Capítulo 3- Confrontaciones

Aún era bastante temprano. El sol no había

salido todavía cuando el ya se había levantado

de la cama. Iba rumbo a la cocina. Necesitaba caminar un poco y beber algo para tal vez así apaciguar un poco su mal humor.

Esos sueños acerca de su pasado eran como

una maldición, pero era inevitable que los recuerdos volvieran a él, después de todo, estaba

demasiado cerca de ella , la razón por la que había decidido abandonar su hogar. Natsu suspiró con cansancio y fastidio para luego intentar relajarse y olvidar por breves instantes el asunto.

Se introdujo dentro de la gran cocina y sirvió agua en un vaso mientras tomaba asiento en un pequeño comedor.

Su mente seguía divagando en la situación. A

cada minuto la estancia en ese lugar se volvía

más difícil, pero tendría que soportar todo por Gray, ya que ese era su modo de reponer los años de ausencia. El peli-rosa permaneció ensimismado durante algunos segundos, hasta que la presencia de alguien más le hizo distraerse.

La puerta de la cocina se abrió sigilosamente, y

con ese mismo cuidado fue cerrada por la persona recién llegada.

La mirada de Natsu se ensombreció, reflejando un

profundo desprecio, ya que era Lisanna quien se

acercaba a él. La chica siguió caminando hasta quedar a poca distancia del muchacho. Ella sonrió

maliciosamente al notar que el joven la examinaba. Sabía que había rencor en sus ojos, pero también sabía que no mostraban indiferencia, y eso se debía a que la mujer estaba ataviada con una ligera y corta ropa de dormir.

Siguieron intercambiando miradas durante

algunos minutos. Ninguno de los dos decía nada,

y ese silencio comenzaba a volverse incomodo.

Fue por eso que Natsu decidió ponerle fin a esa

desagradable situación, poniéndose de pie para

salir del lugar. El peli-rosa caminó hasta la puerta, extrañándole el hecho de que Lisanna no intentara detenerlo cuando pasó a su lado, pero justo al momento de abrir la puerta la escucho decir algo que lo obligo a detener su marcha.

-Te he extrañado mucho.-

Natsu sonrió forzadamente ante la hipocresía de

esas palabras, después se giró para mirarla de

frente.

-¡Vamos Lisanna! Aquí solo estamos tú y yo. No

hay nadie más frente a quien tengas que fingir.-

-¿Te resulta tan difícil creerme?-

-Desde hace mucho tiempo que deje de hacerlo.-

-Pues esta vez debes hacerlo.- contestó ella

mientras se acercaba de manera provocativa a

su hijastro, para después, comenzara a acariciar

su pecho desnudo -Me has hecho falta durante

todos estos años.-

El muchacho sonrió con más cinismo después de

aquel comentario, sin hacer nada por separar a

la mujer de su cuerpo.

-Dime, ¿acaso Igneel no logra complacerte como yo lo hacía?-

-Mi idea de casarme con tu padre no fue precisamente la de sustituirte en la cama. Aunque debo decirte… que él jamás logrará superarte. Pero ahora, tu dime, ¿me has reemplazado en la cama con alguna otra mujer?-

-Yo diría que con bastantes.-

-No tienes idea de lo mucho que me duele saber

eso. Parece que disfrutas haciéndome sufrir. Te

has vuelto muy cruel, cariño.-

-Eso fue algo que aprendí de ti.-

Ambos sonreían de manera descarada y

triunfante, pero en realidad, estar junto a ella

representaba una tortura para Natsu, quien ya

estaba a punto de retirarse. Se dio la vuelta para abrir la puerta y salir, pero inesperadamente la joven reaccionó de manera rápida, deteniéndole la mano que giraba la perilla.

La chica aprisionó al peli-rosa contra la pared,

uniendo sus labios con los de él desesperadamente.

Natsu correspondía a los exigentes besos de su

antigua amante, dejándose llevar por el reprimido

deseo que aún sentía por ella. Y es que no importaba cuanto lo hubiera hecho sufrir, todavía

la deseaba, aunque ese sentimiento se mezclaba

con otro de rencor. Estaba perdido. El contacto con ella era tan excitante que difícilmente podría parar, a pesar de que sabía que no era lo correcto.

Pero esta vez había decidido que la haría pagar

un poco del daño que le hizo. Le daría esos besos y caricias que tanto la enloquecían, le haría rogar por más de esa pasión, pero no se la concedería, haciéndole ver de esa forma que lo había perdido por completo debido a su estupidez. Continuaban besándose apasionadamente. El peli-rosa había abandonado los labios de la mujer para recorrer su cuello, succionándolo sin ningún cuidado, dejándole marcas. Eso provocó que ella liberara un fuerte gemido, lo cual lleno de satisfacción al muchacho.

El joven siguió recorriendo con sus manos el

cuerpo de Lisanna, quien ya estaba demasiado

sumida en el placer, y más aún porque él comenzó a acariciar sus senos por encima de la ropa.

Parecía que nada ni nadie podrían detener lo que

habían iniciado. Todo parecía indicar que consumarían una vez más su pasión, como fuese

años atrás.

Los papeles se habían invertido, esta vez era la

chica quien permanecía acorralada contra la

pared, con el cuerpo de Natsu haciendo una

excitante presión en sus caderas, provocando

que se retorciera.

La espera se volvía insoportable para ella, deseaba tener al peli-rosa dentro de su cuerpo en ese preciso momento, y fue eso lo que la incitó a bajar sus manos, intentando desabotonar el pantalón de Natsu.

Aquel movimiento fue lo que le hizo salir de su

trance. Sabía que ya había despertado en ella

demasiado deseo, lo cual era su objetivo. Tuvo que contener su propia excitación por el bien de su orgullo, así que, muy a su pesar, se separo de la joven, quien no hizo nada por ocultar la frustración y la molestia que ese acto le había provocado.

El muchacho comenzó a reír con arrogancia,

mientras la mujer lo miraba cada vez más

irritada.

-¿Qué sucede pequeña? ¿Esperabas poder revivir

aquellos viejos tiempos?-

-¡Eres un desgraciado miserable!-

-¿Tanto te molesta que me haya burlado de ti en tu propio juego?-

-Puedes estar seguro que esto no se quedara así-

-¡Pues déjame decirte algo y escúchame muy

bien! ¡Jamás volveré contigo! ¡Jamás voy a

perdonar lo que me hiciste! Hace mucho que

conseguiste lo que querías de mi ¡ahora déjame

tranquilo!- Sin más que decir, Natsu salió de la cocina, dejando a Lisanna confundida y molesta por su actitud.

La chica se recargó sobre la pared, meditando la

situación.

-Regresaras a mi más pronto de lo que crees. Jamás permitiré que llegues a amar a alguien más Natsu.-

0-0-0-0-0-0-0

Llevaba varios minutos de retraso, por lo que Levy apresuraba su paso por las transitadas calles de Crocus. Estaba evidentemente preocupada, puesto que le estaba dando a Gajeel motivos para desesperarse, no solo con su negativa a aquella invitación, que ya la tenía bastante incómoda, sino también por sus ya frecuentes retrasos.

Ahora solo rogaba al cielo por que él no se diera

cuenta de su llegada. La peli-azul llegó al despacho sigilosamente, tratando de no ser notada por su jefe. Suspiró aliviada al ver que él no se encontraba cerca. Se despojó de su abrigo y después de colgarlo comenzó a dejar sus cosas sobre el escritorio.

La muchacha se llevó una sorpresa al notar que

sobre este último había un pequeño florero, dentro del cual se encontraba una hermosa rosa roja.

Sonrió tímidamente por aquel detalle y sin perder

tiempo se inclinó un poco para poder oler la flor.

Cerró sus ojos y aspiró aquel agradable aroma.

No sabía porque pero ese pequeño momento sería suficiente para alegrar su día. Permaneció algunos segundos más de esa manera, hasta que fue sorprendida por la voz de Gajeel, quien estaba de pie justo detrás de ella.

-Parece que he hecho una buena elección- dijo

Redfox sorprendiendo a la chica.

-Señor ¿Qué…?-

-Es bueno saber que te ha gustado mi regalo-

-Creí que ya habíamos hablado sobre eso. Le

agradecería mucho que ya no me hiciera llegar

ninguno de sus presentes.-

-Sé de lo que hablamos ayer, y puedo asegurarte que este obsequio no tiene nada que ver con la invitación que has estado rechazando. Prefiero que veas esto como una muestra de mi admiración.-

La joven frunció el entrecejo, haciéndole saber a

Gajeel que no entendía sus palabras. El sonrió por

aquel gesto, mientras metía sus manos en los

bolsillos del pantalón.

-Así es. Admiro el valor que has tenido al enfrentarte a mí. Hasta ahora, ninguna mujer me había rechazado.-

Levy miró con atención al muchacho debido a aquellas palabras, que, sin saber porque, le causaban algo de incomodidad.

Redfox comenzó a acercarse a la peli-azul, quien

había cambiado su mirada atenta por una de temor, puesto que su jefe lograba intimidarla con actos tan simples como ese. De pronto, el tomó un mechón de cabello de la mujer, deslizándolo por su mano, logrando con eso ponerla más nerviosa aún.

-Eres muy valiente preciosa. Te has atrevido a

rechazarme sin tomar en cuenta las consecuencias. Dime, ¿acaso llegaste a pensar

en la posibilidad de que te despidiera por ello?-

Los ojos de Levy se hicieron grandes por la

sorpresa que le causaron esas palabras.

-Usted… ¿sería capaz de hacer algo tan miserable como eso?-

Gajeel sonrió de manera arrogante, mientras se

alejaba lentamente de la chica.

-Por supuesto que no. Si hubiera querido lo habría hecho desde el primer momento. Además, estoy seguro de que tú no has querido renunciar porque necesitas este empleo. Por eso has tenido que soportar esta situación.-

El joven dio media vuelta para alejarse sin esperar a que ella expresara su opinión.

El rostro de la peli-azul se mostraba algo pálido

luego de aquella impresión. Poco antes de abandonar la oficina, Redfox se volvió hacia ella.

-No te preocupes. Puedes estar tranquila desde

ahora. Eres muy eficiente y sería muy estúpido

de mi parte si te dejara marchar.-

La muchacha se dejó caer sobre su asiento,

suspirando aliviada, para después iniciar con su

trabajo.

0-0-0-0-0-0-0

Natsu se encontraba en uno de los jardines de la mansión. Estaba sentado en una pequeña mesa, con un plato de comida frente a él, el cual ni siquiera había tocado aun. No tenía apetito. Desde aquel encuentro con Lisanna su humor había empeorado bastante.

Trataba de olvidarlo, pero solo conseguía

lastimarse más al recordar lo que hubo entre

ellos. Sentía mucho coraje contra el mismo por seguir siendo débil ante ella. La odiaba, pero también había un sentimiento que la ataba a ella. Algo que no sabía cómo explicar. Había mucha

confusión en su corazón, y eso le hacía sentirse

frustrado. Por más que lo deseaba, Natsu no podía dejar de darle vueltas al asunto, y ahora una de las cosas que más temía era no poder sostener por más tiempo la mentira frente a su familia. Había

decidido hacer todo lo posible porque nunca se

enteraran.

Había tantas ideas en la cabeza del muchacho, pero todas se desvanecieron en el momento en

el que vio a Lucy llegar. De repente, su semblante reflejo una especie de fastidio y preocupación. En esos momentos lo que menos necesitaba era ver a esa mujer, puesto que despertaba en el extraños sentimientos.

No sabía lo que inconscientemente estaba sintiendo por ella. Una parte de sí mismo le decía que la deseaba, pero la otra le decía que era algo mucho más que eso, pero se negaba a pensar que fuera amor, ya que eso era algo que ya no se permitiría sentir por nadie más.

Además, era la prometida de su hermano y apenas la conocía. Por su parte, la rubia comenzó a acercarse al mayor de los hermanos, sin inmutarse por la expresión de enojo que había en su rostro.

La chica suspiro levemente antes de llegar hasta

donde él estaba, después, tomó asiento a su lado.

-Buenos días.- saludó Lucy secamente

-Gray no está.- contestó Natsu con desgano

-Eso ya lo sé. Soy su prometida ¿recuerdas? Estoy enterada de lo que hace. He venido a verte a ti.-

-No entiendo porque.-

-Porque pienso que es momento de arreglar nuestras diferencias.-

-No tengo ningún problema contigo, así que sigo sin entender lo que quieres.-

La joven estaba desesperándose por aquella

situación. Le molestaba que Natsu fuera demasiado arrogante, y sentía enormes deseos de mandarlo al infierno, pero le había prometido a Gray que todo mejoraría, aunque solo fuera por voluntad de ella.

Por un breve momento, la chica recordó las palabras de su novio. Intentaba creer que el peli-rosa no era así en realidad, y que solo quería dar una imagen falsa de él mismo para protegerse del dolor.

Lucy trató de ponerse un poco en su lugar. Ambos compartían el sufrimiento de haber perdido a uno de sus padres, pero para fortuna de ella, su madre no volvió a pensar en contraer matrimonio, ni mucho menos con un hombre que hubiera podido ser su hijo.

Imagino unos instantes el dolor que el muchacho

sentía. No podía entenderlo, pero tampoco juzgarlo. Suspiró de nuevo para recuperar algo de

paciencia.

-Escucha, sé que tal vez no te agrado, pero…-

-Yo no he dicho eso.-

-Si es así, entonces te pido que mejoremos nuestra convivencia.-

-Que yo recuerde, no estoy obligado a convivir contigo.-

-¡No se trata de nosotros!- dijo la chica

finalmente exasperada. -Quiero que hagamos

esto por la persona que tenemos en común. Sé

que tu también quieres mucho a Gray, y no sabes lo feliz que lo hará esto, y yo estoy dispuesta a hacer cualquier cosa que lo haga feliz.-

Natsu desvió la mirada. La rubia había propuesto algo a lo que no podría negarse. Los dos tenían como objetivo la felicidad de Gray.

Pero, ¿Por qué le resultaba tan difícil? ¿Por qué

no podía evitar mostrarse irritable ante ella? ¿Acaso era porque despertaba alguna especie de

sentimientos que él creía ya no sentir? No estaba seguro, pero ya no deseaba involucrarse más con su corazón, ya no podía permitirse ser vulnerable nunca más.

El joven se levanto de su asiento para ir rumbo a

su habitación, pero no contaba con que la muchacha se interpondría en su camino.

-Aún no obtengo una respuesta.- expresó ella con decisión.

-Todo esto me da igual… pero mientras estés con mi hermano, sabré cómo comportarme.-

Sin más, Natsu se retiro, dejando a Lucy con una

amarga satisfacción.

En ese momento, en su mente estaba la imagen

del peli-rosa, resaltando como detalle aquella

tristeza en sus ojos. Ella pudo notarlo, y en ese instante, sintió un leve dolor en su pecho. ¿Por qué le agobiaba haberse dado cuenta de su sufrimiento? El era arrogante y grosero con ella, pero aun así, la chica deseaba no ver más esa desolación en su rostro.

Pensó en la vaga idea de que si hubiera podido

hacer algo por él, lo habría hecho, pero de pronto volvió a la realidad.

Estaba pensando en él como si se tratase de una persona muy importante en su vida. Usualmente, eso solo lo hubiera pensado por Gray. Entonces, ¿Qué era lo que estaba ocurriendo? ¿Acaso había nacido un sentimiento por ese hombre?

Sacudió su cabeza, negándose a creer esa idea

estúpida. Ella estaba enamorada y comprometida. En su corazón solo podría haber lugar para un amor.

Lo que no sabía, era que el destino estaba a

punto de demostrarle lo contrario.

0-0-0-0-0-0-0

Ya entrada la tarde, Natsu tomó uno de los

vehículos de la familia. Su hermano le había llamado unas horas antes, pidiéndole verse esa misma tarde, por lo que acudía puntualmente a la cita. Rápidamente llegó al hospital donde Gray trabajaba.

Entró al lugar, avanzando lento mientras observaba a su alrededor. Después de pedir información, el peli-rosa fue guiado hasta una sala de espera del área de pediatría, donde podría esperar a Gray.

El joven tomó asiento, siendo pronto víctima del

aburrimiento, hasta que después de unos minutos algo llamó su atención. De una de las habitaciones contiguas provenían pequeñas risitas. La curiosidad de Natsu lo llevó a acercarse, sorprendiéndose por lo que veía.

Ahí se encontraba Lucy, rodeada de algunos

niños vestidos con batas de hospital. Los infantes reían por aquellos juegos que la chica les hacía, mientras la atención de Natsu se centraba totalmente en ella.

Le agradaba la imagen de la rubia, sonriendo ante la alegría de los pequeños. No solo le parecía hermosa, sino que también una maravillosa mujer, aunque le molestara aceptarlo.

De pronto, una mano se posó en el hombro de

Natsu, obligándolo a voltear. Al hacerlo, se encontró con el rostro amable de Gray.

-Es una gran mujer ¿verdad?-

El mayor no contesto, limitándose a volver su

vista hacia ella.

-Ella se ofreció personalmente a venir a hacer

visitas a los niños. Le agradan mucho, y ella

también les agrada. Los pequeños han mejorado

bastante desde que ella viene.-

-Ya veo.- contestó el peli-rosa sin cambiar su

semblante serio -Pero ahora dime ¿para qué me

has llamado, Gray?-

-Mi turno ha terminado y se me ocurrió que podríamos ir a algún lugar.-

-No estoy de humor para pasear.-

-¡Por favor hermano! Ven conmigo. Hay algunas cosas que necesitamos hacer.-

-De acuerdo.-

Después ambos hermanos salieron del lugar. Ya

dentro del auto, ninguno de los dos cruzó palabra, hasta que llegaron a su destino.

-¿Es aquí a donde querías venir?- cuestionó Natsu

con algo de nostalgia.

-Creí que sería buena idea que viniéramos juntos

a visitar a mamá. Hace muchos años que no la

visitamos los dos.-

Los jóvenes continuaron su trayecto caminando.

El cementerio era bastante grande, rodeado de

grandes árboles que comenzaban a perder sus hojas debido a la época del año. Caminaban uno junto al otro, intercambiando miradas de vez en cuando.

Gray miraba a su alrededor, perdiéndose en

sus pensamientos. Veía todas aquellas lápidas,

llenándose de recuerdos de aquel día en que

llegaron ahí por primera vez, y sin poder evitar

que sus ojos reflejaran dolor, lo cual no fue

ignorado por su hermano, quien continúo caminando sin decir nada más.

Luego de algunos minutos, los jóvenes Dragneel

llegaron a la tumba de su madre. Natsu se arrodilló para retirar el polvo que impregnaba la sepultura, permaneciendo en esa posición.

Gray, por su parte, fue quien decidió hablar.

-Nuestra madre… también fue una gran mujer

¿no lo crees, hermano?-

El mayor asintió con la cabeza, permitiendo que

el menor continuara.

-Sé que su pérdida es algo irreparable, y que en

este mundo no existirá nadie que pueda reemplazarla. Ni siquiera… Lisanna.-

Los ojos de Natsu mostraron tanta furia, lo cual lo obligo a levantarse, pero eso no evito que Gray continuara.

-Hermano, ¿recuerdas lo que paso el día que

mamá murió?-

La pregunta sorprendió al peli-rosa, quien ya no fue

capaz de exclamar ningún reclamo.

-Yo aun lo recuerdo bien, hermano. Recuerdo…

que lloré, lloré mucho. Creía que el mundo se

acabaría, que estaba solo. Hasta que tú llegaste y sostuviste mi mano. También estabas muy triste, pero creo que contuviste tus deseos de llorar para mostrarte fuerte ante mí. Y cuando me abrazaste, no pude evitar llorar aún más, pero era diferente, porque me hiciste sentir alivio. Me prometiste que nunca estaría solo, y que me cuidarías. Y desde ese entonces te convertiste en el mejor amigo y hermano. Pero… desde hace tiempo… siento como si fuéramos un par de desconocidos.-

-¿A qué viene todo esto?-

-Hermano, me gustaría que volvieras a confiar en mí. No entiendo porque te empeñas en guardar el sufrimiento para ti, como aquel día.-

-Insistes en saber porque me fui- afirmó Natsu - Ya

deberías olvidarlo ¿no lo crees?-

-No puedo olvidarme de algo que te sigue

atormentando hasta ahora. Si se trata de la

muerte de mamá, y del matrimonio de papá con

Lisanna, creo que es tiempo de que lo superes.

Además, ella es una buena chica, y creo que tu

estas consciente de eso porque la conocías.-

-¡Tú no sabes nada Gray! ¡Ya me canse de que quieras resolver mis problemas! ¡No puedes hacer nada por mí, así que olvídalo!-

El menor de los jóvenes se sintió herido y triste.

Tenía que aceptar que las cosas con su hermano

ya no eran como antes. Siempre que trataba de

hablar del asunto Natsu lo evadía y se comportaba

irritable. Por su parte, Natsu se esforzó por recuperar un poco de cordura.

-Entiende que mi vida no puede ser tan perfecta

como la tuya, Gray. Y hablar de mis problemas no

va a resolver nada.-

-¿Acaso… es mi culpa?-

Natsu se quedo pasmado por la pregunta, mientras

miraba interrogativo al más joven.

-¿Qué estás diciendo Gray?-

-¿Es mi culpa que te hayas ido?-

-¿Por qué preguntas esa estupidez?-

-Porque… siempre has peleado mucho con papá, en cambio, conmigo es diferente. El espera mucho de ti, te exige demasiado, en cambio conmigo es paciente y generoso. ¿Es eso lo que te molesta?-

El mayor comenzó a reír con algo de amargura,

mientras se cubría parte del rostro con una mano.

-¿Sabes? Te mentiría si dijera que no he pensado en eso. Tú eres un hijo ejemplar, obediente, tienes un excelente empleo, y vas a casarte con una mujer de buena familia. Eres el orgullo del viejo. Pero yo, siempre he sido rebelde y testarudo, y me he opuesto a su voluntad. Soy el heredero de esta familia y no deseo hacerme cargo de su patrimonio. Además, solo tengo mujeres cuando necesito divertirme, y no busco ningún compromiso serio con ellas. No soy nada de lo que nuestro padre espera, y la verdad es que ya no me importa. Si he

decidido vivir alejado es por razones que nada tienen que ver con esto y que será mejor que ya

no trates de averiguar. Y por favor, deja de pensar que esto es culpa tuya. Eso sería darte demasiado crédito.-

Después de esas palabras, Natsu dio media vuelta para retirarse. Comenzó a caminar, mientras Gray permanecía ensimismado y cabizbajo aun en la tumba de su madre. Se distrajo un poco al escuchar que su hermano mayor lo llamaba para no retrasarse más, así que fue hacia su encuentro.

Gray tuvo que hacer mucho esfuerzo para no derramar algunas lágrimas que amenazaban con

salir, lágrimas que reflejaban la tristeza de saber

que el abismo que los separaba se hacía cada

vez más profundo.