Blaine, Kurt y otros personajes nacieron de otra mente (RM) y pertenecen a otros dueños. Yo nada más los hago caminar por otros mundos :D


Capítulo 3. Unintended

Sus manos me despiertan. Sus manos mueven mi cuerpo de forma lenta de modo que pueda volver a este mundo sin tanta agitación. Sus manos son muy suaves, su piel, tan bien cuidada entra en contacto con la mía y me hace sonreír. Sus manos hacen que me sienta sostenido, ha sido así por 21 años, incluso esos dos años en los que él no estuvo conmigo. Abro los ojos lentamente, con cuidado, guardando a mis pupilas del deslumbramiento del sol pero… sus manos deben haber cerrado también las persianas de modo que ningún rayo de sol pueda interponerse entre él y mis ojos…

-Cooper…- susurran mis labios.

Mi hermano sonríe cuando pronuncio su nombre. Es más guapo de lo que yo recordaba, de verdad mi memoria no le ha hecho justicia. Cooper Anderson sonríe ante mí, con su rostro perfecto y sus rizos un poco más claros que los míos cayéndole con naturalidad sobre a frente. Él no dice nada, yo tampoco sé qué decirle. Han pasado dos años desde que lo vi por última vez, desde que se despidió de mí en la puerta de la mansión donde pasamos la vida entera diciéndome que había llegado la hora de lanzarse a cumplir sus propios sueños.

Y es que Cooper siempre ha tenido sueños propios, anda por la vida sin tolerar que alguien más le diga cómo vivirla. La gente a mi alrededor no ha hecho más que llamarlo egoísta desde que dejó la casa materna y comenzó a aparecer en la televisión en pequeños papeles y algunos comerciales que llegaron a ser celebres de verdad y que me ponían una sonrisa en la cara al notar cómo mamá apagaba el televisor hasta que dejó de encenderlo por temor a encontrarse de frente con aquel hijo suyo que, contra toda lógica, estaba viviendo la vida que ella no quería que viviera. Sin duda alguna estoy orgulloso de este hombre que ahora me abraza sin importarle nada, de este hombre que me dice sin palabras que él nunca me ha dejado, que no me abandonó. Cooper es lo único que ni la vida ni mi madre podrán arrebatarme. A mi hermano no, a él no.

-¿Por qué siempre tengo que ser yo el que te salve de todo, Blaine Devon Anderson?- dice él sin soltarme.

-No lo sé- le digo yo sin poder ocultar la emoción de mi voz- porque esos son los privilegios de mi hermano mayor, supongo.

Cooper ríe y me da una cachetada sin ganas que me hace unirme a su risa sin final. Él tiene razón. Desde pequeños no ha hecho más que salvarme de todo: de los problemas en los que me metía junto a Sebastian, Andy y Dorian; de la ira de mi madre cuando se enojaba en serio conmigo; de las borracheras sin fin que estaban a la orden del día después de conseguir mi primera identificación falsa; de mis miedos, de mis tristezas, de mí mismo…

Al verlo reír así me doy cuenta de que no ha cambiado tanto en dos años, sigue siendo él mismo. Con la risa fácil, la mirada clara y honesta que te mira directamente sin nada que esconder y los ademanes calmos de quien no le debe nada a nadie y se ha abierto camino a la vida por si mismo. Sí, estoy orgulloso de él por lo que ha hecho y también siento que una envidia infinita me corroe cuando me doy cuenta de que nunca, ni volviendo a nacer mil veces, podría siquiera parecerme a él. La gente lo llama egoísta, pero yo sé que valiente, es el adjetivo que todos deberían usar.

-¿Qué sucede Blaine?- dice Cooper dejando de reír al ver mi mueca seria.

-Nada- le digo yo tratando de volver a sonreír- Cooper, gracias por, bueno… por…

-Es a Sebastian a quien debes agradecerle- dice él con calma. Él te trajo aquí.

-¿Está aquí aún?- pregunto yo un poco preocupado

-No, se fue hace rato, al parecer su madre tenía urgentes asuntos qué discutir con él.

-¡Ah, Sebastian Smythe!- digo yo suspirando y dándome cuenta de pronto de que tengo una terrible jaqueca- ¿qué haría yo sin él?

-Perecer en las calles de Westerville como un ebrio cualquiera, supongo- dice Cooper y vuelve a romper a reír.- Por cierto, Blaine… ¿sigues viendo a Sam Evans?

-Sí, ¿por qué lo preguntas?

-¿Es tu novio?

Me echo a reír apenas la palabra sale de la boca de mi hermano y él me contempla con gesto serio, adoptando la actitud de "hermano mayor preocupado" que a mi pesar, había extrañado.

-No Cooper, una persona como yo no puede aspirar a tan altos ideales.

-¿Por qué no?- dice mi hermano y sé que con esta pregunta empezará nuestra discusión eterna acerca de las cosas que siempre son posibles a pesar de mi testarudez.

-Porque no…- le digo yo y él levanta una ceja en señal de desaprobación- ¡Vamos Coop! Tú debes poder enunciarme por lo menos diez mil razones por las que yo, el perfecto hijo de los Anderson no puede aspirar si quiera a soñar con un... ¡con un novio o lo que sea!

-No, no puedo…- dice él sonriendo de forma maliciosa- la verdad es que no hay nadie que pueda impedir hacer lo que quieras hacer, ya hemos hablado de esto.

-Lo sé, lo sé…- le digo yo tratando de guardar la compostura- ¿por qué te preocupa tanto Sam? Si él fuera mi novio, mamá tardaría menos de dos segundos en destruirlo, en destruirme, en destruirnos a todos y francamente…

-Sam no te importa lo suficiente para correr el riesgo…- dice Cooper con seguridad.

-No…- le digo yo hablando con franqueza, como sólo con Cooper puedo hablar- Sam es un amigo excelente, un buen amante pero… nada más. Lo quiero y lo respeto y él tiene claro que yo jamás podré… bueno, formalizar algo. Él lo sabe y lo acepta…

-¿Y por qué crees que lo acepta?- dice Cooper.

-Porque soy irresistible y he gastado la mitad de mi herencia en su club- digo yo provocando otra vez la risa de mi hermano.

-Vaya que eres idiota- dice él y revuelve mis rizos provocándome una oleada de dolor- ten cuidado Blaine, no todo es tan sencillo, Sam… bueno, creo que él siente algo más por ti que un solo encaprichamiento con tus dotes de gigoló y tu crédito ilimitado.

-Te equivocas- le digo yo, sintiendo un poco de miedo en el pecho- él no puede sentir algo por mí, es decir… ¿quién en su sano juicio podría si quiera imaginar que podría enamorarse de mí y ser correspondido y…

Nadie puede amarme. La sentencia se repite desde ayer en mi cabeza y no me abandonará jamás. Esa es la verdad, nadie puede amar a alguien que jamás corresponderá en la misma medida, a alguien como yo que ni siquiera cree en la posibilidad de eso llamado amor. Nadie podrá ver más allá de mi, y la verdad no importa. Yo estaría aterrado si Sam empezara a hablarme de amor y de fidelidad. Esas historias son parte sólo de los libros, de las canciones, no de la vida real y de la naturaleza humana siempre cambiante y llena de deseos que no comprende.

-¿Dije algo malo?- dice mi hermano con el rostro preocupado- porque no estoy tratando de darte un sermón, sólo quiero que dejes de pensar que lo que la gente y en especial mamá, digan de ti, es cierto e inalterable.

-Es que sí lo es…- digo yo con desanimo- todo es cierto Coop, ¿Sebastian te dijo lo que ocurrió ayer?

-Sí…

-Pues bueno, lo que ella dijo es totalmente cierto.

-¿Qué dijo exactamente?- dice él, tratando de lograr que el enojo no llene sus pupilas de ese azul pálido que heredó de mi madre.

-Lo mismo de siempre, ya no tiene caso repetirlo- digo yo- si pudiera Cooper, me quedaría contigo ¿sabes? Pero, jamás me atreveré…

-Blaine –dice él levantándose de pronto- ¿por qué sigues queriendo cumplir los sueños de mi madre a pesar de que ella jamás ha hecho algo por ti?

-No es por ella- le digo yo sin poder mirarlo a la cara- es por… por papá.

-¿Por Richard?- dice mi hermano un poco fuera de sí- ¡Blaine! A papá no le debes nada, él hubiera estado feliz con cualquier cosa que hubieras elegido, él era el único que me apoyaba con lo de la actuación, el pagaba mis lecciones privadas desde que aprendí a hablar y estoy seguro de que defendería con la misma fuerza cualquier sueño que tú quieras vivir ahora porque…

-Pero yo no tengo un sueño, Cooper- le digo- no sé qué quiero, sólo sé que debo terminar con esto, ser un compositor al menos en el papel porque la verdad es que… creo que lo he perdido todo Coop, incluso las ganas de componer. Al principio pensé que lo hacía sólo para molestar a mamá pero la verdad es que ya no puedo, no sé qué pasa… la música y yo, las letras y yo, ya no somos como antes, ya no podemos unirnos… creo que… mi talento nunca fue mío, creo que también se ha ido para siempre.

Mi hermano me mira con una emoción indescifrable en los ojos y se vuelve a sentar a mi lado, no dice nada. Siento su respiración tranquila al lado de mi agitado corazón que teme haber hablado de más. Jamás le había dicho a alguien que ese miedo, el miedo de no poder volver a componer nunca jamás en la vida es tan real que me impide dormir en las noches, que me hace sentir enojado, que me hace sentir vacío, como un árbol de navidad que ha perdido de pronto todos los adornos que lo hacían hermoso.

Y es que haber perdido eso, las ganas, la disposición, la magia que antes me llenaba con sólo convocar una nota en el piano de la sala se ha ido para siempre ¿a dónde? No lo sé, pero eso es sólo una muestra de que mi madre tiene razón, de que todos saben más de mi que yo mismo. Y quizá ese es el problema, que ya no sé quién soy, en verdad no lo sé.

-Papá solía decir que tú habías sido concebido en una noche mágica- dice Cooper tranquilamente, pasando su brazo por mi espalda- siempre se los decía a todos a pesar de que mamá se avergonzaba cuando él decía esas cosas, pero sé por qué lo decía… oí muchas veces a papá diciendo que esa noche todo parecía brillante: las estrellas, los ojos de nuestra madre, las luces del escenario donde antes se había presentado… ¿Sabes por qué Richard decía eso?

-No…- le digo yo, sintiendo en mi garganta el inconfundible nudo con el que siempre lucho para no llorar.

-Porque él más que nadie creía en ti, porque él, más que ningún otro se daba cuenta de que toda esa magia con la que fuiste creado se quedó en ti. La magia no puede huir de quien fue hecho de ella, Blaine, si tienes un don tan grande, si de verdad te duele creer que lo has perdido, es porque amas lo que haces independientemente de todo lo que mamá diga… eres magia Blaine, sólo tienes que volver a creerlo, hacerla estallar, volver a ser feliz viendo cómo puedes crear de la nada las canciones más hermosas del universo… ese es el Blaine que yo admiraba, al chiquillo enamorado de la música que no tenía miedo de compartir con todos la alegría que le daba ser así.

-¿Y si yo mismo he terminado con esa magia?

-No creo que lo hayas hecho- dice Cooper levantándose de nuevo del sofá- de ser así estarías muerto y mírate, un cadáver no puede beber como poseído y tener un historial de conquistas tan largo como el tuyo…

-Cooper…

-Blaine- dice él riendo con alegría- la vida no es tan compleja como te gusta imaginarla. Sí has perdido la capacidad de creer que eres magia, busca a alguien que te ayude a descubrir que no es así. Apuesto a que Andy, Dorian o Sebastian estarían encantados de recordártelo…

Mi hermano me guiña un ojo y agregando que es hora de almorzar me deja solo en la sala y se va caminando un poco más tranquilo a la cocina ¿Magia? A veces los inflamados discursos de Cooper me llegan a sacar de quicio pero el de hoy parece haberme dado nuevas fuerzas. Y me encantaría creer en lo que él ha dicho. En una vida como la mía, creer que hay magia, recordar que vengo de ella, puede reparar en un segundo el corazón que ayer mi madre pisoteó.

Sigo a Cooper a la cocina y le ayudo a preparar un almuerzo digno de un rey: huevos, tocino, salchichas, papas fritas. Comemos sin prisa, buscando ponernos al corriente de nuestras vidas que han estado separadas por tanto tiempo en esas horas que no le debemos a nadie, que le hemos robado al tiempo. Yo trato de quedarme callado lo más que puedo. Dejo que sea mi hermano el que hable de las aventuras que ha vivido, de la nueva serie que está rodando, de la posibilidad muy grande de obtener el protagónico en una película de renombre en Hollywood. Dice que ha pasado las audiciones decisivas y que sólo está esperando la llamada de su agente para confirmarle todo.

Los ojos de Cooper brillan cuando me platica de su vida, una vida que mi madre maldice, desprecia y hace parecer lo peor del universo, la más grande vergüenza. Pero no es así… es cierto que Cooper no vive con el lujo del que crecimos rodeados, y que ha tenido que cambiar su nombre para presentarse a las audiciones pero… me alegra verlo tan feliz. Él y yo somos diferentes, siempre lo hemos sido. Si hay alguien en esta habitación que merece ser el hijo de Richard Anderson, el único que heredo lo mejor de él, ese hombre sin duda es mi hermano.

-¿Me estás escuchando?- dice Cooper después de beber un sorbo infinito de jugo de naranja.

-Sí- le digo sonriendo.

-Irás conmigo a la premiere de la película ¿no?

-No me lo perdería- le digo- Cooper…

-¿Qué?- dice él exhalando un suspiro satisfecho.

-Sin duda alguna, eres lo mejor que tengo.

Mi hermano se queda un momento quieto, silencioso, tratando de adivinar de dónde han venido mis palabras. Quizá para un observador externo mis palabras no serían más que un enunciado vacío y melodramático pero, al ver como la sonrisa de mi hermano se forma de nuevo en sus labios, al ver como se levanta y revuelve mi cabello como siempre lo ha hecho, no puede evitar pensar que ese dicho es lo más honesto que he dicho en muchos días.

Cooper empieza a bromear conmigo, me lleva entre risas y bromas a la sala y nos quedamos ahí, acostados en el suelo hablando de todo y de nada, riéndonos de la vida, deteniendo el tiempo. Mi dolor de cabeza se ha ido desde hace muchas horas e incluso el vacío de mi pecho ha remitido un poco. A mitad de la tarde, siento que el sueño vuelve a invadirme y me dejo ir, seguro de que Cooper no irá a ningún lado al menos por hoy. Me quedo dormido de nuevo y antes de caer en la penumbra de mis sueños, siento los brazos de Cooper envolviéndome, sin saber que más que un abrazo, están dándome un poco de su valor y de su fuerza.


Es de noche. Lo sé porque al abrir los ojos ningún resplandor los ha herido. Me quedo un momento quieto, desubicado, no sé dónde estoy o mejor dicho, a dónde nos dirigimos. Siento que me encuentro en un auto en movimiento, Cooper está al volante. No sabía que podía dormir de forma tan profunda pero al parecer lo he hecho porque no recuerdo en qué momento dejamos el departamento de mi hermano. Él parece un poco molesto, preocupado. Ni sus ojos ni sus labios sonríen al verme, más bien, se nota preocupado.

-Mamá no ha dejado de llamarme- me dice a modo de saludo- yo quería que te quedaras unos días más conmigo, pero me temo que no será posible Blaine…

-¿Te amenazó con algo?- digo yo empezando a asustarme un poco.

-No, ya no puede amenazarme con algo- dice mi hermano- tengo miedo por ti, Danielle de verdad está enojada. Hablaré con ella.

-¿QUÉ?- le digo yo totalmente sorprendido- Cooper, eso no es necesario, todo fue mi culpa, sólo déjame en casa y vete, no tienes por qué verla.

-Sí, sí tengo por qué- dice él terminantemente- así que más te vale estar dormido cuando lleguemos.

-¿Qué?

-Sólo haz lo que yo te diga ¿entiendes? Finge Blaine, esto es entre mamá y yo, y te lo digo ahora: escuches lo que escuches y haga lo que haga, no te metas ¿entiendes? A mí, Danielle Anderson ya no puede quitarme algo porque sólo me ha dado nada pero a ti…

-¿Soy su rehén?

-Eso temo…- dice mi hermano- no tardaremos mucho en llegar, finge ¿quieres?

Cooper sigue manejando tranquilamente. No sé qué es lo que va a pasar. De algún modo, creía que podía quedarme con mi hermano para siempre, que él me defendería, que él como siempre, tendría la solución que mi atolondrada mente no había podido encontrar. Pero no es así, ahora sé que si hay alguien que puede sacarme de esto, ese soy yo… pero no puedo ¿por qué tendría que hacerlo? No lo admitiría ante nadie jamás pero tal parece que he terminado por complacerme en mi propia desgracia y si es así… si es así nadie podrá jamás ayudarme.

El corazón me da un vuelco cuando diviso a lo lejos la entrada de la mansión. Nunca antes la reja de hierro oscuro forjado me había parecido más una cárcel, mi cárcel. Los vigilantes de la entrada no le hacen preguntas a mi hermano, eso quiere decir que mamá debe estar esperándonos. Mi estomago se convierte en un nudo de pronto, las nauseas me invaden como si la resaca volviera a mí en un minuto al pensar en mi madre. Le temo, claro que le temo pero no es por mí, ya no. Es por Cooper porque no creo que mi madre le dé la bienvenida del hijo prodigo, claro que no.

Mi hermano detiene el auto en frente de la casa y un mayordomo se apresura a ayudarle a abrir la puerta y llevar su modesto automóvil al estacionamiento de la casa.

-Duérmete- me ordena Cooper con ese tono de voz autoritario que nunca usa a menos que sea necesario o que esté actuando- mamá no debe verte despierto hasta mañana, ¿entiendes?

-No- le digo yo- no entiendo para nada.

-Sólo haz lo que te digo, confía en mi Blaine. Si no lo haces, sólo se pondrá peor.

Yo asiento sin atreverme a objetar otra cosa. Mi hermano sale del auto tomándome en sus brazos y escucho a Harry, el mayordomo, deshaciéndose en halagos hacia él.

-Pero si es el mismo joven Cooper de siempre! –Dice el hombre emocionado- ¡Todos lo vemos en las noches, en la serie en la que actúa! ¡El señor Richard estaría tan orgulloso!

Intento no sonreír ante la efusividad de Harry, que ante mi o mamá siempre se comporta de forma sobria. Mi hermano responde con tranquilidad a sus preguntas hasta que interrumpe al viejo Harry diciéndole que debe entrar. Es entonces cuando el mayordomo recuerda que existo.

- ¡Ah, el joven Blaine¡ Su madre ha estado tan preocupada, es la tercera vez en dos semanas que alguien viene a traerlo en estas condiciones, debería volver por él joven Cooper, el muchacho necesita un buen ejemplo, está muy solo…

No sé si patear a Harry o asentir fervientemente a sus palabras. Cooper responde que eso no es posible, pero que hablará con la señora en busca de una solución a mis problemas. El viejo sirviente aprueba con devoción las palabras de mi hermano, sé que él también extraña los viejos tiempos pero… no todo es tan sencillo, sé que aunque el presidente hablara con mi madre, ella no cambiaría en nada su opinión respecto a Cooper y menos aún hacia mi.

Harry abre las puertas de la mansión y se queda en silencio cuando detrás de ellas, aparece mi madre. Por el rabillo del ojo observo que está serena, siempre bien vestida y arreglada, como si alguien pudiera verla a través de las paredes de su casa. No luce el semblante preocupado del que hablaba Harry, de hecho, está tan seria que no sé cómo Cooper no ha dado media vuelta y se ha ido sin agregar nada. Pero no lo hará. Porque es Cooper Anderson y ni la más fría mirada de los ojos de Danielle lo hará retroceder ahora que después de un largo tiempo la tiene frente a él.

-Pudiste dejarlo en la puerta- dice Danielle sin ningún gesto amable para su hijo mayor- no debiste molestarte tanto.

-Te dije que traería a mi hermano a casa y eso hago- dice Cooper copiando casi a la perfección el tono frío de Danielle- no creas que se trata de una visita de cortesía, madre.

Cooper sigue su camino sin mirarla, se dirige a la escalera enorme que conduce a las habitaciones del segundo piso. Ninguno de los dos dice nada, pero imagino que están midiéndose, buscando en el silencio del otro, las armas con las que pueden destruirse cuando alguno de los dos se atreva a romper el silencio. Mi hermano entra a mi habitación y me deja sobre la cama, yo sigo sin abrir los ojos. No sé qué es lo que Cooper trama pero sea lo que sea, cumpliré mi parte hasta que sea necesario.

-Dime de una vez la razón de tu visita- dice mi madre detrás de Cooper- pensé que te había quedado muy claro que si elegías el camino que elegiste, no podrías volver a pisar la casa de tu padre.

-Ya te dije que vine a dejar a Blaine- dice mi hermano tranquilamente- nada me irrita más que volver a tu… "casa", si le podemos llamar así.

-Di las cosas directamente, Cooper- dice Danielle sin poder reprimir su ira- dime lo que me dijiste hace dos años, dime que todo es mi culpa, dímelo.

-¿Para qué quieres oírlo?- dice mi hermano- eso de sobra lo sabes, todo está mal porque tú quieres que siga así.

-Todo está mal porque ni tú ni Blaine merecen llevar la sangre de tu padre- dice Danielle- todo está mal porque tú le diste el ejemplo a tu hermano de que podían llevarme la contraria, de que podían hacer lo que quisieran sin ensuciar la memoria de Richard. Pues bueno, no voy a permitirlo. Tú puedes seguir prostituyéndote en la televisión, vanaglóriate con la fama fugaz que esa profesión sin escrúpulos te dejará pero a Blaine no vas a llevarlo por ese camino, no lo permitiré.

-¿Quién eres tú?- dice mi hermano reprimiendo un hondo suspiro- ¿quién te crees para hablar así de la vida de la gente?

-No me creo nada, soy tu madre- dice Danielle.

-Pensé que habías dejado de serlo desde el momento en el que salí de esta casa a vivir mi vida en libertad- dice Cooper mordazmente.

-Tienes razón, y por eso mismo te pido que te largues de mi casa, ahora. Si no quieres ver destruida tu vida de una vez y para siempre, desaparece de mi vista y no vuelvas a tocar ni a hablar con mi único hijo, ¿te quedó claro? Blaine no va a seguir tus pasos, Blaine será todo lo que tu padre quería que fuera y yo cuidaré que sea así. No vuelvas a mancharlo con tu influencia, si ha estado comportándose como un estúpido es por culpa tuya, Cooper, todo es culpa tuya.

-¿Alguna vez escuchas lo que dices, Danielle?- dice Cooper con furia- ¡Nada es tu culpa, todo viene de afuera! Si Blaine se comporta como lo hace es gracias a ti, no eres una madre, eres una tirana, una mujer caprichosa y soberbia a la que solo le importa ella misma, sólo eso… me das asco Danielle, asco y lástima porque cuando te des cuenta de todo lo que haces, vas a quedarte sola, más de lo que ya estás.

El ruido de una bofetada hace temblar el aire. No puedo soportarlo más y me levanto de la cama con los ojos totalmente abiertos. Miro a mi madre, totalmente fuera de sí, mirando alternativamente su mano y la mejilla roja de mi hermano. Me pongo de pie rápidamente y corro al lado de Cooper, él me mira de forma extraña, como si quisiera salvarme de un naufragio y de pronto fuera consciente de que no puede hacerlo, de que estoy perdido, de que él solo no podrá vencer al dragón que custodia el tesoro.

-¡Lárgate de mi casa!- grita mi madre- ¡Vete de aquí, no me hagas llamar a seguridad! ¡Lárgate y no vuelvas, te prohíbo ver a Blaine, te prohíbo siquiera llamarle por teléfono!

-A mi no puedes prohibirme nada- dice mi hermano fieramente- no dependo de ti, ya no te pertenezco. Si quiero hablar con Blaine voy a hacerlo.

-Y yo voy a contestarle- le digo a mi madre sin retirar mis ojos de su mirada furiosa- yo voy a ir a visitarlo. Puedes quitarme todo mamá, pero no a mi hermano.

La mano de mi madre se estrella en mi cara, una, dos, tres veces. Cooper me recibe en sus brazos cuando el impacto de los golpes de mi madre me hace retroceder, sin poder creerlo, ni yo mismo puedo entender lo que acaba de pasar. Mi madre nunca había estado tan furiosa, nunca había reaccionado así, había gritado, me había humillado en privado y recientemente en público pero ¿llegar a este extremo? ¿De verdad está tan desesperada?

-Nadie te pidió que intervinieras, Blaine- dice ella como si nada hubiera pasado- si tengo que usar la fuerza para devolverte la cordura y la decencia propias de tu alcurnia, lo haré. Tómalo como una advertencia de que no podrás detenerme, ni siquiera aunque pienses que tu "hermano" puede seguir solapando tu vida de degenerado cualquiera.

-Te odio…- le digo con total seguridad- te odio Danielle, odio esta vida ¡Odio todo lo que tenga que ver contigo!

Un nuevo golpe se estrella en mi cara y yo no hago nada por detenerla. Sólo Cooper se mete entre los dos, me envuelve con sus brazos fuertes y luego me suelta y tomando a mamá de las manos, aprisionándola con la fuerza de su cuerpo empieza a decirle con voz helada:

-No volverás a tocarlo, no te atrevas. Yo me iré pero no voy a dejarlo ¿entiendes? Bastante has tenido con destruir a nuestra familia, no dejaré que destruyas a mi hermano… ¿o qué? ¿No vas a descansar hasta que Blaine terminé muerto como papá?

Cooper suelta a Danielle y ella se queda fría y ausente en contra de toda lógica. Mi hermano se aleja de ella y se acerca a mí y con un abrazo me dice todo lo que no podría decirme con palabras. Al separarse de mí nadie tiene que decirme que volverá a pasar mucho tiempo antes de poder volver a verlo. Yo lo sé, lo sé y por ello me duele aún más que los golpes de mi madre que él salga por la puerta de mi habitación y me deje ahí, al lado de una mujer por la que ya no siento más que desprecio.

-No vas a salir hoy- me dice ella sin voltear a mirarme- mañana te presentarás al colegio y dirás que tuviste una cita con el consejo nacional de compositores, para hablar acerca de tu participación en el concurso.

-No puedo creerlo- le digo mordiéndome los labios para no terminar llorando- no puedo creer que dejes que se vaya así y que…

-Se fue porque él quiso irse- dice mi madre- después de todo no le importas nada ¿no ves? Pensaré en lo que haremos de ahora en adelante, parece que mi discurso no fue suficiente. Cuando sepa qué hacer contigo, te lo diré, y por el bien de tu hermano más que por el tuyo, de verdad espero que esta vez sigas mis instrucciones al pie de la letra.

Danielle camina hacia la salida de mi habitación cerrando la puerta con furia. No tengo más palabras para describir lo que acaba de ocurrir, no sabría si quiera cómo explicarlo para los demás. Siento la necesidad de salir corriendo detrás de Cooper, de decirle que me lleve con él, que ya no me importa nada. Y sin embargo me quedo en el mismo sitio donde estoy parado, me quedo ahí sintiendo aún dolor en mis mejillas y una profunda tristeza que se quedará en mi pecho por mucho tiempo. Y es que ahora todo parece de verdad: he tocado fondo, y en lo que respecta a mi propia vida, ya no sé qué es mío, ya no sé dónde he quedado yo.


Me preocupa. Es increíble que pueda seguir diciendo esto después de un mes pero Blaine Anderson me preocupa. Hace tres semanas no se presentó a clase y después de eso, creo que el joven se fue definitivamente a pique. La versión oficial dice que tuvo una reunión con los grandes compositores del consejo que evaluarán el concurso nacional, pero sé que debió haber pasado algo más. Aunque el chico no ha tenido grandes cambios en su comportamiento – es decir, sigue siendo un imbécil que aún intenta llamar mi atención de las formas más idiotas diariamente- es obvio que algo le pasa.

Adam dice que me estoy obsesionando con el muchacho y tal vez sea cierto. Pero no logro entender cómo es posible que nadie más lo note, ni siquiera sus amigos que lo tratan igual que siempre, que lo idolatran y lo siguen a todos lados, que no pueden ver más allá de su máscara de niño rebelde y caprichoso, del afamado líder, del estúpido que recita en voz alta las cosas que le hizo por la noche a su conquista en turno.

Y es por eso, porque no dejo de ver en sus ojos que algo anda mal que me paso las noches en vela preguntándome lo mismo: ¿Por qué yo sí puedo verlo? ¿O veo lo que quiero ver? ¿Después de todo, será todo como Adam dice y simplemente me esfuerzo en explicar la estupidez del muchacho atribuyéndole un alma torturada? Pero es que tiene que ser así, la vida me ha enseñado que nadie es un idiota por qué sí. Nadie actúa como un bastardo sin que algo más le de motivos para hacerlo.

Además, cuando el joven no está rodeado de gente, cuando el chico camina solo por los pasillos de la academia o se queda mirando por la ventana del salón de clase, observando con anhelo la estatua de su padre en medio del patio, sé que hay algo más, algo que se niega a salir, algo que le es imposible mostrar. Tristeza, coraje, cansancio, una de esas emociones o una mezcla infame de ellas.

Sí, lo sé. Debo sacarlo de mi cabeza, debo evitarlo como lo he hecho todo este tiempo, debo responder a sus interminables muestras de coqueteo e interés de la forma fría y cortante en la que lo he hecho y debo ser indulgente con la mierda de canciones que ha escrito últimamente, eso es lo único que debo hacer, pero no puedo evitarlo, me preocupa. Si al menos hubiera una forma de poder hacer algo, pero para hacer algo tendría que acercarme y no puedo, no debo. No voy a poner en riesgo esta vida estable, no vale la pena. Suficientes sobresaltos tuve en mi último año en Broadway como para ir a buscar de nuevo problemas que no me pertenecen, en los que yo no tengo lugar. Lejos estamos mejor, eso es, no hay duda.

-¡Kurt!- oigo que grita una voz femenina detrás de mí- Kurt, espera...

-Hola Aimé- le digo a mi compañera, quien luce de verdad agitada por la carrera que debió hacer para alcanzarme.

-Hola- dice ella recobrando el aliento- ¿qué sucede?

-Danielle… la… la directora Anderson quiere verte.

-¿Ahora qué hice?- digo yo un poco asustado de verdad.

-¿Tienes algo que temer?- dice ella conteniendo la risa- la verdad es que todo mundo por aquí está contento de tu trabajo, vaya, has hecho que Andrew Lewis pasara su examen teórico de composición, eso es un verdadero milagro.

-¿En serio?- digo yo verdaderamente complacido- es decir… bueno, Aimé, no te ofendas pero… cada vez que soy llamado al despacho de Danielle Anderson temo por mi integridad.

-¡Exagerado!- dice ella sin poder creerlo de verdad- por lo que pude entender después de hablar con ella en la mañana, creo que se trata del joven Anderson.

-¿De quién?- digo yo y no me doy cuenta, pero me quedo parado en medio del pasillo.

-De Blaine- dice ella con cuidado- pero… ¿tampoco ha pasado algo con él, ¿o sí? Es decir, todos hablan acerca de que eres su maestro… "favorito" por decirlo de algún modo, pero él y tú no… ¿O sí?

-No Aimé- le digo yo riendo un poco por el gesto asustado de mi amiga- sólo que… me sorprende que la señora directora quiera hablar de su hijo conmigo… tú… ¿tú sabes qué pasó ese día que Blaine no llegó a clases?

-No exactamente pero…- dice Aimé un poco sonrojada, lo que quiere decir que sabe más de lo que intenta demostrar.

-Aimé…

-Sólo sé que discutió con Cooper, eso es todo.

-¿El hijo prodigo volvió?

-A defender a su hermano- dice Aimé- después del discurso de Danny, creo que… bueno, ya debes imaginarlo, pero no creo que ella haya querido decir lo que dijo, es solo que está cansada y…

-Nada justifica lo que ella dijo, Aimé y lo sabes- digo yo borrando de la cara de mi amiga la sonrisa de disculpa que en vano intentaba formar.

-Lo sé, lo sé- dice ella apresuradamente, dando por terminada la conversación- ve con ella, suerte… ¿te veo al rato para cenar con Adam, entonces?

-Sí, sí claro- digo yo olvidando por un momento nuestra reciente discusión- nos espera a las siete, estoy harto de las cenas de la señora Robinson, ¿cómo has podido sobrevivir tantos años alimentándote en el comedor de profesores?

-No tengo idea – dice ella- revisaré algunos trabajos y te veo delante de la fuente a las 6:30 ¿vale?

-Vale…

Aimé se aleja y sé que se ha quedado seria de pronto por lo que he dicho acerca de la directora. No entiendo como mi amiga se ha vuelto tan cercana a Danielle Anderson pero parece ser que ella es la única persona que logra entenderla, que logra ver en ella algo más de lo que todos vemos y sentimos al tenerla cerca.

Suspiro y encamino mis pasos hacia el despacho de Danielle Anderson y de verdad espero que cuando esté delante de ella estas ganas asesinas de eliminarla, remitan un poco. Y es que en la misma medida en la que su hijo me preocupa, no he podido superar mi rabia al pensar en ella, en sus despreciables palabras, no he podido evitar desear que una calamidad termine con ella porque muy en el fondo de mi, sé que Blaine estaría mejor si ella no existiera.

Y ahí vas de nuevo, Blaine Anderson, a llenar mis pensamientos de ti otra vez…

-Pase profesor Hummel, pase por favor- dice la voz de la directora cuando llego a su oficina.

-Me dijeron que quería verme, Danielle.

-Sí, sí… pero venga siéntese, por favor.

La cortesía de mi directora me desconcierta un poco, más aún cuando ella no se sienta delante de mí como lo hubiera esperado si no que coge dos tazas de café de una mesita aledaña a su escritorio y me ofrece una junto con varias galletas de miel. Francamente ese no es el recibimiento que un prisionero de guerra esperaría de su carcelero, pero, tratando de corresponder a la amabilidad de la señora Anderson, agradezco con suavidad y me llevo un poco del humeante y cremoso liquido a mi boca. Está delicioso.

-Profesor Hummel- dice ella sin dejar de sonreírme alegremente, gesto que es más desconcertante aún que las galletas de miel.- quiero felicitarlo, todos los chicos de último año están encantados con usted, no se habla de otra cosa que no sea la clase de composición moderna y por lo que veo, también ha seguido mis recomendaciones, no ha tenido problemas con mi hijo y sus amigos.

-No…- digo yo- son chicos bastante tranquilos y talentosos, todos ellos.

-No tiene por qué mentirme, profesor- dice Danielle y una sombra de furia cruza su brillante mirada de color azul pálido- sé que mi hijo no ha sido capaz de crear algo digno de su nombre.

-Ciertamente no han sido obras de arte- digo yo sin poder evitar ponerme a la defensiva- pero, es el inicio del año, aún podemos mejorar muchas cosas.

-La porquería no puede evolucionar a otra cosa- dice la directora con calma- por favor, no defienda lo indefendible.

-Sólo estoy diciendo que el señor Anderson puede mejorar con la atención adecuada-digo yo, tratando de contener la furia un poco más- hasta el momento creo que se trata más de un problema de actitud, que de falta de talento en sí…

-Optimista hasta el final ¿no?- dice la directora- eso me gusta, vamos por buen camino. Si usted cree que Blaine puede mejorar con la atención adecuada, creo entonces que estamos pensando lo mismo…

La sonrisa de la directora crece en su rostro, pero más que un gesto de acuerdo conmigo me siento como la mosca que sin saberlo, está siendo atrapada en una enorme telaraña de la que, por más que intente, no podrá salir hasta ser devorado por ella. Muevo la cabeza de forma afirmativa, no porque concuerde o entienda del todo a Danielle Anderson sino porque quiero apartar esos extraños pensamientos de mi mente y porque, temo echarme a reír con mi comparación de la señora Anderson con un arácnido cruel y ávido de sangre fresca.

-Quiero que enseñe a mi hijo- dice Danielle Anderson después de un rato.

-Pensé que eso estaba haciendo…

-Sí, claro- dice ella- pero si ha hecho que varios de los estudiantes más mediocres de esta escuela estén componiendo canciones dignas de reconocimiento, imagine lo que usted lograría con Blaine.

-¿Qué es lo que quiere decir con enseñar a Blaine?- digo yo de forma precavida.

-Quiero que sea su tutor- dice ella dejando en claro que no hay posibilidad de negarme- tendrá lecciones diarias con él a partir de esta tarde.

-¿Qué?- digo yo con extrañeza, con incomprensión y también con… miedo.

-Tutor privado del mejor compositor que el mundo verá a partir de ahora- dice ella con pasión- piense cómo se verá eso en su currículo. Además claro, se le bonificarán las horas de trabajo extra.

-¿Horas?- digo yo sin poder creerlo del todo.

-Tres horas diarias con él a partir de hoy- dice ella como el general que le dicta a su subordinado el plan de acción que regirá su vida de ahora y para siempre- de lunes a sábado. Cuatro horas diarias a partir de la próxima mitad del año. Le pagaré horas triples a partir de ese día, y una bonificación en efectivo al final de año si Blaine logra ganar el concurso nacional.

-Señora Anderson, no creo que esto sea lo mejor para el chico, Blaine no estará de acuerdo y no quiero que el joven piense que…

-Lo que él piense o deje de pensar no debe importarle, profesor- dice ella de forma terminante- hablé con él en la mañana, él no se negó. Me alegra que esta vez no haya discutido.

-Blaine está de acuerdo…- digo yo y me temo que no comparto la alegría de la señora Anderson. Si el joven Anderson aceptó, no fue por respeto a su madre, de eso estoy seguro.

-Como puede ver- dice la señora Anderson, interpretando mi afirmación como una silente rendición- este es el negocio de su vida, profesor Hummel.

¿Qué debo hacer? A esta altura de la conversación se que un no es imposible. Tres horas diarias, a partir de hoy, a solas, con él… mi corazón empieza a latir de forma descontrolada y no sé por qué. En realidad no debería sorprenderme tanto ¿no era yo el que había pasado el mes entero preguntándome cómo ayudar al joven Anderson? ¿Por qué tengo miedo? ¿No fue Adam el que me dijo que soy un hombre inteligente y maduro que podría manejar esto de la mejor forma posible? ¿No lo soy? Quizá después de todo, las leyendas y rumores que circulan al joven heredero Anderson han hecho mella en mi interior.

-Está bien…- digo yo sintiendo que estoy vendiéndole mi alma al mismo diablo- si es así, no creo que haya problema.

-No los habrá profesor, créame- dice Danielle- le agradezco su cooperación, el primer deposito le será entregado al finalizar esta semana.

-No lo hago por eso, no se preocupe- digo levantándome de pronto- yo de verdad creo que podemos hacer renacer al joven Blaine.

-Ocúpese de él- dice Danielle con una sonrisa divertida- si le tiene fe o no, no es mi problema. Estaré evaluando los progresos mensuales de mi hijo ¿entiende? Trabajen por el momento en la canción que presentará en el festival de otoño, puede retirarse.

Salgo de la oficina siendo aún poco consciente del trabajo que he aceptado, ¿renacer al joven Blaine, eh? Mis palabras suenan ahora idiotas en mi cabeza pero ¿qué más podía decir? Comienzo a caminar lentamente. A esta hora las clases han terminado, eso quiere decir que debo empezar ahora mismo con mi nuevo empleo. Tutor del problema que tiene nombre y apellido para la directora, tutor de lo insalvable, diría Adam… tutor privado de ese muchacho.

Mis pasos se pierden en el laberinto de salones que componen la Academia, oigo ruidos lejanos de instrumentos musicales, violines, guitarras, tambores, todos esos sonidos que alegran mi vida, que la llenan de sentido. Me pregunto seriamente en qué momento Blaine Anderson perdió todo eso, en qué momento la música se convirtió para él en una losa y no en un refugio.

He llegado por fin a la sala de música. El joven Anderson espera delante de la puerta con sus siempre fieles amigos que ríen y bromean a su lado. No me han visto, por lo que dudo en acercarme a ellos y me quedo de pie, observándolos, observándolo a él. En medio de las risas puedo notar que los ojos color avellana del muchacho, hermosos, aunque él trate de ocultarlo, no sonríen. Están cansados, profundas ojeras resultado de sus noches de juerga bordean sus ojos. Sé que él no es feliz aunque le grite a todos que es perfecto y tiene todo lo que quiere. Creo que en realidad sus palabras son sólo un vano intento por ocultar que carece de todo.

Pasar tres horas diarias con él ¿quién lo diría? Parece que cuando tratas de alejarte de algo, ese algo camina hacia ti con la misma terca insistencia con la que tú intentas poner tierra de por medio. Pues bueno, si le hemos vendido el alma al diablo, es hora de ver de qué color se pintará el infierno…

-Señor Anderson- me escucho decir cuando llego a los muchachos.- buenas tardes chicos.

Los cuatro sonríen a mi llegada, pero la sonrisa se borra pronto de los labios del joven Blaine que me mira cómo preguntándose por qué, después de todo, he aceptado lo que su madre me propuso.

-Profesor Hummel- dice Sebastian Smythe con una de sus sonrisas más encantadoras- con que tutor privado de Blaine ¿eh? Todo un honor…

-Ya me lo han dicho, señor Smythe- le digo yo tratando de sonreír como él lo hace- lamento que no hayan podido designarme a los fabulosos cuatro en pleno, eso hubiera sido un verdadero placer.

-¿De verdad?- dice Dorian Leigh con anhelo- No sé cuánto va a pagarle Danielle, pero no creo que mis padres tengan problema en igualar la suma, creo que necesito reforzar algunas nociones de ritmo y …

-No le haga caso, profesor- dice Andrew, rodeando con su brazo al chico del cabello oscuro quien olvida sus problemas de ritmo y se relaja al contacto del cuerpo del otro chico- Dorian no habla en serio. Su ritmo o lo que sea, son perfectos como todo lo que hace…

-Andrew…- dice Dorian sonrojándose un poco- deja de decir esas cosas-

-Bueno, bueno, suficiente charla- dice el joven Blaine con una sonrisa torcida que a pesar de ser sumamente maliciosa, también esconde algo bello en ella- me temo que están robando mi tiempo a solas con el profesor, piérdanse.

Los tres jóvenes rompen a reír y se despiden de su amigo entre bromas y preocupados clamores de: ¡No sea duro con él, profesor, tenga paciencia!

Sebastian Smythe le recuerda que esa noche han quedado de ir a bailar al club de Sam y Blaine le jura que estará ahí a las once. No puedo evitar pensar que a este ritmo, el heredero de la academia acabará con su fuerza antes de entrar de lleno a la edad adulta.

El silencio nos rodea a los dos después de que el eco de las risas de sus amigos dejan de escucharse a lo lejos del pasillo. Blaine no ha dejado de sonreír y yo lo miro fijamente lo que parece una eternidad.

-¿No va a invitarme a pasar?- dice él echándose a reír.

Yo asiento como saliendo de un trance hipnótico y abro la puerta de la sala. El aroma a madera recién encerada y papel que espera a ser llenado de notas musicales nos recibe. Yo pongo mi bolso sobre el escritorio y me quedo ahí un rato, pensando en lo surrealista que es la situación. El joven Anderson deja de mirarme y camina de forma decidida al piano. Levanta la tapa y pasea sus manos por las teclas, de forma suave. Lo observo mirar al instrumento con un sentimiento profundo en la mirada y entonces recuerdo al chiquillo de diez años que solía tocar ahí todas las tardes, haciéndonos pensar a mis compañeros y a mí que al lado suyo éramos nadie…

¿Qué fue de ese niño?, me pregunto yo, caminando con calma hacia él, ¿podré conocerlo algún día o se ha perdido irremediablemente? Blaine levanta sus ojos de las teclas del piano y se sienta frente a él, parece que desde hace rato, cualquier cosa que no sea ese negro instrumento ha dejado de importarle. Sus manos se deslizan por las teclas con maestría, toca con pasión, con determinación. Casi se ve feliz al hacer brotar de sus dedos tanta magia, y de pronto vuelvo a verlo siendo pequeño… sus abundantes rizos oscuros cubriendo su frente, su sonrisa tranquila al estar siendo rodeado de la misma música pura y luminosa como la luz de las estrellas que seguramente su padre le enseñó a componer.

La música sigue su ritmo, es un arrullo, una voz de otro mundo que me dice que todo estará bien, que de hecho, ese es el lugar donde debo estar, al lado de ese chico, a su lado como siempre lo he estado sin saberlo, ¿pero qué estoy pensando? Nada de lo que pienso tiene sentido, pero esa música es tan bella, tan irreal y sin embargo, tan suya, porque estoy seguro de que fue el Blaine de diez años quien creó esa obra y a medida que las notas pasan me convenzo segundo a segundo que de donde viene esa canción, pueden venir mil más si tan sólo encuentro la forma de hacerlo regresar…

-Sonata estrella de luz- dice el joven cuando deja de tocarla- papá y yo la compusimos en un sueño, hace muchos años.

Me quedo al lado de Blaine sin saber qué decir, siento que cualquier halago no sería capaz de describir lo que he escuchado y en todo caso, no estoy seguro si las palabras que susurró eran para mí. Me quedo ahí en silencio, me siento al lado suyo sin saber por qué. Sólo dejo que el chico reordene sus sentimientos, el dolor se trasluce en su mirada. De cerca, el color avellana de sus ojos es brillante, casi oro liquido. Él ha llenado la sala de magia y parece no saberlo, parece que la tristeza que inunda su alma no le deja verlo, pero más que eso, no le deja sentirlo.

Su móvil suena y con el sonido estridente de la canción pop que llena la sala, la magia parece evaporarse. Blaine se levanta y contesta con aire distraído y el silencio que hasta ese momento nos rodeaba se llena de risas bobas y muecas juguetonas por parte del chico.

-Sí, ya sé que me cobrarás caro no haberte dejado terminar lo de la otra noche- le dice al teléfono humedeciendo sus labios con anticipación- te lo retribuiré con creces Sam, sí, sé que te debo esta noche desde hace mucho, también te he extrañado, sí, esos niños con los que estuve el martes no tienen nada de bueno, son inexpertos, estuve a punto de salir corriendo de ahí de no ser porque de verdad necesitaba un polvo, sí… te veo en la noche guapo, guarda lo mejor que tienes para mi ¿quieres?

Blaine cuelga el teléfono y me mira sin vergüenza alguna, retándome a decir algo. Es increíble que el muchacho pueda pasar de la más sublime belleza a la más ridícula desfachatez en dos segundos. Pero él es así, no debería sorprenderme ni estar preguntándome quién es ese Sam y cuantas noches ha pasado a su lado, que por lo que he oído, deben haber sido muchas y.. ¿Qué hago yo preguntándome todo eso? ¿Qué hago yo mirándolo a los ojos ahora mismo, pensando que a pesar de todo él también es hermoso…?

De pronto todo se ha quedado en calma a nuestro alrededor. Los labios del muchacho sonríen al darse cuenta por fin, de que estamos completamente solos. Blaine me mira fijamente, me estudia, se acerca a mi cuerpo de forma lenta y yo no puedo moverme, me ha hechizado o me he dejado atrapar. Yo no sé nada del mundo hasta que él pone sus manos encima de las teclas del piano, cercándome y con sus labios a un centímetro de los míos me dice con una sonrisa desafiante:

-Bueno, profesor Hummel, ahora que ha aceptado el juego, dígame ¿cuál será nuestro primer movimiento?


NdA: Les prometo que a partir de ahora habrá más Klaine y más fabuloso 4 y gdlkasgdlksagdkls¡ empieza lo bueno¡ Y bueno, no creo tener listo el capítulo 4 antes, así que de una vez les deseo una maravillosa feliz navidad en compañía de todos sus seres queridos, diviértanse mucho y sea como sea que ustedes le llamen, celebren el nacimiento del amor :D Felices fiestas a todos, les mando un enorme abrazo¡ :)

PD: Les dejaré un regalo de navidad en Unbreakable :)

Love ya all¡ :3