Título: Rachas de suerte.

Capítulo tres: Sorpresas.

Pairing: Daryl/Beth.

Disclaimer: todo lo que reconozcas como The Walking Dead es propiedad de Robert Kirkman y AMC. Sin embargo, la locura esta de que Daryl usa gorras (como Norman) y es técnico en seguridad vial (o algo así) y Beth es cantante de bares (casi como Emily) eso, sí es mío. DI NO AL PLAGIO.

Dedicatoria: va para Denisse, porque como ella cumplió sus 15 años hace poquito y le prometí que le daría fics como regalo y eso intento dar. Te quiero mucho, compañerita bella y abrazo a la distancia :3

Ahora sí, que tengan linda lectura.


El olor a café la ayudó a concentrarse sobre qué le diría su padre. Una de las razones por las cuales Beth se había mudado a Atlanta fue porque viviría con Maggie, pero ahora la idea de vivir sola no le agradaría su familia.

Con suavidad, encerró en un círculo verde un apartamento no muy alejado de la universidad ni del centro urbano. También encerró en círculos algunos trabajos: cajera de cine, heladerías, cafés. Le dio un trago a su capuccino doble e hizo una cuenta mental de cuánto tenía ahorrado en su caja bancaria. Y si tenía suerte, su padre la ayudaría…

Suspiró apenada. Eso la llevaba al mismo punto: informarle a su padre. ¿Sería adecuado decírselo por teléfono? ¿Debería viajar el fin de semana a Mert County y decírselo en persona? Maggie es la primer hija del anciano Greene y Beth no sabía cómo reaccionaría al enterarse que su romance intervino en la relación de las hermanas.

Anotó despistadamente en su cuaderno y pequeña agenda unos teléfonos que veía en el computador y se acomodó con sus dedos el puente de sus anteojos. La escena era graciosa: una menuda rubia con un moño desordenado, rodeada de periódicos, un café para llevar y el ordenador prendido, anotando datos sin parar.

—Bethy, debemos ir a prepararnos para ir de vuelta a Lucky's—la silla continua se arrastró sin delicadeza y su morena amiga se arrojó sobre ella.

Bebió del café de la rubia y miró ceñuda los números que su amiga anotaba.

—Sabes que puedes vivir en mi casa el tiempo que quieras.

—Lo sé, Ry, pero la verdad es que necesito saber que tendré una base, ¿sabes?

Riley le sonrió tiernamente, entendiendo el punto de la menor de los Greene. Luego de la muerte de la madre de Beth, las cosas en la granja habían cambiado mucho y cuando la morena conoció a la menuda rubia ella estaba bastante estable. Pero hasta lo que sabía, Beth había estado realmente mal. Así que desde que la conocía, la rubia luchaba por demostrar que podía sola con la vida.

Así que marcó otro número de teléfono en otro periódico y lo anotó en la libreta. Ella podía ser torpe y bastante obsesionada con el sexo, pero para ayudar a su amiga era capaz de todo. Ambas estuvieron en silencio unos minutos, bebiendo del mismo café y anotando y llamando a números de teléfono. Los minutos pasaron en la quietud de su amistad cuando Beth se puso finalmente de pie y comenzó a guardar todo en su bolso.

—¡Debo bañarme y cambiarme! — exclamó agitada provocando la risa de Riley.

—Es lo que he dicho, tontita.

—¿Me prestas ese vestido largo? — preguntó Beth tímidamente terminando de acomodar sus cosas— ya sabes, ese azul que…

—¿Usas con zapatillas? Te lo presto si te pones zapatos.

—¿Tacones?

—Es largo, debe ir con tacones.

—¡Paso, me pondré vaqueros! — dijo riéndose, sabiendo que un trato en el medio iban a lograr.

El Dodge arrancó en el primer intento ganándose burlas de parte de Riley. Beth lo había comprado con mucho cariño antes de venirse hacia Atlanta a un vecino de Mert County. Era de un amigo de Shawn y este quería deshacerse del cacharro luego que sus padres le regalaran un carro más moderno. Así que por unos dólares y tardes de niñera gratis a sus hermanos menores, la rubia obtuvo su primer carro: el Dodge más destartalado de la historia.

Con él había aprendido sobre aceites, motores, líquidos y todas esas cosas que uno necesita cuando su coche se rompe más de una vez. Shawn pedía al cielo que su hermanita se dignara a cambiar de carro, que él mismo se lo compraba pero la menor de los Greene quería ese Dodge y fin de la historia.

Así que Beth acarició levemente el volante y sonrió con los recuerdos que su mente atraía en relación al Dodge.

—Entonces, ¿hoy Señor Herpes te ha ayudado con este cacharro aquí presente? — comentó Riley como quien dice al paso, mirándose una uña mal pintada de su mano.

—Exacto- respondió Beth activando el guiño y girando con presteza hacia la derecha— y también he conocido a la recepcionista más servicial de todo Atlanta.

—¿Carola? — Inquirió su amiga — es una idiota.

Beth sonrió de medio lado y marchó por la carretera en dirección al barrio privado en el cual vivía momentáneamente. Al pasar por la garita correspondiente, pensó fugazmente en Daryl, recordando la noche anterior. Se regañó mentalmente por pensar en más de una vez en el hombre y se dedicó a no chocar ningún arbusto en esos jardines que parecían sacados de película.

—¿Qué hora es? — preguntó la joven rubia estacionando frente a la mansión Williams.

—Tenemos el suficiente tiempo para que tomes un buen baño con aceites y aromatizadores— dijo la morena apeándose del carro— supongo que ha sido un día difícil, si finalmente hablaste con Maggie— el suspiro de su acompañante le confirmó su teoría— así que manos a la obra.

En la granja podía darse algunos lujos luego de unos días de trabajo como niñera en el pueblo, pero la primera vez que se había bañado en la casa de Riley se sorprendió de la cantidad de productos que una persona podía utilizar solamente para las piernas. Ni hablar del torso, el rostro, la cabeza y zonas mucho más íntimas. El asunto llegó a marearla, pero luego de un tiempo lo consideró un mimo para sí misma.

Así que ahora, totalmente relajada con el agua tibia y perfumada hasta el cuello, su cabello recogido y húmedo en un moño deshecho, Beth anotó en su mente que su departamento debía tener una bañera. Y grande.

Eso le recordó a la charla recurrente que tenían las chicas. Sexo en el agua. Inmediatamente, sintió el rubor subir por sus mejillas e intentó hundirse bajo el agua cuando Riley chilló.

—¡No, señorita! A la crema que tienes en el rostro no le agrada el agua.

Beth bufó exasperada y se tapó el rostro con las manos. Riley la miró sorprendida y luego rió, ya que sospechaba que cursaba por la mente de la meno de los Greene.

—¿Qué piensas, picarona?

—¡En nada!

—¿La conversación del otro día te dejó pensando no?

—Claro que sí, porque me interesa tanto el asunto— retrucó la menuda rubia rodando los ojos.

Riley rió a carcajadas y la dejó a sola unos minutos. Claro que Beth no era una virgen mojigata que no sabía nada del asunto, pero tampoco tenía la experiencia de Riley o cualquier amiga de esta. Aunque Beth tenía amigos en la universidad, no solía invitarlos al departamento donde vivía con Maggie ya que casi siempre estaba con su mejor amiga, por lo tanto si compartía tiempo con amigas de esta última. Y había aprendido con ella sobre juguetes sexuales, diferentes posiciones, geles con sabores. Hasta había vibradores sobre Hello Kitty. Eso la ponía nerviosa.

Beth había sido criada bajo los más estrictos sentidos religiosos, pero cuando tenía unos trece años comenzó a saber sobre esas cosas luego de comenzar a desempacar la valija de su hermana la primer vacación que tuvo de la universidad.

Lo que sucedió luego, quedó como una de las anécdotas más divertidas de la familia Greene: los tres hermanos llenos de lodo y un álbum fotográfico perdido por las cajas en el ático lo comprueban con una hermosa fotografía que había alcanzado a tomar su madre. Una de las últimas fotografías que había logrado sacar.

Riley apuró a la menor de los Greene para así poder irse hacia el bar lo más pronto posible. Finalmente había convencido a su mejor amiga de usar ese vestido que tanto le gustaba a Beth con zapatillas especificando que Lilly Allen saltó a la fama por sus zapatillas y que quizá, Beth podría implementarlo de vuelta. Aunque la rubia lo creía casi imposible, la simple mención de un futuro artístico de Beth caracterizado por un artículo referido a MODA puso tan contenta a Riley que no reprochó más nada.

Esta vez optó por dejar su cabello suelto y aplicó un poco de rímel sobre sus pestañas, labial sobre sus labios y no más. Cogió su guitara y afinó sus cuerdas, sentada en un taburete viejo en una pequeña habitación en lo que era el depósito del bar, el cual le habían dado como vestuario y demás. Riley estaba fuera con Scott, el barman y quien había llamado a Beth, para preguntar un par de cosas sobre el show que daría su amiga esa noche. Aunque eso le había dicho a ella, y la rubia sospechaba que no sería lo único que harían.

De repente, entre acordes y suaves tarareos, su celular comenzó a sonar y el nombre de "casa" rezaba en su pantalla. Una punzada de preocupación la atravesó y contestó inmediatamente.

—¿Diga?

—¿Bethy? — Su padre respondió del otro lado.

—¿Estás bien? ¿Shawn lo está? — preguntó levantándose y dejando la guitarra a un costado.

—Sí, cariño. No llamo por nada de eso Beth— la muchacha no pudo evitar suspirar aliviada— lo que sucede es que sé que no vives más con tu hermana.

Como Beth se había apoyado en una de las paredes totalmente relajada segundos después, al escuchar lo que su padre anunciaba se paró de un salto dura como un palo. Maggie… su hermana la había mandado al frente sin su consentimiento. No esperó a que ella pudiera hablar con su padre, explicarle la situación.

—Maggie… ¿Maggie te lo dijo? — Preguntó la chica sin poder terminar de creérselo.

—No importa cómo pasó, sino que pasó— Beth podía oír cierto dejo de cansancio en la voz del hombre que la crio y sintió su corazón en la mano, sintiendo que defraudaba a su padre— yo sé que tú quieres triunfar con tu hermosa voz allá, en la ciudad.

—Y lo haré, papá interrumpió ella. —Su padre suspiró del otro lado.

—Pero una cosa es que vivas allá con tu hermana, y otra es que vivas sola en un lugar peligroso como lo es Atlanta. Sabes cuál fue la condición para que fueras.

—¡Papá, no soy una niña! — Exclamó la menor de los Greene, repentinamente molesta puedo cuidarme sola

—Lo sé, Bethy…

—¡ Pero no lo entiendo! — Murmuró ella, intentando calmarse y comprender a su padre— papi, yo sé que lo sabes, ¿qué cambió ahora?

Hubo un poco de silencio, cortado por las conversaciones y el ruido del trajín del bar. Beth intentaba con su uña descorchar un poco de pintura de la pared a mal traer. Podía oír su respiración, atormentada por la conversación que tenía con su padre. Intentaba entenderlo, pero no lo lograba.

—Bethy… tú, allá…sola.

—Papá, prometo que buscaré un lugar decente.

—Pero antes estaba Maggie…

—Y Glenn todo el tiempo allí.

—¿Sucedió algo?

¿Beth tenía corazón para mandar al frente a su hermana? ¿Y si ella cambiaba y la distancia las ayudaba? ¿Beth podría realmente decepcionar a su padre diciéndole que Maggie había arruinado todo? La muchacha sintió las lágrimas atosigarla pero respiró hondo e ignoró todo.

—Yo solo necesito mi espacio, ¿sabes? Un pequeño estudio, para cantar y no molestar, para beber café, para leer una tarde nevada, para…vivir, ¿me entiendes, papi?


Beth acabó de cantar su última melodía y sonrió –un poco triste aún por la conversación que tuvo con su padre- cuando vio que varios de los que estaban presentes allí aplaudían y la observaban con más atención que el día anterior. También se percató de que el bar estaba un poco más poblado que anteriormente y se lo adjudicó a que el día de hoy era viernes.

Cuando las luces sobre su escenario descendieron tenuemente, Beth bajó las escaleras con la guitarra en la mano. La apoyó en la barra trasera y se sentó en un taburete, un poco más alejado que el salón normal.

—¡Ey, mini Green! ¿Por qué esa cara larga? — Riley ya estaba a su lado, con un agua tónica en su mano y un limón en la otra— ¿lo preparo como siempre?

La rubia asintió y aceptó el beso cuando su amiga lo alargó, ya preparado. Bebió lentamente, sintiendo su garganta más viva a causa de la refrescante bebida.

—Papá llamó.

—Oh, oh.

—Sí, oh, oh.

Su amiga se semi apoyó en la pared del local y la miró por unos momentos. Beth intentó sonreír aunque la cosa no funcionó del todo bien. Luego terminó de beber todo de un sopetón y guardó su guitarra en la funda correspondiente. De repente, parecía un poco más locuaz que minutos anteriores.

—Tengo hasta fin de mes. Si para esa fecha no consigo un buen departamento, en una zona segura y puedo probar que puedo sobrevivir sin morirme en el intento.

—No eres una niñita— resongó su amiga.

—¡Lo sé! Pero… todo lo que hice alguna vez está pesando más que nunca en mi imagen de hoy

Ambas amigas suspiraron y bebieron de sus respectivas bebidas. El pasado no dejaría de atormentar a Beth nunca. Miró el bar, intentando grabar en su mente cada detalle para recordar "aquel lugar que me llamó más de una vez para tocar antes de mi inminente vuelta a la granja Greene". Una vez más, intentó encontrar a Daryl en el público pero el resultado era el mismo que cuando estaba arriba del escenario: el hombre no había ido esa noche al Lucky's. La cosa había decepcionado un poco a Beth, pero cada vez que pensaba en él se decía a sí misma que tenía cosas más importantes en las que derrochar el tiempo. Como por ejemplo, disfrutar sus últimos días en la ciudad antes de ser niñera por… siempre de la eternidad.

—Bethy, no seas dramática —la regañó Riley adivinando que pensaba en esos momentos.

—¿No es que era la Reina del Drama? — Refunfuñó la rubia pero con una sonrisa en sus labios ahora deberé disfrutar de las últimas semanas.

—¡Por Dios, no! Iremos, buscaremos un buen apartamento, un buen trabajo, seguirás con los estudios y obviamente, conquistarás al Señor Herpes.

—¡Y por qué debo conquistar a Daryl! — Exclamó Beth alarmada.

—Porque te mueres por él, dah. — Respondió Riley como si fuera la cosa más obvia del mundo.

—Oh, cállate Riley.

—Oh, cállate tú impostora de sentimientos.

En el momento que Beth rodaba los ojos, molesta por la estúpida insinuación de Riley ;"Justo yo querer ligar con semejante tipo" pensó inquietamente, la puerta del bar se abrió y las risotadas de esas personas llamaron la atención de la chica.

Y por allí, debajo del marco de la puerta, entraba Daryl Dixon con su gorra puesta en su clara cabellera, con un cigarro entre sus labios y riéndose de algo.

Beth oyó algo que decía Riley como qué mejor se iba con Scott para que su amiga finalmente pudiera besuquearse con Señor Herpes (ese sobrenombre quedaría para siempre).

—¿Bethy?

—¿Sí?

—¿Recuerdas esa vez que dijimos que dejarías el pasado atrás que verías el presente?

—Lo recuerdo —contestó ella un poco confundida.

—¿No crees que este es el momento? —Continuó Riley sonriendo de oreja a oreja a Beth —que no vivas con Maggie no significa que no puedas seguir aquí. Y tú quieres estar aquí. Y quién sabe quizá Atlanta traiga más de una sorpresa— y con esa última palabra, la amiga de la menor de los Greene terminó por irse detrás de la barra dejando sola a Beth.

La rubia sintió una mirada penetrante sobre ella y cuando intentó descifrar de quién era, encontró a dos ojos mirándola. Ella le sonrió tenuemente y él asintió con la cabeza, la señal de que sí la había visto. De que sí la miraba.

Meses después, Beth entendería a que el término sorpresa no siempre era algo malo.


DOS MESES. ES IMPERDONABLE.

Aunque sin embargo, les pido perdón. La inspiración fue la culpable (tsk tsk)

¿Y qué tul el cap? A mí no me convence del todo, pero bueno. No quería seguir estiradolo más.

GRACIAS, Y GRACIAS ETERNAS A SUS FAVS, FOLLOWS, Y REVIEWS QUE DEJARON, LOS AMODORPASIÓN A TODOS Y TODAS Y SIEMPRE PIENSO EN USTEDES, AUNQUE TARDE EN ACTUALIZAR.

Muchos, muchos besos a todos ustedes (a cada uno) y espero que Daryl esta noche duerma con ustedes (cada una)

Cambio y fuera, Kicky.

p.d: consejo para que Daryl duerma con ustedes, pinten en el pantalón de pijamas en la parte de las pompis DARYL como Emily. Yo lo hice ;) las quiero :D