Por alguna razón me estaba dando problemas últimamente para subir/actualizar cosas pero creo que ya se ha solucionado, de modo que... aprovechemos rápidamente para la tercera entrega. Realmente me ha gustado mucho como ha quedado.
·
Pecados en el Hielo
·
3# Gula
No sabía lo que tenía pero el caso es que no podía dejar de comerlo. Estaba sentado en el sofá, después de haber terminado de poner a punto la casa y había encendido al televisión. Y, como siempre que empezaba a atisbar tiempo libre, pronto tuvo entre sus manos el sobrecito de salmiakki.
Sin darse cuenta ya tenía uno de los rombos en la boca y lo saboreo, sin prestar realmente demasiada atención a la televisión. No se acordaba bien de cómo se había aficionado a aquel producto. Al principio tenía un sabor muy fuerte para su gusto pero había acabado por acostumbrarse y con la costumbre llegó el gusto hasta que, hoy en día, no podía pasar un día entero sin tomarlo. No es que lo planease, ni siquiera que estuviese esperando un momento concreto del día para tomar su "dosis" por así llamarla, simplemente ocurría.
Por fortuna era algo que no hacía daño.
Le hubiera gustado tener a mano los caramelos de salmiakki pero se habían acabado. Pensó que cuando Su-san volviese le pediría que comprase si salía de nuevo esa tarde. Si no bien podía ir él y así aprovechar para dar un paseo. Lo cierto es que sería agradable. Podía llevarse aquel sobrecito e irlos tomando por el camino. Realmente era algo que tomaba ya sin darse cuenta, disfrutándolo en momentos de calma como aquel.
Se inclinó para coger el mando de la televisión, cambiando de canal. No le interesaba ahora mismo ningún programa de aquellos y por fin lo dejó en una película ya empezada. Tenía buen aspecto. El cine no era su pasatiempo favorito pero con una bolsita de salmiakki se volvía sumamente entretenido y agradable.
Se tapó mejor con la manta hasta el pecho, recostándose hacia atrás. ¿Qué más podía pedir para que aquel día fuese perfecto? Calma, un poco de tiempo libre para si mismo, salmiakk…
Espera. Metió de nuevo la mano en el sobrecito, rebuscando para hallar lo que ya se acababa de dar cuenta: no quedaba nada. Con un suspiro algo frustrado se levantó. Tenía más en una cajita en la cocina, en uno de los armaritos que había montado Suecia… No, no tenía. Recordó que se había acabado. Que fastidio. En parte le puso un poco de mal humor. Tendría que ir a la tienda, quisiese o no. Ya tenía el sabor salado del regaliz en la boca: ir mañana u otro día estaba totalmente descartado.
Cogió un abrigo fino del perchero de la entrada.
Intentó consolarse diciéndose que hacía buen tiempo.
