Disclaimer:No, los personajes no son míos –I wish- Son de Meyer.

Summary:Él la abandonó porque jamás significó nada. Ella quedó destrozada hasta el punto de ser irreconocible. Años pasan, y el destino los junta. ¿Qué haces cuando encuentras al único hombre capaz de destrozar tu ya muy jodido corazón? .OOC

N/A:¡Advertencia!, éste fic tiene lenguaje vulgar, sexo desenfrenado y drogas. Es Darkward y BitchBella. Por favor, si no estás en edad de leer ésto, cierra la página :D estoy segura que existen muchos fics que sean adecuados para ti. Quedan advertid

1.- Recuerdo febril parte I

Best of you

By Mommy's Bad Girl

22 de Febrero del 2003

—¿Qué nos falta? — Preguntó Tanya a Irina y la segunda se encogió de hombros.

—No lo sé, ¿Sientes que falta algo? — Irina escaneó la sala de la casa que ahora estaba repleta de globos, bebidas alcohólicas y la música comercial comenzaba a sonar en las bocinas.

—Que Bella suba, se encierre en su habitación y no vuelva a salir. Eso es lo que falta— Murmuró Tanya y se carcajeó.

Yo rodé los ojos, esto ya era normal. Lo había sido desde que la familia Denali me había adoptado meses antes. Tanya, Irina y Kate me habían tratado con repudio desde que puse un pie en la puerta de la casa, y al inicio intenté comprenderlas. Yo era la que había llegado de intrusa a la familia, la que sin quererlo había formado también parte de ésta, pero no de la manera que a mí me gustaría. Pero, conforme pasaba el tiempo, eso no cambió. Me trataban igual e inclusive peor, yo para ellas era la intrusa, y comenzaba a sentirme de esa manera.

Carmen y Eleazar eran la misma harina pero en otro costal, mi padrastro me trataba con indiferencia, para él yo era simplemente una boca más la cual alimentar y un cerebro más el cual tendría que aprender, ya que para ellos el dinero no era problema; Carmen por otro lado, junto con sus hijas eran las que hacían mi vida un fastidio, pero no me podía quejar; Tenía ropa de mis hermanas, un plato de comida frente a mí y un techo donde dormir.

Aunque seguía sin entender porque me trataban de ésa manera.

—Ve, ponte algo decente y baja. Recuerda que por lo único que te invitamos fue porque no queremos que vayas de soplona con papá a decirle que hicimos una fiesta mientras estaban de viaje— Escupió y se fue a paso rápido hacia la cocina. Caminé arrastrando los pies hacia las escaleras y subí a mi habitación. En cuanto estuve ahí le puse el seguro a la puerta y me recargué en ella deslizándome hacia abajo. Esto era completa y totalmente insoportable.

¿Por qué siquiera se me ocurriría que alguna de las chicas y yo podríamos ser amigas? ¿Por qué siquiera se les ocurriría que yo iría con Eleazar a decirle "Hey, padrastro ¿A que no sabes que hicieron tus princesas el fin de semana que te fuiste a Phoenix? ¿No? ¿No tienes idea? ¡Bueno! ¡Hicieron una fiesta para celebrar el regreso de "Edward no sé que" el que supongo ya sabes que es el mejor amigo de tu hija mayor la cual me odia!"?

Claro… era mi plan, hacer que me odiaran más por decirle a su padre y que él no me creyese porque me veía más como si fuese uno de los muebles que como si fuese un humano pensante.

Desearía que mi vida fuese diferente, que mi familia siguiese viva, que yo regresara a ser aquella niña que sonreía de todo, que se sonrojaba de todo…

Aquella niña la cual solía ser pero que el tiempo se había hecho cargo de desaparecer.

Me levanté lentamente del piso y fui hacia el baño. Podía sentir como las lágrimas comenzaban a formarse en mis ojos, odiaba ponerme así de sensible. Era algo a lo que me tenía que acostumbrar… ésta jamás sería mi familia. Jamás vería en Carmen aquella sonrisa maternal que había visto tantas veces en el rostro de Renée, no vería en Eleazar el padre con el cual podía llegar para que calmase mis lágrimas y en mis tres hermanastras jamás podría encontrar el apoyo que necesitaba en los momentos duros.

Me observé en el espejo. Ojos hinchados y llorosos, mejillas coloreadas y llenas de pecas, cuerpo flacucho y sin sentido. Suspiré y me quité la ropa. No quería pensar, solo quería que ésta noche se acabara para yo poder descansar, que Carmen y Eleazar regresaran de viaje y yo poder seguir con mi vida "Normal". O lo que sea que se le llamara a este universo paralelo en el que me encontraba.

El agua caliente me calmó los músculos que tenía hechos bolas gracias a que Tanya me había puesto a arreglar la casa. Supuestamente le daríamos la bienvenida a su mejor amigo el cual había llegado de Londres. Pero yo sabía mejor, Tanya siempre hablaba de él y cuando lo hacía, una chispa de emoción le cruzaba los ojos. Habría que ser realmente idiota para no saber que el objetivo de Tanya éste verano sería "Edward No sé qué".

Pobre hombre…

Me lavé el cuerpo con el jabón corporal de fresias y el pelo con el champú de fresas. Era mi olor favorito, suave e inocente.

Cuando salí de bañarme me sequé el pelo con la secadora. Me puse mi ropa interior y pase media hora aventando ropa de un lado a otro porque no encontraba la que me quería poner y terminé enrollándome en lo primero que vi. Mi vieja pero adorada playera de tirantes de Radiohead, mis skinny Jeans y mis Converse. Sé que no estaba a la moda como mis "Hermanas" pero realmente era algo que no me importaba, no me estaba arreglando para nadie y quería que esta fiesta se acabara tanto como la iglesia deseaba la paz mundial.

La deseaba demasiado.

Me dejé el cabello suelto y me examiné en el espejo. Necesitaría un corte pronto. Me lavé los dientes y suspiré. Podía escuchar sobre la música como la casa se iba llenando rápidamente de gente. Mi habitación daba hacia la calle, entonces podía escuchar como los diferentes autos de los niños ricos iban llegando.

Si tan solo pudiese escaparme de aquí.

Con una última respiración abrí la puerta de la habitación, apagué las luces y la cerré detrás de mí. La música sonaba fuertemente desde abajo y yo sabía que esta sería una larga y cansada noche.

Bajé por las escaleras con paso lento. La sala, cocina, comedor y todo aquello que hacía solo una hora estaba completamente despejado ahora estaba completamente lleno. ¿Qué "Edward no sé qué" era muy famoso o qué sucedía?

Escuché el timbré de la puerta sonar y vi como Tanya se acercaba a ésta. En el momento en el que la abrió saltó a los brazos de un chico, al cual no le vi el rostro porque la larga y hermosa cabellera color fresa de mi hermanastra me tapaba, y grito como desquiciada. Se veía feliz… cosa que desde que había llegado a vivir con ellos, jamás lo había visto.

Sonreí imperceptiblemente, ¿Por qué ella no podía ser así conmigo?

Bajé las escaleras con la vista fija en el piso y entré a la cocina. Suponía que conocería a Edward más tarde, cuando Tanya dejase de estar revoloteando a su lado.

Tomé uno de los vasos y fui directo al refrigerador por jugo. Yo no bebía, jamás lo había hecho… incluso aunque tuviese la oportunidad en mis narices. No me gustaba y esperaba jamás hacerlo. No entendía la necesidad de las personas de mi edad por ponerse idiotas y al día siguiente no recordar lo que habían hecho. Era estúpido.

Cuando cerré la puerta del refrigerador Mike- Imbécil- Newton estaba recargado en la alacena de un lado mío. Me sonrió desagradablemente y sabía que tenía que huir de ahí antes de que comenzara con sus patéticos intentos de flirtear conmigo. Maldito idiota.

—Bella, Bella, Bella… ¡Encantadora sorpresa, diría yo! ¿Cómo has estado? — Se acercó incómodamente para saludarme y, ya que mis padres me enseñaron mejor que esto, tuve que corresponderle el saludo.

—Bien, Mike. Gracias por preguntar— Contesté en un murmullo y me serví jugo. Me llevé el vaso a la boca y observe incomoda alrededor de la cocina. Había mucha gente, y algunos rostros los reconocía de la escuela y otros de las constantes visitas que había en casa de parte de los amigos de las tres hermanas.

—Entonces, estaba pensando…— ¿¡Él piensa! ¿¡Dios lo dotó con un cerebro! —que tal vez podríamos salir. Tú sabes, ir al cine… ¡No entiendo porque te haces tanto del rogar, Bellita! Al final sabes que terminaremos juntos— Una de sus manos me tomó por los hombros y yo quería gritar que me dejara en paz—. Seremos rey y reina de la graduación. Seremos un Jenthony(1) en potencia.

Me sacudí su brazo de encima y dejé mi vaso en la isla de la cocina para poder girarme hacia él.

—Mike, por más que me guste ésta idea que tienes me temo que no, no se podrá— Una sonrisa inocente se formo en mi rostro—. Veras… yo no puedo ser tu Jennifer ni tú puedes ser mi Anthony porque en primera, ninguno de los dos somos latinos. En segunda yo no te amo y en tercera, cariño, yo no sería tu mitad ni aunque todos los hombres de ésta tierra hubiesen desaparecido y ya no hubiese cabras.

Tomé mi vaso y me fui directamente a la sala sin mirar hacia atrás. ¿Por qué los hombres jamás entendían las cosas? Mike Newton me había estado persiguiendo desde que puse un pie en la preparatoria. Todos los minutos, de todas las horas, de todos los días, de todas las semanas…

…Todos…

Sacudí la cabeza e intenté quitarme el pensamiento de encima. Al llegar a la sala, de nuevo, mil rostros conocidos pasaban a un lado mío. Nadie me saludaba, ni yo a ellos. Era como una regla silenciosa que las tres hermanitas habían impuesto. Nadie quiere a Bella, Bella no quiere a nadie. Por supuesto, había sus excepciones.

Me giré y vi a Kate platicando con Eric, un jugador del equipo de futbol. Cliché hasta la medula.

Estuve dando vueltas por ahí algún rato, escuchando sin escuchar, viendo sin realmente ver. No había algo que realmente me llamase la atención como para concentrarme en ello.

Malditas fiestas adolescentes, con sus malditos niños ricos, con sus malditos globos de colores y música estruendosa. El 99.9% de los que estaban ahí no tenían cerebro y el otro pequeño .09% era yo. Bendito sea el cielo que me dotó con neuronas.

Cuando la música de Pink comenzó, supe que había llegado a mi límite. Fui a la cocina, me serví un poco más de jugo y salí directamente para sentarme en la acera frente a la casa. Todos estaban adentro, y dada mi posición social, suponía que nadie se daría cuenta de mi ausencia. ¡Gracias a Dios!

La noche oscura estaba despejada. Se podían ver todas y cada una de las estrellas que alumbraban el cielo, y la luna se alzaba con magia entre ellas.

Suspiré. Amaba las noches así, aunque no había disfrutado de ellas desde que había llegado a ésta casa.

Me dejé perder en mis memorias. Memorias de niña, de cuanto todo era más fácil y seguro. Cuando de lo único que me tenía que preocupar era de que mamá pusiera mis galletas favoritas en mi mochila, o que mi muñeca se despeinara por culpa de mis amigas.

—¡Hey! — Escuché una voz frente a mí y levanté la vista. ¿Quién me había dado la atención necesaria como para hablarme?

Y ahí estaba la persona cuya voz era la que me había llamado. Ojos verdes completamente profundos… te podías perder en ellos si así lo deseabas. Cabello de un extraño color bronce, semejante al de los peniques. Una barbilla cuadrada con barba de algunos días. Su sonrisa era lo más extraño que hubiese visto… era… doblaba, de lado ¿Quién tiene una sonrisa así?

Vestía unos Jeans y una playera polo negra, la cual dejaba a la vista sus brazos. SUS brazos… blancos, fuertes… duros. Reprimí las ganas de tocarlos. Delgado pero musculoso… sencillo pero único.

—Am… hola— Susurré no muy segura de que mi voz pudiese salir sin quebrarse.

Volvió a sonreír.

—¿Te molesta si te acompaño? Es que allá adentro todo es demasiado…— Su voz contenía frustración.

—¿Movido? ¿Frustrante? ¿Aberrante? ¿Aburrido? ¿Superficial? — Jugué con el líquido que había en mi vaso.

—Iba a decir "ruidoso", pero creo que esos sinónimos también le quedan— Y me sonrojé… sí, me sonrojé porque creo que dejé salir un poco de mi frustración con éste chico increíblemente guapo y sexi, quien por cierto se había tomado el tiempo de hablarme. ¿¡Qué demonios pensaba!

Se dejó caer a un lado mío y su olor inundo mis pulmones. Chocolate, menta, vainilla y un toqué masculino que no supe reconocer.

Dios…

—Así que… ¿Vienes aquí para ver a "Edward no sé que"? — Intenté entablar una conversación, o si no estaría segura que terminaría oliéndolo. Y creo que esa no sería una muy buena primera impresión que digamos.

Un hermoso sonido lleno el vacio y lo grabé en mi subconsciente, esperando poder analizarlo más tarde.

—Algo así ¿Y tú? — Sentí su mirada penetrante en mi rostro y me atreví a levantar la vista. Sus ojos se conectaron con los míos y por un momento todo desapareció… la música, los arboles, la noche, las estrellas, mi respiración. Era como estar bajo alguna clase de hechizo.

Y no querer deshacerme de él. Jamás.

—Se podría decir que igual…— Susurré y tomé un sorbo de mi jugo— Soy la hermanastra de Tanya, quien es amiga de… éste… éste "Edward no sé qué". No entiendo ¿Qué le festejan tanto? O sea, no es como si fuese una estrella de rock o algo así.

Otra musical carcajada abandonó sus labios.

—Tienes toda la razón, es estúpido festejarlo— Contestó y yo sentí que mis mejillas se sonrojaban. El sonido de su voz era como una caricia… como el más fino terciopelo. Era como… como una nana que te arrullaba y te llevaba hasta lo más recóndito de la mente.

—Así que dime… ¿Por qué estás aquí afuera tú sola? ¿No deberías estar ahí adentro platicando y… flirteando y todo eso que hacen las chicas? — Preguntó mientras sacaba una cajetilla de cigarros del bolsillo de su pantalón y su encendedor.

Ahora fue mi turno de reírme.

—No es exactamente el tipo de plan que tengo. Ya sabes, eso de ponerme ebria y terminar despertando en brazos de un chico al cual no conozco no es lo mío. Pero tal vez tú puedas aplicarlo en tu caso ¿No deberías ser tú el que esté adentro flirteando y tragándose a todas las mujeres de ahí? ¡Digo! Ese parece ser el pasatiempo predilecto de éste tipo de fiestas—Murmuré y en el momento deseé haberme ahogado con el jugo.

¡TONTA, TONTA, TONTA!

Prácticamente le había dicho que era un mujeriego. ¿Qué demonios me estaba pasando por la cabeza? ¿¡QUÉ!

¡Argh! Perfecta buena primera impresión Bella, eres estúpidamente increíble.

Levanté la mirada y él me observaba fascinado. El cigarrillo en su boca se consumía lentamente pero parecía que eso era lo que menos le importaba por el momento. ¡Claro! ¡Debería de pensar que yo era algún tipo de virgen maniática y cristiana que veía con horror todo! ¡Y Ok lo de virgen sí! ¡Pero no era ni maniática ni cristiana!

¡Cristo!

—Am… no lo quise decir así. Tú sabes… es sólo que… deduje…— Y comencé a decir incoherencias, como siempre lo hacía cuando estaba nerviosa.

"Por favor dime que pare… o que me joda o lo que sea ¡Pero habla!"

—Y bueno… dado que tú eres de los típicos niños bonitos, y… jeje— ¿BONITO? ¿¡BONITO! ¿¡DE CUANTAS MANERAS SE PUEDE AVERGONZAR UNO MISMO ANTES DE MORIR DE AUTO COMBUSTION!

—¿Y sabes qué? Todavía tengo un poco de dignidad así que mejor me iré— Susurré y me levanté rápidamente. ¿Cómo? Y lo vuelvo a repetir ¿CÓMO PUDE DECIR TANTAS ESTUPIDECES?

—¡NO! ¡ESPERA! — Una de sus manos tomó mi muñeca. Su tacto era frío. Sus dedos suaves… pero perfectos se cerraron alrededor de mi brazo y todo se sintió bien, se sintió como si estuviese en su lugar.

Me giré y mi mirada viajó de su mano en mi muñeca a su rostro y de nuevo a mi muñeca. Él me soltó lentamente y puso sus manos en forma de rendición.

Sus ojos verdes bailaban de un lado a otro, y una chispa de humor estaba encendida en ellos. Parecía disfrutar de alguna broma privada.

Idiota…

—Quédate. ¡Es más! ¡Tengo una idea! ¿Qué te parece si bailamos? — Y una de sus perfectas sonrisas de lado apareció en sus labios.

Ok… esta era la gota que derramó el vaso.

—¿¡ESTAS BROMEANDO! Sí, sé que me avergoncé frente a ti, pero ¿¡BAILAR! ¿¡QUIERES QUE TERMINE POR QUEDAR ROJA Y APENADA PARA TODA MI EXISTENCIA! — Gruñí en frustración y enterré la cara entre mis manos. ¿Qué otra cosa más me podía suceder para avergonzarme? ¿Qué Tanya saliera y me gritara que me fuera directo a mi habitación o qué?

Sentí unas manos tomando mi cadera y levanté mi vista rápido para verlo a… a él, frente a mí con una sonrisa hermosa y perfecta.

—Vamos, bailar no te hará daño, ojos— Susurró con voz aterciopelada y arregló mis brazos para que estuviesen en su cuello. Tomó mi cintura con sus dos manos y comenzó a movernos de un lado a otro.

¿Y yo? ¡Bueno! Yo no dije nada porque estaba demasiado ocupada observando cada pequeño detalle de su rostro que estaba muy cerca del mío. ¿Quién era este desconocido y que me estaba haciendo?

—Así que… háblame de ti— Pidió con voz suave y sus labios formaron un puchero increíblemente adorable.

—¿Qué deseas saber? — Pregunté con voz débil y aspire un poco más de su increíble y único olor.

—Todo…— Contestó y sonrió de lado.

Y bueno, como yo no era buena diciéndole que no a las personas. Hablé y hablé y hablé y hablé y él escuchó y escuchó y escuchó y escuchó. Y si la música y me preguntaba más sobre mí y su voz y los ojos y todo. Y yo también era fanático y su risa y más suspiros y el tiempo y no importaba y de nuevo ahh… su olor y otra vez a empezar y los pies moviéndose y canciones pasando una tras otra y no importaba.

Nada importaba.

Porque sólo quería estar más cerca de él… que me apretara más fuerte de la cintura…

Mi hermoso desconocido.

—Eres demasiado interesante…— Susurró él y yo reí como niña de trece años.

—Gracias… podría decir lo mismo de ti, desconocido…— Murmuré y sus ojos se hicieron más cálidos.

—Yo s…—Pero algo lo interrumpió.

A lo lejos se escuchó una voz gritando y rompiéndome mi burbuja.

—¡EDWARD! — Y mi hermosa hermanita Tanya se asomó a la puerta principal y nos observó con cara de shock. Todo pareció paralizarse por minutos ¿Qué demo…

—Tanya— Susurró mi desconocido y todo calló como piezas de puzle.

Desco… ¿Edward? No, no, no… eso no era posible.

—¿Edward? — Pregunté en un murmullo y él me dio una mirada de disculpa y soltó mi cadera.

—¡EDWARD CULLEN! ¿Qué estás haciendo ahí afuera? — Chilló Tanya mientras se acercaba a nosotros y tomaba a Edward del brazo.

—Yo…— Contestó él pero Tanya lo cortó.

—Déjalo, no importa. Vamos adentro—Me dio una mirada de "Sabes que me las vas a pagar luego" Y con eso lo arrastró hacia adentro de la casa. Dejándome a mí afuera con los ojos llenos de lágrimas, la ira recorriendo mi cuerpo y un extraño sentimiento ahogándome por dentro.

Mi hermoso desconocido tenía nombre y apellido. Edward "No sé qué" Cullen.

Esta noche no podría empeorar.

¡MIERDA!