Digimon no me pertenece y escribo esta historia sin fines de lucro.
Libélulas
Cerúlea
Este es un recuerdo que a Sora le gusta tener, pero es también un recuerdo que le genera culpa. ¿Por qué un recuerdo feliz puede a la vez ser un recuerdo culpable? Sora no lo sabe, pero presiente que, si se lo preguntase a su pequeño cuñado, él tendría una respuesta.
Sora cree que Yamato también tendría una respuesta, pero esa no es la clase de pregunta para él. En Yamato, esa pregunta… en Yamato esa pregunta vendría cargada de ejemplos, vendría cargada de ejemplos de recuerdos propios que son, a la vez, felices pero culpables.
Yamato solo se lo contó una vez, ese recuerdo, pero fue suficiente. Yamato solo le contó una vez de la vez en que fue a buscar a Takeru a casa de su madre para ir al campamento, y Natsuko le dijo que podía pasar a visitar cuando quisiera, y Yamato le dijo que no. Y Yamato le dijo, a Sora, que le dijo que no por culpa, o por el miedo a la culpa futura. ¿Porque qué pensaría Hiroaki de que Yamato visitase a su madre…?
Ahora, Yamato sabe que él jamás se opondría, y sabe que además lo haría feliz ver ese vínculo reformado. Pero, a los once años, Yamato se sentía culpable de solo considerar que podía ir a visitar a su madre y… disfrutarlo.
Una palabra peligrosa.
Por eso Sora no le pregunta, y por eso se siente culpable por el hecho de sentirse culpable de este recuerdo feliz, este que está queriendo asomar, y ella no lo deja salir porque no sabe si sonreír o si esconderlo otra vez.
Es de esa vez, o de una de esas veces, en que Sora y Haruhiko fueron a pescar. Sora era muy pequeñita, porque con su mamá aún vivía en Hikarigaoka, y su papá todavía las visitaba en forma relativamente constante: lo suficiente, al menos, para que Sora esperara con ansias el día en que iban a pescar por el hecho de pescar, y no solo por pasar tiempo con su padre. Ya que a eso, en esas épocas, lo hacía un poco más seguido.
Hoy recuerda una vez en particular. Recuerda la vez en que su papá le enseñó cómo hacer un señuelo falso con un palito.
―No creo que lo necesites ―le dijo―, pero por si acaso te lo enseño igual: hay algunos peces, los menos inteligentes, los menos parecidos a ti ―y le pellizcó la nariz―, que pueden confundirse y pensar que este palito es una lombriz. ¡Pero tienes que ser rápida! ―y el grito alarmó a Sora, que casi dejó caer su caña de pescar al fondo del lago―, o el pez se escapará antes de ser pescado. ¿Entendido?
Sora asintió, con mucha seriedad. No sabía, ni ella ni su padre, que un día con ese truco pescaría a un pseudo-líder y a una foca sarcástica.
Y por algún motivo, recuerda lo siguiente que le enseñó su padre:
―¿Sabes cuál es el color cerúleo?
―¿Cerúleo? Un… ¿rojo como las cerezas? ―preguntó, dudosa. Haruhiko sonrió.
―No, mira. Mira, esta libélula ―y le indicó al pequeño insecto apoyado sobre el borde de su bote, bebiendo una gota de agua―. ¿De qué color es?
La miró sin atreverse a acercarse.
―Es un… celeste claro. Como… como los días despejados, a eso de las seis o siete de la tarde. Cuando quiere ser de noche, pero el sol aún no se va.
Se siente tonta, de grande, recordando esa explicación, que por algún motivo persistió en sus recuerdos.
―Cerúleo ―dijo su padre―. Es una libélula cerúlea.
La libélula voló, y Sora cerró su recuerdo una vez más.
Notas: El próximo capítulo será sobre Yamato y su madre.
