Encuentro sorpresivo.
Parte 1: Todos y todas.
– Señoritas, ¿están bien? –dijo con voz preocupada un chico de pelo verde con atuendo algo militar, acercándose a ellas– ¿Les ha ocurrido algo? –
– Oh, sí, claro que sí, no se preocupe, es…estamos bien, –comenzó a balbucear la de pelo corto y rosa, moviendo sus manos– de hecho, estábamos…saliendo del auto paaraa ver qué…pasó, sí, eso. –tartamudeó un poco tontamente, esbozando una sonrisa.
– Bueno, a mí no me parece que estén muy bien que digamos…podrían haber muerto. –agregó un rubio con ojos celestes, saliendo de la cabina. Un par de miradas se posaron en él: la de la que tenía pelo corto, curiosa, y la del de atuendo de militar, dura. "La intención es tranquilizarlas, idiota" tuvo ganas de decirle este.
– No se preocupe, solamente…creo que tuvimos un ''pequeño'' fallo en el auto. –dijo la mujer alta de cabello azulado, separándose del auto en el que estaba apoyada– No sé qué pasó. –casi gruñó al decir esto.
– Esto…¿no quieren que las llevemos a algún hospital cercano? ¿Están todas bien? –el de cabello naranja parecía dispuesto a hacerlo.
– Sí, de verdad. –dijo la peli azul, mirando a sus amigas. Una de las que abrazaba a otra chica asintió con la cabeza.
– ¿Y ella? –el 'militar' señaló a la pelirroja abrazada, la única a la que no le había visto la cara.
– Hey… –la peli violeta sacudió levemente la melena de la rojita. Susurró un nombre que ellos no alcanzaron a escuchar.
– Está bien. –los tranquilizó la mujer alta– Se asusta con facilidad, es…no se preocupen, de verdad. –sonrió.
« Nada mal » pensó, cuando los vio bien. Mientras la pelirroja se apartaba tímidamente, todos suspiraron disimuladamente de alivio al ver que era cierto que estaban bien…físicamente al menos.
– Lamentamos esto, realmente. –dijo la peli violeta, con voz apenada– Pero…¿pueden ayudarnos? –
Ellas: Minutos antes.
Los gritos seguían saliendo de las bocas de ellas a la par que bajaban. El miedo se había filtrado en cada célula del cerebro, así como la desesperación por vivir.
Por breves milisegundos imágenes indescriptibles se formaron en las mentes aterrorizadas, mostrando sus organismos destruidos junto con sangre y muchas dolorosas heridas a lo largo de sus maltrechos cuerpos.
El fuerte chirrido de las ruedas que frenaban contra el pavimento se hizo escuchar incluso desde la distancia.
El silencio que siguió después era un grandísimo contraste con lo que pasaba hace pocos momentos.
Las chicas simplemente se habían quedado paralizadas en cuanto se detuvo el auto. De hecho, ninguna se lo había esperado: Petunia con el volante en mano y llave, expresión aterrada, y un pie en el freno; Giggles con las piernas tensadas, las manos agarradas a los costados la cuerina del asiento, y ojos muy abiertos; Flaky hecha casi un ovillo, aferraba su cabeza fuertemente, con ojos llenos de lágrimas; Lammy con medio cuerpo adelante, el cinturón de seguridad enredado en el mismo brazo que le clavaba las uñas en la pierna izquierda de Giggles, y con la boca abierta. Después de unos segundos, cada una de las muchachas volvió a respirar en cuanto se dieron cuenta de la posición en la que estaban.
Inspirando hondo, la peli azul miró a las demás con expresión de disculpa, pero luego soltó una leve risita.
– ¿Están todas bien? –dijo, aún nerviosa– Eh…ya, ya está.
– No me digas, genio. –gruñó Lammy, volviendo a su posición original– Por algo dijimos que eras la mejor conductora. –replicó, con puro sarcasmo. Respiró hondo, tratando de relajarse.
– Ya te dije que no fue mi culpa, –se enojó– ni siquiera sé porque se detuvo.
– Entonces, busquemos una explicación lógica para esto que acaba de pasar. ¿Cómo es que se paró el auto, y cuando estábamos A PUNTO DE CHOCAR con algo de ahí atrás pudiste frenarlo repentinamente? –preguntó Giggles mirándola fijamente.
– ¿No escuchas lo que digo? Dije que no lo sé. –espetó.
– Mira nada más, has hecho llorar a tu amiga. –replicó Lammy, aunque en realidad no lo decía en serio.
– ¿Qué? –miró con sorpresa hacia atrás– ¿Flaky? –con razón le parecía que faltaba alguien en aquél auto. La pelirroja se había mantenido silenciosa, las lágrimas en sus ojos negros se desbordaron.
Lammy la abrazó, colocándole la cabeza en su prominente pecho, intentando consolarla. De paso, intentaba ocultar una sonrisa entre su pelo.
– Ya está, ya está, tranquila, no es para tanto. –murmuró, como si de una madre se tratara– Ya pasó. –dijo. La joven no contestó, se había quedado muda del miedo.
– Dale esto. –comentó Petunia, dándole un pañuelo oscuro– Tranquilízate Flaky. –en realidad, no podía culparla. Claro que todas se habían asustado mortalmente, pero desde siempre había tenido un carácter sensible, por no decir que sentimentalmente era la más débil de las cuatro. O quizás ella era una maldita insensible
– ¿Les vieron las caras a esos chicos? –dijo Giggles con un dejo nervioso– Parecían más asustados que nosotras. –rió, dejando que esa sensación de la risa la relajara un poco. La peli violeta también se carcajeó, haciendo vibrar su torso.
– Creo que…quiero bajarme… –habló por fin la pelirroja, su voz algo quebrada se ahogaba en el cuerpo de su amiga.
– Está bien, abre la puerta. –indicó Lammy soltándola.
– Yo también me bajo. –musitaron a la vez las de adelante.
Sin ningún tipo de acuerdo, todas abrieron sus respectivas puertas. Lammy le dio la vuelta al auto para ayudar a Flaky (quien sólo había sacado las piernas), Giggles se apoyó en el vehículo, respirando profundamente el aire un poco cálido; Petunia consultó su celular haciendo una visera con una mano sobre sus ojos, el sol le molestaba.
17:11 hs. Se sorprendió ante esto, el viaje en parte se le había hecho algo corto. Había pensado en que iba a ser un martirio el estar sentada conduciendo todo el tiempo, excepto cuando paraban en alguna estación de servicio para tomar algo y cargar combustible. Pero, ahora que se daba cuenta, la compañía de sus amigas la había relajado al máximo, permitiendo que sus pensamientos sobre un viaje tortuoso de 24 horas se esfumasen en alguna parte de su ser. Ella sonrió agradeciéndole mentalmente a sus amigas. Finalmente se relajó, inspirando y exhalando lentamente.
Escuchó un motor acercarse hacia donde estaban, y de inmediato abrió los ojos, sorprendida.
– Adivina adivinador… –dijo Giggles.
Una camioneta negra se paró a 5 metros de ellas, a la vez que dos hombres se bajaban sin dificultad de la parte de atrás. Las chicas no dijeron nada, pero más de una tuvo ganas de babear ante los personajes masculinos que estaban enfrente de ellas. Se podía decir que casi se olvidaron de porque estaban ahí.
– Señoritas, ¿están bien? –
Nombres
Flaky suspiró.
Nunca se había imaginado aquello: su auto casi matándolas, averiado en medio del viaje, junto a un hombre reparándolo y 3 más hablando con sus amigas. Miró la hora, 17:34 hs.
No es que sintiera aversión hacia nadie, más bien su timidez desde nacimiento le impedía hacer algo útil, según ella. Le habría encantado tener un carácter parecido -no igual- al de sus amigas, para así poder hablar con ellos, hacer amistades y esas cosas. A pesar de que estaba a menos de 10 metros de ellos, apenas se presentaron se había mantenido callada y un poco apartada, mientras miraba algunas plantas y árboles al costado de la ruta, esos que indicaban que se estaban acercando a Gessell.
Si bien sabía que ella era la más bajita de las cuatro, se inquietó un poco cuando ellos estuvieron enfrente al bajarse de la camioneta. De ahí que se había tensado como una niña pequeña, apretando disimuladamente el brazo de Lammy. Eran 4 compañeros como ellas, pero las contexturas físicas, movimientos, pensamientos y actitudes no eran parecidas en nada entre sí.
Claro que sabía que acababa de conocerlos, era normal no saber cómo eran, ni siquiera sus nombres, pero aún así…No, sus pensamientos se confundían, se mezclaban como líneas irregulares. Ni siquiera sabía qué pensar.
– ¡Ey! Hola, ¿por qué tan apartada una muchachita como usted? –escuchó una voz masculina a su espalda.
– ¡Ah! eh…h-hola… –tartamudeó dándose la vuelta. Aquél chico de pelo color cielo la había agarrado desprevenida. ¿Cómo era que había dicho que se llamaba?
– No te preocupes, que no te haré nada –bromeó él, viendo su rostro nervioso– Aunque creo que ya lo sabes, mi nombre es Splendid Kent. –sonrió, intentando trasmitirle confianza– Y el tuyo es… –
– Flaky, yo…mi nombre e-es Flaky...Scarlet. –Contestó, devolviéndole una pequeña sonrisa.
– ¿De verdad están bien? –se exasperó uno.
Petunia se había quedado hablando con el atractivo Flippy y el rubito Cuddles de lo sucedido junto a Giggles. Por alguna razón el chico sentía que los ojos de las mujeres brillaban más de lo normal, pero no le importó demasiado. Ambos fueron totalmente amables con ellas, les preguntaron varias veces si de verdad estaban bien.
Ambas mujeres se esforzaban un poco para tratar de disimular el hecho de que –literalmente– babeaban ante esos aromas varoniles de ellos. Les atraían intensamente como flores a las mariposas, pero por supuesto no dijeron ni opinaron nada de aquello, aún tenían sus modales.
– La verdad es que no, –confesó Petunia– simplemente todavía estoy un poco nerviosa, pero estoy mucho más tranquila ahora que... –frenó abruptamente, casi se le escapa lo que estaba por decir
– Pero bueno, les agradecemos muchísimo su ayuda. De verdad, gracias por ayudarnos con esta cosa. –volvió a decir Giggles, refiriéndose al auto con el pulgar. Ya se los habían agradecido al menos 10 veces
– Realmente no hay problema, señorita… –comenzó a decir Flippy, pero luego se dio cuenta de algo– Eh… –frunció el ceño levemente. Cuddles también se dio cuenta, y se sonrojó.
¿Cómo habían podido ser tan estúpidos?
Los cuatro se quedaron inmersos en un silencio incómodo durante un momento, para después ser interrumpido por carcajadas nerviosas.
– Yo…nosotros, perdonen –Comenzó a balbucear el rubio.
– No te preocupes –dijo entre risitas la de pelo rosa, más avergonzada que ellos– M-mi nombre es Giggles. Kaname Giggles. –se presentó, extendiendo su mano con gesto infantil.
– Yo soy Rachelle Petunia, un gusto. –sonrió la peli azul, haciendo lo mismo pero de manera más adulta.
– Mucho gusto, mi nombre es Flippy Fliqceth. –dijo, estrechando la mano de una suavemente. Sintió la piel suave y algo fría de la peliazul, y le recorrió una leve sensación de electricidad en las entrañas. ¿Hace cuánto que había tocado la piel de una mujer por última vez?
– Cuddles Rabbit, un placer conocerlas. –casi exclamó con entusiasmo– Lindo nombre el tuyo, Giggles –comentó como si la conociera desde hace años, estrechando la mano de la misma.
– Oh… –titubeó ella por el elogio– ¡Gracias! –dijo, con una gran sonrisa. Comenzaba a agradarle ese chico
Después de esa presentación poco común (e incómoda), trataron de abordar un tema después de que se presentara el chico de pelo anaranjado, el mismo que trataba de arreglar el problema del auto de Flaky.
– Buenas tardes, yo soy Handy Lee –dijo, slgo serio– un gusto. –se marchó sin decir nada más.
« ¿Qué le pasará? » se preguntó Petunia, consternada. Parecía un poco molesto
– No le den mucha importancia –dijo Flippy, viendo que ambas se quedaron extrañadas– a veces tiene ese humor. –explicó escuetamente. De repente, se acordó de algo.
– Que tal –dijo la última muchacha, después de escuchar el nombre del peliazul–. Mi nombre es Lammy Michaela, un gusto –esto último sonó casi seductor.
– Que lindo nombre –sonrió él, sin percatarse de aquello.
– Muchas gracias –rió.
– No sé si te lo dijeron, pero…espera, ¿cuántos años tienes? –Lammy hizo un sonido de exasperación ante esa pregunta.
– Pues… –dudó– Esas cosas no se dicen. –sonrió. Parecía su frase favorita.
– Entonces adivinaré…ehm, ¿25? –tiró a propósito.
– ¡22! –se indignó.
– ¿Ves? No era difícil adivinarlo, de hecho, realmente pareces de 22. –dijo Splendid con una sonrisita. Lammy se sonrojó al darse cuenta de que había caído en esa estúpida trampa.
– Si…bueno, esto, no me presentaron a tus amigos, –dijo ella, cambiando de tema– ¿cómo se llaman?
– Ven, te los presento… – « ¿Por qué de repente es que cada uno se fue por su lado? Ningún ser humano hace ese tipo de cosas, sólo nosotros. » pensó él.
Que idiotada.
~Fin del capítulo~
Realmente lamento haberme tardado un poco con esto, a pesar de haber dicho (casi prometido) que lo publicaría en pocos días.
No hay muchas ganas de dar excusas, pero para aquellas personas que leyeron y se tomaron la molestia de dejarme un review, creo que sí la merecen:
últimamente no estuve con las pilas que al principio le había puesto a la historia, no quiero defraudarlos, en absoluto. Pero...resulta que falleció alguien a quien quería mucho y bueno, no tuve tiempo para nada, simplemente me dejó devastada. En verdad, pocas cosas me hacen más feliz que escribir, asi que lo siento.
¡Pero! aquí está, tercer capítulo. Perdonen de verdad si no le puse muchas ganas al ponerme a escribir nuevamente y s completarlo...puedo estar segura que, aunque me tarde, el cuarto va a estar más interesante ^^
Agradezco mucho, MUCHÍSIMO, el apoyo (sean los comentarios, o las visitas) de ustedes, queridos lectores, ya que me dieron mil y un motivos para continuar con esto. Mis Señoritas Imaginaciones se los agradecen, y les regalan abrazos y chocolates con almendras ~
Feyris Nyan los quiere, criaturitas del seyor *-* ¡Nos leemos en la próxima!
-Miau-
