DIVISIONES
III: CAIDO DEL CIELO
Casa en Atenas
A la mañana siguiente
Mac se levantó esa mañana casi de un salto, un poco más temprano de lo habitual. Siempre había sido una persona difícil en las mañanas, pero ese día en particular ella tenía una gran motivación para levantarse.
-Buenos días, Toto- dijo Mac, volviéndose al perro mientras se apresuraba al cuarto de baño para darse una ducha- ¿cómo están las condiciones el día de hoy?- añadió al salir.
-Son las siete horas, diez minutos y veintiséis segundos- dijo la voz robótica de Toto- la temperatura actual es de diecinueve grados centígrados, humedad de 19%, vientos de veinticuatro kilómetros por hora. Soleado, despejado, sin posibilidad de lluvia. Temperatura máxima veinticinco grados centígrados-
-Va a ser un día muy caluroso- dijo Mac, pensativa, mientras se ataba los cordones de sus botas.
-"Muy caluroso" es tu punto de vista- le dijo Toto en un tono sabiondo que solía divertir a Mac- aunque es muy probable que estés sesgada por tus orígenes canadienses y tu larga estancia en Alemania-
-Es posible- dijo la chica, abrochándose la chamarra y tomando su mochila con el prototipo Icarus 2.0. Suspiró y encendió su computadora, descargando un mapa de la ciudad- tengo que encontrar un punto alto de la ciudad para hacer el salto-
-Puedo recomendar realizar el lanzamiento desde la Acrópolis- dijo el perro robot, señalando con una pata el sitio señalado en el mapa de la ciudad.
-Puede ser- dijo la chica, mirando el mapa, y luego poniendo las manos sobres sus caderas. Se emocionó: parecía ser perfecto para sus planes- hagámoslo-
Toto hizo un ruido extraño, que hizo que Mac alzara las cejas. Sabía que hacía ese ruido cuando tenía información contradictoria en su interior. Me explico: Mac había desarrollado varios programas para que Toto fuera lo más inteligente y humano posible, cada programa con una lista de datos distinta. A veces tenía información contradictoria en dos listas distintas.
-¿Qué sucedió, Toto?- dijo Mac, riendo-¿se te trabaron tus circuitos?-
-Mi programación me dice que debo advertirte que no es sensato que hagas el salto- dijo Toto, sus ojos brillantes parpadeando, pero hablando nuevamente con normalidad- te puedes lastimar-
-Llevo rodilleras y casco- dijo la chica, mientras sus largos cabellos rubios y rizados, amarrándoselos con un listón rojo con un pequeño triángulo del mismo color en cada extremo del mismo.
-Puedes morir por caer de una gran altura si el prototipo falla- señaló Toto- ningún casco te salvará de eso-
-No fallará- dijo Mac, haciendo un gesto de estar ofendida- además, tengo un paracaídas en la misma mochila-
Toto guardó silencio. Al ver que no había respuesta de su robot, Mac lo tomó en sus brazos, bajó a la cocina, tomó una tostada y salió corriendo de la casa hacia la ciudad, con cuidado de no hacer ruido, pues Charlotte y Derek seguían dormidos.
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Templo de Capricornio
Al mismo tiempo
Shura fue despertado por la alarma de su reloj, y el chico gruñó antes de apagar el aparato de un golpe. Con dificultad abrió los ojos y miró la hora, eran las siete y diez minutos. El pobre santo se rodó sobre la cama y hacia el suelo, pues no podía despertar de otra manera. Se rascó la cabeza.
-Bueno, al mal paso…- dijo en voz baja para sí mismo.
Sin muchas ganas, Shura se levantó y arrastró los pies hacia el baño. Una vez que se dio una ducha, salió del cuarto de baño y se vistió. Pantalón de mezclilla, camisa negra sin mangas y botas. Se secó el cabello con una toalla, y suspiró.
Arrastró los pies a la cocina, y se preparó un café y una tostada. Mientras desayunaba, miraba de reojo el reloj. Siete y media. Cuando Shura terminó de desayunar y estuvo a punto de salir a los terrenos del Santuario, sonó su teléfono celular. El chico alzó las cejas, pero suspiró resignado al ver el número.
-¿Hola?- dijo él.
-Shura, ¿cómo estás? Hace mucho que no hablamos-
-Eh… mamá, ¿cómo estás?- dijo Shura, ruborizándose levemente. Su madre nunca había dejado de llamarlo, al menos una vez por semana. El santo de Capricornio suspiró. Aunque no lo quisiera admitir, porque era un santo dorado rudo y demás, siempre se ponía contento de escucharla, y escuchar noticias de su familia.
-Hijo, ¡hace mucho que no nos llamas!- dijo la voz de su madre a través del auricular.
-Mamá, eh… he estado ocupado- dijo él- de hecho, ya tengo que colgar…-
-Bueno, solo una pregunta- dijo su madre antes de despedirse- ¿y la novia?-
Shura sintió un tic en el ojo. ¿Qué su mamá no podía llamarle sin preguntarle eso? Aparentemente no.
-Mamá…-
-Bueno, me tengo que ir, cariño- dijo la mujer a través del auricular- cuídate mucho, hijo. No hagas cosas peligrosas-
-Claro…- dijo él, sin decirle lo ridículo que era decirle eso a un santo de Athena. Se despidió de su mamá y colgó. Suspiró aburrido. ¿Porqué la insistencia de su madre de que consiguiera novia? De hecho, su madre no le preguntaba sobre sus misiones, o cosas que le interesaran a él. Para ella, siempre había sido "¿y la novia?" y "¡ya quiero nietos!" ¡Bah!
Finalmente, el santo dorado se encogió de hombros y bajó a los terrenos del Santuario, buscando a Milo. Aún era temprano, pero era mejor que fuera a sustituirlo y mandarlo a descansar. Sabía que su compañero se lo agradecería.
x-x-x
Templo de Leo
Aioria alzó las cejas al encontrar algo inusual en su templo. Marín había pasado la noche en el recinto de las amazonas, y supuso que vendría a visitarlo, pero en vez de eso se encontró a Saga en la entrada. El santo de Leo sonrió levemente. Hacía un par de semanas el gemelo mayor se había ido a Chile sin avisar más que al Patriarca, y Aioria había pensado que aquello era extraño.
El día anterior, Saga había regresado, y Kostas había corrido a verlo. Aioria sabía que, como aprendiz a santo dorado, Kostas tendría que ir desapegándose de su familia, pero la verdad el santo de Leo se sentía culpable: él nunca volvió a ver a sus padres desde que Aioros se lo llevó al Santuario, y no deseaba eso para su pequeño estudiante.
-Buenos días, Aioria- dijo Saga.
-Eh, buenos días- dijo Aioria- ¿qué te trae por aquí tan temprano?-
-Quisiera hablar con Kostas, si no es mucha molestia- dijo el gemelo mayor.
Aioria asintió, y se volvió para llamar al pequeño, pero no fue necesario: Kostas, escuchando la voz de su papá desde su cuarto, bajó rápidamente a verlo.
-¡Papá!- exclamó Kostas, corriendo hacia él y abrazándolo por la cintura. Saga sonrió y se inclinó para mirarlo a los ojos.
-Kostas, necesito hablar contigo- dijo Saga, y se volvió a Aioria.
-Los dejaré solos- dijo Aioria, sonriendo levemente y entrando a su cuarto. Una vez que se quedaron solos, Saga se sentó en uno de los sillones del templo de Leo, justo frente a Kostas, quien se sentó también. Saga suspiró. ¿Por dónde empezaba?
-A ver, Kostas- dijo Saga, mirando a su hijo en un tono serio. Tenía algo de miedo que las cosas no funcionaran, o que Kostas resultara herido- sabes que te quiero, y que eres lo más importante para mí-
Kostas sonrió.
-Sí, papá- dijo el niño- y yo te quiero a ti-
Saga sonrió, y con un gesto hizo que su hijo se sentara a su lado, y lo abrazó.
-Si me lo permites, quería hablarte de Cecy- dijo Saga en voz baja- ¿recuerdas que la conociste el otro día?-
Kostas asintió, sus enormes ojos grises mirando a Saga con curiosidad. El chico tragó saliva dolorosamente. No sabía como continuar.
-Cecy es… tengo poco tiempo de conocerla- dijo Saga, sin saber como continuar- pero… -
¡Era muy difícil! Hablar con Kostas normalmente era fácil, pero esta vez Saga tenía miedo de que su hijo se sintiera lastimado. ¿Cómo explicarle que Cecilia le gustaba, que se sentía bien con ella, y que sabía que no iba a sustituir a su mamá, pero que quería que pudiera tenerle cariño como él? ¡Arg!
Mejor era decir eso. Le explicó que Cecilia era importante para él, y que estaba feliz cuando estaba en su compañía. Le dijo que le gustaría mucho que la conociera, y que finalmente se volviera tan especial para Kostas como lo era para él mismo, haciendo énfasis que en ningún momento quería que Cecy sustituyera a su mamá. El niño lo escuchaba con atención, y sonreía levemente.
Poco sospechaba Saga que Cecy ya se había ganado a Kostas desde la primera vez que la vio. Y el pie de manzana no había afectado su causa tampoco.
-Entiendo, papá- dijo Kostas, pensativo.
-Cecy nos invitó a su casa esta tarde- continuó Saga.
-¿Va a hacer pie de manzana?- dijo Kostas, ilusionado- ¿puedo ayudarle?-
-No lo sé- dijo el santo dorado- pero voy a pedir permiso a Aioria para que me acompañes a comprar un regalo para ella, en agradecimiento por invitarnos, ¿qué te parece?-
Kostas sonrió ilusionado y asintió.
-¿Y qué le vamos a regalar, papá?- dijo el niño- ¡tiene que ser algo que le guste mucho!-
Saga sonrió. Ya tenía algo en mente, que estaba seguro que le gustaría mucho.
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Templo de Cáncer
Poco más tarde
Death Mask tomó tímidamente la mano de Fatima, quien se volvió hacia él y sonrió. Desde que había decidido no usar su hiyab, la chica lucía largo cabello oscuro, casi negro, que se había arreglado en una gruesa trenza. El santo de Cáncer la miró de reojo y sonrió ruborizado. Desde hacía unos días ambos habían decidido que serían pareja, e iban a tener su primera cita como novios formales, iban a ir a comer en la ciudad.
-¿Qué vamos a comer, Dema?- le preguntó Fatima.
-Un gyro- dijo Death Mask, encogiéndose de hombros- es una extraña comida griega. Personalmente, me gusta más la comida italiana, pero ya ves…-
Fatima sonrió levemente y asintió, y el santo dorado la miró con adoración.
Mientras ambos bajaban de los Doce Templos hacia la ciudad, la chica miró hacia el cielo y señaló algunos uno de los árboles. Death Mask se detuvo y miró hacia donde la chica estaba señalando. Había un pequeño búho ululando dulcemente, quieto por unos segundos, y después se puso a volar.
-¿Te gustan los búhos?- preguntó el santo de Cáncer.
-Nunca antes había visto uno- dijo Fatima, siguiéndolo con la mirada mientras que volaba hacia la rama de un árbol, y luego se volvió a Death Mask sonriendo- el sonido que hacen… es lindo-
Death Mask sonrió, y asintió. Mientras caminaban bajo el soleado cielo, vieron de pronto una sombra alada en el cielo, sobrevolando justo encima de ellos. Ambos volvieron a mirar hacia arriba, y abrieron los ojos desmesuradamente.
-¿Qué es eso?- dijo Fatima.
-Parece un… ave de metal- dijo Death Mask, frunciendo el entrecejo, y apretando suavemente la mano de Fatima- avisaré a Shura, él es quien está a cargo de vigilar los terrenos el día de hoy. Pero no te separes de mí, por si es una trampa-
Fatima asintió, pero no quitó su vista del enorme ave metálica, pero ésta comenzó a perder altura, hasta perderse en el bosque del Santuario.
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Camino hacia la Acrópolis, Atenas
Poco antes
Un par de horas después de haber salido de su casa, Mac estaba viajando la Acrópolis en un autobús de turistas, y ahora se disponía a caminar, con su mochila en la espalda y Toto en sus brazos, mirando interesada a su alrededor. La chica se había puesto sus audífonos, para hablar con Toto en público y evitar miradas extrañas.
-¿Sabías que este era uno de los lugares de culto más importantes en la antigua Grecia?- dijo Toto.
-No me digas…- dijo Mac, mirando sonriente a su alrededor- es un sitio hermoso-
Una vez que llegaron al punto más alto, Mac se dirigió a uno de los miradores hacia la ciudad. Sonrió. A unos metros de donde se encontraban estaba el sitio perfecto. Mac se alejó discretamente del grupo de turistas, y se acercó al sitio que había visto, sin que los guías o los otros extranjeros se dieran cuenta.
Una vez que estuvo ahí, mirando la ciudad, respiró hondo.
-No tienes que saltar desde aquí, Mac- le dijo Toto, mientras que Mac se preparaba- puedes iniciar el vuelo desde una situación más segura-
-No, quiero hacerlo desde aquí- dijo Mac, mirando la ciudad a su alrededor- ya te dije, tengo un paracaídas, en caso de que algo salga mal con el prototipo-
-Mi sincera opinión es que tu prototipo es perfecto- dijo Toto- los cálculos son correctos, pero aún así, mi información me dice que algo puede salir mal-
Mac sacudió la cabeza. Ella lo iba a hacer. Con mucho cuidado, guardo a Toto en su mochila, y se la puso sobre los hombros. Se abrochó un arnés alrededor de la cintura, y se puso un par de guantes negros con algunos circuitos inalámbricos en los dedos.
-¿Estás lista? Más vale que lo estés…- dijo Toto, a través de los audífonos, y Mac asintió.
-Lo estoy- dijo ella.
La chica extendió sus manos, y dobló sus pulgares. De su mochila surgieron, desdoblándose, unas enormes alas metálicas. Un grueso arnés metálico rodeó el tórax de la chica. Mac se acomodó los gogles y, dando un paso al frente, se dejó caer al abismo.
Tras caer varios metros, el mecanismo de las alas metálicas se encendió, y la chica comenzó a planear suavemente sobre la ciudad. Mac dobló el meñique derecho, y una pequeña pantalla apareció en sus gogles, a la izquierda de su campo de visión. Mac leyó lo que decían las pequeñas letras. Tenía los datos de la altitud, velocidad y dirección.
Mac no pudo evitar extender los brazos, emocionada. ¡Era tan perfecto! La hermosa ciudad de Atenas estaba a sus pies, brillando con el blanco del mármol de las ruinas, y los hermosos colores y flores en sus calles. Su corazón latía con fuera y emoción.
-¿Puedes ver esto, Toto?- dijo Mac en voz alta- ¿ahora qué tienes que decir?-
-La ciencia es la poesía de la realidad- le dijo Toto en un tono sabiondo
-¿Quién dijo eso?-
-Richard Dawkins-
-Interesante- dijo Mac, respirando profundamente y sonriendo- creo que Leonardo da Vinci dijo algo sobre volar-
-For once you have tasted flight you will walk the earth with your eyes turned skywards, for there you have been and there you will long to return- dijo Toto, traduciendo la frase al inglés para que Mac pudiera apreciarla mejor- interesante que haya dicho eso siglos antes de que el hombre volara por primera vez-
Mac asintió contenta mientras planeaba sobre la ciudad de Atenas, bajando poco a poco. Por varios minutos, la chica solo pudo disfrutar el hermoso paisaje que tenía a sus pies, y sin más ruido que el silbido del viento. De pronto, algo llamó su atención.
-Toto, ¿qué es eso que está por allá?- dijo Mac, señalando lo que parecían unos hermosos templos griegos con una extraña distribución.
-Buscando… buscando…- dijo Toto, quien podía ver lo que Mac veía por medio de los gogles que la chica traía puestos- es el Santuario de Athena-
Mac entrecerró los ojos. Jamás había escuchado de ese sitio, y miró con curiosidad el sitio mientras lo sobrevolaba a apenas unos cuarenta metros. ¡Qué sitios tan bonitos! Nunca había visto algo parecido.
-Toto, ¿qué es el Santuario de Athena?- preguntó Mac, alzando las cejas con curiosidad.
-Buscando…- dijo Toto- citando. La morada de la diosa Athena no queda muy lejos de Atenas, la más grande ciudad de Grecia, pero no aparece en ningún mapa conocido de los hombres. Es una montaña sagrada, completamente aislada del resto del universo, separada de nuestro mundo por estrellas y gruesos conjuntos de nubes. Los santos de Athena protegen…-
-¿La morada de la diosa Athena?- repitió Mac en voz baja, mientras miraba las bellas estructuras del Santuario. En verdad era un sitio digno de una diosa.
-Mac, ¿puedo sugerir que dobles un poco las alas? Se acerca una turbulencia de viento, y según mis cálculos, eso podría llegar a ser contraproducente para un vuelo satisfactorio- dijo Toto.
Mac asintió e hizo lo que su asistente decía, pero fue un poco tarde. La chica sintió la turbulencia de viento mientras doblaba las alas de su prototipo, que la hizo dar varias vueltas en el aire de manera descontrolada. Asustada, la chica cerró los ojos.
-¡No cierres los ojos, Mac!¡Concéntrate!- exclamó Toto.
La chica abrió los ojos, y se encontró a un par de metros de las copas de los árboles de un pequeño bosque. Respiró hondo y entendió las alas de nuevo, intentando aterrizar con cuidado. Grave error. La turbulencia la revolcó de nuevo en el aire, y sin mucho tiempo para abrir el paracaídas, cayó pesadamente entre las ramas, golpeándose con varias de ellas, y finalmente en el suelo, boca abajo.
-Ay ay ay ay- se quejó de dolor, pues sintió un extraño ardor punzante a lo largo de una de sus piernas, sobre todo en el sitio donde no tenía ningún protector. Tenía un feo corte en su pierna, seguramente causada por alguna de las ramas- creo que cometí un error en este prototipo, debí usar joysticks en vez de los guantes, soy mala coordinando mis dedos de manera individual, y además…-
-Ejem… Mac, no quiero interrumpir tus pensamientos, pero creo que deberías mirar donde estás. Caíste sobre alguien- escuchó la voz de Toto a través de sus audífonos.
Mac se levantó los gogles y se los puso sobre su cabeza para descubrir sus ojos, y miró a su alrededor. Lo que vio hizo que se ruborizara furiosamente. Había caído sobre un hombre, y se encontraba en ese momento sentada sobre la espalda de dicho hombre.
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Terrenos del Santuario
Poco antes
Shura había comenzado ese día su ronda con una sonrisa. A pesar del desagradable comentario sobre "la novia" durante llamada telefónica de su mamá, el resto del día no había sido tan malo. Milo le había agradecido mucho el hecho de que hubiera ido a sustituirlo temprano: había tenido una noche difícil, varios turistas habían intentado entrar al Santuario varias veces, y no deseaba nada más que ver a Cathy e irse a dormir por fin. Una vez que el santo de Escorpión se fue a dormir, Shura organizó a los guardias y santos de plata y bronce.
-Señor Shura, ¿le parece bien si Misty y yo nos encargamos de la zona cerca de la prisión?- dijo Dio, cruzándose de brazos.
-Me parece buena idea- dijo Shura- sobre todo porque ya tuvimos un par de ataques en esa área: sabemos que es una zona vulnerable-
Dio y Misty asintieron, y se llevaron con ellos a su grupo de guardias. Shura los miró alejarse, encogiéndose de hombros. Miró al cielo: un día soleado que parecía que sería muy aburrido. Se volvió a un lado, hacia la entrada del recinto de las amazonas, y se dio cuenta que la persona que le estaba causando todos esos remordimientos la noche anterior.
"Oh, no", pensó Shura al ver a Anika caminando lentamente hacia donde se encontraba él. Se encogió de hombros, no tenía mucho que hacer.
-Hola, Shura- dijo Anika nerviosamente- hoy… Marín está algo indispuesta esta mañana, y me toca tomar su lugar. En la ronda de esta mañana, quiero decir-
Shura alzó las cejas. ¿Marín estaba enferma? Esperaba que no fuera lo que estaba pensando. Se encogió de hombros.
-Bueno, eh…- dijo Shura, algo nervioso. ¿Qué pasaría si Anika le decía que quería matarlo, ahí mismo? Se metería en un enorme problema. Mejor cambiaba el tema antes de que de ella tuviera la oportunidad- supongo que… ¿tú quieres tomar la entrada norte? No creo que sea muy…-
-De hecho- lo interrumpió Anika. Tenía puesta su máscara, por lo que Shura no podía ver su expresión, pero se imaginaba que estaba algo nerviosa, pues estaba jugando con sus dedos - quisiera hablar contigo-
Shura se mordió el labio. No sabía que decir por la situación en la que ambos estaban. ¿Decir "lo siento"? No. En verdad no lo sentía, había tenido que quitarle la máscara esa vez para salvar su vida, y tenía que atenerse a las consecuencias. Pero esa era una conversación que no quería tener, al menos no a corto o mediano plazo, y definitivamente no en ese momento.
-No… no creo que sea buena idea, Anika- dijo Shura- estamos trabajando, y…-
-Realmente… solo quiero decirte algo- insistió la amazona- no tomará mucho tiempo-
Oh, dioses. ¿Qué le iba a decir? ¿Que se preparara, que lo iba a matar? No, definitivamente no quería escucharlo. Necesitaba algo, un incidente que quitara la atención de la chica hacia otra cosa y no le dijera nada.
De pronto, sintieron una sombra sobre ellos. Shura levantó la mirada, aliviado, y Anika también miró hacia arriba, un poco decepcionada. Ambos se sorprendieron. Era una persona que estaba sobrevalorado el Santuario. Casi al mismo tiempo, Shura escuchó que Death Mask le estaba avisando vía cosmo de lo sucedido.
-¿Qué rayos es…?- comenzó a decir Anika.
-Parece que va hacia el bosque del Santuario- dijo Shura, sin quitarle la vista de encima a la extraña persona voladora- Anika, quédate aquí y vigila esta parte. Yo iré a investigar-
-Pero Shura…-
-¡Quédate aquí! Es una orden- dijo el santo de Capricornio en un tono autoritario. Anika no dijo nada más, y asintió a regañadientes, mientras que Shura se apresuraba en dirección al bosque.
Mientras corría tras ese extraño objeto volador, sin quitarle la vista de encima, Shura se sintió doblemente aliviado. Además de que se había salvado de charlar con Anika, al parecer ese día no sería tan aburrido como él había creído que sería. Esperaba que fuera un ataque al Santuario: tenía muchas ganas de repartir patadas y cortar cosas.
Se adentró al bosque, y por un momento perdió de vista el objeto volador. Gruñó decepcionado.
-Rayos, ¿a donde habrá ido?- dijo, cruzándose de brazos y mirando a su alrededor.
Shura gruñó de nuevo, furioso. ¡No podía creer que se le escapara el intruso! No se sentía ningún cosmo a su alrededor. El santo dorado pateó el suelo, decepcionado.
De pronto, y sin que se lo esperaba, escuchó el grito de una chica sobre él. Levantó la mirada y vio, sobre la copa los árboles, el objeto metálico que había estado buscando. Se escucharon cuatro o cinco golpes que parecían ser un objeto de metal chocando contra las ramas. Y de pronto, alguien cayó sobre él.
El santo dorado cayó al suelo de bruces, y sintió el peso de una persona caer sobre él.
-¿Pero qué demo…?- comenzó a decir Shura, furioso.
-Ay ay ay ay- escuchó una voz femenina detrás de él, literalmente sobre su espalda- creo que cometí un error, debí usar joysticks en vez de los guantes, soy mala coordinando mis dedos-
Después de escuchar esa voz, Shura escuchó un extraño zumbido, tras lo cual la persona que había caído sobre él al parecer se levantó.
-Lo siento, lo siento mucho…- dijo la voz femenina. Al parecer, la chica que había caído sobre él intentó levantarse, pero trastabilló y volvió a caer al suelo, esta vez junto a él- ay ay ay…-
Shura se giró hacia ella, y puso las manos en el suelo para levantarse. Parpadeó sorprendido al verla. Era una chica bajita, de cabellos rubios acomodados en una trenza, con un casco y unos gogles descansaban sobre su cabeza. Traía puesta una blusa blanca, sobre ella una chamarra militar color verde oscuro, shorts de mezclilla, y botas cafés. Tenía guantes negros en sus manos y unos protectores en las rodillas, pero toda la parte anterior de su pierna izquierda tenía un feo corte que estaba comenzando a sangrar. Traía lo que parecía una mochila negra escolar en la espalda, así como un arnés rodeando su cintura.
Shura y Mac cruzaron miradas por un segundo. La chica palideció al ver la mirada molesta del chico sobre el que había caído, pero el santo dorado le ofreció la mano para ayudarla a levantarse. La chica la tomó, confundida, y se levantó del suelo con dificultad. Cuando ambos se miraron de pie, cara a cara, Shura se dio cuenta de era mucho más bajita que él. Su atención se fijó en su pierna herida, pero volvió a mirarla a los ojos.
-Estás dentro del Santuario de Athena, chica, es un lugar restringido par laos civiles- le dijo Shura en un tono severo- ¿qué haces aquí?-
-Yo… lo siento, fue un accidente, no volverá a pasar- dijo la chica, y Shura notó su acento extranjero. ¿Americano, quizás?- no calculé bien la turbulencia del viento, debí haberlo tomado en cuenta, me puse nerviosa, pero Toto me lo advirtió-
Shura alzó las cejas. ¿De qué rayos estaba hablando? ¿De su extraño aparato para volar? La situación en ese momento era tan bizarra que el chico no supo muy bien que hacer.
-No deberías… yo…, ¿qué?- dijo el santo dorado, sintiendo un tic en el ojo. ¿Qué rayos se hacía en una situación en la que literalmente caía un intruso del cielo?
-Lo siento, em… señor, yo ya me iba- dijo la chica, poniéndose las manos en las caderas.
-No, chica, espera…- dijo Shura.
Demasiado tarde. La extraña chica se puso los gogles sobre los ojos, extendió los brazos y dobló los pulgares. Al hacerlo, las alas volvieron a emerger de su mochila, y salió flotando a unos centímetros del aire hacia atrás, como si una fuerza invisible la jalara, esquivando los árboles y alejándola de donde estaba Shura. Lo último que Shura vio de ella fue la sonrisa de esa extraña chica.
El santo dorado tardó un par de segundos en reaccionar. ¿Qué rayos había pasado? La chica estaba herida, y se le había escapado.
-Ah, no, no escaparás…- Shura frunció el entrecejo, y se echó a correr hacia donde Mac había salido disparada. No se le iba a escapar.
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Terrenos del Santuario
Poco después
-¿Qué rayos le toma tanto tiempo?- dijo Anika en voz alta para sí misma. Bufó frustrada y quizá un poco decepcionada. Había estado a punto de por fin decirle a Shura lo que sentía, cuando fue interrumpida por ese intruso volador. ¿Así, o peor suerte?
La amazona se dejó caer al suelo, frustrada, deteniéndose la cabeza con las manos, y comenzó a reconsiderar lo que había estado a punto de hacer. ¿Sí era prudente decirle que estaba enamorada de él? No, quizá era una tontería. ¡Ellos dos ni siquiera se conocían! Bueno, sí, habían convivido un poco en el Santuario, en las rondas, pero nunca habían charlado de algo que no fuera estrictamente trabajo.
"¿A quién engaño?", pensó Anika "llevo muchos años conociendo a Shura, y nunca ha pasado nada".
Anika suspiró.
-Señorita Anika, ¿se encuentra bien?- escuchó una voz.
La amazona levantó la mirada, y se encontró con dos de los aprendices dorados, Kiki y Christoffer. Sonrió levemente. Kiki era quien había hablado, tenía casi doce años, ya había dado un gran estirón, y estaba casi tan alto como ella. Comenzaba a llevar su alborotado cabello rojo un poco largo. Christoffer, el aprendiz de Shaka, era mucho más alto que él. Tenía el cabello rubio en desordenados rizos, lo que lo hacía verse extraño.
-¿Yo? Eh… sí, estoy bien- dijo Anika.
Kiki la miró con curiosidad, poniéndose las manos en las caderas, y Christoffer sonrió amablemente.
-Mi maestro me mandó a preguntar sobre el intruso que entró al Santuario- dijo Kiki.
-No lo sé- dijo Anika, señalando hacia el bosque- solo sé que Shura corrió tras él, hacia el bosque-
Los dos chicos se miraron entre sí y sonrieron.
-Bueno, vamos a seguirlo, en caso de que necesite ayuda- dijo Kiki, haciendo sonar sus nudillos- nos hace falta un buen entrenamiento-
Anika sonrió levemente. Esos dos se habían vuelto buenos amigos, ya que tenían más o menos la misma edad. Los dos se despidieron rápidamente de la amazona y corrieron al bosque, hacia la dirección que la chica les había señalado. Una vez que desaparecieron, Anika se encogió de hombros.
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Como ven, Mac ya entró a la ecuación, literalmente caída del cielo. Muchas gracias a todos por sus reviews, y por seguir leyendo mis locuras. Les mando un abrazo a todos. Nos leemos pronto.
Abby L.
