Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto
Hola, gracias por entrar aquí n.n
Les traigo una nueva entrega de este "intento" de sasuhina XD Quisiera volver a aclarar, porque algunos me han transmitido sus dudas, que si bien transcurre en el universo shinobi que conocemos, se trata de una historia alternativa, distinta a la original, por lo que las causas que han alejado a Sasuke de Konoha son diferentes y se irán develando con el correr de los capítulos, así como la razón para que ni él ni Hinata se acuerden uno del otro.
Y como soy una fanficker muy arbitraria -despótica, cruel, beligerante y malhadada-, respeto los roles, sentimientos, relaciones y formas de pensar de cada uno de los personajes según mi propia conveniencia XD Nah, no se preocupen, todo tendrá sentido en la medida en que la historia avance.
Agradezco los reviews anónimos de Nora y nn, muchas gracias por sus amables palabras y por el apoyo n.n
Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D
III
Quién es quién
Cuando Hinata abrió los ojos se halló en una habitación distinta. Era más amplia que la anterior, más ordenada, y por la ventana entornada penetraba el murmullo típico de la calle. Sin embargo, esa inusitada cotidianidad no logró suavizar la idea de saberse en cautiverio, una vez más.
Con esfuerzo, se irguió sobre el futón donde reposaba. Observó que estaba limpio, así como la estancia en general, señal que terminó por confirmarle que sus captores no la habían llevado al mismo escondite de antes. Por el contrario, dedujo que esta vez se encontraba en una aldea.
Una punzada de dolor la distrajo de su escrutinio. Debería haber resistido una simple herida en la espalda y continuar, pero su endeble estado físico se lo impidió. Hinata repasó mentalmente cada uno de los eventos acaecidos desde que partiera de Konoha, hasta concluir que desconocía por completo su actual situación.
Sintiéndose más segura, aunque todavía muy débil, apartó la manta y se levantó. Luego, se tomó unos instantes para corroborar que sus piernas podían sostenerla, y sólo entonces, paso a paso, se dirigió a la ventana para echar un vistazo.
La invadió cierto alivio al darse cuenta de que sus deducciones eran acertadas, se hallaba en la segunda planta de un edificio ubicado sobre una concurrida calle, aunque ignoraba en qué aldea, e incluso en qué nación. De todas formas por ahora no importaba, verse rodeada de personas le deparó una clase de consuelo que pocas veces había experimentado.
Después de un rato, Hinata notó las vendas que la cubrían a la altura del pecho. La herida debió haber sido grave, aunque fue correctamente tratada. Eso la desconcertó. Tenía que averiguar lo antes posible en dónde estaba y con quién, todavía era una kunoichi y debía enfocarse en regresar a su aldea, por más que su chakra se haya evaporado.
Recién entonces reparó en que en la habitación había dos puertas, una perpendicular a la otra. Supuso que una de ellas la conduciría hasta el exterior y se dirigió hasta allí para comprobar cuál de las dos sería.
Con la primera no tuvo éxito, la halló cerrada con llave. Suspirando, Hinata lo intentó con la segunda, rezando interiormente para que estuviese abierta. Y, para su fortuna, lo estaba.
Los goznes rechinaron cuando la entornó. Dando un respingo por el desapacible ruido, juntó valor, se asomó y descubrió una habitación similar a la suya, sólo que más oscura por carecer de ventanas. La tenue llama de una vela colocada en el piso iluminaba la única presencia del lugar.
Recostado en otro futón yacía el joven ninja con el que se topara en el bosque, el líder, el que más la inquietó a causa del aspecto de sus ojos y de su misteriosa actitud. Sasuke dormía a medias cubierto por la cobija, aparentemente ajeno a su irrupción.
Al verlo, Hinata se sorprendió. Era la última persona que esperaba encontrar. Al instante notó las vendas en sus brazos, en el pecho y sobre su rostro, en torno a los ojos. Hinata evocó la batalla en el claro y concluyó que el joven no había salido bien librado de ella, pero detenerse a pensar en eso no era lo importante. En territorio enemigo, se volvía primordial obrar con cautela.
Nada podía asegurarle que estuviese dormido. La puerta, además, había chillado al abrirse, lo cual la exponía. Sin embargo, que se halle impedido de un sentido tan importante como el de la vista constituía una ventaja fundamental para ella si pretendía escapar. Su principal objetivo era ése y debía enfocarse en conseguirlo pasara lo que pasase.
Hinata se acercó en silencio hasta la cabecera. Luego se agachó, conteniendo la respiración. La bolsa del chico estaba a un lado, por lo que con solo alargar la mano pudo abastecerse de un par de kunais. Distaba mucho de su estilo el atacar a las personas cuando éstas no podían defenderse, pero se trataba de una ocasión excepcional. Su instinto de supervivencia se lo demandaba.
Decidida, apuntó con un kunai directo a su corazón. Levantó la mano armada y, sin pensarlo más, la descargó para asestar el golpe. Sin embargo, la súbita mano de Sasuke la contuvo fácilmente a mitad de recorrido.
La kunoichi, a pesar de que el pensamiento estratégico no figurase entre sus fortalezas, había supuesto que eso ocurriría. Adrede, la mano que utilizó primero había sido la izquierda, usándola como cebo, y en el mismo instante en que fue frenada contraatacó con la derecha, la más hábil, donde tenía el otro kunai.
En la batalla sostenida en el claro Sasuke había recibido heridas de consideración. Además, al utilizar su genjutsu más avanzado, sus ojos también terminaron por dañarse y, al regresar a la aldea donde vivía con su equipo, Karin lo obligó a hacer reposo luego de vendárselos para que el descanso sea real. Aun así, en esos últimos tres días tuvo un sueño entrecortado, por lo que le costaba mucho terminar de reponerse.
No sólo se disgustó por la cantidad de imprevistos que sobrevinieron durante la batalla (aunque al final la victoria haya estado de su parte), sino que también le molestaba profundamente haber sido obligado a cargar con una chica moribunda, perdida e inconciente procedente de la aldea que tanto odiaba. Jamás se había sentido tan importunado por los fastidiosos vaivenes del destino.
La idea de Juugo –o la excusa con la que lo convenció de recogerla- fue la de utilizarla como fachada mientras él se recuperaba. Siendo el líder del grupo de ninjas criminales más poderoso del país, se había ganado la antipatía de varios cabecillas deseosos de ocupar su lugar, por lo que si se esparcía la noticia de su convalecencia se convertiría en una presa fácil para sus enemigos. En cambio, con una Hyuuga en su poder, alojados todos en la posada, podían aparentar que andaban en asuntos de negocios, incluso que formaban parte del complot para secuestrar a los herederos de los clanes shinobis. Era un doble beneficio para él, ya que no sólo eludía las sospechas de su actual estado físico, sino que también podría recabar más información acerca de ese plan.
Porque para un líder como él, preservar su territorio constituía una tarea fundamental. Así se hizo respetar y temer, así se había forjado un nombre que trascendía las fronteras. Si por alguna clase de razón descubría que había gente trabajando en sus dominios a sus espaldas, se encargaría de ponerlos de nuevo en su lugar personalmente.
Fue así que, al regresar a la posada donde residían, tomaron dos habitaciones contiguas, una para ella y otra para él, aunque la suya sería la más oculta a la vista de los posibles curiosos. Ingresarla requirió de ciertas prevenciones y molestias, pero lograron que parezca que sólo estaba inconciente a causa de un genjutsu.
Tres días habían pasado desde entonces sin que la chica despertara. Entre Juugo y Karin trataron sus heridas, a disgusto de ésta última, aunque obligada por las circunstancias. Pero por más que Juugo lo visitara con frecuencia para tenerlo al tanto de la situación, Sasuke seguía desconfiando. No le gustaba tenerla allí, ni que tardase tanto en reaccionar. Si moría en ese momento y alguien más que ellos se percataba, las dificultades irían en aumento.
De modo que el joven dormía poco y nada. Hacía mucho tiempo que el instinto y la desconfianza natural se convirtieron en sus mejores armas, por lo que no dudó en permanecer alerta pese a conocer la condición de la kunoichi.
En ese estado de cosas, aquella tarde no le sorprendió ni pizca oír los goznes de la puerta que comunicaba con su habitación. Sabía que era ella e intuyó lo que intentaría hacer tal vez incluso antes de que lo tramase, por lo que se mantuvo inmóvil y a la espera. En el fondo la situación le divertía, se aburría demasiado allí encerrado e inactivo.
En cuanto percibió el movimiento, levantó la mano para atajar el golpe. Supo de inmediato que intentaría asestarle uno más, entonces se cubrió con el otro brazo. No obstante Hinata, lejos de darse por vencida, continuó presionando sobre esos puntos.
-Maldita seas –farfulló Sasuke resistiendo la presión de las armas.
Hinata contenía la respiración a causa del esfuerzo que hacía para vencerlo. Se enfocó con toda su alma en esa única oportunidad, imprimiendo el caudal de fuerza que su cuerpo pudo darle. Los kunais temblaban en sus manos, tal era su determinación y su desesperación.
De todas formas, pronto se vio en la necesidad de retroceder, pues advirtió que lo que intentaba hacer era absolutamente inútil. Se echó para atrás de un salto y se colocó en posición de ataque, todavía apuntándole. Sasuke, en cambio, se levantó de inmediato arrancándose la venda que le anulaba la visión.
-¿Qué demonios tratas de hacer? –masculló, echando chispas por los ojos.
La joven sintió escalofríos. Su voz era intimidante y su mirada parecía la de una bestia a punto de atacar. Jamás se había enfrentado a unos ojos parecidos. Si permanecía allí estaría perdida, por lo que sin pensarlo más se lanzó a la puerta, importándole poco lo que pudiera suceder después. Hinata se había cansado de esa pesadilla y lo único que deseaba era escapar.
No fue necesario que él hiciera nada para detenerla. En el umbral de la puerta Hinata se topó de lleno con la corpulencia de Juugo, y ya no pudo ir a ninguna parte.
-¿Qué diablos sucede aquí? –preguntó él, sorprendido.
-Ahí tienes a tu protegida –le dijo Sasuke con sequedad-. La muy descarada osó atacarme.
Juugo la miró con interrogación. Hinata se veía débil, frágil, agitada y sola. Después de tropezar con él retrocedió hasta la pared y se recargó contra ella como si estuviese a punto de desmayarse. Al verla en ese estado, el joven se preocupó.
-Deberías regresar a tu cuarto para descansar –le dijo lo más amablemente que pudo.
-¿Dónde estoy? ¿Quiénes son ustedes? –inquirió ella, nerviosa.
Aunque Juugo entendió su turbación, prefirió empezar por lo que consideraba más importante.
-Antes que nada, deberías comer. Han pasado tres días desde que te encontramos en el bosque, inconciente, y desde entonces no te has alimentado.
Sasuke le clavó la mirada. Su compañero estaba siendo demasiado gentil y parecía no haber oído ninguna de sus palabras. Según su criterio, había asuntos mucho más urgentes que atender antes que los torpes intentos de fuga de una muchachita insignificante. Además, le bastó apenas con ese simple enfrentamiento para volver a experimentar los oscuros presagios que lo acometieron la primera vez que la vio.
-Recuerda por qué la trajimos, Juugo –le advirtió.
El susodicho no se dejó amilanar por la severidad de su líder. Si había intentado matarlo era porque la pobre estaba asustada, vaya a saber qué tipo de aciagos pensamientos se le cruzarían por la mente. Además no era como para espantarse, no sería la primera ni la última vez que alguien atentaba contra su vida.
-Tarde o temprano debe saber quiénes somos y por qué está aquí –replicó con tranquilidad.
Como toda respuesta, el joven se cruzó de brazos y lo miró con ojos inescrutables. De ese modo, Juugo comprendió que tendría que encargarse por sí mismo del asunto. Mejor así, pensó.
Sin decir palabra, pues de nada serviría, le hizo señas a Hinata para que saliera de la estancia y volviera a la suya. Ella, confusa y frustrada, no tuvo más remedio que obedecer. Le echó una última y rencorosa mirada a Sasuke antes de salir, pero él le daba la espalda.
…
Un rato más tarde, Hinata estaba sentada en su futón dando cuenta de los alimentos que Juugo le había traído en una charola. En cuanto vio la comida no hubo temple ninja que domine su apetito ni miedo que lo cohíba. Al menos algún día podría jactarse de haber caído a causa de jutsus desconocidos, y no por la falta de alimento.
Juugo tomó asiento frente a ella. Se mantuvo en silencio para dejarla tranquila y darle tiempo, limitándose a observarla comer. Por alguna extraña razón, simpatizaba con la joven. Tal vez fuese por lo lamentable de su situación, o porque no veía maldad en ella, o porque distaba de constituir una amenaza, la cuestión es que la inquietud de protegerla había nacido dentro de él.
Aun así se obligó a conducirse con prudencia. No desconfiaba de Hinata, pero era evidente que estaba envuelta en unos asuntos que les concernían tanto a los clanes shinobis como al propio Uchiha Sasuke. Éste, además, solía ser paciente sólo cuando quería o le convenía, y Hinata todavía no encajaba en sus intereses. Juugo debía manejarse con cautela para no despertar falsas expectativas en la joven ni para fomentar aún más la suspicacia de su amigo.
-¿Está bueno? –preguntó al rato.
Hinata lo miró con cierto recelo. Durante la comida pudo olvidar un poco sus tribulaciones, pero no bajó la guardia en ningún momento.
Que ese sujeto se mostrase tan atento con ella le resultaba inexplicable. No obstante parecía sincero, al menos así se lo indicaba su intuición. Debía tantear ese terreno con sumo cuidado y, en lo posible, tomar ventaja de ello.
-Lo está, gracias –dijo al fin.
-Come bien pero no exageres. En cuanto sientas saciedad detente, pues puede hacerte daño. Has pasado varios días con el estómago vacío.
-Lo sé.
Juugo volvió a guardar silencio. Unos minutos después decidió iniciar la conversación que había planeado tener, aunque la importunase con sus preguntas.
-Perteneces al clan Hyuuga, ¿verdad?
Hinata dejó de comer. Observó durante unos instantes a su interlocutor, insegura. Sabía que el tono característico de sus ojos sería más que revelador, pero que la estuviesen interrogando al respecto le generaba aprensión. Aunque tampoco halló el modo de evadirse.
-Lo soy –confirmó.
-¿Tu nombre?
-¿Y el tuyo?
Juugo se forzó a recordar que, por más difícil e inconveniente que fuese su situación, la joven seguía siendo una kunoichi y se lo pensaría dos veces antes de dar una respuesta definitiva. En realidad tendría que sentirse agradecido sólo por el hecho de que accediera a responder.
-Me llamo Juugo –concedió.
-Me llamo Hinata –repuso ella a su vez.
Ambos sintieron que el muro empezaba a agrietarse. Aun así ninguno cedió terreno, cada uno tenía sus propios motivos para resguardarse.
-Hyuuga Hinata, de Konoha, ¿verdad?
-De Konoha.
-¿Se puede saber qué hacías en ese bosque?
-¿Qué es este lugar y por qué me tienen aquí? –se limitó a preguntar ella.
El interpelado tuvo que admitir que la muchachita conservaba la lucidez intacta. Tal vez debería haberla alimentado con posterioridad a la entrevista.
-Estamos en la Aldea del Sonido –explicó Juugo, suspirando con resignación-. Recién intentaste matar a su líder, Uchiha Sasuke. Junto a los otros dos ninjas que ya conoces conformamos el grupo Taka, shinobis exiliados de sus respectivas aldeas. ¿La señorita desea saber algo más? –se burló.
Hinata lo miró con extrañamiento, no esperaba recibir tanta información. Sabía que la Aldea del Sonido limitaba con el País del Fuego, pero sólo la conocía de nombre. Se hallaba demasiado lejos de Konoha y tenía fama de ser un lugar muy poco amistoso como para generarle algún interés. Jamás hubiese imaginado que un día pondría sus pies allí ni que se toparía con sus líderes.
Uchiha Sasuke… Ahora que sabía el nombre completo, le resultó familiar. Por dentro, la asaltó la misma sensación que cuando se topara con sus ojos. Sin embargo, al igual que en aquella ocasión, no pudo descubrir de dónde procedía esa esquiva reminiscencia.
-Hablas de más –dijo una voz.
Tanto Juugo como Hinata se voltearon y vieron al joven en cuestión recargado contra el marco de la puerta que conectaba ambas habitaciones. Los observaba de brazos cruzados con expresión adusta, y quién sabe desde cuándo los estaría escuchando.
Hinata le devolvió la mirada, hostil, en cambio Juugo volvió a enfocarse en ella.
-Ahora ya sabes quiénes somos –le dijo sin prestar atención a la presencia del otro-. Si estás aquí es con un fin determinado, no por caridad. Sería bueno que jamás lo olvides.
La joven guardó silencio, aunque dio a entender que lo comprendía. No era tan ingenua como para creer que la estaban ayudando desinteresadamente.
-Me secuestraron de camino a una misión –explicó para retribuirle la buena predisposición-. Aunque me defendí me superaban en número, por lo que fui vencida. Además, aplicaron alguna clase de jutsu para eliminar mi chakra.
Hinata sabía que ellos lo habían notado, por eso no creyó que fuera conveniente ocultarlo. Lo que decidió guardarse para sí era que ni siquiera podía activar su Byakugan. Eso jamás lo revelaría, al menos mientras le fuera posible.
-Cuando desperté estaba en aquella casa del claro, encerrada –prosiguió-. En cuanto pude escapé hasta el bosque, pero una vez allí me encontré con ustedes y ya no pude seguir huyendo.
-Por lo que nuestras suposiciones de entonces fueron acertadas –repuso Juugo-. Debes saber que esa casa se ubica cerca de aquí, en la frontera entre nuestras naciones.
¿Tan lejos?, pensó Hinata. Había permanecido demasiado tiempo inconciente como para estar al tanto de todos los traslados de los que había sido víctima, por lo que se sintió sobrepasada. Nunca se había creído tan vulnerable como en ese momento.
-Esos hombres eran ninjas expertos, aunque desconocemos si eran renegados o si obedecían al líder de alguna nación o aldea en particular –prosiguió él-. Como sea, este es nuestro territorio y, al enterarnos de que se desarrollaban ese tipo de actividades sin haber sido notificados, decidimos atacar. Sasuke es quien manda en este lugar, nada puede hacerse a sus espaldas.
-Sigues hablando de más –comentó el aludido.
-Pues corrígeme si me equivoco –le pidió Juugo con cierta irritación. Por más que fuese su jefe Sasuke también era su amigo, o al menos así lo consideraba él. Lo único que pretendía era protegerlo y esperaba que así lo comprendiera-. Después de la batalla seguimos el rastro de un grupo de ninjas que se había separado del escuadrón principal –prosiguió-. Tardamos casi una hora, pero finalmente los interceptamos. Ellos te llevaban consigo. Peleamos, los vencimos y te trajimos aquí. Pero no te confíes, nunca olvides que sólo eres una fachada para nosotros.
Juugo omitió el hecho de que Sasuke había quedado muy malherido después de la batalla, por lo que el nuevo enfrentamiento con los secuestradores de Hinata terminó por derrumbarlo. De este modo, Suigetsu, Karin y él se vieron en la urgente necesidad de encubrirlo, trayéndose a Hinata con ese fin.
Aunque Sasuke mordió a Karin para restablecerse su recuperación no fue completa, por lo que tuvieron que regresar cargando a dos personas heridas y desfallecientes. Al principio Sasuke se negó y Karin puso el grito en el cielo, más pendiente del estado del chico que de otra cosa en el mundo. En cambio Juugo, más conciente del riesgo que corrían si se esparcían rumores acerca de la vulnerabilidad del grupo, ideó el plan de utilizar a Hinata. Si se trataba de un secuestro, nadie sospecharía de su prolongada ausencia.
-Entonces son criminales –concluyó Hinata.
-Yo preferiría decir que somos ninjas renegados –la corrigió Juugo-. Aunque no lo creas, tenemos nuestras reglas.
-Déjalo, ella jamás lo entendería –comentó Sasuke.
Hinata lo miró con mayor resentimiento que antes. Su arrogancia y su actitud despreciativa para con ella e incluso para con sus subordinados le generaba hostilidad. Según su escala de valores, un líder shinobi no debería conducirse de ese modo por ningún motivo y bajo ninguna circunstancia.
-Quiero regresar a mi aldea –declaró.
-Me temo que por ahora es imposible –dijo Juugo.
-Si dices que no soy una prisionera, entonces deberían dejarme ir.
-Tenemos nuestros propios planes –le explicó él-, necesitamos que permanezcas aquí hasta que Sasuke se recupere del todo.
-Eso no es asunto mío.
-Tampoco es un asunto que amerite discusión.
-Parece que desea que la secuestren otra vez –intervino Sasuke, sardónico-. Quizás hasta quiera que la asesinen.
La chica se estremeció. Si bien era cierto que corría peligro, el tono de voz que había empleado dejó traslucir una helada indiferencia de su parte. Para alguien tan sensible como ella, semejante falta de consideración le parecía inadmisible.
¿Qué clase de ninja era ese sujeto? ¿Quién lo había formado en esos valores? ¿Cómo podía vivir con ese desapego?
Juugo creyó prudente cambiar de tema. Por más pena que sintiese de su situación, resguardar a Sasuke era mucho más importante y por nada del mundo alentaría a Hinata para que espere ser liberada en el corto plazo.
-Tu herida ha sido tratada, por lo que aquí estarás bien y segura –le dijo. También había pensado en traer a Karin para recomponer su chakra, pero a último momento lo reconsideró. Si quería que su plan se ejecutara correctamente, mantenerla fuera de circulación le permitiría controlarla con mayor facilidad. No era muy leal de su parte, pero ellos no eran el tipo de ninjas que se fijara en esas cosas-. Aliméntate bien para reponer la fuerza física que has perdido y descansa, de lo demás nos encargaremos nosotros. Si necesitas algo podrás recurrir a mí o a Karin, que estará pendiente. Ella se instaló a dos habitaciones de aquí.
Hinata, cercada por esa resolución, tan sólo se limitó a asentir. Le quedó muy en claro que, por más que insistiera, ni siquiera estudiarían la posibilidad de dejarla ir.
Sin esperar otra pregunta o comentario de su parte, Juugo se levantó. Intercambió una silenciosa mirada con Sasuke, cuyo significado Hinata no llegó a desentrañar, y después se despidió de ella. A continuación salió del cuarto.
Una vez a solas, Sasuke apenas se dignó a dirigirle una expeditiva mirada de advertencia. Luego se volteó y, sin decir palabra, regresó a su propia habitación. Así Hinata comprendió que por el momento debía abstenerse de tratar de matarlo.
Y de pronto se sintió completamente sola. Aunque Juugo le hubiese pintado un panorama más amable, lo cierto es que seguía siendo una prisionera. Al pensar en eso otras imágenes cruzaron por su cabeza, y no tardó en experimentar una nueva oleada de amargura.
Se sentía terriblemente decepcionada de sí misma. ¿De que sirvieron tantos años de lucha y de entrenamiento? ¿En qué clase de kunoichi se había convertido? Todos sus amigos habían confiado en ella, Naruto mismo creía en su determinación y capacidad, ¿y ella de qué modo se los retribuía? Como shinobi era un completo fracaso.
Pensando en ello, se dejó ganar poco a poco por el desasosiego, por la bronca, por la frustración. No quería llorar, pero algunas lágrimas furtivas ya corrían por sus mejillas sin haber podido evitarlo. Era el peor momento de su vida.
Afuera anochecía y los ecos del trajinar de los pobladores menguaban gradualmente. La joven se recostó en su futón sintiendo la cabeza a punto de estallar. En poco tiempo, sin embargo, logró quedarse dormida, vencida por la pena y el cansancio. El sueño le permitiría olvidar.
…
-¡Despierta!
En medio de la confusa y angustiante pesadilla, la voz se abrió paso desde lejos indicándole una vía de escape. Pero aquel abrumador universo la envolvía, le pesaba, la retenía.
-¡Despierta, maldición!
Hinata abrió los ojos con espanto. Por instinto lanzó un golpe que dio de lleno en el hombro de Sasuke, que estaba erguido sobre ella. A pesar de carecer de chakra, esa descarga nacida del miedo logró desestabilizarlo y hacerlo caer a un lado del futón. El ninja gruñó, lamentando haber salido de su habitación.
Resultó que la muy molesta no dejaba de chillar, lo cual le impedía hallar el reposo que tanto necesitaba para reponerse. Irritado, Sasuke se levantó para averiguar qué diablos le sucedía. Una vez en su cuarto encendió una vela, se acercó cuanto pudo y entendió que se trataba de una pesadilla. Empezó a llamarla, primero con voz normal, finalmente en voz más alta, y un buen golpe de puño fue toda su recompensa.
Al despertar y verlo encima de ella, afectada por la reciente opresión del mal sueño, Hinata se asustó y reaccionó en consecuencia. ¿Acaso intentaba tomar revancha por su intento de fuga anterior, o por haberlo atacado? Sin embargo, cuando por fin consiguió despabilarse, comprendió que era su voz la que la había llamado en medio del letargo.
-¿Q-Qué haces aquí? –tartamudeó, encarándolo desconfiada.
-Chillabas como una loca –explicó él ásperamente, poniéndose de pie. La miró con una mezcla de altivez y de fastidio que a Hinata le ofendió. A fin de cuentas, fue él quien irrumpió en el cuarto de una mujer sola-. Ya es de madrugada y necesito silencio para dormir.
-Eso no te da d-derecho a entrar de este modo en m-mi habitación –protestó ella, imprimiendo en su voz toda la dignidad que le fue posible reunir.
-Me da igual lo que digas, soy el dueño de esta posada y el líder de esta aldea –replicó él.
Esa soberbia terminó por quebrantar el inestable equilibrio emocional que Hinata luchaba por conservar. El miedo desapareció por completo y en su lugar se propagó la indignación. Que alguien pudiese ser tan desconsiderado le resultaba intolerable.
-¡D-Deberías ocuparte de tus cosas y d-dejar a los demás en paz! –le reprochó, aunque sin lograr controlar la firmeza de su voz.
Por la mente de Sasuke se cruzó la misma idea, sólo que bajo su propia perspectiva. Era cierto, debería haber dejado que la muy desagradecida se desgañitara la garganta.
-No te preocupes, chiquilla, jamás volveré a hacerte un favor de ese tipo –expuso con serenidad-. En todo caso, por mí puedes seguir soñando con el infierno.
-¡Y-Yo no te pedí que me ayudes! –exclamó ella, asombrada de su malvada impavidez.
-Ni yo pensaba hacerlo –siseó él, dándose la vuelta para regresar a su habitación.
Hinata respiraba con agitación. En realidad no se explicaba tanto encono, Sasuke había logrado desestabilizarla. Se sentía enojada, impotente, vulnerable. Y, para su total desazón, de repente fue conciente de que, al verlo junto a ella intentando guiarla para despertar, en algún sitio recóndito de su ser en verdad había estado esperando algo de él.
¿Pero qué podía esperar de un shinobi renegado que lideraba a un grupo de criminales? ¿Qué podía esperar de alguien que se había desentendido de sus propias obligaciones para vivir ajeno a las necesidades de los demás, desconociendo así el primer deber de un ninja? Para Hinata tal actitud era sencillamente inaceptable y se avergonzó de haber sentido un poco de esperanza.
-¿Q-Qué clase de shinobi reniega así de lo que es?
Sasuke se detuvo. Durante unos instantes permaneció quieto dándole la espalda, pero después deshizo sus pasos, se agachó hasta estar a su altura y la encaró con el semblante desprovisto de toda emoción.
-Te diré qué tipo de ninja reniega de lo que es –anunció con gélida dicción-: uno que ha visto a su propia familia perecer en la ignominia del exilio en nombre del bien de la comunidad, de las leyes y de su maldito deber. Lamento que sea esta clase de shinobi el que te haya rescatado.
La joven se espantó. Esas inesperadas palabras venían cargadas de una franqueza devastadora y de una pavorosa convicción. Le sostuvo la mirada con interrogación, incrédula, imposibilitada de aceptar semejante revelación.
-D-Dices estupideces, mientes para confundirme… ¡C-Cómo podría suceder una cosa así! –alcanzó a articular en medio del estupor.
Sasuke alzó una ceja. Un brillo irónico asomó en su mirada, la única señal que, paradójicamente, lo humanizó.
-¿Tanto te espanta la idea? –insinuó-. ¿Por qué no le preguntas a tu dignísimo Hokage? ¿Acaso desconoces la historia de tu preciosa aldea?
