
Había sido una estupida, se dijo con amargura.
-no pienso en nada- mintió. Ella mientras el agua caía en la cafetera. Pensó que mientras mas tiempo estaba junto a el mas mentiras se le salían de la boca cosa que ella nunca hacia. -¿y tu? ¿Qué piensas tu, Inuyasha?-
Inuyasha pensó que era mejor que no lo supiera, que no supiera que estaba deseando con todo su ser volvérsela a llevar a la cama. Además, eso solo mostraría más debilidad de la que ya había mostrado. Y eso no le gustaba, no le gustaba nada.
-pienso que… debería disculparme- contesto el desviando la mirada para que no viera la duda que se reflejaba en su rostro. –no… no quería… que… que…- furioso por no poder completar esas insignificantes palabras se paso los dedos por el cabello como signo de frustración al tiempo que tomaba una profunda bocanada de aire –no quería que pasara-
-bueno, ya somos dos-
Inuyasha sintió un puñetazo en la boca del estomago. ¿Tenia que ser tan fría y directa? ¿No podía haber reconocido al menos que tenia parte de culpa? Sin embargo, se dio cuenta de que no iba a hacerlo. Volvió a la ventana. La limosina seguía allí y deseo montarse en ella y desaparecer. Quería olvidar lo que había pasado, olvidar que cuando fue allí quería dejar zanjada su situación. ¡Zanjada! En cambio, sintió como si hubiera abierto una herida profunda y letalmente dolorosa.
-¿y bien?-
Inuyasha oyó la pregunta de kagome, se dio la vuelta y la vio sentada en el brazo de un sofá con una taza de café en la mano.
-¿debo entender que hay alguien más?- añadió ella tratando con todas sus fuerzas de que el no notara que le temblaban las manos ante la repulsiva idea.
Era una pregunta absurda en esas circunstancias y inuyasha estuvo tentado de contestarle que ese era el motivo de su visita, que quería casarse con alguien cuando estuviera libre. Y marcharse ya mismo. Pero no se atrevió a decírselo, en cambio la miro directamente a los ojos con indiferencia y dijo:
-mi padre esta muriéndose-
Decidió no tener contemplaciones, pero no se había esperado que ella palideciera de aquella manera.
-¿inu no esta muriéndose? ¡Dios mió!, ¿Por qué no me lo habías dicho? No puedo creérmelo. Estaba tan en forma, tan fuerte…-
-el cáncer no se para ante la fuerza- replico inuyasha melancólicamente. –se encontró un bulto, pero no hizo nada al respecto. Dijo que estaba muy ocupado. Cuando fue a ver al medico, ya era tarde para que lo operaran-
-dios mió- kagome dejo la taza, se agarro la cara con las dos manos y los ojos se le empaparon de lágrimas. –pobre inu no es un hombre muy bueno y amable. Se poto muy bien conmigo. Siempre me acogió, al contrario que tu madre-
Inuyasha no dijo nada. Sabía que era verdad. Su madre nunca quiso que se casara con una extranjera porque dijo que tenían principios distintos. Y al final, resulto tener razón.
-¿desde cuando lo sabes?- pregunto kagome que no sabia que tenia que ver la enfermedad de inu no con su divorcio y presintió que había cambiado intencionalmente de conversación. -¿quiere verme?-
Inuyasha se quedo atónito. Si bien sabia que su padre estaría mas que encantado de que su queridísima nuera lo visitara. Pero su madre nunca lo consentiría. Siempre le extraño ese repentino cambio de actitud en ella pues al contarle de que se casaría, estuvo más que feliz e incluso la acogió amablemente durante unos días antes de que la rechazara sin ningún tipo de explicación, su madre no acostumbraba ser ese tipo de persona normalmente era una mujer amable y cariñosa.
Ella le había suplicado durante cinco años que fuera a ver a un sacerdote para que intentara conseguir la anulación del matrimonio con Kagome. Estaba segura de que el padre haría todo lo posible para obtener alguna dispensa especial de la iglesia.
Inuyasha, sin embargo, no había tenido ninguna prisa en acabar con esa relación. Le había venido muy bien en todos los sentidos. Entre otros, para disuadir a las caza fortunas. Sin embargo, ya no podía mantener esa situación y tenia que divorciarse.
Kagome considero ese silencio como una respuesta.
-entonces no entiendo. ¿Que tiene que ver la enfermedad de tu padre con nuestro divorcio?-
Inuyasha suspiro y se metió las manos en los bolsillos.
-mi padre quiere un nieto, nietos. Miroku es sacerdote y a Seshomaru no le interesan las mujeres hace no se cuanto tiempo. Quien sabe cual es el motivo y ni me interesa. Solo quedo yo-
Kagome se quedo sorprendida por el comentario y desvió la mirada tristemente –pero… ¿Qué pasa… con… con el niño?-
-¿el niño?- pregunto el sin inmutarse –yoko murió. Creí que lo sabias-
-¿Por qué lo creías?- kagome estaba furiosa y dolida ante los recuerdos del pasado. –no hemos hablado mucho, inuyasha-
El se encogió de hombros para quitarle importancia.
-yoko tuvo una neumonía muy grave a las dos semanas de nacido. Los médicos intentaron salvarlo, pero era demasiado pequeño, prematuro-
-kagome sintió una profunda pena y compasión sincera por lo ocurrido -pobre de sa…-no alcanzo a decir nada pues inuyasha la interrumpió bruscamente para que no la mencionara.
-si, pobre- repitió el aunque con cierta amargura –no se merecía eso-
-no. nadie lo merece- kagome volvió a agarrar la taza y dio un sorbo de café.
El pasado era pasado y no tenía sentido removerlo. No debería haber ido allí. Debería haber hecho caso al abogado y dejarle que se ocupara el. Sin embargo, no se había dado cuenta de lo peligroso que seria volver a estar cerca de Kagome.
-bueno- dijo el cuando el silencio se hizo insoportable. –tengo que irme. Estoy seguro de que ahora me odiaras y no soportas ni siquiera el verme, pero te aseguro que no tenia intención de… de…-
-¿seducirme?- añadió ella lancolicamente.
-no- contesto inuyasha exaltado por los recuerdos vividos hacia menos de unas cuantas horas. –no creo que fuera una seducción. Y además… tú tampoco te quedaste de brazos cruzados-
-de acuerdo-kagome se sonrojo hasta las orejas –quizás no tenga razón, pero no seria la primera vez que lo usas contra mi-
-¿Qué esperas que diga, Kagome? Vine a comunicarte mi intención de pedirte el divorcio, nada más. No esperaba encontrarte medio desnuda-
-¡¿que?!- kagome no daba crédito a lo que inuyasha decía ¿acaso le estaba echando en cara lo que había pasado? Así que enderezo la espalda y levantó la barbilla desafiante -¿Qué?! ¿Soy tan irresistible que no pudiste hacer nada?- inuyasha se le quedo mirando con un brillo en los ojos que no supo descifrar y un deseo tan conocido que le corto completamente la respiración para luego recorrerla descaradamente con la mirada sin dejar escapar ningún detalle para lo que kagome involuntariamente volvió a sonrojarse. Inuyasha pensó que desgraciadamente le encantaba aquel rubor que cubría sus delicadas mejillas jamás había visto a ninguna mujer sonrojarse en su vida y la única que había visto era a ella. Ella. ¿Porque siempre tiene que ser ella? Farfulló para si mientras se dirigía hacia la puerta. –mi abogado se pondrá en contacto contigo para aclarar los detalles. Pese… pese a tu actitud, no rechazare las peticiones que haga tu abogado-
Kagome se levantó de un salto y casi tira el café.
-¡ya te lo he dicho Taisho! ¡No quiero ni un miserable centavo de tu dinero!. Puedo mantenerme sola, gracias-. Dijo tratando de controlarse para verlo directamente a la cara sin importarle que una solitaria lágrima rodara por su mejilla. Ya nada importaba. -Fue un gusto volver a vernos. Espero y siempre estés bien así que…-
-pequeña… - inuyasha trato de poner la mano en su mejilla pero kagome reacciono mas rápido y se aparto de golpe.
-¡olvídalo!- kagome fue hasta la puerta y la abrió de par en par. –vete antes de que diga algo que pueda lamentar-a kagome no le importo que la viera llorar, ya… ya nada importaba.
Inuyasha tomo un avión a Japón esa misma tarde. Había pensado quedarse un par de días más. Le habían invitado a una reunión de la asociación de productores de petróleo, pero se disculpo y mando a su ayudante. A su padre no le haría ninguna gracia. Estaba encantado de que Taisho's internacional se hubiera ganado ese respeto de los países productores de petróleo y eso había demostrado que había acertado al ceder sus riendas a su segundo hijo.
Inuyasha, sin embargo, no estaba tan seguro. Ya se había dado cuenta de que dirigir una empresa de esas dimensiones le exigía demasiado tiempo. Incluso podría decirse que las responsabilidades que asumió hacia ocho años habían tenido parte de culpa en la ruptura de su matrimonio. Si kagome y el hubieran tenido mas tiempo para hablar, el podría haberla convencido de que el no…
Ya había oscurecido cuando su avión privado aterrizo en la isla que era propiedad de los taisho cerca de las costas de Japón. Era una pista de aterrizaje privada. Aunque la isla atraía turismo, los turistas llegaban en barco y se quedaban en la parte sur de la isla.
Los faros del coche le indicaron que su padre había recibido el mensaje que le envió, aunque supuso que Inu no querría saber porque no se lo había dicho el personalmente.
Su ayudante personal un muchacho tranquilo y de buenos modales llamado Houjo Akitoki fue el primero en bajar del avión para organizar el transporte que los llevaría a la residencia de los taisho. Al final de la pista había un todo terreno que esperaba a que terminaran todos los trámites del aterrizaje. Cuando Inuyahsa llego a el, comprobó que el chofer de su padre no estaba al volante. Si no una hermosa mujer. La que esbozo una sonrisa acogedora aunque levemente engreída.
-¿una agradable sorpresa, no?- pregunto ella cuando Inuyasha se sentó a su lado.
El apretó los dientes porque habría preferido no verla esa noche, pero al darse cuenta del motivo, sonrió y se inclino hacia ella para besarla.
-muy agradable- contesto el hipócritamente. – ¿has esperado mucho?-
-solo seis años- contesto ella hábilmente. -¿me has echado de menos?-
Inuyasha se giro para ponerse el cinturón de seguridad.
-¿tu que crees? ¿Qué tal esta mi padre?- pregunto el para cambiar de tema. –seguro que no esta muy contento porque haya faltado ala reunión-
-esta… bien… bien.- ella estaba impaciente mirando por el retrovisor, porque Houjo Akitoki había metido el equipaje en el maletero con cierta brusquedad. -¡HEY! ¡Ten mas cuidado! ¡Cuidado!- dijo ella recalcando hasta la última letra sin embargo, la sorpresa de ella fue descomunal cuando Houjo abrió una puerta y se monto atrás subiendo un pie en el respaldo de ella y la miro retadoramente.
Inuyasha tuvo que voltearse a la ventana y taparse la boca para contener la risa.
-¿tiene ¡ESTE! que venir con nosotros?- pregunto lanzándole una mirada acecina al que ocupaba el asiento de atrás.
-¿Por qué no?- el tono de Inuyasha era de inocencia para disimular el alivio.
Ese estupido bueno para nada de Houjo lo conocía muy bien para saber que no quería irse a solas con ella, parecía que el chico a simple vista era inofensivo pero tenia su carácter y esa forma en aventar las maletas lo confirmaba. Además, a Houjo ella no le cae nada bien y no duda en demostrárselo. Un ejemplo de ello era que siempre que estaban cerca o le abollaba el carro o accidentalmente se le derramaba lo que estaba tomando, pues para ella sus cosas o cualquier que tuviera mucho valor eran oro. Se dijo que debería decir algo pero no lo hizo. Simplemente le daba igual e izo un gesto con la cabeza hacia el ordenador portátil. –Mi padre querrá un informe de las reuniones que hemos tenido en América-
-¿las reuniones con tu esposa?- pregunto ella con un tono suave aunque no ocultaba la irritación que le causaba que se haya encontrado con su aún esposa –a mi también me gustaría enterarme de esas reuniones-
Inuyasha resoplo algo irritado y exasperado por el comentario.
-No- contesto secamente –de las reuniones del trabajo-
-esas reuniones son muy aburridas ¿no?- siguió ella con tono frívolo –háblame de TU mujer. ¿Crees que pondrá obstáculos?-
Al instante sintió una patada en su asiento a lo que volteo exaltada Houjo al instante se la quedo mirando con una cara de ¿y ahora que hice? Pero no la engañaba esa cara de inocencia.
Inuyasha volvió a contenerse para esta vez no revolcarse de la risa. Pero eso no le quitaba la irritación que sintió al escuchar el modo en que ella hablaba de su mujer puso sus manos en puño asta que se le pusieron los nudillos blancos, tenia que controlarse se dijo con impaciencia. No era posible que aún después de tantos años siguiera sintiendo esa necesidad casi obsesiva por protegerla tenia que librarse de ella y rápido.
-no, ningún obstáculo Kikyo- se volvió hacia Houjo ya mas tranquilo -¿recogiste todos los documentos del avión?- dijo así cambiando rápidamente de tema dejándole claro a ella que no lo quería volver a tocar. Kikyo que iba a poner el todo terreno en marcha, capto que no era el momento de hablar del asunto; ya habría tiempo mas tarde.
Salieron del aeropuerto y tomaron el camino sinuoso que los llevaba a la residencia de los Taisho. Los faros del coche solo iluminaban las hierbas silvestres que crecían a los lados de la carretera. Era primavera y seria maravilloso despertarse al día siguiente oyendo el susurro del mar y no el ruido del tráfico de la ciudad. Sin embargo, pensar en la ciudad que hace unas horas acababa de dejar no era lo mejor que podía hacer en ese momento.
Le llegaban demasiados recuerdos y no podía evitar la comparación entre la belleza pálida, refinada y algo voluptuosa de Kikyo con la belleza de tez blanca, juvenil y delicada de su ex mujer. Eran muy distintas, se dijo. Kikyo era sensual y de formas contundentes, cabello largo y liso, negro como la noche pero con una mirada fría y calculadora mientras que Kagome no era muy alta y algo delgada con cabello azabache hasta la cintura y unos rizos rebeldes en las puntas que siempre le encantaron, con la nariz algo respingona, ojos marrones muy expresivos, y disimulaba su sensualidad tras una fachada cautivadora de compostura distante.
-¿fuiste a la boda de tu prima?- le pregunto a Kikyo para pensar en otra cosa.
-¿de Rico? Claro.-
Aparecieron en las puertas de madera que indicaban que ya habían llegado a la finca. Kikyo hizo una señal con las luces del todo terreno y un hombre salio de una garita. Abrió las puertas de par en par.
-naturalmente fui la única mujer sin acompañante- y tras de ella escucho un leve (aja… claro… seguro) a lo que le mando una mirada acecina por el espejo.
Inuyasha saludo a Giro, el guardia, y el coche acelero para tomar el sendero que los llevaría hacia la casa. Sus padres todavía vivían en la villa, que estaba sobre una pequeña planicie desde donde podía verse el mar. Inuyasha se había construido su propia casa en la finca del lado contrario de la otra para mayor privacidad, pero desde que Kagome lo había abandonado o mejor dicho se fue, solía pasar más tiempo en cualquier otro sitio.
Su madre se quejaba de lo poco que lo veía y era cierto que, hasta la enfermedad de su padre, el había pasado poco por su casa. Trabajando duro día y noche sin descanso. Gracias a eso había logrado conservar la cordura. Si, también había salido con muchas mujeres de las cuales pocas recordaba su rostro pero ni eso ayudo en nada. A lo que se había prometido no volver a sucumbir a los encantos de ninguna mujer, pero eso había sido hasta que se entro de la enfermedad de su padre era Terminal a lo que decidió volver a casarse. Kikyo era la candidata perfecta, era japonesa, estaba soltera, provenía de una familia adinerada y su madre la aceptaba.
Llegaron a un patio adornado rodeado de construcciones. Eran los establos, el garaje y la casa de sus padres. Kikyo se detuvo y paro el motor. Sin embargo, cuando Houjo se bajo e Inuyasha iba a abrir la puerta, ella lo sujeto del brazo.
-espera- le pidió con tono preocupado. –Inuyasha, dime que no has cambiado de idea-
Inuyasha la miro fijamente. Las luces del patio iluminaban sus ojos oscuros y ansiosos. A lo que se le vino a la mente unos hermosos ojos marrones, una nariz respingona y una dulce sonrisa, esa que solo le dedicaba a el... solo a el. Aparto la mirada y contuvo una palabrota, esa maldita perra… no lograba sacársela de la cabeza.
La tomo de la mano y le dedico una arrogante sonrisa a lo que sus ojos tomaron un brillo peligroso mientras le decía…
-¿cambiar de idea?- le rodeo el rostro con una mano -¿Por qué se te ha ocurrido tal cosa?
Ajeno a ellos Houjo suspiro pesadamente y empezó a caminar hacia la entrada metiéndose las manos en los bolsillos, miro hacia el cielo impregnado de estrellas y susurro en tono melancólico
¿Piensas dejarlo así como así?, Kagome…
Continuara…
