CAPÍTULO 3
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Edward's POV
Carlisle bajó diez minutos después y se disculpó por tardar tanto. Por fin podríamos cenar, ya me estaba rugiendo el estómago.
Emmett no tardó en estirar el brazo para coger comida y metérsela a la boca. Su novia, Rosalie, le pegó en el brazo por ser maleducado. Carlisle carraspeó y sonrió.
-Emmett, recuerda que tenemos una invitada.
-Sí, claro – dijo Emmett con la boca medio llena. Tragó y miró a Bella -. Lo siento, Bella – sonrió con picardía -. Ya te acostumbrarás con el tiempo, no te preocupes.
Bella parpadeó sin decir nada y sonrió a medias. Rosalie le metió otro golpe a mi hermano, esta vez en la nuca.
La cena transcurrió con normalidad, sin las groserías que hacía Emmett cuando comía. No había muchas palabras entre todos, siempre nos poníamos a hablar con el de al lado. Bella y yo no hablábamos entre nosotros, estaba claro. Ella me estaba empezando a odiar más cuando iba a coger algo para comerlo y yo me adelantaba, sólo para fastidiarla un poco. Vi como me lanzaba miradas envenenadas y tan fulminantes que temía desintegrarme y convertirme en polvo.
Le sonreí como si nada, ella rodó los ojos y siguió comiendo.
Los platos de aperitivos se acabaron enseguida y llegó la hora de comer el estofado hecho por Rosalie y Emmett (yo tenía miedo de eso sólo porque mi hermano había contribuido en hacerlo). Esme se encargó de repartir los platos con la comida y cuando llegó el turno de darle un plato a Bella, a ésta se le resbaló de las manos y el estofado cayó justo en mi regazo.
Todo se quedó paralizado en ese momento. Mis hermanos y Jasper y Rosalie miraban atentamente a ver como reaccionaba. Bella se llevó las manos a la boca soltando un fingido jadeo; pude ver como sonreía con malicia. Esme y Carlisle nos miraban con las cejas alzadas. Y, en ese momento, me di cuenta de cómo ardía el estofado.
Me levanté de golpe en la silla mientras soltaba maldiciones a diestro y siniestro.
-¡Oh, mierda! ¡Como jode esto!
Había dado de lleno en mis partes y parte de las piernas. Me tapé la zona más afectada con las dos manos y me aovillé en el suelo. Dios, esto era insoportable, que te cayera algo ardiendo como la lava en la entrepierna no era nada bueno. Era malo. Fatal.
Cerré los ojos y solté un grito ahogado de dolor. Escuché las fuertes carcajadas estridentes de Emmett e intentaba hablar.
-¡Dios, Bella! – gritó -. ¡Eso ha estado genial!
¿Genial? ¡Y una mierda! La próxima vez que haya alguna comida similar se lo tiraré yo encima a ver qué tal le sienta.
Sentí la presencia de mi madre a mi lado y pasó su mano por mi espalda. Pude ver a Carlisle a mi otro lado cuando abrí los ojos.
-¿Cómo te sientes, Edward? – preguntó mi padre.
-No las siento, Carlisle… - dije entre dientes. Estaba delirando ya. Escuché otra risa de Emmett.
-Será mejor que subas, te quites esa ropa, te duches y te relajes – dijo Carlisle. Entre él y Esme me ayudaron a levantarme. Fui yo solo hacia las escaleras y, antes de desaparecer por la puerta, me giré para ver a Bella. Llevaba una sonrisa socarrona pintada en su rostro. Gruñí por eso. Seguro que todo esto lo había tramado después de haberle jodido quitándole la comida.
Subí las escaleras dando pisotones bastante fuertes. Aún podía escuchar la risa de Emmett desde el tercer piso. Me encerré en el baño para darme una ducha, otra vez, y seguía escuchando las risas de Emmett. Se lo estaba pasando de lo lindo.
Me quedé bastante tiempo en la ducha, con el agua fría mientras se me salían las lágrimas del dolor que todavía sentía.
···
Alice y Jasper entraron en mi habitación, donde yo me encontraba sentado en el sofá de cuero negro a un lado del cuarto y viendo la tele, y se sentaron a mi lado. Los dos me miraban, como esperando respuestas por mi parte. Yo me dedicaba a cambiar canales con el mando sin prestar atención a lo que hacían.
-¿Qué? – pregunté.
-Nos estamos preguntando qué pasa con Bella – dijo Jasper.
-Ese plato de estofado no se le ha caído accidentalmente – dije entre dientes.
-¿Quieres decir que lo ha hecho con intenciones? – preguntó Alice.
-Sí. ¡Maldita sea!
-Quieto, fiera – dijo Jasper, agarrándome de la camiseta para que me volviera a sentar ya que me estaba levantando para destrozar algo -. Algo tienes que haberle hecho.
Me encogí de hombros y volví a cambiar de canales a la velocidad de la luz.
-Edward…
-No, Alice – la corté -. Esto es personal, no hace falta que os metáis.
Escuchamos abrirse una puerta y nos giramos en el sofá. Vimos a Bella en la puerta de su nueva habitación, en frente de la mía. Entrecerré los ojos y apreté los dientes mientras un gruñido subía por mi garganta. Puse un pie en el sofá para impulsarme y saltar hacia ella.
-¡Estás muerta, Swan! – grité y Jasper me agarró de la cintura con sus fuertes brazos.
Vi a Emmett al lado de Bella.
-Tranquila, no le hagas caso – dijo mi hermano -. Está furioso porque has dejado indispuesto al pequeño Eddie y no va a poder jugar durante un tiempo o se pondrá peor y habrá que cambiarle las pilas – soltó una carcajada y yo me sonrojé. ¡No debía de haberlo dicho!
Bella se rió con él.
-Eh, ya vale – dijo Carlisle, apareciendo en escena -. Tenéis que ir todos a dormir, mañana hay universidad, ya sabéis.
-Oooh… - exclamamos todos.
···
El despertador me taladró los oídos, como si estuviera en medio de la obra de un edificio. Tanteé con la mano, buscándolo, y lo agarré con fuerza al localizarlo. Lo estampé contra la pared y pude escuchar cómo se partía en miles de pedacitos. Genial, tendré que comprar otro nuevo. Y tampoco sabía la hora.
Escondí la cabeza bajo la almohada y ahogué un gemido de frustración. Vale, ya sabía qué hora era en este momento. No tenía ganas de levantarme tan temprano solo para llevar a Bella a la universidad y luego volver. Y estaba convencido de que me tocaría recogerla si mis hermanos no salieran a la misma hora que ella.
Intenté levantarme un par de veces y no tuve éxito. Bufé y rodé en la cama. Fui a parar en el suelo, cayendo de morros. Me giré, mirando al techo, y me tapé la boca con las dos manos. Siseé de dolor.
Esme entró en mi habitación y se puso a mi lado nada más verme tirado en el suelo.
-Edward, hijo, ¿estás bien?
-No - aullé aún con las manos en la boca -. Madrugar es lo peor. Por cierto, he roto el despertador.
Mi madre chasqueó la lengua, disgustada.
-Eres un caso, hijo.
-Gracias – dije levantándome.
-Vístete y baja a desayunar, Bella ya está esperando – dijo y salió de mi cuarto.
Joder, ¿que ya estaba esperando? Si que debe de tener prisa ésta chica.
Negué con la cabeza y me quité el pijama, quedándome en ropa interior. Busqué ropa informal por el gran armario empotrado, cortesía de Alice, y, en ese momento, entró ella misma por la puerta.
-¡Hermanito! – gritó -. ¡Oh, por Dios! ¡Tápate!
-¿Qué quieres, Alice? – pregunté al mismo tiempo que Emmett asomaba la cabeza para curiosear por el grito de mi hermana.
-Venía a ver como estabas de anoche.
Me quedé callado y Emmett comenzó a reír como siempre.
-Estoy bien, gracias – contesté con brusquedad y seguí buscando la ropa por el armario. Tiré un par de camisas que no quería por la habitación. Alice jadeó, seguramente por ver las camisas volando por ahí.
Me giré hacia mis hermanos.
-¿Me dejáis que me vista?
-¡Claro! – dijo Emmett, contento, y los dos salieron de la habitación.
Me puse unos vaqueros negros y una camiseta gris y vieja y bajé a la cocina a desayunar. Solo vi a Bella sentada en una silla frente a la barra americana, bebiendo un vaso de zumo de naranja. Cuando me vio no me dijo nada y yo a ella tampoco le di ni los buenos días.
Abrí la nevera y cogí el cartón de leche medio vacio y bebí de ahí.
-Asqueroso – murmuró Bella.
Miré a Bella.
-Bueno, al menos a mí no se me escapan los platos de las manos y lo pongo todo perdido.
-Te lo merecías de verdad.
-Oh, así que de verdad intentabas vengarte.
-Y con éxito.
-Te has pasado, Swan.
-Así dejarás de revolcarte un rato con todas las cosas que lleven falda – dijo y yo me quedé con la boca abierta -. ¿Crees que no sé cómo eres? Con solo verte con esos de Jackson Square sabía que no eras alguien de fiar.
-¿Qué no soy de fiar? – fruncí el ceño.
-Por lo que me has demostrado hasta ahora, no – Bella bebió del vaso y soltó un suspiro -. He acabado con tu tontería en un momento, ¿eh?
Apreté el cartón de leche con una mano y miré con odio a Bella.
-Cuidado, Cullen, a ver si te cae la leche donde no debe. A Emmett le haría mucha gracia si apareciera ahora.
-¡Oh, sí! Cuidado, Edwardito – dijo Emmett entre risas y entrando a la cocina. Me apartó a un lado, abrió el frigorífico y metió la cabeza dentro para mirar. Me vino la tentación de pegarle una patada en el culo y que su cara quedase pegada en la tarta que había ahí dentro.
-¿Has terminado ya? – pregunté mordazmente a Bella.
-Sí – contestó y se levantó del taburete. Cogió la mochila que tenía a un lado y salió de la cocina.
Yo fui tras ella y antes de salir de casa, cogí mi cazadora de cuero colgada en el perchero y me la puse.
Cogimos mi Volvo metido en el garaje y entramos dentro. Hacía tiempo que no cogía el coche para ir a alguna parte, pero lo mantenía bien cuidado para que no se estropeara. Parecía nuevo a pesar de tener ya unos cuantos años. Miré a Bella, que observaba el tapizado de cuero y soltó un "wow" en voz baja.
-Veo que estás impresionada, Swan – le dije mientras arrancaba el coche y salía del garaje a toda velocidad; a la velocidad que estaba acostumbrado.
-Sí – contestó -. Esto es lo que hace el dinero…
Me reí.
-Ya te gustaría a ti.
-No. El dinero no me importa lo más mínimo, me es indiferente.
-Que raro.
-¿Raro? No – rió -. Será que tú estás rodeado de niñatos ricos.
Apreté el volante con fuerza con las dos manos y sonreí de forma forzosa.
-Te puedo asegurar que no.
-¡Ah, no! – soltó de pronto -. Tus amigos son esos de Jackson Square. ¿Carlisle lo sabe?
Ahí no dije ni una palabra. En realidad, Carlisle sabía a medias sobre mis amistades (si a esa gente se le puede llamar amigos. Descarto a Jacob, él si era un auténtico amigo). Él sabía que salía con ellos casi siempre e íbamos a locales y bares de ambiente a pasar el rato, pero después de eso hacíamos cosas que él no sabía, por supuesto, o me cortaría la cabeza y la pondría de trofeo en su despacho y luego me haría el cuerpo pedacitos para dárselo a los perros. Tampoco sabía la verdad de James y lo que nos hacía, a pesar de tener mucho contacto con la familia Vulturi, que lo sabían todo.
Puse mi mejor cara de póquer y miré hacia la carretera.
-Intuyo que no lo sabe – dijo Bella.
-Lo mejor será que no digas nada – le advertí.
-No le diré nada si quitas esas estúpidas normas que me impusiste cuando llegué.
Maldita sea ella y maldita sea todo. La chica es lista, todo hay que decirlo, y eso me molestaba. Era muy difícil. La verdad, no sabía del todo qué podía decirle a Carlisle, pero tampoco quería arriesgarme por si soltaba la verdad que solo intuía. Lo único que me quedaba era aceptar su propuesta.
-¿Sólo quieres eso? – pregunté.
-Eso es solo una cosa de los mil favores que me podrías hacer.
-¿Cómo qué?
-Que dejes de ser tan chulito a pesar de que no estés delante de tus amiguitos, no te pega ese comportamiento.
Despegué la vista del coche que tenía delante y la miré a ella, incrédulo.
-¿Cómo…?
-¿Cómo lo sé? Intuición – sonrió -. ¿Podrías mirar a la carretera? No me extraña que terminemos estampados contra algo con la velocidad que llevas.
-¿Todo es por intuición o qué? – pregunté ya exasperado.
-Puede ser.
-¡Agh! – grité asqueado.
-¿Qué pasa? – preguntó Bella, divertida.
-Nada, lo mejor será es que dejemos esto.
-Ah, claro, como quieras, Cullen.
Bella volvió a sonreír y yo puse los ojos en blanco. Quería dejarla lo más pronto posible en la universidad y olvidarme de ella durante un buen rato…y muy largo, si podía ser. Me apreté el tabique nasal para tranquilizarme y paré el coche lentamente al ver que el coche que tenía delante también se paraba. Bajé la ventanilla para ver y me llevé un disgusto.
¡Un atasco, mierda!
Los coches de atrás ya estaban empezando a pitar como locos. Bella se movió en su asiento y bajó también su ventanilla para observar. Luego, miró su reloj.
-Vamos a llegar tarde – dijo Bella con ansiedad y me miró; yo estaba tranquilo en mi asiento -. ¿Por qué estás tan tranquilo?
-No me preocupa si llego tarde o no, a mí no se me ha perdido nada allí.
-¿No vas a la universidad?
-Iba – contesté con un tono de voz cansado -. Me aburrí y me salí.
Vale, en la universidad no me aburría, es más, allí me divertía un montón, pero tuve que salirme por exigencias de James con Vladimir y Stefan y tuve que ir contando mentiras como la que le acababa de decir a Bella o "no sé que voy a sacar con eso" y cosas similares. Y lo mejor de todo es que todo el mundo se lo tragaba y no rechistaba. Espero que Bella no sea la excepción. Y no contaré más…
La vi dudar y eso me dio pánico.
-¿Por qué? – preguntó después.
-¿Por qué quieres saberlo todo?
-No has contestado a mi pregunta.
-No tengo porqué contestarla.
-Bueno… - se calló.
-Cotilla.
-Imbécil.
Nos miramos fulminándonos con la mirada. Pisé el acelerador al ver que el tráfico avanzaba, poco a poco. Los cláxones de los coches cada vez eran más insistentes. Bella se agazapó en el asiento y miró por la ventanilla. Yo tamborileaba los dedos contra el volante, soltando suspiros de vez en cuando. Ninguno volvió a abrir la boca y eso me gustó. Mucho mejor así.
El tráfico se disipó diez minutos después y yo tomé una curva para alejarme lo más posible de allí. Quería llegar rápido a la universidad, dejarla allí e irme a algún sitio que no fuera mi casa, quería despejar la mente.
Llegamos a la universidad cuando todo el mundo estaba entrando ya en el edificio. Bella se desabrochó el cinturón rápidamente y salió del coche sin decirme nada. Yo la observé como corría hacia la entrada hasta que desapareció de mi vista.
Conduje por casi toda Nueva Orleans, aburrido y sin saber a dónde ir. Miré por el espejo retrovisor para ver quién me perseguía porque ya llevaba bastante tiempo con un Audi A3 negro detrás de mí y estaba harto, no podía quitármelo de encima. De repente, un click en mi mente me hizo reaccionar y me fijé más detenidamente en el espejo retrovisor. Lo único que pude ver fue una cabellera rubia y unos ojos que me miraban con diversión.
James.
Paré el Volvo cerca de un parque y salí de él. James hizo lo mismo y se acercó a mí con una gran sonrisa plasmada en su blanco rostro.
-Te veo muy bien, Edward, a pesar de lo que pasó anoche – dijo y se rió.
-¿Estuviste espiando?
-Sí, es que esa chica que me acompañaba me aburría… - rodó los ojos y sonrió de nuevo -. Y entonces pensé: vamos a visitar a Edward, y me divertí bastante, me faltaba un cubo de palomitas y una buena cerveza. Pero, tío – me puso una mano en el hombro -. Te compadezco, sé que eso jode un huevo aunque no lo haya vivido.
-No tendrías que haber espiado – gruñí.
-¡No tenía otra cosa que hacer! Entiéndelo.
Apreté los puños.
-¿Tomamos algo? – preguntó.
No me dio tiempo a contestar porque me metió en el Volvo y él se metió en su coche. James fue el primero en salir y yo no tuve más remedio que seguirle. Me llevó hasta la otra punta de la ciudad, casi a las afueras. Dejamos los coches en un aparcamiento gratis y me guió hasta un pub que tenía toda la pinta de ser irlandés.
No me equivoqué: es irlandés. Todo estaba lleno de cuadros con dibujos de las marcas de cerveza de todo tipo y grifos para echar cerveza en los vasos; un montón de barriles decoraban el sitio y apenas había mesas en las que sentarse. Dios, a estas horas y ya había gente tomando cerveza.
James me llevó a una mesa que en un rincón casi oscuro. Me senté frente a él y le miré atentamente. Él miraba hacia todos los rincones del pub con la mirada cauta. A mí me picó la curiosidad y empecé a mirar hacia donde James miraba. Me quedé sin aire al ver a Vladimir y Stefan mirando en nuestra dirección, sonriendo, y levantaron sus cervezas, brindando, a modo de saludo.
-¿Qué hacen aquí? – pregunté girándome hacia James.
-Solo están de paso, nada más – contestó con una sonrisa inocente. No me lo tragaba.
-Seguro.
-Oye, tío, que ya tenemos bastante con pasar desaperci…bi…
James se puso más blanco de lo que ya estaba y miraba por encima de mi hombro. Giré un poco la cabeza parar mirar también y un aire frío recorrió todo mi cuerpo. Aro Vulturi estaba entrando en el pub en estos momentos y yo me quedé igual que James. ¡No! Si me veía con James me metería en un buen lío.
Miré por el rabillo del ojo a Vladimir y Stefan y…no estaban. Parpadeé un par de veces y entonces vi la puerta de atrás agitándose de la fuerza que le habían tenido que dar esos dos para escabullirse.
Llegó un camarero a nuestra mesa diciéndonos que podíamos beber del grifo de cerveza que había delante de nosotros (yo no me había dado cuenta de que estaba ahí) y que podíamos pedir algo de comer. Luego, miró a James que estaba pálido e intentaba tomar el aire que le faltaba.
-Señor – dijo el camarero -. ¿Se encuentra mal?
-No, no – se apresuró a decir James -. No es nada, no sé que me ha pasado.
-Bueno, pues si necesitan algo, allí estaré – señaló la barra donde habían más camareros y dicho esto se fue.
-Oh, creo que la hemos cagado – murmuró James, mirando cada movimiento que hacía Aro -. Ese viejo verde es un inoportuno.
-Vladimir y Stefan se han ido por patas – dije mientras jugaba con el grifo de cerveza.
-No me jodas – James miró hacia donde hace un momento estaban aquellos dos. Gruñó.
-Te han dejado tirado.
-Bueno, no se pueden arriesgar en venir aquí para luego sacarme a rastras.
-Sí, tienes razón…
James se escondió debajo de la mesa rápidamente y vi como Aro se acercaba a nuestra posición. Di gracias a Dios por que la mesa tuviera un mantel que llegaba hasta el suelo y James estuviera bien escondido.
-¡Edward!
Aro estuvo parado frente a mi mesa en un abrir y cerrar los ojos. Me quedé con los ojos muy abiertos por la sorpresa y, luego, le di mi mejor sonrisa, aunque forzada.
-Buenos días, Aro.
-¿Qué haces tan temprano en este pub? – me preguntó.
-Lo mismo podría decirle a usted.
Aro soltó una risotada.
-Digamos que hoy me ha salido la vena irlandesa – rió de nuevo -. No, solo vengo a por mi desayuno favorito, lo sirven aquí desde hace poco y está riquísimo. Deberías probarlo.
-Algún día.
Aro se sentó frente a mí y dos personas vestidas de negro se pusieron tras él. Sus guardaespaldas. Tuve miedo de si pillaban a James debajo de la mesa si Aro le tocaba con el pie. De momento no pasaba nada.
-Creo que esto va a dejar de ser un pub y lo van a hacer una cafetería, porque no viene ni Dios en bicicleta – dijo Aro -. Además, ¿por qué abren pub por la mañana? No es lógico. Lo que yo diga, eso va a ser una cafetería Dios manda dentro de poco.
Yo me limitaba a escuchar.
-Y sirven desayunos muy buenos, por cierto.
-Creía que usted era más de ir a Starbucks – comenté.
-Sí, sí, claro, pero el otro día encontré este pub irlandés abierto por la mañana y entré a curiosear, ya sabes.
Asentí con la cabeza.
-Deberían quitar el cartel de pub irlandés, ¿no cree?
-Por supuesto – dijo Aro y se movió en su asiento. Yo tragué saliva forzosamente -. Pero creo que todavía no tienen demasiado dinero como para reformar esto, ja, ja.
Sonreí. Mis manos temblaban.
El móvil de Aro sonó en esos instantes y lo contestó en seguida. Se quedó hablando durante unos segundos y luego lo guardó en el bolsillo de su chaqueta.
-Chico, tengo que irme – dijo mientras me daba unas palmaditas en la mano -. Dale recuerdos a Carlisle, hace tiempo que no le veo. También dile que pronto le haré una visita, tengo que hablar de un par de cosas con él.
-No se preocupe, se lo diré.
Me regaló una sonrisa, se levantó y salió del pub (¿o cafetería? Ese hombre me había confundido), seguido de sus guardaespaldas. James salió apresuradamente de debajo de la mesa y se sentó en su sitio.
-Casi me toca con el pie y no tenía espacio para moverme – dijo soltando un suspiro -. Pedazo de pies que tiene el viejo ese.
-Deberíamos irnos de aquí, ¿no? La gente nos está mirando raro y solo porque te has escondido del juez supremo de Nueva Orleans.
James miró a toda la gente del local.
-Sí, claro, vámonos y ya.
Salimos y nos quedamos parados en la puerta. La carretera estaba llena de coches de gente que se iba a trabajar y muchos niños y jóvenes pasaban por las calles para ir a las clases.
-James – susurró una voz.
Nos giramos hacia un callejón que había entre el "pub" irlandés y un bloque de pisos. Allí estaban Vladimir y Stefan, escondidos en la oscuridad. James me cogió del brazo y me guió hasta allí.
-Buenos días, chicos – dijo Stefan, bajito y de pelo negro.
-Buenos días – respondió James -. ¿Qué? ¿Escapando de la justicia?
-Cállate – dijo Vladimir amenazante, también bajito y de cabello rubio ceniza -. Menos mal que esa maldita puerta del local hace mucho ruido y nos hemos dado cuenta que si no…
-Hemos visto como te escondías debajo de la mesa, James – dijo Stefan y se carcajeó -. Tendrías que haberte tirado encima y darle una paliza.
-¿Y dejar que me cojan esos dos guardaespaldas llenos de esteroides por todo el cuerpo? No, gracias, todavía soy joven.
-Claro, todavía tenemos cosas que hacer – dijo Vladimir y se sacó un paquete de tabaco del pantalón. Nos pasó un cigarrillo a cada uno. Todos lo encendieron menos yo -. Vamos, Edward, acompáñanos al menos a fumar.
-Sí…
No podía desobedecerles ni siquiera en eso, así que cogí el mechero de James y lo encendí.
-¿Has vuelto a visitar a tu padre? – preguntó James a Vladimir.
-Sí – gruñó Vladimir -. No se encuentra muy bien.
-Normal, está podrido en esa cárcel – dijo Stefan.
-Todavía sigo sin saber porqué está en la cárcel – intervine -. Nunca me lo habéis contado.
Vladimir dio un par de pasos hacia a mí y me miró con cara de aburrido. Dio una calada a su cigarro y tiró el humo hacia arriba.
-Verás – comenzó -. ¿Sabes del edificio este? El…Café du Monde. Bueno, ese. Allí, hace tiempo, mataron a toda la gente que se encontraba dentro y pillaron a mi padre con las manos en la masa. Él no hizo nada, por supuesto, vio escapar al asesino y le dejó allí, lleno de sangre con un cuchillo en las manos que le había dejado de recuerdo. La policía le pilló y le llevaron a juicio, ante Aro. Él le condenó a permanecer en prisión de por vida. Sí, es muy cruel, ¿verdad?
-¿Y si de verdad fue él? – me atreví a preguntar. De repente, sentí algo frío y puntiagudo en mi cuello. Vladimir sostenía una navaja mientras me apuntaba.
-No vuelvas a decir eso. ¡Mi padre nunca haría eso! – Vladimir me miró con furia -. Mataré a todos los Vulturi que se crucen en mi camino en cuanto tenga la oportunidad de hacerlo, empezando por Aro y esa ramera suya.
-Vladimir, para ya – intervino Stefan y él se apartó. Suspiré de alivio. Me sobé la parte delantera del cuello para ver si tenía sangre. No, no tenía nada.
-Deberíamos tranquilizarnos un poco, ¿eh? – dijo James, mirando a su compañero. Vladimir escupió en el suelo y miró a James con cara de pocos amigos.
-Oye, Edward, ¿qué tal con esa inquilina tuya? – me preguntó Stefan.
-¿De qué me hablas? – me temblaba la voz.
-De esa chica morena, ¿quién va a ser?
-No es una inquilina.
-¿Ah, no? – Stefan sonrió.
-No quiero hablar de ello ahora – dije, aún con la voz temblando, y me puse el cigarrillo en la boca. Me pasé una mano por el pelo, claramente nervioso.
-Ooooh… - dijo Vladimir con tono de broma, pero, a la vez, malicioso -. ¿Conquista fallida, señor Edward Cullen?
-No me interesa.
James, Vladimir y Stefan se miraron entre sí mientras sonreían socarronamente. Ya estaban tramando algo no muy bueno para mí.
-Hagamos un acuerdo, entonces – dijo Vladimir.
Una acuerdo. Oh, oh…
-Te doy dos semanas y ya sabes de lo que te estoy hablando – me dijo -. Ni una más ni una menos. Sé que tienes facilidad con las mujeres, pero te aseguro que esa chica no es NADA fácil, según me ha contado James. Y será mejor que lo hagas porque…no te gustaría verme enfadado.
Tragué saliva. Cierto, no me gustaría verle enfadado, así que no tenía más remedio.
Bella Swan tenía que ser mía.
Me voy a echar a llorar en cualquier momento. Era imposible terminar este capítulo porque no sabía como hacerlo y...¡TACHÁN! Por arte de magia, llegué hasta el final. A partir de aquí, empieza la verdadera trama, estos primeros tres capítulos no han sido más que introductorios y llenos de historietas para saber, más o menos, como va a ir la historia.
He debatido bastante en qué hacer con Vladimir ya que según Amanecer se quiere vengar de los Vulturi por haber destruido su reino hace ya varios siglos y yo no iba a poner eso xD. Por eso me he inventado lo de su padre para que quedara mejor.
Y ahora me voy a echar una cabezadita, el FIB Heineken me ha dejado exhausto y necesito días de descanso.
¡Hasta la próxima!
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