La admiración del Rey

La cúspide, la parte más alta del reconocimiento y la fama, son abrumadoras, o, por el contrario, pueden crear una peculiar, y bastante notoria actitud; cabe decir que, a Jean, mejor conocido como JJ, teniendo admiración internacional, no cambio mucho su forma natural de ser, ya era tenía un poco, quizá demasiada, actitud.

Sin importar que fuese un Omega, Jean no ocultaba su alegría por sus éxitos, o lo mucho que apreciaba a sus admiradores; el precio de la fama, solía explicar a sus hermanos menores por su nada discreta forma de ser, que ahora estaba un poco acentuada.

Quizá lo más complicado de explicar, a sus protectores padres, en especial a Alain, que era un poco estricto con su hijo, fue aquellos tatuajes en su cuerpo, en especial aquel en su espalda baja; que fue conocido de manera internacional en una revista de modelaje, en un especial de ropa interior masculina, aquello si molesto un poco a su madre.

—¿Y tú no admiras a nadie JJ? Sé que eres genial, y todo, pero seguro tienes un ídolo— pregunto Isabella una tarde, en compañía de sus hermanos menores que también practicaban con él.

—¡Me gustaría saber!— Rosalie se deslizo ágilmente con Avery para escuchar la respuesta de su hermano.

—¿Habrá alguien que puedas admirar JJ?— Rio curiosa la mujer, recargada al otro lado del límite de la pista.

Aquel cuestionamiento lo tomo desprevenido, deteniéndose a pensar un poco. La respuesta era clara, si bien se cruzó con Victor Nikiforov algunas veces, cuando acompañaba al equipo ruso, dado que el Alfa de cabellos casi plateados se retiró poco después de que Yuuri dejase su carrera.

—Puede decirse que aquel patinador japonés, Yuuri Katsuki...— admitió el moreno, dejando la frase al aire; con una idea atrapada en sus labios. Por un momento, quiso decir el nombre de aquel patinador que vio hace años, con una voluntad y perseverancia únicas, patinador del cual, estaba enterado de sus últimas competencias; Jean vio como ejecutaba aquel salto a la perfección; con rutinas diferentes a muchos otros de sus contrincantes.

Aun le faltaba un poco de altura...

Sonrió para sí mismo, ajeno a que el respeto de una amigable camaradería, estaba lejos de ser lo que el Omega sentía; inexperto como era, al ser su familia un poco conservadora con las relaciones. El joven, no era capaz de saber muy bien cuando el respeto difería de una fijación, o más bien de un afecto inocente, a algo más pasional.

Los otros tres solo se miraron curiosos, algo extrañados cuando Jean los dejo a media frase, y fue a patinar con más ánimo.

—¿Qué paso? — pregunto confundido el Alfa, viendo a su hermano con una sonrisa ligeramente infantil, algo soñadora si le preguntaban.

—¿Motivación...repentina? — intento explicar Rosalie, con Isabella ladeando la cabeza.

Jean dio algunas vueltas a la pista, tarareando el tema que usaría para su programa libre, que hizo en conjunto a su banda.

No le vendría mal practicar el quad Salchow.

Otabek Altin, un patinador profesional sin nada especial, estaba viendo las rutinas del patinador canadiense Jean-Jaques Leroy. Con un rubio ruso de muy mal carácter a su lado, el cual, si le preguntaban, señalaría como su mejor amigo.

—¿Qué le ves a ese Beta hablador?— pregunto Plisetsky, lo más educadamente que le fue posible al estar en un café rodeados de gente—. Beka, lo único que sabe hacer es tener una gran boca, y ser algo idiota— bufo el joven Alfa, con el lenguaje que le caracterizaba.

Y a pesar de lo vulgar que estaba siendo Yuri, miraba con atención el programa libre del canadiense en el campeonato cuatro continentes, que tuvo sede hace unos meses en la ciudad costera canadiense Halifax, que tenía cierto aire británico en sus estructuras antiguas.

Beka observo con atención cada expresión de Jean, y aquella peculiar pose al subir al podio, tomando la plata. Después de dejar Canadá de manera apresurada, a petición de su entrenador; el Alfa se sintió culpable, pensando en lo contento que se veía aquel Beta de piel morena, además del tiempo que le dedico.

—Oye, Beka— gruño Yuri, al ver que el kazajo le ignoraba—, ¡te estoy hablando!— grito el adolescente, sin importarle en donde estaban: Yuri tenía muy poca paciencia.

—¿Qué decías Yura?— volteó levemente el castaño, con los ojos aun pegados en la pantalla, y una expresión por demás peculiar, bastante embelesada—. Yuri ¿Sabes cuál será su siguiente competencia? — Otabek no se había cruzado en todo ese tiempo con el enérgico canadiense, y no estaba seguro de como contactar con él, además de su red social; el Alfa quería hablar un poco más personalmente.

—¡Yo que mierda voy saber!— espeto exasperado. A sus quince años, Yuri no cuidaba mucho lo que decía—. Como sea, el anciano va a fastidiar si no aparezco; y el cerdo va a buscarme, no vaya a quedarse calvo Victor si llego tarde; deberías moverte, ya pronto comienzan los programas cortos.

A Yuri le parecía muy calurosa Chicago a pesar de estar a finales de octubre, pero no podía quejarse, esa era la sede la primera competencia clasificatoria del Grand Prix.

Regresaron a la pista, con un Yuri muy irritado, dejando al ruso en compañía de Yuuri, que veía a Victor bromear con la prensa; Otabek se fue a calentar, divertido con lo paternales que se veían esos dos con Yuri.

—Ya pasaron los primeros programas cortos, es un poco duro este año—explico su entrenador a Otabek—. Cuida la altura de tus saltos, con Jean-Jacques en la competencia, ese podría ser tu punto débil.

—Espera...— Se giró el Alfa, viendo a su entrenador sorprendido—¿Jean-Jacques Leroy? ¿Jean está compitiendo aquí?

—Ah— El hombre pareció recordar los años de entrenamiento del joven—, Olvide que se conocían; pues sí, creo que ya se fue del Kiss and cry para cambiarse. Eso no importa, ya es tu turno, concéntrate— urgió el mayor.

La presencia de Jean no fue recibida gratamente por Yuri Plisetsky, que estaba calentando por un pasillo cerca de los vestidores; viendo fastidiado a cierto canadiense firmar autógrafos con alegría, que al ver al rubio le saludo como si de los mejores amigos se tratasen.

—¡Yuri!— Se acercó el Omega, algo denso a la expresión furia del menor—Esperaba verte por aquí.

—Leroy— Siguió concentrado en sus estiramientos, ignorando al otro tan cortésmente como le fuera posible. Ya tenía suficiente con lo extraño que se ponía Otabek ante la mención del canadiense.

A Jean le gustaba la fuerte actitud de Yuri, además de que siempre que se encontraban, intentaba acercarse a sus entrenadores, y poder platicar algo con Yuuri, quien era todo lo contrario al tigre de Rusia, enterándose de que el Victor y el japonés tenían un año de estar enlazados, sin dejar de lado el que la pareja entrenaba oficialmente al adolescente.

El mayor se recargo junto a la pared que estaba usando Yuri como apoyo; el rubio estaba más irascible que de costumbre, Jean nunca solía invadir su espacio personal tanto tiempo. Olvidando su rabieta un momento, su parte instintiva, le decía que había algo extraño en el Beta, pero no le tomo importancia, quizá eso era lo que llamaba la atención de Otabek, ya pensaría en ello.

El rubio reflexionó en si seguirse enojando con la nada discreta presencia del Beta, o dar la media vuelta a buscar un lugar silencioso. Yuri ya estaba llegando al final del pasillo, ignorando las claras intenciones del canadiense de platicar con él.

Al regresar a la pista con sus padres, Jean se dispuso a ver al competidor en turno. Su padre le miro algo preocupado, siendo su madre la que explico el motivo.

—Jean— Nathalie espero a que su hijo se sentara en medio de ellos— Sé que tus saltos son tu especialidad, pero...incluir un cuádruple más, y sustituir un triple con otro en tu programa libre puede ser demasiado.

—Me gusta tomar riesgos— tranquilizo el Omega—¡Estoy seguro que pocos lo hacen como yo!

Otabek veía con atención a Jean en su lugar, que parecía ajeno a que el estuviera ahí, centrando su atención en sus entrenadores, lo cual le hizo sentir algo excluido; no esperaba que el canadiense le diera toda su atención como aquella vez, pero aun así sentía ganas de acercarse, sin entender que era esa peculiaridad en el otro que le atraía, reteniendo su atención.

Por su parte, Yuri daba rápidos vistazos, con expresión confundida a Jean, atrayendo la atención de Yuuri, contrario a Victor que estaba muy cómodo encimándose en el Omega de cabellos oscuros.

—¿Qué pasa Yurio?— pregunto el japonés, intentando no ser aplastado por el Alfa— ¿Te dijo algo JJ?

—No me llames así cerdo— frunció el ceño— y tampoco uses ese estúpido sobrenombre de ése.— Yuri rodo los ojos al escuchar la melosa voz de Victor pedir atención del Omega—. Es solo que...hay algo raro con el exhibicionista de Leroy; Otabek también ha percibido algo...ha estado preguntando mucho de él.

—¡Yurio! — intervino Victor—. Lo que tiene Otabek es muy simple— comentó Victor, estrujando a Yuri en sus brazos, algo normal en la pareja—; Dejare que lo adivines.

—No te estoy hablando a ti anciano— contesto Yuri.

Yuuri asintió, escuchando atentamente las ideas del joven—. No creo que sea malo lo que le pasa a Otabek, así que solo deja que el mismo lo resuelva—El Omega se resignó a no tener libertad de movimiento con Victor junto a él.

El japonés sonrió ante lo inocente que podía ser Yuri con ciertas cosas, pero una parte de él, estaba preocupada por el canadiense; él ya tenía sus sospechas de que era aquello raro en el supuesto Beta, aunque fueran meras suposiciones, su naturaleza identificaba al otro como alguien similar a él.

Yuuri recordó lo duro que fue cuando revelo la verdad.


¡Muchas gracias por leer! y por los favs y follows, es mi primer historia para YOI (generalmente publico en wattpad de KS).

Me encantaria saber su opinio (claro, si gustan), aun estoy aprendiendo a usar la plataforma jaja.