Antes que nada, LO SIENTO! Con las prisas, cuando quería subir el capítulo 3, subí otra vez el 2. Siento muchísimo el error pero muchísimas gracias a todas las personas que me han dejado un review para avisarme. Especialmente para ellas, está dedicado este capítulo. Lo siento de nuevo =) Ahora sí, caoítulo3:
CAPÍTULO 3: Recuerdos
Él era una persona decidida, siempre lo había pensado. Hermione muchas veces intentaba apaciguarle y convencerle de que no hiciese algo, de que pensara de otra manera. Pero él no podía. Era de ese tipo de personas que cuando una idea le entra en la cabeza, no puede irse de su mente tan fácilmente. Quizá era tan cabezota como su amigo Ron, tan obstinado y testarudo como él. La diferencia era que él podía controlar mejor sus emociones. O eso quería pensar.
Se encontraba sin saber qué hacer, qué decir o cómo comportarse. Puede que sí lo supiese, pero no se atrevía a hacerlo. Valentía, coraje, decisión… son adjetivos que las personas que lo conocían siempre le habían dicho que tenía. Por eso era tan desconcertarte estar allí, con las piernas temblándole, un nudo en la garganta y el corazón a mil por hora. Quería levantarse, acercarse a Ginny y besarla como nunca antes había besado a una chica. Pero el ambiente de aquella biblioteca se había vuelto sumamente tenso.
Se había imaginado la escena en la que Ginny confesaba sus sentimientos hacia él muchas veces en la cabeza, pero ninguna de esas imágenes incluía una biblioteca abitada por seis personas que no se hablaban, que ni siquiera se dirigían la mirada. No podía disfrutar plenamente de ese momento si Ron estaba enfadado con él o veía a Ginny tan deprimida. Sin embargo, el monstruito que albergaba su pecho saltaba de alegría y le repetía una y otra vez que se acercara hasta ella y le hablase de los sentimientos que él tenía.
Pero tenía miedo, le faltaba decisión. Y por una vez deseaba ser el héroe valiente que el mundo mágico pensaba que era para poder levantarse de esa silla y besarla. Pero no lo era.
Cerca de las grandes puertas de madera estaba Ron sentado en una silla, con los brazos cruzaos y mirando a ningún punto en particular del suelo. Su intento de salir de allí había sido en vano. El Señor Filch les vigilaba desde fuera y les había prohibido salir de cualquier modo posible por aquella puerta. Eso sólo había empeorado el humor de Ron, que llevaba casi una hora allí sentado sin decirle nada a nadie.
Pero tampoco nadie hablaba. Hermione, a su lado, continuaba ordenando los pergaminos uno a uno en la mesa de antes con la ayuda de Luna, mientras Neville, que parecía no querer decir nada para no estropear más las cosas, continuaba ordenando los libros de las estanterías peor cuidadas.
Entonces las enormes puertas de la biblioteca se abrieron interrumpiendo el silencio que se había formado. La profesora McGonagall, hondeando su túnica al andar, entró con paso decidido hasta la mesa donde se encontraban la mayoría. Con gesto severo, echó un vistazo alrededor y luego miró uno a uno a los que estaban sentados cerca de ella. Harry notó como su profesora fruncía el entrecejo. Estaba contrariada, podía notarlo.
- Esperaba algo más de jaleo por aquí… Tratándose de ustedes seis no me esperaba encontrar esto tan tranquilo.
Nadie le respondió. Sólo Hermione y él la miraban esperando algún comentario más. McGonagall volvió a mirarlos uno a uno.
- Acérquense, tengo que entregarles unos pergaminos donde se les explica a sus tutores los motivos de sus respectivos castigos.- McGonagall sacó unos papeles de su túnica y comenzó a repartirlos.- Greanger… Longbotom…
Ambos lo cogieron resignados, sobre todo Neville. Este se acercó a su amiga con pena y todavía avergonzado por haber confesado sus sentimientos.
- Siento que te hayan castigado por mi culpa.
- Es culpa de Snape, no tuya.- Intentó tranquilizarle Hermione.
- Pero te han castigado por querer ayudarme.
- Tú no me pediste ayuda, Neville, yo quise hacerlo.
El chico asintió todavía sintiéndose culpable.
- Potter…- Continuó la profesora.- Y los Weasley…
Ron y Ginny se acercaron mientras Harry cogía su pergamino. Harry abrió la boca al ver a Ginny pasar por su lado, quería decirle algo, lo que fuese, pero ella evitó mirarle y Harry desistió. Iba a ser raro volver a la normalidad.
- Quiero que sus tutores me los devuelvan firmados vía lechuza lo antes posible, ¿Entendido?
- Sí, profesora McGonagall.- Respondió Hermione mientras todos asentían.
- Muy bien, continúen con su tarea.
Y dicho eso se fue de allí cerrando las puertas tras de sí y haciendo volver el silencio a toda la biblioteca.
- Deberíamos ordenar esto lo antes posible si no queremos meternos en más líos.- Dijo Neville.
Hermione se volvió a sentar junto a Luna para continuar con su tarea de clasificación y orden de los pergaminos que contenían los préstamos y devoluciones de la biblioteca. Harry miró a Ginny, que esta vez se había sentado en una mesa cerca y ojeaba un libro sin prestar atención a lo que ponía en cada página. Entonces notó cómo Ron le observaba, serio. Sus miradas se cruzaros un par de segundos y por primera vez en todos los años de amistad que habían compartido, no supo interpretar qué pasaba por la cabeza de su amigo.
- Eh, chicos, mirad.
Neville había llevado una gran pila de libros hasta el mostrados donde normalmente se sentaba la Señora Prince y de debajo de la mesa, tras una papelera, se había encontrado una radio vieja. Neville la sacó y la colocó encima de la repisa del mostrador.
- ¿No se supone que aquí no puede haber ruido?- Luna se acercó hasta él para examinar la radio.
- ¿Para que tendría la Señora Prince esto aquí?- Preguntó Hermione que nunca había visto aquel aparato después de todas las horas que había pasado en ese lugar.
- Bueno, ahora sabemos cómo se divierte cuando no hay ningún alumno en la biblioteca…- Comentó Ron por lo bajo.
Luna sacó su varita de la túnica y le dio unos pequeños golpecitos a la radio murmurando unas palabras. De pronto, la radio comenzó a hacer unos ruidos extraños, y tras unos segundos, una melodía de una cantante que desafinaba bastante comenzó a escucharse a bajo volumen.
- Apágala, Luna.- Pidió Hermione.- Como Filch nos escuche se nos cae el pelo.
- ¿Qué más da?- Dijo Ron.- Ya estamos castigados, ¿no? Además, mejor escuchar la radio que tanto silencio. Comenzaba a ponerme de mal humor.
- ¿Comenzabas?- Preguntó Hermione con las cejas levantadas, pero Ron ni siquiera le respondió.
En ese momento la canción se acabó y comenzó otra, esta vez cantada por un hombre y una mujer con un piano de fondo. Harry estaba seguro de que la había escuchado antes. Quizá durante las navidades en casa de Ron, cuando la señora Weasley ponía música y cantaba mientras recogía los platos de la cena. Luna dio un paso al frente y comenzó a moverse lentamente al ritmo de la música bajo la atenta mirada de todos. Pero por alguna razón era relajante verla. Tenía los ojos cerrados y una sonrisa melancólica en la cara mientras se movía suavemente cada vez que sonaba una nota de piano.
- Me recuerda a mi madre…- Dijo sin abrir los ojos.- Ella y mi padre me la cantaban cada noche antes de irme a dormir. Me recuerda tanto a ella…
Luna dio una vuelta con las manos en su falda y continuó bailando mientras la música sonaba.
- Nos acordamos mucho de los sonidos.- Dijo Hermione con una sonrisa en la cara al ver bailar a Luna.- En cambio, dicen que el sentido que más recuerdos evoca es el olfato.
Luna paró de bailar y frunció el entrecejo, queriendo concentrarse en algo.
- Pociones.- Dijo tras unos segundos de pausa.- Así olía mi madre, le encantaba experimentar. Creo que es por eso que me gusta como huele Snape.- Todos sonrieron.
- Debes de ser la única.- Comentó Ron y todos volvieron a reír.
- Caramelo.- Dijo de pronto Neville y sus compañeros le miraron.- ¿Sabéis ese olor a dulces de caramelo? Ese que desprende la tienda de Zonko, o el que sale de un bote lleno de caramelos… Ese es mi olor favorito.
- ¿Por qué?- Preguntó Harry.
Neville se encogió de hombros y miró significativamente a Harry.
- Me recuerda a mis padres.
Harry asintió. Recordó entonces cuando un año atrás vieron a Neville en San Mungo visitando a sus padres. Ellos no habían muerto pero habían corrido un destino quizá peor que el de James y Lily. Y a Neville ahora, el único signo de cariño de sus padres que le quedaba era esos envoltorios de caramelos que su madre, con un amor infinito, guardaba para él cada vez que iba a visitarlos.
- La Madriguera.- Dijo entonces Harry, y Ginny y Ron le miraron.- Vivir con los Dursley siempre había sido… como una pesadilla. Entonces conocí a Ron, me abrió las puertas de su casa y… todos me trataron como uno más.- Harry y Ron volvieron a cruzar las miradas.- Me sentí en familia por primera vez.- Harry se rió nervioso al darse cuenta de las cosas que estaba diciendo en voz alta y se revolvió el pelo buscando una ocupación que hacer.- Supongo que ahora, cada vez que pienso en vosotros recuerdo ese olor tan peculiar que tiene vuestra casa.
- Siempre pensé que mi casa te parecería poca cosa.- Admitió Ron todavía mirando a Harry.- Entonces viniste y… mirabas cada rincón como si fuera la cosa más alucinante que habías visto en tu vida.
- Y lo era. Era la primera vez que veía una familia como la tuya.- Ron sonrió.- Además, ¡Erais magos! Cada cosa que hacíais me dejaba asombrado.
- ¿Recuerdas cuando usaste los polvos flu por primera vez?
Harry sonrió al recordar aquel día en el que se había metido dentro de una chimenea por primera vez. Mientras, los demás observaban con una sonrisa en la boca cómo los dos recordaban aquella historia.
- Estaba tan nervioso que me confundí y acabé en el Callejón Knockturn.
- A mi madre casi le da algo cuando no te encontrábamos.
- Y a mí cuando no os vi.
Los dos amigos, olvidando por un momento lo que había pasado rato atrás, se miraron y sonrieron cómplicemente. Harry y Ron habían compartido muchos momentos juntos desde que se conocieron. Momento que eran muy difíciles de olvidar aunque estés enfadado, dolido o enamorado de la hermana pequeña de tu mejor amigo.
- ¿Cuál es tu olor favorito, Ron?- Preguntó Luna rompiendo el silencio que se había formado durante unos segundos.
- No tengo un olor favorito, pero si que hay uno que… Cuando éramos pequeños nos quedamos un día a cargo de Bill y Charly y cuando intentaron hacernos el desayuno se les quemó todo. Acabó oliendo toda la cocina a quemado y tardamos horas en limpiarlo todo, pero… nos lo pasamos genial. Fue la última vez que estuvimos todos juntos sin nuestros padres.
- Tuvo que ser un día genial.- Comentó Hermione con una pequeña sonrisa imaginándose a todos los Weasleys en esa situación y olvidando momentáneamente su enfado con Ron.
- Sí, lo fue.
- ¿Y tú, Hermione?
La chica se encogió de hombros y sonrió como si la respuesta fuera lo más obvio del mundo.
- Pergamino.- Todos rieron con ella.- Lo sé, lo sé, muy predecible… Pero en el mundo de los muggles no se escribe en pergaminos y cada vez que huelo a pergamino nuevo…- Hermione aspiro aire por la nariz mientras cerraba los ojos.- Me acuerdo de cómo me sentí cuando descubrí que era bruja, todos los libros de magia que leí, las cosas nuevas que descubrí, la gente que conocí…- Echó un vistazo rápido a Ron y luego desvió la mirada hacia Harry, avergonzada.- Supongo que el olor a pergamino me recuerda la magia que hay en este lugar.
Todos se quedaron callados al escuchar aquellas palabras. De un modo u otro, cada uno de ellos había vivido a su manera aquella experiencia extraordinaria al descubrir las maravillas que esconde Hogwarts. Porque seas hijo de muggles o hayas crecido en una familia de magos, cuando cruzas por primera vez las grandes puertas del castillo, se te acelera el corazón del mismo modo y se te eriza la piel como a los demás. Entonces miraron a Ginny, la única que quedaba por compartir aquel momento con los demás y que no había dicho ni una sola palabra en aquel lapso de tiempo que parecía haber calmado los ánimos de todos.
- Cañerías.- Dijo de pronto pero sin dejar de mirar al suelo todavía.- Las tuberías, el agua estancada… Cada vez que se estropean los baños recuerdo aquel diario y aquella noche.
El aire parecía haberse parado de pronto. Aquellas palabras habían cambiado la expresión de todos que, por unos momentos, habían olvidado sus problemas. En cambio, ahora parecía que aquel ambiente viciado y tenso se había vuelto a apoderar de la biblioteca y de todo lo que les rodeaba.
- Ginny…- Comenzó Hermione sin saber muy bien qué decir.
- Obviamente no es mi recuerdo favorito.- Dijo con una sonrisa amarga sin dejar que Hermione continuara.- Pero cada vez que siento ese olor… recuerdo lo que sentía cada vez que me poseía, recuerdo despertar en la cámara, recuerdo haberos petrificado…- Dijo mirando a Hermione.- Recuerdo a Tom Riddle.
Harry sintió una punzada de dolor en el estómago al escuchar a Ginny. Nunca se había parado a pensar en lo horrible que tuvo que ser ese día para ella, ese primer curso. Nunca había imaginado que, todavía hoy, cuatro años después, Ginny seguía recordando aquel día de ese modo. Y entonces se sintió estúpido. Estúpido por creer que estaba enamorado de Ginny cuando ni si quiera se había dado cuenta de algo tan elemental sobre ella. Quizá era verdad y después de todo no la conocía en absoluto.
- Lo siento, Ginny.- Dijo Hermione, que se acercó a ella y se sentó a su lado. Pero no hizo que ella se sintiera mejor.
- ¡Esto era precisamente lo que no quería! Que tú me dijeras lo siento.
- Pero…- Dijo Hermione sin comprender.
- ¡Soy yo la que hizo que acabaras petrificada, soy yo la que se dejó manipular por Voldemort, soy yo la que hizo que llegara hasta Harry! Ni se os ocurra decirme que lo sentís porque yo debería pediros perdón.
- Ginny, no es tu culpa.- Intervino Luna.- Sólo eras una niña, no podías hacer nada contra él.
- Lo sé, pero…
- Fue mi culpa.
Todos miraron sorprendidos a Ron. Harry frunció el entrecejo al escuchar a su amigo. ¿Por qué iba él a tener la culpa de nada? Él no había hecho nada, habían estado todo el curso juntos.
- Ron, ¿De qué hablas?
Ron miró a su hermana como nunca lo había hecho nunca. Tenía las puntas de las orejas coloradas y las pecas de su cara se notaban más que nunca. Pero sus ojos azules miraban a la pequeña de los Weasley con decisión.
- Ese curso me pediste muchísimas veces quedarte conmigo, pasar el rato con nosotros. Siempre parecías asustada, como si quisieras decirme algo. Pero no te hice ni caso.
- Era imposible que supieras lo que le pasaba a tu hermana.- Intentó razonar Hermione.
- Lo sé, no soy tonto. Pero… pensaba que sólo querías estar conmigo porque querías acercarte a Harry y eso me molestaba muchísimo.- Harry se sintió incómodo. Nunca habían hablado tan abiertamente de los sentimientos de Ginny y ese día parecía ser el tema sobre el que giraba todo.- Si te hubiera hecho caso, si te hubiese prestado más atención… podría haberte ayudado, podríamos haber hecho algo para que no acabases allí abajo en manos de ese psicópa y su serpiente gigante.
Ginny negó con la cabeza. Tenía los ojos rojos pero ni una sólo lágrima caía de ellos.
- Ese fue el peor día de mi vida y a la vez el mejor, ¿sabes por qué?- Ron abrió la boca mientras miraba a Harry de reojo.- ¡Y no te atrevas a decir que es porque Harry me salvó!- Le gritó dándose cuenta de cuales eran las intenciones de su hermano.
- ¿Entonces por qué?
- Porque mi hermano mayor había arriesgado su vida para bajar a la cámara de los secretos para salvarme sin importarle que el mago más poderoso de todos los tiempos podía estar allí abajo esperándole.
Ambos se miraron unos segundos, compartiendo el silencio. Los seis se habían quedado sin saber qué decir, qué hacer. Aquel día estaba resultando demasiado largo para cualquiera. Los secretos desvelados y las verdades que se habían dicho a la cara habían cambiado muchas cosas.
- Volvamos al trabajo.- Dijo Ginny de pronto fingiendo una sonrisa y desapareció entre las estanterías de la biblioteca.
Retomaron su castigo, leyendo pergaminos, clasificándolos, ordenando libros… todo sumido en el silencio que había antes de aquella momentánea distracción que había producido la radio de la bibliotecaria de Hogwarts.
Ron apilaba libros para ordenarlos en las estanterías que les correspondía. Dejó un buen montón en una mesa y se fijó en Harry. Su amigo, sentado en una mesa junto a los demás, ordenaba pergaminos distraídamente sin poder atención a lo que hacía. Miraba cada dos segundos hacía la dirección por donde Ginny había desaparecido un rato atrás. Ron bufó en silencio. A Harry le gustaba de verdad su hermana. ¿Cómo habían podido llegar a eso? ¿Cómo podía él no haberse dado cuenta antes? Harry se levantó y cogió un par de libros que fue a colocar en la estantería más cercana, pero seguía mirando la hilera de estanterías por si veía a Ginny.
- Habla con ella.
Ron había aparecido a su lado, ayudándole a colocar los libros.
- ¿Qué?
- Ginny. Llevas veinte minutos mirando a ver si aparece.
- Yo no…
- Harry.
Ron levantó una ceja y le miró. No podía negar que eso era precisamente lo que estaba haciendo cada vez que levantaba la vista.
- Siento no haberte dicho antes lo que sentía por ella, pero tenía miedo de que te enfadaras.
- ¿Enfadarme?
- Después de saber lo que piensas de Dean tenía miedo de que te sintieras traicionado. No quería tener que elegir entre vosotros porque eres como mi hermano y sin dudarlo te hubiese escogido a ti.- Las orejas de Ron volvieron a ponerse coloradas ante esa confesión.- Pero Ginny…- Harry volvió a mirar hacia las estaterías.
- Puedo ser verdaderamente plasta cuando se trata de ella, ¿verdad?- Reconoció por primera vez en voz alta.
- Lo que pasa es que la quieres y te preocupas por ella. Es normal.
- ¿Y tú? ¿La quieres?
Harry le miró serio. Ginny había ocupado la mayor parte de sus pensamientos desde que la había visto besándose con Dean. Quizá mucho antes y no se había dado cuenta. Se sentía atraído por ella, le encantaba su personalidad y no paraba de imaginarse situaciones en las que los dos acababan besándose. Pero… ¿enamorado?
- No lo sé, Ron. Pero… me gusta mucho.
- Entonces habla con ella. Tiene el orgullo de los Weasley y no sabe lo que sientes. No va a ser ella quien se acerque a ti.
Harry asintió. Quizá era el momento de decirle todo. Pero antes había algo dentro que no le dejaba estar tranquilo y de lo que tenían que hablar.
- Entonces… ¿No te molesta?
- Eres mi mejor amigo.- Ron se encogió de hombros.- Supongo que así podré vigilar al enemigo más de cerca.- Dijo sonriendo.
Harry sonrió y comenzó a caminar buscando a Ginny entre las estanterías. Estaba en una de las última filas, mirando distraída los libros que había en un rincón que, por el polvo acumulado que tenían, parecía que nunca visitaba nadie. Su larga melena pelirroja se movía por su espalda a la vez que ella. Se giró sumida en sus pensamientos y se asustó al ver a Harry mirándola de pie frente a ella.
- Por Merlín, Harry. Me has asustado.- Dijo llevándose una mano al pecho.
- Perdona.
- ¿Qué haces aquí?
- Yo quería… bueno…
Ginny le vio tartamudear nervioso y suspiró.
- Oye Harry, te lo voy a poner fácil. No hace falta que me digas nada, ¿vale? Hace mucho tiempo que entendí que no sientes nada por mí. Lo tengo superado.
- ¿Qué? No, no es eso.
- Oh.- Ginny se apoyó en la estantería y se cruzó de brazos.- ¿Entonces qué pasa?
- Quería… decirte dos cosas.- Ginny le miraba atenta, sin saber qué pasaba.- La primera que… que lo siento.
- ¿Qué lo sientes? ¿Por qué?
- Yo también recuerdo el día de la cámara de los secretos con mucha claridad. Sé lo que es odiar a Voldemort más que a otra cosa.
- Lo que me pasó con el diario de Tom Riddle no fue culpa tuya, Harry.
- Lo sé, lo sé. Pero… después de lo que has dicho…- Harry la miró con una expresión extraña, con culpabilidad en los ojos. No podía intentar nada con Ginny más allá de la amistad si no le pedía perdón por aquello.- Me siento fatal. Recuerdo pensar que aquel era el peor día de mi vida y no pensé ni un solo segundo en cómo debías sentirte tú. No pensé que aquello había sido mucho peor para ti. Fui egoísta.
- Tenías doce año, Harry.
- Pero Ron no paraba de pensar en ti.
- Es mi hermano, estaba preocupado. Él se preocupó tanto por mí porque me quiere.
Harry comenzaba a sentirse frustrado. Ni si quiera él sabía muy bien qué quería decir. Pero las palabras de Ginny le aclararon un poco la mente. Quizá era eso. Quizá se sentía mal porque ahora él sí que sentía algo por Ginny y por primera vez se daba cuenta de todo por lo que pasó aquel día la pelirroja. Y no haberse dado cuenta antes, ver ahora lo que sufrió y lo poco que le importó a él, le dolía. Incluso en momentos lo olvidaba, como muy bien ella le había recordado un año atrás en la casa de Sirius cuando creía que Voldemort le estaba poseyendo.
- Es como recordar un sueño extraño.- Dijo Ginny mirando el suelo.- No logras verlo en tu mente cuando quieres, pero cuando llega a tu memoria… es como una pesadilla de la que no puedes despertar.
- Lo siento, Ginny.- Ella negó con la cabeza.
- Fui yo la que escribió en ese diario, la que habló de lo que sentía por ti. Por mi culpa casi…
- Pero fui yo el que te expuso a ese peligro, si no fuera por mí…
Los dos se miraron unos segundos serios y de pronto Ginny comenzó a reírse.
- ¿Empate en culpabilidad?- Ginny le extendió la mano.
- Empate.
Sonrió mientras se acercaba a estrecharle la mano en un acuerdo silencioso de que nunca más se culparía de aquel incidente. La cámara de los secretos era pasado. No merecía la pena echarse las culpas por algo que únicamente provocó Voldemort.
- ¿Qué era lo segundo que me querías decir?
- ¿Qué?- Harry, despistado, se había perdido en el contacto con la mano de Ginny.
- Has dicho que me querías decir dos cosas.
- Ah, sí. Yo… No quiero que superes lo mío.
- ¿Cómo?
- Que no quiero que lo superes, que te olvides de mí, porque...- Ginny le miraba sin creer lo que escuchaba.- Porque me gustas.
- ¿Qué? Harry si quieres que no me sienta mal por las cosas que dijo Ron sobre mí no hace falta que…
- No, esto no tiene que ver con Ron o con nada de lo que haya pasado hoy.- Intentó explicarle.- Me gustas mucho, desde hace mucho tiempo que no puedo dejar de pensar en ti, pero supongo que no encontraba el momento indicado para decirte nada y… bueno, aquí estoy.
Una sonrisa intentó escaparse de la boca de Ginny, que se levantó despacio, como si todavía intentara procesar en su mente las palabras que acababa de decir Harry.
- Yo… ¿Te gusto?
El corazón le latía a mil por hora, como nunca antes había latido cuando se acercaba a besar a Dean o Michael. Pero eso no le impidió armarse de valor y acercarse a Harry despacio, pero muy cerca.
- Sí.- Harry se puso rojo y volvió a sentirse el chico torpe y tímido que había sido las últimas semanas cuando Ginny se acercaba a él.
- ¿Desde cuando?- Estaban tan cerca que casi podían rozarse.
- Desde hace mucho, pero creo que me di cuenta cuando te vi besando a Dean.
Ese nombre cambió la expresión divertida y coqueta de Ginny e hizo que se separara de él como si le hubiesen dado una descarga eléctrica y volviera a poyarse contra la estantería.
- Dean…- Ginny miró a Harry, a sus ojos, a sus labios...- Yo… estoy con Dean…
- Pero ¿quieres estar con él?
Harry se acercó de nuevo a ella, ansioso. Estaba a punto de conseguir lo que llevaba soñando un tiempo y ahora que había cogido valor no se iba a echar atrás.
- Es mi novio, no puedo hacerle esto.
- No me has respondido, ¿quieres estar con él?- Harry se acercó unos centímetros más, acorralándola contra la estantería.
- No.- Ginny desvió la mirada y Harry sonrió.- Pero no puedo hacerle esto. Tendrás que esperar a que hable con él.
- Pero…- Sus miradas se cruzaron y Harry se separó de ella.- De acuerdo, esperaré.
Ginny asintió y cogió aire despacio. Posponer besar a Harry después de estar años deseando hacerlo había sido más difícil de lo que pensaba. Después de saber lo que él sentía por ella, deseaba besarle más que otra cosa. Iba a tener que tener paciencia y resistir a acercarse a él y hacer desaparecer la distancia que los separa.
- Todos los que empiezan con "z" ya están ordenados.- Luna le enseñó un buen montón de pergaminos a Hermione.
- Y los libros de las últimas estanterías ya están colocados.- Dijo Neville.
- Estupendo.- Hermione les dio cuatro enormes montones.- Dejar esto en el fichero de la Señora Prince.
Los dos amigos fueron hacia el mostrador de la bibliotecaria de Hogwarts, dejando a Hermione sola en la mesa. Ron, que se encontraba un par de mesas más allá, la miró de reojo. Unos rizos rebeldes le tapaban la cara y ella ni se inmutaba. Ron sonrió para sí mismo, el pelo rebelde de Hermione era una de las cosas que, inexplicablemente, más le gustaban de ella. Todavía se sentía herido porque no le contase que se había besado con Victor Krum, pero había comenzado a resignarse. Tal vez habían sido imaginaciones suyas y entre él y Hermione no pasaba nada. Quizá, esa chispa que él notaba que se encendía entre los dos cada vez que discutía o hablaban no existía y tan sólo eran las ganas que él tenía de que hubiese algo entre ellos. No lo podía negar, llegaba mucho tiempo enamorado de Hermione, quizá más del que podía darse cuenta. Pero ella parecía sentir sólo un enorme cariño por él, una infinita amistad que no iba a ir más allá. Si de verdad era eso lo que pasaba, no lo desperdiciaría. Aunque no fuese fácil soportarlo, aunque se llenase de rabia por dentro por verle con otro, aunque tuviese que besar a mil Lavenders Brown para olvidarse de ella… Si Hermione sólo quería ser su amiga, al menos tendría eso.
Cogió aire y unos cuantos libros y se acercó hasta la mesa donde estaba Hermione terminando de ordenar pergaminos. Ella ni siquiera le miró pero sabía perfectamente que él estaba ahí.
- ¿Por qué no me lo dijiste?- Preguntó Ron en un susurro.
- Ron…- Alzó la vista a él.
- ¿Por qué? Soy tu amigo.
- Por eso mismo es por lo que no te lo dije.- Intentó explicar.- Tenía miedo de que te enfadaras si te lo decía y dejaras de serlo.
Ron suspiró y se sentó en una silla a su lado.
- ¿Por qué iba a enfadarme?
- ¿No lo hiciste cuando te enteraste?- Preguntó Hermione sabiendo la respuesta.
- Me enfadé porque me tuve que enterar por Ginny. ¡Quedé como un tonto!
- ¿Hubieses preferido que te lo dijese yo hace dos años?
Ron guardó silencio. Nunca le iba a gustar enterarse de que Hermione besase a otro chico. Dijese quien se lo dijese.
- No…- Respondió mirando a la mesa.
- ¿Entonces qué debía hacer?- Hermione apretó los puños con fuerza, comenzaba a cabrearse.- ¡A mi no me gusta que te beses con Lavender y no por eso me comporto como una niña de 10 años!
- ¡No es lo mismo!- Se enfadó Ron.
- ¿Ah, no?
- ¡No!- Ron se levantó de la silla.- ¡Porque tú sentías algo por Krum!
- ¿Y tú no por Lavender?
Se miraron un segundo a los ojos, luchando con la mirada como tantas veces había hecho. Pero esta vez era diferente. Estaban cansados de discutir. Ron se dio la vuelta para marcharse pero Hermione le retuvo.
- Ron…- Casi inaudible pero él la escuchó y la miró.- Estoy cansada. No quiero discutir más.
- Antes mentí.
- ¿Qué quieres decir?
Ron volvió a sentarse y suspiró derrotado. Si iban a ser solo amigos tendrían que ser sinceros el uno con el otro o al final una de sus discusiones acabaría con su amistad.
- El olor que mejor recuerdo no es el que dije.
- ¿Qué tiene que ver eso ahora?
- El olor que más me gusta es el de pergaminos y libros.- Hermione frunció el entrecejo, Ron odiaba leer.- Y no es porque me gusten esas cosas.- Cogió aire y miró a sus manos.- Me recuerdan a ti.
Silenció. Una respiración pausada y otra agitada.
- ¿Qué?
- Que me recuerdan a ti.- Ron la miró.- Me recuerdan lo insoportable, mandona y desquiciante que eres a veces y lo mucho que me gusta que seas así.- Hermione le miraba con los ojos muy abiertos.- Me recuerdan que cada verano estoy deseando que comiencen las clases para verte rodeada de libros. Me recuerda que…
Pero no pudo terminar la frase. Hermione se había abalanzado sobre él, todavía sentada en la silla, y le había rodeado el cuello con los brazos, separando la distancia que había entre ellos, y le había besado como debía haber sido su primer beso dos años atrás. Ron se quedo petrificado, sintiendo la boda de Hermione moverse sobre la suya, y tras unos segundos reaccionó devolviéndole el beso. No sintió pájaros cantar en su cabeza, ni mariposas en su estómago. No vio nubes esponjosas en su mente o arco iris de colores. Pero estaba ahí, besando a Hermione, y no se imaginaba una sensación mejor que aquella.
- ¡Eh!
Ambos se separaron deprisa y miraron a su alrededor. Neville y Luna les miraban desde el mostrador y Harry y Ginny habían salido de entre las estanterías y tenían los ojos muy abiertos.
- ¿Enserio?- Preguntó Ginny con fingida cara de asco.- ¿Seis años y tenéis que besaros delante nuestra?
Ron y Hermione se pusieron rojos y compartieron una sonrisa cómplice. Ese era el momento justo.
- ¡Escuchad!- Neville subió el volumen de la radio y miró a todos.- Las Brujas de Mcbeth cantaban su éxito más conocido, con el que habían comenzado el Baile de Navidad Hogwarts del torneo de los tres magos. Luna sonrió de oreja a oreja y comenzó a bailar de un modo extraño dando vueltas. Ginny se acercó hasta Neville y le tendió la mano.
- ¿Quieres vivir viejos tiempos?
Neville sonrió y se acercó a ella. Ninguno de los dos había ido al baile con quien quería, pero ese día fue el inicio de una muy buena amistad. Los dos se acercaron a Luna y comenzaron a bailar haciendo el tonto junto a su amiga. Harry miró a sus dos amigos, sentados todavía en la mesa y con una mano entrelazada y se acercó hasta ellos.
- Así que… vosotros dos, ¿eh?
Ambos rieron nerviosos y se encogieron de hombros.
- Tendré que hablar con Lavender.- Dijo Ron.- Me va a odiar.
Hermione rodó los ojos, pero sonrió contenta. Después de tanto tiempo no hacía falta decir anda. Un beso lo decía todo.
- ¡Ron, ven!- Luna le hacía gestos con la mano.
- Voy a ir antes de que venga a por mí.
Ron levantó, dándole un corto beso a Hermione en la mejilla, y se acercó a los demás.
- ¡Por cierto, Harry! He encontrado esto, pensé que querrías verlo.
Hermione le tendió un pequeño pergamino escrito con tinta negra. Era el resguardo de un libro sobre defensa de artes oscuras que nuca se había devuelto. Era un préstamo hecho a nombre de James Potter. Harry sonrió al ver la firma de su padre. Él era valiente y decidido, siempre le decían que se parecía a su padre. Y si era así seguro que le estaba mirando decepcionado. Seguro que le estaba diciendo que tenía que ser valiente, y si quería algo conseguirlo y no rendirse. Miró a Ginny al lado del mostrador hablando con Ron y lo supo. No se iba a echar atrás, era ahora o nunca.
- Hermione y tú, ¿eh?- Se burló Ginny al ver acercarse a su hermano.
- Harry y tú ¿eh?- Le contesto con la misma fingida molestia.- Siento lo que dije delante de todos.- Ginny asintió sin decir nada.
- Siento haberte dicho de lo de Hermione y Krum.
- Siento no haberte hecho caso cuando quisiste hablar conmigo del diario.
- Siento haber hecho que tuvieras que bajar allí abajo a por mí.
Ginny, se acercó a su hermano y le abrazó fuerte. Un abrazo corto, ligero, del que sólo podían darse cuenta ellos dos. Entonces vio a Harry acercarse, decidido, serio. Se paró al lado de ellos le dio la espalda a Ron.
- Me da igual que estés con Dean, quieres estar conmigo, ¡lo sé! Y no puedo aguantarme más.
Colocó una mano en su espalda y otra en la parte de atrás de su cabeza y, acercándola hasta él, la besó como llevaba soñando hacerlo desde que la vio en esa situación con Dean en aquel estúpido pasillo. Hermione sonreía, Luna y Neville dejaron de bailar para mirarles y Ron tenía la boca abierta. Harry notaba cuatro pares de ojos mirándole, pero le daba igual. Por fin había reunido esa valentía para besarla y no se iba a echar atrás, mirase quien mirase. Escuchó un carraspeo, pero no le importó. Ron iba a tener que acostumbrarse al hecho de que su hermana le gustaba. Siguió besándola como si la vida le fuese en ellos y Ginny le correspondía igualmente. Otro carraspeo. Quizá no había que abusar de la confianza de Ron…
- Señor Potter.
Aquella voz le heló la sangre y le devolvió a la realidad. Se separó de Ginny, que parecía aturdida, y miró por encima de su cabeza. La profesora McGonagall Los miraba con el ceño fruncido desde las grandes puertas de la biblioteca.
- ¡Profesora!- Se separó de Ginny como si esta quemase.
- Si esta es la idea que ustedes tienen de un castigo…
- ¡Lo sentimos!- Intervino Ginny, que parecía haber vuelto a la normalidad.
- Ya hemos terminado de ordenar, Profesora McGonagall.
La profesora miró a Hermione, que se había acercado hasta el mostrador y le señalaba los ficheros con los pergaminos ordenados alfabéticamente.
- Esta bien… entonces…- La profesora McGonall parecía contrariada al ver todo ordenado. Apagó la radio y volvió a mirarlos- Quédense aquí hasta que termine el tiempo. Todo el castillo se está preparando para irse a sus casas.
Todos asintieron y fueron a sentarse a la mesa donde poco rato atrás habían estado los pergaminos.
- De todos modos he de decirles que este no es el comportamiento que espero de unos Gryffindors responsables…- McGonagall echó un último vistazo a Harry y Ginny y salió por la puerta con la cabeza alta.
Ron se levantó de la silla y se acercó a Harry, a quien le dio un golpe en el hombro.
- ¡Eh! ¿Se puede saber qué haces?- Se quejó Harry mientras se frotaba el sitio donde le había pegado Ron.
- No vuelvas a besar a mi hermana de ese modo delante de mí ¿quieres?
- Vas a tener que acostumbrarte hermanito.
Ginny le sacó la lengua y Harry la miró sonriente.
- Hablaré con Dean a la vuelta de Navidad.
La sonrisa de Harry se ensanchó aún más y Ron rodó los ojos.
- ¡Me lo he pasado genial!- Dijo de pronto Luna. Todos le miraron sorprendidos.
- ¿Desde cuándo un castigo es divertido?- Preguntó Ron mientras volvía a sentarse.
- Yo no estaba castigada.
- ¿Qué? ¿Entonces por qué estás aquí?- Preguntó Hermione y Luna se encogió de hombro.
- Os lo dije, tenía que asegurarme que la biblioteca no estaba infestada de torposoplos.- Hermione abrió muchos los ojos, incrédula.- Además, nunca había pasado una tarde tan entretenida con amigos.
Todos se miraron un tanto incómodos. Pero era cierto, todos eran amigos de Luna. De una extraña y alocada manera, pero lo eran. Se miraron los seis, uno a uno, recordando lo que hacía un rato se habían dicho, lo enfadados que estaban y lo relajados que estaban ahora, sentados en aquella mesa, y comenzaron a reírse. No sabían de qué, ni siquiera les importaba. Sólo se reían. Y comenzaron a hablar, a decir tonterías, a bromear sobre los profesores y a meterse con Ron y Hermione y la peculiar forma que habían tenido esos años de demostrarse su amor. Y de pronto, sin que ninguno se diera cuenta, habían pasado 7 horas, 22 minutos y 18 segundos de sus vidas y era hora de marcharse. El Señor Filch les abrió la puerta malhumorado, todos sabían que si por él fuera, se hubiesen quedado castigados allí toda la Navidad. Y todos empezaron a recoger para irse bajo la atenta mirada del bedel más poco amistoso que había pisado Hogwarts.
- ¡Hermione!- La chica se dio la vuelta y vio a Ginny acercándose a ella.- Quería disculparme, por lo de Krum. Traicioné tu confianza.
- No pasa anda… A veces a mí Ron también me saca de quicio y hace que diga cosas que no quiero. Además, yo también conté lo de Harry.
- Entonces… ¿Todo bien? No quiero perderte.
Hermione sacudió la cabeza y la abrazó con fuerza.
- Todo está olvidado.
Mientras, Neville colocaba las sillas que habían usado durante aquel día, y Ron se acercó a él.
- Oye, Neville. Respecto a Hermione…
- Te prometo que ya no siento nada por ella.- Se apresuró a decir el chico y Ron se rió.
- No es eso. Sólo quería que supieras que… se como te sentías y… que entiendo que pudieras sentir algo por ella.- Neville relajó la cara.- Pero… será mejor que te fijes en otras chicas de ahora en adelante, ¿de acuerdo? Sólo por si acaso.
Ron bromeaba, pero ambos sabían que había una gran verdad debajo de aquella sonrisa burlona que le estaba lanzando. Los seis se juntaron a la entrada de la biblioteca. Ron y Hermione iban agarrados de la mano. Harry y Ginny se miraban cómplicemente, con una sonrisa que eclipsaba cualquiera que hubiesen tenido antes. Y Luna agarró fuerte a Neville del brazo. Aquel día lo había cambiado todo. Se habían descubierto sus secretos, se había dicho las verdades a la cara y cada uno de ellos se iba más feliz de lo que entró en esa biblioteca. Muchos los verían igual, pero algo dentro de ellos, algo pequeñito pero importante, había cambiado. Algo que hacía que entre los seis se mirasen con más respeto, confianza y amistad. Porque nada como 7 horas encerrados juntos para que los secretos merjor guardado saliesen a la luz.
- ¿Alguien sabe si las cocinas estarán abiertas? Tengo hambre.
Todos comenzaron a reírse del apetito de Ron mientras salían de aquella biblioteca rumbo a sus vacaciones de Navidad, que después de ese día no iban a ser iguales que nunca.
7 horas, 22 minutos y 18 segundos lo habían cambiado todo.
Esta historia cortita llega a su fin. Los exámenes y las fiestas navideñas me han hexho imposible actualizar antes. Pero ya tengo un par de historias en mente que espero encontrar tiempo para poder escribirlas y compartirla con vosotros.
Un beso enorme a todos y... FELIZ AÑO NUEVO! Espero que comenceis el 2012 con el pie derecho.
Iruna
