CAPÍTULO III

EL FESTIVAL DE NIEVE

-¡Kagome! – gritó Jakotsu.

La azabache iba perdida en sus pensamientos mirando por la ventana del Sedán blanco de su amigo.

-¿Qué? – preguntó confundida.

-¿Si te gusta el ramen? – alzó su delgada ceja.

-Claro – dijo sin interés

El chico frunció el ceño. Desde que salieron de su casa notó que la azabache cambió su actitud y estaba muy distraída – Querida, ¿pasa algo?

Kagome vio la preocupación de su amigo y suspiró – No, Jack – le dio una cálida sonrisa -, solo… ¡tengo mucha hambre! – gritó divertida para distraer a su amigo.

El chico sonrió – Tranquila ya llegamos.

Ella suspiró y se regañó mentalmente, no podía permitirse que el guapo moreno ocupara sus pensamientos.

Ambos chicos bajaron del auto y caminaron por las calles del concurrido distrito de Kita y se detuvieron en un iluminado callejón.

La chica quedó impresionada – Que bonito – tomó el brazo de su amigo.

-¿Si, verdad?, este es el conocido callejón del ramen - le informó -. Vamos, muero de hambre.

Luego de comer y hablar de cosas sin importancia, Kagome se sentía cada vez más en confianza con el chico. Ya eran las cinco de la tarde y decidieron sentarse en un pequeño parque cercano.

-Gracias por la invitación, necesitaba despejar mi mente – confesó la chica.

-No hay problema – dijo Jackotsu, pasando sus brazo por los hombros de la joven -, entonces, ¿cuáles son tus planes aquí en la ciudad?

-Bueno, mañana iré a ver si consigo un trabajo – dio un profundo suspiro de preocupación -, debo conseguirlo antes de que comiencen las clases.

-Oh, ¿entraste a una universidad de aquí? – preguntó curioso.

-Si, a la Universidad de Hokkaido, estudiaré Administración – reconoció orgullosa.

Al escuchar esto, el chico rompió su contacto de golpe - ¿Es una broma?

Kagome lo miró desconcertada y negó con la cabeza.

-¡Oh por dios, seremos compañeros! –gritó emocionado, abrazando a la chica.

La azabache no comprendía lo que decía "¿Es una maldita broma? se cuestionó mentalmente - ¿Qué?

-Estoy en la misma Universidad, en la misma carrera, ¿Kyoya no te lo comento? – preguntó recuperando su efusivo abrazo.

-No, nunca lo mencionó – aún no salía de su confusión -, pero es genial – correspondió al contacto con el chico - ¡seremos compañeros!

Luego de su reciente descubrimiento, Kagome le contó el porqué de su elección y lo mucho que deseaba merecer lo que tenía.

-Querida, eres increíble, sé que lograrás lo que quieres – animó.

-Gracias – dio un asentimiento con su cabeza -, ¿Jack?

-¿Si?

-Ya es tarde y tengo un poco de hambre – dijo la azabache.

Jackotsu miró la hora en su móvil - ¡Dios!, pero qué rápido pasó el tiempo

Kagome soltó una carcajada ante la expresión del chico.

-Bien, volvamos a mi casa, te invito a cenar – ofreció el joven.

-¿En tu casa? – cuestionó inmediatamente la chica, no quería toparse con cierta persona.

-Sí, pero tranquila mis padres no están y mi hermano vive aparte, así que estaremos solos tu yo – informó con una gran sonrisa.

La azabache relajó su rostro – Bien, te agradeceré la invitación con una deliciosa cena.

-Genial, vámonos – se paró de golpe, tomó la mano de su amiga y corrieron al auto como dos niños.

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-¿A dónde vas? – preguntó melosamente una chica de largo cabello negro y ojos marrones.

-Tengo cosas que hacer, así que vístete necesito que te vayas, ahora Tsubaki – informó con tono frío Bankotsu.

-Pero, yo pensé que… - se detuvo de golpe al mirar la cara del moreno.

-Ese es tu problema, no pienses – mostró una sarcástica sonrisa -, ahora largo.

Tsubaki rodó los ojos fastidiada – Bien – aceptó frustrada, llevaba cerca de un año teniendo esos encuentros con el chico, muchas veces ella le insistió en formalizar la relación o por lo menos darla a conocer, pero siempre recibía negativas -. ¿Te veré mañana?

-No, yo te llamaré – dijo desde el amplio ventanal, portaba sólo unos pantalones negros de pijama.

Tsubaki lo miró molesta – Eres despreciable, sólo me utilizas – dijo ya vestida, con las manos en las caderas -. Yo te quiero – se acercó seductoramente y rodeó el cuello del moreno.

Bankotsu alzó una ceja ante el contacto de la chica – Si sabes para lo que te quiero, entonces no te sorprendas, y si no te gusta, no vuelvas – deshizo el agarre y se dirigió al baño, cerrando la puerta tras de él.

La chica lo miró con los ojos llenos de lágrimas -¡Idiota! – giró y azotó la puerta al salir.

Diez minutos más tarde, el moreno salió de su rápida ducha, había llamado a Tsubaki luego de su encuentro con cierta azabache, sentía un deseo inexplicable por Kagome, pero su actitud lo frustraba ninguna chica se resistía a él y parecía que ella era la excepción – Tonterías – sonrió -, será mía— se aseguró. La chiquilla le atraía.

Luego de secar su largo cabello y trenzarlo, tomó unos pantalones de tela holgados plomos, una sudadera ajustada negra y se calzó sus botas del mismo color.

Recorrió el amplio departamento de un solo ambiente hasta la cocina, sacó una cerveza de su refrigerador y se sentó en su cómodo sillón negro, se estaba relajando cuando sonó su móvil.

-Maldición – se quejó y contestó la llamada -. ¿Sí?

-Hijo, pero ¿qué tono es ese? – lo regañó una cálida voz femenina.

Bankotsu rodó los ojos – Hola, mamá, lo siento, estoy un poco cansado.

-Oh, querido, siento molestarte pero necesito un favor – se disculpó la mujer.

-¿Ocurrió algo? – cuestionó.

-Nada grave, pero tu padre necesita unos documentos que olvidó en su escritorio, ¿podrías escanearlos y mandarlos por mail? – pidió.

-Claro, mamá – aceptó masajeando el puente de su nariz -, dile a papá que me mande los detalles, iré ahora mismo.

-Muchas gracias, cariño, ahora debo colgar, tenemos una cena con los inversionistas.

-Bien, adiós – se despidió el chico, sin lograr evitar el ligero fastidio que eso le provocaba.

-Adiós, hijo y cuida de tu hermano – agregó la mujer un segundo antes de cortar la llamada.

El moreno soltó frustrado su móvil, se levantó y salió de inmediato en dirección a la casa de sus padres.

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-¡Dios que frio! – gritó con voz chillona Jackotsu, bajando de su auto.

-Sí, entremos – pidió Kagome caminando hasta la puerta de la casa de su amigo.

Una vez adentro, Kagome le pidió al chico que le enseñara la cocina - Bien, ahora te irás a la sala, verás televisión y no espiaras – dijo empujando fuera al joven.

-Pero puedo ayudarte – ofreció.

-No – negó con una sonrisa -, la cena será una sorpresa.

-Está bien, pero si me necesitas, solo dilo.

-Sí, sí, sí, sí, vete – ordenó con tono autoritario.

Ya sola en la cocina se decidió a preparar un estofado de carne y diversas ensaladas. No era una experta pero había tomado practica en el tiempo que llevaba haciéndolo, así que pusó manos a la obra muy contenta, sin imaginarse lo que pasaría más tarde.

Mientras, en la sala Jackotsu escuchó que un auto se estacionaba en su casa - ¿Bank? – cuestionó confundido desde una de las grandes ventanas, no era normal que su hermano visitará tanto su casa, menos con sus padres ausentes y a esas horas. Se dirigió a la puerta principal para abrirla - ¿Qué haces aquí? – le preguntó a su hermano.

-Hola, hermanito, también me alegra verte – dijo sarcástico, entrando a la casa.

Jackotsu rodó sus ojos – Sabes a lo que me refiero.

-Papá olvidó unos papeles – comentó, encogiéndose de hombros - ¿Cocinaste? – preguntó luego de oler el exquisito aroma.

Jackotsu se carcajeó – Yo no cocino y lo sabes – tomó el hombro de su hermano.

El moreno estaba confundido, pero sus dudas se despejaron cuando escuchó una voz conocida.

-Jack, está listo – informó Kagome desde la cocina.

Bankotsu miró a su hermano - ¿Sigue aquí?

-Claro que si, ¿no viste su auto afuera? – preguntó divertido, ya había notado la tensión entre su amiga y su hermano y le divertía el que la chica pareciese alterar al moreno -. Vamos a cenar, ¿seguro aun no lo haces?

El joven de larga trenza sonrió ampliamente, era una buena oportunidad para acercarse a la chica, así que siguió a su hermano menor.

La azabache estaba terminando de servir los platos, tarareando una melodiosa canción cuando escuchó la puerta que se abrió a su espalda – Por fin, muero de hambre – se volteó con los platos servidos en sus manos y sus facciones se endurecieron.

El chico que tanto le perturbaba estaba frente a ella, con su maldita actitud de superioridad, aunque reconocía que le sentaba bien, ya que lucía realmente sexy, pero decidió no demostrar sus afecciones… una vez más.

-Vaya, veo que tenemos un invitado sorpresa – dejó los platos en la barra de la cocina.

Bankotsu sonrió seductoramente - ¿Te molesta mi presencia, pequeña? – casi ronroneó, acercándose a la chica.

Kagome se había girado para servir un plato más, cerró sus ojos al escuchar el tono el moreno – De ninguna manera, es tu casa, puedes hacer lo que se te venga en gana – dijo cuando recuperó su cordura.

Jackotsu sonrió divertido – Kag, huele delicioso – se frotó las manos sentándose en la barra, de frente a uno de los platos ya servidos.

-Gracias, Jack – se sentó junto a su amigo con un plato en la mano.

Bankotsu se sentó del otro lado de su hermano y probó la comida, estaba condenadamente deliciosa.

-Y hermano, ¿está deliciosa, no? – preguntó el chico.

-Está bastante bien – reconoció el moreno.

Al escucharlo, Kagome sintió mariposas en su interior, las cuales ignoró de inmediato.

La cena pasó en silencio y cuando los tres terminaron Kagome recogió los platos, para dejarlos en el moderno lavavajillas.

-Querida eso estuvo delicioso – reconoció Jackotsu.

La azabache sonrió cálidamente – Me alegro. Bien, ya debo marcharme, mañana toca levantarse temprano.

-Es cierto, te deseo suerte – dijo dándole un cálido abrazo.

-Gracias por todo – besó la mejilla del chico y se dirigió a la puerta principal.

Bankotsu, que luego de comer se dirigió directamente al despacho de su padre, notó que la chica ya se iba – También me marcho – informó.

-¿Qué?, ¿tan pronto? – cuestionó Jackotsu haciendo un puchero, reacción que fue ignoraba por el moreno que se colocó su largo abrigo negro.

Kagome tragó pesadamente "¿Es posible que se vea tan malditamente bien?", se preguntó mentalmente – Como sea – sacudió ligeramente su cabeza -, nos vemos – se despidió apresuradamente de su amigo y giró, pero se detuvo al ver el paisaje tan hermoso que tenía frente a sus ojos.

-¡Siiii, nieve! – gritó Jackotsu.

-Mierda – casi susurró la azabache, al notar su auto.

Bankotsu que miraba atentamente a la chica, notó que su expresión cambiaba de golpe, siguió la dirección de su mirada y sonrió.

-Creo que no podrás sacar tu auto por esta noche – informó con fingido tono preocupado.

Jakotsu salió de su emoción y miró el vehículo de la chica – Oh, querida, ¿no cambiaste los neumáticos?

"Evidentemente no" pensó frustrada – No es problema, tomaré un taxi.

-Claro que no, yo te llevaré a casa – se ofreció su amigo.

-No es necesario – le dio una sonrisa -, nos vemos – se despidió y caminó a toda marcha hacia la calle.

-Pero qué necia – se quejó Jackotsu, girando para buscar las llaves de su auto.

-Yo la llevaré – escuchó decir a Bankotsu y lo vio caminar a su Volvo.

El chico se extrañó ante la actitud de su hermano, era muy despistado por lo que aún no notaba las intenciones de éste, así que sólo se encogió de hombros y volvió al interior de su casa.

-Mierda, mierda, mierda – escupió frustrada Kagome, que se abrazaba a sí misma, solo portaba su polerón y el frío era mucho –. ¿Dónde están los malditos taxis cuando los necesito?

-Sube, pequeña – dijo el moreno.

La azabache se sorprendió al escuchar esa voz y dio un ligero brinco – Idiota, me asustaste.

-Pude notarlo – sonrió ampliamente Bankotsu -, sube – ordenó.

-Ya dije que no es necesario que me lleven, tomaré un maldito taxi – no subiría al auto de ese idiota.

-No me gusta repetir las cosas – dijo en tono cortante.

-Entonces no lo hagas – lo miró con una sínica sonrisa.

Lo sacaba de sus casillas, pero le agradaba, no permitía ser tratado de esa forma pero a ella, curiosamente sí.

Bankotsu bajó de su auto sin detener la marcha, se paró frente a la azabache, la miró unos segundos y mostró una hermosa y amplia sonrisa.

Kagome pareció leer sus pensamientos – Ni se te ocurra ponerme un dedo encima – se alejó unos pasos y lo señaló con su delgado dedo.

El moreno se encogió de hombros y se inclinó para tomar a la delgada chica y cargarla sobre su hombro.

La azabache comenzó a golpear su espalda – ¡Suéltame, maldito salvaje! – gritó.

-Te dije que no me gustaba repetir lo que decía – le recordó el chico, dirigiéndose a la puerta del copiloto, la abrió con facilidad gracias a lo ligera que era la chica y la depositó en el cómodo asiento.

-Eres un salvaje, déjame bajar – forcejeó.

-Pero qué necia eres, pequeña – negó encantado, lo desafiaba, pero estaba descubriendo que tenía una debilidad con la chica -, te quedaras aquí tranquila y te llevaré a tu casa, porque por si no lo notaste, no pasan taxis a esta hora, ¿o te quieres enfermar?

La joven miró la calle y reconoció que decía la verdad, así que le dio una mirada asesina, se acomodó el cinturón de seguridad y se cruzó de brazos.

Bankotsu sólo sonrió y cerró la puerta, para subir y conducir hacia los departamentos de la azabache.

Durante el camino que tomaba unos veinte minutos, el moreno notó como Kagome daba ligeras cabezadas, así que redujo la velocidad.

Para cuando llegaron a su destino, la azabache estaba profundamente dormida en su asiento. Bankotsu apagó el motor y la observó por largos minutos.

"Pero ¿qué estoy haciendo?", nunca se había comportado así con nadie, pero no pudo evitarlo, era tan hermosa, tan pequeña, tan perfecta que no podía comportarse como el idiota que siempre era con las chicas.

Suspiró pesadamente rendido ante sus pensamientos y removió suavemente el hombro de la chica – Kagome, ya llegamos.

La joven suspiró y no se movió de su posición.

El moreno sonrió, y buscó en el pequeño bolso de la chica las llaves de su departamento, cuando las encontró, bajó del Volvo, cargó a la chica fuera de éste e inmediatamente ella se acurrucó en el pecho de él.

Llegó a la puerta de la azabache y entró, caminando directamente a la habitación de ésta, la dejó con delicadeza en la cama y la cubrió con una gruesa manta.

Éste totalmente encantado con ella, no pudo contener el impulso y rozó suavemente sus labios contra los de ella. Sonrió pensando en la expresión que pondría la joven al ver lo que estaba habiendo y sonrió – Adiós, pequeña – susurró y se marchó.

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A la mañana siguiente, la azabache se removió somnolienta en su cama, al ver interrumpido su sueño por el sonido del timbre.

-Oh, que mierda pasó – la chica no recordó cómo llegó hasta su habitación, se sentó en la cama y repentinamente una imagen llegó a su cabeza - ¡Diablos! – cubrió su cara al recordar dónde cayó rendida por el sueño, y aun sin recordar cómo llegó, ya se lo imaginaba.

Dio un suspiro y se levantó para abrir la puerta, no le sorprendió encontrarse con Kyoya – Demonios, si que te divertiste con Jak – se burló su amigo.

-No molestes y entra de una vez – le dedicó una cálida sonrisa, aunque no quería al moreno cerca de ella, le produjo un pequeño nerviosismo imaginar que estuvieron solos en su habitación.

-Y, ¿lista para tu entrevista? – cuestionó el chico.

-¿Te parezco lista? – alzó ambas cejas, señalando su apariencia.

Kyoya rió sonoramente – Claro que no.

La azabache rodó sus ojos – Me daré una ducha rápida para que desayunamos – informó.

-Claro – dijo sin interés Kyoya, dejándose caer en uno de los sillones y encendiendo la televisión.

Después de asearse, Kagome ya vestida terminaba de atar su largo cabello en una coleta alta, el cual, aún atado le llegaba hasta la mitad de la espalda.

-Cielos, Kag, te ves bien – halagó el chico cuando la vio pasar a la cocina, la chica lucía unos leggins negros, unas botas del mismo color sin tacón, una blusa suelta que caía en ligeras puntas cubriendo su trasero y un pequeño chaleco negro sin mangas que cubría solo sus senos.

-Gracias – respondió con una exagerada reverencia -, ese trabajo será mío – anunció con una sonrisa triunfante.

Pasaron el desayuno comentando lo que la chica había hecho con Jack.

-Eso me recuerda – dijo pensativa, para luego golpear suavemente la cabeza de Kyoya -, ¿por qué diablos no me dijiste que sería compañera de Jack?

-Oh, pensé que lo sabías – reconoció frotando su cabeza.

-¿Cómo se supone que lo haría?, lo conozco hace dos malditos días – increpó.

-No lo sé, pensé que lo habían comentado en el bar – se encogió de hombros.

Kagome suspiró derrotada – Realmente eres un despistado, como sea, levantemos los platos, ya debo salir.

-¿Ya sabes cómo llegar? – preguntó Kyoya siguiéndola.

-No, pero el taxi si – soltó con tono despreocupado.

-¿Taxi?, ¿qué pasó con tu auto? – cuestionó curioso.

-Está en la casa de Jack, olvidé que debía cambiar los neumáticos y anoche quedó enterrado en la nieve – negó suavemente.

Kyoya se carcajeó – Maldición, mataría por ver la cara de Jack cuando conducía – soltó un suspiro -, odia conducir cuando está nevando.

-No me trajo él – dijo fastidiada -, el idiota maleducado lo hizo.

-¿Bank? – sonrió -, ¿y qué tal tu viaje con él?

Kagome lo miró seria – No lo sé, me dormí en el camino y desperté hasta ahora – miró su reloj – Mierda, ya son las once, iré por mi bolso – informó y salió corriendo a su habitación.

Kyoya se quedó pasmado, su amigo, el hombre más frío y sin sentimientos de Hokkaido, se había tomado la molestia de ayudar a una chica "¿Qué demonios está pasando?" pensó un poco divertido.

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Mientras en la mansión Taisho.

-Bien, te espero en la plaza central – dijo Inuyasha, cortando la llamada de su móvil.

-¿Vas a salir hijo? – preguntó un hombre alto, de pelo plateado largo atado en una coleta alta y hermosos ojos amarillos.

-Sí padre, iré con Kouga a comprar la ropa para el festival – informó.

-De acuerdo, pero vuelve para la cena, tu hermano llega hoy de sus vacaciones – ordenó, sentado en un lujoso sofá.

Inuyasha resopló frustrado – Bien, nos vemos luego – se despidió saliendo de la mansión.

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En el centro de Chuo, Kagome caminaba nerviosa por los pasillos del enorme centro comercial – Bien – dijo al llegar a su destino -, aquí vamos.

Cuando entro a la tienda, camino directo al mostrador con seguridad – Hola, soy Kagome Higurashi, vengo por esto – le extendió el pequeño anuncio que había guardado anteriormente.

La mujer la miró con una gran sonrisa – Bien, la dueña no se encuentra pero, tienes suerte, su hijo está hoy aquí, iré a anunciarle – se levantó y caminó hasta una puerta en la parte trasera del local.

La azabache estaba nerviosa, aunque lo disimulaba muy bien, tomó un poco de aire y vio que la mujer se acercaba nuevamente a ella.

-Bien, pase a la oficina, señorita Higurashi – extendió la mano.

-Gracias – dijo la chica y caminó con seguridad, ese trabajo debía ser suyo o las cosas se complicarían un poco.

Dio unos ligeros golpecitos en la puerta y escuchó la aprobación de su entrada – Buenas tardes, mi nombre es Kagome Higurashi.

-¡Hola querida! – gritó, girando la gran silla de cuero blanco Jackotsu.

-¡Jack!, ¿qué diablos haces aquí? – preguntó muy confundida.

-Mis padres son los dueños de esta tienda, bueno, y de las otras tiendas que están en todo Hokkaido – respondió levantándose de la silla y caminando hasta la confundida chica -. Es una gran coincidencia.

-Demonios, claro que lo es – caminó y se sentó en un cómodo sofá en una esquina.

Jackotsu tomó lugar junto a la chica – Bien, ¿comenzamos la entrevista?

La azabache lo miró y asintió, retomando la compostura.

-De acuerdo, ¿tienes experiencia vendiendo?

-No, pero aprendo rápido.

-Ok, contratada – anunció el chico encogiéndose de hombros.

-¿Qué?, maldición Jack, no juegues, haz la maldita entrevista como se debe – regañó molesta -. Ya te lo dije, quiero merecer esto, no quiero conseguirlo por ser tu amiga.

-Tranquila, querida, creo conocerte y sé que eres perfecta, ¿que mas entrevista quieres?, además mis padres llegaran en dos semanas, si tu desempeño es bueno no habrá problema – expuso con una amplia sonrisa.

Kagome lo meditó unos segundos, realmente había sido una maldita coincidencia, así que Jackotsu tenía razón, debía esforzarse esas dos semanas y demostrar que merecía el trabajo – Ok – suspiró más calmada -, ¿cuándo comienzo?

-Ahora mismo, le pediré a Nanami que te enseñe lo que debes hacer y ya mañana comenzaras en tu horario, por cierto ¿solo las tardes, verdad? – preguntó.

-Si es posible – dijo esperanzada.

-Claro que sí – afirmó sonriente y le dio un abrazo a la azabache.

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-Maldito, ¿por qué tardaste tanto? – preguntó molesto Inuyasha recargado en su deportivo.

-Cállate animal – escupió Kouga.

Los jóvenes eran amigos desde pequeños, aunque peleaban constantemente, conservaban su amistad a través de los años ya que compartían muchas cosas.

-No me digas, ¿saliste con esos idiotas de nuevo? – preguntó Inuyasha.

-Cállate, eso no te importa – respondió Kouga, cruzándose de brazos.

-Son unos malditos vagos, pero es tu problema – concluyó encogiéndose de hombros -, vamos.

Ambos chicos caminaron en silencio hasta una tienda de artículos de nieve, entraron y comenzaron a elegir lo que necesitaban.

-De acuerdo, yo llevaré esto – señaló el peliplata, tenía en las manos una gruesa chaqueta de nieve roja y unos pantalones forrados del mismo color.

-Bien, yo esto – dijo Kouga, tomando lo mismo que su amigo pero en color café.

Caminaron hacia la caja, cuando vieron salir a Kagome de la oficina, Kouga caminó directo hacia ella – Hola, preciosa – saludó.

-¿Kouga? – cuestionó, "¿qué demonios pasa hoy? pensó.

-¿Ustedes se conocen? – se escuchó preguntar a Inuyasha.

"Genial, también él" se sorprendió aún más la azabache – Hola Inuyasha – saludó, ya divertida, ¿qué tan probable era que pasaran ese tipo de cosas?

-Hola, Kagome – saludó el chico, con una sonrisa coqueta.

Jackotsu que observó confundido la situación, rodó los ojos al notar la actitud del peliplata – Lamento mucho interrumpir esto, pero, querida, te llevaré con Nanami, ella te enseñará lo que necesitas saber – informó tomando el brazo de la chica.

-Claro – sonrió aliviada, no le apetecía tratar con ninguno de esos dos -, adiós, chicos.

Ambos vieron como Kagome caminó al otro extremo de la tienda y luego se miraron retadoramente.

-¿Qué fue eso? – preguntó molesto Kouga.

-¿Qué fue, qué? – cuestionó Inuyasha.

-No te hagas el idiota, tú sales a Kikyo – acusó el pelinegro.

-Lo sé – reconoció con una sonrisa maliciosa.

-Maldito animal, ella me interesa, así que mantente alejado – advirtió y caminó a la caja.

Inuyasha sonrió, si pensaba que se iba a alejar de la atractiva chica estaba muy equivocado, si su novia no era un impedimento para él, el idiota de Kouga tampoco lo sería.

Luego de la pequeña escena que vivió, Kagome pasó la tarde con una de las chicas que trabajaban en la tienda, recibiendo toda la información que necesitaba para comenzar su trabajo.

-Te agradezco mucho esto – dio una reverencia la azabache.

-Tranquila Kagome, seremos compañeras desde el lunes, así que espero nos llevemos bien – pidió con una cálida sonrisa.

-Claro – le devolvió el gesto.

-¿Ya terminaste querida? – preguntó Jackotsu desde la oficina. Kagome asintió -, bien, vamos – llegó a su lado y la tomó de la mano -. Adiós chicas – se despidió.

-Adiós, nos vemos el lunes – alcanzó a despedirse la azabache antes de ser arrastrada fuera de la tienda -. Pero Jack, ¿dónde es el jodido incendio?

El chico se detuvo de golpe y la miró molesto – Iremos a mi casa a buscar tu auto y me contaras, ¿de dónde conoces a esos dos?, eres nueva aquí, y ya conoces a los más guapos – se quejó cruzándose de brazos.

La chica suspiró derrotada – Créeme, solo casualidad – confesó y se dejó arrastrar por su amigo.

Jackotsu invitó a la chica a almorzar en su casa y así poder tener todos los detalles de sus encuentros con Kouga e Inuyasha. Pasaron gran parte de la tarde con ese tema, ya a las cinco logró casi huir a la comodidad de su departamento.

Estacionó su todo terreno y le llamó la atención un lujoso Volvo estacionado fuera de su edificio, creía reconocerlo de alguna parte pero no le tomó importancia.

Bajó de su auto y se dirigió a la recepción – Hola, Kyoya – respondió agotada, al igual que el día anterior, habían sido muchas emociones juntas.

-Kag, ¿qué pasó?, ¿tardaste?, ¿te fue mal? – bombardeó con sus inquietudes.

-No, de hecho tengo el trabajo – respondió apoyando sus antebrazos en el mostrador y recargando su cabeza sobre ellos.

-Y, entonces, ¿qué pasa? – no entendió, la actitud derrotada de la chica.

-Nada, sólo fue un largo día, necesito quiero descansar – reconoció.

-Bueno, eso será un poco difícil – informó con cautela.

La azabache levantó ligeramente su cabeza y lo miró seria – ¿De qué hablas?

-Un montón de cajas llegaron hace dos horas – apuntó al lado del mostrador una gran cantidad de ellas -, llegaron con esto – le extendió una nota sellada.

La chica la tomó con pereza y leyó:

"Hija, envié todo lo creí que pudieras necesitar, recuerda que el sábado por la tarde, estaremos en Hokkaido. Te amamos"

Suspiró fastidiada, prácticamente toda la habitación que tenía en la casa de sus padres estaba ahí – Oh, por dios – negó suavemente.

-Kag, lo siento, pero debes sacarlas ahora o comenzaran a quejarse los vecinos – informó -, lo lamento, pero no puedo ayudar, no puedo moverme de aquí.

-Mierda – susurró la azabache.

-Yo puedo ayudarte, pequeña – se escuchó la fría pero sexy voz de Bankotsu desde su espalda.

Kagome se tensó y giró - ¿Tú de dónde saliste? – logró preguntar.

El moreno sonrió de medio lado y se inclinó a su altura – Estuve sentado justo ahí – señaló una de las sillas frente a ellos.

Kagome estaba totalmente helada, pudo oler el perfume penetrante del chico y también apreciar lo bien que lucía con un conjunto deportivo negro, botas color café y un abrigo negro con capucha. Tragó el nudo en su garganta – Gracias, pero puedo hacerlo sola – le dijo y giró nuevamente para mirar a su amigo – No te preocupes Kyo, subiré a cambiarme y volveré por las cajas – le guiñó el ojo y caminó a los ascensores.

Cuando perdieron de vista a la chica, Kyoya se apoyó en el mostrador con sus antebrazos – Oye, despierta – le dijo al moreno.

Bankotsu miró a la chica en su recorrido y no despegó la vista de ella – Mph – se burló y camino hasta las cajas cargando una de ellas.

Kyoya miró en silencio al chico y negó con la cabeza.

Mientras Kagome, se había cambiado su ropa por una más cómoda, portaba unas calzas deportivas grises, un polerón ancho con capucha color turquesa y unas zapatillas de correr un tono más claro que la prenda superior.

Caminó hasta la puerta y dio un brinco cuando se encontró de frente con unos hermosos ojos azules – Ya te dije que puedo hacerlo sola – habló con tono frío, no podía demostrar que la perturbaba.

-No lo creo – le aseguró entregándole la caja que llevaba en las manos.

Kagome la tomó e inmediatamente la soltó – Mierda, ¿qué demonios mandó mi madre? – preguntó en voz alta.

-¿Aun lo harás sola? – preguntó divertido.

La azabache lo miró unos segundos, si no funcionaba evitarlo, era mejor aprender a vivir con él – De acuerdo, gracias por tu ayuda – suspiró resignada.

Luego de varios viajes, hechos por el moreno, terminaron de transportar las cajas.

-Gracias, Bankotsu – dijo la azabache dándole una suave sonrisa, pasar lo que quedaba de tarde con el chico la hizo sentir tranquila, no habían cruzado muchas palabras pero aun así, le agradaba tenerlo cerca.

-No fue problema, pequeña – respondió, mirándola a los ojos.

Cuando sus miradas se encontraron, ambos entraron en una especie de trance y sin notarlo comenzaron a acercar sus rostros.

-Vaya, hasta que terminaron – se escuchó la voz de Kyoya, desde la puerta abierta del departamento de la azabache.

Kagome bajó su cabeza, golpeándose mentalmente por lo que estuvo a punto de hacer "Tonta" – Si, al fin – habló pasando por el lado del moreno.

Bankotsu giró para mirar enfurecido a Kyoya "Maldito inoportuno" pensó – Me voy, es tarde.

Kagome miró su reloj – Diablos, son las ocho, chicos ¿quieren cenar aquí? – Invitó -, bueno, Kyoya siempre lo hace -, observó divertida como el aludido se acomodaba en el sillón para prender la televisión -, sería una forma de agradecerte – dijo sonriente.

Bankotsu solo asintió, cerró la puerta y se sentó en la barra.

Durante la siguiente media hora Kagome se concentró por completo en la cena, aunque era difícil ya que estaba bajo una atenta mirada azul, pero decidió que era mejor acostumbrarse a él, ya que al ser amigo de Kyoya no podría evitarlo siempre.

-Bien, solo unos minutos más y estará listo – informó volteando a ver al moreno - ¿Quieres café? – preguntó.

-Claro, pequeña – casi ronroneó con una media sonrisa.

Un placentero escalofrío recorrió la espalda de la chica al escuchar el tono, pero sacudió inmediatamente esos sentimientos y sirvió dos tazas de café.

-Toma – la dejó delante del moreno y salió de la cocina para sentarse en la sala con Kyoya.

Pasaron unos minutos y sonó el móvil de la chica, lo tomó e identificó la llamada – Hola papá.

-Hola hija, ¿te encuentras bien? – preguntó Yato.

Kagome rodó los ojos frustrada y se levantó de su lugar, caminando hacia la cocina – Si lo estoy, y ¿ustedes?

-Estamos bien – hizo una pequeña pausa -, hija, no podremos ir mañana a visitarte – se lamentó el hombre -, tengo unos pendientes que necesito solucionar.

La azabache sabía que debían ser muy importantes como para que su padre no pudiera cancelarlos, así que, a pesar de extrañarlos decidió no demostrarlo – No es problema papá, no te preocupes.

-Lo hago, estas muy sola.

-Estoy bien, papá – sonrió tiernamente.

-Hija, lo siento, debo colgar, llama si necesitas algo.

-Claro, los quiero mucho – casi susurró.

-Y nosotros a ti, adiós – se despidió Yato y cortó la llamada.

La chica vio la pantalla de su móvil y suspiró. Alejarse de sus padres la estaba afectando más de lo que ella pensaba, a pesar de contar con buenos amigos en tan poco tiempo, seguía estando sola en una ciudad nueva y aunque estaba decidida, tenía miedo.

Su visión comenzó a nublarse por la acumulación de lágrimas que se negaba a derramar – Mierda – susurró fastidiada, no era el momento de llorar.

Secó sus lagrimas y sintió una cálida mano en su hombro - ¿Estás bien? – escuchó la penetrante voz del moreno.

Tratando de controlar su angustia, se paró correctamente, aun de espaldas a él – Claro, serviré la cena – su voz se quebró en la última parte de la oración, su estado de vulnerabilidad parecía aumentar con la presencia del chico.

Bankotsu la miró molesto – Eres demasiado orgullosa – la giró, rodeó su pequeña cintura con sus fuertes brazos, y apoyó suavemente su mentón en la cabeza de la chica.

Kagome estaba sorprendida por lo rápido de la maniobra – Bank-bankotsu, ¿qué haces? – tartamudeo, sintiendo como los sentimientos acumulados dentro de ella estaban a punto de salir.

-Eres muy ruidosa, pequeña – le dijo, fortaleciendo su abrazo.

La azabache no pudo soportarlo más, lentamente rodeó el cuerpo del moreno con sus delgados brazo, acomodó su cabeza en su duro pecho y comenzó a sollozar.

Bankotsu estaba confundido, nunca había actuado así y menos con una mujer, pero cuando notó que se tensó después de la llamada y escuchar su voz cargada de pena y angustia no se contuvo. Se sentía confundido e inexplicablemente cómodo, esa pequeña chiquilla era tan molesta, desafiante e irónica, pero en esos momentos estaba tan indefensa, tan frágil, odiaba el sentimiento que le provocaba verla en ese estado.

Luego de unos minutos y ya más calmada, Kagome se decidió a hablar – Lo siento - trató de separarse pero el agarre no cedió -, ¿Bankotsu? – preguntó confundida y nerviosa.

Aun perdido en el exquisito olor del cabello azabache, el moreno aflojó su abrazo y la miró fijamente a los ojos.

La chica se perdió en esos profundos ojos azules, la cercanía del momento anterior logró calmar su pena pero también hizo crecer su atracción por el chico de larga trenza.

Nuevamente sus rostros comenzaron a acercarse, los brazos del moreno nunca dejaron la cintura de la chica por lo que solo apretó suavemente sus manos contra ésta, mientras Kagome se rendía ante lo que estaba pasando y puso sus manos en el rostro de él.

Sólo cerraron los ojos hasta que sus labios se unieron en un beso cálido y suave, la chica abrió ligeramente sus labios invitando al moreno a profundizar el beso, invitación que fue tomada por él.

En un principio el besó fue tranquilo, ambos parecían explorar su bocas detalle por detalle pero luego de unos segundos se volvió más demandante, más pasional, cargado de deseo.

El aire comenzó a faltar y se separaron, sin romper el contacto de sus cuerpos.

-¡Kag, tengo hambre! – gritó Kyoya y se escucharon sus pasos.

La azabache se separó rápidamente del moreno y comenzó a sacar los platos – Pero que molesto eres – dijo, justo cuando su amigo se sentaba en uno de los taburetes de la barra – Bankotsu, ¿podrías llevar la ensalada? – soltó con tono normal.

Bankotsu estaba confundido, la chica actuaba como si nada hubiera pasado, eso lo fastidió, no sería el juego de ninguna chiquilla estúpida – Me voy – anunció con tono frio.

Kagome se tensó mientras lo miraba salir de la cocina.

-Bank, ¿ocurrió algo? –preguntó Kyoya preocupado por la repentina reacción del moreno.

-Nada– abrió la puerta y se fue sin mirar a nadie.

Kagome no supo cómo reaccionar, estaba confundida y asustada, por todo lo que sintió en ese beso.

Esa noche ninguno de los dos pudo dormir, ella tratando de aclarar sus sentimientos y él descargado toda su frustración por la azabache, con Tsubaki.

La semana siguiente pasó rápidamente, Kagome se había adaptado perfectamente al trabajo, las chicas de la tienda eran muy amables y Jackotsu pasaba gran parte del día con ellas.

No había tenido noticas de Bankotsu, ni Kyoya, ni Jackotsu lo mencionaban, sentía que había cometido un error, pero no supo cómo reaccionar ante lo que ocurrió, así que solo lo dejó pasar, quizás era mejor no tener contacto con el moreno.

-o-

-¡Me encanta! – chilló Tsubaki -, siento que al fin tenemos una relación – comentó irradiando felicidad. La chica había recibido llamados del moreno con más frecuencia, lo que la hizo pensar que al fin tendría lo que tanto deseaba.

Kikyo soltó una risita burlona – Querida, el que te llame todas las noche para sexo, no es una relación – afirmó con tono hiriente.

-Te equivocas, Bankotsu es diferente, el que llevemos una semana durmiendo juntos, significa algo para él, lo sé – respondió con superioridad y seguridad.

-Como digas – dijo sin interés, acomodando su larga cabellera negra.

-o-

-Querida, lo has hecho muy bien – felicitó Jackotsu a la azabache.

Kagome arreglaba unas nuevas tablas de snowboard – Gracias Jack, las chicas me han ayudado mucho – les dirigió una alegre sonrisa a sus compañeras.

-Bien, debo salir ahora, aun debo visitar una tienda mas – dijo con pereza – ¿Iras mañana verdad?

-¿Dónde?

-Al festival, Kyoya está muy emocionado – le recordó con una amplia sonrisa al recordar a su buen amigo.

-Demonios, es verdad – lo olvidó por completo -, claro que iré.

-Entonces, hasta mañana querida – se inclinó a besar su mejilla y salió de la tienda.

Kagome estaba muy agradecida con su amigo, la había apoyado y animado toda esa semana.

Su vida en Hokkaido estaba cada vez mejor, después del festival comenzarían las clases y tendría que poner toda su energía en ellos.

Ya a las siete, la azabache terminaba su horario laboral y se dirigió a su casa, directo a la cama.

-o-

La mañana del último sábado de Febrero en Hokkaido, era fría y cubierta de nieve.

Kagome se levantó como de costumbre a las ocho de la mañana, se dio un largo baño y comenzó a preparar el desayuno, mientras se encontraba en la cocina escuchó el timbre y sonrió.

-Está abierto – alzó un poco su voz.

-Buenos días, Kag – saludó su amigo.

-Buenos días, Kyo, ¿listo para tu gran show? – preguntó divertida, volviendo a la cocina.

-Claro, anoche Bank trajo el uniforme nuevo para la presentación – informó sentándose en la barra.

La azabache se tensó al momento de escuchar el nombre del chico, no había tenido tiempo de pensar en él durante la semana – E-eso es genial – trató de sonar normal y le tendió una taza de café -. Pero, ¿por qué lo hizo él? – preguntó sin darse cuenta en voz alta.

-Ah, es verdad, Bankotsu es el capitán del equipo de la Universidad – respondió sin mayor interés.

Kagome se volteó en dirección a Kyoya con los ojos muy abiertos - ¿De nuestra Universidad?

-Si

-¿Por qué diablos nunca me dices esas cosas? – preguntó masajeando su frente.

-No lo sé – dijo el chico con inocencia -, ¿importa?

La chica dio un largo suspiro – No realmente.

El destino le jugaba una mala pasada, el chico que despertaba sentimientos desconocidos el ella, quisiera o no, sería parte de su vida.

La mañana paso rápida, Kyoya le contó mas sobre el Festival, éste reunía a los diez mejores equipos escolares de la ciudad, y seria en la cúpula que se encontraba en el corazón del Parque Odori.

A las doce llegó, Jackotsu al departamento de la chica.

-Hola, querida – saludó.

-Hola, Jack

-Kyoya, ¿dónde está tu móvil? – preguntó divertido Jackotsu.

-¿Por qué? – Preguntó y palideció al ver la sonrisa burlona que tenía su amigo en los labios -. ¡Mierda, mierda, mierda! – gritó desesperado corriendo a su departamento.

Kagome lo vio sorprendida - ¿Qué demonios le paso?

-Los equipos deben juntarse antes para ensayar los tiempos, la posición y ese tipo de cosas. Kyoya debería estar ahora junto a los demas – dio una pequeña carcajada -, mi hermano está furioso, pobre Kyo.

-Vamos, tu hermano no se ve tan malo – dijo con una sonrisa, lo poco que había compartido con el chico no era tan malo, si era un maleducado y un salvaje, pero nada tan grave.

Jackotsu la miró un par de segundos y luego se carcajeó sonoramente – Oh, Kagome - tomó un poco de aire y se limpio las lagrimas -, tú no conoces a mi hermano – negó suavemente y le regalo una sonrisa -. Como sea, en una hora debemos estar en nuestros asientos, ¿te parece si vamos juntos?

-Claro – aceptó la chica, al menos no tendría que llegar sola.

-o-

-¡Hasta que llegas! – gritó Inuyasha.

-¿Qué hacías estúpido?, ya estamos retrasados – regañó Kouga.

-Lo siento, me entretuve con el desayuno – sonrió y dirigió la mirada a su amigo que se encontraba de brazos cruzados ya equipado con su traje de nieve negro por completo – Hola, Bank.

El moreno lo miró tan molestó que los tres chicos presentes se intimidaron.

Ultimo aviso para la entrega de los itinerarios de los equipos de nieve, se escuchó que anunciaron por el alto parlante.

-Vamos – habló con tono frío Bankotsu y caminó en dirección al mesón de registro.

-o-

-Kagome, sí que eres toda una estrella – se burló el chico.

-Cállate, Jack – lo regañó divertida la azabache.

Desde que habían entrado en la gigantesca cúpula, la chica fue dueña de varias miradas por parte de los hombres que ya se encontraban ahí.

-Tranquila querida, no los culpo, aunque prefiero ver a un apuesto chico, debo reconocer que te ves hermosa – alabó.

Kagome lucía unos vaqueros negros muy ajustados, unas botas que le cubrían la rodilla color camel, un chaleco ajustado de hombros caidos que combinaba con las botas, una chaqueta de cuero negra de cierre cruzado y un llamativo collar largo que asemejaba un dragón que se envolvía en su cuello y bajaba hasta posarse en medio de sus dos grandes senos.

-Gracias, mi amigo – sonrió con arrogancia.

Caminaron hasta los asientos que se encontraban en una muy buena ubicación, podían ver como la pista estaba acondicionada para las diferentes disciplinas y ya habían equipos en sus lugares.

Kagome recorrió con la mirada la enorme instalación, estaba climatizado así que se quitó la chaqueta, se acomodo en su lugar y las luces comenzaron a atenuarse.

-¡Ya va a empezar! – chilló bajo Jackotsu tomándola del brazo.

La azabache lo miró divertida y asintió contagiada con su energía.

Buenas tardes, damos inicio al Festival de Nieve de este año.

Se escucharon fuertes aplausos por todo el recinto, era uno de los eventos más importantes del año, por lo que era de esperarse toda esa emoción.

Como todos los años comenzaremos presentando a los mejores equipos de nuestra ciudad, le damos la bienvenida al equipo campeón del año pasado, los representantes de la Universidad de Hokkaido.

La azabache se sorprendió al escuchar "campeones", e imitando a Jackotsu se puso de pie.

El escenario, que estaba muy cerca de ellos, se iluminó.

Inuyasha Taisho, representante de esquí en salto, salió al escenario con una gran sonrisa saludando al público.

Kyoya Ushiba, representante de esquí en slalom, Jackotsu vitoreó a su amigo y Kagome aunque estaba sorprendida gritó también alentando al chico que se veía un poco tímido saludando no tan efusivamente a la multitud.

Kouga Mishima, representante de esquí en descenso, los gritos aumentaron cuando salió el chico de larga coleta, Kagome lo reconoció enseguida, se veía bien y tenía muchas admiradoras.

Y por último el Capitán, Bankotsu Hiiryu, representante de Snowboard en Big-Air, no terminaron de anunciarlo cuando las chicas presentes gritaban desesperadas por él, el moreno salió al escenario sin siquiera molestarse en saludar, lo que empeoraba aun más el estado del público, ya que estaba malditamente sexy con su actitud de superioridad.

La azabache lo miró por unos segundos, realmente era guapo y con ese traje negro sus ojos parecían aun mas azules.

-Oh, Kyo y Banky se ven muy bien, ¿verdad? – preguntó Jackotsu, sacando de su ensimismamiento a la chica.

Ella sólo lo miró y asintió con una débil sonrisa.

Luego de que los diez equipos se presentaras e hicieran una pequeña demostración, Kagome y Jackotsu salieron rápidamente de la cúpula.

-Vamos Kag, ¡rápido! – la apresuró tomándola del brazo.

-Ya voy, ya voy – alegó tomando su chaqueta -. ¿A dónde vamos? – preguntó curiosa por la impaciencia del chico.

-A ver a los muchachos – anunció y corrió con la chica de la mano.

Llegaron a un enorme gimnasio que se encontraba en la parte trasera, estaba decorado con muchas pequeñas luces en el techo que asemejaban ser estrellas y tenía un pista de baile en el centro.

-¿Dónde estamos? – preguntó maravillada por la decoración.

-Es bonito ¿verdad?, al anochecer darán una fiesta – le informó - Creo que deben estar por aquí – habló para sí mismo Jackotsu.

Entraron en una pequeña sala y vieron a Kyoya tomado una cerveza.

-No creo que sea buena idea que bebas frente a tus admiradoras – bromeó Kagome.

Kyoya escupió la bebida en su boca – No bromees así – dijo avergonzado limpiando su boca.

-¡Kyo, te veías tan lindo! – gritó Jackotsu juntando sus manos.

-Todo un galán – apoyó Kagome.

-¿Dónde está Bank? – preguntó el chico por su hermano.

-Justo ahí – dijo de mala gana Kyoya, apuntando a un rincón.

Kagome giró su cabeza y vio a una delgada chica colgada del cuello del moreno. Un extraño sentimiento surgió en su pecho y su corazón se aceleró.

-Pf, de nuevo con la bruja de Tsubaki– dijo con desprecio -. Como sea, ¿Kyo, sabes a que hora comienza la fiesta? – cuestionó aun frustrado.

Kyoya compartía su ánimo – A las nueve – confirmó viendo la hoja con los horarios -, son las cinco, iré por mis cosas para que nos larguemos – soltó y se perdió en la sala.

"Era de esperarse que tuviera novia" pensó un poco triste, de pronto sintió un suave agarre en su cintura.

-¡Kouga! – alzó la voz sorprendida.

-Hola preciosa, ¿cómo estás? – preguntó coquetamente.

-Bien – se removió un poco incomoda.

-¿Creí que serias mi pareja hoy?

Kagome miró a Jackotsu, este se alejó sigilosamente "Traidor", sonrió al recordar la última conversación con el chico – Perdí tu numero – se encogió de hombros.

Kouga sonrió y apretó el agarre sobre la chica – Te ves hermosa.

La azabache pudo oler el alcohol en el aliento del chico - ¿Estas ebrio? – peguntó.

Él volvió a sonreír – Tenía que darme ánimos para esto – sostuvo la cintura de la chica con una de sus manos y con la otro tomó su mentón, acercando sus caras.

Kagome abrió sus ojos y trató de separarse, pero la fuerza del chico era mayor.

Estaban solo a centímetros de distancia cuando fue jalada, giró y grande fue su sorpresa al ver a Bankotsu con una cara muy seria.

-¿Qué haces idiota? – cuestionó fastidiado Kouga.

Bankotsu no respondió y miró a la chica – Vamos – la tomó de la mano y comenzó a caminar entre la multitud.

-Espera, ¿qué demonios estás haciendo?, ella está conmigo.

-Estaba – corrigió con tono frío como el hielo.

La azabache estaba sorprendida por la actitud del moreno, Jackotsu tenía razón cuando dijo que no lo conocía.

-Suéltala, ahora – demandó Kouga, tomando fuertemente el brazo del chico.

Bankotsu había soportado como todos los imbéciles veían lascivamente a Kagome, no era nadie para impedirlo, pero cuando vio al imbécil de Kouga tomar con tanta confianza a la chiquilla y luego tratar de besarla, su paciencia se fue al diablo.

Miró el agarre en su brazo y sonrió de medio lado, este acto más el alcohol hicieron que Kouga enfureciera y lanzara un golpe directo a la cara del chico.

El moreno lo esquivó ágilmente y colocó a la azabache en su espalda protectoramente, estaba a punto de golpear al chico de ojos celestes, cuando apareció Kyoya.

-¿Qué creen que hacen? – cuestionó mirando al moreno.

-Pregúntale a tu amigo – escupió Kouga, preparándose para golpear nuevamente.

-Kouga cálmate – trató de tranquilizar -, no queremos un escándalo ¿verdad? – lo último fue dirigido a Bankotsu, que ensombrecía su cara cada vez mas.

La azabache miraba la escena atentamente refugiada en la amplia espalda del chico, no creía que lo ocurrido fuera tan grave, pero la actitud de su defensor la tenía intrigada.

Se aclaró la garganta y esquivó a Bankotsu para hacerle frente a Kouga, pero la detuvo un suave agarre en su muñeca, miró hacia atrás y lo que vio en los ojos del moreno al mirarla le estrujó el corazón; era una mirada de advertencia, pero exhibiendo rastros de preocupación… algo tan ajeno a como solía ser él.

Le sujetó su mano con la suya fuertemente y le dedicó una cálida sonrisa para luego voltear a ver a Kyoya – Lo siento, esto es mi culpa – dijo muy seria y pasó su mirada a Kouga -, siento mucho si malinterpretaste las cosas.

Ambos chicos estaban algo sorprendidos por la reacción de la azabache, más aun cuando había sido ella quien tomó la mano del chico a su espalda.

-Kagome, preciosa, perdóname por lo que hice no fue la mejor manera, es solo que… - Kouga se veía un poco avergonzado.

Bankotsu apretó un poco su contacto con la chica, hecho que fue notado por Kagome, "¿Qué ocurre?, se ve muy…perturbado" pensó mientras volteaba y miraba de lado al chico. Dio un largo suspiro – Espero que no vuelva a ocurrir – hablo un poco más relajada -, Kyo, llevare a Bankotsu a que tome un poco de aire.

-Kag, no es necesario, lo hare yo – ofreció el chico.

-No – la chica se giró y se llevó al tenso muchacho lejos de todo ese ambiente.

-¡¿Qué diablos te pasa?! – gritó Kyoya furioso.

Kouga lo miró sin interés – Nada que te importe – se giró pero no camino -, dile a tu amigo que las cosas siempre se repiten, es mejor que se aleje de ella – soltó con una sonrisa de suficiencia.

-¡Eres un maldito! – quiso ir tras el chico pero Jackotsu lo detuvo poniéndose en su camino - ¡Quítate Jack! – ordenó muy molesto.

-Tranquilo amigo – trató de calmar con tono pacifico.

-¡¿Tranquilo?! ¿escuchaste lo que dijo ese imbécil? – preguntó casi desesperado.

-Claro que lo hice, pero sabes que no podemos hacer nada, además lo importante ahora es Bank, no debemos recordarle lo de Reira – su tono se volvió seriamente preocupado.

Al volver a escuchar ese nombre, Kyoya se helo, tragó pesadamente el nudo formado en su garganta y salió en busca de su amigo, siendo seguido de Jackotsu.

-o-

Kagome salió del gimnasio con Bankotsu y caminó hacia la pileta cercana, la rodeó y se detuvo.

-¿Me dirás que fue todo eso?- preguntó soltando la mano del chico y aun dándole la espalda.

Bankotsu sentía impotencia, frustración, temor y mucho coraje, el mismo que no se podía permitir sacar; las emociones que despertó Kagome en el habían sido nuevas, pero lo que sintió en la pequeña pelea con Kouga por ella, no.

Al no escuchar respuesta alguna, la chica se giró – Bankotsu – soltó en un susurro, el joven de larga trenza seguía con la mirada turbia, pero ahora también muy distante, la chica sintió que nuevamente le estrujaban el corazón y no controló el impulso de acercarse.

Cerró la distancia que los separaba y se abrazó al cuerpo del chico, no entendía lo que le pasaba, pero la estaba atormentando a ella también.

Bankotsu bajó su vista a la chiquilla, su pena comenzó a calmarse pero la inseguridad volvía a ser presente en su mente. Devolvió el abrazo y se aferró a ella posesiva y ridículamente también, siguiendo un extraño instinto protector.

Jackotsu y Kyoya llevaban solo unos segundo mirando la triste, pero a la vez muy intima escena, y solo ellos lo entendían así, porque ambos jóvenes conocían el secreto de su amigo y los afectaba verlo mal cada vez que recordaba ese terrible momento.

-¿Crees que es mejor dejarlos solos? – pregunto Jackotsu.

-Sí, es lo mejor – Kyoya le dio la última mirada a los jóvenes que parecían un solo ser, fundidos en un necesitado abrazo -, ella sabrá controlarlo.

Jackotsu le dio una gran sonrisa – Sabia que tu también creías lo mismo que yo.

Kyoya sonrió levemente – No sé de qué me hablas – lo sabia -, vamos – comenzó a caminar de vuelta al gimnasio -, los esperaremos adentro.

Jackotsu lo siguió divertido y esperanzado de que sus suposiciones fueran ciertas.

Luego de largos minutos abrazados, la chica levantó su cara para mirar el rostro del moreno - ¿Te encuentras mejor? – susurró y acarició la mejilla de él con sus delgados dedos.

Bankotsu estaba perdido, se había prometido alejarse de esa chiquilla, no quería volver a repetir la historia, pero no era ningún cobarde y de dio coraje para corregir las cosas, no podía seguir alejado de ella.

-Si – sonrió mostrando sus perfectos dientes blancos. La chica le devolvió la sonrisa y se alejó un poco de él, en ese momento Bankotsu notó el curioso collar - ¿es un dragón? – peguntó curioso y lo tomó entre sus manos.

-Sí lo es, mi padre me lo regalo hace algunos años, ama los dragones – contó con una sonrisa, recordando a sus padres.

-¿Los extrañas? – preguntó notando su preocupación y recordando la llamada que presencio.

-Más de lo que creí – sus ojos comenzaron a aguarse, sus sentimientos se intensificaban cerca de él, ¿por qué?

-Ven, demos un paseo antes de volver – le tomó la mano y comenzaron a caminar por uno de los caminos del bello parque.

-¡Achu!, maldición – se quejó la chica.

El moreno la miró y notó que solo portaba su ajustado chaleco café, caminaron hasta una de las bancas y Bankotsu se sentó – Ven – señaló el lugar entre sus piernas.

-No me sentare sobre ti – respondió un poco ofendida.

El chico rodó los ojos y la jaló de la mano, en un rápido movimiento la tenia sentada entre sus pierna, cubierta con su chaqueta que aun portaba y sujetándola con un abrazó.

La azabache estaba nerviosa pero sonrió ya que se sentía extrañamente protegida – Eres un salvaje – dijo levemente sonrojada.

Gracias a su altura, Bankotsu pudo observar el sonrojo – No sabes cuánto – susurró en su oído, provocándole un escalofrió.

-¿Por qué no dejas que las personas vean lo bueno de ti? – preguntó recordando la imagen que tenia Jackotsu y la forma en la que actuó frente Kouga.

El moreno lo meditó unos momentos, era siento solo ella lograba sacar ese estúpido lado de él – Porque te ven bueno y te esperan bueno – hizo una pausa -. No quiero tener que cumplir con las expectativas de nadie – reconoció con tono frio.

-¿Entonces porque te comportas así conmigo?

-No lo se, creo que eres diferente – reconoció sinceramente, apoyando su mentón en el hombro de Kagome.

-Eres extraño, me recuerdas a mi padre – es confesión hizo que el moreno levantara una ceja un tanto divertido, la chica soltó una risita ante la expresión -. No lo tomes a mal, mi padre tiene un carácter muy frio y distante, pero con mi madre y conmigo es muy diferente, siempre muestra su mejor lado – miró de medio lado al chico - ¿No es lo mismo que estás haciendo?

Era cierto, y él lo sabía – Quizás – aunque no se lo reconocería, aun.

Estuvieron en la misma posición por largos minutos, en un cómodo silencio para ambos, la intimidad que tenían ese momento los calmaba.

La tranquilidad se rompió con el sonido de un móvil, Bankotsu lo saco del bolsillo superior de la chaqueta y contestó sin romper el abrazo que mantenía con la chica.

-¿Qué? – contestó ásperamente.

Kagome rodó los ojos, como era posible que el chico con el que había estado abrazado tan tranquilamente la última media hora, fuera tan diferente al de en esos momentos.

-Está bien, está conmigo – lo escuchó asegurarle a alguien – Los esperaremos en la cafetería del domo en media hora – cortó la llamada sin despedirse.

-¿Kyoya o Jackotsu? – obviamente preguntaron por ella y los chicos eran los únicos que se atreverían a llamarlo.

El chico guardó su móvil y suspiró – Jackotsu – le confirmó, fortaleciendo con sus dos brazos el contacto -. Al parecer eres muy importante para esos dos – dijo un tanto curioso, aun tenía dudas sobre la relación que tenia ella con Kyoya.

La azabache sonrió tiernamente – Ellos también lo son para mí, me han cuidado y apoyado – titubeo un poco -, tal y como lo haces tú en este momento.

Eso llego directo al corazón del chico, conocerle ese lado vulnerable lo hizo sentirse más atraído, pero haría las cosas bien - ¿Soy tu amigo? – cuestionó sarcástico.

-¿Soy tu amiga? – lo imitó en actitud.

Ambos se miraron y sonrieron – Bien – Kagome muy a su pesar se removió delicadamente del abrazo y se levantó -, iré por mi chaqueta, los veré en el domo – le dedicó una sonrisa y comenzó a caminar.

-Iré contigo – informó casi como orden.

La chica se detuvo y lo miró preocupada – No es necesario, iré sola.

Ignoró lo dicho y se quitó la chaqueta para ponerla sobre los pequeños hombros de la azabache – Vamos pequeña – le dio una suave caricia en la mejillas y ambos caminaron juntos de vuelta al gimnasio.

-o-

-¡¿Quién era esa?! – se quejó chillonamente Tsubaki.

-Ella querida, es Kagome Higurashi, la estúpida que coqueteo con Inuyasha – informó notablemente molesta.

-¿Ella?, pero ¿qué hace con Bankotsu? – se cruzó de brazos.

-No lo sé, pero parece que la estúpida no sabe donde se está metiendo – Kikyo odiaba a la azabache por lo de Inuyasha y ahora la odiaba aun mas, no permitiría que una cualquiera entrara en un círculo, que para ella era exclusivo -. Tranquila – dijo mirando a Tsubaki -, le mostraremos cual es su lugar.

Las dos se miraron y sonrieron maliciosamente, Kagome ahora tenía dos grandes enemigas.