La Vida es un Conflicto

–Querido no es el término con el que yo acompañaría a la palabra padre. –Al escuchar mi comentario, al odioso de mi padre se le formó una sonrisa torcida en la cara, disfrutando claramente el lograr sacarme de mis casillas. Consciente de que no la usaría, guardé el arma en su estuche, colocado al lado de mi pantalón.

–Y eso que yo hice de todo por ayudarte desde que te recuperé. ¿Así es como me lo pagas? ¿Sacándome de tu vida y renegando tu legado en mi compañía? –Él sabe perfectamente lo mucho que odio el tema de tomar su lugar al mando del Team Rocket. Sabe lo mucho que lo he despreciado desde que volvió a mi vida, como una cruenta maldición que no se aleja por más que te muevas de lugar, por más que intentes bendecir tu camino; Giovanni es esa maldición que sigue volviendo.

–No hiciste nada más que aprovecharte mi estado y lavarme el cerebro con ideas estúpidas y retrogradas de un mundo donde eres el rey y los demás tu servidumbre, los Pokémon simples objetos y la vida solo un juego. –Mi comentario en vez de molestarlo o sacarlo de balance, lo hizo sonreír más, de forma aún más malévola, si era posible. Realmente éste hombre no posee el más mínimo de los escrúpulos.

–Mira Red, realmente solo buscaba ayudarte a encontrar el camino correcto, a mi lado, padre e hijos obteniendo el poder absoluto. Apegarte a tales ideologías y valores solo da paso a que los otros te pisoteen y te rebasen en la búsqueda de tus sueños. Créeme, lo viví en mi infancia y otros colegas de profesión lo vivieron en sus propias carnes y en toda su potencia. –Ante lo dicho, realizó un ademán, como inquiriendo que con tal argumento yo debo caer a sus pies abrazando su idea de vida y aplicándola en mí mismo, cediendo así ante sus demandas.

–Mira… Como tú, o los psicópatas líderes de otras organizaciones terroristas, hayan lidiado con sus traumas, realmente no es mi problema. Yo solo sé que hay formas mejores y, al menos la mía, es seguir adelante con mis Pokémon, sin rendirnos ante nada. –Después de mi discurso motivacional de cuarta, nos miramos varios segundos, él aún con su sonrisa socarrona; por lo cual decidí romper tal silencio. –Aunque claro, no hay forma en que te haga cambiar de opinión y eso funciona de igual forma a la inversa. Por lo tanto, solo pido que dejes de inmiscuirte en mi vida y me dejes en paz.

Nuevamente se formó un silencio, uno bastante incómodo, donde la expresión de mi padre pasó a ser una más seria. Con el curso de varios minutos, el hombre en frente mío se levantó del sillón y salió de la sala sin mediar ninguna otra palabra. Otra visita sin sentido, o eso es lo parece indicar la situación. Realmente no veo que lo trajo a mi casa en primer lugar, él era consciente de que no me iba a convencer de volver al Team Rocket. Al llegar a la entrada del lugar, procedió a abrir a la puerta, para así cruzar el umbral de salida, una vez en el porche, se detuvo, para volver su mirada hacia mí.

–Realmente vine porque tu hermano ha estado deseoso de verte, o al menos hablarte. Sé que nuestra relación no es la mejor, sobre todo por el choque de ideales, pero sabes perfectamente que tu hermano realmente te aprecia. En este momento debe de estar volviendo a la central de Kanto, tras una misión en Hoenn, deberías llamarlo más seguido, incluso invitarlo a que te haga compañía, de todas formas, ambos tienen bastante en común, ambos me odian. –Con lo dicho liberó una risa burlona y de suficiencia, como si disfrutara de ello. Él realmente no me engaña con está imprevista actitud de padre comprensivo, ni a mí ni a mi hermano, es un cabrón hipócrita y mentiroso. –Alola, Red, no pierdas la vista de tu objetivo, o podrían pasarte por encima y usarte como a un títere.

Sin añadir más a dicha conversación sin rumbo, se dio la vuelta y se acercó a la calle, después de unos segundos se escuchó un constante sonido de hélices. Un minuto después, Giovanni se estaba subiendo en un helicóptero y partiendo a cualquier lugar lejos de Po, para mi alegría. Solté un fuerte suspiro, realmente su presencia me logró poner profundamente nervioso. Cerré la puerta, y me dirigí a mi cuarto. Al entrar en éste pude ver que todo seguía igual, la cama apenas ordenada y el mueble con una lámpara de lava que se encontraba apagada, las persianas que cubren las ventanas estaban cerradas permitiendo apenas el paso de la luz.

Me dejé caer en la cama, viendo hacia el techo de la habitación y sumiéndome en el mar de ideas y pensamientos que traía desde antes de encontrarme con la indeseada visita de mi padre. Tras el curso de algunos minutos cedí ante el cansancio físico y mental que venía acumulando, y me permití tomar una siesta, sabiendo que debía alistar mis cosas para partir en la mañana a Unova y así tomar una nueva misión de mi cliente insignia.

Cuando desperté de mi siesta me percaté de que el Sol ya se había ocultado, la escaza luz que entraba por las rendijas de las cortinas había desaparecido, dejando mi habitación en total penumbra. Saqué mi HoloCaster para ver la hora, eran las nueve de la noche pasadas, por lo tanto, sin más dilación procedí a preparar mis cosas para partir a Unova por la mañana. Tomé mi mochila para senderismo negra y metí las cosas esenciales, algunas posiciones, Revivir Máximos y mi arma, además varia ropa táctica y un pequeño botiquín de campo, no sería la primera vez que ocupara dichos objetos, estar bien preparado es algo que el pasado me ha enseñado, a las malas. Una vez terminé de alistar mi mochila, la dejé al lado de mi cama, y salí de mi cuarto, para así poder cenar y pasar el rato antes de volver a dormir. Ya satisfecho tras la cena, me senté en el sillón de la sala y los recuerdos de lo ocurrido el día que todo empezó, atacaron mi mente.

¡Ahhhh! –Exclamé al sentir un profundo dolor en el costado derecho de mi cara. Instintivamente llevé mi mano a dicho lugar, para sentir una especie de tela. Extendí el contacto en la zona, dándome cuenta que tenía una gaza cubriendo parcialmente la mitad derecha de mi rostro, esto sin llegar a cubrir mi ojo. "¿Qué me ocurrió? ¿Dónde estoy?" Me pregunté al notar mi situación. Dicho cuestionamiento me llevó a prestar atención al lugar en el que me encontraba; parecía ser una habitación bastante lujosa, con una cama elegante, cobijas de lino y adornos de alta clase. Pero aquello desentonaba con el gran desorden del lugar, la cama se encontraba torcida al medio de la habitación y había papeles en el piso, para terminar las paredes se encontraban grafiteadas con palabras como: "Nanay", "Skull"; además de varios dibujos de unos Golisopod y Salazzle. No tenía ni la menor idea de donde me encontraba, pero el lugar no me daba buena vibra.

Pero si el pequeño Growlithe pendejo se ha despertado, al jefe lo va a poner que se mea de la alegría. –Escuché a un individuo hablar en un lenguaje bastante soez, lo que explica la condición del lugar. A los varios minutos de haber escuchado aquello, un hombre bastante alto, de unos, metro noventa, con pelo teñido de blanco al medio, y a los lados de color negro, despeinado, con unos anteojos grandes y de forma extraña apoyados en su frente y ropas típicas de los raperos o maleantes, como se quiera interpretar. El hombre se me acerco con un caminado peculiar, que recuerda a aquellos que se esfuerzan por demostrar que son personas con las que no se debe meter.

Llegó la razón de sus pesadillas, la destrucción personificada, el amo de las rimas y todos los Pokémon de Alola, el gran Guzma. ¡Pero chaval, homie! Hasta que al fin has despertado, ¡carajo! ¿Sabes? Tenerte de mantenido cual Rockruff de la calle no sale nada barato hermano, debería desnucarte y ponerte a servirme, pero te salvas que eres hijo de alguien de importancia para el presi de Aether. –Realmente no sabía de qué hablaba aquel tipo tan extraño. "¿Hijo de alguien importante? ¿Yo?" Pero la cuestión anterior me llevó al núcleo del problema; realmente no sé quién soy, no recuerdo nada desde antes de despertar en este lugar, recuerdo a los Pokémon, recuerdo como hablar, como pensar, se cómo es la cultura y la sociedad, sé que creo en Arceus, pero no sé quién se supone que soy, no se mi nombre, no se mi apellido, no sé si tengo familia, amigos o incluso si poseo Pokémon.

¿Oye, chaval, te encuentras bien, loco? Ya te dije que no pienso hacerte daño porque el presi me ordenó que te mantuviera a salvo, incluso que te diera cabida en mi equipo, el Team Skull, somos los más malos, el mayor de los desastres, los amos del cotarro. Además, por lo que me dijeron, tienes pasado con eso, algo de que formabas parte de un Team Rock, Rocket o algo así. Y no tienes opción, así que desde hoy eres un hermano más de los Skull. –Al terminar de decir esto, dos tipos que se encontraban atrás de éste hicieron un movimiento extraño con las manos, simulando un candado o pinzas de un Pokémon bicho o algo similar. Realmente no entendía nada, ¿qué era eso del Team Skull, Team Rocket y Aether? ¿Por qué le interesaba a la presidenta de este último, y por qué me veía en la obligación de formar parte de esa gente tan desagradable? El tal Guzma me miró con expresión de loco, para, posteriormente, tirarme unas ropas similares a las de sus subordinados, para así salir de la habitación elogiando la grandeza de su ser. No me encontraba cómodo entre esa gentuza, pero realmente no tenía donde huir, y al parecer su líder es la única fuente de respuestas a la que dispongo. Por lo tanto, me veía en la necesidad de seguirles el juego y averiguar lo más posible de mi pasado.

Recordar aquello realmente me traía sentimientos encontrados. Aunque Guzma y yo no poseíamos una buena relación al principio, con el tiempo terminé aprendiendo mucho de él. El cómo se sentía dado de menos y poco valorado por otros adultos, mientras que su rival de la infancia durante el Recorrido Insular, se había vuelto el profesor de la región y una persona reconocida, siendo él, delegado a nada y rechazado como capitán de las pruebas. Con el paso del tiempo, se hartó de eso, huyó de su casa, formó el Team Skull y asedió el Pueblo Po, aprovechando que al Kahuna de Ula-Ula, realmente no le importaba hacer nada por las personas que vivían en aquel lugar. Con el tiempo, al conocer a Denio, me enteré que realmente no le caían bien los habitantes de Pueblo Po, los describía como ricachones con demasiado ego, además mencionó que apreciaba más tener su comisaria al lado del pueblo con los Skull en éste, que a aquella gente. Por lo que se limitó a evitar que las personas entraran al pueblo, por la seguridad de estas mismas, y dejo a los miembros del Team Skull a sus anchas detrás de los muros.

Al conocer a Guzma, también pude dilucidar cuanto realmente amaba a sus Pokémon y el cómo les daba un buen trato a aquellos que robaba. Al final los que salían mal parados eran los entrenadores de los mismos, la viva prueba de ello era su Golisopod, talvez el Pokémon más fiel que haya conocido, ya que murió protegiendo a su entrenador en el asedio de los Ultraentes. En dicho ataque, también murió la única chica con la que he estado desde que perdí la memoria. Plumeria, la segunda al mando del Team Skull, al principio, por alguna razón, me odiaba a muerte, pero con el tiempo me tomó confianza. No tardé mucho en enterarme que estaba enamorada de Guzma, pero la admiración, casi obsesión, que poseía por aquella presidenta de Aether, Lusamine, impidió que notara lo que Plumeria sentía por él. Por lo que al final ella y yo nos terminamos volviendo bastante cercanos, y después de amanecer en la misma cama en una ocasión, decidimos iniciar una relación que duró hasta su muerte. Realmente no la amaba, y sé que ella tampoco lo hacía de vuelta, pero disfrutábamos de la compañía del otro y eso nos bastaba, por esto mismo fue que me dolió en especial su muerte sobre la de los demás, y por ello fue que descargué todo mi odio en la Isla Aether y en todos los que se encontraban en ella.

Recordar todo aquello me llevaba al lado amargo de aquella época, el fin de mí, irónicamente alegre, tiempo como miembro del Team Skull. El dolor de perder a todos mis compañeros, a mi gran amigo, Guzma, y a la mujer que llenó temporalmente el vacío que no he dejado de sentir desde que desperté en la guarida del Team Skull.

Toda aquella mezcla de sentimientos me llevó a repetir el ritual que se me ha vuelto costumbre desde que empecé la vida solitaria que estoy llevando, y que se volvió más común desde que empecé a visitar Kalos de manera constante por aquel par de féminas. Beber, tomar whisky hasta desfallecer, hasta lavar todos los problemas que me persiguen, olvidar que me siento solo, olvidar que llevo más de tres años sin tener amigos y sin poder contar con mi familia, solo yo con mis Pokémon, olvidar que llevo un año acosando a una madre y a su hija sin razón, a riesgo de parecer un sátiro o violador en potencia y de meter a las dos en problemas con mi sola presencia, más ahora que me atreví a hablarle a la niña, ignorando a mis instintos. Y así cerré aquella noche, ahogándome en alcohol hasta lograr mi objetivo, perdiendo la conciencia.