Capitulo 3

Pasaron varios días y esa tarde se sentía muy tranquila, los exámenes habían pasado y por fin en aproximadamente un año tendría una tarde libre, casi no conocía la ciudad y era un buen momento para hacerlo, sin pensárselo más salio del domicilio de sus padres al medio día de visitarlos, dispuesta a pasear por las concurridas calles.

Carteles anunciando a los Cazafantasmas la distrajeron de su plan original y casi sin darse cuenta estaba parada frente a la antigua estación de bomberos, actualmente las radiantes instalaciones del cuartel central de los cazadores de espectros un bonito cartel de un fantasmita encerrado en un circulo de prohibido marcaba el lugar.

La puerta estaba entreabierta y curiosa se dejo llevar, el garaje estaba vacío y al fondo se escuchaba el teclear continuo, una secretaria atendía llamadas telefónicas y escribía los datos en la computadora.

—Buenas tardes señorita— tímida se dirigió a la secretaria que la miró de reojo sin dejar de escribir datos –busco… busco…— no se animaba a hablar más de lo necesario, no podía confiar en ella, nerviosa miró a su alrededor, un largo tubo cromado bajaba del segundo piso, evito reflejarse en él –busco al profesor Stantz— trago saliva esperando que la secretaria le dijera que estaba equivocada y la pusiera de patitas en la calle.

—Ray salio— contestó con gracioso tono apático la secretaria –si quiere esperarlo puede tomar asiento— le señalo con la vista una pequeña sala de espera tras un modulo de madera –en un segundo estoy con usted—

Sy se asomo al lugar, verifico que nada reflejara su imagen y entró tratando de lucir tranquila, a los pocos minutos la secretaria entró con una taza de té que le ofreció.

—soy Jannine, ¿en que te podemos ayudar? ¿Tienes fantasmas en casa? ¿Alguna maldición por parte de una compañera envidiosa?— recito sin respirar haciendo sonreír a la muchacha.

—yo… fui alumna del profesor Stantz y solo quiero saludarlo— sonrió amigable dando un trago a su té.

—¿de la universidad? ¡Vaya!— Jannine se sentó a su lado –y dime ¿Cómo es Egon como profesor?— la miro confidente, esperando respuesta.

—Egon… no tuve clases con él, solo conocí al Doctor Stantz— contestó y en ese momento se dejo oír una sirena escandalosa haciendo saltar a Jannine de su sitio.

—espera aquí— amable le indico que no saliera del cubículo –no sabemos en que condiciones llegan— y salio dejándola con la duda.

¿Condiciones? ¿Acaso atrapar seres etéreos era peligroso? Escucho a la secretaria avisando de la presencia de una visita y fuertes pasos hacia el cubículo, el Doctor Venkman saltó el pequeño barandal de madera buscando con la vista a alguien, hasta que se topo con el rostro de la chica, Peter estaba sucio, lleno de una sustancia transparente con olor a vomito y leche cuajada que escurría todavía de su cabello.

—¿tu eres quien nos esperaba?— preguntó algo desilusionado, Sy asintió –mmm..., supongo que vienes a ver a Ray – de nuevo la chica asintió.

Ray llegó detrás de su compañero, sonrió al verla y entró al cubículo.

—creo que hago mal tercio— farfullo Peter y salio dejándolos solos —¡Aguarda Egon, yo quiero almacenar a este desgraciado!—

—Hola— saludó tímidamente –espero no ser inoportuna—

—En lo absoluto— Ray se veía tan distinto, el uniforme era solo un overol con un par de escudos, entre ellos su apellido, nada que ver con el profesor de corbata medio desaliñado.

—vine… yo…— ¿por donde empezar? – Supe que tuvieron que dejar la uni—

—si, problemas administrativos, pero como puedes ver no nos va tan mal— sonrió señalándole las instalaciones –tenemos más libertad para trabajar— retiró de su frente un extraño visor con lentes graduables depositándolo en el escritorio.

—genial— susurró ella –pero… — respiro profundamente –vine a explicarle eso que quedó pendiente profesor—

—deja de llamarme así, finalmente ya no lo soy, solo dime Ray— se sentó a su lado –y si, tenemos algo pendiente sin embargo me gustaría pedirte algo muy especial— Sy lo miro fijamente, esperando lo que ya sabia –me gustaría que los doctores Spengler y Venkman nos acompañen, ellos nos van a ayudar a saber que sucede—

—¿les hablo sobre la epk que detecto?— Ray asintió y Sy suspiro – ok, si van a ayudarme…adelante—

—Jannine prepara mucho café, lo llevas al laboratorio— ordeno Stantz a la secretaria mientas guiaba a Sy fuera del cubículo — ¿has tenido experiencias extrañas últimamente?—

—si— respondió ella mientras entraban al laboratorio, una serie de aparatos con pantallas, cámaras, cables, controles la apabullaron por un momento, Venkman salía de una habitación con el cabello mojado y ropa limpia, Egon hacia anotaciones en una libreta.

—Señores, les presento a…— la miro interrogante, había olvidado su nombre.

—soy Silvana Torres— contesto ella y Ray continuo

—Era mi alumna en la universidad, fue en ella que detecté la fuerte emisión de epk con el medidor— Spengler ahora si interesado dejó lo que hacia y se acercó –Silvana dice que ha vivido eventos sobrenaturales últimamente—

—yo… desde hace tres años tengo adherido a mi a un demonio… o lo que sea, aun no lo he descifrado— soltó de golpe, después de tanto tiempo de aguantar gritarlo, era algo que ni siquiera sus padres sabían.

—si, un demonio o lo que sea— intervino Peter incrédulo –lo siento niña no te ofendas, pero sabrás que diario recibimos a decenas de locos buscando ese tipo de atención— y visiblemente fastidiado siguió secando su cabello con una toalla.

—lo importante Venkman, es que el medidor detecto esa energía mucho antes de Silvana nos dijera nada sobre esa entidad— replico Ray –discúlpalo, es el psicólogo del grupo y a veces siente que sabe más que todos—

—entiendo perfectamente su postura Doctor Venkman— respondió Sy respetuosa –pero creo que pocos chiflados le muestran cosas así— y sin más descubrió su brazo derecho, retiró la muñequera y una horrible marca en la piel latía como si estuviese viva eran tres líneas como si hubiesen sido marcadas con una garra ardiente – ¡llevo tres años cargando esto, tres años soportando el dolor, soportando sus manifestaciones y por más que investigo no se que demonios sea!— gimió ya sin aguantar las lagrimas.

—increíble— murmuró Egon —¿es una cicatriz?— tocó con cuidado la piel palpitante que reacciono ante el toque replegándose.

—tal vez— respondió Sy tragando las lagrimas –a veces reacciona como ahora que lo toco, he puesto desde ungüentos que no hacen nada, agua bendita que causa un dolor terrible, cenizas de un templo hindú, humo de incienso en un templo budista que solo ocasionaron dos noches de pesadilla— suspiro –es algo diabólico, estoy segura—

—¿puedo?— sin contener su curiosidad Egon alcanza desde un estante el famoso medidor y lo enciende después de que la muchacha da su aprobación, en ese momento no marca absolutamente nada, un silencio pesa sobre la habitación mientras que ella aguarda nerviosa algún ruido pero no pasa absolutamente nada.

—les dije— concluyó Venkman con tono de burla saliendo del lugar.

—Te juro que midió niveles muy altos en el salón de clases— insistió Ray a Egon que no decía nada.

—¿no me cree verdad?— nerviosa la chica se puso de pie, respiro profundo y se dirigió a Ray –necesito un espejo—

—¿espejo?— Ray no entendió de momento, sin embargo Egon lo supo en ese instante.

—te creo, no debes de dar ninguna muestra, podemos hacerte pruebas sencillas y menos agresivas que… — Sy lo interrumpió, estaba cansada de los juegos de "eso", que no pudiera vivir normalmente porque "eso" intervenía en el momento menos esperado.

—un espejo por favor— insistió, las manos le temblaban y la frente estaba perlada de sudor –se a lo que me arriesgo pero necesito terminar con todo—

Ray salio del laboratorio y volvió con un espejo mediano que apoyo en una de las mesas.

—pase lo que pase, no dejen que me lleve— suplico y quitándose la sudadera dio un paso al lado del espejo que comenzó a sacudirse, la superficie plateada ondulaba como mercurio liquido dejando ver poco a poco una luz naranja.

No tuvieron tiempo de bajar por el equipo de protones, ni siquiera tenían una trampa a la mano, eran simples mortales siendo testigos de un evento sobrenatural poderoso, del que eran casi incapaces de hacer algo para detenerlo.

Las respuestas a muchas preguntas estaban ahí, frente a los dos científicos que en sus mentes analíticas no podían procesar algo tan simple y a la vez tan increíble… la existencia del infierno como un sitio real y visible.

El espejo dejaba ver una zona devastada, como si hubiesen explotado miles de bombas, un incendio eterno sobre la tierra calcinada, algunas grietas en la superficie vomitaban lenguas de fuego y frente a ellos un ser espeluznante gruñía furioso, buscaba la manera de salir del espejo, siluetas encorvadas se retorcían detrás de él arrastrándose directo a la ventana que se abría en ese momento como si se tratara de aluminio fundido.

Sy controlaba su terror y sin embargo su cuerpo se sacudía en temblores, las lágrimas corrían por sus mejillas y lentamente tendió la mano hacia el espejo provocando en el demoniaco ser una torva sonrisa, éste imito el movimiento y poco a poco la garra ardiente salia del espejo inundando el ambiente con un olor pestilente, de muerte, podredumbre y azufre.

La garra estaba a milímetros de tocar a la joven que no podía desviar la mirada, los aullidos provenientes del averno resonaban en todo el lugar, Jannine y Peter estaban en el dintel de la puerta, ella aterrada, el asqueado.

—¡deténganlo por favor!— chillo la secretaria segura de que si el monstruo tocaba a la muchacha la llevaría con él, Peter desapareció volviendo de inmediato con su equipo de protones zumbando, dispuesto a destruir al monstruo.

—¡no Peter!— grito Egon dando un paso, tomo por los hombros a Sy encarando directamente al ser que rugió algo ininteligible, la garra desapareció y Ray cubrió de inmediato el espejo con la toalla abandonada de Peter.

Silvana se desvaneció.

El silencio flotaba en el laboratorio, Jannine aun temblando pasaba un paño húmedo por la frente de la joven que se cimbraba afiebrada tumbada inconciente en el sofá, Peter fumaba en un rincón furioso de no haber podido destruir al monstruo, Egon y Ray sentados frente a frente en la mesa de trabajo, Egon con la muñequera en sus manos como si ésta pudiera darle tanta información que necesitaba.

—Lo mejor es tenerla aquí— opino Ray después de un tiempo en silencio –podremos hacerle todas las pruebas necesarias y quizá encontrar algo para liberarla—

—no es una simple posesión Ray— la confusión era obvia en Egon –ese no era un demonio común— se levantó de golpe furioso de no entender lo que sucedía —¡no es un demonio! ¿Qué es entonces?— de un estante tomo un grueso y viejo grimorio.

—¿estará registrado en la guía Tobin?— Ray se acercó a su compañero –de ser así…—

—no esta— murmuro Egon cerrando de golpe el viejo libro –nunca nos habíamos enfrentado a algo así— estaba enojado, frustrado, tal vez algo asustado.

—¿Qué viste?— le cuestiono Ray –digo, estuviste frente a eso, rugió cuando te vio—

—vi lo mismo que tu y escuché lo mismo— respondió mecánicamente, eso escapaba a la lógica, a su fría capacidad de deducción –necesitamos saber como llego eso a su vida— miro a la muchacha con compasión, ellos solo lo vieron aproximadamente un minuto y no podían superarlo, el cabello blanco de Sy evidenciaba encuentros frecuentes y aterradores.

–En cuanto despierte llámenme, voy al departamento de Dana— y sin decir otra cosa salio del lugar mientras el cuarto integrante del equipo volvía con bolsas de comida china.

—¡hola, llego la cena!— saludo Winston cuyo animo se fue al suelo en cuanto se percató del pesado ambiente —¿me perdí de algo?—

En cuestión de diez minutos lo pusieron al día, comieron sin ganas y Jannine se despidió al terminar su jornada, realmente impactada por lo vivido, Sy no despertaba.

—¿esta bien?— por enésima vez Ray preguntaba a Egon que revisaba los signos vitales de la chica.

—si— suspiro –solo es agotamiento, es probable que lleve varias noches sin dormir adecuadamente—

—deberíamos hablar con sus padres— cambio el tema Winston, no le gustaba tener esa responsabilidad, si era evidente que la niña necesitaba ayuda urgente, pero también estaba conciente de que podían acusarlos de secuestro, de drogarla, de tantas cosas vistas y vividas en su revoltosa juventud..

No fue difícil obtener el numero paterno, habían dejado conocidos en el campus y en menos de cinco minutos hablaban con los padres de Silvana.

Violeta y Mario llegaron cuarenta minutos después de la llamada, ella hecha un mar de lágrimas y él nervioso, sin saber con que se encontraría.

Tras llevarlos con la chica que dormía profundamente se sentaron a hablar, eran las doce treinta de la noche cuando Peter se les unió, sin embargo no dieron muchas luces sobre como comenzó todo el problema, solo les hablaron de la fobia de la muchacha con los objetos reflejantes, los rasguños y heridas que le salían en el rostro, los aullidos bestiales que hacían temblar la casa ciertas noches, el cambio de una estudiosa joven alegre y divertida a una niña genio retraída después de una fiesta familiar.

Se encontraban decidiendo sobre que medidas tomar, si los padres autorizaban que permaneciera en el cuartel general cuando Sy despertó.

—¿Qué hacen aquí?— preguntó adormilada, como si nada la hubiera dejado desfallecida en brazos del doctor Spengler.

—te desmayaste y tuvimos que buscar a tus padres— le informo Egon –estudiamos la posibilidad de que te quedes con nosotros un tiempo—

—¿quedarme? No… no lo creo— respondió nerviosa –tengo que ir a clases –miró a su madre buscando apoyo – mamá di que no puedo quedarme— suplico

—nena creo que sería lo mejor— respondió Violeta – ellos creen que pueden ayudarte— intento sonreír pero solo logro dejar escapar unas lagrimas.

—vas a estar bien, te lo prometo— intervino Ray –podemos organizarnos para llevarte a la universidad y pasar a recogerte—

—pero… va a ser muy costoso— insistió Sy arrepentida de haber acudido a ellos –es decir… solo quiero saber que pasa, no ser conejillo de indias—

—nena no te preocupes por los gastos— Mario intento sonreír para darle confianza –tenemos intacto el fondo universitario y le sumamos tus becas… no hay problema—

—¿no quieres terminar con todo esto nena?— Violeta insistió –los doctores van a ayudarte mi niña—

—dudo que sea tan simple— rezongo viendo que su brillante idea no brillaba tanto después de todo.

—me imagino que es la entidad quien te hace dudar— replico Egon –aunque no sea una posesión, eso puede influir en muchas de tus decisiones—

—ok que mas da— respondió derrotada –necesito ir por mis cosas— informo dejándose caer en el sofá donde minutos antes durmiera.

—en cuanto amanezca te acompaño— sonriendo amable Winston se ofreció y Sy acepto encogiendo los hombros – necesitamos entonces sus firmas aprobando todo esto— ahora hablaba con los padres de la chica.

El cambio en su rutina fue muy obvio, sobre todo cuando llegaban por ella a la universidad corriendo en el Ecto—1 sonando la sirena a todo volumen, sujetándose de donde pudiera dentro del vehiculo que chirriaba las llantas para acudir a un llamado urgente, esperarlos dentro del auto adelantando apuntes o leyendo, llegando a la central con un objeto llamado "trampa" que soltaba un vapor apestoso.

En cuanto se encontraba en "casa" comía junto con Jannine, resulto ser una buena compañera de comidas, charlaba hasta por los codos y le hablaba maravillas del Doctor Spengler que conforme pasaban los días dejaba de parecerle un nerd engreído, algunas veces lo sorprendía con una discretisíma sonrisa en sus delgados labios por cualquier bobería que ella decía o tomando notas interesado en las preguntas que a la muchacha le parecían ridículas.

Por lo regular al terminar de comer y hacer sus tareas la llamaban al laboratorio, le conectaban cables, le colocaban aparatos desconocidos, le tomaban video y fotografía, incluso Peter se daba un tiempo para hacerle test psicológicos; si corría con la suerte de que no les interrumpieran con un llamado Raymond y Egon pasaban horas analizando hasta los más insignificantes detalles en las graficas, la involucraban aún más enseñándole el significado de esos números, con algunos experimentos logró incluso dominar más ese temor que le inculcaba el descarnado ser.

Solo con dos semanas de convivir con ellos se dio cuenta que finalmente había encontrado el lugar donde encajaba, finalmelte no era un conejillo de indias les ayudaba en sus investigaciones; disfrutaba las veladas ya fuera con Egon o Ray charlando sobre libros, grimorios, pergaminos, leyendas; disfrutaba visitar la biblioteca para buscar información ya fuera sobre su caso o ayudarlos con las pesquisas históricas en sus cacerías, durante la cena les daba un resumen sobre lo encontrado, incluso Winston participaba interesado en esos pequeños debates.

El ser aparentemente se había percatado de la protección que ahora disfrutaba Sy pues la actividad paranormal que la rodeaba había disminuido bastante, y según Ray estaban a punto de inhabilitarlo con un invento que estaba desarrollando.

—Mi teoría es que un campo electromagnético perfectamente calculado puede detener o minimizar las capacidades de la entidad que te molesta— informó a la muchacha mientras soldaba cables en una placa metálica adherida a un traje de spandex –si esta correctamente graduado…podrás tener un cierto nivel de vida normal— sonrió esperando felicitaciones.

—¿y como sabrás si está bien calibrado?— preguntó curiosa desviando la vista de la guía Tobin que le habían prestado.

—lo sabrás si no terminas convertida en asado— respondió muy serio Egon desde su mesa de trabajo haciéndola reír –es en serio— murmuró sin dejar de trabajar.

—si, te creo— comenzó de nuevo a reír, después de que "eso" entrara en su vida no sonreía siquiera, pero esas semanas junto a tan poco comunes científicos reía incluso más que cuando era chiquilla.

—como sea, si no lo ajustas bien termina frita Ray— insistió molesto de que se tomara a broma su teoría –hay que hacer pruebas con ello antes de ponérselo— le preocupaba que algo malo le sucediera a la chica y malo era convertirla en otra entidad ectoplasmica rondando en sus cuarteles.

—no va a terminar frita, quizá un poco de estática en el cabello, eso es todo— despreocupado continuo Ray mientras daba los puntos finales a la soldadura –ten… póntelo— Sy lo miró con un rotundo no en sus ojos castaños.

—pero ¿Cuál va a ser la fuente de poder?— Winston llevaba unas cajas que descargó del Ecto—1 – ¿una batería de auto?— Ray desistió de que la muchacha se probara el traje, lo miraba curioso, como si ya dudara de su trabajo.

—entonces va a terminar carbonizada— insistió Egon –deberías probar primero el traje tu mismo—

—¿Cómo tu trepanación? ¡Olvídalo!— respondió riendo Ray –de ser así, creo que buscamos un voluntario— y haciendo un puchero doblo el traje metiéndolo en una caja plástica.

La charla se vio interrumpida por un nuevo llamado, el equipo comenzó a vestir sus uniformes, Peter subió corriendo las escaleras.

—Llamaron tus padres, quieren que vayas a visitarlos— informo mientras se calaba las botas —¿podrías ir en taxi? Como ves nosotros estamos un poco ocupados—

—¡claro, no soy una bebe!— respondió sonriendo tomando su chamarra, estar cerca de los nuevos y verdaderos héroes de Nueva York la hacían sentir segura, protegida y a salvo de cualquier fantasma de pacotilla.

Salio del edificio después del escandaloso Ecto, detuvo un taxi y en minutos ya estaba en casa platicando con sus padres.

Después de comer, acostumbraban charlar mientras esperaban a alguno de los chicos que fuera por ella, pero la sirena no se escucho aunque ya casi anochecía.

—A veces tienen muchos fantasmas que atrapar— les aviso a sus padres para tranquilizarlos aunque ella misma era un manojo de nervios, parada a un lado de la ventana, viendo hacia la calle, esperando que alguno de sus amigos se presentara.

—Lo mejor es que vayas a dormir hija— recomendó su madre –tu habitación esta intacta—

—si, supongo que mejor me duermo— respondió, ellos no se habían tardado tanto en recogerla, no cazaba con ellos, no tocaba siquiera el equipo de protones por mucho que había suplicado a Egon y a Ray, Winston ni siquiera la dejaba bajar sola al sótano donde se encontraba el sistema de almacenamiento y Peter aunque era gracioso no platicaba mucho con ella, pero siempre habían pasado a recogerla, sabían que podría pasar si esa cosa que la perseguía la encontraba indefensa, sobre todo ahora que ese ser había visto al equipo protegerla.

Subió a su habitación arrastrando su mochila, llevaba apuntes de teorías que compartía principalmente con Egon y Ray, al parecer además de ser sus ángeles guardianes eran abiertos a hablar con una tonta niña genio, aprendía mucho de ellos y sus infantiles sugerencias los hacia pensar en más posibilidades.

Comenzó a revisar los últimos apuntes, datos y estadísticas que por hobbie llevaba junto con Spengler, era casi la una de la mañana cuando se dio cuenta de que las cosas estaban cambiando, la oleada de eventos paranormales se había incrementado.

—"y no sabes cuanto"— susurro una voz sibilante y aguda en su oído, volteo asustada y en la portada de una carpeta plastificada apenas distinguía el deforme rostro del ser que la torturaba –"vamos a ser libres" – siseo y soltó una carcajada que cimbro la habitación.

—¡eso es!— grito y bajo corriendo a la sala, sus padres veían la televisión cuando se sentó marcando desesperada el numero de sus amigos.

—¿Qué pasa nena?— curioso su padre se le acerco, Sy le entregó la libreta tamborileando los dedos nerviosa, la voz de Jannine le tranquilizó un poco.

—Jannine, comunícame con Ray o Egon— le apremió interrumpiéndola —es urgente—

La voz chillona de la secretaria resonó y luego hubo un silencio desesperante.

—¿Qué es todo esto hija?— Mario revisaba los apuntes, las estadísticas —¿Qué tienen que ver los apagones con los fantasmas?— reviso otra nota –y todo esto ¿con revelaciones? ¿La Biblia?—

Sy no le contestó, en ese momento la voz de Egon se escucho en el teléfono.

—¿estas bien?— se escuchaba preocupado.

—Viene algo muy grande Egon… ¿has revisado las estadísticas?— nerviosa le quitó el cuaderno a su padre.

—Precisamente hablaba de ello con los demás, tenemos en puerta un enorme cataclismo – pocas veces lo escuchaba así.

—¿Qué tan enorme?— susurró asustada –porque "eso" me ha dicho algo—

—¿te ataco?— inquieto Egon dejo caer el teléfono porque un golpe resonó en el auricular

—no, apenas pude verlo pero por fin lo escuche— susurro la muchacha pero su padre estaba atento – me dijo que van a ser libres—

—solo podemos compararlo con el Apocalipsis— respondió en voz baja, tal vez no quería asustar a Jannine

—¡ay Dios!— respondió asustada –Egon voy para allá—

—no… quédate en casa, tenemos muchas llamadas y no sería prudente dejarte sola, además…— Se interrumpió y escuchó voces del otro lado de la línea

—¿Qué pasa?— la mataba la curiosidad y el miedo, escucho la voz de Jannine

—Tengo que irme— respondió Egon –la policía está aquí— y colgó sin más.

¿La policía? ¡La policía! Definitivamente tenia que estar ahí, no era cazafantasmas, no tenía sus conocimientos o experiencia, pero eran sus únicos amigos en el mundo, eran las únicas personas en el mundo que sabían su secreto y le habían apoyado, al menos debía estar ahí para lo que necesitaran, aunque fuera prepararles café o mantener las líneas telefónicas libres ayudando a la secretaria.

Nerviosa dio un par de vueltas por la sala, sus padres la miraban curiosos y los sorprendió cuando tomó la decisión de salir.

—Papi ¿puedes prestarme el auto?— pregunto deteniendo su loco ir y venir –tengo que ir a…— la interrumpió el timbrar del teléfono —¿diga?— contestó de inmediato.

—Sy, soy Jannine— informo la inconfundible voz –la policía trajo a un tipo muy extraño, Egon me pidió que te llamara, dice que debes quedarte con tus papás—

—¡no, Jannine tengo que ir!— insistió

—Egon me dijo que te explicara que tenemos un hombre extraño que dice ser Vinz Clortho, vive en el mismo edificio que la novia de Venkman— suspiro— dice que sabes donde y que buscar; estamos esperando a Ray para averiguar más— respiró con fuerza –por favor quédate en casa pues no sabemos que está sucediendo, nosotros vamos a estarte llamando—

—pero Jannine— insistió

—Son ordenes de Egon, lo siento— y colgó, Sy se dejo caer derrotada en el sofá.

—¿nena?— preocupada por el semblante angustiado de su hija, Violeta se acerco y le tomo la mano

—Algo va a pasar— susurro y salto corriendo a su dormitorio, el nombre… ¡lo había leído en algún lado!

Rebusco en los apuntes de otra libreta, se había aventurado a hacer una nueva recopilación de los nombres y datos que aparecían en la guía Tobin con la idea de publicar una reedición, ese nombre le era familiar.

Vinz era un demonio ¿Qué hacia en New York? Si, era una ciudad altamente violenta pero… que un sirviente de… ¡el destructor!... no, era una locura, algo imposible.

—¡mamá, papá deben abandonar la ciudad!— les avisó alarmada entrando de golpe a la habitación paterna donde se preparaban para dormir, en su preocupación se olvido de cubrir los espejos y el monstruo apareció de inmediato.

Un rugido ensordecedor se dejo escuchar, Violeta y Mario nunca lo habían escuchado tal cual, mucho menos verlo, pero no estaba solo, una docena de lo que parecían haber sido personas en un pasado, se arremolinaban detrás de él, gritaban y rugían buscando salir del espejo.

—"nunca lo van a detener"— rugió – "Zuul y Vinz son indestructibles"— la profunda risa hizo temblar los cristales – "y vamos a ser libres, libres para destruirlos"— señalo con la garra a los padres de Sy –"El amo, el Destructor los va a aniquilar subcreaturas, ¡y tu volverás a mi lado!"— sentenció con furia mirando directamente a Silvana –"en el lugar al que perteneces"—

Violeta en un impulso lanzó hacia el espejo la lámpara de noche, estrellándolo en miles de pedazos que reflejaban a su vez trozos del monstruo.

Las piernas le fallaron, sus amigos no estaban cerca, si "eso" lograba escapar del espejo. Guardó el equilibro apoyando la espalda en la pared, cerro los ojos "Egon, Ray…dense prisa" murmuro como una oración.

Comentarios.

Silvana es mas que una deshabrida Mary Sue, con el avance de la historia se van a dar cuenta de ello. He estado analizand la pelicula GB1 y hay un salto tremendo de tiempo que no corrigio Reitman (pero quien soy para juzgarlo) aqui he tratado de darle ese mismo tiempo por lo que Zeedmore no tiene el tiempo que dice al alcalde de trabajar con los chicos.