Todos los nombres de artefactos, hechizos personajes y el mundo mágico, pertenecen a JK.


2. El primer encuentro

Dos figuras encapuchadas caminaban en la oscuridad de la noche, solamente eran iluminados por una antorcha de débil resplandor, en aquel sendero que tenía muchas piedras dispersas. No se atrevieron a usar escobas por miedo a ser descubiertos, habían andado a pie durante un día completo, se sentían agotados y rogaban llegar pronto a su destino. Iban callados, procurando no llamar mucho la atención, de vez en cuando intercambiaban miradas fugaces. A lo lejos, uno de los dos divisó una choza, era pequeña y estaba iluminada con suficientes velas como para poder distinguirla claramente en la oscuridad, estaba solitaria, a su alrededor no habían más que algunos árboles.

— ¿Es ahí Salazar? ― pronunció quedo la bruja, mientras ambos seguían acercándose.

―Así es―respondió con júbilo en la voz― esta es la casa de mi amigo Godric― corrió hacia la entrada entusiasmado y llamó a la puerta con gran fuerza.

―No creo que deberías tocar de esa manera― lo regañó Helga― ¿Qué tal si dormía? O ¿Si nos descubren?

―Él sabía que yo vendría por la noche un día de estos―dijo seguro de sí mismo― además, esos odiosos muggles viven lejos de aquí―Helga hizo una mueca y suspiró. Salazar no la miró y prosiguió hablando― sé que le alegrará verme llegar con la ayuda que le prometí que conseguiría― La puerta se abrió en ese instante. Un chico alto, pelirrojo, de piel pálida y ojos verdes se asomó por ahí.

― ¿Eres tú Salazar? ― preguntó seguro, como ya sabiendo la respuesta, pero mirando con cuidado por si acaso.

― Y ¿Quién más hermano? ―Rió Salazar― ¡Obviamente soy yo! Y he vuelto con alguien que podrá ayudarnos, tal y como lo prometí― al decir esto, tomó por los hombros a Helga para que Godric pudiera verla mejor. La chica se sintió intimidada al mirarlo a contraluz, también el resplandor de las velas le lastimaba los ojos después de haber andado casi en completa oscuridad por horas.

Quedaron ambos frente a frente, esa primera mirada bastó para que los dos jóvenes magos, supieran que no podrían olvidarse nunca hasta el final de sus días. Los profundos ojos azules y aquella mirada llena de bondad, de Helga Hufflepuff quedaron clavados en el alma de Godric Gryffindor, de la misma manera, ella quedó inmediatamente perdida en la figura de aquel hombre gallardo y de apariencia aguerrida. Salazar pareció notar las miradas extrañas y prolongadas que ambos intercambiaron y aclaró su garganta sonoramente para que volvieran a la realidad, después caminó un poco y se interpuso entre ambos, para quedar cara a cara con Godric.

―Me parece Godric, que ambos se entenderán de maravilla―agregó con tono seco y serio, casi mascullando― ¿No nos invitas a pasar?

―Ah, mil perdones―exclamó recobrando la compostura― Pasen, pasen― hizo un ademán con la mano para invitarlos al interior de su casa. Cuando Salazar y Helga estuvieron dentro y la puerta cerrada, notaron que ahí había alguien más, al notar sus miradas curiosas, Godric decidió hablar para romper el hielo―Ella es Rowena Ravenclaw― se acercó y se colocó justo junto a la silla donde ella se encontraba sentada― es la persona que yo elegí para ayudarnos Salazar. Espero se puedan llevar bien― dicho esto, se apartó para que pudieran conocerse mejor.

―Mucho gustó― dijo la bruja de largos cabellos negros y se levantó de la silla para acercarse un poco más a los recién llegados, luego los reverenció.

―Un placer señorita― saludó Salazar con una sonrisa y le besó la mano rápidamente― Soy Salazar Slytherin―Rowena le dedicó tímidamente una mirada, no solía ser muy expresiva y el gesto de aquel chico, la había hecho sonrojarse.

―Yo soy Helga Hufflepuff― anunció y echó a Salazar a un lado entusiasmada―espero que podamos ser buenas amigas― decía mientras le estrechaba la mano repetidas veces.

―G-gracias―tartamudeó Rowena― Yo también espero que podamos llevarnos de maravilla― le sonrió, cosa que no solía hacer, pero se había sentido muy en confianza con Helga.

La noche en que los futuros cuatro fundadores se reunieron por primera vez, fue emotiva. Charlaron y se dieron cuenta de que tenían mucho más que un objetivo en común, en realidad compartían muchos puntos de vista, congeniaron casi inmediatamente. Se sentaron junto a la chimenea, algunos contaron la historia que tenían detrás, cuál era su ocupación antes de decidirse a emprender aquel compromiso, qué les había pasado a sus familias, lo que pensaban sobre los muggles, en fin, todo asunto que fuese motivo de encontrarse ese día reunidos.

Salazar, sentado en el piso de madera, habló sobre su pasado, de cómo una tarde sin previo aviso, una horda de muggles entró a su modesta casita en el pantano y mató a toda su familia frente a sus ojos. Él pudo sobrevivir gracias a que su madre lo ocultó bajó la cama al percatarse de lo que ocurriría, pero fue testigo, de los atroces últimos momentos de las únicas personas con las que compartía todo en la vida. Al hablar sobre esto, los otros tres enmudecieron, él ocultó su rostro, pues varias lágrimas traicioneras insistían en salir de sus ojos. Helga comprendió en ese momento su odio desmedido por los muggles, pero pensó que a pesar de todo, quizás él lograría perdonar, de la misma manera que ella lo hizo.

Helga, situada justo al lado de Salazar, explicó que dejó a sus diez hermanos atrás, los mayores eran lo suficientemente grandes como para cuidar de los más pequeños, y todos habían estado de acuerdo con quedarse, argumentaban que no querían ser una carga para su hermana. Lastimosamente, la bruja había tenido que aceptar, además todos sabían cómo mezclarse fácilmente con los muggles, estaban acostumbrados, sabían controlar muy bien su magia. También habló sobre como su padre murió lentamente por una peste que arrasó su pueblo natal, que su último hermano nació después de este suceso y como un año después su madre fue ejecutada en una plaza pública por ser una bruja. Ella no se inmutó, simplemente sonrió y les dijo que se sentía orgullosa de ser una de las pocas personas interesadas en forjar un mejor porvenir, para evitar que historias como las de ellos se repitieran.

―Realmente no puedo comprenderlo― expresó Rowena con pesadez al terminar de escuchar ambas historias, luego del comentario final de Helga― Después de todo eso ¿Cómo es posible que no los odies?

―Ni yo misma lo sé―respondió serenamente―simplemente, mi corazón no puede sentir odio hacia nadie―sonrió levemente y se llevó las manos al rostro― ¿Es tonto verdad? ― Rowena estuvo a punto de responder, pero Godric intervino sin previo aviso.

―No, simplemente es noble―le devolvió la sonrisa con gentileza― me alegra en verdad que un alma tan pura, nos brinde ayuda― al terminar la frase, Godric y Helga se quedaron mirando fijamente. Salazar, que ya se sentía bastante de malas por recordar su triste pasado, se levantó para interponerse justo entre los dos, después salió dando zancadas con dirección al camino, por el que acababa de llegar horas antes. Los otros tres, se voltearon a ver confundidos, sin entender la razón. Helga decidió salir corriendo tras él y Godric salió detrás de ella. Rowena decidió quedarse donde estaba, sintió algo extraño en el pecho, una sensación que jamás en la vida había tenido antes.


Creo que los capitulos me están quedando breves, pero juro que me esforzaré más para hacerlos más largos.

Espero que me den su opinión :) y me digan en que fallo.

Saludos.