3. Entrevistas peligrosas.
Los días siguieron su curso, y durante ellos, Hermione pudo comprobar cuan distinta eran las cosas ahora. Tía Minerva solía tener un gran humor y una personalidad jovial, pero también presentaba un fuerte carácter, que hacía que Hermione comprendiese como habían debido sentirse sus empleadas en su antiguo hogar.
No se sentía feliz, puede que necesitase mucho tiempo para ello, pero comenzaba a sentir algo raro dentro de ella. Había hecho por primera vez la cama, y fregado los platos. Comenzaba a sentirse útil de una manera que jamás había sentido. Pero lo que más había disfrutado sin duda era el cocinar. Jamás se lo había planteado, siempre había sido servida sin valorar el trabajo que conllevaba estar en la cocina, pero ahora. Tras los consejos de Minerva y la paciencia de esta para enseñarla, Hermione había encontrado una nueva afición que la relajaba muchísimo.
Apenas había vuelto a salir de casa, no tenía con quien y sentía todos esos barrios como si fuesen peligrosos para una chica como ella. Su tía no le insistió, pero Hermione había podido escucharla hablar por teléfono, cuando creía que ella dormía, diciendo que tras la llegada de Hermione a su hogar tenía problemas de dinero y que esperaba que la joven se decidiese a buscar un trabajo para ayudarla porque sino, no sabía como haría para poder salir adelante.
A pesar de que tan solo el pensar en trabajar se le hacía muy difícil, Hermione había sopesado esa posibilidad desde hacía mucho tiempo. Sabía que la calidad de vida de su tía no daba para mucho más, y con una persona de más en la vivienda todos los gastos se duplicaban.
Encendió el portátil que reposaba en el escritorio y abrió con rapidez el correo electrónico. Había un nuevo mensaje de Cormac, el único de todos sus amigos londinenses que le había escrito al menos una vez cada día. Lo abrió y leyó con avidez. No se sorprendió de su contenido. Cormac siempre había estado loco por ella. Y ella sorprendentemente le echaba de menos, no como a un novio, sino como a alguien con el que compartió grandes momentos de su vida. Chiqueó en la pestaña de responder y escribió a prisa unas letras donde le contaba un poco todo lo que estaba viviendo esos días a tantos kilómetros de distancia de lo que una vez consideró su hogar.
Alguien tocó la puerta, y Hermione se giró a la vez que la puerta se abría. Tía Minerva entró con una bandeja y una sonrisa enorme en la cara.
- Te he traído un vaso de leche, para que te lo tomes antes de dormir.
- Gracias – musitó Hermione volviendo su mirada a la pantalla – yo… esto… había pensado que quizás debiese buscar un trabajo.
Minerva tragó saliva y asintió.
- Me escuchaste la otra noche, ¿verdad?
No era una pregunta, por lo que Hermione tan solo asintió levemente.
- Saldremos adelante, cariño. Es tan solo… mi trabajo no nos proporciona un sueldo demasiado extenso… había pensado en buscar otro, pero las ofertas no llueven cuando has pasado los 50 y no tienes una carrera.
- No, tía. De verdad que lo entiendo. Debiste decírmelo… yo… puedo buscar algo… sé que aquí no sirve de nada que tenga la carrera a medias… pero puedo buscar otro trabajo.
- No quise decirte nada porque sé que no es tu estilo servir copas o despachar en un supermercado.
- Tampoco era mi estilo vivir en un apartamento, pero debo adaptarme. Me has permitido vivir contigo y te has hecho cargo de mí. Lo mínimo que puedo hacer es hacerme cargo de parte de los gastos.
Minerva asintió y se acercó para abrazar a su sobrina con cariño. Ella se dejó querer. Aun esas muestras de cariño le resultaban extrañas, pero se estaba acostumbrando a ellas.
- No te acuestes muy tarde mirando cosas en ese chisme – dijo Minerva señalando el portátil
- No, tranquila, me acostaré en breve, tan solo quiero poner otra nota en la página Web del aeropuerto
- ¿Nadie ha contestado la anterior?
- No… al parecer nadie ha encontrado el collar… empiezo a pensar que quizás me lo hayan robado.
- Es posible… bueno, me voy a la cama, me duelen todos los huesos. Hasta mañana.
Hermione le deseó lo mismo a su tía y comenzó a escribir de nuevo la nota con rapidez. Prácticamente había perdido todas las esperanzas, pero aún así no había desistido. Cerró las pestañas de navegación y después el equipo. Bostezó y se estiró ampliamente.
Se metió en la cama y se tapo hasta la cintura. El colchón no era tan confortable como el que había usado tiempo atrás, pero había aprendido a coger la postura adecuada para sentirse realmente a gusto. Sus ojos empezaron a cerrarse y pronto quedó sumergida en el mundo de los sueños.
Al día siguiente, cuando tía Minerva terminó su horario de trabajo, que esa semana era matutino, entró en casa con una amplia sonrisa. Hermione, que había preparado un poco de sopa, le sirvió en un plato hondo para que comiese y recuperase las fuerzas, pero Minerva estaba demasiado emocionada como para que pudiese comer ni una sola cucharada.
- ¿Qué ocurre? – preguntó Hermione mientras se servia a si misma la sopa
- Te he encontrado un trabajo – comentó emocionada
- ¿Tan rápido? – dijo Hermione con el cejo fruncido
- El marido de una de mis compañeras busca a alguien para reponer artículos en su supermercado. Es un trabajo muy sencillo, Hermione.
- ¿Supermercado? ¿Poniendo latas?
- Querida, no pongas esa cara, como un primer trabajo creo que esta muy bien. Y el dinero nos ayudará un montón.
- Esta bien… ¿Cuándo empiezo?
- Bueno… primero tienes que hacer una entrevista, esta es la dirección – dijo tendiéndole un papel escrito – será muy sencillo. Te harán algunas preguntas.
- ¿Y si no me dan el trabajo?
- ¿Por qué no irían a dártelo? Seguro que si querida. Tan solo debes esforzarte un poco. Sabes que lo necesitamos.
Hermione asintió. Haría todo lo posible por conseguir ese trabajo.
Se había arreglado lo bastante como para destacar sus rasgos más bonitos pero no lo bastante como para declarar que antes había pertenecido a otra clase social.
Minerva había intentado acompañarla, pero Hermione había pedido ir sola. Era algo que debía hacer sin ayuda. Se lo debía a su tía y estaba convencida de que podía hacerlo. Desde luego que colocar latas no era la pasión de su vida, pero si podía conseguir dinero, quizás más adelante podría pagarse la universidad y terminar la carrera para salir de ese barrio.
No le gustaba andar sola, y menos a esas horas, donde el sol poco a poco se ocultaba, así que se apresuró en llegar al supermercado, que aun permanecía abierto. Se acercó a una de las cajeras y preguntó por el encargado del establecimiento. La muchacha de forma muy seca señaló unas escaleras y Hermione caminó hacía ellas.
Arriba había unos pequeños aseos, una sala que tenía una pegatina en la puerta que rezaba "Archivo" y otra puerta con una pegatina idéntica que rezaba "Despacho". Se acercó a esta última y golpeó con lentitud la puerta. No obtuvo ninguna respuesta. Agarró el pomo y giró lentamente. La puerta estaba abierta.
- ¿Hola? – preguntó con voz queda
No obtuvo respuesta. Y sin pensárselo entró dentro, dispuesta a esperarle allí si hacia falta.
El despacho era grande y tenía otra puerta dentro que Hermione no sabía a donde podía llevar. Se sentó en la silla que había frente al escritorio y esperó. Y entonces escuchó claramente unos ruidos que provenían de la puerta que había dentro del despacho.
Se levantó del asiento y se acercó hasta allí, para escuchar algo que la dejó horrorizada. Dentro de esa sala había al menos dos personas que jadeaban y gemían. Hermione se tapó la boca escandalizada de que probablemente su futuro jefe estuviese teniendo sexo en esa salita con su mujer, pero entonces escuchó algo que la asustó si cabía aun más. Una voz ronca y de hombre suspiró:
- Si que tienes ganas de que te de el trabajo.
Hermione no soportó más esa situación, y horrorizada y escandalizada por todo lo que su mente la estaba haciendo pensar, salió del despacho corriendo, para dejar atrás, muy atrás ese supermercado.
No supo cuanto había corrido hasta que llegó a una zona que no había conocido jamás. Se apoyó en la pared más cercana intentando recuperar el aliento mientras hacía memoria sobre como volver a su casa.
Esa zona desde luego que no le sonaba de nada y su corazón todavía estaba demasiado exaltado como para permitirla recuperar la tranquilidad.
Un montón de cosas horribles se pasaron por su cabeza, y dio gracias por no haber hecho esa entrevista… sin embargo se volvió a inquietar demasiado. En la acera de enfrente, un hombre de unos treinta años la miraba fijamente.
Cogió aire con velocidad y comenzó a caminar deprisa hacía la primera calle a la derecha, deseando encontrar un bar o tienda abierta en la que poder pedir ayuda, pero según más andaba más lejos quedaban todos los comercios y aparecía más zona de descampado y casa pobres.
Giró la cabeza y se asustó al comprobar que ese hombre la seguía. Estaba lejos, pero no la perdía de vista. Apresuró aun más los pasos y comenzó a rezar entre dientes. Deseo haber permitido que su tía le acompañase a la entrevista, pero ya era muy tarde.
- Vamos preciosa – dijo una voz seca desde detrás - ¿Cuándo vas a dejar de correr?
Hermione se detuvo en seco un instante y se atrevió a girarse, para mirarle de frente.
- Eso esta mejor – continuó la voz del chico
Llevaba entre sus manos algo que parecía una navaja, y Hermione se sintió desfallecer.
- No sé que hace una chica de tu clase por esta zona, pero desde luego ha sido mi noche de suerte…
Ya estaba a su lado, y la había acorralado contra la pared, entre sus brazos. Podía notar con perfecta claridad como temblaba.
- No… no tengas miedo – siguió hablando el hombre – no voy a hacerte daño… no si te portas bien
- Por favor… - suplicó Hermione – déjame irme… no tengo nada…
- Yo creo que si… hace demasiado tiempo que no veo a alguien tan preciosa como tú… y tan elegante… una zorrita elegante…
- SOCORRO – gritó Hermione con todas sus fuerzas, pero se calló de pronto al notar el filo de la navaja rozando su cuello
- Yo que tú no haría eso… me irrita… y no querrás irritarme, ¿verdad?
- Por favor… - volvió a suplicar la muchacha mientras rompía a llorar de la impotencia.
- Pórtate bien y te prometo que te gustará – musitó el hombre en el oído de la muchacha intentando sonar sensual. Tras las palabras lamió la mejilla de la muchacha
Hermione sabía lo que vendría a continuación y cerró los ojos con fuerza. Había visto demasiadas películas, pero jamás imagino que algo así pudiese pasarla a ella. Aguantó el aliento y esperó. Entonces escuchó claramente un golpe y asustada abrió los ojos hasta el infinito.
Su acosador estaba ahora en el suelo, tocándose el pómulo con delicadeza. Frente a él, un pelirrojo al que Hermione ya había visto muchos días atrás y que ahora tenía en su poder la navaja que ese salvaje había empuñado.
- Sigues siendo un maldito imbecil, Pete…
- Nadie te ha mandado meterte, Ron
- Deja las drogas de una vez, o acabaras fatal…
- No iba a hacerla nada – aseguró el chico mientras se levantaba – tan solo lo que ambos quisiésemos…
Antes esas palabras, y con un extraño sentimiento de protección por la presencia del pelirrojo, Hermione se acercó y pegó un sonoro bofetón al que había sido su acosador.
- Márchate – dijo Ron con asco – o te juro que la próxima vez no solo será un puñetazo
- Si le cuento esto a Rodolphus no estará nada contento contigo… - amenazó Pete
- Rodolphus y su banda de subnormales… no quiero que vuelvas a acercarte a ella, ¿entendido?
- Dile a tu putita que esta es nuestra zona, si vuelve a adentrarse puede que no tenga tanta suerte de encontrarse contigo.
Ron cogió a Hermione de un brazo y caminó con prisa por entre unos callejones.
- Ten cuidado Ron, aquí se te empieza a tener muchas ganas – chilló Pete al ver que el pelirrojo se marchaba sin mostrar el menor temor.
El pelirrojo ni siquiera se giró y continuó andando, sin soltar el brazo de Hermione, que empezaba a quedarse dormido de la fuerza que hacía el muchacho.
- Estas loca – soltó de pronto - ¿Qué haces aquí?
- ¿Disculpa? – preguntó ella asombrada
- Esta zona es peligrosa, muy peligrosa. Todos saben de lo que es capaz Rodolphus y su banda.
- No… no lo sabía… me perdí
- Pues procura no perderte nunca más por aquí… Dios… no quiero ni pensar lo que habría sido capaz de hacer ese idiota de Pete si no llego a estar por allí.
Hermione se quedó callada. Ese muchacho pelirrojo tenía razón.
- ¿Dónde vives? – soltó bruscamente mientras soltaba su brazo
- En la calle Brainard – susurro ella frotándose el lugar donde Ron la había agarrado
- Lo siento - dijo el pelirrojo mirando a Hermione – me he puesto un poco nervioso. No me gusta tener que inmiscuirme en asuntos de Pete…
- Lo entiendo – dijo ella
- Bueno… vamos, voy a acompañarte a casa… ¿eres nueva por aquí?
- Semi-nueva… llegó tan solo un par de semanas…
- Un momento… ¿quieres decir que cuando nos vimos en el aeropuerto era tu primer día en la ciudad? – preguntó sonriendo ampliamente
La muchacha se quedó mirándole un instante, la primera vez que se vieron no observó lo realmente guapo que era y la sonrisa sincera y traviesa que ponía.
- ¿te acuerdas? – dejó escapar sin pensarlo
- ¿Cómo olvidarlo? Te tiré todo al suelo – aseguró sonriendo más ampliamente y encogiéndose de hombros.
Hermione sonrió.
Ambos siguieron avanzando, ahora en silencio, cohibidos por lo abierta que había sido su conversación instantes atrás, y antes de lo que les hubiese gustado a ambos llegaron a la calle de Hermione.
- Es aquí – dijo la muchacha – aún tengo que aprender bien los lugares a los que puedo ir…
- Intenta evitar esa zona… no se andan con titubeos y no se detienen ante nada
- Yo… muchas gracias… por todo… estaba tan asustada y tu llegada fue… como…
- ¿Cómo que? – preguntó mirándola fijamente y sin quererlo poniéndola nerviosa
- No lo sé – dijo ella sonriendo sinceramente – no puedo compararla con nada que me allá pasado anteriormente en mi vida… ha sido… única.
Ron sonrió y Hermione por un momento se perdió en sus intensos ojos azules.
- Buenas noches – dijo él – y espero que la próxima vez que nos veamos sea en una situación normal.
- Si… - asintió ella
Y esperó en la puerta del portal hasta que él cruzó la esquina, perdiéndose de su vista. Subió con prisas los escalones deseando que su tía estuviese ya acostada, para poder inventarse una excusa creíble al porque no había conseguido el trabajo. Y pensando que Ron, después de todo no era tan idiota como había pensado la primera vez que le vio.
Gracias por leer. Espero vuestros reviews :)
Nos leemos en la próxima actualización ^^
