No me queda de otra si no ofrecer una disculpa por tardar tanto en publicar este capítulo. No hay excusa alguna, y tampoco debería de darlas, pero bueno, aquí está el último capítulo de esta pequeña historia. Es un punto de vista diferente, queriéndole dar un espíritu fuerte a esta pequeña raza. En todos los juegos vemos el traje verde de Link, el protagonista principal, y que muchos sin siquiera simbolizan o ponen este traje porque representa al "Héroe del Tiempo", pero llegan a olvidar de sus humildes y verdaderas raíces.

Antes de que lean, algo más. Tuve que releer dónde me había quedado para continuarle, y esto fue gracias a una pequeña reprimenda que tuve. Pero si algo recuerdo muy bien, fueron dos cosas que me inspiraron originalmente para crearla. La primera fue el The White Laberinth de Animetayl en DeviantArt. Y la segunda, un oneshot que me encantó, llamado El nuevo miembro de la tribu por Lady Akhisane Les recomiendo que lean este antes o después de este capítulo, para que entiendan lo que dice Mido en un párrafo que tiene este símbolo: [1]

Sin nada más que decir, ojala les sea de su agrado.

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Cuando Faren le dio la noticia poco después de arribar a la residencia de la tribu se dio cuenta de algo extraño. No, no es que fuera alguien particularmente perceptivo ni mucho menos. Escuchó todo lo referente a la situación. Complementado, por supuesto, con las agradables observaciones provenientes del mellizo. Y al decir "algo extraño" me refiero que no obtuvo ninguna reacción violenta.

Tras pensar las cosas unos segundos preguntó dónde había sido llevado el sujeto.

Terminó de guardar sus cosas. Estaba cansado. Sólo deseaba comer algo o tal vez ni eso, como irse a dormir inmediatamente. Pero lo que hizo fue salir de la casa escoltado por los dos kokiris Remi y Faren, y en el trayecto se vio constantemente interrumpido por todos los miembros del pueblo que le cuestionaban constantemente cosas que él todavía no estaba con una resolución muy definida para contestar.

¿Un hylian?

Era lo que se preguntaba mentalmente el líder de la tribu kokiri. Quería ver a ese hombre y preguntarle cuál era su propósito. En esa villa no existía nadie capaz de olvidar la amarga historia del pasado. Nadie. Lo demostraban varios que los seguían a las distancia, en completo silencio.

Su Padre —el Gran Árbol Deku— le dio toda su confianza para que los cuidara y Saria fue quien le hizo prometer que sería justo con todos. Era un trabajo difícil pero los kokiris le reconocían y hacían todo lo posible para ayudarle. Aunque a veces, eso no era suficiente.

Siempre podía escapar.

Ese es el punto que todos criticaban: la división entre la locura y la sensatez. Por un lado, era alguien sumamente capaz de reconocer la situación y sacar el mayor provecho de los recursos de los cuales dependían, manteniéndolos unidos coexistiendo los unos con los otros. Si por algo vivían todavía varios en aquel rincón del mundo, a pesar de estar rodeados por las sombras, fue gracias a él y a la antigua líder Saria.

Pero el otro...

Él buscaba la compañía del Bosque Perdido cuando sentía la necesidad de refugiarse en algún lugar. Aquella acción era muy estúpida pues el lugar era el equivalente a encontrar tu propia muerte. Era el secreto del laberinto. Empezabas caminando en tu dirección con aparente calma y seguridad hasta que descubres que algo va muy mal y cuando quieres regresarte es inútil. Todo lo que puedes es avanzar. Empiezas a sentirte nervioso porque sabes que no estás solo. Hay ruidos a tu espalda. Risas y pasos que te obligan a tomar la dirección equivocada. Pero es todo lo que haces. Caminar y caminar, hasta un lugar donde nadie será capaz de verte otra vez.

Sin embargo, talvez la única persona en el mundo que lograba regresar a pesar de lo anteriormente dicho, era él.

Todos le preguntaban por qué lo hacía, pero no veía necesidad alguna de contar su verdad.

Todo radicaba en sus razones personales.

Y no, no era por "un milagro de las Diosas".

Era porque conocía el secreto del bosque. Aquella vez, llegó hasta el corazón. Un templo que residía silenciosamente con sus puertas abiertas como si te diera la bienvenida...

— ¿Escuchas algún alboroto en la cabaña?

— No —le contestó Faren a Remi.

El líder siguió caminando impasible. Sabía la razón de la pregunta del mellizo y era porque conocía a su hermano a la perfección. Debería estar en medio de un gran arrebato soltándole verdades al hylian o, si ya había pasado eso, se postraría afuera de la cabaña incapaz de estar ni un minuto más cerca de él. Pero todo parecía tan tranquilo como si estuviera sola.

Pensó en todas las teorías posibles. Si el hylian era realmente —cosa que dudaba al extremo— uno de los destructores de la tribu ya tenía varias ideas. Remi le dio una muy buena: titarlo a los lobos del bosque. Pero no. Estaba solo y según esto, se había entregado tranquilamente sin oposición alguna. Y las razones de Faren le daban mucho que pensar.

La mirada de un niño...

¿Existían todavía personas así?

Ese sujeto podría ser todo. Como un excelente actor, un exiliado o ex-convicto. O un ladrón de hadas, como le propuso más de uno. Faren siguió llamándole gato perdido. Ante eso, alguien propuso la historia infundada de que haya vivido encerrado en un templo toda su vida. O talvez, y era lo más probable, se trataba de una persona sola en este mundo extraño con ansias de querer sentirse protegido en algún lugar...

Por lo mismo, cuando se abrió la puerta sentía que estaba preparado para todo...

... Menos para un fantasma del pasado.

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Laberinto Blanco

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— Fuera.

Navi apretó los puños, agolpando toda la descarga de emociones en su garganta.

— ¡He dicho que fuera!

Miró a cada uno de los niños y con especial ira hacia el descarado mellizo que les había dicho la verdad de tal manera. Karin sintió empatía inmediatamente y motivó a Redo cruzar la puerta pero él no parecía dispuesto a irse, al juzgar por la mirada que tenía sobre los que acababan de llegar. Parecía que intentaba buscar el por qué estaban esos dos ahí. Un pensamiento nadaba por su cabeza que nublaba sus ideas.

La hada les suplicó con la mirada que dejaran a su amigo. De preferencia, para siempre. Tenía la aurora de un brillante color azul y Sila sintió respeto, pues a lo largo de toda su vida había aprendido apreciar aquellos nobles espíritus. Se hubiera retirado de no ser por los recién llegados. Compartió una mirada con Faren y luego se fijó en Mido, en busca de alguna orden implícita para hacerla. Pero de éste no llegó nada.

Estaba pálido.

— ¿Jefe? —preguntó extrañado.

El aludido dio en forma inconciente un par de pasos al frente, deteniéndose ante la hada que parpadeó sorprendida. Esperaba verlo. Pero ahora que estaba ahí delante le daba una sensación muy extraña, casi irreal. Así se quedó un par de segundos hasta darse cuenta de que el hylian había levantado sus grandes y tristes ojos con cuidado, atento en él.

¿Por qué sentía esa sensación?
... Aquella que le recordaba horriblemente a alguien...

— ¿Ya intentó ese monstruo amenazarles con algo? —se lanzó Remi en tono de broma.

— No te atrevas a llamarle así —siseó el hada.

— Pero él tiene razón —reclamó con sorda el mellizo Redo, volviendo a la realidad—. Creo que ya te he dicho por qué, querida hada.

— Para mi los monstruos son otros —susurró esta.

Faren decidió que era el tiempo de interferir al juzgar por las reacciones de ellos. Karin y Sila estaban de su parte, pero lo que evitó realmente todo fue el silencio en que se encontraba entre el líder y el hylian. El primero tenía la expresión a oscuras, sumido profundamente en sus pensamientos, mientras que el adulto una tranquila mirada melancólica.

Entonces, Mido pidió repentinamente que lo dejaran a solas con él. Aunque era parte del plan, hubo más de uno que no le agradó.

— Ya escucharon —reafirmó el segundo al mando tras ver la resolución firme del líder.

Empezaron a salir menos Redo, que no les quitaba las vista de encima.

Navi no se lo creía creer, ¿aquella orden iba también para ella?

— Sabes que eso no es prudente —Redo alzó la voz cuando finalmente le dirigieron a la puerta.

— Me haré cargo —contestó el muchacho pelirrojo de soslayo.

— No me iré.

El hada se puso delante de su ahijado. No estaba dispuesta a dejarlo cuando empezó toda aquella "aventura" y no lo estaría ahora. Le seguiría protegiendo de la manera que ella podía hacerlo. Era su compañía y consuelo en la soledad. Y no veía otra escena más significativa como la de ese instante. Sus seres queridos, los únicos en este mundo, eran completos extraños, ¿y qué si Mido se aprovechara para clavara todavía más su dedo en la hiel? ¿O aprovechara su desventaja para buscar un culpable?

— Está bien, Navi —ella se volteó a verle cuando su compañero le habló con suavidad, sonriendo—. También quiero hablar con él.

— Pero...

Reconocía que Link se encontraría destruido por dentro y era fácil adivinarlo. Estaba relativamente tranquilo que no podía ser verdad. Era amable y hasta sonreía... ¿Cómo una persona puede inmutarse así? ¿Cuál era su esfuerzo? ¿Qué pasaría apenas cerraran la puerta? Definitivamente, no quería irse... aunque tuviera la última palabra.

¿Pero realmente tenía el juicio necesario para definir? Porque, por lo que sabía... en una ocasión dividió todo en dos hemisferios... "bueno" y "malo"...

Cuando cerraron la puerta tras ella sus ánimos estaban por los suelos. Preocupada por él, por ella, por los kokiris, por el pueblo, por todo. Quería quedarse sola. Irse al claro donde yacía su padre y pensar. Internarse y hacerse una con el bosque, como lo hacía con las hadas que no tenían niños asignados. ¿En serio ya no era posible?

Por las Diosas... ahora que veía el exterior se daba cuenta de que todo lo que había cambiado...

Sintió que Redo tenía su mirada sobre ella.

No quería aguantarlo...

Que la dejaran en paz...

— Ya oscureció... —dijo Karin mirando el cielo, ligeramente preocupada.

— Nos vamos a la casa, no te preocupes...

Pero el mellizo no se movió.

— Tú... —habló ligeramente, con toda su atención en el hada que les daba la espalda—. Mencionaste "Link"... ¿es el nombre del hylian?

Ella siguió inmutable, atenta en la puerta.

— Contesta —replicó, dando un paso adelante—. ¿Así se llama? ¿Link?

¡No tenía que aguantarlo!

No ahora... no así...

Así que voló, pasándoles de largo en dirección a la destruida tribu.

Vaya, al menos dejó a los kokiri atrás... pero estar ahí, en medio de todo ese caos quizás era peor. Se sintió miserable. Y, por primera vez, creyó comprender los verdaderos sentimientos de Link. Puede que no haya sido culpa de ellos dejarlos tantos años, pero no podían evitarlo. Había un sentimiento de traición. Injustificado... pero latente...

Se acercó hasta la antigua casa del hylian. Como todas las del pueblo, tenía signos de las llamas de aquel fatídico día, pero seguía decentemente en pie. Y una particularidad era una gran equis a punta a punta en la puerta principal. Se quedó ahí un instante, sabiendo las diosas qué significaría...

— ¿Navi? ¿Eres tú?

Y cuando se dio la vuelta, un grupo de hadas le rodeaba.

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— Bueno, si te vas a poner en ese plan de quedarte callado —el líder estaba de brazos cruzados, de pie delante de él— muy bien. Pero te advierto de que así no mejoraran las cosas para ti.

— ¿Por qué hablan así? —sonó cansado.

— Te estoy hablando del comportamiento más básico de la naturaleza. Cuando se entra en una sociedad todos prestan atención al extraño. Se mantienen alejados esperando la decisión de los líderes. Si es tolerado no te pasará nada pero si es rechazado en cualquier momento te van a expulsar y es valido titarlo a matar si se inicia un confortamiento.

Eso era un comportamiento animal ¿Acaso en eso se había convertido el mundo? ¿En bestias?

¿Qué podía decirle? ¿Que lo sentía mucho? ¿Que no que fue su culpa? Pero fue su culpa... él había aceptado la misión en el instante en que posara sus manos sobre la espada por primera vez... No, fue antes de eso. Desde que mirara los ojos de la princesa Zelda. Aquellos tan bondadosos y magníficos ojos, encargándole una misión a consecuencia de un sueño...

¿Pero le había advertido de lo demás? Se hizo amigo de los Gorons y eso atribuyó a enfrentar al lagarto que dormía en las minas de la montaña. Era un niño. Uno valiente y con tinta de un prometedor héroe. Con esa confianza fue por él último pedazo del rompecabezas con la Familia Real de los Zora y como en un gran juego donde sin ti no pasaría nada lo volvió hacer.

¿Le habían dicho lo que sucedía después de eso? ¿Que el castillo estaría bajo ataque? Una cosa llevó a la otra y recordándolo se dirigió al Templo del Tiempo, un lugar que estaba sellado desde hace siglos y era todavía más viejo. Pero adentro estaba el poder para enfrentar a los dioses. Y sí así podía salvar a Zelda, entonces...

... Pero la cosa no fue por ahí. Ya le tenía un destino preparado de antemano y tenía que cumplirlo por obligación. Lo arrebataron del pasado y dejó de tener su futuro... ¿Siete años? ¿Cuáles siente años? ¿Qué preparación? ¿De que "situación caótica" hablaba Raulu? Enemigos, destrucción, la tierra sagrada, los templos, los sagas, la Trifuerza...

Y como a alguien que le imponen tantas cosas y no sabe qué hacer, pero que te dicen tienes que, aceptó. Y mira. Qué bonito se ve el cielo.

Oscuro. No ha vuelvo mirar el sol desde que llegó a ese lugar. Al caminar se sentía como un extraño... Digan lo que digan, eso no es Hyrule. Lo será de nombre pero no se siente como Hyrule. Y pasaba exactamente lo mismo con los kokiris... Lo serán de nombre pero no se sienten como kokiris...

Qué infantil era su forma de pensar... ¡Pero no sabía que otro nombre darles!

Estaba confundido. Se llevó las manos a la cabeza porque le dolía de tanto pensar...

¡Quería despertarse y ya! ¡Todo había iniciado como un sueño! ¡Y luego como una pesadilla!

Tenía que digerir todo lo que le habían mostrado... A la fuerza, pero si lo hacia ya no sería capaz de despertar... ¿O ya estaba despierto, y lo que quería es dormir?

¿Qué tenía que hacer?

No lo sé.

No lo sé.

No lo sé.

No lo sé.

No lo sé.

— ¡No lo sé!

Hundió sus manos en el cabello, pero cómo deseaba desaparecer él también. Gruesas lágrimas rodaban sin control hasta mojar el suelo en un llanto mudo, pues cuando lloraba, jamás hacía ningún sonido. No le gustaba sentirse vulnerable. Por eso siempre enfrentó sus miedos y no dejó nunca que se burlaran de él. La única persona que se aprovecha, era precisamente el mismo que estaba ahí parado adelante en silencio.

Talvez lo que decía Redo fuese verdad. Ya no había nada que hacerse. Tan sólo olvidar lo que alguna vez fue para dedicarse a las órdenes de una misión que dijeron que siguiera.

Qué simple y vacío era todo.

— Tú eres Link —susurró el líder de la tribu kokiri, no en duda, sino en afirmación.

Lentamente levantó sus ojos, en silencio.

— Mido...

— Han pasado siete años desde entonces, Link. Y sigues llorando exactamente igual, ¿acaso no te dije yo que los verdaderos hombres no lo hacen? Y así demuestro, una vez más, lo niño que eres... —dijo con una media sonrisa, como si no la hecho desde hace siete años, casi con nostalgia.

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— Hermanas mías —sonrió Navi al grupo de hadas que se acercaban en reconocimiento, bastante feliz de tenerlas una vez más.

— Ha pasado mucho, ¿verdad? Verte me hace recordar los viejos tiempos, cuando estábamos jugando frente a nuestro padre.

— A mi también me produce eso verte —dijo otra hada más.

— Y a mí.

— A todas, debo decir —dijo la del medio, desviando la mirada a la casa derruida con el símbolo de la equis pintada.

Bien sabían que ese fue el hogar del niño que le fue asignado, a pesar de que en ese fue justo el último día en verla, desapareciendo hasta esos siete años después.

Navi miraba con un sentimiento ambiguo, todavía con dudas. Las hadas lo sentían. No necesitaban hablar para saber qué ocurría una con la otra.

— ¿Por qué tiene esa marca? Ustedes saben todo lo que simboliza... —dijo lentamente, triste—. Para nosotros no hay nada peor...

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— Fue inevitable culparte, al principio. Muchos te conocíamos, pero los que nunca estuvieron al tanto bien del asunto comenzaron con los rumores, y era más fácil culpar a un individuo que asimilar la muerte de Padre. Es por el viejo dicho de "Todo kokiri que se va del bosque, jamás regresa". Saria calló a todos esos y siempre estuvo ahí, al frente, esperando que volvieras una vez más para demostrarles en que estábamos equivocados y que todavía existía la fe y esperanza... ¿Entiendes?

— Creo... —murmuró desanimado.

— Fue cuando comenzaron los tiempos malos y algunos kokiris seguían pensando que fue porque aquel niño tan extraño, que siempre fue extraño, había salido con el tesoro más valioso del bosque hasta el más allá donde nadie ha estado. Que el supuesto atrevimiento o violación del equilibrio se había hecho, todo eso y blablabla... Y los tiempos empeoraron. Saria seguía insistiendo en que nada de eso era culpa tuya, cosa que es verdad, ¿pero cómo convencerlos?... Y una noche, posteriores a que el viento fuera frío y los monstruos nos invadieran, se hizo una pequeña revuelta y nos encontramos con esa marca roja en tu puerta que estoy seguro que ya viste... Lo Prohibido, la Herejía, el Rechazo... Yo los dejé ser... Si así eran felices, muy bien. Aunque yo, y todas las personas que te conocíamos o estuvimos ahí el día de la muerte de Padre jamás te culpamos. Saria lloró bastante esa vez —miró al suelo, pensativo—. Bastante. Ella... realmente quería verte una vez más. Hasta el final fue así...

— ¿Qué le pasó a Saria? —preguntó el hylian apretando los puños. Para entonces la idea de que le hubiese ocurrido algo a ella era una posibilidad, pero le dolió el corazón saber que fue así.

— Cuando fue eso de la masacre que estoy seguro que Redo te contó, adivinarás que realmente tu asunto ya no tuvo importancia.

Apretó más los puños lanzándole una mirada dura, de que continuara no importando el desenlace.

— Saria y yo nos convertimos en los líderes. Yo siempre fui muy bueno para ingeniármelas al encontrarme monstruos y todo eso, escurridizo por naturaleza, pero fue gracias a ella que aprendimos a subsistir con lo poco que teníamos. Y luego de mucho tiempo, al saber que la semilla del Árbol Deku moriría y que todo radicaba en el corazón el bosque, ella se armó sola y partió. Yo salí corriendo y la intercepté, en medio del bosque. Tuvimos una discusión. De ser por mí, nadie jamás hubiese entrado a ese lugar. Ella me contestó que lo sabía, que por eso había partido así. Pero por ser la única en saber el camino del laberinto era algo que apenas ella podía hacer. Fue casi en contra de mi voluntad, pero la acompañe entonces hasta ese laberinto...

Soltó un suspiro, mirando por afuera de la ventana.

— Es talvez, el lugar más bello que he visto nunca. Pero así como lo bello que es, también es letal. Fuimos hasta la entrada del templo... y entramos. La verdad no sé bien qué fue lo que pasó ahí, pero sí cuándo algo nos separó y... se la tragó... desapareció, así de fácil... y una vez caí afuera de ese templo no pude volver a entrar por ella. Por más que haya gritado, corrido o deambulado, no he vuelto a ver una vez más ese laberinto. Constantemente voy pero es inútil. Irónicamente... allá, en esa mortal tranquilidad y silencio me siento mejor que aquí. Menudo líder, ¿verdad?

— Yo iré —dijo Link con firmeza tras un segundo, entrecerrando sus ojos.

— ¿Tú? Por favor... ¿Sabes siquiera quién eres? Te perdiste siete años y vienes como si estuvieras destinado a cambiar el mundo.

— Nada me impide ir, Mido. Yo también conozco ese lugar, era donde ella y yo siempre jugábamos.

— Pues ese lugar no tiene nada que ver con el que está ahora. Hay un aura maldita que lo protege. Nada ni nadie puede entrar si este no lo desea.

— ¿Y cómo es posible que Saria y tú hayan entrado? —cuestionó enojado—. Tengo que intentarlo.

— ¿Piensas que sigue vida? —exclamó extendiendo sus brazos, como si fuera algo ridículo—. Ya todo termino. Esto que ves es lo que único que será de nosotros ¡Yo fui testigo de toda la fuerza que tiene ese lugar! ¡Es imposible derrotarlo! ¡Nada en este mundo puede hacerlo!

— ¡Pero yo quiero salvarlos!

Mido frunció el ceño, frunciendo la boca.

— ¿Por qué? Tú no tienes realmente nada que ver con nosotros —dijo en forma muy lenta, acercándose—. Nosotros somos kokiris, pero tú eres un hylian. Yo siempre supe eso desde el principio, ¿por qué crees que te molestaba? Fui el primero en cargarte en brazos cuando tu madre hylian vino aquí a morir y luego te di tu nombre. Hiciste bien en irte aquella vez... ¿para qué regresas? [1]

— Aún si... eso implica de que luche contra el mundo... yo quiero salvarlos —entrecerró sus ojos mientras se inclinaba para mirar el suelo, con los brazos sobre sus costados—. Quiero devolverle la esperanza, la misma que Saria tenía en mí. Comprendo perfectamente de que todo ha cambiado, pero si nadie hace nada para ir contra eso, ¿cómo esperan que pase algo? Yo... yo quiero intentarlo...

— Estás siendo muy idealista.

— Pero si así puedo ayudar a las personas que yo quiero... Si es verdad de que tengo la capacidad para hacerlo...

Levantó su vista al frente.

— Lucharé.

— Muy bien —volvió hablar Mido tras varios segundos de silencio donde dejaba escapar un profundo suspiro, mirando al muchacho de arriba abajo, sabiendo que decía las cosas de verdad. No sabía de donde sacaba tanta nobleza, o si era porque no había todavía sufrido los golpes para endurecerse que se adquiere con los años. Porque físicamente había crecido, pero internamente... era exactamente el mismo muchacho que recordaba a ver conocido alguna vez— Descansa por hoy entonces. Yo sé que conoces el camino, pero el bosque ha cambiado desde entonces así que te escoltaré. Es lo menos que puedo hacer.

— ... ¿Realmente no hay problema si me quedo?

— ¿Planeas acampar en otra parte? —preguntó sarcásticamente, pero luego se corrigió al ver su expresión—. Mira... todos estamos cansados. Yo lo estoy y tú te ves especialmente acabado... Será lo mejor que duermas un rato. Puedo ponerte en una mejor recámara, porque esta...

— Estoy bien aquí —le interrumpió suavemente, sonriendo ligeramente.

— ... A mi no me parece... —murmuró, dando un suspiro—. Bien, haré que te traigan algo de comer y una frazada. Mañana en la mañana partimos.

Mañana en la mañana sería un largo día, pero si esperaba que durmiese estaba muy equivocado. Aún con algo tibio con que cubrirse sentía un frío en su cuerpo, y no tenía que ver con la brisa helada de la noche. Se sentía extraño al estar bombardeado por varias partes. Esa cama de madera se le hizo incómoda y terminó haciendo algo prohibido: salió por la puerta hasta sentarse arriba de una colina, completamente a la intemperie. Se puso mejor la frazada sobre sus hombros al saber que desde esa colina se veía un claro, que le costó identificar como el lugar donde antiguamente estuvo el Árbol Deku. Estaba tan grande y abandonado sin ninguna flor. Además, era noche sin luna. Más bien estaba nublado. Miró al cielo, acostándose posteriormente casi en trance, mirando el sucio mar de nubes en escalas de grises que le hacían un nudo en la boca del estómago. Ocupaba hacer algo. No importaba qué fuera, lo intentaría. Y aunque en sí el día y la noche no dura mucho, le costó darse cuenta a la mañana siguiente que el sol ya había salido, pues el cielo seguía impasible ocultándolo todo.

Como se lo prometieron, Faren le dio sus armas una vez más y se las abrochó mientras su fiel compañera Navi se ponía al lado de él tras despedirse de sus hermanas tras estar toda la noche platicando de varias cosas transcurridas en ese tiempo. Miró a los kokiris por última vez que hacían un coro y, tras una llamada de Mido, Link asintió, despidiéndose con un ademán con la mano similar a la que hizo cuando partió por primera vez.

Karin abrió los ojos con sorpresa, llevándose una mano al pecho.

— Me recuerda tanto a...

— Es él —exclamó Redo, llamándole la atención de los que estaban cerca.

— Imposible —murmuró su hermano gemelo—, ese kokiri desapareció hace mucho tiempo, además...

— Me dirás que este es un hylian.

— Ajá, ¿entonces por qué...?

— Él dijo que regresaría —fue todo lo que contestó—. Y lo hizo. Y más le vale que también lo haga esta vez...

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— Ten cuidado donde con lo que veas, aquí la belleza te puede matar.

Link miró extraño Mido, no entendiendo qué había dicho. Pero sí, podía sentir algo extraño en el ambiente. Era como algo encantado. Le costó trabajo en poder ubicarse, luego del cambio tan radical de haber abandonado la tribu y el bosque para encontrarse frente a las puertas del gran laberinto. La entrada era un gran portón de rejas blancas cubierta con una gruesa enredadera de flores rojas y púrpuras. En su niñez había visto el mismo portón (se le figuraba más grande) pero a diferencia era que la anterior no tenía ninguna flor. Se les acercó percibiendo un olor muy dulce, algo que le adormecía...

— ¡Te dije que cuidado! —le empujó al suelo el pelirrojo y Link repentinamente despertó, viendo con horror unas gruesas espinas que habían salido repentinamente, que se retrajeron como las garras de un gato—. Son venenosas. No tengo ni idea de cuánto durarías tú, pero un kokiri que una vez cayó en ellas cuando estaba recolectando comida no muy lejos de la villa no duró mucho...

— ¿Desde cuándo existe eso...?

— Creo que una vez escuché de ellas... pero estaban mucho más allá del bosque, ¿que no? Era unas de las tantas cosas que había expulsado el Árbol Deku —murmuró Navi.

— ¿Qué otras cosas mantenía lejos? —le tocó preguntar Mido.

— Wolfos, principalmente. Moblins gigantes y también cosas como... —comenzó a dar un listado de esas criaturas, deteniéndose ante la risa sin humor del líder kokiri.

— Ah... que bueno saber que mantenía todo eso lejos...

— ¿Por qué lo dices? —a Link no le gustó el tono de voz de él.

— Me hizo extrañarlo... porque todo lo que dijo se encuentra aquí, en este lugar... Y mira, la puerta se abrió sola como la vez anterior —un intenso chirrido había sonado al abrirse esta casi en par en par, invitando a que se internaran en el juego del laberinto—. Saria y yo nos metimos, pero la verdad se nos hizo fácil. Parecía que la esperaban a ella, o eso fue lo que sentí... Luego cuando estuve solo parecía que me trataban como un incómodo intruso, y a la fecha, no sé cómo regresé con vida... Pero contigo, Link...

— Se siente como un desafío —completó Navi, mirando lúgubremente la puerta.

— Lo siento, pero de aquí no puedo avanzar yo —soltó Mido en voz baja.

— No te preocupes —murmuró el hylian asintiendo con la cabeza, sonriéndole ligeramente, a pesar de todas las circunstancias—. Muchos te esperan allá atrás.

— También a ti... —dijo el líder regresándole la expresión—. Después de todo, también eres un kokiri. Siempre serás bienvenido de vuelta en casa. Así que regresa. Salúdame de mi parte a Saria cuando estés allá, por favor.

Se despidió con un ademán y se volteó con una profunda bocanada de aire al instante en que se ponía con firmeza el escucho en el brazo derecho y sacaba de un movimiento la espada maestra de su funda, internándose a pasos lentos a la sacra pradera del bosque mirando sobre su hombro cuando las blancas puertas se cerraron con un golpe seco, sintiendo una descarga en todo el cuerpo cuando el lugar vibró dándole la bienvenida. Sobraron las palabras cuando los dos hombres se observaron a los ojos por unos instantes, hasta que el muchacho hylian siguió de frente hacia su destino.