CAPÍTULO 3

Ni idea de cómo llamarlo

Tras cambiar todos sus medallones por uno solo con una "C" mayúscula símbolo de su rango, Arget fue a darle la buena noticia a Adam, que se alegró mucho por él.

-¿Y cuándo es tu primera expedición? –Preguntó Adam mientras compartían una taza de café.

-No lo sé. –Contestó Arget, dando un sorbo de su taza. –Supongo que me avisarán ¿no?

Su conversación se vio interrumpida por el sonido de una caja de música que se encontraba detrás de los cofres que Adam mantenía detrás de la barra. Normalmente no se vería a simple vista pero Arget sabía de su existencia porque él mismo había instalado el mecanismo, como favor a Adam. Cuando se sacó el título de Ingeniero, que demostraba su maestría en los complejos circuitos de la piedra energética conocida como redstone, Adam le pidió un circuito que le avisara todos los días a la misma hora. Arget lo construyó con gusto, pero no le preguntó para qué lo quería. Si Adam no se lo había dicho era porque no quería que lo supiera y Arget no era de los que insistían.

-Vaya, me tengo que ir. –Dijo Adam.

-No pasa nada –Dijo Arget apurando la taza de café. –Tengo un par de cosas que hacer.

Adam abrió una puerta detrás de la barra, que comunicaba con la zona en la que vivían él y su esposa (la casa era mitad hogar, mitad bar) mientras Arget salía por la puerta trasera, ya que la principal estaba cerrada, al igual que el bar a esas horas.

Mientras Arget se dirigía a su casa, una ráfaga de viento le golpeó haciendo que se estremeciera. El otoño se acababa y pronto comenzaría a nevar frecuentemente. El joven se arrebujó en su piel de creeper y aceleró el paso. Pronto llego a su propia casa y rápidamente cerró la puerta para que no entrara el frío. En lugar de encender la luz, a pesar de la creciente oscuridad, se dirigió al piso inferior de su casa, donde se encontraba su propia biblioteca y su mesa de encantamientos sobre la que descansaba el caro tomo de magia, igual al que tenía Seto. Arget rodeó la biblioteca y se dirigió a una puerta semiescondida entre dos estanterías. Al abrirla se revelaron unas escaleras de mano, por las que procedió a bajar, llegando a una sala cuyas paredes eran de ladrillos de piedra en lugar de madera. La sala era bastante grande pero parecía pequeña por la cantidad de pequeños hornos que tenía. La habitación estaba presidida por una enorme construcción de ladrillo con un hueco donde ardía un gigantesco fuego. Arget se dirigió al hueco y, tras dejar su chaqueta y su capa en una mesa al lado (ya que hacía un calor tremendo en la habitación), agarró una enorme pala de hierro y sacó con ella una barra un poco achatada de un mineral de un color rosado, que depositó cuidadosamente en un yunque. Mientras esperaba a que se enfriara un poco, Arget sacó de uno de los hornos un cazo con un líquido transparente. Echó el líquido en un molde y sumergió en el la barra de mineral, que había pasado a ser morado. Mientras esperaba a que el líquido se solidificara sobre la barra, Arget se dirigió a la mesa dónde había dejado sus cosas y comenzó a trabajar un pequeño objeto con un martillo. Tras un buen rato de trabajo, Arget observó su creación a la luz de las llamas. Se trataba de una empuñadura de espada. El mango, que medía mano y media, era de madera y tenía incrustadas unas sinuosas filigranas de oro, mientras que la guardia era de hierro sólido. El pomo del final era una pequeña esmeralda, tallada y pulida hasta formar una esfera casi perfecta. Tras depositar la empuñadura de nuevo en la mesa, Arget se dirigió al molde. La barra del mineral había pasado a ser de un negro azulado, mientras que el líquido transparente había pasado a un azul verdoso traslúcido. "Obsidiana y diamante. Espero que valga la pena, porque me ha costado una fortuna" pensó Arget, cogiendo el objeto con unas tenazas pues, aunque ya era sólido, aún estaba demasiado caliente como para tocarlo con las manos. Lo llevó al yunque y se dispuso a darle forma.

Aunque los Constructores tenían licencia para fabricar armas y herramientas, solo aquellos con el rango de Capitán podían fabricar sus propias armas personalizadas. Todos los Capitanes tenían un arma propia, fabricada con sus propias manos. Arget llevaba bastante tiempo trabajando en su arma, aunque técnicamente no podía empezar a fabricarla hasta tener el rango. Sin embargo, crear un arma así llevaba mucho tiempo, y Arget no era de los que esperaban.

Cada material tenía ventajas y desventajas. El elemento más usado era el hierro, debido a su abundancia y fortaleza, pero había quienes preferían otras materias primas. El oro, por ejemplo, era frágil, caro y difícil de trabajar, pero su naturaleza hacía que aceptara hechizos y encantamientos muchísimo mejor que otros materiales. Sin embargo, el material preferido era el diamante. Extremadamente escaso, el diamante correctamente trabajado creaba armas que nunca perdían el filo y que atravesaban hasta la más gruesa armadura.

Arget pensó inmediatamente en diamante cuando comenzó a idear su arma, pero estaba seguro de que había un material incluso más duro. Cuando estudió el oficio de Constructor, Arget tuvo que aprenderse las propiedades de todos y cada uno de los minerales que se escondían bajo tierra. Así descubrió la obsidiana. Formada cuando el agua corría sobre la lava, la obsidiana era extremadamente dura, pero no se usaba para hacer herramientas debido precisamente a que su dureza la hacía intrabajable. Sin embargo, Arget había descubierto que, bajo un calor extremo, la obsidiana se reblandecía lo suficiente como para darle forma. Sin embargo, pese a la extrema resistencia de la obsidiana, ésta no podía ser afilada al nivel del diamante. Finalmente, Arget encontró la solución: Un arma con un cuerpo de obsidiana que aguantara los golpes y añadiera peso; y una cobertura de diamante tallado que hiciera las veces de filo. A su vez, Arget había decidido añadir algo de oro a la empuñadura para facilitar la entrada de hechizos.

Tras más de una hora de moldeo continuo, Arget enfrió la hoja en agua y la observó. El centro de obsidiana se veía a través del diamante, de un azul verdoso traslúcido, que la cubría. La capa era muy fina en la base, pero se iba haciendo más gruesa según iba subiendo. En la parte de arriba de la hoja, la cobertura de diamante formaba una cabeza de hacha, mientras que al otro lado se convertía en un pico similar al de una guadaña. El conjunto medía más de un metro y pesaba bastante, aunque no demasiado para usarla con una sola mano. Arget insertó la hoja en la empuñadura y la aseguró, para luego blandirla y asegurarse de que estaba bien equilibrada. Tras comprobar que así era, la enfundó en una vaina de cuero y se la colgó a la espalda para ver como quedaba.

Pero antes de poder hacer nada, Arget oyó un ruido fuera. Se trataba del estridente sonido de una alarma. Alarma que indicaba que se estaba atacando la ciudad. Arget se puso rápidamente su chaqueta y su piel de creeper, desenfundó su nueva arma y corrió escaleras arriba.

Cuando salió por la puerta, Arget encontró un panorama desolador. La sección de la muralla más cercana había caído y los monstruos entraban a montones. Arget separó a un zombi de su cabeza y esquivó la flecha que le lanzó un esqueleto. Corrió al centro de la ciudad, dónde se suponía que se debían organizar los Capitanes, Guerreros y todo aquel que supiera luchar, pero algo le paró en seco. Allí, entre los escombros y rodeado de monstruos, flotando a un palmo del suelo, sujetando su enorme guadaña de metal negruzco, estaba Herobrine.

Arget no se lo pensó dos veces: dio media vuelta y echó a correr tan rápido como sus piernas le permitían. Una cosa era matar a unos cuantos monstruos, pero Herobrine era otro cantar. El Emperador del Vacío podía destrozarlo como a un muñeco con solo alzar una mano. Arget rodeó la manzana y se dirigió al centro de la ciudad por otro camino. Cuando llegó, se encontró con el resto de Capitanes, que discutían sobre como encabezar el ataque. El chico pasó por el medio empujando gente hasta llegar al jefe de los capitanes, Hypixel.

-¡Herobrine… está… aquí…! –Dijo Arget casi sin aliento.

-¿Herobrine? –Contestó el jefe. -¿Estás seguro? –Al ver que Arget asentía con la cabeza, Hypixel se giró hacia la multitud y gritó: -¡Necesito a dos corredores para que le digan al rey Notch que Herobrine está aquí! ¡Urgente!

-¡Nosotros nos encargamos! –Dijo un chico con pelo castaño y voz suave que cogía del brazo a un Adam que no parecía compartir su dedicación. Ambos salieron corriendo hacia el castillo.

-¡Que vienen! –Se oyó un grito.

Arget se giró hacia la voz y vio la horda de zombis y esqueletos que venían.

-¡Atacad! –Gritó a su vez Hypixel, al tiempo que desenvainaba dos cuchillas de diamante gemelas que llevaba a la espalda.

Arget a su vez desenvainó su arma, que aún no había nombrado, y corrió con la multitud. Uno se sentía mucho más valiente en compañía de doscientas espadas extra. Se desvió un poco hacia la izquierda para situarse al lado de Hypixel y partió a un zombi por la mitad, para luego girarse y hacer polvo las vértebras del cuello de un esqueleto que pasaba por allí. Volteó su arma y hundió el pico en la calavera de un segundo esqueleto, para luego hacer un placaje contra un zombi que estaba de espaldas. Antes de que se levantara, Arget dividió cuidadosamente su cráneo en dos partes mediante un golpe a dos manos. En ese momento una flecha le alcanzó en el hombro y le tiró al suelo. Gruñendo de dolor, Arget se incorporó y se sacó lentamente la punta de flecha. Por fortuna, era una punta fina, por lo que no se desgarraría el músculo al sacarla. La flecha se había hundido bastante y le había inutilizado el brazo izquierdo. El chico recogió su arma, se puso de pie a duras penas y se alejó lentamente del campo de batalla.

-¿Arget? ¿Qué te ha pasado? –Cuando levantó la vista, el chico vio al limo azul que le había examinado de alquimia, Jevin. -¿Para esto querías el título de alquimia? ¿Para ir sin pociones al campo de batalla? –El limo resopló y dejó caer una botella a los pies de Arget. Una nube de color rosa se extendió a su alrededor. Casi de inmediato, Arget sintió un gran alivio en la herida del hombro. Jevin había usado una poción de regeneración bastante potente, lo que sorprendió a Arget. Las pociones de regeneración eran bastante caras.

Cuando su herida se estaba ya cerrando, Arget vio a Herobrine de nuevo. Apartaba como a moscas a los Guerreros y Capitanes que osaban cruzarse en su camino, sin ni siquiera usar su guadaña.

-¿Dónde está Notch? –Preguntó a Jevin.

-No lo sé, pero espero que llegue pronto. Dudo mucho que podamos hacer algo nosotros solos.

Como si fuera resultado de una invocación, Notch apareció de la nada a pocos pasos. Por su aspecto, no muchos creerían que era un rey: calvo, con barba negra, ojos pequeños y vestido con una sencilla camiseta marrón y unos gastados pantalones grises. A su espalda llevaba un enorme mandoble de un acero blanquecino que, según él, provenía de las estrellas.

Sin mediar palabra, Notch desenfundó su mandoble y comenzó a correr hacia Herobrine.

Bueno, pues fin del capítulo. Perdón por haber tardado cuatro siglos y medio en escribirlo, pero los exámenes de Septiembre y la selectividad me han tenido cogido por los huevos. En cuanto al capítulo en sí, lo siento por las chorradas que haya puesto en cuanto a la forja del arma de Arget, no tengo ni idea de herrería. Ya sabéis que poner en la review: aspectos positivos, negativos, curiosidades, etc. Oh, y decidme si alguno ha reconocido ya a algún youtuber famoso, tengo curiosidad.