Los personajes son de Stephenie Meyer, esto es solo una adaptación ya que la historia no es mía, es de la gran esritora Corín Tellado.

Capitulo 3

No dije nada en casa. Vi el semblante de papá preocupado y a mi madre que intentaba tranquilizarlo. Yo no estaba muy segura de lo que iba a hacer y sabia que Edward no se lo diría a papá hasta no estar convencido de que me casaría con el. Todo había quedado en suspenso.

Me acosté tarde para pensar en todo aquello, pero estaba decidida. Edward Cullen me provocaba un respeto tremendo, pero iba a casarme con el. Y que todo saliera como fuera. Mi despecho lo había convertido en una pura necesidad, aunque fuese una necesidad terrible.

Al día siguiente, tome mi cartera y me dirigí al estudio de Edward. Pero antes encontré a papá en el jardín y me pregunto adonde iba:

-Voy al estudio de Edward.

-¿Cómo?

-El tuyo esta cerrado. Lo vi ayer.

-Es momentáneo, todo se arreglara.

-Por mi no lo arregles, trabajare allí.

-Quisiera ayudarte.

-No, papá, no tienes que ayudarme. Estoy muy bien.

Y me fui a toda prisa…

Entre en el estudio. Todos me miraron. Todos intentaron ayudarme, pero cuando entro Edward me dejaron sola con rapidez, sentada en el taburete mirando al frente, donde tenía el lienzo donde yo debía trabajar.

Edward se apresuro a acercarse. Siempre lo vi bien vestido, aunque deportivo. Aquella mañana llevaba puesto un pantalón beige, una camisa amarilla y una chaqueta de ante abierta por ambos lados.

Se acerco a mi rápidamente.

-¿Vas a trabajar?

-Bueno, lo intentare.

-Ahora déjalo todo. Tenemos un bar en la primera planta. Si quieres, tomamos un café y halamos.

-¿Hay algo de que hablar?

-Pues claro. En la noche pensé mucho y quiero hablar sobre todo lo que me dijiste ayer, Bella.

-Voy contigo.

Lo seguí sin pensarlo. Se que nos siguieron muchos ojos, pero ya nadie ignoraba en la villa de Edward Cullen se había enamorado de la hija de su amigo Charlie.

Entramos en la cafetería. El edificio entero le pertenecía.

-Ya se que eres arquitecta-iba diciendo-, pero prefiero que ante todo seas una mujer. Te llevo bastantes años, Bella. Tengo 32 años.

-Bueno, tampoco son tantos. Mi padre le lleva 10 años a mi madre y son felices.

-Ciertamente. Es verdad. Yo me siento con ellos frecuentemente, tanto si van a cenar como al Club de Campo o a la villa próxima para bañarse en el Club Náutico. Tu madre nada divinamente. ¿Qué piensas del futuro, Bella?

-Lo que tú digas.

-¿Estas segura?

-Si.

-¿Por qué lo haces? El día que te dije que te quería, me rechazaste con frialdad…

-Había motivos. Ahora tengo otros.

-Me expongo, ¿sabes?

Desde ese momento, todo fue muy rápido. En pocos días, ya nadie ignoraba que Edward me cortejaba, que mis padres estaban de acuerdo, que Edward y mi padre se asociaban y que desaparecía la hipoteca de mi casa… ¿Podría todo eso darme vergüenza?

No yo iba a lo mío.

Cuado pensaba que Edward iba a ser mi marido me estremecía de angustia, pues no lo amaba. Y empezaba a repugnarme cuando me tomaba los dedos. Aun no me había besado. Me daba miedo que lo hiciera, y cuando uno de aquellos días Jacob me cito, no acudí a la cita.

Le dije a mi doncella que me disculpara. Me estuvo llamando día tras día, toda la semana, por eso cuando Edward me dijo:

-Nos casamos cuando gustes…

-Ya-le respondí.

-¿Ya? ¿Esta segura de eso?

-Si.

Y descendí del automóvil.

El lo hizo por el otro lado. Era noche cerrada. El me agarro por un brazo y me apretujo contra su cuerpo. Estuve a punto de echar a correr, pero no lo hice, y el, besándome en los labios, murmuro pegado a mi boca:

-Te haré feliz. Verás que te haré feliz.

Me beso de un modo tan intenso, que me quede inmóvil imaginando a Jacob besándome tantas veces…