Los días transcurrieron.
Tendo Akane no profundizó su explicación cuando Yuka, al día siguiente, se la exigiera. Para ella todo se debió a una exageración por parte de la peli-azul, debido a aquel maestro suplente que la había bañado en preguntas y acusado por ser el origen de su brillante idea. Sabe, a fin de cuentas, de la inseguridad de su compañera por ello concluyó que no debiera sorprenderle su comportamiento extremista.
El decaimiento de Tendo, sin embargo, perduró lo que restaba de semana. Parecía abatida, pensativa y, los suspiros de arranque melancólico, condujeron a Yuka a una solución que siempre le era práctica, y tal vez, con Akane también funcionase.
Por ello, es que la noche del sábado, Yuka se recargaba en el umbral de la puerta aguardando paciente a que la chica se dignara a dar una contestación afirmativa.
-Será divertido, Akane, ¡Vamos! - le sonreía, en un intento por infundirle ánimos.
La peli-azul permanecía renuente, sin retirar la vista del libro que leía creyendo que así su amiga desistiría y se marcharía.
-Toshiro es un chico estupendo te caerá bien enseguida - comenzó a hablar Yuka- Rika también es una chica estupenda, es graciosa y bastante inteligente, seguro se llevarán bien.
Akane elevó la mirada y la miró imperturbable.
-No estoy de humor para salir, Yuka. Entiende, por favor.
-¡Oh, por favor, Akane! No haces más que amargarte por tonterías- se cruza de brazos, enfadada notoriamente por la contradicción - ¡Eres joven y bella! Y la vida se escapa en estas cuatro paredes, ¿Es que no te das cuenta?.
Akane puso los ojos en blanco y exclamó en voz alta tal y si proclamara: ¡No seas melodramática!.
-¡No soy melodramática! - se defendió entornando los ojos- Sólo quiero que me acompañes, Akane, ¿Es tanto pedir?.
-No iré, Yuka, y nada de lo que hagas me hará cambiar de idea - sentenció decidida.
A Yuka un brillo peculiar le cruzó la mirada.
-No puedo creer que me convencieras - se quejó la chica echando un último vistazo a su atuendo: Unos jeans ajustados, una camiseta color ciruela ajustada también y resaltando por ende las curvas que la definen como mujer.
Su rostro lucía maquillado lo justo para resaltar sus facciones agradables, sin llegar a lo exagerado. Sin embargo, ella jamás reconocería que su visión en el espejo, antes de salir , le había agradado... un poco.
Yuka a su lado, caminaba con seguridad y con semblante serio. Vestía un pantalones claros ajustados y una camiseta negra de escote revelador. Se había ondulado el cabello y maquillado el rostro. Lucía preciosa, según Tendo, quién no podía evitar experimentar cierta sensación desagradable al caminar a su lado...
-¿Ellos son tus amigos? -preguntó la peli-azul achicando la mirada en un intento por divisar con mayor claridad, a las dos figuras que platicaban en la acera a afueras del loca.
-Sí. Tú tranquila, Akane, te llevarás de maravilla con ellos - fueron las palabras de su compañero, quién alzó el brazo para llamar la atención de los otros dos individuos que al verla, saludaron del mismo modo.
Akane forzó una sonrisa.
El ruido del local se escabullía hacia el exterior. A simple vista, parecía un sitio animado y grande, y a juzgar por la cantidad de jóvenes que ingresaba, era seguramente popular.
Llegaron hasta el par de jóvenes. Rika tenía una larga cabellera oscura y ojos castaños, de piel trigueña y bonita sonrisa, despedía simpatía y, según la primera impresión de Akane, parecía bastante locuaz. Toshiro, por su parte tenía un corto cabello castaño, piel blanca casi pálida y ojos color pardo; se le formaban simpáticas arrugas entorno a sus ojos cuando sonreía así como un hoyuelo en la mejilla izquierda.
Tras las debidas presentaciones, los cuatro ingresaron al local.
De inmediato la estridente música llegó a los oídos de Akane, retumbando en su pecho. Muchísimas parejas bailaban animadas en el centro, algunas con movimientos bastante sugerentes según pudo captar la incómoda chica, quién además pudo divisar a algunas cuantas parejas besándose sin mucho recato. Otros bebían a largos sorbos y reían estrepitosamente en alguna mesa. Otros daban tumbos de aquí para allá.
Era un ambiente nuevo para Akane, quién desde siempre aficionada a los libros, se inclinaba por la comodidad de un sofá en la tranquilidad de su hogar, encerrada en la burbuja personal de una película imaginaria en que buen libro podía enfrascarla. Sí... aquel era su ambiente en relación con su modo de ser, muy distinto a aquel en que se encontraba.
Intentaba esconder su incomodidad tras una sonrisa forzada cuando se sentaron en una de las mesas disponibles.
-Iré a pedir algo, chicas, ¿Qué quieren que les pida? - se ofreció Toshiro con una sonrisa.
-¡Yo un vodka! -exclamó Rika entusiasta.
-También yo, y Akane también -se adelantó Yuka.
La peli-azul le dirigió una mirada cargada de desaprobación. No por el trago que había pedido por ella, sino porque ni siquiera se consideró su opinión al respecto.
-Tú me lo pagarás, entonces - le dijo cerca del oído para que pudiera oírla con toda claridad.
La chica torció una sonrisa y asintió extrayendo de su cartera el dinero suficiente para ambos tragos.
Entonces el muchacho se marchó, sorteando parejas y demás individuos en dirección a la barra.
Rika y Yuka entablaron una extraña conversación que inmiscuía nombres y hechos que ninguna relación tenía con Akane, ni con alguien que ella conociera. Por lo que apoyó un codo encima de la mesa y su mano en la mejilla en una actitud de aburrimiento, mientras recorría con la mirada el sitio, captando visualmente a sujetos extremadamente alegres y parejas bastante descaradas... entonces se preguntó por enésima vez, ¿Cómo demonios permitió que Yuka la convenciera?!.
Toshiro volvió al rato con las bebidas, y pronto Akane se vio sosteniendo el vaso de líquido transparente de engañosa similitud al agua, el mismo líquido que la última vez la dejó inconsciente en el bar de su amigo.
"¿Será buena idea?" ; se preguntó desconfiada, se fijó entonces que ya los demás bebían con toda naturalidad y no podía ser que ella no lo hiciera, además Yuka había pagado por su vaso después de todo.
Dio unos sorbos...
Yuka y Rika continuaron su conversación interrumpida, y Toshiro se volvió hacia ella, con una gran sonrisa adornando su rostro, al parecer, acostumbrado a sonreír.
-¡Hola! Akane, ¿Verdad? - la chica asintió - Pareces incómoda, ¿Está todo bien?
Akane lo miró sorprendida por la percepción del muchacho, y él creyó conveniente añadir:
-Te he visto desde la barra y parecías aburrida.
Un leve rubor adornó su rostro, el que gracias a las distintas luces de colores que iluminaban el sitio de forma intermitente, no había sido percibido por el joven.
-No, no estoy aburrida - contestó avergonzada- sólo... sólo pensaba- frunció el ceño y apretó sus labios al finalizar la oración.
-¡Oh! - fue lo único que pudo decir el chico, antes de beber otro sorbo de su vodka- Entonces, ¿Vas en la misma universidad de Yuka?.
-Sí - asintió - y estudiamos lo mismo, así que somos bastante unidas - le sonrió.
Toshiro le sonrió también.
-¿Y tú donde y qué estudiar?
-Estudio medicina, en la universidad de la costa.
Akane abrió un poco mas sus ojos sorprendida y él le dedicó una sonrisa simpática.
-¡Hey, Toshiro! - llamó su atención Rika- Quiero bailar, ¿Me acompañas? - le sonrió y en sus ojos se dio un brillo de ilusión.
El muchacho asintió y le dedicó una última mirada a Akane, antes de levantarse junto a Rika y encaminarse a la pista.
Yuka se volvió hacia Akane con una sonrisa de oreja a oreja.
-Es guapo, ¡¿A que sí?!.
La chica se encogió de hombros y bebió de su vaso con su indiferencia. Era cierto que el chico era apuesto, pero no le interesaba discutirlo con Yuka, porque sabía que ella confundiría sus propias respuestas y la llevaría a un ridículo y absurdo plan para dejarla a solas con Toshiro. Ya bastante bien conocía a su amiga como para adivinar qué reacción le es mas conveniente adoptar con ella.
-¡Vamos! - la animó con una palmadita en el hombro- Es apuesto y Rika me comentó que proviene de buena familia y...
Akane dejó con brusquedad el vaso sobre la mesa con mas de la mitad todavía en su interior, y encaró a su amiga con un serio e intimidante semblante.
-Sé lo que intentas, Yuka, déjalo ya...
-Pero...
-No. No me interesan los chicos en esta etapa de mi vida - le hizo saber.
-Ni en ninguna etapa, Akane - le contestó Yuka, enfadada.
Un joven se cabello pelirrojo y ojos oscuros llegó a la mesa e invitó a Yuka bailar. Ella le dirigió a Akane una mirada dudosa y ella la animó enseguida a que fuera y se divirtiera, que ella estaría bien. Entonces la castaña, aún no muy convencida, se levantó.
-¡¿Segura? - le preguntó evidentemente afectada.
-¡Por supuesto amiga, ve! - la animó todavía más.
Yuka terminó por perderse junto al muchacho entre el montón de parejas que bailaban alocadas en la pista.
Akane respiró hondo. Una desagradable sensación se había instalado en su pecho. Se había quedado sola. Todos sus acompañantes disfrutaban alegremente de la salida, menos ella...
Se sentía fuera de lugar completamente. Nunca debió permitirse llevar por Yuka y sus argumentos. No debió haber acudido, pero es que ¡maldición! La chica en definitiva debió haber escogido leyes como carrera porque el confundir a las personas, el manipularlas para llegar a la conclusión que a ella le sea satisfactoria, es un talento que se le da perfectamente.
Perdió la vista en el licor que sostenía. Tristeza... Tristeza era lo que sentía, una profunda tristeza anidada en su interior que contrastaba con el animado sitio en que se encontraba.
Deseó marcharse, levantarse y marcharse cuanto antes, pero no podía. Sería de mal gusto hacerlo sin avisar a nadie, por demás acababa de llegar. Debía esperar un poco más...
Apretó un poco el vaso. Ahí estaba su solución: Emborracharse.
Así se olvidaría de su molesta sensación de vacío, olvidaría su incomodidad, aliviaría su presente.
-¡Hola! - la saludó un chico que se había sentado delante de ella. Un apuesto muchacho de ojos oscuros y cabello azabache que le sonreía, de piel morena y era bastante delgado.
Akane lo miró con desconfianza.
-¡Hola! - saludó otro muchacho mas que había tomado asiento a su lado. Él tenía un fino cabello cabello castaño claro y ojos oscuros, de piel blanca- Te vimos sola y creímos que sería bueno hacerte compañía - añadió -Yo soy Hide. Mucho gusto. No puedo creer que tus amigos te hayan dejado sola, ¿Sabes? Eso no se le hace a los amigos -negó con el dedo índice- No, no señor, ¡pero no te preocupes! Nosotros te acompañaremos. Te hubiera invitado a bailar - acercó a modo de confidencia- Pero soy pésimo, ¿Sabes? - volvió a alejarse sonriendo -¿Y tú cómo te llamas?.
La chica parpadeó perpleja, no esperaba recibir tanta información a la primera de intercambio.
-Akane... - y dijo con mayor seguridad - Tendo Akane.
-¡Yo soy Hiro! - exclamó el muchacho que se había sentado delante de ella - Un placer - le sonrió.
Hide y Hiro levantaron los vasos de distintos licores que llevaban consigo.
-Un salud por esta nueva amistad, ¿Qué dices, Akane? - exclamó Hide contento.
Akane frunció el ceño con desconfianza. Abrió la boca y la volvió a cerrar.
-¡Vamos, Akane! Seguro nos llevaremos bien - quiso convencerla Hiro, quién optó por un semblante serio para tratar con la indecisa chica.
Akane se encogió de hombros y elevó su vaso hasta chocar con los ajenos. Los tres dieron un largo sorbo a sus tragos.
Yuka divisó la escena a lo lejos con el ceño fruncido. Intentó identificar sus rostros, pero no le resultaron familiares de ningún sitio que ella recordase. Necesitaba cerciorarse de que todo marchara bien con su amiga, dedicó al pelirrojo una disculpa aludiendo a que debía reunirse con su amiga, pero él la agarró por el brazo impidiéndole marchar.
-¡Vamos! , seguro que está bien - le sonrió -No te preocupes.
La chica se volvió hacia él, preocupada visiblemente.
-Es que no lo entiendes. Akane, ella...
El pelirrojo negó con la cabeza y cogiéndola por la cintura la pegó a él. En ese momento la canción terminó y comenzó otra más movida.
-Esta última canción, ¿Qué dices?.
La duda gobernó en su rostro por instantes, pero el agradable chico no tardó en bailar, y ella se dijo a sí misma que una canción mas no haría dado. Sonrió de nueva cuenta a su pareja de baile y le siguió con los movimientos.
La platica, mientras tanto, entre Akane y los otros dos chicos dio lugar a la trivialidad. Por algún motivo, la chica se sentía cómoda, olvidando sus trémulos pensamientos para reír ante los chistes que de vez en cuando uno de los dos lanzaba ...Se sentía a gusto, muy a gusto para estar en presencia de un par de desconocidos con la curiosa habilidad para ganarse la confianza de sus receptores enseguida.
Sin embargo, en un instante preciso el rostro de Hiro comenzó volverse borroso, hecho que atribuyó a su ingestión de alcohol... más no supo que expresión cogieron sus facciones, pero sea cual sea el gesto que enseñó, fue signo para su compañía de que el plan ya comenzaba a marchar. La sonrisa de Hiro antes ancha y simpática, se transformó en una mueca maliciosa.
La oscuridad la engullía de a poco. Se preguntaba que le ocurría, pero no pudo hablar... Lo último que sintió fueron los brazos de Hide que, a su lado, la apretó contra sí hasta perder la consciencia por completo.
Despertó y la visión de un cielo estrellado le dio la bienvenida, por medio del vidrio de la ventana...
¿Dónde estaba? ; parpadeó perdida, todavía sin moverse. Según lo que podía captar, se encontraba en un auto en el asiento del copiloto.
No dio signos de haberse despertado y a toda velocidad repasó sus últimos recuerdos que como un rayo de luz cruzaron por su mente.
Se incorporó sobresaltada y con los ojos abiertos como plato, encontrándose la carretera frente a ella.
-¡Por fin te despiertas! - oyó decir a su lado.
Dobló bruscamente el cuello para encontrarse a Hide conduciendo. Lucía sereno, tranquilo completamente, como si el sacar a una chica drogada de un local y llevarla en contra de su voluntad por una carretera a plena noche, fuera un hecho de lo mas cotidiano.
-Ustedes... - se le fue la voz. Pálida y consternada se le aceleró la respiración, así como su pulso cardíaco al comprender la gravedad de su situación.
Una carcajada desde el asiento trasero le hicieron saber de la presencia de un tercero.
El automóvil estaba a oscuras, y apenas podía distinguir la silueta del sujeto, al que sin embargo, no le fue muy difícil dar con su identificación. Ya de sobras intuía quién sería el acompañante.
Hiro le sonreía de oreja a oreja y le comentó:
-¡Hola, Akane! ...No te preocupes, todo está bien. Tú relájate.
Las intenciones de sus raptores eran claras. Se sintió asqueada y algo dentro de ella estalló, porque no pudo soportar la tensión ...
-¡¿Cómo que me relaje, imbécil?! ¡Me drogaron y me sacaron de donde estaba para llevarme a quién sabe dónde! ¿Cómo voy a relajarme, par de locos?! - el rostro enrojeció de pura rabia. Maldita sea, ¿Cómo permitió que esto le ocurriera?!- ¡Déjenme bajar!.
Los dos estallaron en carcajadas como si de el mejor chiste se hubiera tratado.
Akane mas indignada y asqueada que nunca, no fue capaz de sostenerles la mirada. Se fijó en la carretera, queriendo con todas sus fuerzas reconocer por donde transitaban, no obstante, nada le era siquiera familiar. Y esto no hizo mas que alterar sus nervios.
-No, no, bonita, te equivocas. ¿Crees que pasamos por tantas molestias para dejarte libre así sin mas? - quiso saber Hide quién se dio un tiempo para mirarla unos breves segundos antes de volver a enfocar la carretera - ¿Por qué no cooperas? Créeme que te irá mejor, y de paso... - se dio otros breves instantes para guiñarle un ojo- Te divertirás más.
Agrandó sus ojos mas de lo necesario, sorprendida por la osadía con que era tratada.
-Son... Son repugnantes - arruga el entrecejo.
-Nunca has oído el dicho - intervino Hiro asomándose en el hueco entre los dos asientos - El dicho ese de la limonada...O... quizás no era ese - algo confundido continuó -Bueno el punto es que en lugar de lamentarte, disfrútalo - le sonrió- Será grandioso, te lo prometo. ¡Hasta nos lo agradecerás! Y mañana, a primera hora, te podemos dejar en tu casa. Y con el recuerdo de la noche en que diste el mejor polvo de toda tu vida.
Hide rió entre dientes.
Akane aspiró hondo, escondiendo parcialmente su rostro con una mano refrenando las ganas de llorar que le vinieron de pronto.
Tragó con dificultad y los encaró, con los ojos llorosos y los labios apretados.
-Por favor, ...déjenme marchar. Se los suplico - dijo luego con voz ronca.
-¡Lo siento nena, llora todo lo que quieras, pásalo mal intenta resistirte que a fin de cuentas no conseguirás nada... claro, sólo hacer que el sexo luego sea mas divertido! - y estalló Hiro en carcajadas, volviendo a su sitio.
Akane pasó una mano por su cabello preguntándose qué hacer, intentando dar a toda velocidad con la solución que la condujese a librarse de sus raptores. Sentía el corazón atravesado en la garganta y cómo la adrenalina circulaba por sus venas palpitante, y todo su nerviosismo impidiéndole pensar con claridad.
Tragó grueso y llevó un mechón su cabello azulado a detrás de su oreja derecha, y en un movimiento disimulado llevó sus manos a los bolsillos de su abrigo, encontrando en el derecho la inmaculada presencia de su celular.
Se preguntó si debería extraerlo de ahí y revisar si tenía llamadas perdidas, tal vez Yuka y los demás ya se hayan percatado de su ausencia... ¡¿Cuanto tiempo había pasado desde que cayó inconsciente hasta que despertó en el automóvil?! No lo sabía, para su pesar. Pero lo mas probable, es que seguramente la estuvieran buscando al no hallarla, ¿verdad? ...
Tampoco sabía a donde se dirigían, por ello desconocía con cuánto tiempo contaba. Lo único que tenía claro era que debía hallar la solución rápido porque segundo a segundo se alejaba más y más...
-Estas muy callada - hizo saber Hide - No estarás tramando alguna estupidez, ¿Verdad?
Respiró hondo intentando normalizar su respiración, pero no contestó.
Miró sus manos entrelazadas en su regazo, obligándose a recuperar la calma, sólo deshaciéndose del pánico conseguiría esclarecer su mente.
-Por cierto... - volvió a hablar Hide -Esa chica del cabello castaño, andaba contigo, ¿no?
Akane volteó a mirarlo con los ojos bien abiertos y los labios separados.
-¡¿Q-Qué le han hecho a Yuka?! - exclamó asustada.
Hide negó con la cabeza, completamente serio al evocar el escándalo que armó la chica al ver cómo él y su compañero salían con la peli-azul desmayada del local.
-No, nada... sólo le tuvimos que golpear en la cabeza para que dejara de fastidiar.
Akane palideció más si es posible.
-¡Son unos bastardos! ¡Cretinos! - exclamó con los ojos llorosos nuevamente, pero esta vez de coraje, de rabia.
-La hubiéramos traído con nosotros - intervino Hiro desde atrás, ignorando el último comentario de la chica- Igual estaba buena.
Hide arrugó la nariz y frunció el ceño, en desacuerdo con la último.
-¿EStás loco?! La chica estaba sangrado y no me hubiera gustado meterme en problemas innecesarios.
-¡¿Cómo que sangrando?! - exclamó consternada y sintió cómo se le cortaba la respiración- ¡NO, NO, NO! - gritó en un tono agudo y se lanzó contra Hide, que estando al volante, hizo dar un brusco giro al automóvil en movimiento todavía.
-¡ESTÁS LOCA?! - gritó furioso con los ojos abiertos mas de lo debido, haciendo un esfuerzo para no apartar las manos del volante seguir teniendo control en el vehículo.
Hiro asomado en el hueco entre los dos asientos, intentaba perplejo separar a la enfurecida chica de su compañero.
-¿PERO QUE INTENTAS? ¡¿QUIERES QUE CHOQUEMOS TODOS?!.
-¡NO ME IMPORTA! -gritó -Ustedes son unos cretinos! - exclamó soltando por fin a Hide, siendo empujada a su sitio.
-¡Ni que la hubiéramos matado! - exclamó Hide rabioso y sorprendido por la reacción de la peli-azul - sólo la dejamos inconsciente.
-¡Igual, jamás le perdonaré el que le hayan hecho daño! - exclamó la rabiosa chica secándose con fuerza las lágrimas de sus ojos, sin acordarse del maquillaje - ¡YO ME VOY! - gritó y sin pensarlo dos veces, levanto el seguro de su puerta y la abrió sin importarle que el auto estuviera en movimiento.
-¡¿QUÉ HACES CHICA LOCA?! - gritó Hide perplejo, y se vio obligado a disminuir la velocidad.
Hiro la agarró por el brazo a su alcance y gritó:
-¡Qué suicida eres!.
Akane no saltó porque el chico desde atrás la sostenía con fuerza y por mucho que se resistiese, él seguía siendo un hombre y ella una mujer, por ende las fuerzas eran desiguales.
Hide suspiró sonoramente, y como si no tuviera otro remedio, detuvo el vehículo. Akane consiguió zafarse del agarre de Hiro y salió disparada del automóvil, tropezando contra el pavimento.
Oyó el sonido de una puerta abrirse y ella se levantó de sopetón, para encarar de Hiro quién había descendido del vehículo para observarla con fiereza a escasos metros.
-NUNCA- dijo - Nunca antes he visto a una chica mas estúpida! - y soltó una carcajada y avanzó un paso hacia ella.
-Te advierto que practiqué artes marciales de joven - le hizo saber - Puedo derrumbarte si quiero.
El silencio de la noche resultaba abrumador. Él sonrió burlón.
Un sonido ensordecedor de la bocina de un camión, debido a la inoportuna presencia de un automóvil negro estacionado en plena carretera la sobresaltó . El camión se vio obligado a cambiar de pista para continuar con su recorrido.
Hide llegó al lado de Hiro ...y ambos la observaban como observa un león hambriento a un kilo de carne fresca.
Akane no pudo evitar retroceder, aunque la amenaza ya había sido lanzada.
Pensó fríamente, por algún motivo mas relajada y con la mente clara tal vez por la fresca frisa nocturna, tal vez porque ya había conseguido escapar del automóvil... y ahora su amiga era su prioridad mayor, el llegar cuanto antes a ella para conocer su estado, fue el detonante para que la chica comprendiera que no podía pelear. No sólo porque implicaría una pérdida de tiempo importante sino porque, a fin de cuentas, sólo conseguiría lesiones y que la secuestraran nuevamente. Hace tiempo no entrenaba y las técnicas que antes manejaba ya se habían oxidado en su memoria. No ganaría y sólo se arriesgaría así misma.
Por ello es que corrió en dirección opuesto a donde se dirigía el vehículo.
Los gritos de los dos hombres, que comenzaron a correr tras ella revivió su pánico.
"Yuka..."; pensaba la chica, corriendo con todas sus fuerzas, preguntándose por qué había sido tan boba como para confiar así en dos desconocidos.
Corrió y corrió. Volteó la cabeza y los vio corriendo a metros de ella, persiguiéndola.
La adrenalina palpitando. Pánico... sólo pánico.
Un automóvil plateado se detuvo a unos metros mas adelante. Las luces de delante no fueron obstáculo para impedirle conocer la identidad del conductor, quién le hacía señas para que subiera.
Le dio un vuelco el corazón ...Ranma.
Sin pensar en nada, se subió al asiento del copiloto. Ranma volteó a mirarla y elevó su brazo para sostenerla del mentón y girar su rostro para que pudiera verlo.
Una leve herida de un costado de sus labios ..., su tez pálida en exceso y el miedo que habita en su mirada llorosa, le encogió el corazón.
Con semblante serio y sin decir nada, desvió la mirada al par de hombres que se aproximaban. Apagó las luces delanteras y descendió con naturalidad del vehículo sin apartar la mirada de ellos.
-Ranma... - murmuró la peli-azul cuando quedó sola en la semi-oscuridad del automóvil, sintiendo todavía la calidez de los dedos de su ex-prometido atrapando su mentón, sintiendo todavía sus ojos grisáceos inspeccionando su rostro con expresión preocupada... Volteó y a través de la ventana, vio a su maestro suplente discutir con sus raptores. Vio como Hiro la apuntó a ella... parecía enfadado, mientras que Hide lucía sereno, tan sereno como quién lo tiene todo bajo su control.
En un movimiento imprevisto, Ranma lanzó un golpe.
Akane contuvo la respiración con sus ojos abiertos a mas no poder, admirando la escena. Ranma con tres golpes, ya los había dejado inconscientes.
Con los movimientos de una gacela, como si aquello no hubiera sido nada, les dio la espalda y se encaminó a su vehículo.
Retomó su sitio, cerró con fuerza su puerta y se apoyó en el volante, con el rostro cubierto por su antebrazo.
Akane tragó grueso. No sabía que le habían dicho esos dos tipos ...y por mas que lo deseó, tampoco podía saber lo que cruzaba por su mente en ese entonces.
-Ma-Maestro, yo... - se interrumpió cuando él, como si se le hubiera pinchado, se incorporó de golpe y clavó su mirada glacial en ella, callándola.
Parpadeando repetidas veces bajó la mirada. Sin saber qué decir, sintiéndose avergonzada por las condiciones en que la había hallado... y a la vez, sintiéndose segura por fin.
En antaño él solía salvarla de cualquier adversidad, la ayudaba constantemente, misteriosamente aparecía cuando mas lo necesitaba y ese rasgo definió su relación desde siempre, porque incluso ahora, cuando no podían estar mas distantes, él aparecía como si hubiera sido invocado por su ser en apuros... y ahí estaba junto a ella, suministrándole protección como antes.
Ranma enmarcó su rostro con ambas manos con una ternura insospechada ...Ella elevó la mirada y descubrió que la frialdad con que la había mirado segundos antes, ya no estaba; ahora sólo veía... ¿Qué? ¿Dulzura? ¿Cariño? . No, no... podía ser eso, pero evidentemente lucía más sereno, como si en los breves instantes en que ella le apartó la mirada, él hubiera ordenado sus pensamientos.
Él sonrió de medio lado, separó sus labios para decir algo, pero luego los volvió a cerrar, antes de animarse a decir:
-El maquillaje corrido se te da fatal.
Akane entornó la mirada y se zafó de su agarre para mirar al frente, avergonzada. Algo violenta por la situación, le preguntó:
-¿Puede llevarme a casa?.
Ranma rió entre dientes, y cogió el volante, para dar media vuelta y partir en dirección a la civilización.
Akane mientras tanto, con los pulgares, intentaba retirar las muestras de maquillaje entorno a sus ojos.
El silencio se adueñó del vehículo. Ranma había recuperado su semblante serio y parecía concentrado en la carretera, y Akane creyó conveniente preguntar después de un rato.
-¿Ellos... estarán bien?.
El sujeto de ojos grises esbozó una sonrisa leve amarga.
-Claro... -después de algunos segundos ella creyó que él no añadiría más, pero el prosiguió- Mañana despertarán algo adoloridos y confundidos, pero estarán bien.
Akane asintió y se giró para mirar por su ventana ...Todo era oscuridad. Se abrazó a sí misma, sintiéndose estúpida. Era, después de todo, la única responsable de lo que le había ocurrido...
-¿Dónde vives?.
Sin mirarlo, le dio el nombre de la calle y él asintió.
-Sé donde es. -agregó.
Y todo volvió a ser silencio.
Continuará...
Perdón por las faltas ortográficas. Esta vez tampoco repasé el capítulo, así que espero que las fallas que tenga no sean tantas. Es que quise subirlo apenas lo tuviera terminado.
¡Saludos! ^^
