CAPITULO III.- SAORI VS ATHENA. LA OTRA CHICA.

Tsasumi le abrió la puerta antes de que llegara a tocar el timbre. Por un instante las miradas de ambos viejos enemigos se cruzaron, pero el sirviente no tardó en retirarla – "oh… Tsasumi… esperaba más de ti ¿dónde ha quedado tu rabia?" - pensó Seiya. Le ofreció una bebida que él rechazó, quería empezar lo antes posible. Shiryu se mantenía en un segundo plano como un mero observador.

- ¿Dónde está mi paciente? – preguntó Seiya, su tono resultó más formal y profesional de lo que esperaba.

- En el jardín de atrás, les acompañaré.

Ambos amigos siguieron al sirviente aunque no era necesario, sabían perfectamente cómo llegar tras tantos años viviendo en esa Mansión, apenas nada había cambiado, salvo que el orfanato ya no estaba allí, Shiryu le había contado que Saori construyó uno nuevo más cerca del centro de la ciudad y de la escuela.

La joven estaba sentada al sol con un block en su regazo con el que parecía entretenida. Seiya quedó sorprendido con la imagen.

- Shiryu, me dijiste que Saori no había sufrido secuelas físicas por el accidente ¿por… por qué? –la joven estaba en una silla de ruedas. Lo cierto es que el día anterior ella había permanecido todo el tiempo sentada, pero no recordaba haber visto una silla de ruedas.

Su amigo le contestó no sin cierto tono de preocupación y resignación.

- Y no las tuvo. – Seiya se giró para mirarle de frente – Cuando ella está en "nuestra realidad" no puede o quiere caminar. Dice que es la pequeña trampa de su padre Zeus cuando accedió a liberar a sus Caballeros y darles una vida normal, ella tendría que sufrir el destino de quien quiso salvar. – Eso no le quedó muy claro a Seiya, pero prefirió no preguntar más.

El joven de cabellos castaños y ojos avellana se acercó a la joven, sabía que en ese momento se encontraba ante Saori Kido, la mujer, no la Diosa, eso facilitaría las cosas de momento.

- Buenos días Saori. ¿Qué día tan bonito hace cierto? – el joven puso sus manos tras su cabeza y se estiró con naturalidad como disfrutando de la brisa.

- Seiya… - la joven levantó su vista del block de dibujo, esa voz… - ¿qué… qué haces aquí?

- He venido a visitarte, Shiryu me informó de tu accidente – quiso parecer normal necesitaba tantear hasta qué punto la joven era consciente de la realidad. – ella cambió su semblante y se puso seria mientras retomaba el dibujo que segundos antes concentraba su atención.

- Eso no es verdad Seiya. – le inquirió - Ambos sabemos que ni mi abuelo y ni yo somos de tu agrado. Has venido por mi enfermedad. – hizo una pausa - ¿Sabes? – levantó nuevamente la vista hacia el joven – Nunca pensé que Shiryu acudiría a ti, debe estar muy preocupado.

- Entiendo…- la interrumpió Seiya antes de que retomara su dibujo – Así que sabes a lo que me dedico.

- Si. Siempre me he preocupado por todos vosotros Seiya, aun sabiendo que no era recíproco. En el fondo sois parte de mi familia. – Esas palabras no le hicieron gracia al joven, aun así no la interrumpió. – Pero no es buena idea que estés aquí, podría ser peligroso. – Mas tarde ahondaría en esa afirmación, pensó el joven.

- Te puedo asegurar que no hay peligro alguno Saori. – ella le miró con resignación y cierta ternura – He venido a ayudarte. ¿Dejarás que lo haga?

- No – el semblante de la chica cambió. De repente se mostró fuerte y con determinación. "Dios esta chica es un caso muy particular…me va a desesperar" pensó Seiya.

- ¡Señorita! – él igualó su tono e incluso la superó en vehemencia – ¿Sabe qué? A cabezón no me gana nadie y he hecho una promesa a un buen amigo que pienso cumplir. Ahora, tenemos dos caminos… el fácil, aceptas mi ayuda; o el difícil, en el que no dudaré en ser muy molesto. – La joven le miró con cierto asombro y un brillo extraño en su mirada. – Te repetiré la pregunta ¿Dejarás que te ayude? – vio duda en los ojos de la joven - ¿Confías en mi Saori?

Ambos se miraron por un momento a los ojos. Seiya se fascinó por la profundidad en la mirada de la joven, parecía como si esa última frase hubiera despertado algún recuerdo en ella.

- Sabes que eres la persona en la que más confío. – Hizo una pausa. - Lo haré. Pero si en algún momento tu vida corre algún peligro prométeme que te marcharás lejos.

Seiya no pudo evitar soltar una leve sonrisa, no entendía que peligros, más allá que viejos recuerdos, podrían acecharle, aun así, al ver la cara de profunda preocupación de la joven asintió.

- ¿Y ya está? ¿Eso es todo? – preguntó Shiryu mientras Seiya avanzaba hasta ellos.

- Ya está. Sabías que mi método es poco convencional. Sólo necesitaba su consentimiento y reconozco que ha sido fácil. No podría empezar sin él, mi método se basa en la confianza Shiryu, necesito entrar en su mundo o no podré sacarla de él- El joven de ojos avellana se giró hacia Tatsumi que lo miraba anonadado. – Creo Tatsumi que ahora si te aceptaré ese café.. ¡y algo de comer! – empujo a ambos hacia el interior de la casa. Saori continuó con su dibujo.

Shiryu marchó a trabajar sin tomar nada mientras Seiya interrogaba al sirviente. Le sorprendió el hombre tan dócil en el que se había transformado. Cuando eran jóvenes era muy estricto y no dudaba en propinarles fuertes palizas cada vez que desobedecían sus órdenes o las del viejo Mitsumasa, el abuelo de Saori. Nunca les dejaba explicarse, antes de que pudieran abrir la boca les callaba con una bofetada o incluso un puñetazo. Seiya lo odiaba y aprendió a recibir sus golpes con orgullo, nunca lloraba, no se mostraría débil ante él. Sin embargo, ahora parecía un anciano sin fuerza siquiera para matar una mosca.

Aprovechó el desayuno para sonsacarle algo de información. Le contó que Saori pasaba la mayor parte del tiempo en el jardín de la casa cuando se encontraba "bien", le gustaba dibujar y leer libros, sobre todo de mitología clásica, era como si buscara alguna respuesta en ellos. Los "episodios" se daban principalmente por la noche o cuando abandonaba la Mansión. Al principio sus amigos la visitaban recurrentemente, pero pronto no pudieron soportar el dolor de verla así, tan joven y tan…loca.

A Seiya no le gustaba ese calificativo "loca" ¿qué era estar loco? A caso nuestra realidad era mejor que la de los "locos". En su investigación mientras desarrollaba su técnica se dio cuenta que el principal error era considerarlos "locos", aunque el mismo en ocasiones utilizara ese adjetivo. ¿Acaso para ellos los locos no eran los demás? Cuando más aprendió a respetar a sus pacientes, a entender su mundo, más cerca se encontró de curarles. La confianza era la clave. Si confiaban en él, le creían, y sólo así podía devolverles al mundo real.

- ¿Sabe? – continuó Tatsumi – Hasta su prometido ha dejado de visitarla, no me sorprendería que pronto cancele el compromiso oficialmente – "¿Cómo? ¿Saori estaba prometida?" pensó Seiya, aunque rápido se recriminó su sorpresa. Saori era una chica guapa y de buena familia no tendría que resulatrle extraño que tuviera pretendientes a patadas.

– Aunque, si le soy sincero, nunca me ha gustado ese chico – continuó el sirviente – y creo que a mi señora tampoco. Su matrimonio fue arreglado por el Señor Kido con su principal socio, el Señor Solo. – A Seiya no le sonaba ese nombre, no estaba muy familiarizado con las altas esferas del mundo de los negocios, cuando trataba los asuntos de sus becas y financiaciones acudía a las ventanillas habituales para los de su clase. – Nunca me gustó ese chico, casi que agradezco que se haya alejado de ella. Señor Seiya… - no sé qué sorprendió más al joven, su tono… que amenazaba una pregunta… o que le llamara "Señor", en el fondo pensó que tendría que agradecer a Shiryu ese momento - ¿qué es lo que pretende hacer con mi señora?

Seiya le miró y sonrió.

– Por lo pronto, hacer que se levante de esa silla. – Tatsumi escupió por la nariz la mitad del café con el que se deleitaba en ese momento.

Ella no entendía que estaba pasando. Poco a poco había asumido su castigo, creía que su padre fue excesivamente duro con ella, pero no por menos era el Dios más poderoso del Olimpo. Pero que Seiya apareciera, eso no estaba dentro de los planes, en este mundo no le podría proteger no tenía su poder. Si el resto se enteraba se iban a enfadar e intentarían acabar con su vida y con la del resto de Caballeros… no lo podría permitir.

Todo había sido tan extraño… él no la recordaba. Su Caballero más fiel, su valiente Pegaso, había olvidado a su Diosa… a su Saori. Si él supiera lo que siempre le había querido, más que a nadie en el mundo. Pero sus deberes como Diosa nunca le permitieron reconocerlo abiertamente: ella tenía que amar a todos sus caballeros por igual. Esa frase de Mu, el Caballero de Aries, se grabó a fuego en su memoria. Ella se esforzó, se esforzó muchísimo por cumplir con su obligación, pero el amor no atiende a razones. Además él siempre estaba ahí, arriesgando su vida por salvarla no importaba de quién; y no a ella, la Diosa Athena, sino a Saori, la mujer, él siempre se lo había dejado claro. Siempre intuyó que sus sentimientos eran correspondidos, pero la nobleza del caballero evitó cualquier encuentro entre ambos.

La joven divagó en sus recuerdos por unos momentos más, recordando cada roce, cada final de batalla en el que acababa en sus brazos, el día en el acantilado en el que casi se atreve a besarle mientras él se encontraba inconsciente fruto de la caída que les salvo al vida… No podía permitir que le pasase nada, había sacrificado mucho para salvarle y que pudiera tener una vida normal, aunque ello significara que la olvidara y ser infeliz por siempre. Que apareciera de repente lo había cambiado todo ahora que sus esfuerzos le estaban permitiendo regresar a su mundo otra vez y recuperar su control sobre la tierra como Diosa protectora de la humanidad, tendría que cambiar su plan. Quizás si le hacía caso, si le convencía de que estaba curada… el volvería a marcharse y estaría a salvo… La chica se entristeció con este último pensamiento "Si, eso tendré que hacer, le seguiré el juego y así ya no tendrá motivos para quedarse, de todos modos, no sabe quién soy, no sabe quién es y es mejor así". La joven de ojos turquesas abandonó su ensimismamiento para continuar pintando un bello caballo alado.