Esa misma noche Rosa expresó su sentir a Sol, la mirada en sus bellos orbes brillaba con un resplandor hermoso que apenas podía describirse. Eevee compartía el valor de su entrenadora, por fin sentían esa buena vibra de salir a conocer la región Kalos para participar en combates pokémon y entrar a la liga de ese año.
—Mamá, creo que es el momento de comenzar mi viaje, lamento si tardé mucho, pero necesitaba un impulso que me sacara adelante. La batalla que tuvimos contra Tauros me excitó muchísimo, ¡por favor déjame viajar! —exclamó Rosa con gran pasión en su corazón, Rance se mantuvo al margen de la conversación pues no le incumbía meterse en asuntos personales de otras personas.
—Ya era hora de que tomases esa decisión, en el pasado sacrificaste tu sueño por el bien de la familia, pero ahora todo está bien. Ya eres una mujer adulta frente a la ley, si viajar es tu sueño entonces tienes toda mi bendición. Es más, toma… —La señora Sol caminó hacia un estante de madera, posteriormente lo abrió y de él sacó una caja —. Este es un pokedex que guardé desde hace años, quería dártelo para motivarte a iniciar tu viaje pero las presiones del trabajo me hicieron olvidarlo. Ya no habrá más retrasos ni frustraciones, tómalo hija mía y comienza la aventura que tanto has deseado.
—¡Muchas gracias, mamá!
—¡Eevee! —exclamó de igual forma su inseparable compañera, ambas brincaron como niñas chiquitas mientras Rance sonreía calmadamente.
—¿Y tú, qué harás Rance? —Sol se dirigió al héroe del pueblo, su hazaña en los establos no pasó desapercibida y en señal de agradecimiento le dieron un poco de dinero para poder mantenerse a sí mismo durante sus raras vacaciones.
—No lo sé, quizá siga viajando por la región para ver nuevos pokémon —contestó el muchacho cordialmente, Rosa inclinó la cabeza un poco y después se atrevió a expresar su sentir.
—¿Por qué no viajas conmigo un tiempo?, así podrías enseñarme algo de tu conocimiento como entrenador pokémon. —La propuesta de Rosa ciertamente podía mal interpretarse de muchas formas, Eevee así lo vio y le puso unos ojos de pistola gigantes a Rance.
—Me parece bien, después de todo no tengo nada mejor que hacer. Te acompañaré hasta que ganes una medalla de gimnasio, de ahí viajarás por tu cuenta.
—¡Excelente!
Al día siguiente Rosa se levantó a primera hora para ordenar sus cosas, empacó en una mochila dos cambios de ropa, comida enlatada, dinero, útiles de supervivencia y demás cachivaches. Por primera vez en mucho tiempo Rosa se arregló el cabello hasta dejarlo totalmente suelto, también se puso unos pantalones cortos violetas y una blusa marrón con un Torchic bordado en ella. Finalmente dejó su cuarto impecable para poder irse sin ninguna preocupación por atrás.
—¡Estamos listas! —Tanto Eevee como Rosa bajaron las escaleras con sus cosas arregladas, Rance por su parte bostezaba medio adormilado y sin ganas de hacer nada.
—¿Nos vamos tan temprano?, pero yo quiero dormir más…
—¡Al que madruga, Arceus lo ayuda! —Rosa trató de contagiarle sus ganas a Rance, pero éste a duras penas se mantenía consciente, tanto que su sombrero se caía a cada momento. El pobre definitivamente no estaba hecho para levantarse temprano.
—Uh… —balbuceó Rance.
—¿Ya se van, chicos? —La madre de Rosa bajó las escaleras también, a diferencia del muchacho ella traía puesta su ropa de trabajo pues tenía que empezar la ordeñada desde las siete en punto.
—Sí mamá, prometo volver como una persona nueva y demostrarte que ésta ha sido la opción correcta.
—Ya verás que sí, ten mucho cuidado hijita y no olvides comer sanamente. —Sol acarició la cabeza de su pequeña hija, después se agachó para ver a Eevee —. Tú también cuídate lindura, te encargo a mi Rosita.
Sol sintió una mezcla de sentimientos entrelazados, quería decir tantas cosas al mismo tiempo que terminó por quedarse callada. Como toda madre deseaba lo mejor para su retoña, pero también le dolía saber que Rosa dejaba el nido.
—Gracias por su hospitalidad señora Sol, prometo darle algo de publicidad gratis durante mis viajes. —Rance sonrió amablemente, en seguida le hizo una reverencia educada como señal de agradecimiento.
—Por nada, ¡nada más no te ligues a mi Rosita! —Y con esa frase vergonzosa el viaje de Rosa comenzó.
El grupo abandonó pueblo Boceto en menos de quince minutos, en sí el lugar era pequeño y como la granja estaba a las afueras de la ciudad no tuvieron ningún problema en llegar a la ruta uno.
—No hay nada interesante por este camino, de hecho está urbanizado y lleno de concreto. —Rosa cargaba consigo un mapa digital que le mostraba su ubicación actual y una pequeña descripción del sitio, Rance apreció el aparato con gran sorpresa pues él se las tenía que ingeniar con mapas de papel y un dudoso sentido de orientación.
—¡Ese mapa es lo máximo!, si hubiese tenido uno de esos cuando empecé mi viaje las cosas habrían sido más fáciles.
Eevee caminaba a lado de Rosa sin despegarse un solo instante, a diferencia de otros pokémon a la pequeña zorrita le encantaba pasar tiempo fuera de su pokébola. El paisaje adornado con luces artificiales y caminos bordados no impresionó mucho a los jóvenes viajeros, sin embargo, el mapa les indicaba que había una ciudad a pocos metros de ahí.
—Según el mapa hay un pueblo más adelante, no tardaremos ni quince minutos en llegar —afirmó Rance.
—Y hasta el momento no hemos visto un pokémon salvaje… —lamentó Rosa, el ánimo inicial parecía esfumarse más rápido que un legendario errante, no obstante, la presencia de un poblado cercano llenó de curiosidad a los dos viajeros. Fue ahí cuando Rance se acordó de un detalle muy importante, había aceptado ayudar a Rosa con su aventura y como buen hombre de honor cumpliría su palabra.
—Mientras caminamos necesito preguntarte unas cosas y explicarte otras, vamos a ver… ¿cuál es tu objetivo ahora?
—No creo poder ganar todas las medallas de gimnasio, pero de todas formas lo intentaré. Pienso inscribirme en la liga pokémon de este año para probar suerte, no se necesitan las ocho medallas pero tendré una eliminatoria gigante donde pocos aprueban. —Rosa conocía muy bien el sistema de competencia que manejaba la asociación de entrenadores, para poder coronarse como campeón de la región era necesario cumplir ciertos requisitos.
Había varias maneras de llegar a la cima, pero ninguna de ellas era fácil.
En primer lugar un entrenador pokémon necesitaba ganar las ocho medallas de gimnasio, al hacerlo tendría acceso directo al alto mando de la región y posteriormente a un duelo con el campeón (solo en caso de ganarle a los cuatro seguidos). Éste método era el más complicado pero a la vez el más completo, ya que no cualquiera ganaba a los líderes.
Como segunda opción estaba la liga pokémon, un torneo regional donde mil veinticuatro entrenadores podían participar en eliminación directa hasta llegar a la final. El ganador del torneo accedía directamente al alto mando y posteriormente al campeón de la región.
Finalmente estaba la última opción, ésta resultaba imposible para Rosa, pues aquellos entrenadores de la academia pokémon con mejores notas tenían la oportunidad de enfrentar al alto mando y luego al campeón (solo en caso de ganar).
—Es un buen plan, creo que puedes registrarte en un centro pokémon cercano así que activaremos tu pokedex y ficha de entrenadora una vez que estemos allá.
—¡Eevee! —La pequeña pokémon escuchaba la conversación atentamente y de vez en cuando aportaba algún sonido gracioso.
Mientras caminaban Rosa revisó bien las ubicaciones de interés que podía ofrecer pueblo Acuarela, grande fue su sorpresa cuando vio la ausencia de un centro pokémon.
—No puede ser, ¿acaso no tienen ningún centro en ese pueblito?
—¿No lo tiene?, debe ser una villa muy chica para no tenerlo, supongo que esperaremos un poco para tu inscripción. —Con el comentario de Rance se dio por terminada la primera conversación, posteriormente recordó lo segundo que debía decirle a Rosa —. Ya que conozco tus objetivos quiero decirte lo básico del entrenamiento pokémon, ¿qué cosas sabes de estrategias y combinaciones estándar?
—Sé que solo puedes llevar seis pokémon contigo, el resto se guarda en casa o donde tengan un lugar apropiado para cuidarlos. También conozco todas las relaciones entre tipos y algunos movimientos. —Al parecer Rosa conocía muy bien las reglas elementales para cualquier entrenador, por lo tanto el trabajo de Rance se vio recortado en un cincuenta por ciento. Sin embargo, faltaban muchas cosas que solo podían aprenderse mediante la práctica.
—Uno de los consejos más importantes que puedo darte es la innovación, la gente piensa por ejemplo que un pokémon tipo dragón no puede aprender movimientos tipo fantasma. Pero están equivocados, debes reservar una jugada que nadie sepa y luego atacar con ella.
—¿Es decir qué no debo encasillarme solo en un repertorio? —cuestionó Rosa.
—Siempre ten tu mente abierta a las posibilidades.
Rance le enseñó a Rosa una variedad de técnicas sencillas para poder estudiarlas más tarde, la mayoría de esas jugadas consistían en ataques básicos como látigo, gruñido y placaje, no obstante, también decidió darle algunas recomendaciones para usar técnicas más poderosas.
El grupo llegó a Pueblo Acuarela por la tarde, las casas que adornaban el escenario lucían tranquilas y silenciosas. Se respiraba un aire sereno que acompañaba perfectamente al atardecer de verano, los árboles se movían al compás del viento mientras la vida pueblerina seguía su curso.
—¿A dónde nos dirigimos? —La primera preocupación de Rosa fue el hospedaje, al no existir un centro pokémon debían buscar otra opción para pasar la noche, ya que no deseaba dormir en las calles ni tampoco dentro del bosque.
—Busquemos una posada por hoy, pero mañana acamparemos. —Rance suponía que a Rosa no le agradaba mucho acampanar, pero todos los entrenadores respetables dormían al aire libre de vez en cuando. Un pensamiento rondó la cabeza del muchacho, nunca en su vida había estado con una chica y menos dentro de una posada.
Ni siquiera en sus fantasías más locas se imaginó a sí mismo durmiendo en la misma habitación con una mujer.
—¡Eevee! —La pequeña acompañante de Rosa le gruñó feo a Rance, seguramente sintió las malas vibras provenientes del chico.
—¿Pasa algo?
—Claro que no, tu Eevee y yo somos buenos amigos, ¿verdad? —A la zorrita no le causó mucha gracia ese comentario, pues le dio la espalda a Rance para luego subirse hasta la cabeza de su entrenadora. En idioma pokémon ese gesto podía interpretarse como: "te estoy vigilando".
De repente la tranquilidad del pueblo se vio interrumpida cuando una explosión llegó a los oídos de los protagonistas, Rosa se espantó mucho al escucharla, tanto que dio un pequeño salto hacia atrás mientras tomaba a su pokémon en brazos.
—¿Qué fue eso? —Rance de inmediato volteó a ver a su alrededor, las casas retumbaron un poco y los habitantes salieron a la calle, lucían alterados y con miedo por semejante ruido. Seguramente nunca antes habían oído algo así, porque vivían en una villa calmada donde no pasaba nada malo, esa tranquilidad tan hermosa ahora yacía cubierta de incertidumbre.
—¡Auxilio!, ¡nos han robado! —gritó una voz a lo lejos de la avenida, Rosa no supo qué hacer, su cuerpo estaba congelado por el miedo a lo desconocido, aun así, ella superó tal temor y corrió hacia la dirección del grito. Rance decidió seguirla con tal de averiguar el porqué de su llamado.
—¿Qué sucede aquí?, ¿están todos bien? —preguntó Rosa, el lugar tenía un agujero enorme en su pared, al mismo tiempo los protagonistas olieron a carbón quemado.
—Estamos bien, pero se han robado a los pokémon bebés, fueron unos ladrones que tenían ropas del extinto Team Flare. Entraron de la nada y nos atacaron. —La encargada era una mujer joven, de aproximadamente veinticinco años de edad, portaba un pañuelo verde en su cabeza y un delantal del mismo color. Detrás de ella había una niña pequeña, de aproximadamente nueve años, también usaba el mismo pañuelo verde que la mujer mayor. La jovencita estaba llorando, tenía la mirada baja y luchaba por contener sus lágrimas, Rosa se dio cuenta de ello así que se agachó para poder estar a su altura.
—¿Qué sucede, pequeña?, ¿estás asustada? —susurró.
—No… ellos se han robado a mi Oddish, no pude hacer nada para detenerlos. —Rosa sintió un vacío en su corazón, se imaginó a sí misma siendo separada de Eevee, la sensación de perder a un gran amigo de esa forma le golpeó el corazón. Vio los orbes de aquella niña y no pudo evitar sentir lástima, en un arrebato de valor la jovencita se puso de pie y corrió en dirección a los ladrones.
—¡Espera! —gritó Rance, pero Rosa no lo escuchó.
—Tenemos que detenerlos, ¡esa niña no podrá cumplir su sueño si se llevan a su pokémon! —Eevee comprendió lo que su entrenadora decía, ambas sentían el dolor de haber frustrado sus sueños en el pasado y por esa misma razón deseaban ayudar a la pequeña. Además, odiaban a los ladrones de pokémon, esos bastardos sin honor que usaban a tan bellas criaturas para fines malvados.
A unos metros del lugar un camión yacía estacionado a mitad de la calle, en el compartimiento trasero estaban varias jaulas con pokémon bebés atrapados. Los ladrones asaltaron la guardería en un santiamén, su plan consistía en alejarse algunas calles de distancia, luego usarían el camión para recorrer la carretera hasta llegar a ciudad Luminalia.
—Eso fue relativamente fácil, ¿no es así, compañera? —El primer criminal era un hombre joven, contaba con veintiocho años de edad y su ropa roja resaltaba como un grano en un cuerpo blanco.
—Y que lo digas, debiste ver sus caras cuando rompimos la pared. —Por otro lado, su acompañante lucía ligeramente más joven, vestía una gorra roja y un vestido del mismo color. Aquellas ropas solían ser los trajes del extinto Team Flare, una organización criminal que trabajaba en cubierto como una asociación benéfica para el mundo.
—¡Alto ahí! —En lo que parloteaban Rosa los alcanzó, Eevee se bajó de sus brazos para tomar una postura mucho más ofensiva. Ambos ladrones levantaron una ceja en señal de sorpresa, nunca se esperaron ser encarados por una chica de apariencia frágil, mucho menos con un pokémon en su etapa básica.
—¿Y tú, quién eres? —La mujer se colocó frente a su compañero y tajantemente sacó una pokébola.
—Eso no te importa, ¡devuelve a los pokémon bebé!, esos pequeños tienen grandes sueños… ¡no permitiré que arruinen tales ilusiones! —Rosa hablaba como toda una súper entrenadora, pero en el fondo estaba asustada, ese valor inicial que mostró durante la persecución desaparecía lentamente. Ella nunca se puso a pensar en las consecuencias de sus actos, a diferencia de ellos, Rosa no había tenido nunca una batalla contra otro entrenador, sabía lo básico y las reglas por la televisión, pero jamás estuvo frente a frente en un combate.
Para colmo no eran entrenadores comunes, la batalla no terminaría con una sonrisa y un apretón de manos. La situación distanciaba mucho de su imaginación.
—Vaya, vaya… ¿acaso te crees una súper heroína? —En vez de sentirse amenazada la mujer soltó una carcajada, posteriormente sacó de su pokébola a un Golbat.
—Gánale rápido para poder irnos —ordenó su compañero.
—Muy bien, tenemos que darlo todo. —Rosa comenzó a sentirse nerviosa, sus manos le temblaban y al mismo tiempo veía borroso, sin embargo, ya no había marcha atrás —. ¡Usa placaje! —ordenó, su pokémon obedeció la orden y se lanzó directamente contra el pokémon venenoso.
—Utiliza tajo aéreo. —Golbat obedeció el comando, sus alas empezaron a moverse muy rápido, tanto que el viento que salía de ellas empezó a tomar forma de cuchillas peligrosas. Eevee recibió de lleno el impacto, para colmo su placaje falló ya que Golbat se elevó por los cielos.
—Rayos… ¡utiliza bola sombra! —Atacar físicamente no le daría buenos resultados a Rosa, debido a ello trató de utilizar golpes especiales para dañar a su oponente. Eevee lanzó su esfera negra, pero Golbat evadió sin mayor problema.
—¿Eso es todo?, creí que eras más fuerte. —Golbat siguió atacando con tajo aéreo, sus cortes dañaban a Eevee, cuya velocidad no le alcanzaba para evadir por completo las ráfagas de viento.
—Vamos, ¡sé que puedes lograrlo! —Los gritos de Rosa no bastaban para que Eevee lograse liberarse del ataque, sus débiles intentos se venían acompañados por la desesperación de su entrenadora.
—Utiliza rayo confuso. —Un rayo morado salió de la bola del murciélago, por suerte su velocidad no era mucha y ahí sí Eevee logró evadirlo. Rosa suspiró aliviada, posteriormente pensó en alguna estrategia para derrotar a un pokémon volador.
Los ataques físicos no servirían y Golbat basaba sus técnicas en ataques fugaces, para detener a un pokémon así se necesitaba más que solo la suerte.
—Eso es, Golbat utiliza el viento como principal arma, sea en cortes o ataques físicos para vencerlo debemos quitarle esa ventaja. ¡Eevee usa canon! —La orden de Rosa sorprendió a su pokémon, pero éste no desobedeció, abrió su boca y lanzó un aullido feroz contra Golbat, éste tuvo que detener su ataque de viento para poder volar lejos y así evadir el golpe —. Bien, ¡nos hemos liberado de su ataque! —exclamó Rosa.
—Yo no estaría tan segura, ¡Golbat usa vuelo! —Como Golbat había tomado gran altura el impacto al caer tomó más fuerza, Eevee ni siquiera pudo pensar en evadir el movimiento, porque cayó derrotada al instante. Rosa no pudo creer lo que ocurrió frente a sus ojos.
—Es imposible, ¿yo perdí? —La jovencita corrió rápidamente hacia su compañera, la rodeó en brazos y cubrió de los criminales.
—Que desperdicio de tiempo, anda entréganos a tu pokémon y te dejaremos ir ilesa.
—¡No se los daré!, ella es mi compañera inseparable, ¡nunca se las daría a gente como ustedes! —volvió a exclamar, Rosa estaba temblando, su rostro palideció tanto que no era reconocible a simple vista. Toda su valentía había desaparecido, en su lugar quedó un terror grotesco que se apoderó de sus sentidos.
—Entonces despídete de la vida, lo siento pero no podemos dejar testigos, ¡Golbat chúpale la sangre a esa niña! —El pokémon venenoso se abalanzó sobre Rosa, afortunadamente Garchomp apareció justo a tiempo para bloquear el ataque del enemigo.
—Ustedes me dan asco, ¡no les perdonaré lo que han hecho!, ¡Garchomp usa cometa draco! —El pokémon lanzó al cielo una esfera de energía roja, de inmediato ésta se dividió en varios cometas brillantes que cayeron del cielo sobre Golbat y su entrenadora.
—¿Qué demonios? —Golbat fue golpeado con tanta fuerza que sus alas quedaron destrozadas, seguramente nunca más volverá a volar. Rance no tuvo piedad, el muchacho lucía bastante molesto, sus orbes dejaron de emitir esa amabilidad que tanta confianza le daba a Rosa. Lo mismo pasaba con su pokémon dragón, esa fuerza y ferocidad difería con la del grandote que jugaba inocentemente junto a Eevee.
—Eres una inútil, ¡yo me encargaré! —El otro ladrón sacó de su pokébola a un Ursaring, el pokémon oso encaró a Garchomp con sus imponentes garras —. ¡Usa cuchillada! —exclamó el antagonista, Rance supo que ese adversario iba a suponer un ligero reto para su dragón, por lo tanto ordenó una retirada táctica.
—Esquiva sus ataques —comandó Rance.
—¿Qué pasa?, ¿tienes miedo? —Ursaring seguía lanzando cuchilladas contra el cuello de Garchomp, pero éste no respondía ningún ataque, simplemente retrocedía y trataba de guardar su distancia.
—¡Termina con demolición! —Las garras de Garchomp brillaron con un resplandor rojo, posteriormente el pokémon dragón lanzó un golpe directo al pecho de su oponente.
—¡Dale con machada! —Ursaring trató de obedecer la orden, pero la velocidad del dragón sobrepasaba con creces la suya. El oso fue derribado seis metros hacia atrás y derrotado de un solo golpe.
—Se acabó, ahora van a pudrirse en la cárcel. —Justo después la policía llegó y arrestó a los dos criminales por robo e intento de asesinato, Rosa no salía del shock, sus ojos perdieron el brillo de hace unos instantes. Tener una experiencia cercana a la muerte fue demasiado para una entrenadora novata, Eevee trató de lamerle el rostro para hacerla entrar en razón.
—¿Uh?, ¿estamos bien?
—¿Eres idiota o qué?, ¡pudiste haber muerto! —exclamó Rance —. No solo te pusiste en peligro tú, sino también arriesgaste la vida de Eevee, como entrenadora debes proteger a tus pokémon a toda costa. —Los regaños de su maestro fueron duros, no obstante, Rance tenía razón.
Rosa se lanzó al ataque sin tener ninguna estrategia, con un solo pokémon y carente de experiencia. De no ser por la intromisión de Rance su vida habría encontrado un final trágico.
—Lo lamento, Rance yo solo quería ayudar.
—Hubieses ayudado más no haciendo nada, entiende que no eres ninguna súper entrenadora ni tampoco una heroína de la justicia. ¡Salvar a la gente solo pasa en las películas!, si mueres en la vida real todo se acabó. Lo mismo va para tus pokémon, ellos pueden luchar y volverse fuertes, pero no son inmortales, si no sabes medir sus límites pueden morir en combate. —El clima volvió a ponerse nublado y en menos de un minuto volvió a llover, Rosa no dijo nada, sencillamente guardó silencio ante aquellos comentarios tan duros.
—No quería que esa niña perdiese a su pokémon, deseaba hacer algo para cambiar las cosas, pero solo arruiné la situación. Soy una tonta, cuanto lo siento Eevee, tienes a una entrenadora mala cuidándote. —Los insultos hacia su persona entristecieron mucho a la zorrita, Eevee se sintió débil por no ganar el combate y asumió parte de la culpa. En cierto modo ambas eran culpables por no medir bien sus propias capacidades.
—Tampoco te tires basura encima, apenas estás comenzando y afortunadamente ninguna de las dos ha sufrido daños serios. Solo prométeme una cosa: nunca más pongas en peligro la vida de tus pokémon ni la tuya bajo ningún pretexto, ¿entendido? —Rance le ofreció su mano a Rosa, Garchomp se colocó a su lado y también abandonó esa faceta aterradora que le mostró a los ladrones.
—Lo prometo… —Rosa tomó la mano de su mentor y gracias a él se levantó del piso, fue ahí donde ella aprendió el principio más importante de un entrenador: "Protege a tus pokémon de cualquier peligro que amenace su existencia".
Fin del capítulo 3.
Ese ha sido el capítulo tres, realmente espero que les haya gustado y lamento la tardanza, no suelo pasarme mucho por aquí pero lo haré más seguido =)
