Capítulo III

Conociéndonos

Ai estaba realmente muy contenta. Ahí estaba su madre y su padre, aunque éste tenía una expresión que no le había visto nunca, parecía enfadado y desconfiado, su querida tía Tomoyo y su tía Meiling, y con ganas de conocerla.

- Li, Ai Li.- Dijo ella cuando le preguntó Sakura su nombre.

- ¿¡¡¡¡¡¡LI!!!!!!?- Dijeron los cuatro a la vez.- ¿TU APELLIDO ES LI?

- Sí, ¿porqué?- Respondió de la forma más inocente que pudo.

- Es que... bueno...- Comenzó Sakura.- Yo... yo me llamo Sakura Kinomoto, ella es mi amiga Tomoyo Daidouji y ellos son Shaorán y Meiling "Li".

- ¿¡¡Li!!?- Se hizo la despistada.- ¿En serio? ¡Tenemos el mismo apellido!

- ¿Tienes algo que ver con los Li de Hong Kong?- Repuso Shaorán de una forma bastante seca.

- Bueno... "¿Y ahora que digo?... Diré la verdad" creo que mi padre es miembro de esa familia, pero ha vivido desde niño aquí en Japón.

- Bueno da lo mismo,- Dijo Sakura.- encantada de conocerte Li.

- Gracias lo mismo digo pero... llamarme Ai.

- Muy bien, pues tú llámanos por nuestros nombres.- Dijo Tomoyo con una gran sonrisa.

Ai se pasó gran parte de la mañana hablando con Sakura y Tomoyo y sorprendiéndose de lo diferente que era Shaorán, su padre, a como lo conocía. Como ella lo conocía era una persona dulce y tierna, además de muy amable, siempre dispuesto a ayudar a las personas que le rodean, (un estilo padre de Sakura) cierto que es algo desconfiado pero no tanto como lo estaba viendo ahora. Además también le sorprendió la actitud de Meiling, parecía como si fuese la novia de Shaorán y como ella la conocía siempre hablaba de la bonita pareja que hacían sus padres pero...

- ¡Oh!- Dijo Ai levantándose bruscamente.

- ¿Qué te pasa?- Le preguntó Sakura.

- Es que creo que me he olvidado de una cosa en la clase. Ahora vuelvo.- Dijo mientras salía corriendo.

- Shaorán, ¿qué te asa? Tienes una cara...- Le dijo Mei.

- No sé si fiarme de ella. Es extraño algo de mí me hace desconfiar de ella, pero...

- Pues a mí, me inspira mucho cariño.- Dijo Sakura mientras Tomoyo y Meiling asentían.

Shaorán las miró incrédulo, ¡eso era lo que le pasaba a él! Desconfiaba de ella, pero a su vez le tenía cariño. Además que él no había escuchado hablar nunca de que algún miembro de su familia hubiese salido de Hong Kong y se hubiese quedado a vivir en Japón. Eso lo tendría que investigar... ella tendría que figurar en algún archivo, y si no su padre.

- ¡Pues a mí me inspira desconfianza! Ella tiene mucha magia, y es muy poderosa, seguro que quiere las cartas...

- ¿En serio?- Se sorprendieron.

- ¡Pues yo no lo creo!

Mientras Ai salió corriendo hacía la clase, pobre Kero, se había olvidado de él. Vaya regañina que le esperaba.

- ¡Kerito!- Dijo al entrar.

- ¡Ai! ¿¡Cómo te atreves a hacerme una cosa así!? No solo me has dejado sólo, sino que además ¡ME HAS DEJADO SIN COMIDA! ¡AHORA TENGO HAMBREEEE! ¡ASÍ QUE ROMPE EL HECHIZO PARA QUE PUEDA COMER!!!!!!

- Veo que "candado" ha hecho bien su trabajo.- Rió la niña

- ¡NO TE BURLES!

- ¡Peeerdoooonaaaaa!

La niña llamó a la carta y le entregó parte del almuerzo al leoncito que se lo comió en un abrir y cerrar de ojos. Lo que la pequeña no advirtió, lo mismo que el guardián era que unos ojos lo observaban. Kaho Mitzuki tenía los ojos más abiertos que nunca. ¿Qué quería decir todo eso? La niña volvió a llamar a "candado" y tras volver a meter el leoncito en la mochila se fue con sus "nuevos" amigos.

- Ya estoy aquí.- Dijo al llegar junto a los otros.

- ¿De qué te habías olvidado?- Le preguntó Tomoyo.

- Pues ahora da lo mismo, me lo he dejado en casa.

- ¿El qué?- Preguntaron Sakura y Meiling a la vez.

- Una carta para mi abuelo.- Mintió.- La iba llevar a correos después de clase pero se me ha olvidado.

- ¿Dónde vives?- Le preguntó una siempre sonriente Sakura.

- Bueno pues cerca del parque del pingüino, y...- Ai paró al notar algo frío en su cuelo, miró hacía arriba y...- ¡Nieve! ¡Pero si está nevando!

Todos miraron hacía arriba y se fueron corriendo hacía la clase al ver que cada vez nevaba más fuerte. El resto de horas se las pasaron jugando a las adivinanzas, al ahorcado, y a todos esos juegos a los que se juega en estas ocasiones, pero Kaho no dejaba de mirar a la pequeña Ai, lo mismo que Shaorán que le pasaba exactamente lo mismo solo que él lo hacía con completa desconfianza.

- Bueno niños, ésto es todo por hoy.- Dijo Kaho.- Hasta mañana.

- Hasta mañana, señorita Mitzuki.- Dijeron los niños, y todos se fueron a sus casas.

Cuando Ai llegó a la que ahora era su casa, se cambió de ropa y se puso a mirar por la ventana, olvidándose por completo de Kero, que seguía encerrado en su mochila escolar.

- ¡Ai!- Gritó cuando ya no aguantó más.- ¡SACAME DE AQUÍ! ¡NO PUEDO SALIR!

- ¡Ups! Kerito lo siento. Me había olvidado.- Dijo la niña avergonzada.

- ¡Pues vaya día llevas! ¡ES LA SEGUNDA VEZ QUE TE OLVIDAS DE MÍ!- Dijo mientras salía.

- Te he pedido perdón ¿no? Además estaba pensando en la nieve... ¿Verdad que esta es obra de la carta "nieve"?

- Sí. Por eso te dije ayer que comprases más comida...

- ¡Pues yo quiero ver como la capturan!- Dijo la niña ilusionada.

Mientras en otra casa Sakura había abierto su regalo de cumpleaños, y hablaba ilusionada a Kero de su día, (incluyendo a Ai, por supuesto).

- ... y Shaorán dice que es muy poderosa y desconfía porque dice que nos robará las cartas... Pero... no sé. Le tengo mucho cariño ¿sabes? Como si fuese alguien muy importante para mí.

- O sea, ¿haber si te he entendido bien? Esa chica, se apellida como el mocoso, pero él no tiene conocimiento de ella y además es muy poderos ¿no?- Ella asintió.- Es extraño, lo más normal es que si quisiese las cartas se hubiese dado a conocer y luchase por ellas... y además...

- ¡Monstruo! ¡Tráeme una toalla, por favor!

- ¡Sí!- Gritó y añadió más bajo.- Kero ahora regreso ¿sí?- y salió de la habitación.

- "Esto es muy extraño, desde ayer que noto un gran poder y es como si ese poder tuviese las cartas... pero, no son exactamente las cartas son diferentes... y es como si yo estuviese a su lado... pero con todo mi poder"- pensaba Kero.

Mientras Sakura le llevó a su hermano una toalla, y se asombró mucho de verlo chorreando a causa de la nieve que ya alcanzaba el medio metro de espesor.

- Te prepararé algo caliente.- Le dijo.

- Gracias.

- ¿Sabes Touya? Hoy ha llegado una compañera nueva a mi clase.

- ¿A sí?- Dijo sin mucho interés.

- Sí. Se llama Li, Ai Li y ¿sabes? Se parece mucho físicamente a mí.

- ¿¡HAS DICHO AI!?

- Sí.- Dijo con una gotita.- ¿Qué pasa? ¿La conoces?

- Bueno... puede decirse que sí. La conocí ayer cuando volvía hacía casa. La pobre iba muy cargada y la ayudé.

- ¿En serio? Entonces habrás visto su casa y a su familia ¿no? ¿Cómo es? O mejor dicho ¿como son?

- ¿Y por qué me lo preguntas a mí? Lo más normal es que se lo preguntases a ella.

- Se lo hemos medio insinuado, pero ha evitado la conversación y ha cambiado de tema... eso es un poco extraño porque...

- Pues conmigo no cuentes...

- ¿Qué?

- Que si quieres saberlo, le preguntes a ella.

- ¡Ah!- Gritó de repente Sakura.

- ¿Qué te pasa?

- No, nada.- Dijo mientras salía de la cocina.

Lo ha había pasado es que había notado la presencia de una carta, pero quería confirmarlo. Kero se lo afirmó y le dijo que era la carta de la nieve. Mientras en otra casa Ai notó como sus padres descubrían la carta, y también ellos iban a ver como la atrapaban.

Todos se reunieron en el parque: Sakura, Shaorán, Tomoyo y Meiling y por su parte escondida... Ai y Kero (Kerito). Y comenzó todo, una gran ventisca de nieve comenzó a atacar a Sakura y a Shaorán y ellos la esquivaban.

- Kerito, tenemos que ayudarles o la carta les hará daño.- Decía Ai preocupada.

- Ni hablar, ellos se las pueden apañar, recuerda que no debes intervenir.

- Pero...

- ¡Shaorán! ¡Vámonos de aquí! Si no lo hacemos la carta puede dañar a Tomoyo y a Meiling. ¡Sube!- Dijo Sakura mientras se posaba al lado de Shaorán y le ofrecía su mano para que subiese a su báculo.

Éste en un principio se mostró algo receloso pero al final subió y ambos se marcharon con Kero, obligando a Ai y su Kero (Kerito) a seguirles con vuelo de una forma discretita. (A PARTIR DE AHORA AL KERO DE AI LO LLAMARÉ KERITO Y AL DE SAKURA PUES KERO) Ambos podían ver como Sakura, Kero y Shaorán, hacían piruetas por el cielo esquivando los ataques de la carta, así hasta que llegaron al templo de Sukimine. Mientras Ai y Kerito se quedaban en la rama de un árbol, Shaorán, Sakura y Kero lo hacían en el marco de la entrada.

- ¡Ah!- Gritó Sakura.- ¡Mi reloj! ¡No está!

- ¿Qué te pasa Sakura?

- Mi reloj, lo he perdido.- Dijo mientras le entraban una terribles ganas de llorar.- y Yukito me lo ha regalado hoy y lo he perdido.- Entonces levantó la mirada enfadada.- ¡Me tienes harta! ¡Por tu culpa he perdido el reloj que me regaló Yukito por mi cumpleaños!

Sakura cogió una carta y la invocó con mucha furia. Era la carta fuego y casi churrasca a Kero y a Shaorán, que se asustaron ante esta reacción. Fuego venció a nieve y ésta fue a parar a manos de Sakura que se puso a llorar y Kero se escaqueó dejando a Shaorán con Sakura.

- ¡Vaya carácter!- Dijo una sorprendidísima Ai.- Y ahora se pone a llorar, pero si tía Kaho me dijo que siempre estaba alegre...

- Tu madre tenía una gran facilidad para ponerse a llorar cuando se veía en problemas, pero siempre demostró tener mucha fuerza interior. Además que tu padre siempre conseguía que dejase de llorar. Ahora verás.- Le dijo Kerito.

- No llores.- Dijo Shaorán a Sakura que estaba apoyada en la entrada del templo.- Te ayudaré a buscarlo. Te ayudaré a buscarlo y no me iré hasta que lo recuperes.

- Shaorán.- Dijo Sakura con una sonrisa lacrimógena pero dejando de llorar.

- ¡Anda! Pues es verdad. Ahora sí que se parece a papá.

- Hola.- Dijo una voz dentro del templo.

- Señorita Mitzuki.- Dijeron ambos niños.

- ¿Qué está haciendo aquí?- Le dijo un desconfiado Shaorán.

- Solo he vendo a devolverle algo a Sakura.- la miro y sonrió.- Vaya, que traje más bonito llevas. - La niña se avergonzó.- Toma. Lo has perdido ¿verdad?

- ¡Mi reloj! ¡Es mi reloj!- Dijo ella muy contenta.- Pero... ¿Cómo sabía que era mío?

- Me lo ha parecido. Bueno ahora deberíais volver, es tarde y mañana hay clase. Hasta mañana.- Dijo entrando en el templo.

Sakura sonrió y Shaorán la miró con desconfianza, pero ambos se fueron. Entonces Ai y Kerito se bajaron del árbol y miraron en la dirección en la que se habían ido ambos, y sonrieron.

- Te esperaba.- Dijo una voz tras ella.

- ¡AHHH!

- No te asustes, soy yo.- Dijo la voz mostrándose.

- Se... señorita Mitzuki.- Dijo Ai mientras intentaba esconder a Kerito.

- Ya lo he visto así que no lo escondas.- Dijo con una sonrisa, mientras Ai volvía a soltar a Kerito.- ¿Quien eres realmente?

- Lo... lo siento, no se lo puedo decir.

- ¿Por qué no? ¿Por qué puedes alterar la historia?- La niña la miró asustada.- Si es así, ¿por qué has venido?

- No... no puedo decírselo.

- Hazlo, después de todo ella no intervendrá ¿verdad?- Dijo Kerito.

- No lo haré.

- Júralo- Le insistió el animalito.

- Lo juro.

- He venido a conocer a mi madre,... cuando era niña.

- ¿A tu madre? ¿Quieres decir que tu madre es...?

- Sí, su madre es Sakura, y Shaorán es su padre.

- ¿Shaorán? ¿Shaorán Li? ¡No me lo puedo creer!- El asombro de la maestra iba en aumento.- ¡Por eso te apellidas Li! ¡Claro!

- Pero por favor, no les digas nada.

- Me tratas con mucha confianza....

- Es... es que... somos amigas.- Dijo intentando no revelar el pequeño detalle de que era su tía.

- bueno Ai, hasta mañana, y no te preocupes que no diré nada.

Kaho volvió a entrar en el templo y Ai, y Kerito se fueron a la casa, donde comenzaron a prepararse para dormir. Ya estaba la niña por apagar la luz cuando Kerito saltó con una pregunta repentina.

- ¿Y qué te han parecido tus padres, Ai?

- ¿Qué?

- Pues eso.

- Bueno... por lo que he visto, mamá se parece mucho a lo que me explicaron, es muy alegre y dulce, aunque tal vez demasiado inocente...

- Pues como tú, ¡si en eso sois iguales y...!- Se calló al ver la mirada de la niña.

- Mamá me ha agrado mucho... pero papá, lo encuentro muy... muy diferente. Lo veo más seco y más reservado además de muy desconfiado. Sinceramente, no lo entiendo, aunque sí me he dado cuenta que mamá ya le gusta aunque sea un poquito.

- Si, en eso te doy la razón. Y no te creas que ese era o mejor dicho es el carácter de tu padre, lo que pasa es que tu madre lo cambió, y lo hizo tal y como tú lo conoces.- Miró el reloj.- Es muy tarde, mejor vamos a dormir.

- Vale, pero mañana te quedas aquí.

Apagó la luz y se quedó dormida rápidamente, y una voz se escuchó por la habitación que estaba en completo silencio.

- Disfruta tu deseo, mi niña. Disfrútalo y conóceme bien.

Al día siguiente, la pobre Ai se durmió (como era su costumbre jejejeje) así pues casi no le dio tiempo para arreglase e irse. Iba lo más rápido que pudo cuando se encontró con otra personita que también llegaba tarde.

- ¡Sakura!- Dijo asombrada.

- ¡Ai! ¿Tú también llegas tarde?

- Se ve que sí.- Rió.

- Yo es que me he dormido de mala manera; ya mi hermano se ha ido...

- ¿Tienes un hermano?- (REALMENTE CUANDO QUIERE PUEDE HACERSE BIEN LA DESPISTADA).

- Sí, si además tú lo conoces...

- Lo dudo, no conozco a casi nadie. Tan solo hace un par de días que llegué.

- Mi hermano se llama Touya.

- ¿Touya? ¿Un chico de unos dieciocho años, alto, de pelo castaño, ojos marrones y...?

- Bastante gruñón y que le gusta hacer enfadar a los demás. Sí, él.

- ¡No lo sabía!

Ambas llegaron justo cuando tocaba el timbre de la escuela, y por los pelos que no llegan tarde. Como se reía Tomoyo al ver a las dos tan apuradas para no llegar cuando las clases hubiesen empezado, aunque a Sakura no le hubiese importado cuando recordó que clase había a primera hora. ¡Matemáticas! ¡Sí que tenía mala suerte! Pero mientras Sakura se quejaba, Ai se puso realmente contenta. ¡Matemáticas! ¡Que suerte que tenía! ¡Le encantaban!

- Parece que te gustan mucho las matemáticas ¿no Ai?- Preguntó Tomoyo en el descanso.

- Sí, me gustan mucho. ¿A ti te gustan Sakura?

- Sakura las odio.- Dijo Shaorán.- Le desagradan mucho.

- Pero a ti si que te gustan.- Dijo Ai muy segura.

- Pues... sí. Me gustan mucho. ¿Cómo lo sabes?

- ¡Ah! Pues bueno... me lo ha parecido.- Rió la niña.- "Casi lo estropeo... si supiese que me gustan las matemáticas porque a él le gustan mucho..."

- Sakura, Tomoyo, Ai, ¿Qué tal si luego vamos a tomar algo?- Dijo Meiling ilusionada.

- Yo no puedo.- Dijo Sakura.- Luego tengo ensayo.

- Yo tampoco, luego tengo que ir a la coral.

- Pues... yo tampoco puedo.- Dijo Ai.- También tengo club.

- ¿Club? ¿A cual vas?- Dijo Sakura.

- A... a la coral.- Repuso Ai muy bajito.

- ¿A qué?- Dijo Meiling.

- A la coral.- Dijo todavía más bajito y muy roja.

- Oye, perdona... pero es que no te hemos oído.- Dijo Mei

- A la coral.- Dijo todavía muy bajito.

Pero esta vez sí que alguien la entendió, la siempre atenta Tomoyo, que al ver que no había forma de entender lo que decía optó por leer al mismo tiempo los labios de la avergonzada Ai. (Y DIGO YO SI LE DA TANTA VERGÜENZA PARA QUE SE APUNTA)

- ¿La coral? Así pues estaremos juntas ¿no?- Le preguntó con una sonrisa que a Ai le recordó a su querido Reiko. (NORMAL PARA ALGO ES SU MADRE).

- Sí.- Dijo ella.- "Como se parece a Reiko, esos gestos y esos pequeños detalles... se nota que será su madre..."

Tuvieron que volver a clase y en lo único que Ai pensaba era que tal vez no debía haberse apuntado a la coral, (DESPUÉS DE TODO ERA TAN VERGONZOSA COMO SUS PADRES), no era lo mismo cantar en su tiempo donde todo el mundo ya sabía que cantaba bien, a cantar en esta época... seguro que todo el grupo se la quedaría mirando y a ella eso ¡Le daba mucha vergüenza!

¡Ring, ring, ring! El timbre que señalaba que las clases habían acabado la sacó de sus pensamientos... le entró miedo, mucho miedo ¿Pero que estaba haciendo? ¡Ella no era como Reiko! Además que no tenía una voz tan bonita como la suya... Se estaba planteando la idea de salir corriendo cuando delante de ella aparecieron los ojos de Tomoyo.

- No te preocupes... no te vamos a morder.

- ¿Qué?

- Estás asustada. Tranquila, ya verás como lo haces muy bien.

- ¿Pero cómo...?

- Tomoyo es muy observadora.- Dijo Sakura con una sonrisa.- Además tiene una voz muy bonita.

- Sí, pero no tanto como la mía.- Dijo Meiling muy orgullosa.

- ¡Ya cállate, Mei!- Dijo Shaorán.- La de Tomoyo es mucho mejor que la tuya.

Tomoyo le alargó la mano y sonrió de una forma tranquilizadora, tal y como Reiko habría hecho y tal vez por eso se la dio y fue con ella a la coral. Mientras tanto Shaorán, como Meiling, como Sakura pensaron en ir a escuchar a Ai.

Allí estaban Shaorán y Meiling, escondidos, para que Ai no los viese espiando y al poco rato llegó Sakura con su uniforme de animadora, lo que hizo que Shaorán se sonrojase, y se les unió.

- ¿Ya han comenzado?- Preguntó muy bajito.

- Todavía no.- Le contestó Meiling en el mismo tono de voz.

- Así que tu eres Ai Li.- Decía la profesora.

- Sí, señora.

- Veamos ahora vamos a probar tu voz para ver de que clase es. ¿De acuerdo?

- S... Sí.- Dijo ahora asustada.

En ese momento se topó con los ojos de Tomoyo, que por un momento le parecieron los de Reiko y tomó confianza. (YA SE QUE ME REPITO MUCHO CON REIKO, PERO ES QUE QUIERO QUE QUEDE CLARO QUE TOMOYO SE PARECE MUCHO A SU HIJA O VICEVERSA). La profesora se sentó a tocar el piano y empezó a sonar una melodía que enseguida identificó, era una de las canciones que le enseñó tía Tomoyo. Tomó aire y comenzó a cantar con una voz tan dulce y bonita como la de Tomoyo.

Todos la miraron admirados, tenía una voz preciosa, incluso Tomoyo parecía estar en las nubes escuchándola y tuvo que esforzarse para no unírsele y cantar con ella. A fuera los chicos estaban muy sorprendidos, eran incapaces de decir ni una palabra.

- Tiene... tiene una voz preciosa.- Dijo Sakura rompiendo el silencio.- Tan bonita como la de Tomoyo.

- Sí.- Dijo Shaorán.- Tienes razón, es muy bonita.

Ai seguía cantando, había cerrado sus ojos y se imaginaba que estaba en su tiempo, que la que tocaba el piano era la señorita Natsuko y que Reiko esperaba para cantar su estrofa. Así terminó de cantar.

- Tienes una voz muy bonita, Ai. Realmente bonita.- De dijo la profesora. - Tomoyo ¿ Qué te parecería que en el próximo recital cantaseis las dos? Una estrofa cada una y otra a dúo.

- ¡Me encantaría!

- Pero...- comenzó Ai nerviosa.- Seguro que hay otra persona que lo pueda hacer... no creo que yo...

- Tonterías.- Dijo una compañera.- Tienes una voz muy bonita, eres la persona perfectas para acompañarla.- Ai deseó que la tierra se la tragase ¡Que vergüenza!