Capítulo 3.
Al día siguiente, Lily se encontraba en su casa, sentada en su sofá individual, rodeada de libros y apuntes preparando su primera intervención quirúrgica en la clínica. Desde que se enteró que el Dr. Coleman había solicitado su ayuda en el quirófano, Lily no había parado de estudiar y repasar todos los músculos y herramientas a utilizar en la operación.
Aún así, de vez en cuando la mente de Lily no podía evitar pensar en James Potter. Durante un tiempo, en el colegio, llegó a pensar que él estaba realmente enamorado de ella, pero no podía ser porque aunque él fuera muy insistente con todo el asunto de pedirle salir, siempre acababa escuchando que se le había visto con cualquier chica del colegio en cualquier rincón. Esa actitud parecía que no había cambiado, ya que aunque no se hubieran visto en unos años tras la escuela, ella sí había tenido noticias de él debido a su fama como buscador. Aunque no fuera acérrima seguidora de las revistas de cotilleos, de vez en cuando no podía evitar comprar una para alegrarse la tarde con el té. Y en la gran mayoría de ellas, aparecía James con su nueva conquista, que solía ser del mundillo del famoseo también, además de tremendamente guapas.
En eso estaba pensando cuando un flash cruzó la habitación y Lily levantó la cabeza para ver la coleta de Hannah desapareciendo por el pasillo. Lily sonrió y negó con la cabeza, pensando en cómo era posible que se encontrara a gusto en esa casa de locos. Iba a volver a tratar de concentrarse en sus apuntes cuando el timbre de la casa sonó inundando toda la estancia con su ruido.
-¡Abre Hannah!
-¡Abre tú! ¡Estoy en el cuarto oscuro!
Lily rodó los ojos y dejó en el suelo el tomo que estaba leyendo, doblando la esquina superior del libro por si se cerraba y se levantó pesadamente del sofá. Al abrir la puerta, encontró las caras sonrientes de Sirius y James.
-¡Un cuarto oscuro! Yo quiero verlo – dijo Sirius, entrando en la casa apartando a la pelirroja y colándose.
-Claro, Black. Como si estuvieras en tu casa – le dijo, pero seguramente el chico ya no habría escuchado nada porque desaparecía por el pasillo-. ¿Qué queréis?
-Hola Lily – saludó James-. ¿Cómo estás?
-Bien, bien, ¿Qué necesitas?
-Nada. Nosotros pasábamos por aquí cuando recordé que vivías aquí y decidimos llamar y saludar.
-Y colarse – replicó Lily dándose la vuelta y volviendo a mirar por el pasillo-. ¿Quieres pasar?
-Qué agradable invitación. Gracias. – Y James entró en la casa.
A lo largo del pasillo, Sirius buscaba el famoso "cuarto oscuro" del que había oído hablar al otro lado de la puerta. A él la idea de James de visitar a la pelirroja de casualidad, para tratar de conseguir una cita con ella, le parecía la mayor tontería que había escuchado. Pero aun así le acompañó. Claro que el panorama había mejorado mucho cuando escuchó hacer mención al dichoso cuarto.
Todas las puertas del pasillo estaban abiertas, excepto la del final, por lo que Sirius se dirigió a esa habitación sin pensarlo. Puso la oreja contra la puerta y solo escuchó algo que le pareció a un chapoteo. Puso su mejor sonrisa de seductor y abrió la puerta.
-¡Cierra, cojones! – le recibió una voz.
Del susto, Sirius entró en la habitación y cerró la puerta del golpe. Cuando se le acostumbró la vista a la luz de la habitación, observó que una ligerísima luz roja iluminaba lo que parecían un montón de palanganas con agua y papeles dentro.
-¡Tú! – una chica pequeñita y con el pelo rizado y rubio se acercaba a Sirius con aire amenazante – Casi me jodes todo el carrete. ¿En qué demonios estabas pensando?
Sirius salió de su estupor y pudo enfocar la vista en la muchacha que tenía delante.
-Estoy buscando el cuarto oscuro
-Esto es el cuarto oscuro. ¿Qué quieres?
Sirius miró a su alrededor, buscando algo más sórdido de lo que había en esa habitación.
-Venga va, no me tomes el pelo.
-Chaval, mira a tu alrededor. Está oscuro. Es el cuarto oscuro, ¿qué es lo que… - Hannah miró atentamente al chico por primera vez desde que había entrado-. ¡OH DIOS! ¡Eres Sirius Black!
Por primera vez en lo que llevaba en esa casa, Sirius adoptó su pose erguida, patentada para cuando le reconocían por la calle.
-Sí, nena. ¿Y tu eres?
-Hannah Monroe – contestó la chica, agarrándole de la mano y dándole un apretón muy efusivo subiendo y bajando el agarre con rapidez-. Soy la socia número 637.142 de los Puddlemore. Me siento en el primer anfiteatro, en la segunda fila. Muchas veces llevo un gorro con los colores del equipo. ¿No me digas que no me has visto?
Sirius soltó el agarre que tenía y se masajeó el brazo, que casi se le había dormido de tanta efusividad. Volvió a mirar alrededor y se acercó a una cuerda que sostenía un montón de fotografías con una pinza para la ropa.
-¿Las haces tú? – preguntó, señalando las fotos.
-Sep – contestó la chica, volviendo a su sitio y poniéndose unos guantes para manejar las fotografías que estaban dentro del líquido.
-Eh! Este es James – comentó Sirius mirando una de las fotos que colgaban. En ella se veía a James sujetando una taza muy femenina decorada con osos, mirando directamente a la cámara y señalando con el dedo la taza, como indicando que estaba muy bueno.
-Sí. No te lo vas a creer. El otro día estuvo en mi casa también. Voy a tener que llamar a los del Profeta, para que dejen de perseguiros y monten una tienda de campaña en mi rellano. Os encontrarán más fácil que cuando os persiguen por los restaurantes – de repente, ella le miró extrañada y le preguntó-. Por cierto, ¿Qué haces en mi casa?
-James se empeñó en venir a saludar a Lily. Así, de casualidad.
-¡James también está aquí! – miró el reloj del cuarto y se lamentó-. Mierda. Hasta dentro de 23 minutos no podemos salir de aquí o se estropeará todo el carrete.
-No jodas, Monroe. ¿Estoy encerrado?
-Eh…. Sí. Lo siento. Pero ¡oye! Has sido tú el que se ha colado aquí. Yo no te he obligado.
Sirius volvió a mirar a su alrededor y resopló. Iba a tener que ponerse cómodo.
Mientras, Lily entró a la cocina seguida de James y sacó dos vasos del armario.
-¿Quieres algo? ¿Café, té, cocacola?
-¿Qué es cocacola?
-Oh, pues es una bebida oscura, azucarada y con burbujas- viendo la cara que iba poniendo James mientras le describía la bebida, decidió directamente servirle una- tú pruébala, y me dices – guiñó un ojo.
James cogió la botella y se la acercó a la nariz intentando oler. Se acercó el borde de la botella a los labios y dio un sorbito. Rápidamente arrugó la cara debido al gas, pero enseguida cambió su expresión y volvió a darle otro trago.
-¡Oye! Esto está buenísimo, ¿Cómo has dicho que se llamaba?
-Cocacola – Lily rió-. Es una bebida muggle.
-Pues si te quedas sin trabajo, puedes montar una tienda de esto al lado de Florean Fortescue, y nos tendrías a todos haciendo cola.
-Espero que eso no pase – contestó Lily-. Y ahora en serio, James, ¿Qué hacéis aquí?
-Es en serio lo que te he dicho Lils, ¿puedo llamarte Lils? – por la cara que puso la pelirroja no le hacía ni pizca de gracia-. Eeh… era en serio, pasábamos a saludar.
Lily salió de la cocina y se dirigió a la pequeña salita donde estaba antes de que llamaran a la puerta, haciéndole un gesto a James par que la siguiera.
Éste curioso miró la montonera de papeles que tenía en el suelo y preguntó.
-Ah, eso. Tengo una operación el lunes, y tengo que estar bien preparada. Es mi primera operación.
-¡Vaya! Qué interesante, ¿y qué vas a operar?
-¿Recuerdas a Julius, de la escuela? – James asintió-. Pues su hijo tiene un perro, que por lo que hemos visto en las radiografías tiene una atrofia muscular y no puede andar con normalidad. Vamos a intentar corregirlo – sonrió.
James miró de nuevo los apuntes de Lily. Para él no eran más que un montón de papeles con dibujos y nombres anotados a los lados.
-¿Y cómo lo llevas?
-Buf… la verdad. No lo sé… estoy un poco perdida con los ligamentos y los vasos sanguíneos.
James miró a la chica y comenzó a sonreír, imaginando una idea en su cabeza. Se giró rápidamente y dio una palmada llamando la atención de Lily.
-Coge tu bolso, Lils, te voy a llevar a un sitio.
Y tiró de ella, con el tiempo justo para que pudiera coger el bolso del sillón y salieron por la puerta.
Desde el cuarto oscuro, Sirius escuchó la puerta de la entrada cerrarse y resopló hacia arriba, moviendo el flequillo que le caía por los ojos. Miró a Hannah que se movía por la habitación, cogiendo las fotografías y colocándolas en una cuerda, cogidas con pinzas. Se quitó la cazadora de cuero y la colgó del pomo de la puerta y arremangándose la camiseta que llevaba preguntó si podía ayudar.
James y Lily se bajaron del autobús noctámbulo y quedaron enfrente de una finca con una verja muy mona, blanca, y una casa grande al fondo, tras una gran pradera.
James abrió la verja y dejó pasar a Lily que no había dejado de preguntar durante todo el camino que a dónde iban y James siempre la respondía con una sonrisa. Cuando llegaron a la casa, llamaron dos veces y les abrió una señora bajita y rechoncha, con un delantal blanco lleno de manchas de barro.
-¡James, querido! Cuanto tiempo – le abrazó la señora.
Señora Mins, que alegría da siempre verla –James se separó de ella y señaló a Lily-. Esta es Lily Evans, es veterinaria.
-¡Qué profesión más bonita Lily! – la abrazó también-. ¿Veníais buscando a Remus?
-Sí, ¿está por aquí? – dijo James.
-¡Claro! Está en el tercer granero – la señora Mins les guiñó el ojo y se volvió a meter dentro de la casa.
Lily y James avanzaron por el jardín, pasando por los graneros. Dentro de ellos se oían ruidos muy extraños y Lily, que se había quedado un poco más rezagada que James por el camino, mirando toda la extensión de la propiedad, dio dos saltitos rápidos y alcanzó al chico.
-¿Dónde me has traído? – preguntó asustada, escuchando un pequeño lloro del granero al que se acercaban.
-Fíate de mí, mujer. – Sonrió el chico.
Llegaron al granero que había indicado la señora Mins y James abrió la puerta con cuidado asomando la cabeza dentro:
-¿Se puede entrar Moony?
-¿James? – se oyó entre los ruidos-. Si entras, que sea rápido, no se vayan a escapar.
James sacó la cabeza, y miró a Lily con esa cara que ella recordaba del colegio, justo antes de hacer una travesura. La agarró de la mano y tiró de ella para dentro del granero.
Por un momento, Lily se quedó paralizada al entrar pero en medio segundo, se encontró rodeada de cinco precioso cachorritos dorados, recibiendo lametones y empujoncitos para que les hiciera caso.
James había llevado a Lily a Salvando Peludos, el refugio de animales donde trabajaba Remus. Y justo en el tercer granero era donde tenían las camadas más recientes que habían llegado al refugio.
Mientras Lily se agachaba a la altura de los cachorros y jugaba con ellos, James se acercó a Remus con las manos en los bolsillos, orgulloso de escuchar las risas de la pelirroja gracias a él.
-¿Qué pasa, Rem? ¿Todo bien por aquí?
-Eso debería preguntarte yo a ti –le saludó Remus-. ¿Qué estás haciendo?
-Bueno, Lily tiene mañana una operación a un perro y estaba un poco acojonada, pero yo no te lo he dicho. Así que he pensado que venir aquí a relajarse un poco no le vendría mal. Y si encima, pillamos libre al señor Mins, seguro que puede ayudarle con las dudas que tiene.
Remus miró a James y negando con la cabeza mientras sonreía, se levantó y se dispuso a buscar al dueño del refugio.
Tras pasar toda la tarde recibiendo consejos y ayuda. Lily decidió que lo menos que podía hacer era invitar a una cerveza a los chicos por las molestias. James aceptó la oferta sin dudarlo y cuando Remus iba a rechazar la invitación, vio a James haciendo gestos para que se apuntara con ellos. Una cosa era que James pasara por la casa de Lily de manera disimulada (según él) y otra es que la situación fuera de acoso y derribo. A Remus no le quedó otra que aceptar también la invitación y James aprovechó para llamar a Sirius con su espejo para avisarle de donde irían, por si también quería acercarse.
Una vez en la taberna, Lily pagó las tres cervezas de mantequilla y las llevó a la mesa sin mucho esfuerzo, donde los tres se enfrascaron en una charla sobre sus profesiones. Al rato, se unieron a la mesa Sirius y Hannah, que había decidido irse con él.
-Mira lo que he conseguido, Prongs – dijo Sirius, agitando la fotografía que había visto en la casa de Lily y Hannah-.
-¡Ja! ¿de dónde has sacado eso? – preguntó James mirando la fotografía.
-Se la he mangado a Monroe.
-No seas mentiroso Black –contestó la chica-. Me ha prometido dos entradas para la final, si llegáis, a cambio de la fotografía. Suelo venderlas más caras, pero quien puede negarle algo a ésta carita.
Cuando Hannah señaló a Sirius, éste cambió rápidamente su expresión a una de cachorro abandonado que hizo que la mesa completa estallara en carcajadas.
Lily se levantó para ir a pedir otra ronda de cervezas a la barra. Mientras esperaba a que el camarero pudiera atenderla, alguien se puso a su lado y la saludó. Lily respondió el saludo y miró a su interlocutor. Le conocía, era un enfermero que de vez en cuanto se pasaba por la clínica para ayudar, sobre todo cuando había intervenciones muy complicadas. Era un chico bajito, un poco regordete, pero era encantador. Se pusieron a hablar y Lily por un momento se olvidó que la estaban esperando con las bebidas.
Al ver que Lily tardaba mucho, James se ofreció voluntario para ir a buscar a la chica con la excusa de ayudarle a traer las bebidas. Cuando James se acercó a la barra vio a Lily hablando con otro chico y frunció el ceño. Se la veía mucho más cómoda de lo que estaba con él y eso no le gustaba. Se acercó a la chica y le pasó el brazo por la cintura, en ademán posesivo y saludó.
Ella, le miró con desconcierto y se revolvió ligeramente para soltar su agarre, cosa que molestó aún más a James.
-Estoy hablando con Paul mientras nos sirven –y les presentó.
-Ya Lils, pero allí te estamos esperando todos.
-Bueno, no os preocupéis – dijo Paul sonriendo-. Yo estoy esperando a que me sirvan las patatas que he pedido y la dejo libre.
-Deberías dejarla libre antes Paul – contestó James de manera despectiva-. Esas patatas no creo que te hagan mucho bien.
Paul enrojeció rápidamente por culpa de la vergüenza. James, celoso por cómo había visto hablar a los dos chicos, atacó de la manera más baja que podía haberlo hecho, insultando al chico por su aspecto físico. Como una exhalación, Lily se giró hacia James y le miró con furia. Paul acertó a despedirse de la chica, tartamudeando y se marchó.
En cuanto que el enfermero se marchó, Lily encaró a James enfadada:
-¿Pero cómo te atreves, Potter? ¿Quién demonios te crees que eres?
-¿Qué…?
-Eres basura, Potter. Paul es un chico genial y tu solo eres basura. Aún no me alcanza a entender cómo se te ha podido ocurrir tratarlo así – Lily agarró su bolso y se dio la vuelta para salir del bar.
James tuvo la decencia de mostrarse arrepentido y cuando intentó agarrar a Lily de la mano, ella se revolvió rabiosa y enviándole una mirada cargada de odio le dijo que no volviera a dirigirle la palabra.
Con pasos rápidos, la chica se acercó a la mesa para despedirse y Hannah en cuanto la vio se levantó y la siguió a la salida del bar.
Lily aún no se podía creer lo que había pasado. ¿Cómo era posible que Potter hiciera eso? ¿Dónde se creía que estaban? ¿Todavía en la escuela? Era un maleducado, un pedante y un arrogante. Siempre pensando en si mismo y en nada más que él. Parecía que había cambiado, era cierto que en la boda se lo habían pasado muy bien juntos y la sorpresa del refugio había estado muy bien, pero insultar a sus amigos había sido pasarse de la raya.
Lo había decidido. No quería haber visto a Potter en la boda de su amiga, y definitivamente, no quería volver a verlo nunca más.
Otra vez por aquí! Muchísimas gracias por continuar leyendo. Espero que este capítulo os haya gustado. Como siempre, cualquier comentario es de agradecer!
Los Reviews de los usuarios privados los he contestado directamente al usuario. Y aquí va la respuesta al review anónimo que me ha llegado.
SerenaMileto: Hola Serena. Me alegra muchísimo que te gustara. Aquí tienes otro capítulo! :)
