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Capítulo 2:
LA LLEGADA
Poco más de un año ha pasado desde que los juicios contra los miembros de NERV y SEELE finalizaran pero Shinji lo recordaba todo como si hubiese sido ayer. Recordaba el gentío, la lluvia de objetos siendo arrojados hacia él, las miradas de odio y los gritos que mostraban los sentimientos de los presentes, incluso cuando estalló, aquel momento en el que gritó tan fuerte que sintió su garganta desgarrarse, cuando dejó salir todo lo que tenía dentro, cuando deseó por primera vez desde el Tercer Impacto haber escogido la otra opción y no haber vuelto, que nadie hubiera regresado del mar de LCL; todo seguía fresco pese al tiempo transcurrido y no era para menos...
Un año..., pero no parecía que ese tiempo hubiera pasado en verdad. Luego de la vuelta a su tierra natal, el joven Ikari así como los ex técnicos, Kensuke, Toji e Hikari fueron recibidos por el propio Emperador, el Primer Ministro Japonés y otros tantos pertenecientes a las altas esferas de la sociedad nipona, incluido el ejército, por supuesto. Kensuke se puso rígido de golpe, causando confusión en Shinji.
—Hermano, estamos ante la élite de nuestra sociedad, incluido el Emperador —explicó Toji al Ikari en un susurró.
Shinji quedó alarmado, por lo que rápidamente hizo varias reverencias buscando demostrar el mayor respeto posible ante las autoridades máximas de la nación nipona.
Un tipo alto y de aspecto rudo se colocó frente a Kensuke con sus manos tras su espalda, mirando duramente al joven de gafas.
—Soldado Aida.
—Comandante —Kensuke mantuvo la mirada mientras saludaba a su superior.
—Buen trabajo.
—Gracias señor.
—Puede retirarse.
Kensuke hizo una ligera mueca, provocando que su superior alzara una ceja, pues estaba esperando con impaciencia a que su subordinado se marchara; ambos sostuvieron miradas mientras el Comandante seguía expectante por la explicación del soldado. Kensuke se aclaró la garganta, se mantuvo firme y preguntó:
— ¿Puedo hablar con franqueza, señor?
—Adelante.
—Shinji Ikari es uno de mis dos mejores amigos. He intentado estar con él, brindándole mi apoyo, durante los juicios y estuve con él durante la Guerra contra los Ángeles. Me gustaría continuar a su lado, señor, al menos hasta que haya encontrado un nuevo hogar donde esté seguro.
El militar frunció el ceño. Kensuke habló con sinceridad mientras era observado por todos los presentes quienes en silencio procesaban su historia. Él supo que su superior se iba a negar, e incluso había muchas posibilidades de una sanción, pero después de aquel silencio y para sorpresa de todos, el propio Emperador detuvo al encargado de las Fuerzas Armadas antes de que reprimiera a Kensuke.
—Tranquilo Comandante. La petición de su subordinado es concebible, sabiendo la relación que tiene con el ex Tercer Elegido —habló el Emperador con total comprensión y para el alivio del ex piloto y su amigo.
El Comandante abandonó su mirar estricto enderezando el ceño y asintiendo a la autoridad del Emperador.
—Por supuesto Alteza. Lo que usted desee.
Los presentes más jóvenes tragaron saliva cuando el Emperador habló, y Shinji se sonrojó por sus amables palabras. No esperaba que el máximo representante de su país fuera así… ¿o quizás era solo apariencia? No lo sabía, pero al menos la máxima autoridad de Japón había accedido a sus necesidades.
Fue un recibimiento mucho más amable de lo que esperaban. Una vez todos terminaron de saludar iniciaron una reunión a puerta cerrada permitiendo solo a la élite seleccionada del país y a los mismos involucrados formar parte de ella. El Primer Ministro fue quien dijo las primeras palabras.
—Bien ya que están aquí nuestros invitados, será mejor empezar a contarles sobre la discusión que mantuvimos anteriormente —mencionaba el Primer Ministro mientras los demás asentían—. Iré al grano, discutimos sobre su permanencia en el país… —mencionaba alertando a los mencionados—, pero descuiden, apoyamos totalmente su permanencia, por lo que podrán quedarse —se apresuró a explicar al ver las caras de preocupación que habían puesto los involucrados.
—Les recuerdo que no todos han estado de acuerdo —gruñó un militar mirando con desaprobación a todos los antiguos miembros de NERV.
—Bueno, es normal que haya discrepancias, pero la decisión está tomada —aclaró nuevamente el Primer Ministro—. Serán libres de ir a donde quieran, pero antes hay algunas cosas que quisiéramos proponerles —decía el Primer Ministro mientras los demás se veían las caras dado el destino incierto que les sería asignado a partir de ahora—. Sr. Hyuga, Sr. Shigeru y Sra. Ibuki…, iniciaremos con ustedes. Nuestro gobierno, en cooperación con las Naciones Unidas y el ejército, estamos dispuestos a darles empleos —estas palabras impresionaron a los tres ex-técnicos—. Hay muchísimas cosas que desconocemos sobre el Proyecto E y además todavía hay cabos por atar, incluso tal vez otras cosas que aún no sepamos. Tenemos entendido que ustedes fueron la mano derecha de la Dra. Ritsuko Akagi, quién era la científica en jefe del proyecto —los tres técnicos sintieron algo de nostalgia cuando mencionaron a la Dra. Akagi, especialmente Maya quien agachó la mirada tristemente al recordar a su maestra.
Maya quedó sumergida en sus pensamientos de nostalgia, recordaba aquellos días en que trabajaba codo a codo junto con la doctora mientras la Guerra contra los Ángeles se llevaba a cabo; la extrañaba mucho y es que no haber sabido de su regreso luego del Tercer Impacto le dejó una gran herida en su corazón. Estimaba demasiado a la doctora y sin importar que ya habían pasado años, no dejaba de sentir cierta tristeza cuando ésta era mencionada. Pudo haber continuado atrapada por sus pensamientos pero su ex-compañero la trajo de vuelta a la lucidez.
—Así es, Primer Ministro. Éramos sus subordinados más cercanos, sobre todo la señorita Ibuki —asintió Aoba.
—Requerimos de sus conocimientos y habilidades para ello, además son los únicos técnicos que tuvieron acceso a toda la información que se manejaba…, y los únicos con vida —hablaba uno de los militares presentes mientras los aludidos recordaban el día en que todos esos soldados irrumpieron en NERV asesinando a quien se le pusiera enfrente—. Si ustedes aceptan de inmediato se les dará una vivienda en Tokio-2 para tomar sus empleos, además tendrán seguridad encubierta…, por si acaso.
Los tres ex técnicos se miraron entre ellos sin saber qué decir. El modo en que les estaban tratando no era para nada el esperado, aunque las palabras del militar no ayudaban a relajar el ambiente. ¿Acaso había miembros de las JSSDF que les guardara rencor? Probablemente, y eso no era de ayuda. Quizás y sus propios "guardaespaldas" acabaran torturándolos o metiéndoles una bala en la cabeza.
—Descuiden, tendrán tiempo para decidir—terminaba de decir el Primer Ministro.
Los tres ex técnicos asintieron a las palabras del dirigente del país, comenzando un leve cuchicheo entre ellos, con permiso del resto de altos cargos. Ahora el Primer Ministro pasó al siguiente. Era un civil normal y corriente, pero su convivencia y amistad con Ikari era algo que podría darle muchos problemas, así que mejor solucionarlo de raíz.
—Sr. Suzuhara —El aludido tragó saliva sintiendo su cuerpo rígido y un leve nudo en la garganta; aquel militar sabía cómo intimidar pues realmente Toji se sintió nervioso—. Señora Suzuhara...
La esposa de Toji, Hikari, tembló un tanto asustada. Dado que había pasado por mucho para mantenerse a salvo algunos parecían recordarla como amiga de la ex-piloto Soryu y el propio Ikari; aquello no era del todo bueno pues existía el riesgo de ser secuestrada o peor. No parecía tener más opción que aceptar las condiciones de los militares, aunque eso le desagradaba en cierto modo. Respiró guardando la calma al saber que había estado apretando su mano contra la de su marido con más fuerza de la acostumbrada. Soltó un leve suspiro y luego de bajar la mirada unos instantes la dirigió nuevamente a la del militar.
—Como sabemos ustedes ya poseen una vivienda, sin embargo acordamos proveerles de igual manera seguridad encubierta —explicaba el Primer Ministro.
Toji volteó a ver a Hikari, quien sonreía mostrando su gran confianza en su esposo, y mientras tomaba su mano el pelinegro entonces asintió con más calma para después observar a la autoridad. El ministro y demás miembros sabían lo que estaba a punto de decir.
—Nosotros lo aceptamos, gracias —contestó Toji sin dudar.
El Primer Ministro asintió, clavando su mirada en el mayor "problema" al que se había enfrentado su gobierno… Shinji Ikari… El solo hecho de recordar su historial ponía los pelos de punta a cualquier militar incluido los altos mandos. No solo por ser quien exterminó a la mayoría de Ángeles, sino por ser el autor del destino para con la Humanidad; el mundo estaba en deuda con él pero no por eso dejaba de haber gente que lo odiara aún. Pese a que todo lo demás había pasado el mundo aún no aceptaba a Shinji como su salvador.
—Sr. Ikari… —ante la mención de aquel apellido todos centraron sus miradas en el ex-piloto, seguidos de breves momentos de un silencio aterrador. Shinji se mantuvo en su misma postura apenas dirigiendo la mirada hacia sus contrarios—. El gobierno le concederá una vivienda en el lugar donde le parezca mejor para vivir y al igual que los demás se le brindará seguridad encubierta.
Shinji, por su parte, se quedó pensativo sin saber a dónde ir…, o qué responder; aquello llamó la atención de los militares presentes, pues podían hacerse una mínima idea de todo por lo que Shinji tuvo que pasar. Algunos lo consideraban alguien débil mientras que otros se compadecían, las opiniones estaban divididas respecto al ex Tercer Elegido pero no era momento para juzgarlo o encerrarlo, ese tiempo ya había pasado con los Juicios; su único crimen era no saber que su padre y una malvada organización secreta lo manipulaban para sus propósitos, así como habían hecho con todos los países del mundo, así como con la ONU, con el Proyecto E y la Guerra contra los Ángeles.
—Sr. Aida, se nos ha notificado que usted es quien estará a cargo de la protección del Sr. Ikari, ¿Eso es cierto? —habló el Primer Ministro dirigiéndose hacia Kensuke, quien de inmediato lo observó asintiendo a cada palabra.
—Así es señor, ya tengo el permiso de mi superior y orden de la jueza de quedarme cerca de Shinji, ya que fungiré como un psicólogo para él y me encargaré de su seguridad, por lo que tenía pensado que se le concediera una vivienda en el pueblo de Tochikubo, en la prefectura de Niigata —explicaba el de gafas mientras los demás lo veían algo extrañados.
—Soldado, ¿se puede saber por qué ese pueblo en específico? —preguntaba uno de los militares, pues conocía aquellas regiones y sabía que destacaban por no ser tan pobladas, sólo campesinos vivían en aquellas regiones.
—Verá señor, Tochikubo es un pueblo mayormente rural ubicado en un valle rodeado por montañas, Shinji tiene grandes habilidades en el campo, en la agricultura, por lo que pasará desapercibido a los pobladores. Creo que es la mejor opción ya que no considero prudente que Shinji se mantuviera en alguna gran urbe, además gracias a las filtraciones se ha revelado la ubicación del anterior lugar donde vivía y por ende no se considera como una opción —explicaba Kensuke seriamente. Shinji se impresionó de las deducciones de su amigo, Kensuke lo volteó a ver con una mirada confiada buscando la calma en el castaño; Shinji se sintió un poco tranquilo gracias a esto—. Descuida amigo, vas a estar a salvo —decía sonriendo mientras levantaba el pulgar.
Shinji sonrió levemente, un tanto animado por las palabras de su viejo amigo.
—Gracias Kensuke —murmuró el chico en un tono que sólo escuchó el joven militar.
La élite de la sociedad nipona se miró entre ellos, cuchicheando sobre la decisión del soldado Aida. Al final, luego de varios segundos, el Primer Ministro volvió a tomar la palabra.
—Me parece bien Sr. Aida, iniciaremos los preparativos para ello.
—Señor…, nosotros también hemos decidido aceptar la oferta que nos planteó anteriormente —dijo Makoto luego de finalizar su propia conversación con sus dos compañeros.
—Ya lo discutimos los tres y estamos de acuerdo en quedarnos y ayudar en la investigación —agregaba Maya.
— ¡Excelente!, estoy seguro que serán de gran ayuda —respondía un poco alegre el Primer Ministro.
— ¿En serio será así señor? —Preguntaba uno de los militares llamando la atención del resto, su molestia era notoria y que se pusiera de pie solo confirmaba su estado de ánimo tras la decisión tomada—. Esta gente estuvo a cargo de la casi aniquilación de la Humanidad y sin embargo se les trata como si fueran aliados —comentaba con claro disgusto.
—General, creo que eso ya fue discutido en los juicios y nosotros también lo hicimos —respondía el Primer Ministro buscando callar el resentimiento de su subordinado; aunque tenía un buen punto todo el asunto de los Juicios ya era algo del pasado.
—Aun así no sabemos si dicen la verdad —repuso—. Como usted mismo lo dijo hay cosas que nosotros no sabemos aún, ¿y qué tal si entre esas cosas desconocidas está la prueba definitiva de su culpabilidad? —Decía de nuevo el militar dejando en silencio a la junta—. ¿Y qué me dicen del chico? Todo este asunto converge en él y nada nos asegura que no haya sido él quien orquestó el Tercer Impacto —terminaba de decir con suma seriedad el militar.
Los ex-miembros de NERV se quedaron callados no sabiendo qué decir para apaciguar la nueva discusión de la junta. Sin embargo, algo hizo que los demás se quedaran en silencio. Inesperadamente el Emperador, quien se había mantenido en silencio hasta el momento, se puso de pie y dirigió su mirada hacia Shinji.
—Sr. Ikari hay algo que me ha estado intrigando —dijo llamando la atención de Shinji—. Todos aquí hemos estado al tanto de los juicios que se han emitido y también hemos conversado sobre las palabras que dijo luego de ellos, las que dirigió hacia la multitud que estaba afuera del edificio donde fueron juzgados —hablaba mientras el joven hacía memoria de lo sucedido—. Mencionó que es gracias a usted que estamos con vida, que usted se lo pidió a... Rei, que si no estoy mal era la chica piloto de una de las Unidades Evangelion ¿o me equivoco? —preguntó para tener las cosas claras, pregunta a la que Shinji asentía lentamente—. Quisiera que nos explicara esas palabras —pidió con una voz que le transmitía calma al ex-piloto.
Shinji ya no quería hablar de eso, era un secreto, pero en su estado de furia y desesperación lo terminó revelando ante aquella multitud. Sin embargo, la calma que le transmitía el Emperador hizo que pudiera volver a hablar.
—Yo... Es cierto, Rei fue quien tomó el control de las almas de la Humanidad y me dio la opción de elegir entre dejarlas juntas en un mar eterno de LCL o devolver la individualidad de cada uno para que pudieran volver a tomar forma física. Yo elegí la segunda opción…, y aquí estoy, pagando las consecuencias de mi elección —relataba al hombre cayendo en tristeza, su mirada bajó junto a su voz mientras las emociones negativas de aquel evento se hacían presentes en menor medida; aún tenía esa herida que aún no sanaba por completo.
Los demás agacharon la vista ante aquellas declaraciones. Algunos con culpa, otros con molestia; muchos ya acababan de entender lo que había sucedido y le creían pues el comportamiento de Shinji lo confirmaba.
—Entonces, prácticamente te debemos…, la vida —dijo el Emperador llamando la atención de Shinji quien lo vio con una mirada confusa.
—S-sí…, supongo… —murmuró el ex-piloto.
El Emperador sonrió al igual que el Primer Ministro, quien también se puso de pie
—Verá Sr. Ikari, nosotros discutimos anteriormente también esas palabras pero queríamos estar seguros de que no habían sido un arrebato de emociones.
—Personalmente, me parece ridículo y tonto que unos niños que tenían catorce años en ese entonces hayan sido tomados como culpables de tales actos atroces. Tomando en cuenta que ustedes prácticamente sufrieron para salvarnos, pues si quitamos los sucesos del Tercer Impacto, aún seguía existiendo el peligro de los Ángeles —expuso el Emperador mientras posaba sus ojos por los demás presentes.
—Por eso coincidimos en agradecerle por haber salvado a la Humanidad —continuó el Primer Ministro.
Seguidamente tanto el Primer Ministro como el Emperador se inclinaron lo más lenta y respetuosamente hacia el ex-piloto. Todos los presentes observaban impresionados tal acción, los dos más altos mandos de Japón inclinados de esa manera. Los ojos de Shinji se abrieron totalmente mientras los nervios le surgían a flor de piel.
— ¡N-no tienen q-q-que hacer eso, n-no se preocupen! —chilló Shinji con total pena, recobrando parte de sus ánimos.
Luego de ese episodio finalizó la reunión, saliendo todos de ese cuarto charlaron sobre los temas discutidos quedando bastante satisfechos por haber atado varios cabos sueltos. Por fin algo bueno luego de meses de injurias.
Pasó un buen rato hasta que el grupo fue notificado que debían salir del edificio para ser trasladados a sus respectivas ubicaciones. En el camino a la salida se toparon de nuevo con el Primer Ministro y el Emperador, el ex-piloto se armó de valor y se dirigió hacia ellos.
—P-primer Ministro, s-su Majestad…, quiero agradecerles por su consideración hacia mí —decía el hijo de Yui Ikari inclinándose respetuosamente.
—Descuida, es lo mínimo que podíamos hacer por el salvador de la Humanidad —respondía el Primer Ministro con una leve sonrisa—. Todos ustedes tienen mi apoyo por cualquier cosa. Incluso la Srta. Langley, que creo ha viajado hacia Alemania y no estaría mal que le avisaran —terminaba de decir el mandatario.
El Emperador fue el siguiente en tomar la palabra.
—Yo también ofrezco mi apoyo y también debo de decirles algo importante…, como sabrán, luego de los juicios, hay muchos que no quedaron conformes con lo emitido por lo que pido que sean cautelosos donde sea que estén y lo que sea que hagan. La discreción es parte imprescindible del valor —decía el hombre aconsejando al grupo y sobre todo dirigiendo sus palabras a Shinji.
El peligro aún estaría presente pese a haber acordado todo aquello. El joven Ikari se tensó un poco, aliviando sus nervios poco después enderezando su expresión y guardando la calma.
El grupo agradeció y luego se despidió de los dos mandatarios. Cuando salieron de nuevo les tocó despedirse, los tres ex técnicos se quedarían al igual que Toji y Hikari.
—Nosotros iremos con vosotros —dijo Hikari llamando la atención de Shinji y Kensuke.
— ¿No habían dicho que se quedarían aquí? —preguntaba Kensuke.
—Sí, lo haremos, pero queremos saber dónde vivirá Shinji —respondía Toji mientras le aplicaba una llave al chico.
—Luego regresaremos aquí —terminaba de explicar Hikari tomando por la oreja al ex-deportista para que soltara a Shinji.
Los tres ex Tenientes se acercaron a Shinji.
— ¿Sabes Shinji? Nosotros tampoco te agradecimos por lo que hiciste —decía Makoto al frente.
— ¡Oh, es cierto! —exclamaba Kensuke y luego todo el grupo se puso frente a Shinji y se inclinaron felizmente para agradecerle. De nuevo el mencionado se llenó de pena.
— ¡O-oigan, n-no tienen que hacer eso! —se excusaba el chico algo cabizbajo, sin embargo observó los rostros llenos de alegría de sus demás compañeros. A pesar de todo lo malo que había pasado seguían felices—. Yo soy quien debería de agradecerles, sin su guía y su apoyo no sé qué hubiera sido de mí —dijo mientras los demás lo veían pero quedaron totalmente satisfechos al ver una pequeña sonrisa sincera en la cara de Shinji que parecía que jamás iba a volver a sonreír.
Finalmente el chico estrechó las manos de los ex Tenientes Aoba y Makoto; Maya fue un poco más efusiva dándole un abrazo al ex-piloto.
— ¿Os volveré a ver?
—Podremos ir a visitarte cuando nos den vacaciones —respondió Aoba a la pregunta del Ikari.
—Sin embargo, nosotros viviremos cerca de Toji y Hikari por lo que estaremos informados de ti —agregaba Maya.
—Cuando tengamos teléfono te lo daremos y así estaremos en contacto —terminaba de decir Makoto.
Totalmente despedidos los ex técnicos de NERV se marcharon en dirección contraria dejando subiendo al vehículo que los transportaría hacia su nueva residencia dejando solo a Shinji y al grupo, quienes luego de un rato subieron a su respectivo vehículo que los llevaría hasta Tochikubo, la nueva residencia de Shinji y de Kensuke.
XXXXX
Un vehículo blindado les estaba esperando. El miedo inundó el corazón de Shinji pues, a pesar de la charla que había tenido minutos atrás, le costaba no sentir temor al ver un vehículo blindado militar y varios soldados armados.
—Tranquilo hermano, no hay nada de qué preocuparse, ¿verdad Kensuke? —Dijo Toji para intentar aliviar el ambiente.
—Exacto Toji. El vehículo nos protegerá de cualquier acción hostil, al igual que los militares —Explicó el joven hombre de gafas—. Te he dicho que te protegería Shinji, y soy un hombre de palabra.
Asintiendo a las palabras de Aida, pero aún un tanto miedoso, Shinji subió al vehículo junto al propio Kensuke, Toji e Hikari. Los militares subieron a los asientos del piloto y copiloto y la parte trasera, un total de cuatro militares armados y preparados para combatir, cosa que no tranquilizaba nada de nada al ex piloto de Evangelion. A través de los cristales blindados y opacos, Shinji pudo apreciar cómo abandonaban la capital nipona, Tokio 2, en dirección noreste, donde estaba situado el pueblo en el cual iba a vivir de ahora en adelante.
Observó a sus tres amigos. Toji se había dormido e Hikari se encontraba revisando algo en su móvil, pues se la veía bastante concentrada. Los dos militares se mantenían atentos a cualquier posible indicio de hostilidad. En cuanto a Kensuke, el joven militar tenía su vista clavada en el exterior con rostro pensativo.
—Emmm, oye Kensuke —Al llamado de Shinji, el mencionado volteó a mirarle—. ¿Cuál es tu rango? —Preguntó con verdadera curiosidad, no solo para romper aquel silencio.
Kensuke se frotó la nariz mientras respondía.
—Soy Soldado de Primera Clase. Finalicé los cuatro años de entrenamiento no hace mucho, por eso no he podido estar demasiado durante los juicios.
—Ya veo. Me alegro por ti, amigo.
El joven militar asintió con una leve sonrisa mientras seguían avanzando rumbo a su destino, Shinji parecía un poco más repuesto de todo aquello y Kensuke esperaba que no sucediera otra tragedia en lo que se venía después. Su viejo amigo ya había pasado por mucho y realmente no soportaría verlo nuevamente sufriendo.
El vehículo militar dejó atrás la capital nipona Tokio 2 para tomar rumbo noreste, en dirección a la Prefectura de Niigata. Adentro iba él Ikari junto a sus tres viejos amigos, pues lo mejor que podían hacer era ayudar al ex piloto de Evangelion a adaptarse a su nueva casa. El lugar donde vivía antes de los juicios ahora le estaba vetado ya que todos sabían que había vivido allí, por lo que era bastante probable que muchos esperasen allí para hacer cosas nada bonitas con él.
Al contrario que el viaje de avión desde Europa a Japón este fue bastante más animado, a pesar de los cuatro militares, y él prefería mantener la atención tanto en la carretera como los alrededores, no fuera a ser que alguien atacara el vehículo. El paisaje cambio de la ciudad a las grandes montañas del país, montañas que el joven reconocía de toda su vida, pero el vehículo no se detuvo en aquellos lugares, sino que continuó y continuó hasta llegar a un precioso valle lleno de casas rurales, casas de agricultores, cercanos a la ciudad de Tochikubo.
El camino hacía tiempo que había dejado de ser asfaltado y ahora era uno de tierra, no muy bien cuidado debía admitir el ex piloto. El camino serpenteaba por las laderas de la montaña, permitiendo a los cuatro pasajeros observar maravillados los cultivos de todos los granjeros de la zona. Continuaron durante varios minutos hasta llegar a una casa pequeña de apariencia bastante antigua. Dicha casa se encontraba cerca de la zona de cultivo que parecía corresponder a sus terrenos zonas de cultivo escalonadas para adaptarse a la suave ladera de la montaña.
—Bueno, pues hemos llegado —informó el conductor—. Mañana serán trasladadas las pertenencias que aún quedan intactas de tu antiguo hogar.
Shinji asintió y bajó con sus tres amigos del vehículo, sacando las pocas cosas que tenía en el maletero, avanzando hacia la casa mientras estudiaban la zona. Los militares se habían marchado, así que descartaban que hubiera algún peligro. No parecía haber muchos vecinos y los que había no eran menores a los cuarenta años, por no mencionar que sus casas estaban a una distancia bastante considerable. Era una zona en la cual Shinji podría vivir en total tranquilidad, cosa que él deseaba.
—El sitio parece ser bueno para ti, ¿Te gusta Shinji? —preguntó el joven militar al Ikari mientras él observaba la zona.
Avanzó unos pasos al lado de Shinji hasta que continuaron el paso para llegar a la nueva casa de éste, cargando las pocas cosas que había en el vehículo militar.
—Me agrada aquí, aunque aún no se me olvida el departamento de Misato… —dijo Shinji con voz baja recordando ahora cuando vivía con su tutora, la hermosa Mayor Misato Katsuragi; mujer que ahora estaba muerta pues recibió terribles heridas de bala momentos antes de empezar el Tercer Impacto.
Shinji llevó su mano a su pecho tocando cierto objeto que tenía colgando, bajo su camisa llevaba aquella cruz de plata que siempre portó Misato, hasta aquel día cuando se la entregó y que ahora era su pertenencia. Recordó nuevamente cuando ésta lo besó apasionadamente antes de lanzarlo dentro del elevador, ese beso de despedida que apenas hasta ahora logró recordar. No podía negar que durante un tiempo la extrañó y aún se preguntaba si podía haber seguido con vida, pero no haberla visto regresar del mar de LCL en todos aquellos años, ni tener noticias de ella, solo le confirmó que había muerto aquel día. La melancolía se apoderó del muchacho.
Kensuke, quien tenía las llaves de la casa, fue el que abrió la puerta. Nada más hacerlo les llegó el olor de un lugar en el cual no había vivido nadie durante mucho tiempo. Se adentraron, encendieron las luces y abrieron las ventanas. Tenía agua, gas y electricidad y la casa en verdad parecía un poco limpia, solo un poco. Debían haberla limpiado un poco por encima una hora o poco más antes de su llegada.
—Pues ya podrían haberse esmerado un poco más en la limpieza —Gruñó Toji mientras dejaba una caja encima de la encimera que separaba la cocina del comedor.
—La gente que haya hecho esto no tiene en gran estima a Shinji, eso sin duda —Comentó Kensuke mientras inspeccionaba todo de arriba abajo, buscando cualquier artefacto explosivo, cámara o escucha—. Bueno, al menos puedo asegurar que no nos han hecho una jugarreta. No hay nada de lo que preocuparse, Shinji. Tienes total privacidad.
—Eso es agradable de oír —Dijo el mencionado mientras se dirigía a la cocina—. Iré preparando la comida. Tenéis hambre, ¿no?
— ¡Claro que sí hermano! ¡Tú siempre has cocinado bien! —Exclamó Toji alegre por volver a probar la comida de su viejo amigo—. Además, tenemos trabajo por delante, ¡así que necesitaremos mucha energía!
Luego de comer, y una vez que las pocas cosas que llevaban habían sido instaladas, los electrodomésticos fueron comprobados su correcto funcionamiento, y que no hubiera problemas con los muebles o con la propia estructura, todos salieron afuera para observar desde la distancia a los vecinos trabajar en la ladera de la montaña. La tarde estaba muy avanzada y la noche no tardaría en ocupar su lugar en el ciclo de los días.
—Admito que éste parece un buen lugar para vivir, por lo menos a quien no le desagrade el campo —Opinó Toji—. Yo podría estar aquí unos cuantos días, pero no aguantaría mucho más. Prefiero la ciudad, una ciudad de tamaño pequeña o mediana, como Tokio 3.
—Tokio 3 no era ni pequeña ni mediana. ¡Era una maldita fortaleza! —Le recordó Hikari—. Además, recuerda que iba a ser la nueva capital.
—Tienes razón, aún recuerdo cuando en las noches los edificios bajaban —mencionó Toji con cierta nostalgia e incomodidad.
—Y no nos olvidemos de arsenal que ocultaba la misma para los ataques de los Ángeles —les recordó Kensuke mientras a su mente llegaban los recuerdos de todos los misiles y bombas que eran usadas cuando un Ángel se acercaba—. Fue construida para esa guerra, aun sabiendo que el armamento convencional no funcionaba contra esos seres.
—Cierto, cierto.
Se quedaron en silencio mientras comenzaban a pasear por alrededor. La noche poco a poco fue ganando presencia hasta que la oscuridad cubrió por completo la cúpula celestial que era el cielo. El pueblo de Tochikubo apenas emitía luz: algunas luces de calle y las de casas y edificios, por lo que se podía ver el hermoso cielo estrellado japonés. No había luna, era luna nueva, y el cielo estaba despejado, así que todo el universo podía apreciarse aún mejor. Caminaron por largo tiempo hasta que sus estómagos rugieron por alimento, momento en que volvieron a casa para cenar, asearse, charlar un poco y dormir. Toji e Hikari se quedaron dos días más, hasta que la casa estuvo en perfectas condiciones, y luego se marcharon a su propio hogar.
—Bueno hermano, yo también debo marcharme, aunque en mi caso es para organizar la seguridad de éste lugar, así que nos veremos en unas horas.
Kensuke se despidió poco después de que el matrimonio Suzuhara se marchara en un vehículo militar, dejando solo al Ikari, quien decidió comenzar a trabajar en la tierra, plantando arroz y unas cuantas semillas de sandías que había logrado llevar consigo.
XXXXX
En la ciudad de New York 2, cierta mujer observaba las pantallas que tenía frente a sí, las cuales mostraban a aquellos que el Tribunal de la Haya había juzgado durante casi un año. Aún recordaba la primera vez que escuchó sobre todos ellos y los vio, aunque estaba tan lejos que apenas y podía reconocer rostros. Su mente no dejaba de rememorar aquellos tiempos en la ciudad de Tokio 3, hacía tantísimos años ya. Fueron pocos días, pero la relación que forjó con el entonces Tercer Piloto de Evangelion era algo que nunca se le olvidaría.
Shinji Ikari se había ganado su corazón en el poco tiempo que estuvo en aquella ciudad fortaleza. No solo era un buen muchacho, a pesar de todos los problemas que tenía, los cuales eran más que comprensibles, sino que la salvó de morir durante aquella batalla entre las dos organizaciones, la máquina que ella pilotaba que ya ni se acordaba el nombre y los famosos y aterradores Evangelion. Sinceramente pensaba que su vida iba a finalizar allí, pero no fue así. Siempre le estaría agradecida de un modo que no podía estarlo con nadie más.
El lazo que había forjado con el vástago unigénito de los Ikari era tan fuerte que pese a todo nunca pudo sentir tal cariño o aprecio por otra persona como el que le tenía a Shinji. De todos los conocidos de aquellos días el rostro del ex Tercer Elegido se había grabado en su mente y su corazón, cada detalle de su rostro y cada tono de esa dulce voz. La sinceridad y humildad del chico fue una de las cosas que encantó aún más a Mana en aquel momento. Pese a todo aquello tuvo que separarse de él para que este continuara con su deber. Su corazón sintió un gran dolor cuando la separación se llevó a cabo y creía que era un adiós perpetuo. Aún estaba convencida de esta idea, pero eso no iba a menguar sus esperanzas de verlo otra vez frente a frente.
Por ese motivo el saber sobre los juicios y que le iban a juzgar a él también le provocó un vuelco en el corazón. No pudo evitar ir hasta la ciudad donde realizaron dichos juicios para verle, aunque debido a su actual situación no pudo acercarse demasiado, por lo que solo pudo ver de lejos, lamentándose por no llevar prismáticos.
Debido a ello investigó por su cuenta la historia del Tercer Elegido luego del Tercer Impacto. Parecía haber forjado una profunda amistad, y algo más, con Asuka, lo cual le provocó cierta tristeza dados los sentimientos de la mujer para con el castaño. Dicha tristeza luego se volvió alegría al saber que su estadía en la granja en la que estuvo viviendo y trabajando fue tranquila hasta poco antes de los juicios. El saber lo que le hizo ese grupo fue algo que le destrozó el alma, no podía llegar a imaginar por aquello que pasó Shinji antes de iniciar los juicios; de todos modos no apartaba el hecho de que se sentía terriblemente mal porque quizá Shinji había superado mucho de sus traumas, los cuales empeoraron gracias a la terrible tortura que sufrió.
Fueron numerosas las veces en las que pensó en acercarse al Ikari, pero era imposible porque siempre estaba siendo extremadamente vigilado, y por su trabajo no debía involucrarse en cosas como esa. Por ese motivo espero pacientemente a que los juicios finalizaran, alegrándose como pocas veces al saber que los pilotos de Evangelion y en los Tenientes no iban a sufrir un castigo por algo en lo cual no tuvieron culpa.
Nadie podía negar su colaboración en la guerra contra los Ángeles pero tampoco podían ponerles un castigo por algo de lo que ellos no eran conscientes. Todos ellos ayudaron a derrotar a un enemigo que quería la extinción de la Humanidad, pero nadie sabía el verdadero plan de Gendo y SEELE. Fue una decisión bastante dura para todos los jueces, pero la cosa salió como salió al final.
Pero la verdadera cuestión era que los juicios ya habían terminado, ya se habían dicho las declaraciones y condenas. Ahora podría ver a aquel muchacho del cual se enamoró tiempo atrás y poder hablar con él, pero necesitaría un tiempo hasta que el joven e Ikari se encontrara más tranquilo luego de todas aquellas emociones.
De pronto su móvil comenzó a sonar y vibrar. Lo sacó de su bolsillo y miró, suspirando al reconocer el contacto.
— ¿Señor? —interrogó con cansancio.
—*Agente Kirishima. Necesitamos que venga a la base inmediatamente.* —pudo percibirse desde el auricular con una voz grave y autoritaria. Mana mostraba cierto cansancio y seriedad.
—Entendido. Cogeré el primer avión.
—*No se tarde.*
Dicho esto el que estaba al otro lado del teléfono colgó la llamada. Mana volvió a suspirar, esta vez de cansancio. Su superior la reclamaba con urgencia y ahora debía ir a reunirse con él para algún trabajo nuevo. Bueno, le valdría de excusa para darle tiempo suficiente a Shinji para recuperarse de todas aquellas sensaciones post juicios. Después de tanto tiempo sintió por primera vez nervios, sumado a un poco de miedo; era incierto el cómo se tomaría Shinji su reencuentro y su mente estaba bloqueada al no saber qué sería lo primero que iba a decirle. Debía reconocer que sus sentimientos por el Tercer Elegido eran fuertes, por lo que eso explicaría por qué se le hizo un nudo en la garganta cuando se dio cuenta de que estaba a muy poco de volver a verlo.
XXXXX
Tokio 3, año dos mil quince, Guerra contra los Ángeles.
Cuando aún restaban enemigos por vencer y el destino de la Humanidad aún era incierto. Días en los que NERV aún se disputaba contra los gobiernos del mundo por la protección de la vida en la Tierra. Cuando ni siquiera el mundo conocía la existencia de una organización oculta bajo sus narices quienes controlaban los hilos de un plan macabro de evolución forzada. En ese momento ninguno tenía idea de lo que sucedería en cuanto aquella terrible guerra llegara a su fin.
Se presenta esta vez un salón de clases, medianamente grande y de paredes claras. Un conjunto de jóvenes que funcionaban de alumnos estaban de pie frente al que asistía como profesor; todos los jóvenes presentes miraban hacia el profesor con atención mientras él hablaba para dirigir sus palabras a la joven a su lado.
Mana Kirishima, piloto de T*RIDEN*T, una serie de robots gigantes de combate desarrollados por la JSSDF. Al igual que el robot Jet Alone, el T*RIDEN*T estaba destinado a ser el competidor directo de las Unidades Evangelion de NERV en la batalla contra los Ángeles. Ya que estaban destinados para ser utilizados en un conflicto futuro, sus pilotos designados comenzaron su entrenamiento siendo aún muy jóvenes. Se sabía que se habían fabricado sólo dos unidades T*RIDEN*T, designadas como Shinden y Raiden, las cuales son pilotadas por Musashi Lee Strasberg y Keita Asari respectivamente. Casi toda la información de los T*RIDEN*T derivaba del modelo Shinden.
Mana fue presentada en el aula de los pilotos de Evangelion, sentándose al lado de Shinji. La joven tuvo un flechazo, pues se convirtió prácticamente en su sombra, causando los celos de Asuka, la cual buscó la manera de separarlos. Poco a poco, se desarrolló una relación y terminaron teniendo una cita. Mana mostraba mucho interés por conocer el sistema de control de las Unidades Evangelion y el interior del cuartel general de NERV.
Poco después un misterioso robot fue hallado cerca del Monte Fuji, lo cual NERV se encargó de investigar. Dentro de ese gigante encontraron a un chico de catorce años malherido, el cual resultaba ser amigo de Mana. El chico desapareció del hospital. Shinji, Mana, Asuka y Rei fueron al hospital para averiguar qué le sucedió, pero fueron atacados por hombres vestidos de negro de los cuales apenas lograron escapar con ayuda de Misato.
Aquello provocó que todos se abalanzaran sobre Mana para exigir una explicación, y ésta reveló ser parte de un proyecto de desarrollo de nuevos robots, junto con otros muchachos. Ellos eran los pilotos de prueba de las unidades T*RIDEN*T.
El duro entrenamiento al que habían sido sometidos los había hecho odiar su labor y constantemente pensaban en huir. En esos tiempos, Mana fue enviada para espiar a Shinji y así obtener información; sin embargo, dos de los muchachos decidieron escapar mientras ella estaba en Tokio 3. Uno de ellos perdió el control y chocó. Luego fue llevado al hospital. Del otro muchacho no se sabía nada y Mana era sospechosa de traición. Misato trató de ocultar a Mana en las instalaciones de NERV, pero Gendo Ikari no lo permitió y la entregó a los militares.
Shinji junto con Kensuke y Toji se lanzaron a la búsqueda de Mana, quien estaba prisionera en una jaula sobre un camión militar, muy a la vista con el fin de atraer la atención del tercer chico fugitivo. Pero la tremenda fuerza del T*RIDEN*T sobrepasó la capacidad de los militares y pidieron ayuda a NERV. Gendo accedió a ayudarlos y desplegó todas las Unidades para destruirlo.
Shinji falló al momento de atacar, pues temió lastimar a Mana y los dejó escapar. Gendo ordenó la retirada, pues los militares habían decidido arrojar una bomba N2 sobre el objetivo. Mana no murió en la batalla, pues Shinji la salvó y la llevó a su apartamento. Misato discutió con ellos y aceptó sacar a Mana de Tokio 3. Cuando Misato le ordenó a Shinji que se despidiera de ella, el muchacho lo hizo con lágrimas en los ojos, pues Mana se había ganado su corazón.
Por su parte, ella se despidió con una sonrisa y la frase "Estaré esperando por ti".
Una vez hubo logrado huir de Tokio 3, la joven decidió abandonar el país lo más rápido posible, llegando a Corea del Sur, donde cogió un avión para viajar fuera de Asia. Durante el tiempo pre Tercer Impacto viajó por América central y sur, sobreviviendo como podía. Una vez llegó el Tercer Impacto, Rei se le apareció con la forma de Shinji. Cuando su cuerpo volvió del mar de LCL siguió viajando por aquel mundo destruido, observando su destrucción y reconstrucción. Al final acabó trabajando como espía para China durante varios años luego de haber buscado a Shinji sin descanso y sin lograrlo.
Fue entonces cuando llegaron los Juicios. Ver de nuevo a Shinji provocó que su corazón latiera como no lo había hecho desde que abandonó Tokio 3. Dejó su trabajo como espía para China y se volvió espía de la ONU, lo cual creyó que le daría acceso a la información sobre los juicios y Shinji.
Todo esto sucedía al tiempo que la ahora adulta Mana Kirishima trabajaba en la investigación de un grupo semi terrorista traficante de armas o recursos. Dado que varios países del mundo seguían en la inestabilidad económica y la incertidumbre tras el Tercer Impacto, era bastante común que hubiera grupos semejantes. Incluso el Mercado Negro había ganado muchísima influencia, casi tanta como en los años posteriores al Segundo Impacto. El trabajo de las agencias de espionaje, las fuerzas de seguridad nacionales y las fuerzas internacionales era increíblemente grande, pues debían ocuparse de numerosos enemigos de sus organizaciones y países.
Mana perdió la atención a lo que hacía mientras observaba el televisor donde se emitía la noticia sobre los juicios hacia los miembros restantes de aquella extraña organización que se encargaba de exterminar a los Ángeles. La mujer sin saberlo había comenzado a respirar con rapidez y su expresión se alteró a una mezcla de felicidad, tristeza y miedo; cuando la locutora del noticiero habló sobre los juicios tuvo mucho miedo de que condenaran a Shinji, cosa que era muy probable al saber la cantidad de Ángeles exterminados por éste y que se revelara al mundo quién fue el responsable del destino de todos durante el Tercer Impacto.
Para ese momento los juicios no se habían llevado a cabo, pues los sospechosos aún seguían dispersos por el globo; exceptuando a algunos que ya habían sido localizados, el paradero de Shinji Ikari aún se desconocía. Aquel hecho preocupaba a Mana, pues en el momento que se reveló al principal sospechoso no se podía imaginar por lo que podría pasar. Muchos grupos extremistas estarían tras su cabeza y eso le preocupó en sobremanera.
Aquello sucedió cuando aún era espía de China. Recordaba el momento en el cual se hicieron públicos los eventos de la Guerra contra los Ángeles, los verdaderos eventos, sin secretos. Durante su trabajo para el gobierno, intentó investigar aquello por su cuenta, pero al darse cuenta de que le resultaba imposible decidió dimitir y volverse agente para la ONU. El que ella estuviera durante dichos eventos, y tuviera una corta relación con el Proyecto E, además de sus años como espía y conocimientos, fue más que suficiente para que la organización la contratara. Durante mucho tiempo buscó el paradero de Shinji sin obtener resultado alguno, tal y como había pasado antes de que trabajase para China. Sin duda su antiguo amor se había escondido increíblemente bien, caso contrario a Asuka, por ejemplo. Hasta ella llegaron las historias de la doctora Langley Soryu, quien a su joven edad había hecho descubrimientos en el campo de la genética que ayudaron a muchos laboratorios alrededor del mundo. Saber que la distancia entre la pelirroja y Shinji era de tal magnitud le hizo sentirse aún más segura y convencida de encontrarlo.
Cuántas noches había soñado con sentir sus labios, cuántas veces no estuvo acostada deseando sentir los brazos de él rodeando su cintura o acariciando su larga cabellera de color café claro. Suspiraba cual doncella enamorada al recordar las facciones de Shinji y el emotivo encuentro que se daría cuando lograra hallarlo; durante ese tiempo no dejó de enamorarse del chico, imaginando una escena hermosa donde ambos se abrazaban presos del amor que se tenían. Incluso si él no estaba seguro de lo que sentía, Mana se encargaría de enamorarlo, de atraparlo nuevamente para darle ese amor que otros no pudieron proveerle. Por días enteros soñó con encontrarse a Shinji, tiempo que transcurrió a una velocidad impresionante.
Luego llegó el anuncio que revolucionó al mundo, que le hizo temblar, de una manera nunca antes vista, ni siquiera cuando ocurrió el Segundo Impacto. Podía sentir sus rodillas temblar y su cuerpo sucumbir ante el terror; sus pensamientos no podían controlarse ante tal miedo y su ritmo cardíaco acelerado le hizo sudar frío…, las noticias sobre los eventos del Tercer Impacto y qué papel había tenido cada uno. Allí fue cuando su miedo llegó al punto máximo. No pasaron muchas horas hasta que la doctora Langley iba a ser llevada a Berna, Suiza, y diversas noticias anunciaban el asesinato de antiguos miembros de NERV.
Horas después, justo unos minutos luego de que la ex Segunda Elegida ingresara en los juzgados, el ex Tercer Elegido hizo también acto de aparición. Ella estaba en la misma ciudad, cerca de los juzgados, pero a mucha distancia ya que no era nada conveniente acercarse. Pudo ver a Asuka, pero fue sólo al ver a Shinji, a un destrozado y malherido Shinji, que su corazón reaccionó. Aquella fue la única vez que pudo estar en aquella ciudad durante el año que duraron los juicios, pero aquello no le impidió investigar las causas por las que su amado estaba en aquellas condiciones tan lamentables.
Rabia, impotencia e ira fueron emociones que llenaron el corazón de Mana tras enterarse de lo que había pasado con Shinji. Cuando lo supo sin siquiera darse cuenta cayó de rodillas con el rostro cubierto de lágrimas. Las fotos de la escena del crimen, las pocas grabaciones filtradas del suceso. Escuchar los alaridos de Shinji solo provocaba que Mana llorara con aún más fuerza. No sabía en qué más pensar, pues ella no había estado ahí para defenderlo o servirle de algo. Las fotos del sitio lleno de sangre, trozos de piel y huesos distribuidos en el suelo le provocó un tremendo asco, tal que le fue difícil no devolver su última comida. Estaba agradecida de que los agresores hubieran muerto, perforados por la munición militar que llegó para apoyar a Shinji luego de ubicarlo.
Nuevamente tenía dudas, además de sentir una gran pena por Shinji al pensar por un momento que la miseria lo perseguía para hacerlo pagar por algo que no hizo. Se sintió aún peor cuando después de los juicios se emitió una repetición televisada en la que Shinji, preso de su odio y su frustración acumulada gritó a los cuatro vientos todo aquello. Le dio una fuerte sacudida a la Humanidad, pues muchas personas cambiaron de parecer respecto a él considerando ahora al ex Tercer Elegido como un salvador. Mana estaba segura de su inocencia, pero aún no sabía cómo sería su encuentro luego de aquello.
Entonces el ex piloto de Evangelion volvió a Japón junto a sus viejos amigos y ella recibió la llamada de su superior. En parte estuvo agradecida, pues aquello le daría tiempo para pensar en la forma más adecuada de intentar volver a ingresar en la vida del que ella consideraba salvador de la Humanidad. Fueron tres meses, pero tres meses en los cuales pudo resolver aquella duda.
XXXXX
Algunas fuentes de ella le habían contado sobre su paradero, un sitio alejado bien custodiado por la milicia japonesa; Mana se alivió pues Shinji escogió con sabiduría su lugar de descanso, un lugar alejado y solitario donde viviría en paz lejos de cualquier otra persona con malas intenciones. Aunque había tanto tiempo no dejaba de ponerse nerviosa tras imaginarse su reencuentro. Sumado a eso aún le restaba pasar a los militares que lo respaldaban, así que no sería fácil. De algún modo ella tenía que estar con él y ser asignada a Shinji de algún modo no era mala idea. Lo primero eran los permisos, seguido de tener que pasar por la seguridad de la granja aquella; supo también que Aida Kensuke era el psicólogo de Shinji, por lo que tenía que hablar con él sí o sí.
Cuando el día estuvo muy cerca, Mana se arregló para ser lo más similar posible a como era cuando se conocieron, para que así Shinji pudiera reconocerla como la chica de aquel entonces. Kirishima se dio a la tarea de arreglar su cabello, el cual había crecido considerablemente llegando casi a la cintura, siempre estaba peinada con un estricto estilo de cola de caballo pero ahora su cabello se veía como cuando tenía catorce años. Su figura había aumentado considerablemente, tomando en cuenta que su belleza era notable incluso desde su adolescencia; el poco maquillaje la hizo verse hermosa. Se sonrojó al pensar en Shinji y se decidió a no echarlo a perder.
Por fin llegó el día, preparó una maleta con lo necesario y se vistió con un conjunto ligero pero discreto. Una blusa clara color celeste y una falda blanca que llegaba poco más abajo de las rodillas, sumado a un par de deportivos que le dieron un aspecto mucho más juvenil contrastando a los conjuntos costosos que acostumbraba como agente de la ONU.
Un helicóptero la escoltó hasta una base algo alejada de la granja donde vivía Shinji, varios kilómetros lejos de allí donde nadie podría notar la presencia del vehículo aéreo. La mujer entonces tomó una de las camionetas todoterreno de allí para subir sus cosas e ir sola al sitio con las indicaciones que le habían dado para encontrar el hogar de Shinji. Ser agente de la ONU y que se supiera de su antigua relación había sido de muchísima ayuda para que ahora pudiera estar allí. El camino fue tranquilo, se mantuvo alerta y se aseguró de que nadie la siguiera, cosa que para su alivio no pasó; el pavimento se terminó hasta un camino de tierra lo que era señal de que estaba cada vez más cerca de la granja.
Un par de estructuras y casas le hicieron detenerse, ante lo cual tres soldados se acercaron al vehículo para interrogar brevemente a la mujer. Cuando Mana reveló su identidad y mostró los documentos necesarios, uno de los militares habló en voz baja por su radio y momentos después un hombre de gafas y cabello claro se acercó a Mana.
— ¿Es verdad lo que mis hombres han dicho? ¿Eres Mana Kirishima? —cuestionó Kensuke disimulando su sorpresa, indicando a los soldados inspeccionar la camioneta de Mana en búsqueda de cualquier objeto sospechoso.
—Hola Aida, así es… He venido para ver a Shinji —respondió con suavidad mientras era observada por Kensuke, quien seguía sin creer eso y esperaba no fuera una impostora—. Si piensas que vengo a sacarle información, déjame decirte que no es así… Trabajo como espía para la ONU pero esta visita no me fue asignada. Vine por voluntad propia.
Kensuke desvió levemente la mirada a sus subordinados, compañeros suyos durante la academia, compañeros con los que se había graduado y en quienes confiaba tanto como lo hacía en Toji y Shinji. Estos negaron con la cabeza, tranquilizando un poco al jefe del grupo. Kensuke recordaba a Mana y la relación que ésta había tenido con su viejo amigo. No era una mala chica, exceptuando que era una espía de aquellas máquinas cuyo nombre ya no recordaba y que batallaron con los Evangelion. Pero ahí estaba, vivita y coleando.
—Creía que estabas muerta.
La mujer sonrió, negando con la cabeza.
—Misato mintió en los archivos. Shinji y ella me salvaron la vida y hui del país.
—Entiendo. Pero tú también entenderás que sea reacio a dejarte marchar. Estoy más que seguro de que ya sabes todo lo que ha vivido Shinji estos años.
La mujer se mostró entonces con expresión suplicante, contrastando a la mirada desconfiada y firme de Kensuke quien no estaba dispuesto de dejarla pasar. Aida aún creía que cualquier otra cosa de su pasado le causaría un daño o trauma tal como el previo a los Juicios, cosa que complicaría la recuperación psicológica de Shinji.
—Créeme, lo sé. Y es por eso mismo que necesito verle, Kensuke —la mujer bajó del vehículo y, ante la sorpresa de los presentes, se arrodilló, colocando su cabeza en el suelo. Aquella postura era una de total humillación propia, ¿Tan determinada estaba en ver a Shinji que era capaz de ponerse de rodillas de esa manera? Aquello conmovió a los compañeros de Kensuke, quienes estaban por decirle a su autoridad que la dejara pasar—. Por favor…, te lo suplico…, déjame verle…
Kensuke al ver la determinación y la humildad con las que Mana se hizo presente fue más que suficiente para que se diera cuenta de que en verdad estaba enamorada de Shinji. Asintió levemente y soltó un suspiro para acercarse un par de pasos a Mana.
—Levántate, está bien. Puedes ir a ver a Shinji, pero ten cuidado con lo que hagas con él o lo que le digas, que aún necesita tiempo para recuperarse por completo. Ten en cuenta que no sabemos cómo va a reaccionar cuando te vea —recalcó el militar de lentes mientras que Mana se volvía a levantar mostrando que tenía lágrimas en sus ojos.
Kensuke al ver eso no pudo evitar sonreír mientras que Mana se limpiaba el rostro y sonreía con alegría.
—Muchas gracias, en verdad te agradezco que me dejes verlo… He esperado por mucho tiempo este día —mencionó antes de entrar nuevamente a su vehículo y encenderlo para despedirse de Kensuke y que los soldados le abrieran el paso hacia el lugar de Shinji.
La camioneta conducida por Mana continuó su camino, dejando atrás a Kensuke, quien no despegaba su mirada de ella. Aún seguía asombrado de que estuviera viva, y más que le hubiera suplicado de aquella manera. No había mentira en sus palabras ni sus ojos. El vehículo se fue perdiendo de la vista de Kensuke en aquellos campos, donde cada quien regresó a su labor.
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Mientras, en un campo de allí, Shinji se incorporaba mientras suspiraba y se limpiaba el sudor de la frente. Observó con gran satisfacción sus sandías. A su mente llegaron recuerdos vividos con Kaji, quien le enseñó un poco de agricultura durante su estancia en Tokio 3, aquellos días en donde a pesar de vivir con el riesgo de morir en batalla podía admirar aunque fuera un poco de la paz de la agricultura. Siempre se sintió relajado al cultivar, el sudor que resbalaba por su frente y la sensación de descansar cuando terminaba por fin le traía una satisfacción enorme.
El joven Ikari suspiró con nostalgia al pensar en el paradero de Kaji, quien había muerto muchos años atrás dando como última señal de vida un mensaje de voz que iba dirigido a su viejo amor. No pudo evitar sentir algo de lástima por el espía de la barba eterna y la cola de caballo; pues aunque solo lo conoció un poco le enseñó algo que le ayudaría hasta ese momento. Tan perdido estaba Shinji en sus recuerdos que no sabía lo que se acercaba a varios metros de allí.
Mientras tanto la mujer alcanzaba a ver los portones al hogar de Shinji, no pudo evitar sentir un aire de tranquilidad pues el sitio era hermoso; de todos modos sus nervios se incrementaron mientras la camioneta avanzaba con lentitud hasta unos metros más allá de la entrada. Mana entonces fue deteniendo el vehículo y durante unos segundos se puso a pensar con una mezcla de emociones en su interior. Todo aquello era tan intenso que apenas podía moverse con libertad.
Sin que el castaño se diera cuenta el automóvil se había detenido a la distancia, del cual una figura femenina abandonó el vehículo y con paso lento fue avanzando hasta pasar la enorme puerta de los límites de la granja. Dado que algo tan simple como eso podía alterar al Ikari, provocando no solo que huyera sino reduciendo las esperanzas de quienes buscaban ayudarlo, Mana respiró profundamente, alejándose cada vez más de la entrada y aproximándose hacia el Tercer Elegido, quien solo estaba de pie secando el sudor de su frente.
La mujer divisó el campo donde el chico trabajaba. Con cara de asombro, sintió un poco de admiración al ver el enorme huerto de sandías…, y debía admitir que estaba impresionada. Lo que estaba viendo no era solo simple agricultura. No, aquello era amor por su trabajo, amor por lo que estaba haciendo, amor por las cosas que nacían de la tierra. A paso lento y precavido fue acercándose cada vez más hacia el joven y se mantuvo en silencio por un rato antes de respirar profundamente. Era el momento que estaba esperando, no podía arruinarlo y debía elegir muy bien sus palabras. Era irónico, pues se había preparado mentalmente, pero al estar allí todos sus pensamientos se borraron a causa de los nervios. Suspiró en silencio una vez más aclarando su garganta y con voz suave se decidió a hablar.
—Sh… ¿Ikari Shinji?
Mientras la mujer preguntó el nombre con un pequeño temblor, el hombre se levantó sobresaltado. No esperaba visita, pues sus amigos nunca aparecían de pronto. Se levantó de un salto mientras agarraba su azada, la cual apretó con mucha fuerza, tanto que sus nudillos se pusieron blancos debido a la presión que ejercía contra el largo mango de madera. Le sorprendió ver a una mujer bastante hermosa, pero ni con esa cedió un poco. Ya no se fiaba de esa manera ni de hombres ni de mujeres, ni de ancianos ni de niños. No iba a subestimar a nadie sólo por su edad o aspecto; cualquiera que apareciera sin haber llamado antes o confirmar que era conocido lo consideraba sin rechistar como una amenaza.
— ¿Quién eres tú? —Preguntó asustado mientras amenazaba con su herramienta agraria.
Una fuerte sensación de peligro vino a su mente, paralizando su cuerpo y por instinto empezó a apretar las manos levantando un poco la herramienta para atacar y luego huir. Sus ojos se fueron entrecerrando y su mente formulaba maneras en las que podía escapar o en qué sitios había agentes que querrían capturarlo. Definitivamente no tenía confianza en la mujer frente a él, le dirigía una mirada penetrante mientras sus piernas estaban tensas por si necesitaba irse corriendo de allí y se inclinaba en una dirección contraria a la de su contraria.
—No vengo a causarte males Shinji; no más de los que ya has pasado… Shinji... ¿Acaso me reconoces? —Preguntó la mujer sin recibir más que una mirada de desconfianza del mencionado. Bueno, han pasado ocho años desde entonces y ambos hemos madurado, aunque tú tengas una apariencia más joven que la mía teniendo la misma edad.
El joven Ikari frunció el ceño escuchando la posible mentira de su contraria, no podía negar que se le hizo lejanamente familiar pero aun así no podía fiarse de un instante a otro. Su rostro le sonaba vagamente, por lo que le resultaba imposible relacionarlo con nombre alguno, cosa que pareció entristecer un poco a la mujer, pues sin importar que tanto ella hablara el castaño no daba indicios de reconocerla. Mana suspiró con tristeza, bajando la mirada un poco y ocultando un poco sus ojos. Sentía que su corazón se rompía y que sus ojos se hinchaban amenazando con derramar lágrimas, pero aún le faltaba decirle su nombre; este hecho fue lo que la mantuvo firme para no acabar llorando frente a él.
—Lo lamento señorita, pero no la conozco. Ahora, si hace el favor, váyase de mi casa —espetó el joven con el tono más amable que sus nervios se lo permitieron.
Su contraria retrocedió un poco y el chico notó como los ojos de ésta se abrieron un poco más ante lo que dijo. Aquellas palabras fueron una profunda puñalada, pero aun así respiró profundamente, alzando sus ojos. Shinji tuvo un pequeño palpitar al ver la determinación que mostraban aquellos ojos.
—Soy Mana, Kirishima Mana —le escuchó decir finalmente, en un último intento de que este lo recordara.
Su tono de voz fue suave y sus expresiones corporales no parecían representar una amenaza, Shinji dudaba de todos modos y pudo notar sorpresa en él cuando dijo su nombre. Unos momentos de silencio que parecieron horas transcurrieron en aquel huerto de sandías; Mana aún miraba al vástago de los Ikari esperando algún movimiento, una expresión o lo que fuera.
Los ojos de Shinji se entrecerraron. Ese nombre le sonaba, pero no lograba recordar de qué o dónde, ni siquiera del cuándo. Mana se mordió la lengua un poco mientras observaba a Shinji hacer muecas intentando recordar. No fue hasta que el hijo de Gendo abrió los ojos impactado cuando sonrió levemente. Al fin había recordado…, aunque esperaba que no fuera cosas malas.
—¡!
La azada cayó de las manos del granjero mientras su cuerpo se quedaba totalmente rígido. En ese momento el chico no supo qué hacer o cómo iba a actuar ante lo que acababa de escuchar; todos esos recuerdos golpearon su mente con tal fuerza que su cuerpo tardó en responder mientras su mirar se mantenía fijo hacia la mujer. Mana tragó saliva, pues observaba a Shinji acercarse hacia ella. En verdad ya no llevaba la herramienta agrícola en sus manos, pero eso no bastaba para dejarla tranquila. ¿Y si intentaba hacerle algo con sus propias manos?
Ahora era Kirishima quien sintió miedo, su cuerpo se mantuvo quieto mientras Shinji avanzaba a paso lento hacia ella; sin llegar a demostrarlo había empezado a respirar de forma errática. Era espía, una espía bien entrenada en combate físico así como psicológico y del uso de armas, ya fueran armas blancas o de fuego, pero aun así el miedo inundó cada fibra de su ser. No podía hacerle nada a Shinji, de eso estaba segura. Se defendería, por supuesto, y de ser necesario lo reduciría…, pero nada más. No podía hacerle daño, al menos físicamente. Tanto se había perdido en sus pensamientos que no logró percatarse de la distancia que guardaba con el Tercer Elegido, quien estaba a menos de tres metros frente a ella.
— ¿Mana? ¿En verdad eres tú? —cuestionó el joven con sorpresa guardando un poco de distancia.
La mujer sonrió con alegría y extendió sus brazos para acercarse a él, pero Shinji en un acto casi por instinto se distanció nuevamente de su contraria. Ese movimiento le hizo a Mana recordar por lo que su antiguo amor había pasado; su sonrisa disminuyó y sus brazos bajaron hasta quedar en sus costados, los traumas del castaño seguían presentes por lo que acercarse demasiado iba a costarle y muchísimo. Llevó sus manos al pecho mientras respiró con calma mirando al joven, quien pareció tranquilizarse al momento que ella dejó su intento por abrazarlo.
—Me alegra ver que me recuerdas, Shinji. Temía que todo lo que vivimos juntos lo hubieras olvidado.
—Admito que así ha sido —Admitió avergonzado, rascándose la nuca—. Han pasado muchos años y con todo lo que ha ocurrido…
—Tranquilo, lo entiendo, pero aun así me alegro de volver a verte —sonrió ampliamente la mujer mientras su contrario asentía simplemente.
—Igualmente. La verdad es que me sorprende…, bueno…
— ¿Verme viva? —Finalizó ella la pregunta con una leve sonrisa, a lo que Shinji asintió—. Bueno, era de esperarse. Era y soy espía, un trabajo duro, y además estuve en aquel proyecto. Cuando me permitiste escapar tuve en cuenta que pasarlas muy duras para lograr sobrevivir, por no mencionar los sucesos ocurridos luego del fallido Tercer Impacto. ¡Oh por favor, no te estoy echando la culpa! —Se apresuró a decir Mana al ver el rostro de su antiguo amorío—. Sólo hacía mención. No tienes que culparte por todo ello, Shinji. Yo no lo hago.
Sin embargo las anteriores palabras de aliento suavizaron el ambiente de tensión que empezaba a formarse nuevamente.
—" ¡Rayos, que impertinente fui!" —la mujer se mordió la lengua luego de lo que dijo y se reprimió internamente repitiéndose que debía tener un poco más de cuidado con lo que iba a decir, luego puso a pensar que quizás ya la había echado a perder con su amado Shinji. Sin embargo, la chica sintió un gran alivio cuando la expresión de Shinji demostró calma y hubo un poco de silencio.
Ambos quedaron en completo silencio durante varios segundos. Mana no estaba segura de decir algo, no fuera a ser que por descuido tocara un tema sensible, o peor, se acercara demasiado a él. Shinji, por su parte, estaba que no sabía qué hacer tampoco. Los recuerdos de Mana durante su estancia en Tokio 3 golpearon con fuerza. Aquella chica le había tratado con verdadera amabilidad, incluso se le había confesado con todo su corazón. Se le había confesado, y en aquello no hubo mentira. Salvo lo del proyecto rival del Proyecto E, no había habido mentiras entre ambos. Era por ese motivo que no la había echado de su nueva casa.
—Em… Bueno… ¿Te gustaría tomar algo…? Puedo hacer café o té…
Mana abrió los ojos sorprendida, pero una enorme sonrisa surgió en su rostro, asintiendo totalmente animada.
—Sí, me gustaría.
La sonrisa se le contagió al hijo de Yui, aunque en menor intensidad, por lo que invitó a Mana a entrar en su casa para ponerse al día. Después de todo, había mucho que contar.
erendir: pues aquí está el segundo capítulo de este fic. Espero os siga agradando, pues nos estamos esforzando mucho en desarrollarlo como se debe, sin meternos prisa por llegar rápidamente a los eventos de Pacific RIm. Todo con calma jajaja. Puede que seamos tres, pero tenemos vidas (estudios y trabajo), así que esa calma quizás sea demasiada jajaja. Nos leemos !
AlexMRC: He aquí el segundo capítulo de esta historia. Decidimos explorar a Mana pues creímos que su desarrollo en otras historias había sido poco. Por fin logramos acabar esto pues cada quien tiene sus ocupaciones y demás. Ojalá les agrade el rumbo que tomará la historia, no se olviden de comentar qué les ha parecido este cap :P sin nada más que decir espero que lo hayan disfrutado, nos leemos!
Leo Pen 16: ¡Hola de nuevo!, aquí llegamos con el nuevo capítulo (:D). Espero que les guste como va formándose la historia y cómo se va desarrollando cada personaje antes de llegar a la trama de los Titanes del Pacífico. Realmente agradezco la paciencia que tienen para esperar cada capítulo, con tantas cosas de la Universidad uno se queda sin tiempo para escribir y es lamentable… pero bueno aquí tienen uno nuevo y ya saben, cualquier cosa nos dejan un review (:D). ¡Saludos y hasta la próxima!
