Bueno, ante todo una disculpa por haber tardado...eh... ocho meses en seguir el fic xDu
Gracias a Ez116,Yurika Sparda, Shad-kun SunderKland, y TuPaDrE por los reviews tan geniales que me dejaron y que espero seguir recibiendo..., claro, si es que se acuerdan de mí xD, y también gracias a los que me leen aunque no dejen reviews.
Y bueh... acá dejo el capo 3
Harry Mason. Sesión No. 2
- Y así fue cómo murió Firulais – terminó de decir Harry con los ojos húmedos y limpiándolos con la manga derecha de su saco – Aún recuerdo sus tripas regadas por toda la calle...-
- ¿Qué edad dijo usted que tenía cuando atropellaron a su perro? – preguntó Kaufmann mientras apuntaba cosas en su libreta.
- No recuerdo bien si tenía diez u once años –
- ¿Y ha vuelto a tener mascotas desde entonces? –
- No – contestó con tristeza parecida a la de un niño al que le acababan de negar un caramelo – Mis padres dicen que me deprimí mucho tras la muerte de Firulais, que lloré como una semana entera, aunque yo realmente no lo recuerdo; así que no quisieron volver a tener animales en casa. Según ellos, no vale la pena llorar por las mascotas –
- ¿Es por eso que Cheryl no tiene mascotas? –
- Oh, no, no es por eso. Por supuesto que dejo a Cheryl tener mascotas – quiso aclarar – Cuado ella era pequeña tenía un conejito llamado Robbie. Lo quería mucho pero...- se quedó pensativo.
- ¿Sí? – curioso ante la pausa.
- Amanecía muerto –
- ¿Cómo...? – Kaufmann dejó de escribir en su libreta para mirarlo perplejo – ¿Qué quiere decir con que "amanecía muerto"? –
- Eso; que Robbie siempre amanecía muerto –
- No creo estarlo entendiendo, Señor Mason –
- Sí. Disculpe – sonrió apenado – Sucede que cada vez que Robbie moría, yo tenía que ir a la tienda de mascotas a comprar otro conejito para reemplazarlo. No quería que Cheryl sufriera lo mismo que yo con mi perro. Sin embargo, llegó un momento en que ya no pude comprarle más conejos y tuve que decirle que Robbie había escapado. Desde entonces no me ha vuelto a pedir mascotas –
- Ah, ya entiendo... ¿Cuántas veces murió Robbie exactamente? –
- No sé... quizás unas diez –
- ¿Y de qué morían los conejos? ¿Acaso provenían de una camada defectuosa? –
- No creo que se trate de eso, doctor. Verá. Los conejito eran... acuchillados -
- ¿A-acuchillados...? – cuestionó intentando mantener su habitual postura firme, pero aquello sí que lo había tomado por sorpresa.
Harry asintió con la cabeza.
- Nunca supe quién fue ni por qué lo hacía. Le comenté esto a varios vecinos para ver si a ellos también les habían matado mascotas, pero todos dijeron que no, y me decían que quizás se trataba de un vándalo que no le gustaban los conejos. ¡Quién sabe! – resopló – A mí sólo recordarlo me da escalofríos. Porque no sólo acuchillaban a los pobres conejos sino que también esparcían su sangre por todo mi jardín. No sé qué clase de enfermo pudo haberles hecho eso... –
- Bien. Ya que estamos hablando de traumas, dejemos a un lado a los conejitos y cuénteme algo que le haya sucedido durante su niñez –
- ¿En mi niñez?... Umm...Pues no. No recuerdo nada traumático que me haya sucedido de niño –
- ¿Seguro? – inquirió dudoso – ¿Nada de burlas en el colegio, obesidad, acné, humillación pública, apodos, rechazo social, complejos por alguna parte pequeña de su cuerpo? –
- Nop... Aunque en la preparatoria me decían "cuatro ojos" por los lentes, no obstante, nunca lo consideré ofensivo. Y como ya le dije antes, el momento más desagradable de mi vida fue perder a Cheryl en Silent Hill... –
- Entonces hablemos de sexo – dijo para zanjar el tema anterior. Aún era muy pronto para tratar el trauma principal – ¿Ha tenido relaciones sexuales desde que murió su esposa? ¿O es de esos viudos que se reprimen por respeto a su difunta? –
Cheryl Mason. Sesión No.2
- Y eso fue lo que pasó – decía Cheryl con los brazos cruzados, molesta – ¿Ve? Yo no pude haber quemado ese bote de basura, ¡yo estaba en el baño! Aún así la profesora insistía en que me vio a mí encenderlo con un mechero. ¡Vieja loca...! – bufó – ¿Algo más que desee saber de mi historial delictivo? –
- Por ahora nada, así está bien – terminó de escribir en su libreta y se volvió hacia la chica – Cheryl, ¿tienes mascotas? –
- No. ¿Por qué? –
- ¿Alguna vez has tenido? –
- Eh... No, creo que no –
- ¿Qué hay de Robbie? –
- ¿Robbie? – repitió confundida – No sé de qué habla –
- ¡Qué raro! En la hora pasada, tu padre me dijo que tenías un conejo llamado Robbie –
- Umm...ahora que lo menciona, creo haber tenido un conejo... Sí ¡Ya lo recuerdo! ¡Robbie! Era muy lindo y peludito, aunque cada día se veía diferente... –
- Es lo que tienen los conejos – dijo de pronto – Son tan peludos que parece que cambian cuando se les hunde el pelaje –
- Sí.., supongo – contestó sin darle mucha importancia.
Kaufmann prefirió dejar el tema. Parecía que la chica en verdad jamás supo sobre los múltiples Robbies, y no quiso ser él quien la traumara por eso.
- Cheryl, ¿crees que podríamos hablar de Heather? –
- Claro. Ya se estaba tardando en preguntar por ella – sonrió – ¿Qué quiere saber? –
- ¿Cómo es su personalidad? –
- Su personalidad... – se llevó un dedo al labio inferior, pensativa – Es rebelde, irrespetuosa, manipuladora, irreverente. Odia estudiar, es perezosa; dice groserías, y le es fácil hablar con otras personas –
El psicólogo puso especial atención a la última frase. El señor Mason le había dicho que su hija era tímida. Y, aunque en la sesión pasada Cheryl estuvo muy platicadora, un dejo de desesperación resonaba en su vacilante voz, mientras que, ahora, se veía despreocupada, asertiva y con voz firme. Eso no podía ser normal...
- Ya veo. Me da gusto conocerte..., Heather –
La muchacha soltó una carcajada.
- Pensé que nunca se daría cuenta, doc. Pero debo darle mucho crédito, apenas llevamos 20 minutos hablando y ya me descubrió. En cambio, Harry hasta la fecha no se ha dado cuenta de mi existencia – dio un suspiro profundo simulando pena – Él sólo cree que su niñita está pasando por la edad difícil de la adolescencia... ¿Qué ingenuo, no? –
- ¿Le dices Harry a tu padre? – preguntó con cierto tono de amonestación.
- ¿Mi padre...? – negó con la cabeza – No se equivoque, doc. No soy Cheryl, soy Heather, ya lo sabe. Yo ni siquiera conocí a mi padre –
- Raro... – Kaufmann se llevó una mano al mentón.
- ¿Qué cosa? – inquirió con brusquedad.
- Hablas en pasado –
- ¡Ah! Eso. ¿Es que aún cree que soy imaginaria? –
- No lo sé. ¿Qué me dices tú? ¿Eres imaginaria? –
Heather rió divertida.
- Eso dígamelo usted – dijo, y lanzó una mirada burlesca antes de cerrar los ojos – ¿Dr. Kaufmann? – preguntó Cheryl al recobrar la conciencia.
Travis Grady. Sesión No.3
- Así que hoy estuvo en Silent Hill – decía Kaufmann con la libreta en mano.
- Sí. Lo peor es que siempre que regreso a ese lugar me entran unos escalofríos... – contestó Travis con desgane.
- ¿Le hace recordar a sus padres? –
- Sí, un poco – admitió sin mucho problema, pero Kaufmann supo que ello no era lo que le inquietaba – Pero eso no es lo que me estremece –
- ¿Oh? Entonces, ¿a qué sé debe? – cuestionó curioso. ¿Qué era aquello que le incomodaba más que recordar a sus padres muertos?
- Es sobre algo que me pasó allí... hace 7 años –
- Continúe – pidió amable.
- Ah – suspiró – Sólo recordarlo se me revuelve el estómago – se pasó una mano por la cara hasta su frente – Resulta que... - comenzó a contar – hace siete años llevé una carga, no me recuerdo de qué, a Silent Hill. Recuerdo que ese día el cielo estaba nublado, muy nublado, incluso parecía de noche. Yo seguía la ruta por la que siempre me voy sin ninguna novedad hasta que... –
- ¿Hasta qué...? –
Travis se frotó las manos y se le humedecieron los ojos.
- Una...una chica desfigurada corrió a la calle, justo delante de mi camión –
- ¿Una chica...desfigurada? – genial, la segunda historia aterradora del día... Hoy sí que era un día interesante.
- Sí – cabeceó – Por suerte pude frenar a tiempo y no la arrollé. Me bajé enseguida del camión y entonces la vi mejor. Estaba quemada. Todo su cuerpo estaba quemado, ¡desde la cabeza hasta los pies! N-no sé qué clase de monstruo pudo haberle hecho eso a esa pobre chiquilla... – cerró los ojos unos segundos y después continuó – Para tratar de mantenerla conciente le hice un montón de preguntas, pero ella sólo respondió su nombre. Lo único que pude hacer por ella fue llevarla al hospital Alchemilla y que los doctores pudieran calmaran su dolor. A los pocos días murió –
- ¿Cuál era el nombre de la niña? –
- Creo que era Alessa... Alessa Gillespie –
- ¿Y quién la quemó? –
- No lo sé... La policía nunca encontró al criminal. Pero hallaron una casa quemándose cerca de la carretera donde la recogí. Es seguro que ella estuviera allí cuando se inició el fuego. Yo... no pude salvarla –
- No se culpe, Travis. Hizo todo lo que pudo por Alessa –
- Es que... Ella era sólo una niña ¡Tenía 10 años! Le faltó toda una vida por vivir... –
- Deje esos pensamientos oscuros que de nada le ayudan. Eso sucedió hace siete años, y ahí es donde debe quedarse: hace siete años –
Ángela Orosco. Terapia reanudada. Sesión No. 13
- No creí verte de nuevo por aquí, Ángela – comentó Kaufmann haciéndose el sorprendido.
- Yo tampoco esperaba volver, doctor – dijo cabizbaja una muchacha de cabello oscuro y ojos del mismo color – Sucede que... las alucinaciones volvieron –
- Entiendo... – lo anotó en su libreta – ¿Son las mismas alucinaciones donde aparecen tu padre? –
- Sí... –
- ¿Y qué es lo que hace en ellas? –
- Él... él intenta tocarme..., como cuando era pequeña – contestó un poco incomodada.
- Ángela, ¿sigues tomando las pastillas que te recetó tu psiquiatra? –
- ¡S-sí! Sí, por supuesto, doctor. Siempre sigo la receta al pie de la letra –
- Entonces tendré que enviarle una nota a tu psiquiatra diciéndole lo idiota que es y que debería cambiarte la medicación que ya no te sirven la que tienes –
- ¿Es decir que las pastillas ya no funcionan conmigo...? ¿Por eso que las alucinaciones regresaron? – cuestionó esperanzada, temía ser ella la que hubiese recaído por débil.
- Eso es lo que creo. Aunque hay posibilidades de que sea a causa de otros factores. Dime, Ángela, ¿últimamente has estado sometida a mucho estrés? –
- Podría decirse – asintió quedadamente – El lunes pasado me despidieron de mi trabajo; el miércoles descubrí a mi ex-novio teniendo sexo con mi ya no mejor amiga; el sábado mi gato escapó de casa, y ayer me perdí un episodio de Grey's Anatomy –
- Pues sí que has tenido una semana... difícil –
- Sí. Lo raro es que eso no es lo que me hace sentir mal –
- ¿Cómo es eso? –
- Bien. Recuerdo que una vez usted me dijo que intentara ver el lado positivo de las cosas, y así lo hice. Odiaba mi empleo, mi ex- era un cretino, mi gato me provocaba alergia, y Grey's Anatomy no es tan buena serie de TV como parece –
- Vaya... eh...me parece muy bien que te lo tomes así, Ángela. Eso me demuestra que hay una importante mejoría en ti. Sólo tengo una pregunta, ¿qué es lo que te atormenta si no se trata de nada de lo que me acabas de contar? –
- Ah, sí... – bajó la mirada y frunció el ceño, pensativa – La verdad es que no lo sé muy bien, pero, casualmente, las alucinaciones regresaron después de que mi madre me dijera que, como me quedé sin empleo, deberíamos volver a nuestro pueblo natal... Silent Hill. No sé... nunca me gustó ese lugar –
Continuará...
Sugerencias, quejas, mentadas, preguntas existenciales; dejen reviews.
