Capítulo 2
Recuerdos.
Unas semanas después…
Aladdín volvía a la sala de investigaciones del palacio real de Balbadd. Este noto qué, a comparación a los últimos días, se divisaban en el horizonte unas grandes nubes grises que indicaban el principio una tormenta. El magi, distraído por el movimiento en una dirección fija de estas manchas grises en el azul cielo como el de los ojos del joven, recordaba con añoranza los secesos del pasado. Pero este se sacó de sus pensamientos fugazmente y continuó investigando. Tal y como lo hacía cada día desde que había vuelto de la Academia de Magia.
El ambiente de la sala era húmedo, los rayos del sol apenas alumbraban una pequeña parte de la mesa donde el joven de ojos zafiros leía textos muy antiguos. Cada rincón del palacio estaba en silencio, los pasos de las personas retumbaban como un eco entre grandes paredes y altos techos. La paz era absoluta, pero como toda paz, es fácil de perturbar. Esto es lo que torturaba al joven Aladdín, lo que pensaba a diario cuando se sumergía en sus recuerdos.
―Por más que trate, no puedo encontrar la clave para purificar el rukh ―pensaba preocupado.
Él sentía que pronto le sería necesario desarrollar el conjuro para un futuro cercano, pero nunca pudo terminarlo. Es cierto que a lo largo de estos años, logró realizar avances que lo hacían destacar entre los otros tres magis, entre los demás magos y personas. Su nombre se hizo rápidamente conocido, al igual que sus compañeros, sobre todo luego de la guerra entre Magnostadt y el Imperio Reim. Aladdín ha sido llamado de varias formas; el legendario Magi del destino, el cuarto zafiro, el mago astuto, entre tantos apodos más que surgían a partir de sus antiguas hazañas… aunque él hace oídos sordos ante tantos elogios y distinciones. No era algo de que enorgullecerse, tampoco algo que le importase demasiado. Simplemente deseaba ser un gran mago y permanecer al lado de las personas más importantes para él.
―Falta muy poco para partir…―pensó mientras observaba un espacio en blanco de uno de los textos que estaba leyendo, aquello le llamo la atención ya que una parte de la página estaba en blanco y el texto continuaba. Aunque esta comenzaba sin la más mínima coherencia. Además, estaba en lenguaje Toran, el cual el joven magi logró leer sin utilizar aquella herramienta mágica. Ya que Morgiana le había enseñado como hablar y escribir dicho idioma.
―Qué extraño… me pregunto por qué es que está incompleto… ―hizo una pausa― además… ―susurró, pero fue interrumpido por el joven rey y la fanalis que vinieron en busca de su amigo.
―Hola Aladdín, ¿vas a tomar un descanso? ―preguntó Morgiana.
El magi solo asintió, se levantó, dejando todos los pergaminos en la habitación. Excepto el que estaba leyendo.
―Vamos a almorzar algo ―afirmó Alibaba ―tengo mucha hambre ―agregó estirándose.
Los tres salieron de la habitación al jardín real y se sentaron en un borde de cerámicas negras en forma de círculo. Ellos comían y revivían viejas aventuras de cuando se conocieron. Sonreían de oreja a oreja y cada tanto ellos soltaban alguna carcajada. Sin duda se la pasaban de lo mejor.
―Así que será mañana―dijo el espadachín en una suspiro.
Aladdín y Mor asintieron al mismo tiempo.
―Hablé con Sphintus y concordamos en encontrarnos en el Imperio Reim dentro de cinco días, nos quedaríamos dos día allí y luego partiríamos a la Academia en una caravana ―afirmó el de los ojos zafiro―, supongo que nos llevará una semana o un poco más en llegar a partir de la capital de Reim.
Guardaron silencio luego de que el magi habló. Pasó una hora y habían retomado la conversación reviviendo el momento de sé conocieron en el calabozo de Amón, en Qishan.
― ¿Cuántos años dijiste que tardarás en volver? ―preguntó Alibaba con la boca llena de comida.
―Alibaba, no hables con la boca llena ―afirmó la fanalis de forma inexpresiva― podrías atragantarte ―agregó dándole un mordisco a un salomón.
El joven soltó una carcajada y siguió atiborrándose comida dentro de la boca.
―Tonterías ―contradijo dirigiéndole la mirada― lo hago muy a menudo Morgi… ―agregó, pero no puedo terminar de hablar porque comenzó a toser y a buscar el vaso de agua más próximo que tuviese.
El magi le daba fuertes palmadas en la espalda para que no se ahogara y Morgiana le tendió un vaso lleno hasta el tope de agua. Llamaba la atención no importaba que hiciese, las personas que pasaban se alarmaban del estado de su majestad pero se limitaban a observar. El joven tomó lo más rápido que pudo hasta que la molestia de su garganta cesara. Luego, bajo el vaso colocándolo a su lado y echó un fuerte suspiro de alivio.
―Tenías razón ―le dijo a ella avergonzado.
―Deberías escuchar a Mor más a menudo ―agregó en un tono de sermón.
El espadachín no dio repuesta alguna, solo se limitó a asentir como signo de disculpa.
―Tardaré unos dos o tres años, aunque tal vez medio año menos, si retomo mis estudios a partir del momento que los dejé ―agregó Aladdín retomando la conversación anterior al escándalo.
―Dos o tres años ―pensó Mor contemplando el horizonte que se divisaba entre los viñedos…
Todos ellos sentían nostalgia y se preguntaban si para ese tiempo qué tanto cambiarían las cosas, qué les depararía el destino y si volverían a estar los tres unidos tal y como lo estaban ahora. Pasaron unos minutos y ya debían retomar sus actividades, cada uno fue por su lado dejando aquel paisaje lleno de flores, árboles, animales pequeños como golondrinas, ardillas, entre otras escurridizas criaturas… donde el suave viento se deslizaba junto al tiempo que corría sin parar.
Llegaba el final del día llegaba sin demora, el ocaso teñido de color solferino daba paso a un a puro y azul cielo que poco a poco se vestiría de negro. Aparentemente, aquel nubarrón no arruinó en lo más mínimo el paisaje que se iba formando. Las estrellas se asomabas y brillaban de forma incandescente que incluso llegaban a confundirse con las aves de las almas, conocidas como rukh. Era una noche se celebración, pues se cumplían tres años del momento en el que las guerras cesaron y la paz emergió aliviando el temor de la personas. Se recordaba y honraba a quienes fueron víctimas de guerras, sobre todo, la primera, la gran guerra de Alma Toran y última, la guerra del Imperio Kou. Todo el país celebró, se organizó un gran banquete en el palacio a donde todos se les permitían acudir. Talentosas bailarinas y animada música avivaban el festejo. El magi, el rey y la fanalis, contemplaban desde un balcón del palacio el bello espectáculo que se montaba de momento a momento. Las luces de los fuegos artificiales teñían de diversos colores; como el rojo, amarillo y azul, el ambiente festivo. Los estruendos de estos eran ahogados por las melodías y voces de los aldeanos.
―Tenemos que aprovechar esto lo más que podamos ―dice Morgiana observando las explosiones de color que resaltaban en el cielo.
El espadachín y el magi asintieron.
―Mañana será el día en el cual deba partir ―agregó Aladdín sonriendo.
― ¿Me pregunto si cambiaremos para entonces…? ―se preguntó la fanalis apenada.
Alibaba se percató de ello.
―Tal vez ―respondió el joven―, pero no es algo a lo que debamos temer. Todo debe cambiar en algún momento ―afirmó―. Piensa que tanto cambiamos desde que nos conocimos, solo que lo hicimos juntos.
― ¡Es cierto! ―exclamó el joven magi, corroborando lo que su amigo dijo―, no importa cuánto tiempo pase o cuanto cambiemos… mientras que recordemos todo lo que pasamos, todo lo que vivimos ―. Hizo una pausa― el lazo, la conexión que tenemos será inquebrantable. Podremos cambiar, pero siempre nos llevaremos así de bien, esto es algo inevitable que el destino designó para nosotros… ―agregó por último el de los ojos azules…
―Sí, siempre seremos los mejores amigos, eso nunca cambiará ―dijo la joven pelirroja inspirada por lo que sus amigos decían.
Los tres tendieron sus manos una sobre la otra y las extendieron al cielo. Justo cuando los fuegos artificiales, tiñeron el cielo nocturno de vivaces colores…
