Chiron, hijo de Cronos y la ninfa Filire, se consideraba así mismo alguien bastante civilizado y paciente. A diferencia de otros centauros, Chiron nunca había caído realmente en los excesos del alcohol o la lujuria. Oh, el deseo estaba ahí, lo llevaba en la sangre igual que sus medio-hermanos, pero nunca se había permitido caer en la espiral de desenfreno que parecía ser parte de su especie.

Pero el Maestro de Héroes sentía que su paciencia disminuía cada vez más y la sangre del Titán Rey latía más fuerte en sus venas, cantando por la sangre del ciervo. Sabía que se debía eso, a pesar de ser criado por Lord Helios siempre iba a existir un retazo de Cronos en su interior, la misma mancha que volvía a Hades rencoroso, a Poseidón temperamental y a Zeus especialmente paranoico, la misma mancha que lo empujaba a un abismo del que no sabía si podría volver.

Y todo había empezado durante la cena.

Los campistas habían pasado sus días como de costumbre, pequeñas discusiones y los entrenamientos de todos los días. La pared de lava necesitaba nuevas reparaciones y una de las canoas estaba haciendo agua. Lo normal considerando que el Campamento estaba habitado por decenas de hiperactivos, hormonales y distraídos semidioses. Durante la semana lo único realmente destacable había sido las discusiones entre los hijos de la guerra y un extraño debate entre los hijos de Hermes para colar alcohol en las bebidas de Mr D. Dioses sabían que el dios del vino estaba más que irritado desde el desastre del Solsticio de Invierno.

Pero toda esa 'normalidad' se quebró durante la cena. Chiron estaba a punto de dirigirse a los campistas como cada noche, cuando de pronto sintió un pequeño toque en su mente, un aviso de que algo había atravesado las defensas mágicas del campamento, no era la típica sensación que sentía cuando un semidiós entraba al campamento, era demasiado rápido y literalmente había destrozado parte de las defensas. Claro, se recuperarían al día siguiente, la magia tenía esa cualidad, pero no dejaba de ser alarmante.

Los campistas debieron notar su incomodidad, como Chiron se tragó las palabras que iban a decir y se veía más confundido de lo que creían posible. Entonces sucedió: Una estela de marrón y oro que llego a levantar el viento a su paso y que se detuvo de pronto, frente a la hoguera en donde hasta una sorprendida Hestia veía al precioso animal.

Chiron abrió los ojos de la impresión, y Dionisio parecía haberse atragantado con un bocado de comida. Los campistas dejaron de mover sus cubiertos y no sabían cómo reaccionar. De pronto el ciervo parecía ansioso y levanto y golpeo sus pezuñas contra el piso de piedra, casi como si estuviera provocando a los semidioses.

― Esa no es…? ―

― No debe ser… ―

― Pero… ―

― ¡IDIOTAS! ¡ATRAPENLO! ―

Con un grito rabioso un hijo de Ares se levantó de su mesa y todo el mundo reacciono, casi todos levantándose de golpe, algunos tropezando entre si, pero todos lanzándose directamente hacia el animal.

Chiron salió de su estupefacción un momento después y saltando la mesa principal se unió al gentío que intentaba rodear a la presa. Fue entonces en que se fijó en sus características y antes de que pudiera advertir a sus pupilos el ciervo cargó en la misma dirección por donde había venido y atravesó la pared humana, derramando semidioses como si no fuera más que un molesto arbusto.

Y el frenesí de caza había empezado.

Chiron vislumbro el claro y se quedó sorprendido ante lo que vio. El lugar se veía como un campo de batalla de las guerras mortales, no se confundan, aun había mucho verde y no era difícil imaginar cómo era el lugar antes de que la batalla comenzara, pero los surcos en la tierra, los arbustos carbonizados, los manchones de hierba incendiada y el olor persistente del azufre podían hablar perfectamente un bombardeo .

Entonces sus ojos se abrieron un poco más, ¿Qué hacía un sofá y la mitad de una cama en medio de un bosque? No, ese asunto paso apenas por la mente del centauro, pero lo que si llamo su atención profundamente era en donde estaba la presa de sus estudiantes. Y era una vista surrealista.

Si el ciervo realmente descendía del Ciervo Dorado entonces lo normal es que hubiera heredado el mismo sentido de preservación que lo mantenía fuera del alcance de cualquier cazador, y si era el mismísimo Ciervo de Cerinea entonces lo que estaba viendo era algo simplemente inaudito. No es que el niño en el sofá fuera lo inaudito, no, Chiron había vivido demasiado tiempo para ser sorprendido con el extraño sentido del humor de las Parcas, tampoco era el cadáver a medio deshacerse de lo que parecía una serpiente gigante, sino el hecho de que su presa estaba sentada a los pies del niño

El ciervo de cuernos dorados estaba sentado sobre sus cuatro patas con la cabeza apoyada en la rodilla del niño y siendo acariciado suavemente, como si fuera la parodia de un retrato de un perro devoto y su amo.

Entonces el niño se percató de su presencia. Sus ojos eran de un verde brillante, no como los ojos de Percy, sino más claros y luminosos, literalmente, como si realmente hubiera una luz sobrenatural tras sus pupilas. Pero esa reflexión se apagó a medida que vio al niño hacer una mueca y luego darle una sonrisa resignada, la sonrisa de alguien que estaba pasando una muy mala semana.

― ¿Solo por curiosidad, señor ― El niño hablo ― pero en qué año estamos? ―

Entonces antes de que Chiron pudiera siquiera levantar una ceja, el niño se quedó dormido.

Cuando Harry despertó sentía todo su cuerpo adolorido, era como una mezcla extraña entre sus dos anteriores experiencias con Voldemort, nuevamente despertaba acostado en lo que parecía a una enfermería y nuevamente sentía su cuerpo como si hubiera sido aplastado y sacudido por una serpiente gigante…Oh, eso fue lo que paso. Los recuerdos lo invadieron y volvió a cerrar los ojos hasta que el mareo desapareció.

― Al menos esta vez no me mordió ― Susurro, sintiendo su garganta seca y áspera, como si hubiera tragado hiedra venenosa o arena. Sentía una sed insoportable y Harry forzó su cuerpo a sentarse, o al menos lo intento. Apenas pudo mover uno de sus brazos antes de soltar un gemido adolorido y se rindió hasta recuperar el aliento. Si, era como volver a salir de la Cámara de los Secretos, su cuerpo estaba adolorido y su sangre ardía como si Fawkes no hubiera podido eliminar todo el veneno en su cuerpo. Decidió esperar un poco más.

No sabía si fueron minutos o horas después cuando por fin logro sentarse, pero ahora confirmar que estaba en una enfermería. Su cama estaba rodeada por unas cortinas blancas muy limpias pero algo desgastadas y él estaba efectivamente sentado en una cama de hospital, aunque sin ninguna maquina conectada a su cuerpo ni ninguna colección de viales de pociones en su mesita de noche Descarto rápidamente la idea de que fuera alguna enfermería mágica, porque si algo había aprendido es que casi todas las Sanadoras compartían el mismo amor por meter pociones en las gargantas de sus pacientes, en especial si eran niños. Era algo así como rasgo del oficio o al menos eso había escuchado a Madame Pomfrey decir una vez.

Mirando a su alrededor se percató del baúl a uno de los costados de su cama, el mismo baúl negro y plateado, puesto como si fuera un escalón. Aunque después de mantenerse entero tras servir de ariete contra Python fácilmente podría soportar su peso, de hecho era sorprendente como la única prueba de haber estado a la intemperie eran algunas manchas de pasto en la base y la tapa.

Harry trato de levantarse, por primera vez percatándose de la polera naranja que ahora, pero antes de que pudiera cuestionarse eso y lo que decía la polera, la cortina se abrió, dejando pasar a chico un par de años mayor que Harry.

― ¡Y el zombi revive! ― Dijo el recién llegado alegremente, deteniéndose solamente para revisar visualmente a Harry. Parecía bastante contento con lo que veía, pero entonces se acercó a la cama, y sin pedir perdón o permiso, se puso a inspeccionar su tobillo. Harry apenas si tiene tiempo para reaccionar y hacer una mueca, cuando el mismo chico, con una brutalidad que haría orgullosa a la Sanadora de Hogwarts, le puso en las manos una copa de algo parecido al almíbar. ― Bebe ―

― ¿Qué es? ― Dijo levantando la mano lentamente e inspeccionando a la luz lo que parecía sospechosamente a jugo de manzana. Su instinto no estaba pateando particularmente duro, así que sabía que no era algo peligroso. Por supuesto, determinar algo así mediante instinto era bastante irresponsable, pero hasta ahora ese instinto reforzado que sentía no le había fallado.

― Néctar… ― Sintiendo que era suficiente respuesta dio un trago y su todo su cuerpo se vio invadido por una calidez muy distinta a la que sentía antes. Era como si su cuerpo hubiera sido sacado de entre las brasas de un incendio y puesto cómodamente cerca de una chimenea, y era un calor delicioso que se deslizaba por su garganta con el gusto del pastel de melaza, la canela y un abrazo apretado. Estaba tan distraído en las sensaciones que casi no escucho las palabras de su ¿cuidador? ¿Doctor adolecente? ―…La bebida de los Dioses ―

Harry casi escupió el contenido del vaso, pero el sabor era tan delicioso que no pudo hacerlo y en cambio se medió atraganto derramando un poco de la bebida divina por la comisura del labio. ― Muy gracioso ― Dijo secamente mientras clavaba su mirada en los ojos marrones del otro adolecente, pero al recibir únicamente una sonrisa maliciosa como respuesta, termino resoplando ― ¿Y se puede saber en dónde estamos? ―

― En el Campamento Mestizo― Respondió alegremente al tono seco de Harry, pero esa alegría se fue derritiendo rápidamente ante la mirada confusa de Harry. ― Long Island, New York ―

― Mierda, mierda, mierda, mierda! ―

Harry cerró la puerta tras de sí suavemente y se sentó en uno de los cómodos asientos que rodeaban una mesita de juegos. Su expresión reflejaba bastante bien sus pensamientos y Chiron casi, casi, suspiro internamente. Hoy sería uno de esos días.

― Entonces déjame ver si lo entiendo ― Dijo en un tono de voz plano, casi sin emociones, pero que derramaba incredulidad con cada palabra. ― Tú y tu película dicen que soy un semidiós ―

― Sí ―

― Y que los dioses griegos siguen ahí afuera y no son simplemente magos ególatras de la antigüedad ―

― Sí ―

― Y que estamos en un campamento en los Estados porque los dioses se trasladan junto a la 'flama del oeste' que siempre arde más fuerte en la 'capital' de la civilización occidental ―

― Exactamente ―

― Por favor, dígame que es una broma ― Gimió Harry agachando la cabeza y sujetándola con ambas manos. ― Voy a despertar `pronto y todo va…―

― Aun cuando no tengo una explicación para tu llegada… ― Interrumpió Chiron en tono de voz tan parecido al del Profesor Dumbledore que envió escalofríos por la columna de Harry ― te puedo asegurar que todo esto es muy real ―

― Pero… ―

― Sabes que lo es, Harry Potter, no te mientas a ti mismo ―

― Necesito aire, señor ― Dijo resignando mientras se ponía de pie, necesitaba pensar y necesitaba asimilar la idea que un aparente inmortal centauro le estaba contando. Era una locura, pero en el fondo sabía que era verdad. Realmente era como si alguien hubiera retirado un velo frente a sus ojos y por primera vez realmente viera el mundo. Pero eso mismo era lo que le asustaba.

Harry realmente disfrutaba del silencio, bueno, no era realmente un silencio, era más bien el hecho de que no estaba en el ojo de todo el mundo. En Hogwarts por el contrario pocas veces era así, siempre había alguien que lo señalaba y susurraba, así había sido desde su primer año y este último solo había empeorado. Todo el asunto del Heredero de Slytherin y poder hablar con las serpientes había sido un golpe duro para Harry, una herida abierta que si bien no se reflejaba en su relación con Ron y Hermione, si lo hacía más desconfiado con los demás, de la forma en que todos le podían dar la espalda de un momento a otro. Eso era algo que difícilmente podría llegar olvidar.

Pero en cambio en este momento las cosas eran diferentes, mientras salía de la Casa Grande junto a Lee se percató que ni Chiron, ni Lee habían sobre reaccionado a su nombre, no le habían pedido apretones de manos, ni dado felicitaciones eufóricas. Oh, sin dudas estaban contentos de que Harry hubiera sobrevivido a su pequeño encuentro, pero parecía existir un aire de costumbre en eso, como si fuera normal que niños de doce años vencieran a una criatura que hasta hace unos días Harry pensaba que era solamente parte de la mitología.

Entonces Harry vio el paisaje y todo pensamiento quedo aplastado. Harry había conocido el mar una vez antes, pero entonces estaba siendo arrastrado por Tío Vernon y su paranoia y difícilmente había tenido oportunidad de admirar la inmensidad del mar. Esta vez tampoco tuvo la oportunidad, no cuando a sus pies se desplegaba ese valle.

La hierba, los árboles, todo parecía perfecto y en cierta forma le recordaba los terrenos de la escuela, y casi podía esperar ver un campo de Quidditch en alguna parte. En cambio vio una serie de construcciones que no estar tan 'personalizadas' podrían haber salido de las ilustraciones de un libro de historia. El anfiteatro, una especie de plaza (ágora dijo una parte de su mente) y lo que parecía una arena de combate eran casi idéntico a lo que se podría esperar de la antigüedad O un viaje en el tiempo, pero de alguna forma parecía mezclarse bien con la cancha de vóleibol y las extravagantes caba… ¿Esos chicos estaban jugando con pantalones peludos?

Una serie de pensamientos pasaron por su mente hasta que recordó un libro que no leía desde hace mucho tiempo, uno de los pocos recuerdos realmente felices de su infancia.

'Mr. Tumnus…El León, la Bruja y el Ropero…'

El pensamiento lo choco como una pared de ladrillos y una sonrisa cariñosa estallo en su rostro― Faunos… ―Dijo Harry casi con adoración antes de dirigirle una mirada traviesa a Lee Fletcher, su autonombrado guía ― Ahora solo falta que me digas que Narnia también es real ―

― No sé de lo que estás hablando, pero son de ahí ― Dijo señalando a los faunos ― son sátiros y se ofenden muy fácilmente si les dices algo así…también si les dices que son mitad burro…o cosas así ―

Al ver la mirada confusa de Harry, el consejero de la cabina Apolo continúo.

― Faunos es la forma en que le decían los romanos, Harry, y si hay un tema delicado entre nosotros 'griegos' es Roma ― Dijo Lee firmemente, obligando a Harry a buscar alguna señal de broma en sus ojos profundamente azules. Harry asistió muy lentamente, aunque se comprometió a averiguar un poco más…Como deseaba tener a Hermione junto a él.

El resto del viaje fue en un cómodo silencio hasta que llegaron a las cabañas, ahí Lee le explico de que cada cabaña era para cada uno de los Dioses que tenían un asiento en el consejo y cual correspondía a cual dios, por supuesto la pregunta sobre una cabina para Hades fue bastante incomoda y Lee por un momento miraba al suelo con especial cuidado, como si fuera a ofender a…'cierto, el Inframundo está realmente debajo de todos nosotros' se interrumpió a si mismo.

Cuando Harry le pregunto porque la cabaña de Lord Dionisio (Decir que Harry se sorprendió al saber que el hombrecillo gruñón y maleducado que había salido cuando Harry entro por primera vez a hablar con Chiron era en realidad un dios fue un eufemismo) estaba en el lado de las Diosas, Lee le conto de como Lady Hestia había cedido su asiento a Lord Dionisio para evitar una guerra entre sus hermanos.

De casi todas las cabañas salían o entraban niños y adolescentes, era como ver los pasillos de Hogwarts pero al aire libre, estaban unos niños que le recordaban poderosamente a Hermione, todos con miradas afiladas y uno que otro libro en sus manos, algunos incluso llevaban lentes de lectura y leían mientras caminaban. Lee viendo la expresión pensativa de Harry le dijo que eran de la cabina 6, los hijos de Atenea. Por supuesto, eso trajo otra conversación incómoda para Lee en donde le explicaba como nacían del pensamiento.

Harry no pudo evitar sonreír maliciosamente, Lee, siendo un joven alto de pelo negro y ojos azules extremadamente penetrantes, se veía asustado por la perspectiva de tener que darle a Harry 'La Charla'