¡Hola!, hoy les traigo el tercer capítulo de este fic. En cuanto al mío de THG, lo tengo pausado momentáneamente, ya que, por la universidad me es más difícil escribir algo desde cero como el de THG. Pero por mantener actualizado, me es más rápido traducir este. Entonces estaré subiéndolo más. Disfrútenlo.

Una hora después, la pareja escuchó que María los llamaba para cenar. Bajaron las escaleras, se sentaron a la mesa y empezaron a comer.

—Hoy hablé con el maestro Matsui —dijo María.

—¿En serio? Por favor dime que no le contaste —suplicó Gabriella.

—Tuve que contarle Gabi. Vas a perder la escuela y necesitamos un plan —dijo María.

—¿Mi opinión no cuenta? —preguntó Gabriella.

—Bebé, tal vez mamá tiene razón —dijo Troy.

—No voy a perder la escuela mamá —dijo Gabriella.

—Gabi, necesitas tener tiempo para descansar y no estresarte —dijo María.

—Pero… —comenzó Gabriella.

—Sin peros cariño. Sé que es difícil, pero es la decisión que tomaste —dijo María.

—Troy —dijo Gabriella.

Troy suspiró.

—Brie, será difícil. Sé que no quieres perder la escuela, lo entiendo perfecto. Pero, no queremos que te estreses cuando estás embarazada o que estés corriendo y pensando en tareas. Necesitas descansar por el bebé —explicó Troy.

Una lágrima bajó por el rostro de Gabriella. No estaba enojada con su madre y Troy. Solo le era difícil pensar cómo su vida dio un giro en un par de días.

—¿Puedo levantarme? —preguntó Gabriella.

—Apenas has tocado tu comida, Gabi —dijo María.

—No tengo hambre —dijo Gabriella.

—Está bien cariño —dijo María.

Gabriella se levantó y limpió sus lágrimas. Subió las escaleras y Troy pudo escuchar que Gabriella comenzó a llorar mientras cerraba la puerta de su cuarto. Troy y María terminaron de cenar en silencio. Después de que terminaron, Troy tuvo una idea.

—Oye mamá, ¿dónde está la mantequilla de maní? —preguntó Troy.

María sonrió sabiendo lo que Troy estaba pensando.

—Eres un amor —dijo María.

Troy sonrió.

—Entiendo que está enojada por lo de la escuela. Pero, tendremos un bebé y hay muchas cosas que vienen a raíz de eso. Creo que está muy abrumada —dijo Troy mientras María le pasaba el frasco de mantequilla de maní.

—Eso creo también. Creo que cuando se le pase la sorpresa, entenderá —dijo María.

Troy asintió mientras hacia el sándwich de mantequilla de maní y jalea para Gabriella. Miró a María.

—Le llevaré esto —dijo Troy.

—Esperemos que la haga sentirse un poco mejor —dijo María.

Troy subió las escaleras con la comida favorita de su novia. Tocó la puerta.

—Brie, ¿puedo pasar? —preguntó Troy a través de la puerta.

Troy escuchó un ahogado "sí" y abrió la puerta.

—¿Estás bien? —preguntó Troy cuidadosamente.

Gabriella miró a Troy con lágrimas en los ojos.

—Te traje algo que tal vez te haga sentirte mejor —dijo Troy poniendo el plato en el regazo de Gabriella.

Gabriella sonrió con lágrimas en los ojos.

—Te amo —dijo Gabriella.

—Yo también te amo —dijo Troy.

Gabriella comió y Troy la miró.

—Entonces, ¿podemos hablar de esto? —preguntó Troy.

—Quiero quedarme en la escuela —dijo Gabriella.

—Ya lo sé bebé. Pero, no podrás ir a clases cuando tengas nueve meses de embarazo —dijo Troy.

—Me volveré loca sin la escuela —dijo Gabriella.

—Tal vez algunos de tus maestros me dejen llevarte las tareas y después entregarlas por ti —dijo Troy.

Gabriella se encogió de hombros.

—Podemos intentarlo y ver qué pasa —dijo Troy.

—¿Cómo le diré a Tay? —dijo Gabriella, cambiando de tema.

—Tienes que sentarte a platicarlo con ella. Se dará cuenta eventualmente bebé. Pero también deberías decirle —dijo Troy.

—Va a estar muy enojada —dijo Gabriella.

—Es probable. Pero, tienes que decirle. Es tu mejor amiga, Brie —dijo Troy.

Gabriella asintió.

—¿Debería ir con ella ahora? —preguntó Gabriella.

—¿No crees que es un poco tarde bebé? —preguntó Troy.

—Solo quiero terminar con esto —dijo Gabriella.

Troy asintió. Se levantó de la cama de Gabriella y tomó sus llaves.

—Vámonos —dijo Troy.

Gabriella se levantó y besó suavemente a Troy en los labios.

—Tu sándwich me hizo sentir mucho mejor, por si te lo preguntabas —dijo Gabriella.

Troy sonrió.

—Bien —dijo Troy.

La pareja bajó las escaleras y vieron a María leyendo en la sala-

—¿A dónde van? —preguntó María.

—Vamos a casa de Tay para decirle sobre el bebé —dijo Gabriella.

—Regresen antes de que anochezca, por favor —dijo María.

—Lo haremos —dijo Gabriella.

Troy y Gabriella salieron de la casa. Troy condujo a la casa de Taylor y estacionó el auto.

—¿Lista para ser sermoneada? —preguntó Troy.

Gabriella soltó una risita.

—No será tan malo —dijo Gabriella.

—Brie, Tay es la reina de la ciencia, como tú. Va a sermonearnos sobre cómo no escuchamos la clase de sexo y reproducción en biología —dijo Troy.

Gabriella soltó una risa.

—Vamos —dijo Gabriella.

La pareja bajó del auto y caminaron a la puerta frontal. Gabriella tocó el timbre y Taylor abrió la puerta.

—Hola chicos, ¿cómo están? —preguntó Troy.

—Tenemos que hablar contigo, Tay —dijo Gabriella.

—¿Hice algo malo? —preguntó Taylor.

—No, solo necesitamos hablar contigo —dijo Gabriella.

—Pasen —dijo Taylor.

La pareja entró a la casa y subieron al cuarto de Taylor. Taylor cerró la puerta.

—Entonces, ¿de qué me querían hablar? —preguntó Taylor.

Gabriella miró a Troy y asintió.

—Te vas a enojar con nosotros, pero lo que pasó, pasó y no hay nada que podamos hacer —dijo Troy.

Taylor miró confundida a la pareja.

—¿Qué hicieron? —preguntó Taylor.

Gabriella sacó la ecografía y se lo dio a Taylor. Taylor lo vio y tomó aire, sorprendida.

—No —dijo Taylor.

—Tengo cinco semanas —dijo Gabriella.

—Gabriella, ¿cómo pudiste ser tan… tan...? agh —comenzó Taylor.

—¿Estúpida? Lo sé, Taylor —dijo Gabriella.

—Acabas de arruinar todo por lo que has trabajado, Gabs. Tu promedio, tus actividades extracurriculares… ¿todo por qué?, ¿¡por amor!? —preguntó Gabriella.

Gabriella se limpió las lágrimas que caían de sus ojos. Troy masajeó suavemente la espalda de Gabriella.

—Tay —comenzó Troy.

—No me digas que estoy sobreactuando Troy. Porque no lo estoy —dijo Taylor, señalándolo.

—Quiero irme a casa —murmuró Gabriella.

—Bueno, bebé. Te llevaré a casa —dijo Troy.

—¿Me prestas tus llaves? —preguntó Gabriella tranquilamente.

Troy le dio a Gabriella las llaves del auto y salió del cuarto.

—Tay, sabemos que nos equivocamos. Pero Brie ahora mismo necesita a una amiga. Está muy asustada y tú la sermoneaste. Sin pensar en cómo se sentía —dijo Troy.

Las lágrimas bajaban por el rostro de Taylor.

—Necesito tiempo —dijo Taylor.

Troy asintió.

—Eso lo he escuchado mucho últimamente —dijo Troy.

Troy salió de la casa y vio a Gabriella sentada en el auto con la cabeza apoyada contra la ventana. Se subió al auto y miró a Gabriella.

—Brie —comenzó Troy.

—Soy una estúpida —chilló Gabriella.

—Bebé, no eres tonta. Cometimos un error. Sí, debimos ser más cuidadosos. Pero esto es lo que ahora está pasando y no hay nada que podamos hacer para detenerlo. Tay solo está enojada. Se le pasará —dijo Troy.

—Quiero ir a casa —dijo Gabriella.

—Está bien, te llevaré a casa —dijo Troy.

Troy condujo a casa y estacionó su auto. La pareja salió de él y entró a la casa.

—¿Cómo les…? —comenzó María, pero se detuvo cuando vio a Gabriella subir las escaleras corriendo.

Troy y María escucharon la puerta del cuarto azotarse.

—Supongo que no les fue muy bien —dijo María.

Troy suspiró y negó con la cabeza.

—Sermoneó a Brie y no la apoyó. Dijo que necesita tiempo —dijo Troy.

María asintió.

—Iré a intentar hablar con ella —dijo Troy.

María asintió.

—Gracias —dijo María.

Troy sonrió.

—Es mi trabajo —dijo Troy.

—No solo por eso Troy. Apoyaste a Gabriella cuando más te necesitó. No huiste de esto. Eso significas más que cualquier otra cosa —dijo María.

Troy sonrió.

—La amo con todo mi corazón, mamá. Es el amor de mi vida aún antes de que descubriera que está embarazada, sabía que quería casarme con ella y pasar el resto de mi vida con ella —dijo Troy.

María sonrió.

—Te dejaré que vayas a ver cómo está —dijo María señalándole las escaleras.

Troy sintió.

—Pero gracias, mamá. Por decirme que algo estoy haciendo bien —dijo Troy.

María asintió y sonrió.

—Eres mi hijo —dijo María.

Troy sonrió. Subió las escaleras y fue al cuarto de Gabriella, que tenía la puerta cerrada.

—¿Brie? —habló Troy a través de la puerta.

—No quiero hablar ahora Troy —dijo Gabriella y Troy pudo jurar que la escuchó llorando.

—Bueno. Sabes dónde estaré si me necesitas —dijo Troy.

Troy bajó las escaleras y fue a la sala y comenzó a hacer su tarea cuando María entró.

—¿Habló contigo? —preguntó María.

—Quiere estar sola. Creo que lo que dijo Tay en serio la lastimó —dijo Troy.

—Se siente sola y asustada. Tenemos que hacerla sentir que tiene personas alrededor que la aman y la apoyan —dijo María.

Troy asintió.

—Eso me recuerda, tengo que hablar con Chad. Dios, no sé qué tanto me dirá —dijo Troy poniendo su cabeza en sus manos.

María puso su mano en el hombro de Troy.

—Chad entenderá —dijo María.

—La UDA es algo de lo que nuestros padres han hablado desde que nos conocimos. Y el hecho de que no podré ir con él lo matará —dijo Troy.

—Habla con él y ve cómo sale todo —dijo María.

—¿Puedo invitarlo a venir? —preguntó Troy.

—Claro cariño. Estás haciendo bien todo, Troy. Estoy orgullosa de ti —dijo María.

Troy sonrió levemente.

—Gracias —dijo Troy.

Troy llamó a Chad y le dijo que viniera a casa de Gabriella. Diez minutos después, el timbre sonó y Troy abrió.

—Canastas —dijo Chad saludando a su mejor amigo.

—Tengo que hablar contigo hermano —dijo Troy.

—¿Qué pasa? ¿Están bien Gabi y tú? —preguntó Chad.

—Eso es de lo que te tengo que hablar Chad. Tal vez quieras sentarte —dijo Troy.

Chad sintió que Troy necesitaba hablar de algo serio. Se sentó y Troy se sentó frente a él.

—¿Qué pasa con nuestra Gabi? —preguntó Chad.

Troy tomó aire y cerró los ojos. Quería elegir las palabras perfectas para la conversación.

—¿Recuerdas que cuando éramos niños nuestros padres no dejaban de hablar sobre que jugáramos básquetbol en la UDA? —preguntó Troy.

—Sí, pero ¿qué tiene que ver eso con Gabi? —preguntó Chad.

Troy tomó aire y miró a su mejor amigo.

—No iré Chad… al menos no cuando tú vayas.

Chad miró confundido a Troy.

—¿Por qué? Soñamos con esto toda nuestra vida Troy. No puedes no ir por Gabriella —dijo Chad.

Troy levantó la mano, dándole a entender que aún no terminaba. Chad dejó de hablar y lo miró. Troy pasó saliva, no sabía que sería tan difícil.

—No puedo ir cuando tú vayas Chad porque Gabriella está embarazada —dijo Troy.

Hubo silencio. Nadie dijo nada por un par de minutos. Chad estaba mirando al piso intentando digerir las noticias.

—Ella está… —dijo Chad, tratando de entender.

Troy asintió.

—¿Aún irá a Stanford? —preguntó Chad.

—Aún no sabemos. Está muy enojada por eso —dijo Troy.

—¿En dónde está? —preguntó Chad.

—Arriba —dijo Troy.

—¿Puedo ir a verla? —preguntó Chad.

—Claro. Pero, ten cuidado con lo que le digas. Tay la sermoneó y está muy triste. Necesita que la apoyen —dijo Troy.

Chad asintió. Se levantó y subió las escaleras. Chad tocó la puerta de su "hermana pequeña."

—¿Gabster? Soy Chad. ¿Puedo pasar? —preguntó Chad.

Chad escuchó un ahogado "sí". Abrió la puerta y vio a Gabriella acostada.

—Hey, Troy me acaba de decir la noticia —dijo Chad.

Gabriella miró a sus pies, avergonzada por lo que había hecho.

—¿También me vas a sermonear? —preguntó Gabriella.

Chad negó con la cabeza.

—Solo quería subir y ver si estabas bien. Troy me dijo que la reacción de Tay fue… bueno, Tay. Aún no caigo en cuenta de lo que está pasando, pero siempre estaré aquí para Troy y para ti, ¿sí? —dijo Troy.

Gabriella tenía lágrimas bajando por su rostro.

—Estoy muy asustada Chad —chilló Gabriella.

Chad abrió sus brazos y Gabriella caminó hacia ellos y abrazó a su mejor amigo.

—Sé que lo estás. Pero, hey, en un par de meses seré el tío Chad —dijo Chad.

Gabriella sonrió.

—Troy nunca confiaría dejarte solo con nuestro bebé —bromeó Gabriella.

—¡Me duele que digas eso Gabriella!, nunca he lastimado a un niño mientras los cuido —dijo Chad, poniendo la mano en su corazón.

Gabriella soltó una risita.

—Troy y yo tenemos práctica en una hora. ¿Vas a estar bie…? —comenzó Chad.

—Estaré bien. Mi mamá está aquí —dijo Gabriella.

Chad sonrió y asintió.

—Te quiero Gabs, recuérdalo siempre —dijo Chad.

—Yo también te quiero Chaddy —dijo Gabriella.

—Me tengo que ir. Traeré al papá para despedirse —dijo Chad.

Gabriella rodó los ojos juguetonamente.

—Hey, nunca dije que lo dejaría ir tan fácil —dijo Chad.

Gabriella soltó una risita y asintió.

—Adiós Chad —dijo Gabriella.

Chad salió del cuarto y Gabriella suspiró de alivio. Eso salió mejor de lo que había pasado con Taylor. Gabriella fue sacada de sus pensamientos cuando un Troy sin camiseta entró al cuarto.

—¿Te sientes mejor? —preguntó Troy.

Gabriella asintió.

—Al menos Chad nos apoya —dijo Gabriella.

—Sí. La práctica solo dura una hora hoy. Así que volveré temprano —dijo Troy.

—Bueno, ¿puedo ir contigo? Puedo terminar mi tarea en la biblioteca —dijo Gabriella.

—¿Estás segura que te sientes bien para eso? —preguntó Troy.

Gabriella asintió.

—Bueno, alista tus cosas —dijo Troy.

Gabriella se levantó de la cama y agarró sus libros. La pareja bajó las escaleras y salieron de la casa. Sabían que con el tiempo, todo estaría bien.