Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a KryPexel , yo solo la adapte.
Hola! aquí estoy de nuevo!
Las dejo para que continúen..!
- A cambio de sangre, yo cambiaré tu vida.
Bienvenido al Pacto de Sangre
Capítulo 3: Rueda de la fortuna
El resto del día había transcurrido normalmente. Mis padres, como siempre, llegaron cansados del trabajo, me regañaron un poco por haberme quedado dormido y haber faltado a clase lo cual desmoronaba (sorprendentemente una falta en toda mi carrera escolar los desmoronaba) sus ilusiones de convertirme en un hombre de bien. Encontraron un enemigo bastante válido a quien culpar. Un recurso bastante común en aquellos padres que buscan las fallas de la educación de sus hijos en cualquier cosa excepto ellos. Acordaron que mi falta a la escuela se debía a las horas que paso despierto mirando la televisión. Yo por mi parte preferí no decir nada a nadie. Luego de que la nana se fuera de vuelta a su casa, mi papá reiteró, maquinalmente como si hubiera preparado su discurso apenas me dieron a luz y ahora recién lo estuviera poniendo en práctica, su advertencia con respecto a la hora de sueño. Cenamos hablando acerca del ridículo show que daban a esa hora en la televisión y de pronto se les olvidó que gracias a ese aparato que les causaba tanta risa, había nacido en mí, según ellos, mi rebeldía de adolescente. Al meterme en la cama para dormir, me quedé un tiempo mirando el techo y repasé con la vista los grumos que se habían formado en la pintura blanca. Un escalofrío me remeció al pensar que tal vez ella podía volver a llamarme. Me haría aparecer en algún lugar extraño como sacado de una película del espacio, y corrompería el orden habitual de mis músculos para sacar el preciado néctar sanguíneo que era su alimento. Comencé a moverme con nerviosismo, yendo de un lado hacia otro. Apoyaba mi cabeza sobre una almohada y disconforme me volvía hacia la otra, rememorando en mi mente las crudas imágenes de nuestro último encuentro. Podía volver a sentir sus dedos separando la carne de mi pecho y a mis cuerdas vocales hacer un esfuerzo máximo por alcanzar su límite en volumen para que en el grito lograra aplacar, con algo de suerte el sufrimiento del cual era presa.
Hace mucho calor y me destapo. El frío vuelve a calarme los huesos y vuelvo a cubrirme. Y así perduro toda la noche, contradiciendo mis propios instintos.
La molesta musiquita del celular, la cual me sabía de memoria, comenzó a sonar irrumpiendo en el absoluto silencio de la mañana. De inmediato lo apagué, ya estaba despierto. O mejor dicho, nunca logré dormir. Me incorporé en la cama y miré, en un espejo que tenía siempre a la mano, con admiración mis nuevos ojos hinchados y rojos. Me tambaleé un poco antes de dar el primer paso hacia mi eterna rutina. Caminé con torpeza hacia el pasillo y llegando a la escalera vi que mis padres también estaban próximos a levantarse. Con precaución, porque aún no había dominado por completo mi motricidad, bajé y me adentré en el baño. Abrí la llave y junté agua helada en mis manos, entumeciéndolas con el golpe de frío. Las levanté para llevar la pequeña poza que provocaría la habitual descarga de realidad a mi rostro. Levanté mi cara y me encontré frente a frente con el espejo del botiquín (de tamaño, es como la mitad del de cuerpo completo)
-Doy asco, mis ojeras llegan hasta el piso. Mis papás podrían pensar que estuve fumando alguna cosa rara.
Me sequé con la toalla blanca que estaba a un lado del botiquín, y escuché que desde el otro lado golpeaban la puerta con impaciencia.
- ¿Eres tú Edward? Cuando termines ayuda a tu madre con el desayuno. ¿Quieres?
Cuando salí del baño mi padre no dudó un segundo en meterse rápidamente, no sin antes palmotearme el hombro. Al darse cuenta que algo había cambiado en mí, se giró y me examinó curioso. Sus ojos me recorrieron de arriba abajo, inspeccionado si habían más zonas de mi cuerpo que estuvieran demacradas.
-¿Qué te paso, muchacho?
- Ah nada. Es el calor que no me dejaba dormir.
Esta respuesta lo dejó conforme. No había que ser un superdotado para saber que en Noviembre las noches en esta maldita cuidad son muy calurosas, y yo no suelo soportar muy bien las altas temperaturas. ¡Que daría yo con tal de vivir en el sur! Papá se encerró en el cuarto y desde el otro lado la máquina de afeitar comenzó a zumbar como una avispa gigante en medio de su faena. Mamá estará feliz, pensé, porque siempre se quejaba de que la barba de bárbaro, escarchada de canas que tenía mi papá, le sumaba cinco desagradables años. Y ella preferiría que no se comentara que su esposo era un viejo.
El desayuno fluyó con normalidad y me llevaron, como siempre lo hacían, hasta la estación del metro. Mis padres trabajaban en el lado de la cuidad que quedaba opuesto a mi colegio, así que se conformaban con dejarme en el metro y de ahí yo tomaba locomoción hacia la escuela. De otra forma los embotellamientos nos harían llegar tarde a los 3. Sin embargo ese día, ese lugar que tan común se me hacía, me provocaba un rechazo automático. No quería pisar ese lugar ni aunque me hubieran pagado con veinte camiones repletos de oro.
- Ya, hijo. Nos vemos en la noche. – Anunció mi padre con las manos en el manubrio (N/ Volante le dicen en mi país).
- Cuídate mi niño – Mamá se encargó de imprimir en mis mejillas la huella de su amor color Full Heart 035. Antes de llegar a la escuela debía encargarme de borrarla.
-Ehmm papá… mamá… ¿Están muy justos con el tiempo para llegar al trabajo?
- ¿Por qué? – Preguntó sorprendida mi madre
- Ah… Por nada… Bueno en realidad, si no les molesta, quisiera pedirles que me llevaran al colegio…
-¡Nos hubieras avisado antes! Ahora mismo no tenemos tiempo para darnos una vuelta por el centro, esta es la hora del taco – Me contestó mi padre tamborileando el manubrio con los dedos. Su típico gesto de estar perdiendo la paciencia. Es que le tenía un rechazo descomunal al retraso.
- Ok… no importa ¡Para la otra será!
El motivo por el que no quería meterme dentro del subterráneo era ELLA…. Así que una vez que la camioneta verde estuvo lejos de mi vista. Descendí a toda prisa por las escaleras, ingresé a la estación y raudo me puse en la fila de los primeros vagones. Hoy no me la encontraría… Entre la multitud que se juntaba a esa hora en el andén vi unas luces llegar desde túnel. Como por milagro el vagón se detuvo con la puerta justo delante de mí y, luego de dejar bajar a la gente que estaba adentro, me dispuse a entrar.
Una vez pude ingresar, mi nerviosismo me hizo mirar insistentemente de un lado a otro. No pude ocultar mi desesperación por comprobar si en aquel mar de gente se encontraba algún ser de contextura pequeña y cabello marrón pajoso. Me sentí tan patético que bajé la vista y me regañé a mí mismo por dejar que la histeria hiciera posesión de mis acciones. Sin previo aviso una mano se posó en mi antebrazo y una voz femenina me llamó desde mi costado.
- Oye…
Como si un choque eléctrico me hubiera golpeado aparté la mano lo más veloz que pude y terminé chocando con un asiento. Me quejé de dolor diciendo una palabrota a viva voz y una señora que estaba cerca me miró con desaprobación.
-¿Qué te pasa? ¿Por qué tan alterado? ¡Soy yo!
- ¿Rosalie?
Ella iba en un curso inferior al mío, la conocía por el taller de fotografía del colegio… Era el motivo de mis tormentos, de mis ensueños y de algún suspiro espontáneo en mis ratos de ocio… Ella era el imposible que me tenía atascado en el oscuro túnel de la frustración del amor adolescente imposible. Ella tenía novio.
- Disculpa, me asustaste… - Traté de disculpar mi torpeza.
- ¡Perdona por ser tan fea! - ¡no lo eres! Grite desde mis adentros. Pero traté de disimular, como lo había estado haciendo durante aproximadamente 5 meses. Ya estaba a punto de sacar maestría en camuflaje de sentimientos. - Te lo perdono porque todavía es temprano.
- Ja ja, no puedo evitar mi cara de sueño ¿verdad? Pero parece que no soy la única ¿Acaso no dormiste?
- Pues… no. Algo me tenía dando vueltas…
- ¿Ah sí? ¿Una niña? ¿Por fin una? – Dijo con voz melosa y con el codo picándome entre las costillas. Y yo en un desesperado intento de provocarle celos asentí con la cabeza… Pero creo que no resultó como esperaba.
- ¡Bravo! ¿Quién es? ¿La conozco? ¿Va en nuestra escuela? ¡Dime, dime! – Resignado me atreví a mirarla con picardía y le guiñé un ojo.
- Eso es un secreto.
- ¿Ehhh? ¡Dime! ¡No seas cruel! ¿Será Tanya?
-No
- ¿Alice?
- No.
En medio de nuestra discusión, se abrieron las puertas del vagón. Habíamos llegado a la estación donde nos bajábamos y caminamos juntos hacia colegio. Para mi grata sorpresa, para la tranquilidad de mi alma, no me topé con Ella.
-… Y a cambio, yo cambiaré tu vida…
Las clases comenzaron normales: me quedé dormido en matemáticas y pensaba continuar mi labor en el recreo, pero pronto sentí la presencia de alguien que se aproximaba hacia mí corriendo, que me tomaba de la ropa, me sacudía sin compasión, y me gritaba desesperada para que que me despertara. Somnoliento abrí los ojos y me encontré a Rose, llorando desconsoladamente
Mil alarmas se encendieron en mi pecho.
-¿Ross .. Rose? ¿Qué te sucede?
- ¡Es Emmett! ¡Tuvo un accidente! – Sorprendido me levanté de un salto con la mente completamente despejada. Mis compañeros que se habían quedado en la sala comenzaron a acercarse al escuchar la palabra accidente. Emmett era el novio de Rosalie.
– ¡Mientras venía al colegio, un auto lo atropelló!– Trató de hablar entre hipos. Se abrazó a mí y sentí cómo su frágil cuerpecito temblaba de desesperación. - ¡NO QUIERO QUE MUERA!
-…Este es el pacto…Y a cambio, yo cambiaré tu vida…
Nos leemos en el proximo!
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