Otra vez estaba allí… en ese frío e inmóvil amanecer de invierno.
En el exterior, la densa niebla imposibilitaba ver algo que no fuera uno mismo, la quietud imperaba en el ambiente, nada se movía y nada cambiaba. El viento no mecía los árboles, las aves no cantaban al alba, la vida se había evaporado, y lo único que podía saberse absoluto era el inalterable silencio.
En ese terrorífico escenario, al interior de un oscuro ataúd; yacía descansando ella, recostada sobre suaves lirios blancos. Su tiempo se había detenido y en consecuencia, no podía moverse, hablar o sentir. Ya sólo le restaba esperar la eternidad sumida en su soledad, en silencio y a oscuras.
Una vez más, despertó en completa angustia, como cada día desde que tuvo conciencia de sus sueños. Se sentó entre las mantas de su cama, mientras que con una de sus manos tapaba su frente y ojo izquierdo de forma inconsciente, como si ese acto involuntario la ayudara a calmar su desproporcionado terror.
Por algún motivo, desde que tenía uso de razón, siempre tuvo muy presente la muerte, como una constante invariable en su vida. Antes de que falleciera su madre solía soñar con aves y pequeños animales en descomposición, flores marchitas, suelos infértiles o ríos secos, en sus sueños nada nunca tuvo vida. Podía ignorar sus terrores nocturnos gracias al cariño de su madre y sus coloridos días de infancia, llenos de juegos y amor, llenos de un rubio molestándola en todo momento, días felices. Pero cuando perdió a su progenitora todo cambió, a sus tiernos siete años fue obligaba a comprender la realidad del mundo, y en consecuencia, ya no eran animales pequeños los que morían, era ella manifestándose como una premonición del porvenir.
No supo realmente cuanto tiempo estuvo meditando en la misma posición, pero cuando se levantó los primeros rayos de luz comenzaban a asomarse por la ventana. Tenía su propia rutina personal, colocaría música para apaciguar su silencio, comería algo liviano y se alistaría para enfrentar el día. Con eso en mente, caminó hasta un antiguo estéreo y apretó uno de sus botones para reproducir el disco que estaba dentro, desde donde se había quedado la última vez. Sonrió con amargura al escuchar los primeros tiempos de la sonata 'Trino del Diablo', como si su despertar no hubiese sido lo suficientemente agrio. Si había un ser superior, era obvio que disfrutaba de la ironía. Pensó qué, si existiese un infierno para ella, ya fuera de fuego o hielo(1), sería bastante más optimista con su destino, cualquier cosa era mejor que la inercia de ese ataúd oscuro, que el silencio, la quietud y, por supuesto, la soledad.
-o-
Entró a pasó seguro a la estancia, conocía aquel complejo como la palma de su mano, tenía acceso irrestricto a las capas más vedadas al público. Se adentró en el laboratorio principal (que a sus ojos, parecía más una cámara de tortura) y observó atenta la situación.
En el centro de sala, en un mesón de metal, se encontraba recostado el héroe número uno de Japón, en su forma delgada. Grilletes, cadenas y correas lo sujetaban firmemente al mesón, el cual estaba clavado al piso. Con excepción de su rostro, casi no se podía ver ninguna parte de su cuerpo entre toda ese arsenal que lo inmovilizaba. Aunque Izuku sospechaba que lo único que prevenía que se levantara era aquella droga que inhibía su Quirk.
– Buenos días Izuku-chan, ¿dormiste bien? –Le preguntó el doctor, haciéndose visible detrás de unos estantes.
Le ignoró olímpicamente y se acercó hasta el héroe, se veía demacrado.
– Casi está inconsciente, ¿cuánto le diste? –Cuestionó horrorizada al ver la expresión desorientada del hombre, y el hilo de saliva que salía de su boca.
– La suficiente para matar a un elefante, pero resiste muy bien. –contestó feliz.
– Das asco…
– Bueno, bueno. Hoy es tu gran día~ comenzaremos cuando estés lista.
– ¿Dónde está Tomura?...
– Él no vendrá –Respondió una voz detrás de ella, logrando que se volteara para apreciar al terrorífico hombre entrando a la habitación.
– Maestro… buenos días –Saludó inclinando su cabeza. Respetaba y temía en porciones iguales a ese hombre. Sabía que en el fondo él no se agradaba de ella, pero la soportaba porque Tomura tenía una extraña fijación con su persona, que consistía en ignorarla la mayor parte del tiempo y planear o escucharla cantar lo que restaba de el. Izuku no tenía una voz privilegiada ni mucho menos, pero su voz era lo suficientemente afinada y aguda para tranquilizar la ansiedad de Tomura. – ¿Por qué no vendrá? –Se animó a preguntar. Estar con esos hombres era demasiado peligroso sin su compañero cerca.
– No vendrá y punto. Vamos a comenzar. –Sentenció. Izuku tuvo un terrible presentimiento.
De pronto, un olor acre se hizo presente en la estancia y esa fue toda la confirmación que necesitó para saber que saldría muy mal… Se consoló pensando que al menos sería persiguiendo un ideal. Y eso era mejor que vivir una vida de conformidad.
– Sí.
Siguiendo las instrucciones del doctor, se recostó desnuda sobre una camilla continúa a la de All Might. Sus tobillos, muñecas y cuello fueron apresados con correas de cuero. Una docena de tubos se articulaban por medio de agujas a sus brazos, seis cánulas pequeñas se unían a su pecho a través de parches redondos, y una sonda gruesa (que dolía horrores) se abría paso por su garganta para conectarla a un respirador. El doctor le inyectó algo que probablemente era para disminuir sus signos vitales antes del proceso, comenzaba a sentirse débil.
Una solitaria lágrima escapó de sus ojos.
Entonces comenzó. Grandes cantidades de sangre salían de su cuerpo por medio de las sondas, mientras sangre ajena ingresaba con una fuerza invasiva. Esa era la primera fase de la sincronización, proveer la mayor cantidad de material genético al contenedor para acoger al Quirk con la familiaridad de su residente anterior. Un proceso sumamente desgastante. De no ser por el respirador, su ritmo respiratorio se habría descontrolado, y no podría oxigenar sus órganos y tejidos como se requería.
Debido a la transfusión de sangre, su corazón no estaba bombeando como lo haría con normalidad. Y antes de que concluyera la primera fase, la segunda se había puesto en marcha. Ya que todas las venas accesibles estaban ocupadas, una larga aguja intra-cardiaca perforó su pared torácica para penetrar el ventrículo izquierdo de su corazón con una solución de adrenalina. El dolor que sintió fue tan intenso que ya no pudo acallar sus quejidos, sus lágrimas se desbordaron sin reparo.
El doctor hizo una incisión en su costado izquierdo, bajo sus costillas, que la hizo gritar de dolor. Sin embargo, lo peor vino cuando metió su mano al interior de su cuerpo para masajear su corazón y estimular el bombeo, esto se debía a qué, como era previsible, su cuerpo rechazó completamente la sangre del héroe y le estaba provocando un fallo múltiple.
Izuku estaba tan sumida de dolor que ya no era consciente de su entorno, no podía pensar ni entender nada más allá de sus propios gemidos de dolor. De estarlo, habría escuchado como All Might les rogaba a esos hombres que se detuvieran, alegando que la estaban lastimando, que no resistiría… su tono era desesperado.
La tercera y última fase había llegado cuando el Maestro se sitúo a la cabecilla de ambos mesones, colocando su mano diestra en la cabeza de All Might y la otra en la cabeza de Izuku. Debido a que el One for All se transfería de forma paulatina de un usuario a otro, el traspaso debía hacerse simultáneamente en una primera oportunidad, aquello haría el nexo irreversible. Además, el Maestro ya no poseía el poder de antaño como para alojar aquel Quirk en su cuerpo y luego traspasárselo a la chica como haría normalmente, sin mencionar que ese poder tan especial había sido alimentado por numerosas personas. Así que aquella era la forma más segura de transferirlo. De todas formas, si la chica moría el Quirk volvería por completo a su dueño original y podría intentarlo con otro espécimen hasta que funcionase.
En ese momento, Izuku sintió una devastadora corriente eléctrica recorrer su cuerpo y todo el dolor que había sentido con anterioridad se intensificó excesivamente, los quejidos que trataba de acallar ahora eran gritos desgarradores, su nariz y oídos sangraban con fluidez, y no podía controlar los espasmos de su cuerpo. Era un dolor demasiado aterrador para ser real, y por la cantidad de estímulos químicos que había recibido, no podía caer en la inconsciencia.
En un pequeño atisbo de lucidez, pensó que seguramente así se sentiría ser ejecutado por choques eléctricos, sentía que se consumía.
Pero cuando pensó que ya no podría más, que iba a morir de agonía, el dolor cesó. No supo porque, pero el Maestro había quitado la mano de su cabeza, la sangre ajena había dejado de entrar a su cuerpo y ya no sentía la mano del doctor en su costado. Seguramente ya no había ninguna droga entrado a su torrente sanguíneo, porque estaba comenzando a perder la consciencia, y lo agradeció, lo agradeció con todas sus fuerzas. Antes de que todo se volviera oscuridad, sintió que alguien la alzaba en sus brazos con cuidado y le decía que todo estaría bien. Y por primera vez en mucho tiempo, le creyó a un héroe.
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All Might se adentró en los terrenos de la Academia Yüei con aquella peliverde en brazos, había cubierto su cuerpo con una bata blanca que encontró en ese terrible lugar y había huido antes de que aquel hombre que personificaba al All for One pudiese reaccionar. Estaba completamente horrorizado de lo que le habían hecho a aquella joven, que tenía la edad de sus estudiantes. Él podía soportar cualquier clase de tortura y estaría bien, pero lo que le habían hecho a aquella chica era, a sus ojos, imperdonable.
Apresuró el paso para alcanzar la enfermería, debía ser ágil y rápido para que la peliverde no se desangrara, y además, ningún estudiante les viera. Aún estaban en horario de clases. No pensó llevarla a un hospital convencional ya que habría tenido que dar muchas explicaciones, sobre quien era ella y porque estaba en ese estado, no podría simplemente decir que habían tratado de traspasar su Quirk a ella o algo por el estilo. También, estaba el tema de su "asociación", parecía muy cómoda entre villanos.
Pero dejando eso de lado, lo importante para el héroe era salvarla. Y con ese pensamiento en mente, alcanzó la habitación en la que se encontraba Recovery Girl, y en un tono suplicante le pidió ayudar a la joven.
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(1)Los Sionistas creen que existen varios infiernos, y todos tienen una característica especial; hay unos de fuego, otros de hielo, otros de tortura, etc.
Hola! Lamento que este capítulo haya sido algo angustiante, pero al final papi All Might salvó el día y bueno, todo amamos a Toshinori(?). No quiero adelantar nada pero les cuento que ahora Izuku podrá conocer a Todoroki-kun, Shin-chan y reencontrarse con Kacchan, en esta historia el romance no será lo principal pero de todas formas quiero que Izuku conozca el amor y los friendzonee a todos xD Si les gustó denme su parecer en los comentarios, me gusta leer las opiniones de la gente y quiero ajustarme a sus expectativas.
Gracias por leer, trataré de que salga un cap o más por semana.
