Gracias por los follow y fav.

Nass Rox: Me alegro de que te haya gustado el capítulo. ¿Cuál es tu primera pareja favorita? Así veo si publico algo de ellos. Gracias por comentar :)

Dama Ithil: Me alegro de que te guste el rumbo que está tomando. Espero ver tus comentarios de aquí en adelante. Gracias por comentar :)

Natalie G o linfocito: Gracias por comentar :) Me alegro de que te esté resultando interesante.

Espero que os agrade el capítulo.


3. Cylean Rousseau.

A mediados de agosto una gran parte de la Orden del Fénix fue a buscar a Harry al número 4 de Privet Drive. Claramente, no hubo forma esta vez de que los Dursley salieran de casa, por lo que se encontraron a algunos brujos e incluso a un hombre lobo en su cocina por primera vez sin protestar ni decir nada al respecto. Tonks incluso se veía afectada por el deceso del muchacho, tiñendo su cabello de negro en el momento en que vio tanto luto por la casa. Habían pasado dos semanas de la muerte de Dudley y aún seguían andando en la casa con susurros, comiendo casi nada y dejándose hundir por la pena. Harry no sabía si soportaría otro verano con ese nivel de aburrimiento y dolor, ya bastante tenía él con el suyo propio.

Tomaron un traslador que Dumbledore había hecho hasta el parque que estaba en la esquina de Grimmauld Place y fueron al número 12 con aparente tranquilidad. Moody constantemente chequeaba a Harry, que no parecía para nada afectado con la muerte de su primo, pero no decía nada.

Sirius le recibió en la cocina con un abrazo enorme, de esos que te quitan el aliento. Harry se sintió feliz por primera vez en dos semanas, feliz de verdad, sin sentimientos de extraña culpa que nublen su mente impidiéndole evitar reír en paz.

—Y aquí está mi ahijado —dijo, señalándole a un hombre que estaba en la cocina del sótano. Harry se sorprendió al verlo porque no lo conocía de nada, y ciertamente le recordaba a Bill Weasley: cabello largo, colmillo en el lóbulo de la oreja, pero unos cuantos aretes colgando del cartílago de su otra oreja y ropas muggles, negras y gastadas. Sus uñas, cortas, también estaban pintadas de negro. En vez de cabello pelirrojo era rubio oscuro, y se lo pasó detrás de la oreja antes de saludar a Harry con una mano entusiasta y de apretón fuerte.

—¡Harry Potter! —dijo, con un ligerísimo acento francés—. Es un honor conocerte, al fin. Tu padrino lleva hablando de ti desde que llegué, y de eso hace ya tres días.

Harry fulminó a Sirius con la mirada. El hombre alzó ambas manos y sonrió.

—Culpable —dijo, sin quitar la sonrisa—. Harry, déjame presentarte: él es Cylean Rousseau y es un nuevo miembro de la Orden. Además, será tu nuevo profesor de Defensa.

Cylean le dio un ligero empujón de broma a Sirius.

—Arruinador de sorpresas.

—Toda mi vida —Sirius hizo una ligera reverencia, sonriendo burlonamente—. Cylean estaba esperando conocerte. Se ha quedado estos tres días porque quería conocer a Harry Potter y no tenía idea de cuando Dumbledore había enviado a buscarte. Aunque claro, yo tampoco tenía mucha idea, así que le he dejado.

—Y ha valido la pena, eso sí que sí —Cylean arrastró a Harry a una de las sillas de la mesa—. Cuéntamelo todo, Harry. Nunca he creído lo sucedido el año pasado tal como lo narra El Profeta. Tú debes ser el único que sabe por completo la verdad. Cuéntame, ¿qué sucedió?

Harry enrojeció unos instantes.

—El año pasado fue una dictadura en Hogwarts —comenzó a contar—. Umbrigde se hacía con el poder. Ponía decretos estúpidos y nos prohibía hacer magia de verdad, todo porque el Ministerio no creía que Voldemort —Cylean se sobresaltó ligeramente al oír el nombre salir tan aireadamente de sus labios— había regresado. Era una locura: se hacía llamar la Suma Inquisidora y castigaba a todos los que no la obedecían —le mostró la mano con la cicatriz que tenía "no debo decir mentiras" grabado en su piel—. Así como este había muchos más. A nadie le gustaba quedar de castigo con Umbrigde. Entonces, atacaron al Sr. Weasley… —se detuvo—. Asumo que esa parte ya se la han contado, ¿no?

Cylean asintió, luego negó.

—Oh, Merlín, no importa. Tú cuéntame —casi exigió. Harry rió. Le recordaba a Colin Creevey en su primer año, aunque sin cámara fotográfica.

—Voldemort atacó al Sr. Weasley usando a su serpiente en el Ministerio. Fue un caos. Finalmente, hubo un atentado al Ministerio, y Voldemort se apareció en el Departamento de Misterios con un grupo de Mortífagos que acababan con cualquiera que se cruzaba en su camino. Al mismo tiempo un grupo menor de Mortífagos entró a Hogwarts por el Bosque Prohibido generando distracciones. Se desató una batalla terrible de la que lo único bueno que sacamos es que a Umbrigde se la llevaron los centauros, y que el Ministro vio con sus propios ojos a Voldemort, dándonos la razón a Dumbledore y a mí.

—Nunca me canso de oír esa historia —suspiró feliz Sirius, que se había sentado detrás de Harry, y apoyó la barbilla en el hombro de su ahijado—. ¿Qué? —dijo, ante la mirada casi estupefacta que le daba Cylean—. Es una buena historia. Además Umbrigde era una perra.

—Es —remarcó Harry—. No murió. Está en Azkabán por cargos de tortura a menores de edad y discriminación.

—Es increíble —jadeó Cylean, maravillado—. ¡Merlín, Harry Potter acaba de contarme una de sus aventuras! Esto es increíble.

Tenía una voz extraña, delicada de cierta forma, y más aún cuando hablaba emocionado.

—Tampoco es para tanto —repuso Harry, desviando la mirada.

—Las grandes hazañas de uno no son bien apreciadas por esa misma visión —dijo de pronto la voz sabia de Dumbledore desde la puerta de la cocina. El anciano profesor se encontraba allí, y los ojos de Cylean brillaron con el reconocimiento—. Señor Rousseau, es emocionante que un profesor se encuentre tan impresionado con las hazañas de un alumno.

Las mejillas pálidas de Cylean tomaron un color rosado.

—Oh… si… yo… —balbuceó, sin saber qué decir. Sirius rió contra el hombro de Harry haciéndole vibrar y Harry se lo apartó, molesto—. Lo siento, señor.

—No tiene que disculparse —Dumbledore le quitó importancia con una sonrisa—. Incluso grandes personas pueden dejarse impresionar por las pequeñas y grandes cosas que le impone la vida.

Harry se contuvo de rodar los ojos. Dumbledore parecía tener un repertorio de frases para toda ocasión. ¿Es que acaso las anotaba para recordarlas y decirlas en el momento adecuado?

—Harry, muchacho —Dumbledore se inclinó hacia él—. ¿Te importaría venir conmigo un momento?

—Claro que no, profesor —Harry se levantó y le dirigió una sonrisa a Sirius y a Cylean—. Regreso enseguida.

Sirius le alzó los pulgares. Cylean sonrió, ligeramente avergonzado por su desplante anterior.

Harry siguió a Dumbledore hasta una de las habitaciones de la primera planta. Las paredes vacías pero limpias demostraban que se habían quitado cuadros recientemente.

—Harry —Dumbledore le sonrió bonachonamente, como si fuera un ancianito adorable, y Harry sabía que él no lo era—. ¿Quieres sentarte?

Había un sofá en un rincón pero Harry negó, y no porque el sofá estuviera cubierto de polvo.

—Prefiero estar parado, gracias.

Dumbledore sonrió.

—Me he enterado de lo sucedido con tu primo, Harry —su voz sonaba agravada por la pena—. Es algo que lamento mucho. Era una vida muy joven para dejar este mundo.

Harry se mordió la lengua, dejó que Dumbledore continuara.

—Y después de todo, comprendería si no quisieras volver a esa casa, pero tus tíos necesitan de ti por lo menos por otro año más… tú necesitas de ellos.

Harry se siguió mordiendo la lengua tan fuerte que creyó que se iba a hacer sangre.

—Lo sé —dijo, luego de unos segundos, y alzó la vista. Dumbledore le miraba con aquellos ojos azules serenos, y Harry se dijo que habría falta mucho para que el anciano desconfiara de él—. ¿Cómo te sientes respecto a eso, Harry?

—Dudley… mi primo… —Harry agachó la mirada. No podía mentirle mirándolo a los ojos, de verdad que no podía—. No era una gran persona, pero no merecía morir.

Mentira, gritó una voz en su cabeza. Harry cerró los ojos, acallando la voz.

—Nadie merece la muerte si no quiere ir por ella.

Y ahí estaba otra frase. Harry se obligó a dibujar una sonrisa triste.

—Me gustaría estar con mi padrino si no le importa, profesor.

—¡Oh! Lo entiendo perfectamente, Harry. Mis disculpas —Dumbledore le señaló a la puerta y Harry avanzó hasta ella, aunque Dumbledore le detuvo—. Aunque no era exactamente eso lo que quería hablar contigo.

Harry se volteó a verlo.

—¿Sí, profesor?

—El profesor Rousseau será su nuevo profesor de Defensa este año. Y le he pedido que te de clases de Oclumancia.

Harry alzó ambas cejas, ciertamente sorprendido.

—Pero el profesor Rousseau…

—Sé lo que parece, Harry —Dumbledore sonrió ligeramente—. Pero es un buen profesor. Apenas terminar Beauxbatons fue contratado allí como profesor de Defensa contra la Magia Oscura, pero decidió dejarlo después de un par de años para recorrer el mundo… aunque se ha mantenido mayormente en Europa. Pero, ¿quién soy yo para contar la historia de un hombre sin saber si él quiere contarla? —sonrió como si se hubiera percatado de que estaba haciendo algo mal, y le volvió a señalar la puerta—. Era eso, Harry. Ve. Seguramente el profesor Rousseau tiene muchas preguntas que hacerte.

Con esto le guiñó el ojo y salió.

Harry estaba ciertamente confundido. No decía que el profesor Rousseau fuera un chiste de profesor porque claro, se llevaba bien con Sirius, pero tampoco parecía alguien muy serio. Harry rió por el juego de palabras mientras iba sigilosamente a la cocina.

Cylean y Sirius estaban allí, tonteando como dos críos. Harry se dio cuenta de que el hombre no podría tener más de treinta años, o tal vez menos, pero no estaba juzgándolo sin conocerlo… simplemente creía que era extraño que un completo desconocido fuera a dar clases a Hogwarts. Al fin y al cabo, había tenido malas experiencias con profesores de Defensa, nadie lo culpaba por juzgar.

—Harry —Sirius lo llamó—. Cylean estaba diciéndome que sabe cocinar. ¿Quieres aprender? Ya que será tu profesor…

—Ya sé cocinar bastante bien, Sirius —Harry le dirigió una sonrisa cargada de veneno a la burla de su padrino—. Gracias.

Cylean tenía la mirada gacha, estaba como avergonzado. Pero Sirius empujó ligeramente al hombre y ambos se pusieron a cocinar, Cylean explicándole a Sirius cómo cortar las cebollas o cómo quebrar correctamente los huevos. Harry suspiró. Era mucho pedir que Sirius aprendiera a cocinar viviendo solo; es más, era pedir demasiado. Pero después de todo, era Sirius, así que sabía que no podía contar con mucha madurez de su parte… la mayor parte del tiempo.

Harry les vio cocinar tortillas de patatas y cebollas con una sonrisa en el rostro. Ver a su padrino aprender algo y tomárselo con seriedad era algo nuevo. Allí, cabeceando, no se dio cuenta de que se había dormido hasta que Sirius le despertó un tiempo más tarde.

—Vamos, Harry, arriba —lo sacudió ligeramente—. Ya está la comida.

Dumbledore se había ido, se sorprendió Harry, y sólo estaban Tonks y Remus para comer. Remus lucía más deshecho que nunca, con más canas que el año anterior, pero con una sonrisa de dicha que competía con la de Tonks, que les informó que estaban saliendo.

—¿En serio? —Harry estaba emocionado—. Eso es genial.

—Sí, sí —Sirius acuchilló con demasiada fuerza su tortilla—. Genial.

—Vamos, Sirius —Harry le pateó por debajo de la mesa—. Muestra tu alegría.

Sirius forzó una sonrisa. Remus sonrió.

—¿Celoso, Sirius? —bromeó Tonks, y Sirius le sacó la lengua.

—No, es que, ¡joder! —apretó con demasiada fuerza el tenedor, que saltó de entre sus dedos partido en dos—. Todos encuentran pareja menos yo.

—Yo estoy soltero —dijo Harry. Sirius bufó.

—Tú tienes dieciséis años.

—Yo estoy soltero —repitió Cylean, al terminar de tragar—. Y tengo treinta.

—¡Vaya! —Tonks lucía impresionada—. Luces más joven.

Cylean se sonrojó ligeramente.

—Gracias.

Harry sonrió, sintiéndose cómodo con el ambiente en la casa. La noche pasó rápida, entre comentarios, charlas informares y risas. Remus y Tonks se fueron casi a las once.

—Pues, yo debo irme —suspiró el profesor Rousseau, mientras Sirius lavaba los platos.

—Vamos, vete —dijo Sirius. Cylean agachó los hombros y caminó hasta la puerta, de la cual al pasar asomó la cabeza.

—Me iré.

—Hazlo —siguió Sirius. Harry los miraba divertido.

—Me iré a mi departamento solitario y vacío. No tendré nada que hacer… me aburriré y me despertaré a cualquier hora…

—Pues adiós —siguió Sirius, sonriendo. Harry no se contuvo y soltó una carcajada.

—Sirius, creo que el profesor Rousseau quiere quedarse.

Sirius se volteó a verlo. Había súplica en los ojos de Rousseau.

—Sí, puede ser —dijo Sirius, encogiéndose de hombros—. ¿Qué más da? Que se quede.

Rousseau volvió a entrar en la cocina con una sonrisa de oreja a oreja.

—¡Genial! Gracias.

Harry rió. Era genial.

Harry durmió en la habitación que solía compartir con Ron, esta vez solo. Ya quería ver a su amigo. Seguro la señora Weasley le dejaba ir al número 12 cuando supiera que Harry estaba allí… por lo que tenía que escribir una carta rápidamente.

Era de mañana cuando envió la carta. Apenas se coloreaba el alba y Hedwig ya volaba rumbo a La Madriguera. Tal vez, si al volver le enviaba una carta a Hermione, ella aceptara ir también y pasarían el resto de las vacaciones juntos…

—¿Harry? —Harry se sobresaltó y se volteó. El profesor Rousseau llevaba nuevamente ropas muggles, pantalones desgastados y camiseta con una boca de lengua roja—. ¿Podemos hablar?

Harry asintió.

—Claro.

—Bien, porque tenía algo que confiarte. ¿Podemos ir a un lugar más… privado?

Harry se encogió de hombros.

—Creo que la biblioteca estaba por aquí.

Fueron a la biblioteca y Harry cerró detrás del profesor y de él. Él le sonrió.

—Primero que nada, buenos días —tenía una sonrisa extraña, una sonrisa que a Harry le resultaba familiar, pero no tanto—. ¿Crees que podrías guardarme un secreto?

—Depende —evadió Harry. El profesor se mordió el labio.

—Vaya, no esperaba esa respuesta. ¿Depende de qué?

—De si me conviene guardarlo o no.

La sonrisa de Cylean Rousseau se amplió.

—Muy Slytherin de tu parte, Harry.

Harry retrocedió, con los ojos bien abiertos.

—Esto es una broma. Joder…

Pero no lo era. Cylean Rousseau, en frente de él, ya no era Cylean Rousseau. Seguía siendo alto y delgado y vistiendo esas ropas muggles desarregladas, pero no era rubio, ni tenía ojos azules, ni aretes en las orejas. Ahora tenía el cabello negro, los ojos oscuros y el rostro anguloso.

—Tom —siseó Harry, sin creerlo. Tom Riddle le sonrió.

—Te he dicho que no me llamaras así, Harry —suspiró él—. Pero, podría acostumbrarme a que me llames así en privado, y profesor Rousseau, o Cylean, en público.

Harry se maldijo. Joder. Debía haber hablado antes. Pero ya era tarde, y su lado gris se burlaba de él, de su credulidad, de su inocencia.

—Tranquilo, Harry —Tom se acercó a él, sonriendo de lado—, no planeo herir a nadie. ¿Sabes? Siempre quise dar clases en Hogwarts. Es como un hogar para mí. Por eso aproveché esta oportunidad para volver… será genial, te lo prometo.

Harry no sabía la definición de Voldemort para genial, pero esperaba que no fuera torturar un par de chicos cuando le dieran malas respuestas.

—Eso es una locura —siseó Harry—. Dumbledore se dará cuenta, te atrapará y…

—Oh, Harry, qué poco me conoces —Tom se recargó contra un librero, luciendo muy despreocupado—. He estado estos últimos tres días bajo la atenta vigilancia del viejo. Y, ¿tú creerías que el Cylean Rousseau que conociste sería Lord Voldemort?

—Sinceramente, no —Harry hizo una mueca. Había sido un crédulo.

—Dumbledore tampoco lo cree, y Sirius… él tampoco.

—Oh, diablos —Harry suspiró—. ¿Seguirás con esto hasta el final?

—Por supuesto —Tom le dedicó una sonrisa amplia—. Hasta el final.


Espero que os haya gustado el capítulo ;) En el siguiente: "Secretos compartidos". Por favor, dejad vuestros comentarios, quejas, dudas, sugerencias, etc.

Saludos. :)